OMC ¡ABAJO BABILONIA!El pasado treinta de Noviembre, decenas de millares de manifestantes al grito de !Abajo Babilonia!, cercaron el Centro de Convenciones de Seattle, próspera ciudad industrial del Estado de Washington. El afán de la multitud era impedir el inicio de la Tercera Conferencia Ministerial de la ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE COMERCIO (OMC), comparada con Babilonia, símbolo de la opulencia, la incomunicación y la destrucción. La O.M.C. que actualmente cuenta con la adhesión de 130 países, es desde 1.995 heredera del G.A.T.T. ( General Agreement on Tariffs and Trade - Acuerdo General de Aranceles y Comercio) creado por 23 países en 1.947 en Ginebra. Su objetivo inicial era la reducción de los obstáculos que impedían el libre comercio ( aranceles, contingentaciones, etc.) Junto con el Fondo Monetario Internacional que se ocupa de la estabilidad monetaria, el Banco Mundial que concede créditos para la " modernización " capitalista de los países " atrasados " y la OTAN, brazo armado de la economía de mercado, el GATT constituyó uno de los pilares del orden mundial surgido tras la segunda gran guerra. Desde 1.947 ha habido ocho ciclos de negociaciones comerciales ó Rondas. Se llama Ronda a una forma de negociación simultanea de varias áreas o sectores por todos los países pertenecientes al sistema multilateral de comercio. En estas Rondas las decisiones se toman por consenso y nada está acordado hasta que todo está acordado. Más allá de la aparente democracia e igualdad del funcionamiento de la O.M.C., se encubre el abuso y la expoliación de los fuertes sobre los débiles. Los objetivos de la O.M.C. van más allá de eliminar las barreras arancelarias, situándose en el terreno mas general de remover cualquier obstáculo que dificulte el libre comercio. Para la mayoría de los países, las diferencias de competitividad y las relaciones de dependencia económica ó política, convierten su "libre" comercio con los más fuertes en algo parecido a meterse en la cama con un gorila. Tras la pacífica sociabilidad del comercio, se oculta la ley del embudo. Se imponen aperturas asimétricas de las economías, se impide a los débiles dotarse de los recursos para su propio desarrollo, se arrasan las formas de organización económica y social tradicionales, se viola la soberanía alimentaria, y se hacen inviables las leyes de protección al trabajo, a los derechos sociales y al medio ambiente. La Unión Europea ha luchado en Seattle contra las ventajas de USA, basadas en la casi total desregulación del mercado laboral y en su desprecio por la salud de los consumidores. Los poderes económicos y mediáticos europeos, han intentado convencernos de haber representado a un capitalismo con rostro humano frente al capitalismo depredador USA: "una lechuga en Europa no es sólo una lechuga, sino una forma de vida, una organización social, un respeto al mundo rural y al medio ambiente ". Nada más lejos de la realidad. El capitalismo europeo, unificado bajo la bandera del Euro, comparte en su totalidad la lógica monetarista con EEUU. Ambos modelos son solo expresión de dos momentos históricos de una Economía convertida en instancia absoluta de las relaciones sociales. Las diferencias entre USA y la Unión europea no tienen su origen en los fenómenos de pobreza y degradación ambiental producidos por la economía global, sino en la pérdida de cuota del pastel que las ventajas comparativas de uno generan en el otro. Por último, el disperso bloque de los países pobres, falazmente llamados "en vías de desarrollo" se ha debatido entre la legítima defensa de sus ventajas comparativas, la petición de que los países fuertes abran también sus mercados a sus productos y la exigencia de que se respeten acuerdos incumplidos en lo tocante a los productos agrícolas y textiles. A los países pobres les sucede como a los trabajadores pobres. No se unen frente al orden que les excluye, sino que luchan entre sí para incluirse en ese orden al precio que sea, aumentando así su debilidad y su ruina. La O.M.C. en su pomposa Ronda del Milenio, se apresta a disolver cualquier regulación social o medioambiental que distorsione el ciclo de valorización de las inversiones. Lo que el Banco Mundial llama piadosamente "costes de transición", esconde mas de mil millones de muertos de hambre y de enfermedades evitables, porque carecen de capacidad adquisitiva para que su derecho a la vida se exprese en una demanda solvente y atraiga los flujos de inversión. Para la mitad de la humanidad, el libre comercio no genera el mejor de los mundos, sino el peor de los infiernos. Sin embargo las crisis financieras ( IX/92 en Europa, 94 en Méjico, 97 en Asia, 98 en Rusia y Brasil, y 99 en América Latina ), no crean las condiciones para el fin del capitalismo, sino para su despliegue cada vez mas depredador y totalitario. La crisis de la democracia parlamentaria asociada a la pérdida de soberanía del Estado Nación, no tiene contrapeso, como sucede en la Unión Europea, en la incierta constitución de instituciones políticas supranacionales, sino que sienta las bases del libertinaje empresarial y el fascismo postmoderno. La incontrolable especulación financiera, el peso de la corrupción, las masas de dinero procedente del narcotráfico y las actividades ilegales, han pasado a formar parte del paisaje. La democracia se identifica, no con la participación ciudadana y la seguridad común, sino con el capitalismo global y sus secuelas. Quién se oponga al capitalismo global aparece como un enemigo de la democracia En este contexto, lo excluido se muestra como la prueba de la violencia y la injusticia de esas inmensas y opacas acumulaciones de poder económico que degradan la vida. Lo excluido es la fuente del progreso, el manantial del que se nutre un Capital cada vez mas UNO , GRANDE y LIBRE. Progreso y exclusión forman parte de una misma dinámica. Están entrelazados por una relación causal. Sin tanta pobreza no sería posible tanta opulencia. La política, convertida en instrumento de ésta lógica autista, que solo entiende de beneficios, no es capaz de resolver el problema de la exclusión masiva. Entonces, si la pobreza no se resigna, intervienen las industrias mas dinámicas de la globalización: la industria policial, militar, judicial y carcelaria. Tras la postmoderna democracia de mercado se esconde algo muy antiguo: la injusticia armada. Seattle
( Babilonia ) es una metáfora de la modernización competitiva
que padecemos. Bajo el estado de excepción es un semillero de
enseñanzas:
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