Homenaje a Víctor Jara desde la selva colombiana

El compañero Adrián me acaba de llamar para que preste la guardia, son las cuatro de la mañana del 11 de septiembre, salgo de mi hamaca, me pongo las botas, el sombrero, reviso la pistola y cerrojeo el fusil. Sobre la manga izquierda de mi camisa verde oliva, yace orgulloso el brazalete rojo y negro recordándome una vez más el compromiso con la patria.

Llego al sitio de la guardia, Adrián me da el informe y parte hacia el campamento. Mi vista recorre el valle dominado aún por la oscuridad y la algarabía de la quebrada me avisa la llegada húmeda del nuevo amanecer.

En la aurora me llega a la memoria la bella canción de nuestro hermano cantor Víctor Jara: "Levántate y mira la montaña, de donde viene el viento, el sol y el agua, tu que manejas el curso de los ríos, tu que sembraste el vuelo de tu alma…".

Con esa canción convocó a los campesinos que con sus manos callosas sembraban la poesía cultivando la tierra y recogiendo la cosecha, así los invitó a que se unieran todos los trabajadores chilenos en una sola prosa y construir un Chile diferente, limpio y soberano. Arrulló el padre nuestro para sumergirlo en los versos con el interés de hermanar el arte emancipador con los valores humanistas de la Biblia, en momentos en que se estaban encontrando los católicos progresistas con los marxistas latinoamericanos

Una lágrima cae sobre mis mejillas, es el sabor de la traición con que Pinochet enlutó al compañero presidente Salvador Allende. Nunca se olvidará la manera como Nixon, la CIA, el Pentágono, la Democracia Cristiana y las brigadas paramilitares de Patria y Libertad, conspiraron y asesinaron al primer gobierno socialista en el mundo asignado por el sufragio universal. Recordamos las frases de Allende: "Mis palabras no tienen amarguras, sino desprecio ante los traidores. Ellos creen que eliminando a un hombre, a un político, a un dirigente, el proceso social podrá detenerse…No podrán detener el curso de la historia".

Y fue ese dolor con su rabia contenida, el que llenó sus venas y su corazón para tener tus manos abiertas, cantor nuestro, hermano Víctor Jara, hijo insurrecto de Manuel y Amanda, ella de sangre Mapuche, campesinos trabajadores en la provincia de Loquen; allá cuando desde niño se quedaba dormido al son del canto que su madre y la guitarra ofrecían al grupo de la tertulia. Se acostaba en el suelo y contemplaba las estrellas. ¡Bienaventurada Amanda que nos trajo un cantor!

Víctor, que tanta calidez abrigo tu alma… Tú, poeta de la vida; tú que sabías de la violencia con que se funda la pobreza, por eso tampoco descartaba el camino de que algún día había que acudir a las armas para poner fin a esa violencia.

Sus pasos y sus cantos fueron escribiendo el testimonio de su ejemplo. Percibía la importancia de sus canciones cuando ellas jugaban su papel en la lucha cotidiana, y así su alma en libertad se hizo revolucionaria. Sus melodías y sus cuerdas se hicieron más luz cuando acompaño a Luis Emilio Recabarren en su tarea de organizar el movimiento obrero y campesino.

Cómo olvidar a su alma adolorida ante la noticia de la masacre de Puerto Mont; siete campesinos y un niño de nueve meses caían asesinados buscando un pedazo de tierra para vivir. No pudiste callar tanta infamia, lo denunciaste por doquier en tu canción: "Preguntas por Puerto Mont".

En 1969 "pusiste tus manos abiertas" y cantaste para el mundo la sentida canción de Daniel Viglietti en homenaje a nuestro Comandante en Jefe Camilo Torres Restrepo.

Hoy en nuestras marchas y guardias, invocamos su nombre para que su presencia insurrecta se irrigue en cada uno de nosotros. Porque así como lo dijiste: "No basta nacer, crecer, amar para encontrar la felicidad, pasará lo más cruel, ahora nuestras manos se llenan de luz y de miel…"

Habrá que recordar a los artistas del mundo uno de los mensajes de Víctor Jara: " Un artista debe preocuparse menos por producir la obra trascendental, que de ser una especie de artesano cuyo trabajo seria tan útil como un clavo para construir una casa o una gota de aceite para que una máquina funcione suavemente. El canto es una soga que puede unir los sentimientos o los puede ahorcar. No hay alternativa. Los que fatigosamente buscan los dominios personales, los que profanan la inocencia y la pureza, no comprenderán nunca que el canto es como el agua que lava las piedras, el viento que nos limpia, el fuego que nos une, y que queda ahí, en el fondo de nosotros para mejorarnos".

América Latina se levanta como el labrador y despierta al leñador de Pablo Neruda. Chile brotará una vez más para alzarse de nuevo frente a los asesinos; solo así podremos despertar al hijo con la bella plegaria de Jara, solo así podrá ver que el valle ya no esta oscuro y que el gran día nos ha llegado.

He terminado la guardia y junto a Víctor llego al campamento. Su mirada premonitoria me despide, no sin antes susurrarme en el oído la letra de su canción "Mi canto es una cadena sin comienzo ni final, en cada eslabón se encuentra el canto de los demás".

Víctor Jara… VIVE…


"Me gustaría ser diez personas para poder hacer diez veces todo lo que hay que hacer."
V.J.

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