Mesa: “Los cristianos y el socialismo”

EXPOSITORES: FERNANDO ASTUDILLO, IZQUIERDA CRISTIANA, CHILE

JOEL SUAREZ, CMLK DE CUBA

PASTORAL DE LA TIERRA, BRASIL

Coordinadora: Esther Pérez. Centro Martín Luther King de Cuba

Joel Suárez:

A la generación anterior a la mía, a mis padres y un grupo de cubanos, cristianos, creyentes en Jesucristo, como decía Esther, desde esa identidad hicimos una opción, consciente y profética por la construcción del socialismo. Así rezaba en los estatutos de una de las tantas organizaciones ecuménicas que por aquellos años ’70 participábamos, siendo aun adolescentes y que, en primera instancia, significó el compromiso con el proyecto de la revolución cubana, un proyecto socialista, un proyecto desde la concepción filosófica, política e ideológica del marxismo leninismo y como ubicar esto en la conmemoración de los días del gobierno de la Unidad Popular para que este peregrinaje tuviera una singular valor.

Ustedes conocen, por los mismos impactos del triunfo revolucionario cubano que determinados elementos de coyuntura en Europa inciden en cambios a nivel de la Iglesia Católica Universal. El Vaticano Segundo, por allá en los años ’60. Eso empieza a animar todo un proceso, en un continente mayoritariamente cristianos, de hombres y mujeres de fe que empiezan a involucrarse en las luchas por la transformación de la sociedad.

Muy tempranamente tuvimos el testimonio de Camilo Torres, en Colombia, sacerdote, que lanzó aquella consigna tan conocida en aquellos tiempos de que el deber de todo cristiano es ser revolucionario y el deber de todo revolucionario es hacer la revolución.

En el año ’68 tiene lugar la Conferencia Episcopal Latinoamericana de Medellín, donde queda acuñado el discurso oficial de esos años en la Iglesia y de la teología que nacía en sus alrededores, la llamada opción por los pobres o la opción preferencial por los pobres.

Sin embargo, esto que les relato que está ocurriendo en el continente y que algunos por sus canas o años pueden haber vivido o conocido, a nosotros en Cuba no nos llega por el inevitable aislamiento que estaba sufriendo Cuba y por el alineamiento de los gobiernos en América Latina y luego las dictaduras con la política de los EE.UU. y el bloqueo. Y es a partir del canal de comunicación que se abre con Chile, a partir del triunfo de Allende, que nosotros tomamos contacto por primera vez, en una manera articulada, con otras personas que estaban vivenciando la misma experiencia que nosotros aquí en Chile.

Hay cristianos, fundamentalmente del campo católico, pero también la presencia de sectores evangélicos aquí en Chile que se movilizan para el Proyecto de la Unidad Popular y también en una experiencia de organización política, en Chile la Izquierda Cristiana por ejemplo.

Se da un movimiento animado a partir de la experiencia chilena que es el grupo de los 80. Se constituyó en Chile el secretariado nacional de Cristianos por el Socialismo, que tuvieron en marzo del año ’72, un encuentro nacional en Padre Hurtado que sirvió de encuentro nacional preparatorio para lo que después, entre el 23 y 30 de abril del año 1972, fue el primer encuentro latinoamericano de cristianos por el socialismo que contó con la presencia de 430 delegados, representantes de más de 26 países y presencia, también, de EE.UU. y de Europa. Ese evento se celebró, simultáneamente, en los mismos días en que se estaba celebrando, la ya mencionada, 3° Conferencia de la Unctad, para la cual se construyó este edificio.

Esta fue la primera experiencia que tuvimos de contacto y por ahí articulamos relaciones futuras con expresiones, grupos de cristianos que teníamos un compromiso de una lucha con este grupo de cristianos por el socialismo.

Al mismo tiempo de Chile, nosotros recibimos en el continente una contribución fundamental que nace del inédito, en aquellos años, encuentro que sostuvo el Comandante Jefe Fidel Castro en noviembre de 1971 durante su visita a Chile, con este grupo de los 80. Era la primera vez que un líder marxista en el poder se encuentra públicamente con una serie de gente que se dicen cristianos y más, se dicen socialistas y optan por el socialismo.

Yo traté de encontrar, en la locura de venir para acá, todas las cosas organizativas no encontré el texto de la reunión pero recuerdo que Fidel se asombró, por supuesto, sobre todo por la experiencia personal vivida por él en la relación personal e institucional, tan conflictiva con la Iglesia Católica Cubana, él se asombró tanto que dijo o yo me estoy poniendo ya demasiado viejo o ustedes están demasiado mandados a correr, decimos en Cuba, porque aquello lo encontraba demasiado inédito.

Y en esa osadía heterodoxa que acostumbra Fidel, acuñó la famosa frase de la Alianza estratégica entre cristianos y marxistas que en aquellos años se estaba dando un debate muy fuerte ante el hecho de que muchas de las organizaciones políticas de izquierda empezaban a recibir la demanda o el hecho de la participación de los cristianos y muchas de estas organizaciones políticas de izquierda que habían bebido de cierto marxismo de factura soviético cargado de dogmatismo y que tenían el ateismo científico en sus pilares fundamentales generaban tensiones y exclusiones incluida la propia isla de Cuba que no es hasta el año 1991 que el partido retira el ateismo como condición de militancia.

Por supuesto que eso tuvo un impacto muy grande en la experiencia nuestra, por lo que acabo de mencionar. Nosotros en Cuba empeñados, recibiendo los palos de la Iglesia institucional, sobre todo estoy hablando de mi experiencia de evangélico, de las iglesias evangélicas, éramos tildados de todo hasta de comunistas y al mismo tiempo sufríamos la sospecha, la mirada de muchos compañeros que no entendían quiénes eran estos cristianos que estaban por la revolución, que se iban en un trabajo productivo a cortar caña de azúcar, también, etc.

Otros usábamos en nuestras liturgias en la iglesia la canción Plegaria de un Labrador de Víctor Jara, eso era bastante complicado entenderlo y en ese camino este encuentro de Fidel con estos cristianos por el socialismo aquí en Chile y el evento mismo tuvo una importancia significativa.

Al mismo tiempo y tratando de hacer un balance de este evento en la euforia que se vivía en aquellos años, para las 10 personas que participaron de Cuba en el mismo que, por supuesto, teníamos un rol protagónico en el liderazgo del movimiento ecuménico cubano nos puso en un complot de vanguardismo. O sea, si en América Latina se estaban produciendo procesos revolucionarios y Chile estaba teniendo un lugar inédito en la vía armada y en esos procesos estaban involucrados los cristianos latinoamericanos y si Cuba era el faro de la revolución de América Latina, entonces, los cristianos cubanos teníamos que ser el faro de los cristianos latinoamericanos y eso nos llevó, a muchos, a excesos antipedagógicos en nuestra pedagogía educativa en el proceso de concientización al interior de nuestras iglesias y, en muchos casos a tirar al niño con la bañadera. Es decir, en muchos casos, la iglesia por sus actitudes frente a la revolución y en muchos casos por sus actitudes de alianza con los poderes dominantes en el hemisferio, se condenaba a todo el bloque. Muchos abandonaron la iglesia y dejaron un campo tan importante en manos de sectores conservadores de derecha y se involucraron en las tareas revolucionarias, era la urgencia realmente pero al mismo tiempo la revolución necesitaba de nosotros dentro de un campo que solo a los que nos habíamos criado y formado dentro de él y, esperamos con la disciplina pertinente, la teología, la escritura de la Biblia, etc., etc., nos eran posibles incidir para tratar de generar posturas distintas de la iglesia con relación a la revolución.

Al mismo tiempo, la teología de la liberación como muchas zonas del pensamiento latinoamericano no miró y, por suerte en las ultimas décadas a partir de finales de los ‘80s, esas otras identidades que están presentes hoy en la realidad latinoamericana y que forman parte de luchas. O sea, la teología en los campesinos, la relación con el mundo indígena, la teología indígena, la teología negra y popular, la llamada teología afrolatina, que son, también, sectores vinculados que se mueven dentro de la experiencia de la iglesia latinoamericana y que en un discurso, a veces excesivamente clasista o mirando únicamente la tensión de clases, obvió esos otros dolores, esos otros sufrimientos. Pero en todo caso, en aquella dicotomía en lo que era estratégico e importante y lo que era secundario en el campo religioso latinoamericano y en el campo religioso cubano, se me acabó el tiempo, está atravesando las mismas complejidades que tiene el campo popular y el campo de las luchas en América Latina. Y, por suerte, muchas de estas tensiones entre revolucionarios por nuestras relativas y diversas identidades van quedando atrás. Y que las demandas de los hermanos de Brasil de la lucha de la Tierra, la demanda de algunos hermanos y hermanas del movimiento de gays, lesbianas y travestis, son parte de nuestras luchas y yo creo que, con emoción no tienen ningún acto de politiquería barata.

Con emoción escuché a Gladys Marín, secretaria del Partido Comunista Chileno, hablar de esta realidad, de la necesidad de englobar en la lucha por la transformación del mundo en la lucha anticapitalista y para los que seguimos creyendo en el socialismo como horizonte y proyecto, tener presente también con igualdad y valor estratégico de las mujeres, de los negros, de los indígenas, de los que luchan por los derechos de vivir su sexualidad como les de la gana.

Lamentablemente, el tiempo es corto pero si en la hora de reconocer y celebrar en la memoria, sobre todo para nosotros los cristianos que tenemos la convicción en la resurrección de los muertos, nosotros estamos celebrando la vida de Salvador Allende en estos 30 años. Allende es de los hombres que nunca mueren y, al mismo tiempo, celebrar también esa contribución que nos vino de ustedes y que nos ayudo a nosotros en Cuba a poder vivir nuestra fe como cristiano y al mismo tiempo no a pesar de ella sino a causa de ella vivir, también, la experiencia de luchar por el proyecto de la revolución cubana.

Fernando Astudillo:

Yo quisiera iniciar recordándoles que cuando me presenté, si bien no estaban todos, les dije que yo era hijo de Alberto y Mercedes. Y dije eso por una razón muy importante y fundamental. Cuando fueron las elecciones del año ’70, me acuerdo que mi mamá Mercedes votó por Alessandri y mi papá Alberto votó por Tomic. A poco andar el proceso de la Unidad Popular ellos se hicieron allendistas y cuando todo el proceso estaba en el caos, en las colas, en el desabastecimiento, en el enfrentamiento en las calles, la manipulación de los medios de comunicación, etc., ellos formaron a sus siete hijos en dos elementos que ya venían con una historia, los valores cristianos y las concepciones socialistas.

Mis padres nunca fueron marxistas, jamás fueron marxistas. Sin embargo, ellos formaron un grupo grande, una familia numerosa que tiene claramente un compromiso revolucionario, un compromiso con el cambio.

Por qué cuento esto. Porque yo creo en las minorías abrahámicas. Creo que la construcción de los grandes procesos de cambios los hacen individuos que a veces son anónimos como Alberto y Mercedes.

Entonces, el abordaje que quiero dar a este tema pasa por hacer dos preguntas que me parece que son fundamentales. Preguntas que hago desde mi perspectiva de cristiano, laico, católico y dirigente de un partido que es la Izquierda Cristiana de Chile. Esas dos preguntas fundamentales son el rol político de los cristianos, ¿existe?. Si existe, ¿cuál es?. Y si existiendo, ¿cuál es la dimensión política que tiene la fe?. Primera cuestión.

Segunda cuestión, de qué socialismo estamos hablando. Estamos hablando de un socialismo romántico, de algo que ya pasó o estamos hablando de un nuevo proyecto que da cuenta de otros elementos, de un nuevo proceso revolucionario que hay que construir. ¿Cuál es el socialismo de hoy?. Hacia qué socialismo nos caminamos. Esas dos preguntas me parecen fundamentales como para avanzar, o determinar, o intentar determinar, cuál es específicamente el rol político que los cristianos podemos jugar dentro de un nuevo proceso revolucionario.

Creo que todos los que estamos acá podemos hacer varias constataciones. Una primera constatación es que la Iglesia, especialmente la Iglesia Católica, ha tenido un fuerte proceso de involución cuyo principal exponente es Juan Pablo II. Que dentro de su desgraciado reinado ha implicado procesos de involución que han llevado a dejar casi en la destrucción la teología de la liberación. Uno pudiera, desde la perspectiva en que nosotros queremos que sean las cosas, pensar que sigue viva pero en la practica la teología de la liberación ha sufrido una derrota importante dentro de los marcos de influencia que en algún momento tuvo en el proceso de los últimos 20 o 30 años.

Lo segundo, tiene que ver con que, efectivamente, la fe tiene una dimensión política y la dimensión política de la fe pasa no por concepciones filosóficas sino que pasa por una palabra sencilla y simple que se llama amor. Esa es la concepción política fundamental que tiene para los cristianos, la intromisión, la metida dentro del proceso revolucionario el amor. Simplemente el amor. Palabra que a veces la gente que participa en política teme poner en el tapete como si fuera algo propio del romanticismo y no tuviera que ver con todos los otros elementos que forman parte del amor, la fraternidad, la justicia, la búsqueda de la dignidad y tantas otras cosas que tienen su fundamento único y exclusivamente en el amor.

Entonces, esto trae aparejado, para aquellos que estamos o queremos construir un nuevo proceso de revolución, formas que expresen en plenitud esa dimensión política que yo he llamado amor. Porque, claramente, no cualquier forma expresa amorosamente lo que nosotros queremos construir como un sueño. No de cualquier manera nosotros podemos hacer práctica esos sueños. Estamos determinados de alguna manera por esa utopía que queremos construir y es necesario que haya una correlación directa, perfecta entre la forma y los fines de lo que nosotros buscamos. Esa es una segunda tarea para aquellos cristianos que queremos participar de un proceso de construcción del socialismo, de la revolución.

Yo quisiera hacer alusión a algunos conceptos de cuál es el socialismo en el que creemos. Creemos en el socialismo que explica que los medios de producción están en manos del Estado. Esa es la concepción del socialismo que queremos construir. Hoy día de alguna manera tenemos que entender que el socialismo se acerca mas a ciertas formas igualitarias y justas de convivencia humana, que tiene que ver con una multiplicidad de otros temas, que tiene que ver con temas que pasan por la espiritualidad de las personas, que pasan por la cultura, que pasan por formas de interrelacionarse con los seres humanos y que no necesariamente tienen que ver con quién es el dueño de los medios de producción, porque tiene que ver con una integridad, tienen que ver con algo mas grande.

El partido al que yo pertenezco, la Izquierda Cristiana lo elegí por dos cosas. La primera fue que era un partido que se identificaba con un proceso revolucionario, era un partido no marxista y era un partido que entendía que en el marxismo hay elementos fundamentales que contribuyen a comprender los procesos de transformación de la sociedad pero todavía se quedaba dentro de una mirada unilateral materialista, que no daba cuenta de esto otro. Por lo tanto, qué significa ser socialista hoy día, cuál es el proyecto al cual encaminamos. Yo diría que hay algunas cuestiones, algunos consensos que son básicos. Somos socialistas aquellos que negamos el capitalismo. Primer concepto. Somos socialistas aquellos que negamos el capitalismo, no solo por la forma en cómo se establecen los medios de producción sino que, negamos el capitalismo por todas las características socio políticas, económicas y culturales que el capitalismo implica. Somos socialistas aquellos que somos capaces hoy día, en nuestra convivencia cotidiana, en nuestra convivencia con nuestros adversarios políticos, con nuestros enemigos políticos, en nuestra convivencia con nosotros, entre nosotros, con nuestras familias, con nuestras mujeres con nuestros niños, somos capaces de anticipar una experiencia distinta a la experiencia que nos ofrece el modelo capitalista.

Cuantos de nosotros vivimos permanentemente en la incoherencia. Tenemos un discurso que no es carne en nuestra cotidianidad, en nuestro día a día, en nuestra relación con nuestros hijos, en nuestra relación con nuestros compañeros de universidad o con lo que sea.

Bueno, somos socialistas si somos capaces de hacer ese esfuerzo cotidiano por traspasar al hoy ese proyecto futuro que estamos imaginando y que, todavía, a lo mejor de una perspectiva teórica no hemos sido capaces de armar.

Cómo hacemos socialismo. En esto hay recetas de antiguos que todavía nos sirve y que creo que Luis Emilio Recabarren nos puede dar luces en ese sentido. Hacemos socialismo con el cooperativismo, con la autogestión, con una democracia que, efectivamente, represente el sentir y el querer del conjunto de todos aquellos que estamos imaginando una utopía y una realidad distinta.

Yo quisiera, terminar parafraseando a Leonardo Boff que decía: “es deseando lo imposible que nos abrimos paso a la concreción de lo posible”. Y quisiera, finalmente, decir que esta es la oportunidad de rendir un homenaje a un hombre que se inscribe dentro de los grandes hombre de la humanidad, que está al lado de Martín Luther King, que está al lado de Gandhi, que está al lado de tantos otros. Un hombre que no era cristiano pero que en sus prácticas y en su vivencia, con sus potencialidades y sus debilidades, que también, naturalmente, las tenía fue capaz de vivir valores cristianos. Por eso un homenaje muy sentido a Salvador Allende Gossens.

Gracias.

Comisión Pastoral De la Tierra:

Como se dijo antes, estamos aquí con una delegación de Brasil. Estamos aquí para, con millones de personas, construir esta existencia. Quiero decir que estamos aquí para homenajear a ese gran personaje que es Salvador Allende en sus 30 años de asesinado por defender una propuesta, un proyecto, una sociedad con propósitos socialistas.

Quería comenzar a decir un poco de lo que aprendí en mi cultura, con mis compañeros y compañeras de trabajo y la vida. Hablar de mi familia, mi padre, mi madre y de mis culturas de las comunidades del cristianismo de donde yo vengo.

Mi padre, que falleció hace menos de un mes, decía por lo menos tres cosas:

El cristianismo debía fijar sus pasos. Debía ser garantía para cada hombre.

La segunda idea era la del grupo familiar, un grupo de enseñanzas para las personas de la casa pero también para aquellos que odiaban a la familia.

La tercera idea era la idea de la espiritualidad que más o menos debía estar orientando a esas dos primeras ideas.

Como cristianos entendemos que el cristianismo es para nosotros de las ideas mas profunda y revolucionaria cuando realmente es asumida en su esencia. Si no asumimos la historia del cristianismo como seres sociales, como comunidades, como movimientos sociales, como campesinos, como urbanos, no se es realmente cristiano.

Ya fue dicho en la mesa de que el cristianismo revolucionario es el que también construye el socialismo. En Brasil, tenemos por lo menos, tres grandes movimientos cristianos.

Como también se dijo acá el cristianismo que como tal no defiende la vida, no defiende la cultura, a los pobres, principalmente los mas empobrecidos, no es cristianismo.

Hacemos presente tres grandes líneas. Una línea que se afina más con el poder, como templo, con estructura y no con las comunidades.

La otra línea de gran trascendencia tiene que ver con el compromiso.

Y una tercera línea es la teología de la liberación que surge a partir de los años ’60, con el Concilio del Vaticano II, con la apertura de la Iglesia que toma de su historia, las sociedades tribales, la organización del pueblo que lucha por la vivienda, por la tierra. Con la teología de la liberación las pequeñas comunidades comienzan a discutir entre sí los problemas de la familia, de los pobres, de los sin vivienda, de los sin tierra, de los sin ropa, de los sin educación.

Nosotros entendemos el cristianismo que lleva a la construcción del socialismo en esta hipótesis. Nosotros creemos en un cristianismo que luche por los elementos vitales de la naturaleza. La vida es imposible pensarla sin que cada ser humano tenga derecho al agua, al fuego. Son derechos inalienables de cada persona. Son necesidades naturales y el cristianismo tal cual lo entendemos, está en esta proporción. La vida debe estar protegida por estos derechos inalienables.

El cristianismo en la construcción de socialismo, con esa mística, ya enraizada en las comunidades más empobrecidas, en las culturas. Y nada mejor entonces que en los movimientos sociales de las ciudades o del campo a partir de ese entendimiento de la cultura, poder colocar nuestra fuerza y nuestro profetismo al servicio y defensa de la vida. Saber en qué espacio realmente estamos para que la vida sea garantizada en su plenitud.

Entonces, para nosotros ese momento de la transformación de los últimos tiempos es importante , cuando se forma la Iglesia Católica, las Iglesias protestantes y después otras iglesias con una apertura y una lectura de la historia a partir de los pobres. Es preciso que la gente haga esta lectura de la historia a partir de aquello que la historia oficial no cuenta.

¿Como la gente entiende esto?. En Brasil hay varios movimientos sociales por el agua, mujeres, de iglesia, más urbanos por una casa, etc. Los movimientos de iglesia son movimientos proféticos que nos ayudan a reflexionar, a formar cuadros para liderar la construcción de un proyecto de socialismo.

Conocemos poco la historia de Salvador Allende, pero estamos aprendiendo, de esta imagen que vemos aquí, de los países donde también se ha hecho el socialismo como Cuba, donde podemos aprender de que existen los movimientos proféticos y un cristianismo enraizado y no alienado que realmente ayude a las comunidades sociales, a los grupos para construir un proyecto donde los empobrecidos sean colocados en la historia. Ellos nos serán colocados por el capitalismo. Los movimientos sociales tanto campesinos como urbanos no serán integrados en la medida que no asumamos esta discusión, esta reflexión y construcción colectiva. Es necesario que hablemos en nuestros países sobre la construcción de los grupos sociales tanto campesinos como urbanos, en América Latina y por qué no del mundo, para que la gente pueda realmente construir este proyecto social.

En Brasil, por ejemplo, elegimos a Lula, una lucha de mucho tiempo, más tenemos conciencia de que la lucha no acabó aquí. Sabemos que el capitalismo es muy fuerte, que el modelo neoliberal mata y acaba con las culturas y por eso estamos aquí para aprender de Salvador Allende.

Gracias.

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