La batalla por los bienes de la naturaleza y por la vida, en la creación de proyectos emancipatorios

Ponencia en el seminario de la Fundación Rosa Luxemburgo (enero 2006-Caracas)

Claudia Korol

Quiero agradecer la posibilidad de este encuentro, a la compañera Rosa Luxemburgo, cuyo pensamiento y acción nos inspiran aún ahora, tanto en la búsqueda de la vitalidad del socialismo, como en el debate con la socialdemocracia, que aún hoy continúa vigente en nuestras experiencias. También agradecer al pueblo venezolano, y a los militantes bolivarianos, que hacen posible repensar el socialismo, desde la identidad propia y la memoria de América Latina.

Hablo desde la experiencia que realizo junto a educadores populares que integramos el equipo “Pañuelos en Rebeldía”, que actúa en diferentes espacios, como la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, movimientos de trabajadores desocupados, comunidades del pueblo mapuche y de otros pueblos originarios, asambleas barriales, movimientos de mujeres, organizaciones de la diversidad sexual, movimientos de mujeres en estado de prostitución, trabajo en las cárceles, en coordinadoras antirrepresivas, entre otros espacios políticos y culturales. Desarrollamos también una dimensión de investigación, y una de comunicación popular, a traves de publicaciones y trabajo en radios comunitarias.

El 19 y 20 de diciembre del 2001, en la Argentina, marcó un momento de inflexión en la lucha popular: por una lado quedó claro el agotamiento de las políticas neoliberales y de las fuerzas que las sostenían, que quedó expresado en la consigna del “que se vayan todos”. Al mismo tiempo, se puso en evidencia también la crisis de alternativas del movimiento popular. A partir de la energía que desencadenó la rebelión popular, se multiplicaron los espacios y movimientos populares que demandan apoyo en formación política, y en distintos aspectos ligados a proyectos de educación popular, como la alfabetización de adultos, el trabajo de organización y formación de niños y niñas, proyectos de salud popular, espacios de reflexión y resistencia de las mujeres, experiencias de comunicación popular. En el debate sobre las prioridades que establecimos como equipo, visualizamos la necesidad de fortalecer políticamente a aquellos movimientos que se encuentran dando batallas fundamentales en defensa de los bienes de la naturaleza, como patrimonio inalienable de los pueblos. Nos referimos a las batallas por el agua, por las tierras, por el petróleo, contra la minería contaminante, entre otras. Y como otra prioridad fortalecer los espacios de lucha antirrepresivos, contra la militarización y sus formas de expresión en la actualidad del país, como son la judicialización de la protesta social y la criminalización de la pobreza.

¿Por qué definimos como prioridad la defensa de los bienes de la naturaleza?

a) Porque consideramos estos movimientos, y las redes que se articulan en estos ejes comunes, como lugares estratégicos en el enfrentamiento a las políticas de recolonización que desarrolla el capitalismo.

b) Porque el debate que se produce a partir de estos espacios, vincula dos aspectos centrales en la creación de una propuesta emancipatoria como son la vida cotidiana, y las concepciones civilizatorias de los sujetos colectivos.

c) Por la diversidad de grupos, organizaciones, movimientos, que se articulan en redes alrededor de los ejes de defensa de las aguas, contra la minería, por la recuperación del petróleo, contra las represas, por la defensa de las tierras.

d) Por las posibilidades de aportar, desde estos espacios y redes a la creación de nuevas formas de internacionalismo, sustentadas en las necesidades comunes de los pueblos para humanizar la vida sobre este planeta.

Las burguesías de los principales países capitalistas, promueven una auténtica guerra por la apropiación de los que consideran recursos fundamentales para sostener su hegemonía. En pos de estos intereses, planificados a corto, mediano y largo plazo, organizan diferentes modalidades de dominación, dirigidas al control de los territorios, de los bienes que allí se encuentran y de las poblaciones que aparecen frente a ellos como posibles factores de resistencia, desde formas directas de guerras e invasiones, hasta políticas de militarización tendientes a tener rápidos accesos en casos de necesidad a estos bienes, o mediante los acuerdos de libre comercio, ALCA, canjes de deuda externa por naturaleza, por educación, y otras formas de subordinación de los estados, y naciones a sus intereses.

Los gobiernos latinoamericanos, vienen siendo actores fundamentales para favorecer o para resistir estas políticas de saqueo. En esta nueva coyuntura latinoamericana, nos encontramos con que diversos gobiernos, que suelen ser agrupados todos bajo el signo del progresismo, o de la izquierda, han tomado en estos temas posiciones diferentes: desde la posición clara de Venezuela en cuanto a la búsqueda de recuperación de los bienes de la naturaleza para su pueblo, hasta políticas como la de Uruguay o Argentina, en las que se continúa con aspectos fundamentales de la entrega de nuestros bienes.

Después de varias décadas de gobiernos neoliberales, los pueblos comenzaron a rebelarse de distintas maneras contra las consecuencias de estas políticas, como son la desocupación, la contaminación de las tierras y de las aguas, la pérdida de vidas por problemas de salud, por la represión, por la depresión que produce la falta de perspectivas, la disolución de los vínculos sociales, de los grupos de pertenencia; la pérdida de soberanía.

La cultura de saqueo y muerte desarrollada por las trasnacionales y sus gobiernos, continúa y profundiza el colonialismo cultural que se inició con la conquista violenta de América Latina, el genocidio de los pueblos que la habitaban, y la agresión a sus culturas. La batalla para poner fin al saqueo de los bienes de la naturaleza, es también una propuesta de descolonización cultural Tiene en consecuencia una dimensión político pedagógica. Parte de demandas concretas, como el rechazo a la contaminación de tierras y aguas producidas por las petroleras, o por las empresas mineras, o como la recuperación del petróleo bajo modalidades de gestión obrera, y cobra fuerza en el hecho de que para numerosas comunidades, en estas demandas se juegan sus posibilidades de sobrevivencia, o la calidad de vida. Al mismo tiempo, es un tipo de batalla que en la medida en que se profundice su dimensión político pedagógica, implica también la posibilidad de asumir una fuerte crítica al capitalismo y a sus paradigmas de desarrollo y de civilización, y pone en cuestión el proceso de reproducción del capital, tal como lo conciben las trasnacionales en sus estrategias de recolonización imperialista.

Desde la perspectiva de la educación popular, estamos realizando un debate político pedagógico, tanto con la población directamente afectada, como en sectores que no visualizan la importancia de estas resistencias, porque las viven lejanas a sus intereses inmediatos.

Nos parece muy interesante el desarrollo de articulaciones concretas que se vienen dando, como las redes contra las represas en distintas regiones de América Latina. También la posibilidad de articular una batalla común en la defensa del Acuífero Guaraní, y contra la militarización de la Triple Frontera, que pueda ser asumida por los pueblos del sur de América Latina. Espacio que viene desarrollándose en los marcos del Foro de la Triple Frontera que en el 2006 va a realizar su tercer encuentro.

Entendemos que estos son ejes fundamentales en los que se puede convocar a un amplio movimiento popular en defensa de la soberanía y de la vida, con contenido anticapitalista, y con una dinámica en la que se pueda interactuar desde las necesidades inmediatas, con una mirada más amplia sobre los proyectos de vida que soñamos crear en un esfuerzo colectivo.

El cuestionamiento a los paradigmas neoliberales de civilización y desarrollo, de cultura y de saber, implica un proceso de toma de conciencia que abarca la crítica a la cultura hegemónica, basada en un patrón burgués, capitalista, patriarcal, racista, xenófobo, violento, y que posibilita la creación de miradas del mundo y de valores opuestos a aquellos que sostienen y reproducen la dominación.

Las acciones colectivas, son un primer impulso para cuestionar los valores del individualismo, el fatalismo, el sálvese quien pueda, y el inmediatismo que son propios de la cultura burguesa, y de las respuestas desde la exclusión.

La crítica al modelo capitalista de desarrollo, con la explotación salvaje de la naturaleza, considerada en ese modelo como un recurso y no como un bien, permite revalorizar otras cosmovisiones propias de los pueblos latinoamericanos, no basadas en la explotación sino en la integración de hombres y mujeres con la tierra, las aguas, el medio ambiente. Permite pensar formas de vida no basadas en la destrucción, sino en la creación. Sin embargo, es necesario señalar que es poco lo que se ha podido avanzar en estas propuestas alternativas, más que en el plano de la inmediata sobrevivencia.

Por esto nos parece imprescindible ubicar la labor político pedagógica, e incluso el esfuerzo de los intelectuales, muy cerca de cada una de estas experiencias concretas, contribuyendo a su fortalecimiento en los distintos planos, desde el productivo inmediato, como a las relaciones y vínculos que se gestan en su interior, a las formas de vincularse con otros movimientos, y a su politización como parte de un bloque histórico que vaya forjando bases de un proyecto emancipatorio.

¿Qué lugar tienen los gobiernos llamados progresistas, o populares, en relación a estas batallas?

Creo que es necesario discernir qué entendemos por gobiernos populares, a partir precisamente de las necesidades de los pueblos y no de razones de estado de uno u otro proceso. En el caso de Argentina, hasta el momento, el gobierno de Kirchner continúa políticas neoliberales en relación a la entrega de los bienes de la naturaleza, se sostienen políticas mineras creadas a partir de la legislación establecida en la década menemista que ha hecho de nuestro país el paraíso de las trasnacionales en este y otros sectores, y se ha priorizado el pago de la deuda externa por sobre las necesidades y urgencias de los movimientos populares. El pago al contado al FMI de la totalidad de la deuda, o el canje de deuda externa por educación; o la participación militar en la invasión a Haití, son algunos de los temas que necesitamos poner en debate, a la hora de caracterizar los intereses concretos que defiende este gobierno.

Es necesario también señalar que estas batallas se están realizando en el marco de represiones, estigmatización de los movimientos que resisten. En estos años los movimientos populares han tenido heridos, presos, y existen más de 4000 luchadores populares procesados judicialmente. Por esta razón, rápidamente se transforman estos movimientos en agrupaciones que tienen que realizar batallas por la vida y por la libertad de sus integrantes. La lucha antirrepresiva, y las batallas contra las diferentes formas de militarización, son parte de las prácticas de los movimientos populares que resisten la entrega y destrucción de los bienes de la naturaleza.

¿Cómo transformar toda esta potencialidad de resistencias, en un movimiento capaz de aportar a la transformación de los territorios que habitamos, de los vínculos sociales que construimos en la lucha colectiva, de las organizaciones populares y de las redes que se van formando, y también a la transformación del país, del continente, del mundo?

En este espacio, es necesario reflexionar sobre las posibilidades que aporta la educación popular, concebida como pedagogía de la resistencia y pedagogía de las emancipaciones, como el espacio para la creación colectiva de conocimientos, para el encuentro de teorías y prácticas emancipatorias, para el desarrollo de espacios de investigación y comunicación popular, para la reunión de los sueños y la creación de nuevos vínculos sociales que vayan modificando el tiempo en que vivimos.

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