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EL EMBROLLO
DEL ESTRECHO
Por Heródoto
el Rojo (agosto 2002)
Con los acontecimientos
de estas últimas semanas no hemos parado de oír ciertas
palabras como “Soberanía”, “Islote”, “Peñón”,
“Colonia”,”Status Quo”, etc. El problema es que
esta crisis parece más cuestión de conceptos y orgullos
nacionales que un intento de resolver las dificultades de la gente que
vive en las riberas del estrecho.
Es imprescindible tener
una idea objetiva de lo que se podría llamar “Geopolítica
del Estrecho”. Si tomamos un mapa actual veríamos que existen
tres porciones de tierra que políticamente no pertenecen al territorio
que corresponderían por afinidad geográfica, son las renombradas
Gibraltar, Ceuta y Melilla. Todas ellas, al estar cerca del importantísimo
estrecho de Gibraltar, han sufrido las consecuencias de su estratégica
posición. Prácticamente todas las potencias comerciales
y militares del Mediterráneo han tenido asentamientos en estas
ciudades, desde los fenicios y griegos hasta los cartaginenses, romanos,
bárbaros germánicos, bizantinos, visigodos, árabes,
el Califato de Córdoba, almohades, almorávides, el reino
de Fez, el reino de Tremecén (Argelia), portugueses, castellanos
y británicos. La lucha por los intereses propios de cada uno de
ellos nos ha llevado al reparto geográfico actual, en el que destacan
estos enclaves, prácticamente aislados por tierra y totalmente
dependientes de su metrópoli.
En la actualidad, y
desde el punto de vista técnico, la única que se puede considerar
colonia sería Gibraltar. Hay que recordar que el principal argumento
para describir un enclave como colonia es la relación de ésta
con su metrópoli. Así, y aunque Gibraltar tiene su parlamento
y primer ministro propio (por elección democrática), no
tiene representante alguno en el parlamento británico, ni capacidad
alguna de decisión en los asuntos de la metrópoli, la cual
tiene su representante en el Gobernador real. Los británicos tienen
su presencia aquí desde que en 1714, en el Tratado de Utrech, la
nueva dinastía borbónica en España tuvo que ceder
el Peñón, de vital importancia para el poderío naval
inglés.
En cambio, los enclaves
de Ceuta y Melilla actualmente son ciudades autónomas dentro del
estado español, las cuales pueden elegir diputados y senadores
a las Cortes. Anteriormente eran parte de las provincias de Cádiz
y Málaga. Además sus habitantes tienen, en su gran mayoría,
la nacionalidad española. Estos enclaves han tenido tanta relación
con el norte de África como con la Península Ibérica,
y han pertenecido tanto a reinos africanos como peninsulares, fueran éstos
cristianos (visigodos, portugueses o castellanos) o musulmanes (Califato
de Córdoba). Desde hace más de 500 años han pertenecido
políticamente a Castilla y posteriormente a España, es decir,
bastante tiempo antes de la formación de algo parecido al reino
de Marruecos. A este embrollo se suman los ahora famosos islotes con presencia
militar española, que no tienen una forma jurídica clara.
Y así nos encontramos
en pleno siglo XXI discutiendo por unos territorios, que si bien son pequeños,
parecen de vital importancia para los gobiernos (y desgraciadamente a
la opinión pública) que están implicados.
Las razones históricas,
con relación a las pretensiones “soberanistas”, son
fácilmente interpretables y no sirven mas que para saber que los
avatares de la historia demuestran que cualquier lugar ha sido conquistado
y colonizado varias veces por diferentes pueblos o potencias militares.
Las razones geográficas,
si bien parecen las más racionales, no tienen por que ser justas.
Parece lógico que Ceuta y Melilla fueran marroquíes por
continuidad geográfica, pero ése es el mismo argumento que
utilizan para anexionarse el Sahara occidental, uno de los más
flagrantes hechos de falta de respeto por un pueblo, y causa principal
de que Marruecos esté vetada en la actual U.A. (Unión Africana,
antigua Organización de Estados Africanos).
Una de las soluciones
a estos enclaves es el respeto a las poblaciones que viven en ellas, los
“llanitos” tienen todo el derecho del mundo a tener un pasaporte
británico, si es esa su intención, como también los
habitantes de Ceuta y Melilla tienen toda razón de su parte de
no querer pertenecer a un estado seudo-feudal y autoritario.
La otra solución
es que, cuando los países ricos quieran, saquen por fin a África
del desastre económico en el que ellos y nosotros les hemos introducido,
y se llegue a un desarrollo entre iguales y en donde los nacionalismos
y sentimientos patriotas se sustituyan por el respeto, la solidaridad
y la búsqueda del bien común de la humanidad y el planeta.
Será entonces cuando la situación política de estos
enclaves no tenga la más mínima importancia para nadie.
Y para los islotes como
el Perejil, Vélez, Alhucemas y Chafarinas (sin ninguna población,
ni importancia estratégica para nadie), qué mejor solución
que la planteada por mi camarada Plinio, crear reservas naturales que
conserven para la posteridad la belleza marina que allí se esconde.
Así lo vi, así
os lo cuento
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