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MÁS RESERVAS
NATURALES Y MENOS ISLOTES COLONIALES. Por
Plinio el Insurrecto (agosto 2002)
Los recientes acontecimientos en
torno al islote Perejil (que por proximidad es más marroquí
que español) y su toma (por parte de gendarmes marroquíes,
y su bandera) y retoma (por tropas españolas de élite, y
su bandera), nos recuerda que España todavía tiene pequeños
enclaves territoriales norte africanos que son motivo de continua polémica
con Marruecos. A parte de Ceuta y Melilla, también están
bajo bandera española otros pedacitos de tierra de la costa norte
marroquí. Algunos de ellos poseen fuerzas militares permanentes,
como es el caso de las Islas Chafarinas, Peñón de Vélez
de la Gomera y el de Alhucemas.
El Peñón de Vélez
de la Gomera es español desde 1508, cuando fue conquistado por
Pedro Navarro, y se trata de un islote pequeño con un fuerte, una
iglesia y a escasos 85 metros de la costa marroquí. En la actualidad
no queda población civil y sus habitantes son los treinta soldados
de guarnición militar. El Peñón esta unido desde
1934 a la costa por un istmo de arena debido a un terrible temporal.

Peñón
de Velez de la Gomera
El Peñón de Alhucemas
se mantiene islote y se encuentra a 300 metros de tierra; tiene 15 hectáreas.
Dispone como el anterior de un fuerte con almacenes e iglesia.

Peñón
de Alhucemas
Las islas Chafarinas son un antiguo
refugio de piratas cercano a la frontera argelina y lo forman tres islas:
Isabel II, Congreso y Rey. Su ocupación es de 1848 y mantiene una
guarnición militar en la isla central de Isabel II, así
como un grupo de científicos que trabajan regularmente en el Refugio
Nacional de Caza y Pesca que integran sus aguas e islas.

Isla de Isabel II,
la única habitada de las islas Chafarinas.
Uno se pregunta ¿qué
interés tiene mantener estas dotaciones del ejercito de una manera
permanente en estos islotes? y la respuesta no esta nada clara. No parece
que tengan más valor estratégico que el de servir de áreas
de descanso de aves migratorias o marinas; o de refugio a las últimas
focas monje del mediterráneo. Tampoco existen recursos naturales
valiosos que no sean lentiscos o gaviotas.
Pero si esta claro que una presencia
militar estable en pedazos de tierra con escaso valor estratégico,
supone un gasto económico tremendo, amén de otras problemáticas
políticas como la que acabamos de sufrir con el islote Perejil.
Hace un par de años, tuve
la oportunidad de visitar las islas Chafarinas y conocer de primera mano,
no solo el valor natural de esta plaza africana, sino el papel que el
ejercito español tiene en ellas. Hecho este último que puede
ser extrapolable a los otros peñones mencionados.
Desde un punto de vista biológico,
las islas Chafarinas son uno de los últimos lugares del mediterráneo
que se pueden considerar paraísos naturales; por sus ricas y limpias
aguas, por las numerosas colonias de aves marinas, por su vegetacion y
por ser uno de los últimos refugios de la ya casi extinta foca
monje. Sin embargo, estas islas antes que ser una reserva natural son
una plaza militar, y como tal, su conservación son un simple añadido
que esta supeditado a los intereses militares. Intereses militares que
consisten en mantener 30 soldados de forma permanente sin que nadie sepa
claramente el objetivo. Esto supone un continuo desplazamiento de helicópteros
y barcos de la armada para reemplazo de tropas y abastecimiento, con todo
lo que supone en cuanto a gasto económico que a buen seguro, es
cinco veces más que lo que se destina para el estudio y conservación
de su fauna y flora. La labor del ejercito en estas islas consiste en
pescar, tomar el sol y recolectar marisco para las paellas. También
sirve para que los amiguetes de Melilla, puedan venir con sus yates de
recreo a pescar o hacer submarinismo (actividades totalmente prohibidas
en sus aguas) sin que nadie les diga nada. Aun así, el Ministerio
de Defensa, para justificar en parte su permanencia en estas islas, argumenta
que contribuye activamente en la protección de la reserva natural.
Esta protección se traduce en un incordio continuo a los empobrecidos
pescadores marroquíes del cercano pueblo pesquero de Ras el Ma
(distante unos tres Km. en línea recta de las islas) y un entorpecimiento
constante a las labores del personal investigador; al cual ven como un
incordio de civiles a los que no pueden ordenar y mandar sin más.
Estos pequeñotes islotes o
islas, al contrario de ser únicamente enclaves naturales donde
habría que potenciar la investigación y la conservación,
son más bien una fuente de discordia entre Marruecos y España.
Como en el caso del islote Perejil, solo sirven para crear polémicas
nacionalistas con las que desviar la atención de los temas importantes
de ambos países, así como exacerbar el espíritu imperialista
y colonialista que caracteriza a los herederos del franquismo y a los
dictadores que vienen gobernado Marruecos desde hace tiempo.
Una solución para finalizar
estas disputas territoriales, sería que estas posesiones fueran
únicamente competencia de las instituciones medioambientales y
científicas de ambos países. Lugares donde no haría
falta tener un ejercito sino simplemente bases científicas que
podrían servir para potenciar la colaboración entre ambos
países en materia de medio ambiente y ciencia. Un área,
donde con toda probabilidad, no surgirían polémicas nacionalistas;
pues lo importante no es la bandera bajo la que este un pedazo de tierra,
sino que en esa tierra no hagan falta otras armas que el estudio, el conocimiento
y la conservación del patrimonio natural.

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