Movimiento
GLBTTTI y movimientos revolucionarios en América Latina |
Jennifer Durán V.
Quisiera empezar esta ponencia recordándoles la controversia que hubo hace
algunos años con respecto a un cuadro de Simón Bolívar que lo presentaba con
la chaqueta entreabierta donde se podía ver asomar un par de voluminosos y femeninos
pechos. En esa ocasión recuerdo, se señalo que era un insulto presentar a Bolívar
feminizado, travestido, transexuado, como si estas características fueran excluyentes
de las capacidades para el liderazgo, para la iniciativa y lucha revolucionaria.
Este hecho me hace preguntarme ¿qué es realmente un movimiento revolucionario?,
¿Qué hace a un movimiento revolucionario? : ¿Es que utilicen las armas? ¿Qué
trabajen para "la creación de un mundo mejor" según su propia y personal visión?
¿O es más bien el movimiento aquel que se atreve a cuestionar lo establecido
mediante la tradición o cualquier otra institución o medio destinado a mantener
la superioridad de unos pocos mediante la opresión y la exclusión de cualquier
tipo hacia todo el resto de la población?. Así, podemos denotar la existencia
de unos pocos opresores y muchos oprimidos alienados de modo tal que, en algunos
casos, como son las personas GLBTTTI, ni siquiera son capaces de notar su estado
de opresión o lo antinatural de éste, llegando a percibir incluso su exclusión
y las razones para ella como acertadas.
En este sentido revolucionario será, cuando nos atrevamos a mirar más allá de
los limites que nos han enseñado y cuestionar lo cierto de esos discursos, cuando
consideremos que el libre uso de nuestro cuerpo (siempre que no represente daños
para quienes se hallan involucrados) también es un derecho, incluso el más primordial
de todos. Que somos capaces de construir por nosotras mismas que entenderemos
y que deseamos como familia, así como concebimos que entendemos, que deseamos
y por lo que luchamos al hablar de un futuro en una sociedad más justa y con
real igualdad de oportunidades; futuro que empezamos a construir exactamente
hoy al develar que todas las discriminaciones, que todas las exclusiones tienen
un mismo origen: que es la imposición de un modelo que beneficia a unos pocos,
en base a la opresión y al abuso de poder de unos sobre otros.
En este caso, siendo el reivindicar la condición de oprimidas y oprimidos parte
del ser revolucionarias, ¿no es acaso el movimiento GLBTTTI un movimiento revolucionario,
al cuestionar las bases mismas de conceptos tan tradicionalmente defendidos,
como el qué entenderemos por familia, por pareja, por ser mujer, por ser hombre;
y los comportamientos sociales ligados a estas dos últimas definiciones?. Al
alejar a la familia y la pareja de su estereotípico rol histórico de ente reproductor
de nuevos individuos y la socialización (enseñanza de las normas del sistema
cultural mayoritario) ¿qué ocurre cuando a una niña o a un niño se le enseña
que en el mundo existen personas con modos de concebir y construir su vida diaria
de forma parcial o totalmente diferente a la que le rodea, y que esto no significa
que valgan menos o que sean de algún modo peligrosas como para que fuese prudente
alejarse de ellas?.
¿Qué tan debilitado se vería este sistema patriarcal, heterosexista, conservador
y jerarquizante, si dejamos de considerar a nuestros semejantes como enemigos,
si dejamos de escondernos tras cortinas, vidrios polarizados y rejas, y decidimos
organizarnos, creando, conociéndonos y cooperando en nuestras igualdades y diferencias,
atreviéndonos a trabajar unidas para hallar soluciones?
El movimiento gay lésbico bisexual transexual transgénero no ha estado ausente
en los distintos procesos revolucionarios latinoamericanos, si bien su participación
a sido invisibilizada mediante dos modos: la ausencia del discurso gay-lésbico-transexual
de estas luchas y el discurso publico que niega la participación de personas
GLBTTTI en estos procesos por considerar que su participación publica en estos
seria una vergüenza y un deshonor para las acciones revolucionarias que se están
tomando.
A mi parecer, estas homofóbicas reacciones tienen su raíz en dos componentes
o reflejos: primero la no visibilización de las actrices y actores de las revoluciones
como sujetos homo-bisexuales y, segundo, el no reconocimiento del homoerotismo
y la homosexualidad como hecho revolucionario.
Si decidiéramos buscar en los registros formales, incluso los de partidos o
sectores de izquierda seria casi imposible hallar mencionado a personas u organizaciones
GLBTI. Incluso en los registros actuales de las organizaciones y personas cercanas
al movimiento GLBT son pocos los nombres recordados y, a mi criterio, mucho
menores al número de participación real.
Esto se debe a que el cuerpo, siempre atado a cánones morales opresores de vestuario,
comportamientos, exhibición- ocultamiento, es considerado como un asunto privado,
donde lo que decidamos hacer con él, incluida la orientación sexual, es visto
como un asunto que no es necesario visibilizar públicamente ni "pegarse un cartel";
pero cuando vemos leyes, instituciones variadas destinadas a normativizar el
ejercicio de la sexualidad nos damos cuenta de que no se trata de un asunto
privado, si no de discursos públicos que buscan instaurar reglas según lo conveniente
para su personal beneficio.
Como si no, es posible entender que lo moralmente permitido es promocionado
y defendido por las mismas personas que fomentan "lo no permitido", "lo inmoral"
siempre que les produzca el beneficio del lucro. O no les parece absurdo que
proliferen las discos y cafés gays, que los kioscos de calles céntricas presentan
revistas eróticas de hombres para hombres mientras en esas mismas calles, en
esas mismas esquinas los carabineros y guardias pueden molestarte e incluso
expulsarte por actitudes "de pareja" con tu pareja. Donde personas se sienten
con el derecho a golpearte o insultarte y observarte descaradamente con esa
típica expresión de entre repulsión, sorpresa y burla que varias y varios de
aquí conocemos.
Como si no se entiende que en el ultimo tiempo partidos de izquierda y centro
se vinculen a este movimiento, y que dos "personalidades del mundo GLBTTTI"
como son Rolando Jiménez y Marcelo Zamora se hayan unido públicamente a partidos
políticos que seguramente los lanzarán como candidatos para algún cargo en las
próximas elecciones, siendo que ninguno de estos dos partidos a levantado la
voz para exigir por ejemplo: que las carreras medicas cuenten con ramos referentes
a la orientación sexual desde una perspectiva desprejuiciada, que la ley de
violencia intrafamiliar considere también a las parejas del mismo sexo, que
los sistemas de educación formal entreguen una verdadera, útil y efectiva orientación
con referencia al ejercicio de la sexualidad, etc.
Y así, múltiples sectores de amarilla centro izquierda utilizan y disfrutan
de los beneficios de los métodos anticonceptivos, pero aún no consiguen pensar
en una relación sexual con un fin no procreativo, defienden el derecho al divorcio
y exigen protecciones y reconocimientos legales para las mujeres jefas de hogar,
pero siguen levantando la bandera de "la falta de imagen paterna o materna"
para rechazar el derecho a la adopción o el cuidado de hijos o hijas en parejas
homosexuales.
Incluso siguen respaldándose en explicaciones que señalan como origen de la
homosexualidad en mujeres y hombres, el faltar a los sacrosantos patrones de
comportamiento basados en el machismo imperante en este sistema; de qué otro
modo si no se puede entender que se señale que el hecho de que las madres presenten
un carácter fuerte sea una causal principal si no es para reforzar el machismo
que señala que el papel de la mujer debe ser una actitud sumisa, condenándola
como culpable de todos los males: delincuencia juvenil, drogadicción y homosexualidad
cuando se desvincula de "las labores que le corresponden" para dedicarse con
marcado interés a labores como trabajar y desarrollar sus propios y personales
intereses. ¿Qué pasa con el cada vez más creciente número de mujeres jefas de
hogar? ¿Sus hijas e hijos están marcados irremediablemente como degenerados
gracias a que la suelta de su madre se atrevió a separarse de su marido?. Debemos
ser capaces de desenmascarar los discursos que se hallan tras "la verdad única
y verdadera de los estudios científicos" que tanto se mencionan pero que en
la realidad no cuentan con datos tan básicos como el nombre de quienes los realizaron,
el lugar y la época en que fueron hechos ni con un respaldo observable en los
hechos.
Vale preguntarse entonces si realmente queremos ser incluidas para justificar
"los esfuerzos de apertura mental" de algunos sectores que más que vernos como
sujetos nos siguen tomando como material de morbo, raiting, seudo aceptación,
discriminación positiva, suma de votos, etc.
Pues en la sociedad machista y opresora en la que habitamos, las mujeres históricamente
hemos sido invisibilizadas en el ejercicio de nuestra sexualidad, y pocos colores
políticos se salvan del hecho de no haber intentado nada para impedirlo. Incluso
en el caso de la sexualidad lésbica, ésta a sido reglamentada, absorbida para
servir de estimulo erótico masculino, ya que a pesar de los grandes avances
con respecto a la igualdad de la mujer, sigue sin concebirse como sujeto independiente
del hombre para establecer sus relaciones.
Así, al estar restringidas al mundo afectivo de modo romántico y pasivo, las
lesbianas nos dejamos engañar por historias protagonizadas por princesas azules
que, como se supone deberían ser príncipes, es mejor vivirlas en la clandestinidad;
ya que al ser mujeres "no esta bien" que levantemos la voz y hagamos pública
la exigencia de nuestros derechos, puesto que es casi un delito social el poner
nuestros propios intereses y bienestar como prioritarios por sobre la visión
que puedan tener nuestra familia y entorno.
Además, a las agresiones homofóbicas de esta sociedad, las lesbianas y mujeres
bisexuales debemos sumar las ya "tristemente típicas" expresiones de "admiración"
que es como nos hacen entender lo que no es otra cosa más que acoso y violencia
sexual contra nosotras, afirmación de que somos objeto de deseo y satisfacción
para hombres, siendo catalogadas como "las viejas seriotas" si no nos agrada
que no vean como objeto disponible. Esta suma de violencias que debemos resistir
las mujeres que nos relacionamos con mujeres, nos prueba que nos es lo mismo
ser dos hombres caminando que dos mujeres caminando por las calles, pues por
las construcciones culturales con respecto al "ser femeninas" estamos doblemente
expuestas a múltiples riesgos.
No digo esto a fin de asustarlas a todas para que vayan a esconderse a sus casas
si no porque creo necesario destacar que no somos sujetas con derechos sólo
cuando estamos dentro de una disco, en los pasajes solitarios un sábado por
la noche o en las reuniones con nuestras amigas y amigos, LO SOMOS SIEMPRE,
y este sistema productor coercitivo que impone sólo un modo de vivir las múltiples
aristas de nuestra existencia, nos esta jodiendo cuando nos hace creer que somos
libres sólo porque podemos consumir: porque podemos ir a una disco o visitar
múltiples paginas lésbicas de Internet.
Además, al ser culturalmente concebidas sólo para la maternidad, a las mujeres
lesbianas no se nos considera al momento de realizar ningún tipo de campaña
para bien público, exceptuando ciertas propagandas "antidiscriminatorias" que
más bien reafirman los estereotipos de pareja lésbica donde una es ahombrada
y la otra femenina, sin poder entender que los comportamientos que tengamos
como seres individuales, entre estos los asignados culturalmente como esperados
para cada uno de los sexos, nada tienen que ver con nuestra orientación sexual.
Culturalmente las lesbianas hemos sido fuertemente invisibilizadas y menospreciadas,
pues como tales, no cumplimos con los patrones impuestos desde lo masculino;
nuestra primera prioridad o preocupación no es la maternidad o la familia, no
nos interesa emparentarnos (de manera temporal o definitiva) ni crear relaciones
de dependencia o codependencia con hombres, nos hemos desligado de los patrones
de gestos y comportamientos femeninos sin llegar a ser la caricatura de la pareja
de mujeres, la cual por lo demás, no es si no una forma de heterotizar una relación
donde ni real ni ideariamente esta presente un hombre (mito de la pareja lésbica
donde una de ellas "hace de hombre") experimentamos y vivimos día a día formas
afectivas no guiadas por la dominación ni la dependencia y formas de relacionarnos
eróticamente donde no es necesaria la presencia ni de un hombre ni de un pene
(símbolo en nuestra cultura de fuerza, virilidad, coraje y una larga lista de
valores "ambicionados") ni siquiera como objeto lúdico.
Así, el amor lésbico, la relación afectivo-sexual entre mujeres rompe esquemas:
primero al ser para si, sin una función reproductiva o de producción de seres
humanos, si no que para el mero disfrute del placer; y segundo por ser el amor
a una igual, lo cual valida y demuestra como posible una relación entre iguales,
donde los atributos de una no se hallen por debajo de los de la otra; descubre
además nuevas formas erótico-afectivas donde el poseer, el dominar pierde sentido
frente al conocer, explorar, indagar, recorrer y maravillarse.
Las mujeres que amamos a otras mujeres: lesbianas y bisexuales estamos por tanto
llamadas a cortar con los prejuicios y autoprejuicios que nos encadenan y atrevernos
a dejar de ser lo que esta sociedad espera de nosotras, desligarnos de la culpa
que nos han inculcado, que nos han enseñado que debemos sentir, dejar de autovernos
como fenómenos o tristes desviaciones y levantar orgullosas la voz para exigir
los derechos que hoy nos son negados y eliminar los castigos que se nos imponen
tanto legal como moralmente, pues la especie no se va extinguir ni bajaran los
ángeles del cielo para castigarnos por nuestra degeneración. Pues las personas
que levantan su voz para condenarnos y excluirnos se hallan a nuestra misma
altura como seres humanos y debemos demostrar con hechos que llevamos el orgullo
muy en alto pues no creemos en sus monstruos y fantasmas ocultos en el armario
o debajo de la cama.
No queremos ser reconocidas ni consideradas a costo de tener que probar que
el sentirse atraída por una mujer no es menos meritorio, no queremos tener que
"salvar el mundo", ser las mártires para ser consideradas personas, no queremos
probar que "a pesar de ser lesbianas" también podemos ser buenas, no queremos
ser tratadas por el mundo gay-masculino ni por cualquier otro movimiento social,
dando las gracias a que nos toleren porque "es lo políticamente correcto" para
una persona educada, progresista, libertaria y de mente abierta no discriminar
a los "pobrecitos homosexuales que ya han sufrido tanto".
No queremos que se nos trate como haciéndonos el favor de respetarnos, tolerarnos
y darnos un espacio sin ser capaces de ver realmente lo que esta en juego ni
el grado de libertad, de revolución que el ejercicio de una sexualidad diversa
implica.
Pero pareciese ser que, como muchos seres humanos en esta fecha, las mujeres
lésbicas tenemos mala memoria: olvidamos a nuestras torturadas, golpeadas, expulsadas
de sus trabajos, de sus hogares, de sus escuelas, de su libre derecho a pensar,
a optar y decidir sobre sus cuerpos, olvidando que también tenemos derechos
y a quienes lucharon por ellos, olvidando que no valemos menos que nadie que
pise esta tierra y terminamos agradeciendo al recibir migajas de nuestros propios
derechos y los vemos como inmensos favores (las pocas veces que obtenemos al
menos migajas de ellos) ¡LAS MIGAJAS NO SE AGRADECEN! Sencillamente porque no
es eso lo que queremos, no ansiamos migajas, pedacitos, porcentajes o partes
de derechos, queremos ser vistas, sentirnos y que nos sientan como sujetas plenas
en el ejercicio de nuestras acciones.
Como mencionaba un documental de mujeres presentado a comienzos de este año
"yo quiero que para mí también se abran las grandes alamedas" donde todas y
todos podamos construir nuestra libertad. Construir, lo que nos señala la necesidad
de esfuerzo en conjunto, de coordinación, de unión, de consensos reales para
llevar a cabo las cosas y hallar soluciones y no para "esconder la tierra debajo
de la alfombra" como "nuestros queridos políticos" entienden este término.
Sin embargo el revolucionar las cosas y los hechos requiere trabajo, trabajo
en conjunto. "Divide y vencerás" dice el refrán, y es esto precisamente lo que
los prejuicios esperan conseguir y han conseguido hasta ahora: que nos resulte
tan difícil organizarnos de modo coordinado y cooperativo, crear un movimiento
social capaz de comprender las múltiples aristas de exclusión en las que vivimos.
Pues la discriminación por orientación sexual, identidad de género, etnia, sexo,
etc. No solo afecta a las "minorías sexuales" o de cualquier otro tipo, a las
tres o cuatro personas que "en nuestras horas de ocio" nos dedicamos a pegar
carteles, criticar y proponer, NOS AFECTA A TODAS Y TODOS: a los gremios, sindicatos,
estudiantes, trabajadoras y trabajadores con o sin remuneración. Nos afecta
porque nos priva de libertad, porque nos venda los ojos y nos dice que ver y
como, que entender y porque, que hacer y que no. Porque no nos permite elegir
y decidir que hacer con nuestras propias vidas, como llevarlas, como comportarnos,
como pensar, como amar, como sentir placer, que expectativas, que planes de
vida tendremos, como vestirnos, como actuar, como sentir, que creer.
No es nuestra intención, como algunas personas para desprestigiar el movimiento
GLBTTTI publicitan, que cada cual se cuelgue carteles de "que es" o imponer
el lesbianismo, el "libertinaje sexual" ni la indefinición de los comportamientos
de género (esto ultimo digno de una discusión más amplia). Si no que desatanizar
lo que va contra la "la norma", lo que "la naturaleza" señala como destino único
y exclusivo para los seres y los cuerpos. Lo que aspiramos a construir es una
sociedad donde el ser distintas y distintos no marque diferencias de ningún
tipo en el acceso a salud, educación, seguridad social o espacios públicos.
Donde tengamos la certeza no de ser iguales ni tener que serlo, si no de ser
equivalentes o igualmente valiosas y valiosos, con todas las puertas abiertas
para sumergirnos en todos los saberes que nuestra infinita curiosidad desee.
Queremos una sociedad donde no se nos abran los espacios por mera discriminación
positiva, porque conseguimos meter la suficiente bulla o por buena voluntad
hacia las mujeres lesbianas, bisexuales, indígenas, pobres, emigrantes y un
largo etcétera si no porque no hay ninguna razón real ni supuesta para que se
nos cierren las puertas, para que alguien siquiera se cuestione el por qué deberíamos
o no deberíamos acceder a todos los espacios, a todas las esferas.
Queremos también, y es más, exigimos discursos consecuentes por parte de los
sectores progresistas; no tienen idea de lo desilusionante, política y personalmente,
que resulta descubrir que no hay nada más parecido a una persona machista y
heterosexista de derecha, que una persona machista y heterosexista de izquierda.
Ver como nuestras propias compañeras y compañeros, ya sea de partidos políticos
como de movimientos y agrupaciones sociales, los cuales no tardan en declararse
abiertamente en contra de posiciones conservadoras que nos privan de nuestras
libertades y derechos, que nos señalan una única forma de vida como correcta
y posible, sectores que han luchado y defendido la promoción de valores laicos
y el ejercicio de derechos; son las mismas que al momento de hablarles de modos
diversos de vivir la sexualidad se escandalizan y corren a refugiarse en construcciones
conservadoras de lo que es "natural en las personas".
Las mujeres lesbianas y bisexuales nada lograremos con luchas anónimas, nada
lograremos ocultas en las sombras, reclamando los derechos de seres invisibles.
La primera reivindicación, la primera exigencia de que el lesbianismo no sea
visto como una enfermedad, como una degeneración, como algo de que avergonzarse,
es que nosotras seamos capaces de dejar de avergonzarnos cada mañana frete al
espejo, que seamos capaces de defender la utopía que sustentamos: que nuestras
sociedades no se transformen en la nueva inquisición con modernas hogueras para
quienes se salgan de los cánones de lo permitido. Debemos dejar de esconder
nuestros intereses en el trabajo, la familia y los hijos. No estamos pidiendo
favores, estamos exigiendo y ejerciendo nuestros derechos.
Retomando el contexto en que se enmarca este foro, que es el doloroso recuerdo
de los 30 años del derrocamiento brutal del gobierno de Salvador Allende y la
ideología social de izquierda en que se sustentaba, por parte de las fuerzas
militares chilenas e intereses político comerciales extranjeros; considero que
debemos, como mujeres lesbianas, bisexuales, movimiento GLBTTTI y movimientos
sociales en general, no parar esta lucha... para que nunca más en Chile ninguna
persona se sienta dueña de la verdad y con el derecho de torturar, golpear,
hacer desaparecer o asesinar a otra por pensar distinto, sea en el ámbito que
sea. Para que nunca más en Chile las lesbianas seamos maltratadas, insultadas
e incluso golpeadas hasta la muerte en plena vía publica por más de un sujeto
y sin que nadie los impida como sucedió en octubre de 1984 con Mónica Briones
y como sigue sucediendo día a día en todos los rincones de este país.
No somos las víctimas que huimos, somos y debemos ser las revolucionarias que
luchamos contra las nuevas dictaduras Porque la mantención de la pobreza y el
aumento de la brecha entre ricos y pobres es una nueva dictadura, la discriminación
por edad, orientación sexual, país de origen, sexo, etc. son nuevas formas de
dictadura de un modelo que la única libertad que nos concede es la del irracional
consumo.
* Coordinadora Universitaria por la Diversidad Sexual (CUDS), Chile