"Todos somos Zanón", o "íntima revolución"

Claudia Korol

Llueve fuera de la carpa en la que los obreros y obreras de Zanon acampan su rebeldía. Al interior, continúa la metamorfosis que transforma a los cerámicos en murales de resistencia, a una canción en la manera de expresar la continuidad de la lucha, a un poema en la palabra que nos queda frente al tamaño de la injusticia, a un hombre o una mujer en el espejo en el que se crea la imagen de nuestra propia suerte colectiva. En Zanon en estos días se juega una parte de la energía multiplicada el 19 y 20, y los colores de un futuro que buscan opacar, disciplinar y disolver.

Diana Bellessi es poeta. Teresa Parodi es trovadora. Diana y Teresa se encuentran en el espacio de la carpa, donde los obreros y obreras sin patrones escuchan la poesía de una y el canto de la otra. Recuperada la empresa, es posible recuperar el arte para el pueblo, parecen decir con sus actos quienes han inventado nuevamente el trabajo.

Un grupo de poetas anuncia el convenio realizado con los obreros de Zanon, de imprimir poesías en cerámicos. Luego de la serie obrero, en la que reivindicaron su condición de clase, de la serie mapuche, con la que honraron a los pueblos originarios -que además de entregarles la arcilla para los cerámicos les enseñaron a grabar sus diseños en ellos-, luego de la serie en la que rinden homenaje a las Madres de Plaza de Mayo, hijas de sus hijos e hijas, de nuestros multiplicados 30.000, ahora vendrán los cerámicos con la poesía. Poesía escrita en barro. Barro que viene de los territorios ancestrales del pueblo mapuche, que continúa así su pelea por existir. Barro que se vuelve poema. Dice Diana: "ésta es el alma de la gente que no muere". Canta Teresa y todos la acompañan: "doy señales de vida mientras espero/ que me dé sus señales de vida el pueblo".

Señales de vida esperan los obreros y obreras de Zanon. En la carpa de Plaza Congreso, no dejan de estar en estos días junto a ellos, las obreras y los obreros de Brukman. Ahí andan Celia, Elisa, Yuri. Ahí están los trabajadores y trabajadoras de Imprenta Chilavert, otra empresa recuperada. Ahí se mezclan los trabajadores de la salud. Los familiares de los presos políticos. Los estudiantes de la universidad de las madres. Los piqueteros. Los universitarios que mantienen la toma en el Comahue. Los trabajadores del subte, que andan de paro en paro Llega una murga que canta sorpresivamente canciones de la resistencia antifascista italiana y de la guerra civil española. La gente entra y sale rápidamente. Pregunta. Firma el pedido de expropiación de Zanón. Se van con un calendario del 2005 bajo el brazo... calendario de cerámica, claro. El 2005 será duro, dicen.

Señales de vida esperan los obreros y obreras de Zanon. No creen que lleguen de arriba esas señales, dicen ellos. De arriba sólo vinieron palos. Esperan, sí, que se multiplique la fuerza de la resistencia. Todas las fuerzas, todas, son necesarias, dicen ellos. Por eso invitaron a iniciar el acampe a León y a sus bandidos rurales, y yo sólo le pido a dios, a la diosa, y a los orixás de Xangó, que Zanon no nos sea indiferente.

"Si tocan a uno, tocan a todos", escribe una muchacha en un mural. Banderas de algunos movimientos rodean la carpa. Todavía son pocas las banderas para todos los que somos Zanón. ¿O en esta batalla no somos todos Zanón? me pregunto, sin claridad en la respuesta. Ya vienen llegando, dice Raúl Godoy con la paciencia aprendida de sus hermanos mapuche. Tanto amasar la arcilla. La juventud es la arcilla con la que crearemos al hombre nuevo, escribió el Che, también sobre la tierra americana y con su sangre.

La juventud todavía no nació, insisten los obreros y obreras de Zanon. Ahí están pariendo futuro esas señoras que no se cansan de ser madres. Alguno cuenta del paso por la carpa del hombre de la verdad, ese tal Osvaldo Bayer, que insiste en reconstruir minuciosamente una y otra vez la rebeldía de la Patagonia. Allí dio su clase el maestro anarquista, enseñando como le gusta, lo que la historia no cuenta. Allí estuvo también Arbolito, el que se atrevió a ajusticiar al señor de la injusticia, y aquellos muchachos que de mucho escuchar a Bayer se nombraron Arbolito, y ahora escrachan con sus canciones a los nuevos conquistadores.

Diana lee su poesía. La vida es de la fe, termina. Las manos llenas de arcilla aplauden la magia de la creación. Teresa canta "esa musiquita del pueblo, esa musiquita, tan arrastradita que suena, tan arrastradita". Arrastramos las palabras hasta la fiesta de la resistencia, en la que la musiquita del pueblos se levanta. Teresa entonces canta un chamamé. Y después "canta compañero, no nos dejes sin el fuego, canta compañero, no dejes de cantar". Mira a los obreros de Zanon, que no van a dejar el fuego, ni la fábrica. "Zanon es de los trabajadores, y al que no le gusta, se jode", cantan los muchachos que atizan el fuego.

Diana tiene una mirada iluminada. Teresa enciende esperanzas de sueños no olvidados. Afuera de la carpa llueve. En la carpa los obreros sin patrones, escriben otra página de nuestra historia del futuro. Lo hacen en el barro. Lo hacen en la tierra mapuche. Marrichihueu, dicen los mapuches cuando afirman que diez veces venceremos. Teresa canta una canción que habla de victoria. "Ésta es, siempre íntima revolución", escribe Diana.

Noviembre 2004

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