Mesa: La verdad sobre la Unidad Popular y el Golpe de Estado

Exponen:

- Humberto Martones: Ex Ministro de Allende. Actual Presidente del Comité por la Conmemoración de los 30 años del Golpe en Chile.

- Andrés Pascal Allende: Ex Secretario General del MIR y destacado dirigente político de la izquierda chilena

- Oscar Azócar: Director del Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz

Coordina: ICAL

Oscar Azócar: Muy buenas tardes. Primero que nada, agregando a lo dicho por Daniel, habíamos invitado a este panel también a Aníbal Palma, de la Dirección del Partido Socialista, quien había aceptado originalmente participar en el foro, posteriormente él se disculpó.

Yo quisiera decir que sentimos en el Instituto una satisfacción muy grande al habernos integrado en este Comité Nacional 30 años Allende Vive, que se constituyó con la idea de desarrollar durante todo este año –cosa que hemos venido haciendo- una gran cantidad de actividades de base, de divulgación de la experiencia de la Unidad Popular, de lo que allí aconteció, de las transformaciones que se impulsaron, cuestiones que por el ocultamiento y tergiversación generalizados durante la dictadura, desgraciadamente mantenidos por los gobiernos de la Concertación, no son conocidos principalmente por las nuevas generaciones, por los jóvenes.

Y hemos tenido la mayor satisfacción justamente con los jóvenes, en quienes hemos encontrado la audiencia más numerosa y más atenta. Yo ayer contaba de la semana de la memoria, chicos y chicas de enseñanza media, de varios liceos, que realizaron una actividad de cinco días muy interesente en la cual participaron centenares de estudiantes y también profesores.

Logramos reproducir esta experiencia en muchos otros lugares, divulgación, conversación, discusión, porque para reflexionar necesitamos conocer a fondo lo que realmente paso. Por eso creo que este panel debiera permitirnos tratar de recuperar esa verdad, con enfoques que no tienen por qué ser iguales, tenemos que conversarlos, discutirlos, y espero que todos, por lo menos, tengamos un tiempito para hacerlo.

No pretendo hacer un listado, una enumeración prolongada, sin embargo, quisiera decir que el Gobierno de Allende fue un gobierno que elaboró un programa, el Programa de la Unidad Popular y sus 40 medidas, y en los mil días que estuvo gobernando, hizo un esfuerzo importantísimo para llevarlas a la práctica. Buena parte de estas cosas que allí se plantearon se cumplieron, en medio de grandes obstáculos que fueron levantados por la reacción a este proceso revolucionario, por EEUU, por la fuerza del gran empresariado y de la derecha, tanto de los partidos tradicionales de la derecha como de la derecha del partido Demócrata Cristiano.

El PDC al comienzo fue obligado por la gran mayoría política y social a favor de los cambios, que también se expresaba dentro de ese partido, a llegar a un compromiso con el gobierno popular, que consistió en el Estatuto de Garantías Constitucionales, que permitió que Allende fuera elegido en el Congreso Pleno. Sin embargo, pasado un tiempo, la DC fue arrastrada por la derecha al proceso de desestabilización golpista.

Pero insisto, lo principal que quiero destacar al comienzo el gobierno de la UP fue un gobierno tremendamente realizador. Escuché en las noticias que el Ministerio de Salud inauguró una sala “Salvador Allende” y estuvo ahí el Ministro en ese homenaje -que bueno, aunque son homenajes a medias- y el Ministro decía “le rendimos homenaje porque sobretodo él era un hombre de servicio público que contribuyó mucho al desarrollo de la salud pública en Chile”, tratando como demócrata cristiano de no contradecir el planteamiento de su partido de no hacer un homenaje de verdad a alguien que merece eso y mucho más, un presidente que fue consecuente y leal con el pueblo, con lo que prometió, un hombre que marcó historia en la política chilena. Bueno, el ministro se refirió al medio litro de leche, quiero entregar como antecedente que alrededor de mil quinientos millones de litros de leche fueron destinados para cumplir esta medida, que era una de las cuarenta medidas del programa del gobierno Popular, para entregar ese medio litro de leche para todos los niños de Chile, y eso es una revolución en el ámbito de la salud y del presupuesto de Chile, porque era el 10% del presupuesto de la salud y un porcentaje muy significativo del presupuesto nacional.

Esto a propósito del criterio neoliberal con el que se enfoca todo hoy: todo lo que no sea lucro, negocio, lo que no sea viable del punto de vista económico se deja de lado. Gasto social en sí no existe, es decir, gasto destinado para el beneficio del pueblo. La mirada del gobierno de la Unidad Popular es muy distinta, en esto, y en el plano de la soberanía nacional, de la nacionalización del Cobre, de la Reforma Agraria, de una cantidad de transformaciones que fueron hechas justamente para que el pueblo pudiera acceder a la salud, a la educación, a la cultura, a la vivienda, de manera mucho más plena como corresponde a su calidad de derechos del hombre.

Entonces, lo primero es este enfoque, todo para el hombre, al servicio de las mayorías nacionales, al servicio de la nación, de la patria, de un desarrollo nacional independiente no supeditado a una superpotencia, como desgraciadamente ocurre hoy en la política de este tercer gobierno de la concertación, que acordamos los tratados de libre comercio con EEUU, haciendo el juego a su política de imponer el ALCA o Area de Libre Comercio para América Latina, que en definitiva sólo favorece a EEUU, a sus intereses económicos y políticos, a su estrategia para la región y para el conjunto del mundo.

En segundo lugar quisiera señalar que me parece muy importante desmistificar grandes mentiras y falsedades que se dicen. Se dice por ejemplo que el golpe fue producto de la violencia y el caos provocado por la Unidad Popular. Que la dictadura y el golpe de Estado fueron para salvar a Chile del marxismo, del caos. Que la aspiración de la Unidad Popular era una dictadura autoritaria. Que -el argumento más moderno y actual- todos los actores políticos de esa época seríamos responsables de lo que sucedió, golpistas y víctimas del golpe de Estado y de los crímenes que se cometieron posteriormente.

Todas estas mentiras se pueden discutir con argumentos contundentes. El caos, la violencia y el terrorismo, antes del golpe, durante la Unidad Popular, y después del golpe, durante la dictadura, fueron absolutamente impulsados por la derecha, por el Partido Nacional, por el Comando Rolando Matus, por Patria y Libertad, que durante el gobierno de la UP desarrollaron atentados terroristas, sabotajes de todo tipo, asesinatos. Llegó a haber una frecuencia de decenas de atentados al día en el último período de la Unidad Popular. Asesinatos como el del Comandante en Jefe del Ejército René Schneider, comprobadamente realizado por gente de Patria y Libertad y la CIA, inmediatamente después que triunfa Salvador Allende, en una primera intentona de golpe -hay un agente de la CIA que cuanta que hubo por lo menos trece intentos de golpe antes que tuviera éxito el del 11 de Septiembre de 1973- para impedir que Allende fuera elegido en el Congreso Pleno. El asesinato del Comandante Araya, edecán naval del presidente Allende. El asesinato de Edmundo Perez Zujovic, con el objetivo político de acelerar el proceso de incorporación del Partido Demócrata Cristiano a la conspiración y de su alejamiento de posibles acuerdos y entendimientos con la Unidad Popular.

Hay que mirar Internet, la cantidad de documentos que hay, los documentos desclasificados de la CIA, del Departamento de Estado, y ahí está con nombre y apellido todo esto, este itinerario de la violencia y terrorismo ejecutado por el golpismo, insisto, antes del golpe, durante la Unidad Popular, y después en la dictadura el terrorismo de estado.

Intención de la UP de dictadura autoritaria nunca existió, nunca. De partida, la UP era una coalición plural de comunistas, socialistas, radicales, cristianos de izquierda, cuatro grandes corrientes, con distintos puntos de vista. La discusión y la convivencia política dentro de la Unidad Popular no era fácil pues existía un proceso plural real, en que no había imposiciones de unas sobre otras. Es más, hay apreciaciones críticas fundadas respecto de las omisiones e incumplimientos de la UP en relación al tema del poder, que justamente apuntan a debilidades y concesiones hechas a la derecha y al golpismo.

Y de que todos somos responsables de lo sucedido. Quiero insistir en que el golpe de Estado es resultado de un proceso de intervención y conspiración norteamericana en la política chilena que partió no en 1970, sino ya en 1962 y 1963, antes de la elección presidencial de 1964, en que Allende era también candidato. La elección anterior, la de 1958, había dejado extremadamente preocupado a EEUU porque ahí la diferencia de votos con Alessandri había sido demasiado poca, entonces empieza a haber dinero, apoyo, actividad de inteligencia mayor para intervenir –y se intervino en esas elecciones con bastante plata- para asegurar la elección de Eduardo Frei Montalva, incluso presionando a los partidos de derecha para que apoyaran a esa candidatura. Esta intervención naturalmente se intensifica en la campaña presidencial de 1970, y después de elegido Allende.

El diario El Mercurio que tanto miente, el lienzo de la CUT lo dice hoy día, “a 30 años El Mercurio sigue mintiendo”, fue uno de los principales implicados en el golpe. Agustín Edwards es uno de los principales responsables de esta conspiración, es un hombre de EEUU, que inmediatamente después del 4 de Septiembre de 1970 viaja a ese país a pedir el golpe. En este sentido, yo estoy de acuerdo, desde una posición muy opuesta, a lo que dice actualmente el Comandante en Jefe del Ejército, el general Cheyre, de que los militares no fueron los únicos responsables del golpe. Efectivamente, hubo un bloque golpista.

También quiero señalar que la Unidad Popular hizo un gran esfuerzo hasta el final para que el acuerdo con la Democracia Cristiana -que se plasmó en el Estatuto de Garantías al comienzo, después de la elección de Salvador Allende -se mantuviera en el tiempo. Hubo un debate y negociaciones avanzadas en relación a las áreas de propiedad de la economía, particularmente cuantas y cuáles grandes empresas pasaban al área social, y la Unidad Popular estuvo dispuesta, –particularmente el presidente Allende- con el fin de llegar a acuerdo, a negociar y a hacer concesiones a varias demandas que surgieron desde el Partido Demócrata Cristiano. Casi todas las cosas que planteó la DC fueron satisfechas. Entonces el acuerdo fracasa porque la experiencia de la Unidad Popular había provocado un impacto profundo en todo el mundo, en Europa y en muchas otras partes, era una experiencia que era observada con simpatía, que se constituía en un ejemplo que EE.UU. no podía seguir tolerando. Entonces, cuando estaba casi listo el acuerdo, Eduardo Frei, que estaba en el exterior, lo veta, e impide que este acuerdo se materialice.

Yo, por último, quiero decir que aunque la Unidad Popular triunfó electoralmente en 1970 con un 36%, ese 36% fue aumentado al 51% en las elecciones de abril de 1971, y a pesar de la conspiración desatada en marzo de 1973, ese 36% obtenido en las elecciones presidenciales creció al 44%, es decir, desde el punto de vista electoral hubo un ascenso. Pero más allá de lo electoral, el triunfo de la Unidad Popular es producto de un movimiento político y social que se desarrolla durante décadas, con tomas de terrenos, tomas de tierras, sindicalización campesina, presencia de la izquierda allí en un nuevo sector que surge mayoritariamente en el gobierno de Eduardo Frei, en la clase obrera, un proceso con mucha violencia y conflicto social, un proceso realmente muy intenso, en el cual el movimiento popular iba en ascenso, y eso finalmente se refleja en el triunfo del setenta.

Sin embargo, este camino institucional tiene insuficiencias. Concordando con Joan Garcés, la UP ni siquiera hizo uso de todas posibilidades que ofrecía la institucionalidad. Se pudo usar resortes legales que existían en aquella época para poder defender el gobierno popular de toda la embestida reaccionaria. Me refiero por ejemplo al antecedente que entrega Joan Garcés respecto a la Ley de Defensa Civil de 1945, que al leerla uno se da cuenta que efectivamente contemplaba la posibilidad de actuación conjunta de las FFAA y organismos civiles, entre ellos organizaciones sociales y sindicales, para evitar situaciones de emergencia en el país y actuar sobre ellas. Dado que existió en las FF.AA., durante buena parte del periodo de la UP, un sector constitucionalista, que estaba a la cabeza de las FF.AA., se pudo haber desarrollado a través de este resorte en particular, un tipo de accionar popular que fuera mucho más decisivo, más ofensivo en el sentido de la defensa de este proceso frente a toda la embestida reaccionaria.

Ahora, más allá de eso, me parece que lo que aquí conspiró fue en definitiva la insuficiencia en la concepción de poder que teníamos en la Unidad Popular, que no sólo tenía que ver con el uso de las armas frente a toda esta embestida, sino que fundamentalmente con el proceso de construcción de un poder popular desde la base que debió irse desarrollando, es decir, la articulación de un esfuerzo armónico combinado entre el gobierno popular y el movimiento social desde la base, para actuar de una sola manera, con la Juntas de Abastecimientos y Precios (JAP), con los Cordones Industriales, con los CUP, con los órganos de poder popular que efectivamente se desarrollaron, y que tuvieron una expresión muy importante –por ejemplo- para hacer frente al Paro patronal de 1972, que fue la condición para la derrota de ese intento golpista. Desgraciadamente, incluso los comités de la Unidad Popular, que tuvieron un rol protagónico para la elección de Allende, y que se mencionaban en el programa de la UP como embriones de poder popular, que pudieron haber tenido un papel importante en este proceso de construcción, dejaron de funcionar durante la Unidad Popular.

Respecto de los cordones industriales hubo varias visiones, y la falta de conducción única en la Unidad Popular incluso iba mucho más allá, porque la visión de defensa del proceso que por ejemplo se manifestó en la Asamblea Popular en Concepción, no trasuntaba la idea de articulación con el gobierno, sino que una idea alternativa frente al gobierno popular, lo que constituía un error y no ayudaba al objetivo. Gracias.

Andrés Pascal Allende: Muy buenas tardes. El período de la Unidad Popular fue corto en el tiempo, mil días, pero eso no quiere decir que sea fácil hablar de esta temática en quince minutos porque fue un tiempo muy intenso.

Yo en primer lugar quisiera agradecer a Oscar Azócar, que me va a ahorrar bastante trabajo, yo comparto esencialmente lo que él ha explicado aquí, me va a evitar referirme, aunque el título de este panel sea “la verdad de la UP”, a la mentira de la derecha y de los sectores que pretenden que la responsabilidad del golpe y su sangrienta represión fue de la izquierda o de los sectores que apoyábamos integrados críticamente al gobierno de la Unidad Popular.

Simplemente diría que creo que el período de la Unidad Popular ha sido el período de las mayores libertades democráticas, de mayor participación y organización social que ha habido en la historia de Chile.

Segundo, que se han llevado a cabo las reformas y medidas más profundas de cambio de la economía chilena y a favor en general de nuestro pueblo, como las que ha mencionado Oscar. La nacionalización del cobre, la reforma agraria, los problemas de la vivienda, salud, la reforma universitaria, el aumento de la producción y crecimiento hasta que comenzó el boicot, en general, de beneficio de las condiciones de vida para nuestro pueblo, sobretodo el primer y segundo año de gobierno. De modo que decir que el gobierno de la Unidad Popular fue un fracaso, como le gusta decir a la derecha, es una mentira, y luego se dice mucho que el golpe fue producto del caos, de la violencia de la izquierda, dentro de eso nosotros –yo fui militante del MIR- también seríamos los culpables de esto.

Yo siempre digo que en la época de la Unidad Popular nosotros nunca hicimos alguna acción armada, y que yo recuerde, hubieron más de mil acciones de sabotaje de Patria y Libertad, de una serie de grupos de la derecha, incluso de oficiales de FFAA que participaban en ella. De modo que violencia nosotros no desarrollamos ninguna durante ese período, la que nosotros hemos ejercido en el caso del MIR han sido algunas acciones de propaganda armada en el período de Frei, pero fundamentalmente, las armas y la lucha armada la tomamos en resistencia contra la dictadura el mismo día del once en combate contra las fuerzas golpistas, y posteriormente, en la larga lucha de resistencia. En cambio, a los sectores de la derecha, especialmente de la DC, les encanta olvidarse de la responsabilidad que ellos tuvieron de cerrar la posibilidad a una salida política al proceso de crisis política que se vivía en ese momento, crisis institucional, prefiriendo con Eduardo Frei a la cabeza –como señalaba Oscar- promover el golpismo, de modo que me voy a evitar referirme más en detalle a estas mentiras.

En general la política que se sigue hoy día al recordar el pasado por parte de la derecha y los medios de comunicación de masas controlados por ellos en Chile es falsear los hechos o a veces ocultarlos, o sea, olvidar lo que realmente ocurrió, de modo que nos vamos a dedicar más bien a hablar de las verdades. Los hechos son siempre los mismos y las verdades son diversas, depende de cuál es el relato de esos hechos, en este caso yo partiría fijando un campo de reflexión: desde dentro de la izquierda, con participantes que aquí se identifican en general con lo que fue el liderazgo de Salvador Allende, con el proceso de cambios que generó la Unidad Popular, y en general con el desarrollo de procesos revolucionarios que vivimos en ese tiempo.

Partamos de la base que estamos hablando del gobierno popular y dentro de ese marco lo que me interesa más que nada es referirme a las tensiones que se producen en todo el proceso de movilización popular revolucionario, y en ese sentido creo que hay dos relatos fundamentales sobre el proceso de la Unidad Popular, los cuales - si bien se va avanzando, la propia intervención de Oscar apunta en ese dirección- todavía creo es una reflexión no saldada de la cual ya han pasado 30 años dentro de la izquierda chilena y que creo que tiene estas tensiones, estas contradicciones que se dan dentro de los procesos populares revolucionarios, y es inevitable referencia para los problemas que en el presente o futuro se le plantean a las luchas populares.

Diría que en general la izquierda, tanto la que participó dentro de la UP y los que participamos del proceso desde fuera, teníamos un programa común general que apuntaba al socialismo, ya sea que ese horizonte se viera más cerca, más lejos y con distintas formas para alcanzarlo, pero creo que compartíamos en general esa orientación socialista y las propias medidas que impulsó la Unidad Popular, que las ha detallado algunas de ellas Oscar. Por tanto, podríamos decir que la tensión fundamental dentro del campo popular no estaba dada tanto por el programa como por el camino a seguir para hacer realidad ese programa. En ese sentido, la opción hegemónica y que primó en el proceso de cambios que se vivió en la Unidad Popular fue de que era posible llevar a cabo un proceso de reformas dentro de la institucionalidad vigente en ese momento. Ese fue la opción allendista y la opción más fuerte que primó en los partidos de izquierda en ese momento.

Este camino tendía a priorizar la conducción del proceso de cambio desde el gobierno, es decir, tendía a subordinar el proceso de masas, de organizaciones sociales, a la acción de la administración gubernamental, era un camino que trataba de avanzar cautelosamente mediante cambios y reformas dentro de la institucionalidad, tenía que tratar de encuadrar la movilización que se daba en ese momento dentro de los marcos de esa institucionalidad y de las iniciativas del gobierno. Cuestión que no era para nada fácil, porque si recordamos, a partir de la crisis de la dominación que se vive en Chile y del modelo económico y social vigente desde los años treinta y ocho en adelante, que se expresó durante el gobierno de Frei, que también fue un intento reformista de darle solución a esa crisis y que fracasó, se abrió las puertas a un período de auge de movilizaciones sociales como se ha dado pocas veces en Chile a partir del año 1967 adelante.

De modo que poder encuadrar esa dinámica de masas, sobretodo de sectores pobres de la ciudad, que se incorporaban a la lucha reivindicativa, a la lucha política, era muy difícil lograrlo. Este camino también tiende a centrar la política de alianzas más que en la organización del pueblo, o sea, en la acumulación de una fuerza autónoma en la cuál descanse el proceso de cambios, en el papel de los partidos políticos como mediadores entre los movimientos sociales y el estado y como gestionadores de una alianza amplia que se buscaba por sectores de la izquierda con lo que se llamaba en ese momento una burguesía nacional.

Para nosotros esa burguesía nacional era casi inexistente, e incluso este camino tendía a veces a concebir el proceso de cambios por etapas, una primera etapa que era lograr una democracia popular con alianzas con sectores de las clases medias, sobretodo con una burguesía nacional sin plantearse el avanzar hacia el socialismo, lo cual también planteaba la necesidad de poder limitar la reforma, o sea, tratar de contener la presión social que había por llevar adelante esta reforma dentro del marco de la política de alianzas y de la gestión institucional que realizaba el gobierno, que implicaba desde luego una confianza muy fuerte en el respeto a la institucionalidad por parte de la clase política y de las instituciones del Estado, respeto en definitiva a la legalidad democrática y también en la prescindencia de la intervención por parte de los poderes no políticos del Estado, es decir, por ejemplo de que la justicia no iba a tener una intervención política o de que las FFAA iban a mantenerse al costado del proceso sin intervenir respaldando la institucionalidad y el gobierno institucional.

Este camino priorizaba por la batalla económica, lograr a través de la reforma económica las condiciones como para producir realmente un cambio político, o sea, de las propias instituciones políticas, para avanzar hacia al socialismo a través de un esquema de una economía mixta. Esto es lo que me parece a mi los puntos más centrales de la política que primó en la Unidad Popular.

Había otro camino que algunos llamaron ultraizquerdista o radical, que nosotros calificábamos como revolucionario, lo cuál en última instancia vamos a ver que no era necesariamente una calificación adecuada, porque revolucionarios son los que logran hacer la revolución, y en esto unos y otros no fuimos capaces de defender ese proceso de cambio revolucionario. Este camino que nosotros anticipábamos junto con otros sectores de la izquierda chilena tenía por eje la movilización y la organización de masas, esta era la fuerza que se concebía como fundamental, no la del desarrollo de la política institucional, el desarrollo de la alianza en la unidad revolucionaria del pueblo, su organización, su capacidad de acumular fuerza de cambio revolucionaria.

La política apuntaba centralmente a lo que podríamos decir una radicalización democrática, es decir, impulsar una concepción alternativa de democracia que era una democracia directa más participativa de parte del movimiento de masas en las decisiones, y una democracia que se propuso y se intentó extender a todos los ámbitos de la vida social, es decir, dentro de las empresas, en las universidades, en general en la cultura, en la administración, incluso en el campo del monopolio de la violencia, es decir, de las FFAA. Este camino se planteaba la creación de un poder popular alternativo desde abajo, no quería decir que no se pudiera utilizar, y así de hecho lo hacían sectores que participan en el impulso de esta política dentro, de los espacios institucionales de la política, me refiero a las elecciones parlamentarias, etc. Incluso el MIR, que éramos muy anti-institucionales y muy antielectorales, muy precipitados a mi gusto hoy día en ese aspecto, no obstante igual participábamos en las elecciones y apoyábamos a candidatos socialistas, de la izquierda cristiana y de otros sectores, y desde luego en lo que eran las instituciones educativas de la universidad, etc., nosotros también participábamos.

Esta política se planteaba una cuestión fundamental, la generación de una capacidad de defensa del proceso de cambio revolucionario, es decir, planteaba como tema a discutir y a encarar el problema militar y el problema del monopolio de la violencia dentro de ese proceso, el cual nosotros entendíamos que debía descansar en dos cosas: una en llevar a cabo un proceso de democratización de las FFAA, de reforma democrática de las FFAA en su interior, con un cambio estructural de esta y con una capacidad de que el propio movimiento de masas se organizara para la autodefensa de su proceso.

Entendíamos que más importante que las nuevas medidas y el desarrollo de una nueva economía era generar una base social y política que permitiera realmente llevar a cabo el proceso de construcción de una nueva economía, o sea, invertíamos los términos en eso y esto va a tener consecuencias prácticas como veremos después en la práctica política. Y desde luego, entendíamos que el proceso hacia el socialismo era sólo un proceso democrático popular revolucionario y que no había etapas posibles dentro de eso, ya que el sólo plantearse las medidas planteadas por la propia Unidad Popular iba a llevar necesariamente a una radicalización del proceso.

Estas dos políticas se dan en un contexto de crisis, siendo importante tenerlo en cuenta porque el proceso de la Unidad Popular no era un gobierno en una etapa normal de la dominación, el proceso de la Unidad Popular fue en el marco de una crisis de la dominación, el agotamiento de un modelo económico de sustitución de importaciones que empezó a impulsarse entre la década del treinta en Chile, de una determinada alianza social que se hizo en ese momento entre sectores del movimiento obrero, de la clase media profesional y funcionaria, de la oligarquía terrateniente con la cual se pactó no tocar el sector agrario, dejar el latifundio –me refiero a los años treinta, cuarenta- y desde luego de alentar a través de la propia intervención y regulación del Estado el desarrollo de un sector de burguesía nacional y de un entendimiento o acuerdo con el capital extranjero fundamentalmente norteamericano.

Este modelo económico que logró en su época avances muy importantes para la sociedad chilena a través de los gobiernos del frente popular, de la hegemonía radical, pero que participaron tanto el Partido Comunista como el Socialista, se lograron efectivamente avances notables también en esa época. Era un modelo integrador y un modelo que fundamentalmente descansaba en el fortalecimiento de un proceso de democracia institucional que se logró consolidar y ampliar en esa época y un papel muy regulador del Estado. Menciono esto porque creo que las políticas no se dan en el aire sino a partir de las condiciones concretas, y en definitiva, este camino de reforma pasaba por profundizar la Reforma Agraria, ampliar en la economía el papel regulador del Estado, profundizar la democracia institucional, es decir, su estrategia para llegar al socialismo pasaba por la profundización de ese mismo modelo que estaba en crisis.

El sector más crítico de izquierda a esa orientación concebíamos que esto no era posible y sacábamos una lección que era histórica, que en todos los períodos que ha habido en Chile una crisis de la dominación, la política de las clases dominantes ha sido siempre intervenir violentamente y cuestionar su propia institucionalidad, de modo que ese mito que Chile era la Suiza de América Latina, nosotros decíamos que no era tan real, y por tanto, esperábamos que la situación que se iba a encarar iba necesarimanete a llevar a una confrontación aguda que era muy difícil poder encuadrar en esos marcos de la institucionalidad que se quería reforzar, y eso es lo que nos llevaba a optar como estrategia el priorizar en el desarrollo de la organización de masas, en su movilización, la generación de su propia capacidad de autodefensa para llevar a cabo ese proceso.

En esa época, recuerdo que yo usaba mucho ese término, que era el título de un libro de Rosa Luxemburgo, “Reforma o Revolución”. Con el tiempo he ido pensando que esa es una falsa contradicción, es decir, todo proceso revolucionario tiene que llevar a cabo reformas, o sea que el problema no es con las reformas en sí, y todo proceso revolucionario que se inicia en una crisis de la dominación y en un ascenso de las luchas populares parte siempre por intentos frustrados de reformas, veamos la revolución Rusa. Siempre los procesos de revolución están antecedidos por intentos de darle solución a esa crisis por reformas, lo que no quiere decir que sean contrarrevolucionarios, por el contrario, esas reformas siempre abren caminos al ascenso de las luchas populares, abren espacios políticos. Por ejemplo, podríamos decir que es indiscutible que el nivel de organización que se logró durante el período de la Unidad Popular no hubiera sido posible de lograr en Chile si la Democracia Cristiana no hubiera iniciado un proceso de reformas, la promoción popular, la reforma agraria limitada, etc., pero que abrieron un campo de integración, de participación popular, y desde luego sin la ampliación de las libertades democráticas que se dió durante la Unidad Popular. Por tanto, la idea “Reforma o Revolución”, yo creo que es un falso problema.

El dilema fundamental es cómo articular las reformas y la revolución, cómo articular uno y otro aspecto dentro del proceso revolucionario, les estoy hablando en este caso de revolución como un cambio radical en el poder, es decir, con la construcción de una nueva alianza de clase donde las clases dominadas pasen a ser las fuerzas hegemónicas de un proceso y que implica por tanto, cambios muy profundos en la institucionalidad, en el modelo económico, etc. No necesariamente tiene que ser socialista, también pueden ser cambios que no lleguen al socialismo, aunque en los marcos del capitalismo que vivimos en el mundo, es difícil que un proceso revolucionario puede evadir el problema de construir una sociedad que va a tener rasgos, características socialistas.

Muchas veces se criticó por ejemplo al MIR que entorpeció el proceso y llevó a una situación que dificultó la política de alianzas y gestión entre la Democracia Cristiana con otros sectores opositores, por radicalizar demasiado las políticas de reforma que el gobierno estaba llevando a cabo. Por ejemplo, el problema en el campo de la Reforma Agraria en donde la DC fijaba como límite la expropiación de tierra en 80 hectáreas de riego básico, y nosotros levantamos lo que se llamó el “Programa del Pueblo” en que planteábamos que toda propiedad sobre 40 hectáreas podría ser expropiable y que tenía que ser a puertas cerradas, es decir, con todos los implementos, todos los medios para poder trabajar ese campo.

Voy a leer algo que escribí hace tiempo para hacerlo más cortito, dice: “limitar la reforma agraria, las propiedades mayores de 80 hectáreas de riego básico, significaba que sólo el 15% de los campesinos sería favorecido, pero el 75% restante formado por ciento de miles trabajadores sin tierra, campesinos temporales, quedaban excluidos del acceso a la tierra, además de dejar más del 44% más rica y mecanizada así como el 43% de la producción agrícola del país en un momento en que los dueños de fundos estaban provocando desabastecimiento de alimentos y especulaban en el mercado negro. ¿Cómo combatir ese desabastecimiento que afectaba principalmente a las capas populares y medias de la población si el grueso de la producción industrial orientada al consumo y la distribución comercial estaba en manos de una burguesía que boicoteaba al gobierno? ¿Cómo luchar ideológicamente contra la reacción si este controlaba más del 70% de los medios de comunicación?”

Lo que yo quiero decir con eso es que llegado un proceso de reforma de ese tipo, genera, es imposible que no, la contradicción con los medios de comunicación o con los dueños de esas tierras o con los dueños de esas industrias, y hay un momento en que hay tomar una opción: o no se hace nada, lo cual deteriora lo que es la alianza popular dentro del propio pueblo, o se opta por radicalizar un proceso para dar respuesta a las reivindicaciones y necesidades de ese propio pueblo, que fue lo que se nos planteó en Chile en el período de la Unidad Popular. Pero hay una cuestión más importante, y es que o se opta por negociar con esos sectores para lograr un manejo dentro del marco de la institucionalidad, dentro del modelo vigente, o se opta y se confía en que el poder fundamental para organizar ese proceso está en las masas y darle a esas masas la participación directa, darle a esas masas el control y el manejo de las organizaciones de la economía, de los fundos o de las industrias o de la educación, de los distintos campos de la sociedad.

Ese es el problema fundamental: cómo articular las reformas con la acumulación de una creciente fuerza revolucionaria, cómo articular el manejo de los espacios que permite una institucionalidad en determinado momento para acumular una fuerza que no pueda limitarse a ese campo institucional, sino que tiene que ser una fuerza que sea un poder popular alternativo, no al gobierno –como decía el compañero Oscar-, yo no creo que la Asamblea Popular que se creó en Concepción era alternativa al gobierno, yo creo que era una asamblea popular que lo que se planteaba era desarrollar los gérmenes de un poder popular que estaba en contra de las instituciones y el poder de la burguesía, era la fuerza, la dinámica de apuntar al manejo, a la conducción de las propias organizaciones de masas de ese proceso de cambio revolucionario, o sea, este es una contradicción que siempre se va a dar en todo proceso de cambio.

Llego hasta aquí, dejo fuera un tema importante ¿Qué pasó con el golpe, se pudo o no se pudo evitar el golpe?

Humberto Martones: Yo felicito a ICAL, a la Revista América Libre y a las otras instituciones que organizaron este seminario. Este es un seminario que tiene características muy especiales y entre ellas cabe destacar el hecho de que no sólo está en el recuerdo de lo acontecido, sino que también está en el análisis de la proyección de los movimientos populares para establecer una América Libre. En estos instantes, en estos tiempos, parecieran que se retoman los viejos aires, los de hace treinta, cuarenta años y, nosotros no podemos excluirnos. Es cierto que hemos avanzado después de terminar con la dictadura en términos más o menos positivos, pero no cabe duda de que estamos lejos, muy lejos, no digo de establecer un gobierno socialista, más bien de establecer un gobierno popular que le de satisfacción a las necesidades de las mayorías nacionales.

Yo soy militante de un partido de la Concertación, soy militante del Partido Radical, y tengo la crítica para la Concertación y por cierto para mi partido, de que no hemos sido capaces en 12 años de poner término real a lo que estableció la dictadura en sus 17 años de gobierno. Si nosotros comenzamos por hacer el análisis sólo en lo que respecta a los Derechos Humanos y no somos capaces de derogar la Ley de Amnistía, quiere decir sin duda alguna de que estamos faltando al compromiso contraído. Yo pienso que es necesario iniciar un gran movimiento social y político para que más allá de las directivas, el gobierno mismo sea el que se imponga y el que obligue a los gobernantes a darles la satisfacción de cubrir las necesidades y a los compromisos que se han contraído.

Mirado desde ese ángulo, desde esa perspectiva, tenemos que decir que sin ayer no hay mañana y, por lo tanto, a 30 años del golpe militar estamos recordando hitos del gobierno más auténtico que ha tenido Chile, que fue el Gobierno del compañero Allende. Yo no pertenezco al grupo de los autoflagelantes, para nada estoy de acuerdo en que nosotros tenemos un pedazo de responsabilidad en el golpe del año 1973. Fuimos víctimas de toda una confabulación - innecesaría de detallar en estos instantes porque con todo lo que se ha escrito, con todo lo que han señalado sus autores, está en la mente y en la conciencia de nosotros- con promotores, financistas, intermediarios y ejecutores del golpe, comenzando por cierto, por los Estados Unidos de Norteamérica, con su presidente de la época Nixon, con el señor Kissinger, la participación de todas las organizaciones relacionadas con esa potencia en el mundo.

Basta leer el libro que recientemente ha dado a luz Patricia Verdugo “Allende, como la Casa Blanca provocó su muerte”, aquí está el testimonio a través de documentos desclasificados de cómo actuaron los EEUU y los nacionales, incluyendo a Generales, a funcionarios de las FFAA, que fueron alimentados con el dólar norteamericano para llevar a cabo acciones que impidieran primero que Salvador Allende y la Unidad Popular asumiera el Gobierno. Si leemos este libro vamos a comprobar que la dirección de la DC recibió dinero para provocar lo que buscaba EEUU, para qué voy a hablar del señor Edwads que fue alimentado permanentemente con el dólar americano para impedir la asunción de nuestro gobierno, y yo que fui Ministro de Obras Públicas y Transporte, puedo decir de que vi la mano de EEUU llena de dólares en ese gremio de los transportistas que fue movilizado para deteriorar la actividad del gobierno popular, tuvimos que trabajar intensamente, tuvimos que multiplicar nuestros esfuerzos, poner en acción toda nuestra creatividad y con el apoyo decisivo de los trabajadores de Chile logramos contener una huelga sediciosa a todas luces.

Si nosotros analizamos esa acción y la ponemos junto a otras que se llevaron adelante como el acaparamiento de los productos, el retiro de dineros del país, el embargo de las empresas de Norteamérica. Les puedo decir a ustedes que como Ministro de Transporte tenía a mi cargo Ferrocarriles del Estado, el cincuenta y tanto por ciento de la tracción de ferrocarriles estaba paralizada, es decir, de 140 locomotoras poco más de 70 no podían andar, en su gran mayoría eran locomotoras que estaban construidas en EEUU, eran locomotoras con motores Westinghouse. Recurrimos a Canadá a comprar los repuestos necesarios, y cuando estábamos con la negociación hecha, el gobierno de EEUU le impidió a Canadá que nos vendiera los repuestos. Fuimos a Japón donde también habían repuestos de ese tipo, y también se nos negó la venta porque lo tenía prohibido EEUU. ¿Cómo superamos esa situación? Los trabajadores ferroviarios se pusieron a producir lo que se necesitaba para hacer andar las locomotoras, y lo logramos, movilizamos los productos que necesitábamos para la importación, así como los productos que necesitábamos para la exportación.

La semana pasado fui invitado a una reunión de los ferrovarios de la Santiago Watts, y ellos expusieron un documental en que se ve la otra cara del Chile que gobernó la Unidad Popular, cómo las mujeres, los hombres, los jóvenes de Chile trabajaban, hacían de todo para poder salir adelante, cómo progresaron en su bienestar, cómo podían alcanzar lo que nunca jamás antes tuvieron, cómo se alegraban los campesinos que habían sido los peones de toda una vida.

Todo eso no podía ser más que satisfactorio mirado desde el punto de vista nuestro y un mal ejemplo mirado desde el punto de vista de los EEUU, recordemos que en aquellos días había un gobierno progresista en Bolivia, otro en Perú, otro en Argentina, sin considerar por cierto el gobierno de Fidel Castro en Cuba. Entonces iba creciendo todo un proceso que venía de la época de los sesenta, cuando se inicia toda una actividad de renovación, de reestructuración del mundo de la cual nosotros recibimos buenos vientos y los pusimos en acción.

Yo tengo la suerte de haber sido uno de los compañeros que estuvo cerca de Salvador Allende desde 1954, de los días en que con mucha fuerza, con la tenacidad que este compañero tenía con la lucha popular, había logrado conformar el Frente del Pueblo y con la incorporación del Partido Socialista Popular y del Partido Democrático al cual yo pertenecía, constituimos el Frente de Acción Popular. En aquellos días dimos batallas heroicas, logramos estar a 30.000 votos de elegir a Allende presidente en el año 1958, y en la campaña de 1964, ya desencadenado el odio y la entrega del dinero a los contrarios nuestros por parte de los EEUU, impidieron el triunfo que era evidente para Salvador Allende y para el Frente de Acción Popular en el año 1964.

En el año 1970 logramos lo que Allende había planteado con mucha claridad, con una visión de político y estadista extraordinario, él entendía que no se podía triunfar si no se contaba con sectores de centro izquierda como era el caso del Partido Radical y por eso es que gastamos todos nuestros esfuerzos para que esa colectividad política se incorporara. Además, en esos mismos días, sectores de la DC encabezados por Jacques Chonchol y por Rafael Agustín Gumucio, se estaban incorporando a nuestro proceso.

Esos períodos yo los viví personalmente, era miembro primero del Comité de Acción Popular y luego de la Unidad Popular, y después, cuando llego a los Ministerios de Tierras y Colonización, de Bienes Nacionales, al Ministerio de Obras Públicas y Transporte, logro tener una visión exacta de lo que fue el proceso de la Unidad Popular, de lo que fue el gobierno de la Unidad Popular y de cómo lograron desestabilizar nuestro gobierno. Tengo que decir cosas muy delicadas, con mucha honestidad, para que sepan cómo fueron las cosas. Me explico. Cuando nosotros ya percibíamos desde marzo de 1973 en adelante, después que fracasó el afán de derrocar constitucionalmente al presidente de la República vía la conquista de un Parlamento absolutamente mayoritario para la oposición, se hizo imposible neutralizar las intenciones golpistas y salieron a golpear las puertas de los cuarteles y se aceleraron todos los procesos desestabilizadores como la huelga de los transportistas que yo les hablaba, ahí están las voladuras del gaseoducto, y están los centenares y miles de atentados que se produjeron a lo largo del país, incluso crímenes que se llevaron a efecto y que por supuesto, hoy día nadie habla de ellos.

Yo les digo responsablemente, porque lo discutimos en consejo de Ministros, se sabía cuáles eran los Generales que estaban conspirando, incluso les puedo dar el número de Generales, de un total de 25, 11 generales estaban confesos de ser generales golpistas y, nosotros sabiendo aquello conversábamos con el presidente y el compañero Allende tenía una teoría que fue válida hasta cuando pide se llama a retiro al General Prat. El presidente Allende, decía “los militares, las FFAA no van a pelear entre sí y mientras nosotros tengamos el equilibrio de las FFAA, no importa que haya un sector en contra nuestro” –estoy hablando de un punto de vista militar, por cierto- “que estén mayoritariamente la gente de la Marina de Guerra en contra nuestra, que este un sector importante de la Fuerza Aérea en contra nuestra, mientras tengamos de parte nuestra una parte muy importante de militares y Carabinero de Chile, nosotros no tenemos de qué preocuparnos”.

Les pongo el ejemplo del Director de la Escuela de Guerra del Ejército de Chile, el general Brady, que fue designado por el presidente para ser el interventor en la huelga de los transportistas, y por consiguiente, tenía una muy buena relación y directa con el Ministro de Transporte, yo comprobé que el señor Brady estaba atornillando, y fui y le dije al presidente: “Presidente, este general no está actuando conforme a las tareas que le corresponden realizar”, me dijo “cítemelo para mañana a las ocho de la noche, yo voy a conversar con él”, lo hice, el presidente conversó con él y dos días más tarde lo nombra jefe de Guarnición de Santiago, y el día del golpe el presidente Allende preguntaba qué le habría pasado al general Brady.

Voy a terminar señalándoles un hecho más, nosotros constituimos en el gobierno un comité de defensa del gobierno, no el Plan Z, ejemplo ridículo que sirvió como pretexto para matar a nuestra gente simplemente. No, nosotros quisimos constituir un comité de defensa del gobierno en el hipotético caso de que se produjera el golpe militar, y ese comité, que estaba dirigido por el Ministro del Interior, estaba integrado entre otros, por el Ministro del Trabajo, por el Ministro de Salud, por el que habla, y por la Central Única de Trabajadores. Y le dijimos al presidente, lo que necesitamos hoy son simplemente armas, armas para defender a nuestro gobierno en el caso de una agresión, y el compañero Allende negó esa posibilidad categóricamente, esto era en julio de 1973, y no aceptó so pretexto de que él no podía contribuir a una masacre de nuestra gente, y tenemos el caso de que el día 11 de Septiembre de 1973 fuimos miles de compañeros que nos quedamos en nuestros sitios esperando armas que por cierto no existían. Muchas gracias.

Preguntas:

Participante1: Yo tengo interés que se den a conocer las cuarenta medidas de la Unidad Popular.

Participante2: Tengo una serie de dudas e inquietudes, primero con la intervención del compañero Oscar Azócar. A mí me parece insuficiente la visión de colocar la violencia política al alero de la derecha chilena, pues me parece la misma explicación de la derecha de que la violencia comienza en los sesenta, pero invirtiendo los papeles, aquí los violentos serían los izquierdistas y no los derechistas. El proceso de crisis no se puede tratar de explicar solamente sosteniendo que había un sector de facinerosos que querían era derrocar a la Unidad Popular. A mi me parece que no se hace cargo el compañero Azócar de que había estrategias distintas dentro de la propia Unidad Popular y en los grupos de izquierda fuera de la Unidad Popular, y en ese sentido la izquierda tiene que asumir que ahí hubo una derrota en términos políticos y militares. Yo pediría a los panelistas la visión de futuro, la visión de presente, la visión de propuesta.

Participante 3: A propósito de la intervención del compañero Martones y de lo que dijo del general Brady. Yo me acuerdo de un libro en que Pinochet declaraba que estaba festejando el cumpleaños de su hija y que fue llamado a palacio por el presidente Allende, y que se alarmó y pensó que por alguna infidencia Allende había sabido de la conspiración, y Pinochet le manifiesta hipocresía. Quiero saber su opinión de esa declaración de Pinochet, y qué podría haber pasado si Pinochet hubiera sido preso y destituido en la inminencia o en la víspera del golpe.

Participante 4: Yo en el año 1973 tenía 8 años, por lo tanto, todo lo que sé del período lo sé por los libros, por lo que he visto en videos. Creo que una de las cosas más relevantes que el gobierno no pudo resolver adecuadamente es el problema militar. Me gustaría que los panelistas se pudieran pronunciar sobre cómo hoy día y en el futuro se puede resolver ese problema. Estamos interesados en saber qué va a pasar en una situación similar en un futuro cercano.

Participante 5: Bueno, yo trabajé en tres campañas desde los diez años más o menos, en mi casa éramos cinco adultos, y cuatro fuimos apoderados de Allende, en mi casa había un comité de Allende, toda la cuadra estaba con Allende. Mi hermana era de diez años, no más, pero yo pienso que sacamos ese gobierno a puro ñeque, o sea, nosotros salíamos a hacer propaganda, a pintar las calles, esa era la voz del pueblo, gente consciente. Estaba en quinto año de agronomía y era compañera de curso de Luis Alberto Corvalán Castillo, el día anterior al golpe de Estado yo repartí en el casino de la Universidad panfletos del Partido Comunista y al otro día no pude volver.

Participante 6: Bueno, mi nombre es Jorge Umaña, yo fui también uno de los testigos de todo este proceso. Desde el Mineral El Teniente, nosotros impulsamos mucho de lo que llegó a ser la base de la economía chilena. El mineral hace 80 años que se estaba explotando, no había renovación porque el objetivo de ellos era aprovechar al máximo sin mayores inversiones.

Yo creo que la experiencia de la Unidad Popular fue muy importante para todos los sectores, incluso los sectores de las FFAA, yo creo que aprendieron mucho. Hay que analizar todo, incluso la nueva posición de Pascal Allende, ya no es la misma que la que vimos durante el tiempo de la UP y previamente.

Participante 8: Yo quería tocar el tema de la violencia, que está vigente en la historia de la humanidad permanentemente. Pero la violencia revolucionaria tiene que ser organizada con fundamento, con orientación, con dirección y con objetivos claros.

Yo creo que siempre los movimientos populares deben estar atentos a prever cómo manejar la confrontación en momentos críticos. Yo fui uno de los que nos quedamos esperando un camión con cuarenta combatientes que nunca llegaron, por instrucciones del partido. En ese sentido, miles de chilenos se quedaron esperando el momento del enfrentamiento en la situación crítica puntual, cuando había que salir a defender a toda costa a la Unidad Popular.

Participante 9: Una de las cosas que hay que hacer en estos momentos es la práctica política, o sea, cómo nosotros, la gente que teoriza, baja a las poblaciones. Creo que este seminario tiene que servir para eso. Gracias.

Participante 10: Quería hacer una pregunta con respecto a Salvador Allende y con respecto a los partidos políticos de la época, si fueron ellos los que anularon el movimiento social, lo pregunto porque mucha gente acá incluso ha planteado que se quedaron en sus fábricas, en sus lugares de trabajo esperando que se les orientara, esperando que llegaran camiones con armas para defenderse y aquello no sucedió.

Andrés Pascal: Vuelvo al 29 de junio, se frustra el intento golpista, porque aún no estaban suficientemente organizados los sectores golpistas, y por la reacción popular y por los propios sectores institucionales. Esa tarde, miles de personas rodeando La Moneda pedían castigo para los oficiales golpistas. Al día siguiente el General Prats le planteó al Presidente Allende que era “el momento” para meterle mano a los oficiales golpistas, aprovechar ese momento y haber destituido a los golpistas que estaban identificados. Y Allende dudó y se decidió a no intervenir. El hecho concreto es que los oficiales golpistas que participaron del intento fueron llevados a las unidades, nunca pasó nada y la impunidad de la oficialidad golpista fue absoluta. ¿Qué significó eso? Significó que comenzaron a tomar medidas los oficiales golpistas para sacar del mando de unidades a los oficiales constitucionalistas, tomaron medidas represivas contra la suboficialidad antigolpista, detuvieron a más de 300 oficiales de la Armada antes del golpe, que fueron torturados, y sacaron muchas unidades de la Fuerza Aérea, tomaron presos y sacaron de las unidades a quienes se oponían al golpe dentro de las FFAA.

Nosotros teníamos un trabajo bastante extendido en algunos sectores de las FFAA, y teníamos el acceso a algunos arsenales de la FFAA, y recuerdo que en la tarde del golpe militar tuvimos una reunión de la Comisión Política de MIR, y discutimos si ordenábamos a los hombres nuestros que eran de las FFAA y que trabajaban en esas unidades, repartir o no las armas, ellos mismos nos estaban planteando repartir las armas, lo cual hubiera significado armarse. La izquierda no tenía armas, las armas estaban en los cuarteles y la única posibilidad era rescatarlas de ahí, entonces nosotros tomamos la decisión de no hacerlo porque pensábamos que si lo hacíamos se iba a declarar en contra nuestro un sector de la oficialidad constitucionalista como Prats y esa gente, y parte del Gobierno de la Unidad Popular también se iba a declarar en contra nuestra, nos iba a reprimir y eso iba a provocar una división muy profunda dentro del campo popular.

Cuando estoy en este caso hablando del MIR, no sólo es el MIR, había un ala que se empezó a agrupar en lo que se llamó el Polo Revolucionario, que eran también compañeros del MAPU, de la Izquierda Cristiana, Socialistas, etc. Nosotros tomamos esa decisión. Yo muchas veces me he preguntado si nos equivocamos. Si acaso se desplegaban esos sectores de las milicias populares que no tenían armas, que sólo tenían una instrucción mínima. ¿Qué hubiera pasado? Probablemente se hubiera producido una división de las FFAA y una situación de guerra civil, pero también uno se pregunta si hubo una guerra donde nos mataron a miles de compañeros y nos reprimieron y aguantamos una dictadura por décadas, capaz que bajo condiciones de un enfrentamiento más duro, más violento, podíamos haberle dado continuidad al proceso. No sé, es muy fácil ser general después de las batallas.

La opción de Allende fue negociar con la DC y llamar al plebiscito, buscar en ese acuerdo con la DC moderar el proceso de reformas y cambios y de movilización popular que venía realizándose. La otra opción hubiera sido la nuestra, haber repartido las armas y haber producido una situación de enfrentamiento. Ahora, se pudo haber parado el golpe de septiembre, pero lo que no creo que se hubiera podido parar es ese proceso de confrontación social tan aguda, porque en definitiva las clases dominantes no querían pararlo, querían llevarlo a cabo no sólo para contener el peligro revolucionario, de cambio popular, sino también para implantar un nuevo modelo de dominación neoliberal actual.

Yo creo que todos somos responsables de eso, es como cuando Azócar estaba hablando de la responsabilidad de los golpistas, los responsables de las masacres, de la violencia que desataron, pero del proceso somos todos responsables.

Yo me he tratado de concentrar en esta historia no para dar respuestas y soluciones, creo que debemos aprender del pasado porque problemáticas como estas son tremendamente vigentes hoy día en América Latina. Al igual que ayer, que era salir de un modelo de crisis, hoy América Latina comienza a plantearse cómo salir del modelo capitalista neoliberal en crisis.

¿Cómo se sale del neoliberalismo, cómo se puede salir del neoliberalismo con un proceso de reformas dentro del marco de la institucionalidad y de la economía vigente sin chocar con el Fondo Monetario? ¿Se podrá dar respuesta al hambre de millones, al deseo de justicia social, a la marginación de millones y millones en América Latina, ya que este modelo es mucho más excluyente de lo que era el anterior?

En el período de la UP había mucho más capacidad, mucho más potencial, dinamismo para construir un poder popular desde abajo, para llevar el proceso en el marco de la institucionalidad. Creo también que hubieron experiencias hermosas como los Cordones Industriales, los Comandos Comunales, las Tomas de Tierra de poblaciones urbanas que no eran tan sólo eso, sino que compartir sociabilidad distinta, y rescatar tradiciones que venían del movimiento popular, de la época de Recabarren, de construir una cultura distinta, valores distintos desde abajo, eso es construir un poder popular.

¿Podemos salir del neoliberalismo sin enfrentar el problema del monopolio de la violencia? Por lo menos hay que discutirlo, no podemos ser como los avestruces con la cabeza en la tierra, hay que discutir ese tema, pero no estoy diciendo que el camino es la guerrilla, hacer atentados, yo no creo en eso aunque ahora estén las condiciones, ni en el pasado tampoco. Nosotros no lo hicimos. Pero creo que el problema tiene que ser planteado como una lucha de ideas, porque en definitiva las armas pueden disparar para un lado o para otro, depende quién las empuñe, el lado donde disparan, y eso es conquistar la subjetividad, es liberar el pensamiento, es desalienar a los propios miembros de las FFAA.

Construir un ejército ciudadano se hace hasta en el capitalismo, como pueden ver en el ejército de Suiza, cada suizo es miembro de las FFAA y tienen fusiles en sus casas, claro que en América Latina eso no lo van a permitir, pero lo que quiero decir es que es un fenómeno muy flexible que se puede ver desde muchos puntos de vista y que se puede encarar con reformas, con debates, con iniciativas que apunten a esa dirección y ganar esa mentalidad, poner en el tapete ese tema que es una deuda tremenda que tiene el Gobierno de la Concertación de democratizar las FFAA, porque resulta que bajo la dictadura nosotros luchamos largos años en la clandestinidad, resistimos con las armas, resistimos con movilizaciones sociales fantásticas, y murieron muchos compañeros, muchos torturados, muchos exiliados, y al final esa lucha se negoció.

Resulta que logramos ir avanzando con toda la izquierda y constituir un movimiento popular antidictatorial que no sólo debía terminar con la dictadura, sino también que eso coincidiera con un cambio socialista en el sentido de una democratización real y profunda. El campo popular fue dividido porque hubo sectores, que eran el germen de la Concertación, que negociaron ese cambio, que aceptaron la Constitución, que aceptaron el mismo modelo económico y lo entraron a administrar. Hay una deuda enorme con todos los que luchamos contra la dictadura.

Yo no digo que no se ha progresado, porque hay que ser ciego para pensar que no es mejor un gobierno civil con limitaciones democráticas que un gobierno dictatorial. El hecho real es que esa democratización no se ha logrado después de más de una década de gobiernos civiles, y Chile tiene planteado al igual que en Brasil, Venezuela, Argentina, el mismo dilema. ¿Cómo salimos de este modelo de dominación?

Entonces yo creo que hay que aprender del pasado para poder tener más armas para encarar este futuro y estos retos que nos está planteando nuevamente la historia de nuestro continente. Yo tengo una convicción, esos procesos de liberación y de cambio, para ser realmente un proceso revolucionario, solo se pueden apoyar en la fuerza del pueblo, en la organización del pueblo, en la autonomía del pueblo, en la construcción de un poder popular, y esa unidad de la izquierda y del pueblo es la columna vertebral de cualquiera alianza que se quiera hacer con otro sector, y ése es el reto fundamental que tenemos planteado en América Latina.

Oscar Azócar: En primer lugar quiero recordar que estamos en un seminario que va a durar tres días, es difícil en un panel abarcar todas las cosas, creo que si uno sigue los temas de la mañana y de la tarde, es probable que tenga una visión más completa.

En segundo lugar, quisiera insistir en algo que me parece que aquí todos lo tenemos claro, pero mucha gente no, que tiene que ver con esta subjetividad nueva, esta conciencia que hay que recrear, puesto que es mucho el retroceso en el plano ideológico cultural que hemos experimentado durante la dictadura, y que se ha mantenido posteriormente.

Creo que estamos dando pasos importantes, pero hay muchos chilenos que aún piensan que la argumentación que entrega la derecha respecto de la UP y del golpe es verdad. Entonces creo que tenemos el deber de divulgar de la manera más amplia posible lo que hizo el Gobierno Popular, y las responsabilidades principales que tiene EEUU, el sector empresarial, la derecha tradicional y la derecha del partido Demócrata Cristiano, en la conspiración golpista.

Estoy de acuerdo con las argumentaciones de Andrés Pascal a propósito de la unidad de la izquierda. Creo que hemos avanzado lentamente debido al hecho que en este país el retroceso fue muy grande en términos de conciencia y de organización, la destrucción que hizo la dictadura fue tremenda, y es por eso que nos hemos demorado, porque aquí partió el experimento neoliberal al mundo, desde aquí se desparramó para todas partes. Aquí se realizaron transformaciones neoliberales en todos los planos, no sólo en el económico y en el político, sino que también en el ideológico. Rafael Agacino, economista al cual le tengo mucho respeto, habla justamente de que en AL hay procesos muy distintos de desarrollo de la contrarrevolución neoliberal, y Chile es quien tiene el avance mayor en contrarrevolución neoliberal, la más madura, con mayor tiempo. Por tanto, tenemos que luchar con algo más grande.

Pienso sí que hay una gran perspectiva, muy positiva, puesto que el reciente Paro Nacional muestra que hay un proceso de construcción de algo que no lo teníamos hace algún tiempo, de movimiento social y de movimiento político.

Yo, que soy Director del Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz, y que al mismo tiempo soy militante comunista, comparto los juicios que ha hecho el Partido Comunista de Chile respecto de la UP. Por supuesto que fue una derrota, cuyos elementos más determinantes fueron este gran poder externo que interviene, pero también tiene que ver con insuficiencias y vacíos muy importantes que tenía el gobierno de la UP, los partidos de la UP, y la insuficiencia principal –hubieron otras como la ausencia de dirección única- fue en la concepción de poder, el camino para llevar a cabo los cambios. Entonces yo estoy de acuerdo con Andrés Pascal en el sentido de que el camino institucional se llevó al extremo de no usar todos los recursos institucionales que tenía el gobierno y el proceso para defenderse.

Reitero lo que dice Joan Garcés sobre la ley de Defensa Civil de 1945, que si ustedes la leen se van a encontrar con que establece una corporación que está constituida por las FF.AA. y por organizaciones de carácter civil, entre ellas, organizaciones sindicales. Es decir, de acuerdo a esa ley pudimos haber actuado ante situaciones de emergencia como las que habían, de conjunto con la FFAA, aprovechando la dirección del sector constitucionalista en las FF.AA. durante la mayor parte del período, sobretodo en el primer año, en 1971, que es el año más importante y más positivo de la UP en cuanto a realizaciones y avances, en donde crece el respaldo al gobierno.

Eso no se hizo. Pero además, pienso que el camino institucional tenía limitaciones muy profundas. Quiero decir con respecto a eso que los comunistas reivindicamos con orgullo nuestra participación en organizaciones armadas de resistencia y de lucha contra la dictadura, porque eso es un derecho que tenía el pueblo de Chile.

Respecto al tema de la violencia, yo creo que por lo menos en una parte de la izquierda hemos hecho una reflexión autocrítica, y eso debe ser una lección para el fututo. Lo militar es la consecuencia de una concepción, un tipo de mayoría que se quiere, que debemos construir para hacer los cambios revolucionarios.

¿Qué tipo de cambio? Eso también me parece que es un tema en debate, incluso nosotros intencionadamente colocamos los temas de este seminario, entre ellos “Dialéctica entre Reforma y Revolución”, porque efectivamente tenemos en mente que hoy esa relación es un poco distinta a la del pasado. Cuando nosotros calificábamos al gobierno de Eduardo Frei Montalva como un gobierno reformista, ahí efectivamente había una dirección reformista que correspondía a la Alianza para el Progreso, la orientación continental que planteó EEUU como forma de detener el avance del movimiento popular en el continente después del triunfo de la revolución cubana. Hoy hablar de reforma es diferente.

Pero sin duda el gobierno popular fue un gobierno revolucionario, ahí tenemos un matiz de diferencia con Andrés. Efectivamente las limitaciones respecto del poder estuvieron, pero creo que lo que se hizo fue un cambio radical de la sociedad. La nacionalización de las riquezas básicas, la incorporación de 91 empresas monopólicas estratégicas al área social, 16 de los 18 Bancos al área social, la Reforma Agraria, que está en discusión que pudo ser más o menos que lo que se planteó en ese momento, y muchas otras transformaciones.

Es en el gobierno popular que por primera vez todos los estudiantes entran a la Universidad, educación gratuita, entran obreros a estudiar a la Universidad en convenios especiales con la Central Única de Trabajadores, hay hasta militares que entran a estudiar a las Universidad. Eso no existía antes, hay toda una revolución. Todo el mundo lee, todo el mundo accede a la cultura.

Sin embargo, es obvio que este camino institucional que propugnó el gobierno popular en esa época tenía limitaciones que deben ser resueltas, y el propio movimiento popular las resolvió en la lucha contra la dictadura, y tienen que ser incorporadas a las conclusiones que estamos haciendo. Eso no requiere necesariamente plantearse el problema de las armas como la cuestión principal, sino que requiere en primer lugar construir esa mayoría activa, con decisión, con conciencia, con organización, para en un momento determinado –que es lo que nos faltó en la UP- se asuma cualquier viraje necesario.

Muchas medidas pudieron haberse tomado por parte del gobierno popular –como las que ha dicho el compañero Martones-, pero ¿cómo lo traducíamos hacia abajo? Eso requiere educación, requiere conciencia, que los partidos de izquierda asuman su responsabilidad de que hay que responder a la reacción de la burguesía que no deja que se produzcan las transformaciones, y avanzar hacia delante.

Ustedes ven la revolución cubana, que parte con un programa antiimperialista, democrático, pero en la medida que se le va coartando, que va interviniendo EEUU, lo que hacen es pasar hacia delante, y se proclama en un momento determinado la revolución socialista como producto de la intervención militar de EEUU. Es decir, se va radicalizando como una necesidad de sobrevivencia. Eso es lo que a nosotros nos falto.

Las 40 medidas las tenemos impresas. Son extraordinarias, si uno lee empieza a ver como son plenamente vigentes para hoy. El término de los asesores, de la corrupción, etc.

Yo creo que efectivamente el movimiento social, el movimiento de base, este poder popular alternativo, de alguna forma no se desarrolló porque existía esta iniciativa mayor de parte del gobierno que inhibió lo otro. Desarrollar un poder significa construir algo nuevo que se aparte de lo establecido. Entonces, los cordones industriales, creo que hubieron comunistas en esa época que los veían como algo negativo, pero hoy llegamos a la conclusión que los cordones, las JAP, y otras instancias, eran elementos fundamentales de poder popular.

Participante 12: Yo quiero saber cuáles son las lecciones que se sacan de la derrota de la izquierda chilena. Si es que el gobierno fue demasiado radical y que la UP debería haber apoyado a Tomic con la DC, o que solo es posible la transformación social a través de las elecciones, o si es posible dentro del estado burgués, transitar al socialismo, si es posible que las FFAA en América Latina sean constitucionalistas, si es posible llevar a cabo una revolución por etapas y gradual en un proceso de tal magnitud de enfrentamiento social, si es posible la teoría de la alianza con la burguesía nacional.

Humberto Martones: ¿Qué hay de la visión de futuro? Naturalmente que en lo que estamos hoy es en una visión de futuro, no somos nostálgicos ni estamos llorando el pasado, tenemos que recoger las experiencias del pasado para aplicarlas al futuro. En estos momentos la división política del país ubica a dos grandes grupos: la Concertación y la Alianza por Chile, y los partidos llamados “Extra Parlamentarios” que son una realidad, consideremos sólo al PC que tiene una representación real de carácter nacional, no tienen representación parlamentaria, lo que conlleva a que todas las disposiciones legales que se discuten en el Parlamento se transan y se llevan a cabo por consenso entre la Concertación y la derecha.

Hay que generar un movimiento social y político que provoque las transformaciones, un movimiento de gran envergadura, para reemplazar la Constitución del dictador por una Constitución Democrática, en la cual tiene que considerarse la elección proporcional a objeto de que todos los ciudadanos de Chile tengan la posibilidad de participar y de estar representados en el Parlamento, tanto en la Cámara de Diputados como en la de Senadores. Si logramos esa modificación, vamos a democratizar este país. El presidente de la república es un prisionero de la FFAA, todo lo que pueda hacerse desde el gobierno mañana puede ser objetado por los cuatro Generales a cargo de cada una de las Fuerzas Armadas y Carabineros, ustedes vieron lo que aconteció con Aylwin y con Eduardo Frei Ruiz Tagle. Debe haber verdad y justicia.

Queremos recuperar el cobre para Chile, que las transnacionales tributen como lo hace CODELCO, que pague royalty. Somos los productores del 37% del cobre del Mundo, con lo que podríamos vivir holgados y en bienestar, tener pensiones justas, educación superior sin pagos o cuando menos con un arancel que corresponda a los ingresos de cada cual, tener salud para todos los chilenos.

Esa es la perspectiva de este renacer del Allendismo. Les digo muy sinceramente que estamos iniciando un proceso distinto, no vamos a repetir la UP, no han pasado 30 años en balde. Tenemos la obligación como allendistas, como gente del pueblo, como socialistas que somos, de imponer una actitud que nos permita que el gobierno que mañana se tenga en el país sea capaz de dar el bienestar que aspiramos, que deseamos y que naturalmente merecemos.

Respecto a la segunda pregunta ¿por qué en los años cuarenta no se hizo la reforma agraria? Yo me tengo que hacer cargo porque corresponde a la época de don Pedro Aguirre Cerda, y yo soy miembro del partido de ese gran Presidente.

Indudablemente que el inicio de todo este proceso no comenzó en 1970 ni en 1940, comenzó a principio del siglo XX con Luis Emilio Recabarren, con Elias Lafertte y otros líderes de la clase obrera chilena. Pero Pedro Aguirre Cerda tuvo en sus manos la realización del primer gobierno popular que se dio en Chile, y se dio con los mismos compañeros que creamos la UP, es decir, con Comunistas, con Socialistas, con Radicales y con Social Demócratas. Ese gobierno tuvo la virtud de generar todo un proceso de industrialización a través de la CORFO, hicimos posible que el acero fuera de los chilenos, la electricidad, el petróleo, la fundición del cobre, etc.

No se hizo la Reforma Agraria, no existía Reforma Agraria en esa época, ya que ella surge como un proceso real y concreto después de terminada la Segunda Guerra Mundial. Los primeros atisbos de la Reforma Agraria fueron con Jorge Alessandri, claro que fue una Reforma Agraria de macetero, y la Reforma Agraria se profundiza un poco en el gobierno de Eduardo Frei Montalva, y más a fondo con la UP. Nosotros tenemos entre otros compromisos, además de la renacionalización del cobre, restablecer los términos correctos y exactos de la Reforma Agraria, entre los cuales tiene que incluirse la tierra para el mapuche, para el hombre originario.

Andrés Pascal: Bueno, yo creo que muchas de las preguntas denotan una inquietud que todos la compartimos, que es la necesidad de un debate, de una reflexión conjunta sobre lo que es la realidad actual y las disyuntivas que nos plantea en América Latina, sobretodo hoy que comenzamos a ver que América Latina se va poniendo de pie nuevamente a partir de un creciente movimiento social indígena, de los trabajadores sin tierra, de una gran pluralidad social, y también de sectores políticos de izquierda que se plantean la necesidad de salir del neoliberalismo, la necesidad de una integración latinoamericana. Es decir, los problemas que se plantean hoy día son los mismos que se planteaban ayer, ya el Che planteó la necesidad del carácter continental de la revolución.

Sólo diría que tengo la convicción de que el proceso de cambio revolucionario que se plantea en el mundo entero es mucho más radical y profundo que el que se planteaba la UP. Hoy día, crear otro mundo posible es la sobrevivencia de la humanidad y no sólo el cambio de un modelo económico o humanizar el capitalismo. Es un cambio cultural, un cambio de época al que estamos asistiendo, que requiere replantearse una concepción distinta de sociedad, y en ese sentido, podríamos decir que el programa de ese cambio es mucho más complejo, mucho más profundo.

Yo no he dicho que el programa de la UP era un programa reformista, al contrario, yo planteé que los programas revolucionarios son programas de reformas, o sea, siempre plantean medidas, reformas para llevar a cabo. Yo pienso que el programa de la UP era un programa muy radical, con un objetivo revolucionario, yo no dudo de eso. Cuando hablamos de reformistas –y en eso quiero insistir- necesariamente me estoy refiriendo a la reforma en sí, nos estamos refiriendo a un camino político, a una estrategia de cómo llevar a cabo ese proceso de cambio, y en este sentido, se usaba más la institucionalidad sin cuestionarla.

Yo comparto cuando Oscar dice que no somos responsables del golpe militar en el sentido de que quienes lo hicieron fueron la derecha y los militares, la reacción. Pero sin duda, somos responsables de la derrota del movimiento popular y de la izquierda, y en eso, reformistas o revolucionarios somos responsables por igual. Creo que es evidente que en el período de la UP ni quienes se plantearon un camino dentro de la institucionalidad, ni quienes nos planteamos un camino que ponía su énfasis hacia fuera de ella, logramos llevar adelante ese proceso de cambios revolucionarios y esa es la realidad objetiva y creo que hay que partir asumiéndola para poder sacar cualquier lección para el presente y para el futuro.

Yo tengo la sensación que nosotros éramos muy anti-institucionales, muy anti-electorales. Mirando las cosas hacia al pasado me doy cuenta que en ese sentido Allende tenía razón cuando decía que había un campo de flexibilidad en donde se podía usar la institucionalidad. Ahora, para mi la gran incógnita o la crítica que le hago en cierto sentido a este sector institucionalista es por qué no se usó más la institucionalidad, por qué se desaprovechó esa institucionalidad. En abril de 1971 fueron las elecciones municipales, la UP tuvo más del 50% de los votos, fue en un momento en que la derecha estaba totalmente en crisis, en repliegue, fue un momento donde se podría haber usado la institucionalidad para llevar a cabo reformas en el área de la propiedad social, en el área del cambio de la misma institucionalidad política parlamentaria, reformas que estaban planteadas por el propio programa de la UP. Por ejemplo, la Asamblea Popular no la inventamos nosotros, el propio programa de la UP planteaba crear una asamblea unicameral que era en el fondo la expresión que entendía Allende como la institucionalización de un poder popular.

En definitiva yo creo que en ese momento, antes de que la derecha se pudiera reorganizar y pasar nuevamente a la ofensiva, hubo la posibilidad de haber usado la institucionalidad mucho más de lo que se utilizó incluso en momentos posteriores donde la situación era de mucha debilidad.

El golpe se perdió no el 11 de Septiembre de 1973, el golpe y el futuro de la UP se definió el 29 de junio de 1973 con el Tancazo. Ustedes recordarán que ese fue el momento de mayor auge de la movilización popular, la reacción popular al golpe fue de cientos, de miles de personas, que ocuparon las fábricas, que salieron a las calles y en la tarde se movilizaron alrededor de La Moneda.

El golpe fue detenido porque en primer lugar, los oficiales constitucionalistas con Prats a la cabeza, se portaron valientemente, salieron a la calle y detuvieron los tanques, pero también –y es lo que no se cuenta- se pudo detener porque hubo cientos de suboficiales, soldados y también oficiales que se resistieron a salir a la calle. Cuento esto porque yo era el encargado de las FFAA en el MIR, conozco bien lo que ocurrió en esas unidades, y aquí hubo problemas que yo creo que son super interesantes conocerlos para sacar lecciones. En ese momento, si bien la mayoría de los generales estaba en el golpismo, no eran todos, y tampoco es real que no hubiera sectores de oficiales, sobretodo muchos suboficiales y soldados, que eran constitucionalistas, y en el caso de la suboficialidad, que eran claramente partidarios del gobierno de la UP, y digo de la UP porque no eran miristas. Algunos si, pero eran la minoría. La mayoría estaba con Allende, estaba con la UP, y tanto es así que a mí me tocó vivir en varias ocasiones que oficiales de las FFAA y suboficiales de las FFAA llegaran a hablar conmigo o con mi madre, que era la hermana del presidente, para plantearle que querían una entrevista con el presidente Allende, que querían informarle lo que se estaba tramando dentro de las FFAA para que el presidente tomara medidas contra los oficiales golpistas, y me consta porque lo vi, que Allende jamás aceptó hablar con ningún oficial o suboficial porque decía que quebraba la verticalidad dentro del mando de las FFAA.

En definitiva hubo la posibilidad de haber realizado un trabajo de democratización, de haber impulsado reformas y cambios en las FFAA que por lo menos hubieran tenido el apoyo significativo de las FFAA, y el presidente era el Comandante en Jefe, en un momento en que no era un gobierno parlamentarista, sino que presidencial, o sea, que podía cambiar a cualquiera de los oficiales. O sea, la realidad es que no se planteó el tema de la violencia, el tema militar en ese momento, hubo un sector encabezado por el presidente Allende que no quería discutir ese tema porque tenía una confianza en que las FFAA iban a respetar la institucionalidad y no era conveniente introducirse ahí y provocar cambios, y otros sectores pensaban que no, que tarde o temprano iba a haber una reacción de la oficialidad como lo hubo desde el comienzo de la UP con los distintos asesinatos dentro de las FFAA, y nosotros sabíamos por medio de un trabajo de inteligencia que teníamos dentro de las FFAA, de oficiales que participaban con Patria y Libertad en los sabotajes, o si no cómo Patria y Libertad iba a hacer los sabotajes, si todos los explosivos que usaban en descarrilar los trenes, en romper la líneas férreas, etc. eran del Ejército.

Oscar Azócar: Experiencias de poder popular de base van surgiendo de necesidades específicas como la distribución de los productos, evitar el acaparamiento, etc., es decir, surgen en la práctica del proceso, en un momento determinado. Yo estoy de acuerdo que hubo una subestimación de los aspectos políticos en relación con el aspecto económico, a mí me parece que efectivamente hubo un énfasis exagerado en las tareas de la batalla de la producción. Claro que era una necesidad, porque el ingreso de los trabajadores creció y hubo una demanda mucho mayor de productos, y la industria nacional, que siempre ha estado produciendo por debajo de sus capacidades instaladas, tuvo durante el gobierno de la UP niveles record, y de ahí que la reacción también empezara a boicotear, se descubrió en Magallanes cargamentos de lana acaparados en una hacienda, para boycotear la producción de la industria textil.

Y yo creo que nos excedimos con lo de la “ultraizquierda”, eso llevó a que pasaran cosas complicadas entre nosotros, pero creo que eso ha quedado atrás, hay que dejarlo atrás y emprender un camino distinto.

Yo comparto la tesis de mi partido, que está planteada en uno de sus congresos, de que no era inevitable el golpe. Es más, yo difiero de la idea que la UP era un proyecto maximalista inviable. La UP era la respuesta adecuada para las demandas de ese tiempo, era la idea de un proceso antiimperialista, antioligárquico, con perspectiva socialista. No se planteaba cosas extraordinarias. Era perfectamente viable si es que hubiera habido mayoría activa, decisión, flexibilidad mayor para aprovechar todos los caminos de la institucionalidad, y también para ir más allá de este camino institucional y realmente recurrir a todas las potencialidades del desarrollo de un movimiento popular, que tenía que tener una presión protagónica de conjunto con el gobierno, y es ahí donde quizás tenemos otro matiz con relación al tema de la Asamblea Popular.

Termino con la idea que este panel es muy importante porque nos permite debatir criterios diferentes, pero desde una izquierda que esta en un proceso de encuentro, y que va a tener que actuar de manera más apremiada y exigente en la medida en que suceden experiencias como el Paro Nacional del 13 de Agosto, porque eso implica un momento diferente en el país, produce preocupación muy grande en quienes defienden el actual estado de cosas, como El Mercurio y el gobierno, porque hay un movimiento social que está creciendo, y eso tiene que estar articulado con la izquierda, pues no es correcto verlos como en contraposición. Muchas gracias.

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