EL DÍA DEL JUICIO FINAL

Por Aristarco el Bolchevique

Representación por Miguel Angel del  Bíblico Día del Juicio FinalEl concepto de fin del mundo anida en muchas religiones. En todos los casos, sin excepción, se basa en la imaginación de mentes trastornadas que, apoyadas en la ignorancia del pueblo, disfrutaron de audiencia y llegaron a ser llamados profetas. Tales personajes se limitaron a argumentar ideas producto de su imaginación y nunca apoyadas en la observación objetiva del universo. Como siempre, a través del método científico, podemos ignorar a embaucadores del pasado y hacernos una idea muy aproximada de cómo será realmente el fin del mundo, si entendemos como mundo el planeta en el que vivimos.

Nuestro Sol, como todas las estrellas, tiene una vida limitada que viene marcada por la cantidad de combustible con que cuenta y por la velocidad a la que lo consume. Dentro de aproximadamente cinco mil millones de años sufrirá una serie de cambios que harán imposible la vida en la Tierra tal y como la conocemos.

Para entonces no sabemos qué habrá en nuestro planeta. Puede que nos hayamos autodestruido y otras especies hayan tomado el relevo de la inteligencia. También podría ocurrir que la evolución nunca vuelva a dar vida inteligente o incluso que con tecnologías futuras y desconocidas devastemos el planeta hasta hacerlo completamente inhabitable para todo tipo de seres. Con un poco más de optimismo, podemos imaginar que se impone la razón, cuidamos la Tierra y nuestra especie sobrevive. En este último caso, dentro de cinco millones de milenios, el ser humano se habrá convertido en algo imprevisible y se habrá diversificado, ya sea mediante evolución natural o, más probablemente, mediante ingeniería genética. Haya o no haya alguien en la Tierra para observarlo el núcleo del Sol agotará para entonces su contenido de hidrógeno.

El Sol se expandira mientras adquiere un tono rojizoEl combustible de la estrella es el hidrógeno. A causa de la presión gravitatoria que se experimenta en el núcleo, los átomos se fusionan de forma que cada cuatro de ellos se ensamblan creando otro de helio y gran cantidad de energía. Cuando no quede nada que fusionar en dicho núcleo, el proceso se trasladará a las capas exteriores, las cuales se expandirán y al mismo tiempo se enfriarán y adquirirán un tono rojizo.

Esta expansión del Sol comenzará por alcanzar Mercurio, fundirlo y absorberlo. Algunos millones de años después Venus correrá la misma suerte que el planeta más interior de nuestro Sistema Solar. Llegados a este punto, desde la Tierra se verá un Sol gigante rojo, que ocupará la mitad del cielo. Lo cierto es que no habrá nadie vivo para verlo, al menos en directo, porque las temperaturas serán tales que los océanos habrán hervido y las montañas se habrán fundido. Es posible que nuestros descendientes hayan emigrado dejando instrumentos de observación para contemplar el lento pero implacable espectáculo.

La integridad de laTierra pasará por momentos críticosAsí se mantendrá el Sol durante aproximadamente otros mil millones de años, mientras en el núcleo se habrá estado fusionando el helio para formar carbono. Cuando se agote todo este combustible, se contraerá de manera que aumentará la presión y pasará a fusionar elementos más pesados, la temperatura se elevará una vez más y volverá a expandirse, reapareciendo así el peligro para la integridad de nuestro planeta.

En una estrella más grande todo esto habría sucedido mucho más rápido y de modo más violento, explotando en forma de supernova, pero la agonía de nuestro Sol se prolongará durante mucho tiempo. Los hipotéticos instrumentos de observación instalados por alguien en la Tierra percibirán sucesivas contracciones y expansiones, acompañadas de detonaciones ensordecedoras. No está claro si en alguna fase de crecimiento el Sol engullirá la Tierra, si es así, aquí acabará la historia del planeta que nos vio nacer.

No obstante, este último proceso será más rápido, y en algunos cientos de miles de años el Sol habrá transformado tanta materia en energía que su gravedad no será suficiente para presionar el núcleo y continuar fusionando elementos, de forma que se irá apagando poco a poco y para siempre. Esta menor gravedad tendrá una segunda consecuencia inevitable: el campo gravitatorio que mantiene el Sistema Solar orbitando alrededor del Sol no será suficiente para conservarlo así.

Por tanto, si la Tierra no ha sido absorbida, abandonará su trayectoria orbital, emprendiendo un viaje impredecible a través del frío, la oscuridad y la soledad del Cosmos, sobre el que sólo podemos especular. El espacio interestelar está esencialmente vacío, y sería poco probable que chocara con algo, pero se seguiría moviendo a causa del entramado de fuerzas gravitatorias estelares que se dan en la galaxia. Tarde o temprano, podría caer precipitada en un agujero negro, y un firme candidato es el especialmente gigantesco que se encuentra en el centro de la Vía Láctea.

Si su trayectoria la saca de la galaxia podría mantenerse íntegra mucho tiempo, y al final compartir el destino de todo el universo. Pero esa, será otra historia...

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