Brukman: el nuevo año de las obreras sin patrón

Buenos Aires, Argentina. Claudia Korol para ADITAL

El 29 de diciembre, un grupo de trabajadoras reingresó a la textil Brukman. Acompañadas por un síndico y funcionarios del Gobierno de la Ciudad, recorrieron la empresa de la que fueron desalojadas ocho meses atrás, para completar el trámite previo a su posesión.

El triunfo de las obreras tiene el sabor de la alegría de la conquista ganada a pura perseverancia, gracias a la tenacidad de aquellas mujeres y aquellos hombres que supieron el 18 de diciembre del 2001 adelantarse en un día a la rebelión argentina, y realizar su propia rebelión, ocupando la empresa.

La conquista se debe a esa sucesión de pasos al frente dados por las costureras: la valentía para sostener el 19 de diciembre la ocupación, cuando en el país el entonces presidente Fernando de la Rúa declaraba el Estado de Sitio. El coraje luego de reiniciar la producción, volviendo así a Brukman ya no el nombre de un empresario explotador, sino el símbolo de una experiencia aleccionadora: la de obreras sin patrón. La decisión para defender una y otra vez la empresa recuperada, hasta la noche fatal del 18 de abril en que fueron desalojadas. Comenzó entonces la otra epopeya. Los intentos de recuperación. Las pájaras que intentaron volar por sobre las vallas policiales el 21 de abril, siendo detenidas por gases y balas. Mujeres que sintieron por primera vez en aquellos días la picazón de los gases lacrimógenos, el silbido de las balas, pero también el calor de la solidaridad. Mujeres que aprendieron a crecer en la lucha, que se hicieron compañeras de los piqueteros y piqueteras, de las feministas, de las asambleístas y los asambleístas, de los trabajadores y trabajadoras de otras empresas recuperadas, de los estudiantes a quienes les dieron clases públicas en las Universidades, de las Madres de la Plaza de Mayo. Mujeres que supieron emocionarnos enseñándonos a coser y a bordar resistencias, y abriendo las puertas de la imaginación para soñar que es posible ya no una empresa, sino un país de obreros y obreras sin patrones, un mundo de trabajadores y trabajadoras libres.

Ocho meses acamparon las costureras frente a su empresa. Impidieron las maniobras patronales de reabrirla con otros trabajadores y muchos policías. Conocieron la solidaridad de los fondos de huelga reunidos por trabajadores de otras empresas, como los compañeros y compañeras siempre presentes de Zanon. Supieron del debate político. Aprendieron a conocer las formas en que actúan los partidos, los de derecha, los de izquierda. Aprendieron a conocer las promesas incumplidas de los funcionarios. Aprendieron a medir sus fuerzas. Aprendieron a avanzar y a retroceder. Aprendieron el momento en que todo es entusiasmo, y aprendieron no pocos desencantos. Ganaron y perdieron. Se sintieron acompañadas y se sintieron solas. Siguieron la lucha.

Al entrar a la empresa, Celia revivió como en una película interna todos esos momentos. El desgaste que registró el propio grupo, en estos dos años tan duros. Las decisiones que tuvieron que asumir, aún a contramano de algunas convicciones. Las alianzas que debieron realizar.

La alegría tiene algunos sinsabores. Hoy algún recién llegado le quiere poner su nombre y su sello al movimiento, a los cuerpos con frío y cansancio de estas mujeres. Las costureras siguen recorriendo los seis pisos del edificio. Denuncian que faltan elementos importantes para retomar la producción, como un CPU con los planos de diseño de las prendas, placas de las maquinarias, ropa que estaba lista para la venta. "Es un desastre la destrucción que realizaron –dice Celia Martínez a Adital-. Hay muchas máquinas automáticas rotas. Todavía no tenemos una dimensión completa de los daños. ¿Por qué tanto daño, si decían que querían retomar la producción?". Las trabajadoras recuerdan que desde el día del desalojo, el inmueble estuvo bajo custodia de la Policía Federal, y fueron los Brukman o sus representantes los únicos a quienes se permitió entrar.
El regreso de las obreras a la empresa se hizo posible debido a que a partir de su lucha sostenida, la Justicia comercial dictó, el 20 de octubre, la quiebra de la empresa y el 30 de octubre la Legislatura porteña la declaró "de utilidad pública" y la expropió, para cederla a la cooperativa formada por los trabajadores, cuyo nombre recuerda el día en que comenzó la ocupación de la fábrica, "18 de diciembre".
Pasaron dos años desde aquel 18 de diciembre en el que las costureras dieron el buen paso. Desde entonces Brukman nombra a quien niega: un empresario abusador, que aún después de todas las estafas realizadas a las trabajadoras, realizó ahora una más: la destrucción de la empresa. "Si no es para mí, no será para nadie" parece ser el mensaje del burgués, frente a un pueblo que festeja en la puerta de la fábrica de Balvanera: "Aquí están, estas son, las obreras sin patrón". Dos formas de pensar este tiempo, y sobre todo, de anunciar el tiempo que vendrá.

Las costureras dieron el paso al frente. "La lucha recién empieza" confiesa Celia mientras levanta la copa del brindis en el nuevo año de las obreras sin patrón.

Claudia Korol es corresponsal de ADITAL

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