Carmen toma mate

Claudia Korol

Hoy, lunes dieciséis de agosto, se cumple un mes de la detención de los quince compañeros y compañeros que fueron “marcados” y luego encerrados por policías de civil, al finalizar la movilización contra las reformas del Código de Convivencia realizada frente a la Legislatura porteña. La mayoría de los detenidos se encuentran en la cárcel de Devoto, y tres mujeres en la cárcel de Ezeiza. Ellas son una vendedora ambulante, y dos mujeres en estado de prostitución, militantes de AMMAR Capital (Asociación de Mujeres por los Derechos Humanos).

La jueza Ramond imputa a estas quince personas del cargo de “coacción agravada”, por el hecho de que la Legislatura no pudo sesionar en ese día. Sin embargo, todos los participantes en esa movilización, podríamos testimoniar, si fuera necesario o le interesara a alguien la verdad, que no existe ninguna responsabilidad especial de estos hombres y mujeres, en el desenlace de los hechos de ese día. En realidad, los nuevos presos y presas políticas, son verdaderos rehenes de un poder que pretende criminalizar a los pobres, y sacarlos de las calles de la ciudad de Buenos Aires, para garantizar la “seguridad” demandada por las fuerzas políticas que buscan mediante nuevas legislaciones, asegurar la gobernabilidad de la dominación.

El ABC de la libertad

“Carmen toma mate”, escribió Ema en una de sus primeras clases. Entre otros proyectos AMMAR Capital impulsa un plan de alfabetización, coordinado con el equipo de educación popular de la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo. En la búsqueda de palabras generadoras, a poco de caminar, las compañeras tuvieron la necesidad de decir y de escribir la palabra libertad. “Libertad a Carmen y Marcela”, se escribió en las nuevas pancartas con que las militantes de AMMAR Capital marcharon nuevamente a la Legislatura.

“Carmen y Marcela son presas políticas” denunció Sonia Sánchez en la conferencia de prensa que realizó AMMAR Capital en la sede de la Iglesia Evangélica de Flores, donde realizan los talleres de costura, educación, salud reproductiva. “Les pedimos que nos ayuden a luchar por su libertad. Estas modificaciones al Código son un gran retroceso para todas nosotras”, agregó Graciela. Junto a las mujeres en estado de prostitución, se encontraban en esa conferencia de prensa, militantes del Movimiento de Trabajadores Desocupados de Solano, del Movimiento Territorial Liberación (organizaciones piqueteras), pastores de la Iglesia Evangélica, monjas pertenecientes a la congregación de las Oblatas, representantes de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, del Colectivo Indymedia, del grupo de periodistas “La Vaca”, feministas, travestis, del Área Queer, del equipo de Educación Popular de la Universidad de las Madres, y otros sectores que habiendo compartido las movilizaciones contra la reforma del Código, también están participando hoy de las acciones por la libertad de los quince compañeros y compañeras.

Las integrantes de la Comisión Directiva de AMMAR Capital, al tiempo que denunciaron las irregularidades cometidas en la detención (realizada por policías de civil, la negativa de la jueza durante los primeros días a recibir a los abogados, la prolongada incomunicación, etc.), también explicaron los diferentes proyectos que impulsa su organización. “Estamos interesadas en conseguir un trabajo digno, salud, educación. No queremos cárcel ni zonas rojas. Queremos ser incluidas en la sociedad, y estamos dispuestas a conversar las condiciones en que lo hacemos. La discriminación contra nosotras genera más violencia”, insistió Sonia. Aída comentó los proyectos que están desarrollando y los que comenzaron a gestionar. “Pero estos proyectos, que tienen como objetivo aprender oficios, o formarnos, se ven dificultados por la prisión de las compañeras”, explicó.

En la clase siguiente, resultaba difícil comenzar a escribir nuevas palabras. El dolor es una constante en la vida de estas mujeres, y escribir su historia, no puede hacerse fácilmente. Sin embargo, las manos comenzaron a combinar sílabas y a crear palabras. Escribieron los nombres de cada una, hablaron de su origen. Reflexionaron sobre el nombre de su organización. Al listado de nombres de las presentes, se agregó los de Carmen y Marcela, tan presentes están, rondando todas las acciones de este grupo de mujeres. Luego se combinaron palabras para crear nuevas frases.

“Carmen toma mate”, escribió Ema. Sabe bien lo que escribe. Una vez más se vuelve a recordar la injusticia de un sistema que nos quita el trabajo primero, para encarcelarnos después. A una de las compañeras, le cuesta escribir, porque le falta un ojo. “Es por la represión que hubo en la dictadura”, nos cuenta como quien recuerda una pesadilla vivida la noche anterior. Carmen también sufrió duras represiones en la dictadura. Saben lo que son las cárceles. Saben lo que es la tortura.

Las mujeres de AMMAR Capital, no aceptan que su único destino posible sea la prostitución. Por eso no están trabajando, como lo hacen otros grupos, por la sindicalización de las trabajadoras sexuales. Están organizándose para buscar alternativas de trabajo, de manera de no estar obligadas a prostituirse. Pero al mismo tiempo, saben que en la sociedad de la exclusión, estas alternativas requerirán de mucha lucha. Por eso, promueven al mismo tiempo, la dignificación de las compañeras, el cuidado de su salud, la formación de una perspectiva de género que les permita resistir las humillaciones y las dominaciones, inclusive la violencia, que se ejerce contra ellas, tanto desde los “clientes”, como desde la policía. Denuncian la hipocresía de un sistema que condena la prostitución callejera, amenazando a las mujeres en estado de prostitución, pero no afectando a los proxenetas, a los “fiolos”, a la policía que vive de las coimas, a los que abusan de menores bajo el nombre perverso de “prostitución infantil”. “La prostitución infantil no existe”, dicen las militantes de AMMAR. Lo que existe es el “abuso sexual de menores”, pero este delito no es perseguido.

Pasó un mes, hoy, de la detención de los 15 presos políticos, rehenes de una ciudad que quiere verse “limpia”, escondiendo a la pobreza y sus múltiples caras en lugares de reclusión. En la cárcel de Ezeiza, Carmen toma mate. En las calles, está la posibilidad de seguir luchando por su libertad.


* Claudia Korol coordina el equipo de Educación Popular de la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo.

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