Mesa: La unidad de los pueblos contra la estrategia imperialista, guerrerista, desestabilizadora y golpista de Estados Unidos

Exponen:

- Marcos Roitman : Sociólogo y académico de la Universidad Complutense de Madrid.

- Atilio Borón : Presidente CLACSO.

- Valter Pomar : 3° Vicepresidente del Partido de los Trabajadores de Brasil.

- Lautaro Carmona : Miembro de la Comisión Política del Partido Comunista de Chile.

Coordina: Rubens Paolucci, CEPIS.

Marcos Roitman: Antes que nada quiero decir que es un honor y un placer estar aquí conmemorando los 30 años de la UP, que sigue estando vigente para la lucha de la democracia en América Latina y también en Chile. Soy chileno y hace 25 años que no venía a Chile, digo en ese sentido que me siento tan grato con la invitación.

Me ha tocado romper un poco el hielo en esta mesa, sobre todo en lo que es la lógica de la relación entre las luchas políticas por la democracia en América Latina y las estrategias de los EEUU, entre lo que podríamos denominar los procesos de luchas por la liberación en América Latina y las políticas contrainsurgentes que por parte de los EEUU se han ido desplegando fundamentalmente desde la Segunda Guerra Mundial. Haré un análisis básicamente desde 1950 aproximadamente hasta 1989, que es la caída del Muro de Berlín.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, América Latina va a cumplir una función completamente distinta a la que en ese momento estaba presente, con una división del mundo en dos bloques. Desde ese punto de vista, la doctrina Truman implica la política de compensaciones. Hay un nuevo enemigo, el Bloque del Este. Enunciar un problema no significa estar de acuerdo con él, es decir, estamos señalando simplemente esas relaciones específicas de un mundo bipolar, que evidentemente va a tener algunos elementos que van a ser después las políticas de no alineamiento o de no alineación, lo que va a significar también las transformaciones de la década de los cincuenta y, también, de la independencia, de la lucha anticolonialista, tanto en Asia como en África que va ir cambiando también esa simbología del mundo bipolar.

Pero nos encontramos fundamentalmente con América Latina y en esta dinámica lo que va a aparecer es inicialmente la idea del Tratado Interamericano de Defensa Recíproca, 1947-1948, que ya tenía como objetivo que cualquier lucha por la democracia, cualquier elemento de transformación recíproca que tuviera como dinámica la transformación de las estructuras oligárquicas, aquello que se había denominado las luchas contra la tiranía, fundamentalmente las guerras justas en la década de los treinta, en la década de los cuarenta, van a dejar de tener ese calificativo de luchas democráticas, van a empezar a ser configuradas como luchas comunistas desde el punto de vista del orden político de los EEUU y de las clases dominantes de América Latina.

No es extraño, por tanto, que en la década de los cuarenta o finales de los cuarenta, nos encontramos con las leyes de la defensa de la democracia, o sea, nos encontramos con que América Latina tiene que hacer modificaciones que eviten que esas luchas democráticas terminen con los procesos de transformación estructural, y por eso, lo que aparece es una incorporación de América Latina a ese mundo que se va a identificar como occidental y bajo la hegemonía de EEUU.

Desde ese punto de vista hay dos elementos que son claves en América Latina, uno es la revolución de 1948 en Costa Rica, que es fundamentalmente lo que se llama la Guerra Civil de Figueres y Udubert, que tiene como objetivo romper una alianza entre el Partido Comunista y la Iglesia, que estaban llevando a cabo reformas. Esa Guerra Civil que va a estar ligado a lo que va a ser esa defensa de la democracia, va a significar la primera gran represión del movimiento en América Latina. También tenemos el caso de Colombia con el Bogotazo, o sea, lo que habían sido grandes transformaciones de Eliseo Gatean, su asesinato va a significar una rearticulación del poder político donde ya cualquier otra reivindicación política social que tuviera como objetivo la luchas por los derechos ciudadanos, va a ser entendida como una lucha comunista. Otro factor también va a ser Venezuela con la dictadura de Pérez Jiménez, donde la estrategia de los EEUU va a ver una reposición de los ordenes oligárquicos con un restablecimiento que intentara mantener esa dictadura frente a cualquier tipo de transformación política.

Otro hecho significativo es Guatemala entre 1944 y el año 1954, que es el Gobierno de Arévalo y de Arbenz. En esos gobiernos ya nos encontramos con la primera intervención directa de los EEUU en América Latina bajo la inscripción que significaban los procesos de desestabilización contra las reformas de Jacobo Arbenz: la Reforma Agraria, una reforma urbana, una transformación al mismo tiempo de las estructuras productivas, como también la ciudadanía étnica. EEUU hace su primera intervención, recordemos que la CIA se crea a finales de los cuarenta y la primera intervención real de la CIA es en 1954 en Guatemala.

En Chile tenemos la Ley de Defensa de la Democracia de Gabriel González Videla. Otro elemento que es claro es en 1964 la dictadura en Brasil con Castello Branco como reacción al gobierno de Joao Goulart. Aquí se inscribe un elemento nuevo en América Latina, la doctrina de la seguridad nacional, que hasta ese momento estaba latente pero cobra vida. Inmediatamente después se produce una invasión en América Latina, que es en República Dominicana en 1965, que va a estar ligado también a la Escuela de las Américas en Panamá. Ese elemento de la doctrina de la seguridad nacional también se va a hacer presente en Argentina en 1966, y va a tener expresión en Bolivia en relación con el movimiento guerrillero.

Un punto de inflexión, de cambio, se produce en 1959 con la Revolución Cubana, frente a la cual el objetivo es evitar que algo así se reproduzca en el continente, en América Latina no puede haber una segunda Cuba. Para ello se lanza la Alianza para el Progreso, que va a transformar la dinámica política de los EE.UU., como también de los gobiernos reformistas y desarrollistas que se van a formar en la época, como en Chile con Eduardo Frei y la Revolución en Libertad. En esa lógica se inscribe la necesidad de transformaciones políticas que rompieran la hegemonía de las viejas oligarquías y hacer modernizaciones que tuvieran una amplitud de ciertos derechos ciudadanos, pero que impidieran un proceso como el de Cuba.

Aparece justamente en el año 1966 y 1967 lo que se va a llamar el Grupo de Acciones Encubiertas que va a tener su punto máximo y álgido fundamentalmente con el general Torres en 1971 en Bolivia, y Chile en 1973. Curiosamente ahí aparece un concepto que es del año 1962-1963, que es el concepto de Guerras Preventivas –solo lo voy a apuntar-, que es un concepto que aparece con Rostov y que lo apunto como referencia en ese mundo bipolar. Chile es en ese momento, entre 1970 y 1973, el último momento de las acciones encubiertas. Chile era la vía chilena al Socialismo con su ingrediente electoral que se proyectaba hacia Europa y el mundo, Italia, Francia, España, y no solamente en Chile, por ello la violencia del golpe, para impedir que triunfara.

Bueno, con todos estos conceptos que aparecen por parte de los EEUU, nos encontramos en la década de los setenta, en plena época de dictaduras: Argentina, Chile, Uruguay, o sea, todas las viejas dictaduras más las nuevas que entran en este dinámica. En todo este mar de dictaduras donde todas las luchas democráticas de América Latina habían entrado en procesos de retroceso, va a aparecer el triunfo de la Revolución Sandinista, lo que significaba una nueva experiencia, ya no era una coalición de partidos políticos liderados desde la perspectiva del marxismo, sino que aparece como Movimiento Popular.

El concepto de movimiento popular, del Frente Sandinista de Liberación Nacional, de una lucha nacional antiimperialista popular, de economía mixta y democrática, son elementos que constituyen el eje de la experiencia Nicaragüense. Y aquí aparece un nuevo cambio en la estrategia norteamericana, va a emerger un concepto que tiene que ver con la nueva derecha norteamericana, que es el concepto de Guerras de Baja Intensidad.

El concepto que hasta ahora era el de Guerras Encubiertas, va a aparecer como una política de Estado, los EEUU van a ejercer una política abierta de defensa de lo que se va a llamar reconversión o reversión de los procesos. Ahora se van a apoyar acciones directamente por parte del Congreso Norteamericano, recordar el apoyo a la UNO, recordar a todo lo que significó el apoyo a la construcción de la desestabilización en Nicaragua y también a las fuerzas políticas en Centro América, tanto en Guatemala como en el Salvador, donde la lucha contrainsurgente y la lucha antiterrorista y la lucha contra el narcotráfico, son los nuevos elementos que constituyen el eje de las Guerras de Baja Intensidad que dejan de ser acciones encubiertas y aparecen con una nueva definición, la los Documentos N°1 y N°2 de Santa Fe, que es la nueva derecha norteamericana con Ronald Reagan. Gente que no aparece vinculada directamente al Partido Republicano como militantes, sino personas como Irwyn Clinston, Yerkin Patrich, Roneld Fortame, Daniel Bell, que en definitiva son tanques de pensamiento que se constituyen en fundaciones privadas que van a ir cambiando esa dimensión de la política, van a ir articulando una doctrina nueva, que configura un mundo completamente distinto que va a dar lugar incluso a la Guerra de las Galaxias, como punto de referencia. Ese elemento clave lo tenemos en América Latina y en Centro América.

Con esta nueva derecha nos encontramos a principio de la década de los ochenta y de los noventa, donde ese íntertanto que había significado fundamentalmente la política de Derechos Humanos que estaba desarrollando James Carter, va a ser reemplazada por la política de que el mundo libre y los Estados Unidos son el único factotum –va a decir Ronald Reagan- para poder controlar el mundo, y que los aliados tienen que subordinarse a los Estados Unidos. Lo que había sido la concepción de la Trilateral, fundamentalmente nacida en la década de los setenta con la nueva derecha norteamericana, va a cobrar un cambio distinto: los aliados hay que dejarlos de lado y nosotros tenemos que recuperar nuevamente ese poderío rearmándonos. Es el inicio de la Guerra de las Galaxias, y es el inicio de la nueva derecha.

Bajo ese punto de vista, en el otro bloque, en el campo socialista, nos encontramos que no pueden seguir con esa dinámica industrial-militar, se entra en un proceso de quiebre que no viene al caso explicarlo aquí. La cosa es que en la Unión Soviética surge la Perestroika, y los EEUU aparece victorioso de un mundo bipolar.

La caída del Muro de Berlín supuestamente le darían la razón en términos de la estrategia a estos sectores de la nueva derecha que son los sectores más violentos y guerreristas. Los EEUU de repente se encuentran con esto, porque tampoco lo esperaban. El mundo cambia así y los EEUU tienen que redefinir su estrategia. Y, de la misma manera que hizo en 1898 con la Guerra Cubana-Norteamericana que implicaba el control del Caribe, de acuerdo a la doctrina Monroe en 1921-1923, efectivamente necesita lo que había dicho un Comandante Norteamericano “una espléndida guerrita”, y esa es la guerra del Golfo, que significó el punto final a lo que había sido la postguerra de una Segunda Guerra Mundial y el inicio de una Tercera Guerra Mundial, una nueva guerra que había instalado ya una nueva manera de hegemonía, un nuevo control, había desarticulado a Naciones Unidas, y a partir de ahí, los EEUU inician toda una campaña estratégica de dominación del mundo que significa el fin de los pactos de Yalta y Postdam, de repartición del mundo.

Con esto lo dejo para que a partir de 1990 tengamos toda la visión estratégica hasta el 2002, muchas gracias.

Atilio Borón: Buenas noches, muchas gracias a los amigos que me invitaron a esta conmemoración. Yo comparto las palabras de Marcos sobre lo importante que es que después de treinta años podamos volver a discutir públicamente no sólo lo que fue el golpe, sino también la experiencia de la Unidad Popular, de la cual hay muchísimas lecciones que hay que aprender y que repasar en momentos en que América Latina se enfrenta una vez más ante la posibilidad de encontrar un nuevo rumbo que la aleje de la situación de este verdadero holocausto social que estamos viviendo en estos últimos años.

Marcos hizo una tarea brillante de sintetizar en quince a veinte minutos, dándonos el marco que nos permite entender como los EEUU llegan a esta situación actual, una situación que yo voy a tratar de describir en algunos de sus rasgos principales partiendo de una convicción, una convicción de que es necesario ratificar una vez más cuál es la naturaleza del sistema internacional actual, y les parecerá extraño una exhortación de este tipo, ratificar la naturaleza del sistema internacional actual.

¿Por qué es necesario esto? Bueno, porque una de las cosas que ocurre luego de este período –que Marcos describió tan bien- es una crisis fenomenal, una transformación, una transición del sistema internacional que quedó de alguna manera emblematizada en la implosión de la Unión Soviética que, Marcos bien dice, en el año 1985 era impensable, es más, en una conferencia de Belinski en Nueva York en el año 1987, en donde justamente se planteaba cómo los EEUU tienen que asumir en el largo plazo las relaciones con la Unión Soviética, Belinskii -uno de los grandes estrategas norteamericanos de la nueva derecha- decía que si Gorbachov puede tener éxito en sus reformas, entonces nos vamos a encontrar con una Unión Soviética mucho más sólida económica y políticamente.

Sin embargo, esas percepciones que predominaban en el medio académico norteamericano en boca de uno de sus grandes especialistas, fueron arrasadas por los acontecimientos históricos, en 1989 se cae el Muro de Berlín, en 1991 empieza el proceso de descomposición de la Unión Soviética y toda esta situación causó una gran perplejidad. Primero, perplejidad en la derecha que no sabía qué iba a pasar con la Perestroika de Gorbachov, y luego esto mismo causó desconcierto en el campo de la izquierda, que ante la implosión de la Unión Soviética, ante el derrumbe del orden bipolar, ante las transformaciones que estaban ocurriendo en China, dieron lugar a toda una serie de teorizaciones en el campo del pensamiento crítico, del pensamiento progresista, que inclusive llevó a algunos de sus exponentes a plantear tesis radicalmente equivocadas –a las que no me voy a referir en específico acá-, fundamentalmente la idea de que el sistema imperialista había cesado de existir, de que ya no había más imperialismo y que en lugar de un sistema imperialista lo que existía era una entidad etérea metafísica, vaporosa, que es el famoso imperio que aparece en el libro de Hart y Negri que se llama Imperio, y en donde el elemento de confusión de ese texto representa muchos otros textos, pero este fundamentalmente elabora mucho más detalladamente los argumentos desde una perspectiva sumamente interesante porque ellos en el libro reiteradamente se califican a sí mismo de autores comunistas que creen en la sociedad comunista, pero que –como yo decía recién- producto de esa perplejidad y desconcierto ante los cambios en el mundo no se les ocurre nada mejor que tratar de fundamentar en más de 400 páginas la idea de que se acabó el imperialismo, de que el imperialismo es algo del pasado.

Entonces, yo creo lo primero es darnos cuenta que por el contrario, el sistema imperialista se ha perfeccionado, hay hoy más imperialismo que nunca en el mundo, el imperialismo ha adquirido perfiles de una gravedad, de una agresividad, de una beligerancia, que yo no vacilaría en decir que no tienen precedentes en la historia, y esto lo hemos visto en los últimos tiempos después de esa pequeña guerrita o espléndida guerrita que bien decía Marcos, la guerra del Golfo de 1991, la guerra de Irak no hace otra cosa que demostrar con toda su claridad cómo el mundo sigue siendo imperialista, como se ha producido una redefinición de la estructura del imperialismo, de la estructura de poder dentro de la coalición imperialista donde los EEUU aparecen ahora como una supremacía incontrastable que antes no tenía.

Superar ese desconcierto entonces, volver a trabajar, a estudiar la problemática del imperialismo, es una condición fundamental para las luchas emancipatorias de nuestros pueblos, nada puede ser más confuso que suponer que se ha acabado el imperialismo, nada más confuso que suponer que el Estado-Nación ya no importa. Lo que ha pasado es que los Estados-Nación de las periferias han sido destruidos como producto de las políticas de libre mercado y como producto de políticas imperialistas tendientes a favorecer la presencia de las grandes empresas que son empresas nacionales que operan a escala transnacional, pero que para esa operación requieren Estados muy débiles en la periferia, de manera tal que no puedan controlar los atropellos a los Derechos Humanos, derechos laborales, derechos de los consumidores y la destrucción del medio ambiente que practican.

Entonces, tenemos una agenda práctica de luchas que pasan por el reconocimiento de la vigencia de los caracteres nacionales, frente a la vigencia de las políticas del consenso de Washington, de todo lo que hacen las instituciones que operan como perros guardianes del sistema imperialista mundial, que son fundamentalmente el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, entidades que tratan de disciplinar a los países de la periferia para que se adecuen a las necesidades del capital monopólico más concentrado, mientras que las instituciones hacen la vista gorda ante políticas que se llevan a cabo en los países desarrollados. Por ejemplo, nadie de ustedes supongo, habrá escuchado al señor Keller, el Director Gerente del Fondo Monetario Internacional, decir una palabra en torno al extraordinario déficit fiscal de EEUU, un déficit gigantesco al lado del cual el déficit fiscal, -perdón, en América Latina ya no hay déficit fiscal, hay superávit fiscal en todos los países y, sin embargo, el Fondo sigue apretando a estos países de la periferia con que reduzcan el gasto público. En EEUU el déficit fiscal es fenomenal y el Fondo Monetario Internacional mira para otro lado cuando se trata de analizar qué pasa en Europa en que hay países que ni siquiera pueden cumplir con el compromiso de MASTRICHT de tener un déficit fiscal a proporción mínima.

Se ha construido una imagen, un imperialismo que se desvanece y se transforma en un imperio, un imperio que aparece como una estructura benévola en algunas teorizaciones, en algunas estructuras, donde además el carácter imperialista del mismo ha desaparecido por completo. Hay una teorización, por ejemplo, muy importante de Manuel Castell, que ha escrito el famoso libro La sociedad Red, en tres volúmenes muy gruesos, en donde se hace todo un análisis del sistema internacional, de la economía mundial y, la palabra capitalismo prácticamente desaparece. Mágicamente, el capitalismo se convierte en algo invisible, por lo cual, es una muy buena estrategia porque si uno lo quiere se lo podemos preguntar a un niño de cinco o seis años con uno de esos jueguitos donde el rival más poderoso es aquel que no se le puede ver.

En la obra de todos estos autores, el capitalismo desapareció, en Hardt y Negri, en la obra de Manuel Castell, en Anthony Giddens y todos los seudos teóricos de la seuda tercera vía. Es decir, un sistema social que se ha naturalizado por completo, capitalismo que se transforma en un dato geográfico, por tanto, pensar una lucha anticapitalista es un absurdo, propio de dementes o de personajes excéntricos como nosotros que estamos todavía aferrados nostálgicamente en un mundo que evidentemente ha desaparecido porque no hay más capitalismo. Esa es la versión que aparece en gran parte de la literatura de la izquierda que hace un eco grotesco de lo que es la literatura de la derecha porque este argumento se lo podemos entender cuando lo dice el señor Soros, pero fíjense bien ustedes que Soros es mucho más radical con su crítica al capitalismo que supuestos críticos que desde la izquierda no hablan más del capitalismo, en cambio Soros le pone a su libro en el año 1989 nada menos que Crisis del Capitalismo Global. Fíjense lo que es el desconcierto del debate teórico contemporáneo donde un mega especulador como Soros le pone como título a su libro La Crisis al Capitalismo Global y nuestros supuestos amigos o grandes teóricos que durante un tiempo la izquierda americana miraba con mucho respeto, ya no hablan del capitalismo. Por suerte hemos dejado ya bastante de lado esa condición colonial y ya no los miramos con ese respeto, ya los miramos de una manera mucho más secular y laica. Para ellos el imperio no solamente es invisible, también es invencible porque es tan superior que nada se puede hacer contra él.

En la visión de los teóricos norteamericanos fundamentalmente, pero también de algunos europeos, el imperio ha logrado inventar el enemigo perfecto, y el enemigo perfecto es el terrorismo internacional –como decía Marcos un poco al final- que antes era el comunismo internacional, los narcotraficantes y, finalmente, el terrorismo internacional.

¿Por qué es el enemigo perfecto? Bueno, porque es invisible, porque es permanente, es omnipresente y no hay manera de decir “bueno, luchamos hasta acá”, es una batalla que no termina nunca, es en palabras del presidente Bush “eterna entre el bien y el mal”. Lo que pasa, es que en ese enemigo perfecto, el terrorismo internacional, entramos todos nosotros. Ustedes recuerdan que en el Foro Mundial de Puerto Alegre fue satanizado como una de las expresiones de superficie de eje del mal, ahí están los terroristas reunidos en Puerto Alegre, terrorismo de nuevo tipo, se dice que es un terrorismo influenciado por ideas gramscianas acerca de conquistar la sociedad civil y que en lugar de la metralleta, el poder de las ideas. Todo ese tipo de discurso que aparece muy claro en los análisis de la nueva derecha y que encuentran su eco aquí en el campo de la izquierda.

Yo terminaría exponiendo cuatro ideas que a mi juicio me parecen fundamentales, que explican por qué la estructura imperialista actual tiene su eje fundamental más que nunca en los EEUU.

En primer lugar, los EEUU han logrado hacer esta reafirmación estratégica fundamentalmente porque ha desarrollado una capacidad militar que ha estado absolutamente fuera de toda lucha convencional y que le permite, por lo tanto, ganar una guerra, pero no le permite ganar la paz. Esto lo estamos viendo clarísimo en el caso de Irak. Ustedes piensen, EEUU gasta hoy prácticamente la mitad del gasto militar mundial, o sea de cada cien dólares que se gastan en armas, cincuenta dólares se gastan en EEUU.

Los EEUU tienen más presupuesto militar que todo el resto de los países del mundo, por tanto, hay una superioridad en el terreno militar impresionante, y esa capacidad militar ha sido puesta al servicio de la reafirmación del imperio capitalista ¿Basta con eso? Por cierto la respuesta es que no basta con eso, lo estamos viendo claramente en Irak porque con esa capacidad militar se puede arrasar un ejército enemigo, se puede triunfar en la primera fase de una guerra, pero todos los más grandes teóricos de la Guerra, desde Sun Tsu en la China hace más de dos mil años atrás, hasta Maquiavelo, señalan que lo importante en la guerra no es la operación militar, es lo que viene después, cuando esa victoria tiene que traducirse en el establecimiento de un orden político que los norteamericanos no han logrado establecer ni en Afganistán y que no van a lograr establecer en Irak, que no van a poder establecer en ninguna parte, esta es la buena noticia.

Ustedes piensen, si la capacidad militar fuera condición necesaria y suficiente de la estructura capitalista, la batalla estaría perdida, pero no lo es. Ustedes piensen en un solo dato, el portaaviones Nimitz, que es el portaviones estandarte de la Marina Norteamericana, cuesta sacarlo del astillero para poderlo a funcionar, diez mil millones de dólares. Aparte de eso, cuando se ponen en movimiento las estrategias militares es otra cuenta, pero tener el portaviones ahí funcionando con todos sus avioncitos, después agréguenle petróleo, abastecimiento, municiones, cohetería, todo eso aparte, diez mil millones de dólares, el producto de Afganistán son seis mil millones de dólares, o sea, un poquito más de la mitad de un solo portaaviones y, pese a esa enorme disparidad militar y económica, no se logra estabilizar la situación de Afganistán. El PIB de Irak es de veinte mil millones, dos portaviones, y no logran establecer eso, pero lo que hay que mostrar acá es que EEUU ha hecho toda esta movida para potenciar hasta el paroxismo su capacidad militar que, además, está llevando a su economía al colapso. No es la izquierda norteamericana la que prende las luces rojas.

Segunda cuestión, voluntad política. Lo que tenemos ahora es un grupo de fanáticos liderados por un personaje bastante mediocre, el señor Bush, pero que es la cabeza de una coalición con sectores vinculados al petróleo, en el gabinete de Bush dos de los miembros a nivel de Secretaría y Subsecretaría son ciudadanos de Israel, son israelitas y americanos, y uno de ellos, nada menos el número dos del Departamento de Defensa. ¿Qué neutralidad puede tener este señor al enfocar la cuestión de Palestina? Un israelí que está en Washington y que pertenece a la derecha más recalcitrante de Israel.

Bueno, esta es la otra parte de la alianza, los grupos del petróleo, la industria de la aeronavegación, automotriz, los que utilizan y producen el petróleo, los fundamentalistas cristianos, uno de los cuales es ni más ni menos Bush. Ustedes saben que Bush tenía una vida totalmente disoluta, un borrachín empedernido, drogo, etc., y cuando estaba en las últimas se recupera mediante una cosa milagrosa –habría que saber quién lo recuperó digo yo, como dijo Carlos Fuentes “pásenle ora vez la botella”-, pero se recupera y se convierte en lo que en EEUU se llama Renacido Cristiano, ultra fundamentalista, lo que molesta a la coalición y es la gente que tiene una voluntad de poder total, en donde junto con estos valores cristianos se dice que hay que aprovechar ahora que Japón se ha debilitado, que Europa está de rodillas carente de unión política y carente de capacidad militar y que China todavía no es lo suficientemente fuerte para organizar el sistema internacional.

La tercera condición que hizo posible todo esto es la oportunidad, porque no basta con tener la capacidad militar, no basta la voluntad de imponer un predominio a sangre y fuego, tiene que haber una condición que haga posible eso, ¿cuál es la condición? Bueno, la que le posibilitó un viejo amigo de la familia Bush, Osama Bin Laden con la voladura de las Torres Gemelas el 11 de Septiembre de 2001.

¿Qué fue lo que produjo los atentados en EEUU? Internalizó completamente el proceso político norteamericano, un proceso político que antes del 11 de septiembre era bastante indiferente a la coyuntura internacional, y que por tanto le daba a la periferia del imperio mayores posibilidades de movimiento. Ahora, después de esa agresión que sufrió EEUU en manos de este grupo, muy sospechoso por cierto, encabezado supuestamente por Laden, socio además con la familia de Bush en negocios petroleros, esto le da la oportunidad de que los EEUU salgan a la palestra luchando por una causa que moviliza a toda la opinión pública norteamericana, una opinión pública que en palabras de Noam Chomsky está absolutamente aterrorizada y que permanece aterrorizada debido al bombardeo permanente de los medios de comunicación de masas anunciando una amenaza permanente por parte de los fundamentalistas. Por tanto, ahí está la oportunidad que permite poner en marcha este dispositivo.

Termino planteando cuál es la consecuencia de todo esto. Esta es la nueva doctrina estratégica norteamericana que viene a ser el punto final, el remate del proceso desde la doctrina Truman para acá, una doctrina estratégica que fundamentalmente gira en torno a una guerra preventiva, una guerra que los EEUU tienen que declarar y tienen que llevar a cabo contra cualquiera que amenace aunque sea de palabra la superioridad norteamericana, contra cualquiera que puede llegar a ser una amenaza potencial a la superioridad norteamericana, por lo tanto, guerra preventiva, guerra infinita contra ese enemigo que ya no es más un Estado-nación perfectamente identificado, son grupos Alqaeda. ¿Dónde está Alqaeda? Está en Sudán, está en Irán, está en Afganistán, está en Pakistán, está en Irak, está en Arabia Saudita, vayamos a todos los lugares. Bush lo dijo en su discurso una semana después de la caída de las torres, el 20 de Septiembre de 2001, “los vamos a ir a buscar y hay por lo menos, sesenta países que sabemos que hay celulas de Alqaeda”, es decir, una guerra contra todo el mundo, una doctrina entonces de guerra infinita, guerra preventiva, primacía total de los EEUU, crisis del sistema de las Naciones Unidas que EEUU había creado, las Naciones Unidas ya no hacen falta. Richard Pearl, uno de los grandes asesores de Bush dijo cuando estalló la guerra de Irak “menos mal que lanzamos la guerra porque así nos desprendemos de esta cadáver maloliente de las Naciones Unidas”, esto es lo que dijeron. Ahora Bush está regresando, pidiéndole a las Naciones Unidas que por favor intervengan en el Irak y que haya una coadministración porque evidentemente que las cosas no salieron.

Y finalmente para nosotros, toda esta doctrina norteamericana significa la criminalización de la protesta social, la militarización de nuestra vida política; temas que se vieron en la reunión precedente, varios expositores hablaron sobre esto. En ese contexto una amenaza muy grave sobre nuestros pueblos, no sólo porque ahora el neoliberalismo se va a imponer por medio del mercado y la manipulación ideológica como ocurrió en el pasado, sino también por la vía militar. Toda esta serie de operaciones que se han puesto en marcha en América Latina son una prueba de eso, y por supuesto este esquema va a llevar ineluctablemente si es que no le ponemos fin a un vaciamiento de las democracias en América Latina, proceso que ya ha empezado y que se refleja en la escasa credibilidad que tienen los regímenes democráticos que tiene América Latina.

La gente quiere la democracia como un valor abstracto, pero cuando se le pregunta ¿usted qué opina de la democracia de su país, está satisfecho?, las respuestas son decepcionantes porque estas democracias han funcionado al servicio de los mercados y de los monopolios que la controlan y, en ese sentido, no es ninguna sorpresa que la gente manifieste desazón ante ello, pero esto es lo que está en la receta del imperialismo. Muchas gracias por escucharme.

Lautaro Carmona: Muy buenas noches. También saludo a los organizadores de este intercambio que creo que tiene una significación muy grande para lo que son los compromisos de quienes pesamos en la necesidad de construir una propuesta alternativa a lo predominante en el mundo hoy día.

Quiero con mucha contrición, compartir con ustedes un intercambio que hice con Ana María Miranda y lo hago en la perspectiva del tiempo de la intervención porque creo que en estos debates el tema de destacar y valorar la significación que tienen las personas en la construcción de los procesos en tanto manifestación subjetiva, necesaria para el proceso de acumulación de fuerzas a favor de cambios democráticos avanzados, es una cosa muy grande, y además coincide y yo creo que de alguna forma en este seminario internacional está contribuyendo con verdaderas tesis que constituyen titulares de contribuciones artísticas, me refiero a que quiero compartir con ustedes el hecho de que un gran artista, nuestro Sergio Ortega, autor del Himno de la Unidad Popular “Venceremos” y autor del Himno que también ha comprometido a los pueblos del mundo “El pueblo Unido Jamás será Vencido” está hoy día en una situación muy delicada de salud, y el compromiso era que a través de nuestro aplauso, de nuestra energía que demos para que eso llegue allá y eso le de mucha fuerza. (Aplausos)

Quiero ordenar mi aporte en este intercambio haciendo referencia a la experiencia chilena, que además concita esta reunión, este intercambio entre tan destacados panelistas, y lo hago porque creo que de ahí se pueden obtener conocimientos de valor general y que asumiéndolos correctamente deben estar presentes en nuestros procesos de valoración actual.

No cabe duda que la intervención imperialista norteamericana se instaló en nuestra región, en el cono sur se desarrolla una nueva estrategia de dominación cuyo propósito es la anexión y la anulación total de los Estados nacionales y la instalación de verdaderas formas históricas de neocolonización en nuestros países. Visto así, es evidente que el golpe de Estado en nuestro país no constituye un arrebato de locos y asesinos, sino que corresponde a procesos más profundos que alcanzan esta expresión. Tiene entonces efectos en los pueblos porque abre una nueva fase del capital financiero trasnacional.

Sin duda que el recurso del terror de Estado, el recurso de la doctrina fascista que en esencia es la misma que se aplicara en Alemania, Italia, para controlar los pueblos está presente en lo que es la manifestación de dominación imperialista desde un tiempo a esta parte en el mundo.

Hace un par de años atrás, un 11 de Septiembre, con el derribamiento de las Torres Gemelas se abre paso a una de las más cruentas ofensivas militares por parte de los EEUU que finalmente genera una de las crisis internacionales más significativa después de la Segunda Guerra Mundial.

En los hechos se eleva como una verdadera dictadura mundial, declara de forma unilateral la guerra a todos los pueblos que se propongan un planteamiento que esté en contradicción con los intereses imperialistas. Esto se ha expuesto por nuestros panelistas y también se ha dicho no necesariamente fatal para los desafíos que tenemos, para los que tenemos que construir alternativas. Desde esa perspectiva, el título de nuestro intercambio “la unidad de los Pueblos”, la unidad del pueblo, sin ninguna duda se constituye en un elemento cualitativo determinante del proceso de acumulación de fuerzas para los cambios. La unidad de los pueblos es condición para el avance de los movimientos populares.

Me vinculo con esta referencia porque creo que hay otro elemento que también me interesa instalar, el tema de la lucha ideológica también como un factor de fuerzas a favor del proceso unitario. Una lucha que está desequilibrada desde el punto de vista del control mediático, desde donde se puede instalar falsa conciencia sobre los fenómenos reales que cursan, donde se pueden instalar en definitiva dominaciones que a priori determinen desenlaces de correlaciones por la idea de anular la manifestación activa de los movimientos, y nosotros asistimos, por ejemplo, a una lucha ideológica no menor acerca de la recuperación de la verdad histórica en nuestro país.

Aquí se representan las distintas corrientes o las más importantes en este debate, donde quienes hoy día comparten el poder de este sistema instalado por la vía de la acción explícita, de la argumentación explícita o de la omisión sencillamente, aceptan que el proyecto fue derrotado porque no fue viable. Eso trae atrás la pasividad, que el movimiento y el pueblo en general pierda capacidad de acción. Estamos muy próximos a las argumentaciones que justifican las políticas “en la medida de lo posible”, del posibilismo, que caracteriza a lo que se va a llamar la tercera vía, que entra a medio pisar la construcción de conciencia para producir ciertos cambios como el que hemos caracterizado, es decir, rescatar la verdad histórica es una necesidad para los movimientos. Desde esa perspectiva, y asumiendo una mirada dialéctica, teniendo en claro que los procesos no se repiten, que hay que estudiarlos contextuando las situaciones históricas concretas vividas en el curso de esos procesos, también hay que saber obtener conclusiones de ello.

Hay quienes hoy día se conjugan para descalificar el proceso que habría sido autoderrotado, que nunca se debió haber planteado siquiera si no queríamos asistir a la tragedia posterior, y eso estaría determinado –los más audaces dicen- por la falta de respaldo, es decir, un programa que se llevaba adelante sin concitar una conciencia mayoritaria. Quienes conocemos nuestros procesos sabemos que había a lo menos –fuera de la propuesta hecha- una coincidencia en lo sustantivo con la representación que en ese momento tenía la Democracia Cristiana, que era la manifestación en Chile de la Alianza para el Progreso, es decir, la necesidad de producir esos cambios estructurales era un tema de demandaba el desarrollo histórico que llevaba no sólo la sociedad nuestra, sino que en el contexto internacional y particularmente regional.

El otro debate respecto a las limitaciones y el carácter que tenía aquel proceso queda resuelto por la respuesta que ésta generó. Llego entonces a lo siguiente, es posible imaginarse la dimensión, la profundidad, la crueldad del golpe con el ejercicio del terror de Estado, sólo en proporción de lo que significaba también la profundidad del proceso de revolución democrática que encabezaba Allende y el gobierno Popular. Eso es un hecho que uno puede instalar como una afirmación con la máxima objetividad posible sobre un acontecimiento histórico.

Hay grandes enseñanzas y conclusiones que pueden constituir tesis que nacen de allí. La necesidad de hacer avanzar un proceso de revolución democrática sin que uno asuma un abismo entre los objetivos de aquella y los objetivos ulteriores de la construcción de una sociedad distinta. El papel, y éste es un legado de Allende, que en esto juega la organización y lucha de los trabajadores, de la clase obrera. Es significativa la necesidad, para conducir aquel proceso, de darse una dirección que integre a todas las fuerzas que están por avanzar en esos procesos de cambios, y por tanto, la lucha incansable por encontrar en lo que es la unidad de la izquierda una contribución a la unidad del pueblo. Esto en la perspectiva de desarrollar en forma soberana, con autodeterminación, la sociedad, los Estados-nacionales, sin negar la necesaria integración que, en el legado de Allende, se puede expresar como integración en el cono sur y, aunque parezca extraño, el legado, el ejemplo, la consecuencia como un valor, constituye también un elemento en lo que es un proceso de acumulación a favor de los cambios.

En definitiva está demostrado en documentos el papel de la CIA, sólo fue posible terminar este proyecto por la vía de la intervención directa del imperialismo norteamericano en contubernio con las fuerzas más reaccionarias del país, eso es un dato de la causa del día de hoy. Ayer, históricamente hablando, era un debate, había que demostrarlo. El imperialismo no estaba dispuesto a aceptar en un tiempo histórico que se abriera paso a un proyecto que concitaba una gran adhesión en los movimientos populares en distintas partes del mundo, toda vez que podía constituir referencia para la construcción de esa opción por caminos diferentes que cuestionaran el sistema capitalista. Actúa en definitiva para revertir un proceso que luego fuera incontrolable, y para refundar el capitalismo en Chile, así se instala el sistema neoliberal, una de las implementaciones más dogmáticas, que en muchos planos sirve de punto de partida de lo que es la implementación del sistema neoliberal en el mundo entero.

Hay sin duda responsabilidades en el propio movimiento y que interesa compartirlas para sacar conclusiones que sean fortalezas para la construcción de hoy. Ninguna de las insuficiencias, de los errores que puede haber tenido el proceso, pueden siquiera imaginar una justificación a su derrota, toda vez que la desestabilización operó en nuestro país incluso desde antes de la elección de 1970 y luego, desde antes que asumiera el propio Salvador Allende. Pero falta una estrategia, una concepción más global del tema del poder, que está en el origen de la discapacidad de dirección del movimiento. Hay otras manifestaciones como la falta de rigor en el plano de la construcción del sector social de la economía, pero me parece que una de las más serias fue la mirada insuficiente respecto a las Fuerzas Armadas y a la falta de una justa política de defensa del proceso popular con la participación de las masas organizadas.

La historia muestra –lo digo así porque no es sólo tesis- que deberán pasar años de resistencia para que el pueblo haga suya una orientación justa democrática que denominó como la rebelión popular de las masas. Cuando uno mira históricamente este proceso se pregunta cuánto de aquello que se implementó apelando a todas las formas que la lucha requiera, incluso violencia aguda, no podrían haberse puesto en acción en la defensa del gobierno popular, y no se hizo porque no teníamos la capacidad política previa para orientar una conducta de ese tipo tan necesaria en ese momento. Fuimos presa de un debate acerca de las vías a la revolución que exageró la instalación de antagonismos excluyentes acerca de las formas de lucha y absolutizó formas de lucha que no correspondían.

Hemos asistido en el último tiempo a grandes manifestaciones populares que jaquean el sistema de dominación imperante pero que no alcanzan a elevarse como alternativas precisamente por la falta de una mayor conciencia de que sólo se podrá construir un mundo distinto levantando una alternativa a la actual sociedad que tiene el libre mercado como mecanismo máximo de regulación y satisfacción de necesidades materiales y espirituales. Un intercambio como éste también es momento para reflexionar y convocarse a conjugar la unidad entre movimientos sociales y partidos políticos como una necesidad de modificar lo establecido, y cómo profundizar y avanzar en la construcción del nuevo sujeto político y social para producir los cambios que la humanidad necesita, entendiendo que los trabajadores deben jugar un papel determinante principal, los trabajadores a quien Allende hace treinta años les legó un mensaje cuando dijo “trabajadores de mi patria, tengo fue en Chile y en su destino, superarán otros hombres este momento gris y amargo donde la traición pretende imponer, sigan ustedes sabiendo que mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.” Gracias.

Valter Pomar: Yo voy a contribuir a este debate con una exposición pequeña sintética sobre la situación brasilera, más bien, de la conducta del gobierno brasilero y la izquierda brasilera, que ha variado de forma importante en cualquier estrategia que tenga como objetivo derrotar el imperialismo norteamericano.

Brasil es un país que visto por encima a partir de su belleza, de su potencial económico, de su clase media poderosa, parece un país con vocación por una social democracia y por un Estado de bienestar social. Visto de paso, de igual forma observamos las desigualdades sociales, la inmensa pobreza, parece un país con vocación por una revolución social profunda, más no es ni una cosa ni otra, es el neosocialismo, neosocialdemocracia que marcaron la historia brasilera.

La clase trabajadora brasilera no consiguió fuerza suficiente en la historia de Brasil, no importó una revolución, ni construyó un Estado de bienestar social. Hay causas estructurales, históricas que explican eso. Brasil fue desde un inicio una nación conectada a unos circuitos internacionales de producción de capital, un país claramente independiente de Portugal, de Inglaterra y posteriormente de los Estados Unidos. Pero esa dependencia no impidió que Brasil consiguiese pasar a tasas de crecimiento económico superiores a la inmensa mayoría de los países del mundo. Ese intenso desenvolvimiento fue posible gracias a la extrema concentración de la propiedad privada, gracias a la superexplotación de la fuerza de trabajo, gracias a una intenta depresión política diseminada endémica de la sociedad, más una democracia profundamente estricta, limitada, gracias también a la existencia de las capas medias que se ven como un colchón político-social de un sistema políticamente desigual y gracias a una estrategia de contrarrevolución preventiva que es con la cual la clase dominante brasilera siempre se anticipa a las situaciones que podrían resultar en crisis sociales más profundas.

Como consecuencia de eso, las grandes crisis de la historia brasilera como es el caso de la independencia, la abolición de la esclavitud, industrias públicas y el proceso de industrialización, los grandes momentos sin paz, siempre fueron reabsorbidos a través de conflictos entre diferentes sectores de la clase dominante.

Los trabajadores, hablando de la historia de Brasil, siempre cumplieron, siempre tuvieron un papel secundario y la izquierda brasilera fue cosa minoritaria, mínima entre los trabajadores, se quiso traducir en un vanguardismo izquierdista o en un vanguardismo de derecha. Toda la izquierda brasilera fue un zig-zag, siempre minoritaria.

Esa característica fundamental de la izquierda brasilera así como los grandes conflictos que siempre fueron reabsorbidos por choques entre diferentes sectores entre la clase dominante, comenzó a ser roto como en los años setenta, pero hay una serie de características de los años setenta que explican eso. La crisis de la dictadura militar, la división de la burguesía frente al neoliberalismo entre los que se querían adherir al neoliberalismo y aquellos que estaban presos del mercado del neoliberalismo, y el ascenso de la clase obrera, la nueva clase obrera formada en la época de la dictadura militar principalmente en los años setenta.

Esas tres variables combinadas: la crisis de la dictadura, la división de la burguesía y el ascenso de la clase obrera, fijaron que la década de los setenta, que fue la década perdida desde el punto de vista económico, fuera también la década en que el movimiento social y la izquierda brasilera más crecieron, más se organizaron, más acumularon fuerzas desde un punto de vista de la lucha política, desde un punto de vista de la organización y movilización social y de un punto de vista de presencia institucional. Y un protagonista principal de ese proceso fue un polo de fuerzas democráticas populares y socialistas, que fue la primera vez en la historia brasilera que se constituyó como una alternativa de izquierda con potencial hegemónico, con capacidad de disputar contra el conjunto de la clase dominante.

Ese polo era el Partido de los Trabajadores y el principal protagonista de eso fue la campaña presidencial de 1979 que disputamos teniendo como parámetro la experiencia chilena, vencer en la elección presidencial para utilizar un gobierno federal como punto de apoyo de la lucha política y social de un país con vista al socialismo.

En los noventa como en toda América Latina, fue un proceso de descenso debido a la ofensiva neoliberal que parte de la crisis del socialismo, cuyo resultado práctico fue que un principal instrumento de acumulación que uso la izquierda brasilera en los años setenta fue el movimiento social, la lucha social, fue principalmente a través de la disputas electorales que la clase trabajadora de los años noventa se colocó en oposición al neoliberalismo, y el movimiento que lo hizo fue el Movimiento de los Sin Tierra, más fue necesario que la inmensa mayoría de los trabajadores brasileros permaneciera a la defensiva, manifestando el apoyo a la izquierda, votando las candidaturas de la izquierda, fundamentalmente al PT.

Pero los gobiernos neoliberales en Brasil provocaron la división al interior de la clase dominante brasilera, y en la coyuntura de fines de los noventa, el sector que se colocó en oposición parcial al neoliberalismo tiene que hacer una alianza con aquel polo democrático popular encabezado por el PT. La novedad en la historia brasilera es que aquella alianza que el viejo Partido Comunista entendiera como necesaria entre operarios y campesinos y burguesía nacional, se pudo ver cómo un sector de la burguesía apoyaba la candidatura gruesa de la izquierda.

Por tanto, la victoria de Lula en las presidenciales se da como doble novedad, primero, es la primera vez en la historia brasilera que la izquierda vence en una elección presidencial. Segundo, es la primera vez en la historia brasilera que la burguesía nacional apoya una candidatura de izquierda.

Ahora, la pregunta fundamental es si un gobierno de izquierda, un gobierno hegemonizado por la izquierda, un gobierno que tiene como presidente al principal líder de la izquierda brasilera en los últimos veinte años será capaz de derrotar al neoliberalismo, será capaz de cambiar un modelo económico y social monopólico, dependiente, políticamente conservador, que ha vivido Brasil en los últimos cincuenta años. ¿Un gobierno de la izquierda brasilera será capaz de servir como punto de apoyo por un avance al socialismo, o será una experiencia transformista social, liberal como ha acontecido en la mayoría de los países donde la izquierda llegó a un gobierno a fines de los años noventa, en el inicio del siglo XXI?

Mi opinión es que un tema abierto, el gobierno de Lula es por naturaleza un gobierno en disputa, en primer lugar con el imperialismo norteamericano, que busca mantener un gobierno brasilero en su órbita de influencia, en disputa por los grandes capitales, principalmente por el financiero, que presiona a un gobierno para que continúe al servicio de los grandes capitales como siempre fue la historia del siglo pasado e inicios de éste. Es un gobierno en disputa por los partidos de derecha que fueron derrotados en las elecciones presidenciales pero manteniendo el control de la mayoría de los gobiernos estatales y una inmensa cantidad de diputados y senadores, tienen inclusive mayoría nacional, y de gran parte de la estructura política, la totalidad de los sistemas de comunicación y, obviamente, la totalidad de los principales recursos de Brasil que son las grandes empresas privadas.

También es un gobierno en disputa con los grandes partidos que integran la coalición de gobierno, la izquierda, que tiene al PT como su componente principal, pero tiene también la vicepresidencia importante de un importante empresario nacional vinculado el Partido Liberal y otros partidos.

Es también un gobierno en disputa por los diferentes sectores que integran el PT que, como ustedes deben saber, es un partido extremamente plural como la diversidad de gente y tendencias que son grandes.

Esta disputa está siendo ganada por el capital financiero, sobre eso hay que tener mucha claridad para que no se creen ilusiones, pero si bien es cierto que hoy esa disputa está siendo ganada por el capital financiero, en mi opinión esa disputa sigue abierta.

El destino de la disputa en torno del gobierno federal hegemonizado por el PT dependerá primero del comportamiento del propio PT y de la izquierda Brasilera. Segundo, del comportamiento de la clase trabajadora brasilera. Tercero, del comportamiento de la burguesía, y cuarto, de la evolución de la situación internacional.

Sobre el PT, sigue siendo el principal partido de la izquierda brasilera, no es el único, es un partido donde están vinculadas la mayoría de las alianzas obreras, populares de este país. En los años setenta el PT era un partido anticapitalista y de lucha social, en los años noventa el PT pasó a ser un partido antineoliberal y cuya principal razón era ganar una lucha electoral constitucional, un partido que se pronunciaba por la ruptura con el neoliberalismo, y seis meses después anunciaba a la nación que incluiría la palabra transición desde el neoliberalismo hacia otro modelo. De la ruptura a la transición pasaron seis meses, y eso después de nueve meses de gobierno tensiona profundamente al PT, tensiona a la militancia socialista, de izquierda, a la militancia de los trabajadores que pasó los últimos veinte años construyendo un partido en otra perspectiva y tensiona la base social y electoral del PT que votó por el cambio de un modelo económico social vigente en el Brasil.

¿Cuáles son los riesgos que surgen de esa situación? Primero, un riesgo de desmoralización de la militancia política social del país ante un gobierno producto de veinte años por lo menos de lucha política que resulta lo contrario que aquello que nosotros esperábamos.

Segundo riesgo, la polarización. Uno de los motivos por los cuales el PT consiguió protagonizar la lucha política en Brasil los últimas décadas fue la capacidad de unificar amplios segmentos de la izquierda brasilera, y tememos que el proceso en curso pueda ayudar a una pauperización de la izquierda brasilera, la pauperización de grupos irreconciliables y todas ellos con un punto en común, la baja incidencia política.

En tercer lugar un riesgo implícito, la transformación del PT en un partido de tercera vía, un partido que no diga más superación del capitalismo por el socialismo, sino humanización del capitalismo por una social democracia, ese riesgo es real, esta es una disputa política.

Sobre la clase trabajadora, la mayoría de la clase trabajadora brasilera votó y tiene expectativas profundas de un gobierno federal hegemonizado por el PT y si no mantienen las expectativas se van a ir muchos años de lucha por un programa de transformación social. ¿Qué será de ese sector que fue principal en la lucha de fines de los años setenta que dieron origen al PT?

Sobre la burguesía, a groso modo, la burguesía financiera está de cierto modo satisfecha con un gobierno que está empezando, está temerosa de que el gobierno muera de política, es por eso mismo no hay que terminar en fue el gobierno de Fernando Enrique Cardozo, robando al país, provocando fugas de capitales para forzar a concesiones de índole mayor.

La burguesía industrial está insatisfecha con el gobierno, burguesía industrial que apoyó la candidatura de Lula con la expectativa de que un nuevo gobierno adoptara políticas que redujesen los daños del capital financiero y eso ahora no aconteció. La burguesía industrial está insatisfecha y quiere cambios, pero ambas burguesías tienen miedo de que el gobierno de Lula lleve a la izquierda sobre la presión de la historia y sobre la presión de la clase trabajadora. Por eso, al contrario de lo que se podría imaginar, el gobierno de Lula es un proyecto de una intensa oposición de la derecha, que lanza acusaciones contra el gobierno, campañas anticomunistas, y que hacen aparecer al gobierno de Lula aplicando políticas socializantes.

Un gran riesgo en que estamos es que la población insatisfecha con los puntos del gobierno, se ausente del proceso político electoral y viabilice la transferencia de apoyo a la derecha como ha acontecido en varios países de Europa, al final siempre van a aprobar una política de derecha.

Por otro lado es conveniente decir que la burguesía brasilera siempre es adepta a una contrarrevolución preventiva, y fue en nombre de eso el golpe, fue en nombre de eso que se creó una crisis en los años cincuenta que llevó al suicidio del presidente Antonio Vagas y fue en nombre de eso que hay varios episodios en la historia brasileña de gobiernos extremamente moderados, por lo que la derecha brasilera se anticipaba fuertemente a un gobierno revolucionario.

Por último, el cuadro internacional es dominado por la dinámica de la crisis económica cuyo epicentro está en EEUU, y por la militarización de la lucha política a escala global. Pero llevamos un período de disputas intercapitalistas en que los conflictos se han agudizado de una manera como nunca vimos en la historia del mundo. Antes el capitalismo competía por ser un sistema político, luego competía contra los procesos revolucionarios que peleaban por la vía al socialismo, y ahora, el capitalismo se encuentra prácticamente solo, en su naturaleza más propia. Lo que nos obliga a actualizar un proyecto comunista como alternativa a este mundo brutal liberado por el capitalismo.

En ese cuadro de hegemonía capitalista, cuyas características ya fueron descritas, no se consigue hacer una transición tranquila del neoliberalismo hacia otro modelo, no se consigue humanizar el capitalismo, no se concibe una transición pacífica y tranquila basado en la igualdad, lo que coloca al gobierno brasileño en un problema muy grande, porque la estrategia de transición del neoliberalismo presupone que va haber un gran conflicto social por la distribución de recursos.

Los próximos doce meses serán decisivos en la disputa del gobierno brasilero, es más, en los próximos doce meses estarán las negociaciones para un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, y las elecciones municipales del 2004 en que el pueblo juzgará las políticas implementadas por el nuevo gobierno.

Cuando se desarrolla un movimiento de izquierda, por más moderado que sea, generalmente viene un gobierno de derecha, y por eso se necesita el esfuerzo de la izquierda brasilera para acumular fuerzas para cambiar el modelo predominante de gobierno, colocar a la clase trabajadora en movimiento, ampliar la lucha política, social y económica, para que a través de eso, podamos empujar a un gobierno de izquierda.

Nos estamos convenciendo de que ese camino son las condiciones que nos trazamos para permitir que el resultado conseguido en los últimos veinte años y que se transformó en la conquista del gobierno federal, no sea despedazado, para que en las próximas elecciones no haya autoderrota de la izquierda brasilera. Esperamos que el gobierno no persista con una política que al fin y al cabo beneficie finalmente al capital financiero. Muchas gracias

Respuestas a las preguntas

Marcos Roitman: Empezaré con la pregunta que dice por qué los EEUU no han hecho un ataque militar contra Cuba estando al lado, e intervienen en cambio en Irak o Vietnam. El ataque a Cuba se hizo, hay que recordar Bahía Cochinos, después hubo un intento en 1962 con Kennedy con la crisis de los misiles. A partir de ahí se dijo que no se iba a invadir, y esa es una situación que se mantiene estable hasta la Perestroika en 1989-1991, el fin de la guerra fría, el comienzo de otro proceso. Y ahí si hay un proceso que es de desestabilización que por primera vez cambia en la historia, es decir, en esta lógica de baja intensidad que también se aplica en el caso de Cuba tardíamente, está el proyecto Varela, que no hay tiempo para explicar, pero se puede decir que por primera vez un gobierno es capaz de crear el espacio de legitimación por la Unión Europea. El problema es que ya Cuba ha sido incorporado a los ejes del mal, es decir, que Cuba forma parte de los Estados que pueden ser de invasión a corto plazo.

Me refiero rápidamente a otras dos preguntas. Uno, el futuro no está diseñado, dice una pregunta, frente al gran poder unipolar, o sea, el futuro está abierto, el futuro implica cambios sociales, por tanto, de proyectos sociales que implican la articulación de sujetos sociales. Lula se explica por Brasil, la crisis Argentina se explica por Argentina, el proceso de la Unidad Popular se explica por Chile, por su sistema de historias independientemente de un sistema internacional que presupone elementos interrelacionados, y lo mismo pasa con los zapatistas en México, tienen raíces históricas nacionales. Lo que sí hay es un cambio en la nación, hay una transformación de la nación que lleva a pensar en la identidad nacional en que el sujeto político se transforma en un consumidor, aparece un consumidor en vez de un ciudadano, y si esto es así, nos pasamos al mercado que no es el hecho democrático, sino es el hecho de comprar productos, donde entra un factor que no tiene nada que ver con un hecho político.

Los procesos políticos en América Latina que determinaron las grandes luchas de transformación no han sido derrotados, yo creo que esa es una mala visión, una mala estrategia. Los golpes de estado se dieron porque estaban triunfando, es decir, los golpes se dan cuando las cosas están mal, cuando hay transformaciones, porque los cambios se están produciendo, porque las grandes transformaciones se están dando. No hay que decir que la Unidad Popular fue un fracaso o fue una derrota, fue porque iba ganando, lo mismo pasó con Joao Goulart en Brasil, incluso con un Torres en Bolivia. Se optó por los golpes de estado como un mecanismo de involución política, también hoy tenemos procesos de involución democrática.

El capitalismo es un mito, lo que pasa es que el mito produce la violencia, la utopía no, la utopía no tiene ningún punto de referencia. Por eso que el capitalismo es un mito y el socialismo también es un mito porque construye sujeto político y, desde este punto me estoy refiriendo a Sorel con el concepto fundamentalmente del sujeto político, ese es un problema de debate, es un problema teórico que se puede plantear también en términos de sujeto político, que fue el debate que se dio en Perú con Mariategui, con lo que fue la gran construcción del marxismo latinoamericano de la década de los treinta. Pero en definitiva el capitalismo si es un mito y el socialismo también, y porque es un mito es capaz de construir un sujeto político, porque es capaz de proyectar futuro y la proyección de futuro es capaz de construir fuerzas sociales, y por eso es que la violencia aparece en el orden político. Todo orden político es un orden coactivo, el problema es que el capitalismo es un sistema de explotación, el socialismo no, esa es la gran diferencia y, esa es la opción que uno toma, el socialismo es un sistema de construcción de ciudadanía plena, de democracia.

Yo aconsejo leer un texto de alguien tan poco dado al hecho político como es Albert Einstein, que tiene un librito muy pequeñito del año 1949 que se llama “Por qué soy socialista”. Yo creo que es un texto muy interesante para valorar ese concepto del socialismo.

La violencia es la alteración de la voluntad en contra del otro, y por lo tanto, cuando transformamos la violencia en algo cotidiano deja de ser violento, o sea, lo que pasa es que el capitalismo no puede funcionar dándole de ostias todos los días y dándole de combos todos los días, porque se subleva, lo que hay que hacer es evitar que esos combos aparezcan, hacer que se vuelvan invisibles y eso se hace por medio de la disposición de los medios, es decir, que uno asuma esa racionalidad.

Voy a dar un ejemplo de la violencia de género. Cuando uno habla de una violación, es un acto de violencia, de fuerza, de ruptura, sin embargo ustedes saben que esa violación puede tener eximentes, entonces deja de ser un acto de violencia, por ejemplo, ella me provocó, iba con minifalda, me guiñó el ojo, entonces, todos esos son eximentes que de alguna manera terminan diciendo que deja de ser violento. En Chile los culpables son los trabajadores que luchaban por sus derechos, no eran los que se alzaron contra el orden constitucional, lo mismo pasó en Brasil y en Argentina, culpabilizamos a las víctimas y eso presupone ese elemento de la cobardía teórica, de la cobardía intelectual que termina asumiéndolo en términos del pragmatismo político.

Yo no soy progresista, soy de izquierda, y creo en la vida y en la muerte, creo en la evolución y en los límites de la evolución. La gente de izquierda cree en la evolución y en la transformación. Por eso que no hay que perder fe en el futuro, hay que recuperar ese hecho democrático que es que no podemos esperar que otros hagan lo que nosotros no queremos, es decir, que la transformación está en cambiar nuestras actitudes nosotros mismos, y el problema es que la cobardía es parte de no querer cambiarlas porque es muy fácil estar con todos y decir “si, eso es así, para qué voy a discutir, para qué voy a pelear, mejor que todo siga así, para qué voy a pelear con los demás”.

Atilio Borón: no puedo responder todo, voy hacer un telegrama. Primera, sobre qué puede pasar con los EEUU si sigue aumentando su deuda. Yo digo primero que la deuda externa de los países del mundo es una insignificancia, es un falso problema, uno de los tantos problemas falaces que han circulado gracias a que la prensa internacional, los medios de comunicación de masas, son una estructura fuertemente monopólica, dominada por los intereses que controlan la economía mundial. El 90% de la deuda externa del planeta está concentrado en Estados Unidos, Europa y Japón, si ellos no pagan, están en problemas, si nosotros no pagamos no cuenta, si Argentina no paga, Chile o Brasil, no cuenta, no pasa nada. Como lo dijo un economista muy contrario al Estado, el amperímetro de la economía mundial ni se mueve si de repente Argentina o Brasil no pagan. Claro, algunos bancos van a sufrir, obvio, en el capitalismo hay un sistema en donde las sumas son siempre entre cero, o sea, lo que gana uno lo pierde el otro, pero el sistema en su conjunto no se modifica.

Ahora, ¿qué puede hacer Estados Unidos con esa deuda? Bueno, puede hacer cosas muy malvadas, puede devaluar masivamente el dólar, con lo cual los pobres tenedores de dólares van a estar peor todavía que los tenedores de los bonos de la deuda externa argentina. Como ese chiste ya lo hizo Estados Unidos en la época de Nixon. Cuando uno hace un chiste y le va bien, después lo repite, puede hacer ese chiste de vuelta o puede hacer otra cosa como no devaluar el dólar, pero ponerle una pistola en la cabeza a los chinos y decirles ahora ustedes devalúen porque son la competencia que los Estados Unidos ve venir y aquella a la cual quieren bajar lo antes posible. O pueden hacer ninguna de estas dos cosas, dejar que la deuda siga creciendo, entonces el sistema financiero internacional llega a un punto donde colapsa, como se produjo en la década del treinta. Y en ese punto se reorganiza el sistema internacional, y ahí es la gran discusión de que si los países de Latinoamérica, del tercer mundo, van a tener una opinión en ese proceso, si la tenemos nos puede ir mejor, si no la tenemos lo que va a producirse con esa reorganización es que Estados Unidos nos va a hacer pagar a todos nosotros el costo de su crisis, cosa que viene haciendo hace mucho tiempo.

¿Cómo se resolverá esto? Bueno, no tenemos ninguna fórmula, esto va a depender de la capacidad de la organización de los pueblos, de sus tendencias hacia la unidad, de la clarividencia con la cual enfoquen sus problemas, etc., etc.

Segunda pregunta, brevísima también, no me puedo detener. ¿Qué pasa con el gobierno argentino? ¿Qué opino sobre el ejercicio Águila III? Bueno, me parece pésimo, creo que el gobierno argentino no debería de ninguna manera autorizar eso, y estoy totalmente en contra de eso, me parece que es parte de una operación que va mucho más allá de la Argentina, porque en la operación Águila III intervienen misiones militares de varios países de América Latina, no sólo de Argentina y de Brasil, de Chile, de Uruguay, de Bolivia, es una especie de preentrenamiento que los norteamericanos están haciendo con vistas a esta nueva fase que se ha desarrollado del sistema internacional en donde la militarización de la política y la criminalización de la protesta social es muy importante, y uno de los elementos cruciales es convertir a los ejércitos de América Latina en guardias imperiales, es decir, desempeñando funciones de policías para mantener el orden interno y reprimir a los revoltosos.

Ahora, claro, para estar en contra de esto, se requiere un gobierno que tenga un proyecto de izquierda muy claro y lamentablemente en el escenario latinoamericano –sacando a Cuba- no veo ningún otro y ese es el problema.

La otra pregunta y ahora termino. ¿Es cierto que la Unidad Popular estaba determinada por Estados Unidos y la Unión Soviética? No, de ninguna manera. De ninguna manera, ahí lo que se jugaron fueron una serie de factores, pero fundamentalmente la extraordinaria fortaleza de la reacción que se arma ante el programa de Salvador Allende en la Unidad Popular, que hizo confluir en un campo reaccionario a los sectores dominantes de la sociedad chilena, la burguesía agraria, la vieja burguesía terrateniente, los sectores industriales, las capas medias que sufrieron un proceso de facistización en gran medida alentado por El Mercurio y por la Democracia Cristiana y por el señor Zaldívar, el actual Senador que me sorprende que todavía circule por este país cuando merecía estar preso por ser uno de los autores intelectuales del Golpe de Estado.

Entonces, nada de eso estaba predeterminado y yo recupero lo que señalaba Marcos de dejarnos de pensar que el experimento de la Unidad Popular fracasó, eso es otro de los cuentos que nos han vendido, el experimento fue derrotado, no es que fracasó. Y fue derrotado porque tenía perspectivas de señalar un camino que era absolutamente inadmisible para Estados Unidos, que un presidente marxista –no nos olvidemos de ese detalle, en esa época uno podía decir que era marxista y ser elegido presidente, hoy uno dice eso y gracias a Dios que no lo meten preso-, gana las elecciones con una amplia coalición que incluía a sectores de independientes de izquierda, cristianos, el Partido Comunista, los Radicales y eso estaba funcionando bien y porque estaba funcionando bien se produce el Golpe, si hubiera sido un desastre lo hubieran dejado caer sólo.

Entonces, me parece importante plantear esta discusión teniendo en cuenta lo que decía Pomar sobre Brasil ¿Qué es lo que puedo ser mejor para Brasil? De repente que no haya amenazas de golpe para Brasil, no quiere decir que las cosas estén yendo bien a Brasil, es decir, no hay amenaza de golpe porque a lo mejor está yendo mal para el pueblo brasileño. Hay que replantear de vuelta todo lo que es el éxito y el fracaso, pero para mi, como punto de partida, es muy claro que como a la Unidad Popular le estaba yendo bien a pesar de la campaña de sabotaje orquestada por los Estados Unidos, recuerden ustedes que en las elecciones municipales de marzo del 73 el gobierno de la Unidad Popular sacó más votos que aquellos que había conseguido con Allende como presidente, por eso vino el golpe, o sino, no hubiera venido.

Entonces no había nada predeterminado, fue producto de esa fabulosa reacción que –como dice Pomar- en el 54 ante un gesto tímido de reforma se produce una violenta ofensiva de la derecha brasileña, en el 64 lo mismo con el golpe y hoy lo estamos viendo con Argentina. Ante un muy tímido y moderado reformismo que intenta hacer Kirshner ya se habla “Los marxista toman el poder en Argentina” y hay una campaña feroz que vuelve, pero esto revela que en América Latina, cualquier tímida reforma precipita una sangrienta revolución, y esta es una Ley de la historia latinoamericana, ustedes ensayan una pequeña reforma y lo que se viene no es una corrección, un cambio de rumbo, viene una contrarevolución, viene un baño de sangre, entonces, es claro que aquí no había nada predeterminado, que la historia está abierta.

Y lo último de los Zapatistas, ¿qué significan hoy? Para mí el Zapatismo significó algo sumamente importante en su irrupción en 1994. Es el primer movimiento que globaliza seriamente la resistencia al neoliberalismo, es por eso que merecen nuestros más profundos respetos y nuestros más profundos agradecimientos.

Si la estrategia que después siguieron es la adecuada, yo creo personalmente que a partir de la marcha a la Ciudad de México se produce un error muy serio de los Zapatistas que los relega nuevamente a la Montaña del Sureste Mexicano, pero sigo sosteniendo que ha hecho una contribución decisiva y que abre toda una interrogante sobre los movimientos, sobre lo que pueden hacer una vez que llegan a un cierto punto, en donde tienen que saltar a una forma organizacional nueva que realmente “nuclee” y que haga posible realmente todo el campo popular, o tal vez persistir con una estrategia que me parece a mi que siguió el Zapatismo, y que de alguna manera llegó nuevamente a arrinconarlos al Sureste. Muchas gracias.

Lautaro Carmona: Bueno, seré lo más directo. La pregunta fue la siguiente: “en la actual coyuntura sociopolítica histórica latinoamericana los pueblos reclaman profundos cambios, y en ciertos casos, la reivindicación del socialismo o gobierno popular. ¿Qué pasa con las organizaciones revolucionarias o de izquierda que no son capaces de llevar dichos movimientos populares? ¿Qué síntesis se hace del fenómeno político militar revolucionario, si está vigente o no?”

Una primera apreciación. Yo creo que una cosa que contribuye al proceso de construcción es intentar acercarse al máximo, con el rigor de lo que es la verdad de lo que está transcurriendo. Me parece que los pueblos lamentablemente no reclaman cambios profundos. Creo que el desafío que tienen las conducciones, los colectivos que se plantean los cambios radicales en la perspectiva revolucionaria, es apropiarse al máximo de la realidad en la cual les corresponde desenvolverse, buscar el máximo de vinculación con lo que es el movimiento de masas.

Valter Pomar: Yo tenía una pregunta sobre qué se considera un movimiento revolucionario, tomando al movimiento Zapatista que no aspira al poder Estatal, etc.?

Bueno, yo considero un movimiento revolucionario a aquel que pretende alterar el orden social y que conquiste el poder político como instrumento para alterar el orden social. No se debe confundir conquista del poder político con la conquista de un gobierno a través de procesos electorales, conquistar el poder implica un proceso de revolución política social, no se debe confundir eso con la disputa de procesos electorales como un instrumento de acumulación de fuerzas, como un instrumento de concentración política.

Otra cosa completamente diferente es el movimiento Zapatista, es difícil entender a un movimiento revolucionario que no aspira al poder, yo no lo concibo, es igual que un discurso medio postmoderno dislocado.

Otra cuestión es que si fortalece a los movimientos que yo sustento basificarlos en determinados lugares. La mayoría del Partido de los Trabajadores es la misma mayoría que comanda a la Central Única de Trabajadores.

Segunda y última pregunta. ¿Es posible un movimiento social de la clase trabajadora brasilera sin lanzar una disputa política social, sin alterar las posiciones del gobierno que hoy son mayoritarias? Yo creo que si hay experiencias que dicen que sí. Cuando entró en crisis el sistema socialista, un segmento importante de los partidos se orientó hacia la derecha y eso coincidió en un tiempo con el mismo proceso de radicalización de los movimientos sociales por la disputa política de un país, fue entre 1991 y 1993, y el resultado de eso fue que la mayoría del PT fue alterada y se constituyó en un tiempo de dos años como la mayoría de izquierda del partido, entonces es importante que todos lo tengan claro, el PT es el partido de la clase trabajadora brasilera y sinceramente esperamos que continué siéndolo. Por eso en esta disputa dentro del PT hay que definir un punto de vista con la mayoría de la clase trabajadora, no andamos disputando a los gobiernos, disputamos los puntos de la clase trabajadora y que confíen en un gobierno PT. Por eso es que la inmensa mayoría de la izquierda brasilera continúa apostando en ese camino de la disputa de la propia clase trabajadora.

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