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EL POBRE ESTADO
DE LA NACIÓN
Por Aristarco
el Bolchevique (agosto
2002)
En su análisis
sobre la antigua democracia ateniense, en este mismo número de
Alejandría Revolucionaria, mi buen amigo Heródoto el Rojo
explica, entre otras muchas cosas, cómo en aquel tiempo los más
ambiciosos e influyentes eran condenados al ostracismo, es decir, desterrados
de la ciudad. No me cabe duda de que se trataba de una sabia medida, ni
de que en la actualidad habría que aplicársela a varios
personajillos de la vida política española, entre los que
destacan los protagonistas del último debate del estado de la nación:
Aznar y Zapatero.
No
son buenos tiempos para la democracia cuando no se busca la puesta a prueba
objetiva de los argumentos de cada uno frente a los de los demás,
y en estos tiempos cualquier intento de hacerlo es por puro error. Los
líderes de los partidos mayoritarios buscan dar una lección
de imagen, han olvidado que están para servir al pueblo y no para
manipularlo, esto último siendo generosos y pensando que alguna
vez, en su juventud, consideraron que los intereses de los ciudadanos
estaban por encima de los suyos propios.
La política es marketing y
la ideología es considerada un modelo trasnochado. Los patéticos
medios de comunicación plantean los grandes debates parlamentarios
como un partido de fútbol. La pregunta es quién ganó
el debate, y la respuesta se basa en aspectos tan profundos como el color
que eligió uno de ellos de corbata, el corte de bigote del otro
o la agresividad de ambos. Para que el escenario sea el adecuado de una
confrontación deportiva, los diputados de uno y otro bando aplauden,
abuchean, protestan, y más de uno echamos de menos los penaltis
fuera del área, las expulsiones injustificadas, el lanzamiento
de almohadillas y, al final, a la policía sacando a la presidenta
de la cámara tras sus escudos. Así al menos podríamos
echarle la culpa a alguien y decir: “es que los árbitros
en este país son nefastos”.
De
tal manera se ríen del pueblo estos dos partidos mayoritarios,
que cuando finaliza el enfrentamiento mano a mano entre sus dos cabecillas,
la gran mayoría de sus representantes abandonan el escaño
para salir a tomar algo, tanta ha sido la intensidad del encuentro que
necesitan relajarse un rato. El resto de formaciones políticas
no merecen ser aplaudidas, increpadas, ni si quiera escuchadas, no vaya
a ser que alguien diga algo inteligente y los elementos de PSOE Y PP tengan
que pensar durante varios días para llegar a comprenderlo. El más
grande que ha habido en la política de este país desde la
transición, Julio Anguita, dijo tras subir al estrado en tercer
lugar en uno de estos debates, ante una cámara ya semivacía:
“no quiero comparar el espectáculo al que he asistido con
el circo romano, porque saldría mal parado el circo romano”.
La pregunta que siempre ronda por
mi cabeza es si un debate del estado de la nación vacío
es causa o consecuencia del pensamiento único. Imagino que es una
mezcla de ambas, de manera que los dos grandes partidos tienen las manos
atadas por parte de los capitalistas y han de adormecer a la población
para favorecer oscuros intereses. Por otro lado, el pensamiento único
ha creado líderes cuya inteligencia brilla por su ausencia, y hasta
he llegado a pensar que no dan más de sí los pobres y se
creen las estupideces contradictorias que salen de su boca. Los verdaderos
políticos, los que ven el poder cómo un medio para servir
al pueblo y no como un medio para servir al capital, tienen las puertas
cerradas en los grandes medios y siguen luchando desde pequeñas
organizaciones, de las cuales la mayor es IU, que no pasó por mucho
del millón de votos en las últimas elecciones tras un bajón
tal vez justificado por coquetear con el PSOE.
Lo
que es evidente y no necesito preguntarme es que Aznar y Zapatero son
dos individuos ambiciosos e influyentes, que ponen por encima los intereses
de sus partidos de los del pueblo. Es por ello por lo que creo que habría
que aplicarles la medida de la antigua Grecia para tales casos, habría
que condenarles al ostracismo. No propongo que lleguemos a echarles del
país, creo que podrían seguir desarrollando su labor en
territorio español, en ese lugar de elevado valor estratégico
llamado Islote Perejil. Allí tendrían la oportunidad de
eternizar sus discusiones insustanciales sin perjudicar a nadie.
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