Introducción al G-8:

G-8 significa “grupo de los ocho países” y es sencillamente eso, un grupo exclusivo de líderes políticos de ocho países en concreto. No es una institución, no tiene constitución ni estatutos, y no tiene secretaría permanente ni sedes. Son, por supuesto, los estados más industrializados, más ricos y poderosos del mundo.

El G-8 se constituyó como grupo de seis países en un momento de importantes desequilibrios económicos mundiales en los años 70. Los líderes de esos países explicaron que se reunieron con la intención de controlar las crisis para salvaguardar los intereses de la estabilidad global. Una estabilidad que, por supuesto, aseguraba que ellos retenían su poder, con su intereses en el corazón de la agenda, y esto ha supuesto orientar la economía global en una dirección que refuerza la supremacía de intereses privados y de multinacionales sobre los democráticos y colectivos (por ejemplo, favoreciendo privatizaciones, desregulaciones, movilidad del capital y la erosión del control soberano sobre las economías domésticas).

Los miembros del G-8 han evolucionado en el tiempo hasta incluir a Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Japón, Rusia, Canadá y el presidente de la Unión Europea. El alcance de sus agendas también ha evolucionado desde su primer encuentro en la sombra, que se centró en política macroeconómica. Ahora temas como seguridad, comercio, relaciones con países en vías de desarrollo y otros asuntos transnacionales e incluso domésticos, como el empleo, son los temas sobre los que hablan.

Es importante tener claro que los encuentros del G-8 no son foros oficiales de decisión política. Son espacios para que los líderes de estos países trabajen conjuntamente y creen relaciones, para que discutan complejos temas internacionales y crisis, que permitan una más poderosa respuesta colectiva.

La coordinación de estos países y su desigual influencia sobre las instituciones internacionales, como la OMC, el FMI o el G-20, asegura que sus intereses dominan el orden mundial.

Así, los encuentros del G-8 siempre han sido focos de protestas y contracumbres. Siguiendo la llamada de la Acción Global de los Pueblos para un día de acción global en 1998, las protestas en las cumbres han crecido y se han fortalecido, forzando al G-8 a buscar lugares cada vez más remotos para sus reuniones, incrementando así los costes de su seguridad.

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