"La roja de todos"

Claudia Korol

Un cartel en el fondo del escenario en la estación Mapocho, desafía al sentido común conservador forjado en los años en que el cáncer fue minando el cuerpo rebelde de Chile.

"La roja de todos", es también "la roja de todas", y el rojo que ilumina algún rincón de todos y todas quienes a veces nos disgustan las imágenes de un solo color, y preferimos mezclarnos desde nuestros matices de rojos, amarantos, con los rojinegros, las lilas, los del arco iris, algún rosa inclusive, algún amarillito a veces, los verdes, los blancos, los azules (algunos de ellos, no todos), los verdeoliva, y tantas tantas otras posibles combinaciones.

Para reforzar el mensaje, los rostros de "la Gladys" se multiplican en carteles, en murales, en dibujos hechos con amor por sus camaradas del camino, de los muchos caminos. Allí están presentes, como lo indica la convocatoria al acto "Todas las luchas".

La celebración ecuménica inicia la actividad convocada por la Iniciativa Fuerza Gladys. Diversas creencias, diversas iglesias, unen su fe para pedir a sus dioses respectivos, por la vida de Gladys, por su salud, para agradecer este tramo de su recuperación. Están los cristianos, y están también presentes, desde su propia cosmovisión, una delegación del pueblo mapuche. Están los de la iglesia comunista, con su fe vuelta hacia la mística que mezcla ideología, rogativas y promesas, en el deseo y la necesidad de que la Gladys siga empujando el carro de la rebeldía chilena por un nuevo trecho.

Durante el día se suceden las actividades. Presentamos luego de la celebración ecuménica el libro "Gladys Marín", en el que converso con mi amiga chilena sobre sus pasiones, sueños, memorias, dolores, esperanzas. Comparto ese momento con Oscar Azócar, presidente de ICAL (Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz), Carlos Villarroel (Presidente del Colegio Médico Metropolitano), Raúl de La Puente (Presidente de la Asociación Nacional de Empleados Fiscales) y Efrén Osorio, Presidente del Partido Humanista.

Más que presentar un libro, el libro es la excusa que nos permite hablar de Gladys y de su manera de vivir en lucha, volviéndose un "foco"... (¿otra vez el foquismo...?), un foco de energía rebelde y contagiosa que durante varias décadas abrió espacios a la resistencia.

"Fuerza Chile", leo en los carteles que quienes escribieron piensan que dicen "Fuerza Gladys". Yo, que veo todo un poco más de lejos por esa cuestión de la cordillera, y un poco más de cerca por esa cuestión del amor, entiendo el absurdo de las fronteras que se establecen arbitrariamente y externamente a los pueblos. ¿Dónde termina Gladys y empieza Chile? ¿Dónde comienza Gladys y termina Chile?

"Fuerza Chile", dice Gladys en su batalla por la vida, que nos conmueve a tantos rojos, rojas y variopintos, porque entendemos que es lo mismo que viene repitiendo desde que era una muchacha amaranto, una jotosa, desde que dolió el exilio, desde que se inventó un espacio de existencia clandestina que la volvió alma inasible de la rebeldía, desde que pudo ser, por reconocimiento de sus tesoneros compañeros, la primer mujer candidata a la presidencia del largo país de las injusticias.

Veo a Daniel Ortega, el dirigente sandinista, colocar una medalla en el pecho de Gladys Marín, que luce firme, emocionada, como días atrás cuando recibió la Orden José Martí de manos de Fidel. Las revoluciones de su tiempo la condecoran, agradecidas como están a quienes siempre las acompañaron, aún en los momentos de reveses. La sangre chilena derramada en Nicaragua, es recordada a la hora de sentir que esa medalla echa raíces en la memoria americana.

"¡Gladys no es más chilena, es latinoamericana!" escribe Joao Pedro Stédile, dirigente de los sin tierra de Brasil en el prólogo del libro que presentamos. Ser latinoamericana, pienso, es la mejor manera de ser chilena en este tiempo en que el gobierno concertacionista pone su firma para subordinar a Chile al Tratado de Libre Comercio, debilitando la posibilidad de aunar fuerzas contra el ALCA. La roja de todos, la Gladys, es latinoamericana, porque se llenó de tierra en los caminos del continente, porque recorrió el mundo denunciando los dolores de su pueblo. Tantos dolores hacen huella, dejan marcas en el pueblo, pienso. Y recuerdo a tantas Madres o familiares de desaparecidos consumidos por las enfermedades del dolor.

Gladys no quiere consumirse. Ella desafía al cáncer, como desafió tanto tiempo a la muerte cercana con la que vivió los años de clandestinidad y de rebelión. Desafía a la enfermedad de su cuerpo, tratando de curar al cuerpo de Chile. "No descansaremos -anuncia desde la tribuna levantada para este encuentro- hasta ver preso a Pinochet!"

Removeremos la tierra con las manos si fuera necesario hasta saber de nuestros detenidos desaparecidos, hasta conocer toda la verdad, y hacer justicia.

Con las manos pelea Gladys, "o con todas las armas que fuera necesario para parar la guerra". Así dice desde el escenario de todas las luchas. Un rato antes le entregaron su fuerza artistas variados y amados, como los Parra (Lalo, Tita, Antar), la Isabel Parra, tan amiga de Gladys, tan querida, los Inti Illimani que desde algún lugar de su historia y de nuestra memoria colectiva nos devuelven "El pueblo unido", y los jóvenes Prisioneros. Por el escenario pasan actores conocidos, artistas, y en la Estación los abrazos de los compañeros, multiplicados misteriosamente respecto a movilizaciones anteriores, repiten el santo y seña: "Fuerza Gladys", mientras Gladys recibe el abrazo de algunos que logran llegar a entregarle su amor: Pedro Lemebel, Víctor Hugo con su "Gladys forever", la Chabela, una gran delegación cubana y otra venezolana, los nicas, Tomás Moulián, los compañeros del pueblo mapuche, las mujeres, algunos niños, los compañeros y compañeras de su partido y de otros partidos, Volodia Teitelboim, Luis Corvalán, el Keko de la jota, y tantos y tantas más...

La roja de todos aguanta nuestros abrazos, se cura con el amor de su pueblo, renueva energías, renueva el pacto de sangre y el pacto de amor, "tengo fuerzas para seguir luchando por los trabajadores y las trabajadoras de Chile".

La Gladys sigue peleando. Sigue amando y desamando. Sigue anudando amistades y, al estilo del Quijote, continúa desfaciendo entuertos. Las candidatas de la Concertación y de la derecha se pelean por quién la ve antes. La Gladys distingue, sin ingenuidad, la amistad de la hipocresía; pero apuesta a tender puentes, apunta a abrir picadas en la historia, desde el corazón.

Vuelve a poner en juego, su corazón y su cuerpo. Se entrega. Se da. Como siempre, pero ahora. En la madrugada del día siguiente, parte a Cuba a continuar el tratamiento. ¡Qué digo! A continuar la lucha...

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