Con Allende en las poblas

Claudia Korol

El Seminario convocado por la revista América Libre, el ICAL de Chile, el CEPIS de Brasil y el Centro Martín Luther King de Cuba, combinó los debates en el edificio Diego Portales, con las actividades en las poblaciones.

La Legua, La Victoria, Cerro Navia, y otras poblaciones, recibieron a los delegados latinoamericanos, en medio de relatos de su historia combatiente, de música popular que nace en esos territorios de rebeldía, con comiditas amasadas por las manos de mujeres que saben el duro oficio de la resistencia.

Murales en las paredes, pintados por algunos compas que habían sido integrantes de la Brigada Ramona Parra, o sus continuadores. Imágenes de Allende, de Víctor Jara, de Pablo Neruda. Y en el mismo friso, la utopía en el barro. Los niños con hambre. El neoliberalismo mostrando la cara que no gusta de exhibir. Escenas de la pelea cotidiana del pueblo mapuche. El pueblo originario y su tierra, contra los señores del dinero.

En los encuentros que se multiplican, el internacionalismo florece en abrazos y poemas. Hay algo de nostalgia en los viajeros, y avidez de beberse de un trago los 30 años del Chile que se le arrebataron al continente. Hay quienes persiguen los rastros de los amigos caídos, para reencontrarlos en la mirada de algún hijo en huelga de hambre, de algún “cabro chico” que baila una cueca, en los jóvenes de la pobla haciendo rock rebelde.

Están también entre los visitantes, aquellos muchachos que nacieron mucho después de la fecha de aquella herida. Y que intentan imaginar qué fue, cómo se resistió, pero sobre todo qué será con tanta experiencia arrugada en los pliegues de la historia.

La cultura popular que intentaron extinguir con la barbarie, hace fuerza para rehacerse por el día, en el atardecer de las poblaciones que llegaron a amenazar el poder pinochetista con protestas cada vez más masivas y audaces.

Ahora las poblas están replegadas. Los militantes que continúan la batalla saben quiénes son los que se cansaron, quiénes los que esperan un nuevo momento, quiénes los que no aprendieron todavía los códigos de la resistencia, quiénes siguen intermitentemente, quiénes están siempre, como hoy.

Pero a la noche del 11 de septiembre, el fuego vuelve a encender corazones. La rebelión que no se asoma al centro de Santiago, está guardada en los territorios lejanos del centro de la institucionalidad oficialista.

La noche del 11, las poblas gritan contra la desmemoria. Y lo hacen lejos también de Santiago. En Arica. En la V° Región. En las poblaciones mapuche. Allí vuelve Lautaro, Caupolicán.

Allende se ríe junto al Che, porque lograron cruzar el cerco del siglo 20 y se aparecieron así juntitos en el siglo 21. Con ellos Miguel. Con ellos Víctor. Y tantos y tantas que vinieron marchando y que ahora se vuelven dueños de las poblaciones.

El discurso del ministro del interior que asegura el éxito de las fuerzas de seguridad, parece disolverse en una marea de humo y fuego.

Alguien sigue impune. Alguien sigue encendiendo el fuego contra la impunidad.

[1] Poblas: poblaciones

Enviar noticia