Experiencias de lucha por la construccion de un poder popular. Caso Nicaragua

Mónica Baltodano

ENCUENTRO SOBRE EXPERIENCIAS DE PODER POPULAR EN AMERICA LATINA

Sao Paulo BRASIL, 26 AL 30 DE OCTUBRE

I. Breve Introducción histórica

Hablar de la experiencia popular nicaragüense es hablar de las luchas sostenidas de un pueblo, por más de 50 años, por una verdadera independencia, por una auténtica autodeterminación, y por una sociedad más democrática y justa.

En 1927, Inicia su lucha antiimperialista Augusto C. Sandino después del llamado Pacto del Espino Negro, en donde se acordó desarmar a las fuerzas nicaragüenses y entregarle las armas a los invasores. Sandino no entregó sus armas y comenzó a organizar su propio Ejército Defensor de la Soberanía Nacional.

Sandino y sus campesinos obtienen una gran victoria sobre los Marines, a los que logró derrotar a pesar de las diferencias numéricas y tecnológicas. Pero luego es traicionado y muere, de manos de Anastasio Somoza García. Con el asesinato de Sandino, el gobierno Norteamericano instala la Dictadura Somocista, que dura hasta 1979, y que se constituyó en una de las más oprobiosas de América Latina.

La Dictadura somocista se caracterizó por

1) Una total subordinación a los intereses norteamericanos. Las compañías norteamericanas controlaron el comercio internacional de nuestros productos, nuestros recursos naturales: minas, pesca, banano y más adelante sector financiero. Nicaragua fue una base militar para propósitos imperiales. Control de la región Centroamericana y base para otras operaciones. No es casualidad que de Nicaragua salieron una parte de los invasores de Bahía de Cochinos.

2) El enriquecimiento personal de la familia del dictador. Constituyó uno de los más grandes capitales de la región.

3) El establecimiento de una democracia formal, reglas de juego aparentemente democráticas. Elecciones periódicas (siempre amañadas), separación de poderes, leyes etc. Pero todo bajo el control total de la dictadura.

4) A través de pactos y prebendas, logró mantener formalmente una "oposición” prebendaría, lo que le permitía legitimarse periódicamente a través de los comicios.

5) Al amparo de su régimen floreció también una débil burguesía, sobre todo ligada al café y al algodón, y luego a la actividad comercial y financiera. Mientras Somoza les permitió el desarrollo de sus actividades estos sectores le apoyaron firmemente.

6) Ejerció una feroz represión, (el Ejercito era su guardia pretoriana) contra quienes luchaban por las libertades. Incluso contra quienes utilizaron formas pacíficas de oposición. El incremento de la lucha armada, le sirvió de pretexto para generalizar la represión.

7) Finalmente la falta de libertades públicas, y la lucha de resistencia desestabilizaron de tal manera al régimen que la burguesía preocupada empezó a buscar un cambio, pero salvaguardando sus intereses de clase. Se intentó un somocismo sin Somoza.

II. Contexto de la lucha y victoria sandinista

Caracterizamos a grandes rasgos el contexto en que se libró la lucha y los factores de la victoria sandinista

a) El apoyo incondicional de los Estados Unidos hacia la dictadura, se mantuvo hasta los días finales de la misma.

b) La Dictadura había logrado cierto desarrollo del modelo capitalista agro exportador. Nicaragua tuvo el rol de abastecedor de materias primas baratas. (Algodón, café. Banano, carne, madera y oro) y consumidor de los bienes producidos en Estados Unidos. La situación económica de Nicaragua vive una cierta mejoría con el impulso de la Alianza para el Progreso. en los años 60.

c) Prevalece en el ámbito internacional la guerra fría entre los bloques Este-Oeste. Mientras los Estados Unidos sigue respaldando la Dictadura somocista. La URSS se mantuvo distante y hasta ignorante, sobre la naturaleza de la lucha que se libraba, pues sus representantes eran los partidos comunistas tradicionales, quien hasta la victoria mantuvo una feroz critica a la lucha armada del FSLN.

d) La Revolución Popular Sandinista se produce en el momento en que comienza a manifestarse la crisis de la deuda externa. Después de la etapa de transnacionalización de las economías, en donde el capital financiero internacional de la post guerra han invertido grandes capitales en Latinoamérica a través de su política de préstamos.

e) Hay un agotamiento de los modelos dictatoriales que han respaldado los Estados Unidos. Después de la revolución cubana, se multiplican en todo Latinoamérica los movimientos de resistencia, las luchas guerrilleras. La guerra de Viet-Nam los movimientos de Mayo en París, la masacre de Tlatelolco en México, la victoria de Allende en Chile, hechos que crean un ambiente de efervescencia latinoamericana.

f) El gobierno demócrata de Estados Unidos, con la presidencia de Jimmy Carter, se ve fuertemente presionada por otros gobiernos del mundo, y organismos de derechos humanos, horrorizados por el escalamiento de la represión y el genocidio de los Somoza. El incremento de la lucha popular obliga a los Estados Unidos a plantearse el fin del apoyo a la dictadura, y la búsqueda de una salida negociada.

g) La Iglesia Católica latinoamericana, en muchos lugares asume un rol crítico de las dictaduras. Por todos lados se crean movimientos cristianos que se identifican con la lucha armada revolucionaria.

h) A partir de 1977, el FSLN impulsa una política de alianzas con sectores descontentos de la burguesía. Se adoptan novedosas formas de lucha política como el Grupo de los doce (aglutinamiento de personalidades democráticas).

III. La Lucha Popular contra la Dictadura

La historia de las luchas populares tienen su origen en la resistencia que indígenas hicieron ante la dominación española.

Sin embargo los sectores populares no desarrollaron muchas luchas independientes. Siempre fueron ocupados como carne de cañón de intereses en pugna, por sectores de la clase dominante. Derrotado el movimiento Sandinista, heróicas, pero muy limitadas, fueron las luchas sindicales, en la época de la dictadura.

La nueva y principal fuerza de organización popular fue el Frente Sandinista de Liberación Nacional, cuyo principal creador Carlos Fonseca, lo construye como una organización alternativa a los partidos tradicionales, a las paralelas históricas, de liberales y conservadores, y como una fuerza nueva que represente al pueblo buscando su propio camino.

IV. LAS BANDERAS

Las banderas se resumen en el Programa Histórico que elaboró Carlos Fonseca en 1968-69:

1) Soberanía nacional. La búsqueda de una Nicaragua independiente de los Estados Unidos, que sea libre para construir su propia historia. En tal sentido busca, la independencia económica, el fin del control de las transnacionales de nuestros recursos naturales, como el oro, el banano, los recursos pesqueros. Pero ante todo reivindica el principio de la autodeterminación, el antiimperialismo y el fin de la presencia norteamericana en nuestra patria, y una política exterior independiente.

2) Democracia y honestidad administrativa, El fin de la Dictadura y la construcción del poder popular. La democracia Identificada con participación directa del pueblo en sus propias transformaciones.

3) Construcción de un ejercito nacional que tenga como misión la salvaguarda de la soberanía y no la represión del pueblo Destrucción de la guardia nacional, como aparato privado de represión, que humillaba, torturaba, y asesinaba a al pueblo.

4) Tierra para los campesinos. Reforma Agraria que ponga fin a la miseria rural y a la injusta distribución de la tierra y al latifundio.

5) Justicia social, expresada como NO MÁS EXPLOTACION NI MISERIA Aniquilamiento de las grandes diferencias sociales. Se proponía construir una sociedad mas justa, en donde todos tuviesen acceso a la educación y a la salud gratuitas. La revolución en la cultura y la enseñanza

6) Emancipación de la mujer. Fin de la odiosa discriminación de las mujeres con respecto al hombre

7) Unidad popular centroamericana, con el propósito de dar continuidad al ideal de la unidad de la región.

8) Plena libertad de organización del pueblo. Impulsar la organización popular autónoma de los partidos tradicionales.

9) Libertad religiosa y Estado Laico.

10) Solidaridad entre los pueblos en lucha.

V. FORMAS DE LUCHA ADOPTADAS

El Frente Sandinista se organizó inicialmente como una fuerza guerrillera, que persigue el fin de la dictadura y la toma del poder por la vía armada. Animada por los resultados del movimiento 26 de Julio en Cuba, el Frente Sandinista escoge como teatro preferencial de su lucha el campo, aunque también realiza operaciones en las ciudades.

A finales de los 60 y principios de los 70, se da una confluencia de los cristianos revolucionarios nicaragüenses con el Frente Sandinista, y en particular con el movimiento estudiantil universitario. Coinciden con la reflexión de que es necesario el desarrollo del movimiento popular en apoyo a la lucha armada.

Se construyen a través de distintas organizaciones, puentes de vinculación con el campesinado, a través del trabajo directo y las organizaciones campesinas que luchan por la tierra. En las ciudades, a través de organizaciones juveniles y populares, alrededor de reivindicaciones como la vivienda, el agua, los servicios de salud, por mejoras en las condiciones de vida. Y por supuesto, las luchas sindicales. El Frente Sandinista se vincula estrechamente a las luchas de los maestros por sus reivindicaciones salariales, por libertad sindical. Y después del terremoto de Managua (1972), a los movimientos de obreros de la construcción.

De esta manera, dentro de las luchas sociales se van identificando a los hombres y mujeres que son capaces de trascender las reivindicaciones inmediatas y llevar a un plano más político sus expectativas. Entendiendo que para el cambio de la realidad, era necesaria la alianza obrero campesina, que busque el poder, para el cambio integral de la realidad.

Así entendíamos entonces la importancia del poder, de asaltar los aparatos del Estado, como instrumentos, para cambiar la realidad de injusticia que vivíamos.

Además de las luchas sectoriales, se lograron impulsar luchas eminentemente políticas, por la democracia, por la libertad, como las luchas por la libertad de los presos políticos.

La incorporación masiva del pueblo a la lucha armada, se logró a través de dos décadas de trabajo de base, en que se vincularon, acciones armadas con actividades políticas. Lucha por reivindicaciones con golpes de mano, reclutamiento de colaboradores con asaltos a bancos para conseguir recursos. Acciones de denuncia, de divulgación y de trabajo sobre la conciencia, con llamamientos a la insurrección.

En los últimos años, se adoptaron formas de vinculación variadas. Desde las múltiples formas de colaboración: aporte económico, prestar su automóvil, o su casa para una reunión, casas para que vivan los combatientes clandestinos, o tareas de comunicaciones, conseguir armas, conseguir vituallas, medicinas, curar un herido. Hasta la incorporación a los grupos de combate, en los que también se articularon diferentes niveles de participación. Los grupos juveniles que actuaban en los barrios o cercanos a sus casas en hostigamientos a la guardia (comités de acción popular), o brigadas para acciones específicas o los guerrilleros clandestinos de tiempo completo, para acciones más complejas.

También se logró construir una política de alianzas con sectores de la burguesía, que comenzó a manifestar su descontento ante la voracidad económica y comercial de la Dictadura que invadía con la competencia desleal sus cotos de caza.

Fue muy importante el trabajo internacional para conseguir respaldo político, apoyo en la condena a la dictadura, y también para obtención de recursos.

Y finalmente la insurrección armada, que fue un gigantesco acto de masas, que involucró a decenas de miles de nicaragüenses en las más diversas tareas.

VI. LA REVOLUCION POPULAR SANDINISTA

La victoria del 19 de Julio de 1979 fue la conclusión e inicio de una gigantesca demostración de participación activa del pueblo. Para la realización de sus importantes tareas, contó siempre con la acción organizada de los sectores populares.

La Revolución fue inmediatamente asediada por las fuerzas más reaccionarias de los Estados unidos, particularmente desde que asume el poder Ronald Reagan, quien accede con un programa centrado en la recuperación de la hegemonía mundial, y que se propone a toda costa, aniquilar el proyecto de nación independiente que se inicia en nicaragua y amenaza con extenderse, sobre tres pilares

Ø Economía Mixta

Ø Pluralismo Político

Ø No-alineamiento

El movimiento popular giró alrededor de las siguientes tareas

v Defensa de la Revolución, inmediatamente agredida por los Estados Unidos, quienes organizaron rápidamente un ejército contrarrevolucionario con restos de la guardia somocista, con los sectores desplazados y campesinos descontentos. La defensa de la revolución se organizo a través de las milicias, las reservas y el servicio militar.

v La participación en la Cruzada de Alfabetización y las tareas de educación

v La Reforma Agraria y la participación en jornadas productivas, cortes de café, algodón.

v La organización de ciudadanos se inicia, dando lugar a las grandes organizaciones de campesinos, obreros, estudiantes, mujeres, pobladores, hasta la organización cuadra por cuadra, para realización de tareas comunitarias. Todas girando alrededor de las grandes tareas revolucionarias.

v La creación de una nueva institucionalidad, a través de una nueva constitución y nuevas leyes

v El desarrollo de una desafiante política internacional independiente, que le lleva a abrir relaciones con los países socialistas, de quienes empieza a recibir sustantiva ayuda.

VII: LECCIONES PARA LOS DESAFIOS DEL PRESENTE

El movimiento popular logró sostenerse en el poder hasta las elecciones de 1990. La razón fundamental de la derrota electoral fue el desgaste profundo en la capacidad de resistencia de la economía y la población, producto de las perdidas en vidas humanas, y la desesperante situación económica.

Esta derrota se produce en un contexto adverso a las ideas de cambio en el mundo. En Europa se produce el fin del socialismo real, y con ello cunde la sensación de que las fuerzas reaccionarias en el mundo han vencido. El paradigma de la revolución luce derrotado.

Sin embargo se considera que otros factores que incidieron estaban dados por debilidades internas del proceso mismo. Se descuido el trabajo sobre el factor conciencia, y la resistencia moral fue minada por errores en la conducción, soberbia en las actuaciones, y una excesiva preocupación por el control del poder, por el poder mismo. La dirigencia se fue distanciando de la base.

La Lucha librada por el pueblo Nicaragüense en sus diferentes etapas nos deja las siguientes enseñanzas.

Uno: Ganar la conciencia popular

La toma del gobierno por la vía de las armas o por la vía electoral, no significa de manera mecánica la garantía de las realizaciones esperadas por los sectores populares.

Tan o más importante que ganar el gobierno, es el trabajo sobre la conciencia entre la gente y entre sus líderes. No es casual que en las condiciones de la democracia liberal, la lucha por la toma del poder se presenta de manera exclusiva como la toma del gobierno por la vía electoral. Las armas o el voto no deben sustituir la conciencia.

En la actualidad, los partidos políticos, predominantemente, incluidos los partidos de izquierda, son arrastrados por la lógica del marketing político. Las campañas electorales se transforman en operaciones de mercadeo político.

Se ganen o se pierdan, las elecciones pasan y, con demasiada frecuencia, pasan bajo la forma de grandes frustraciones. Los intereses tácticos no deben oscurecer la prioridad que debe tener la inversión estratégica y de largo plazo del trabajo ideológico sobre la conciencia del militante y del ciudadano, para poder garantizar en el futuro las deseables y durables victorias.

Las realizaciones verdaderamente transformadoras y revolucionarias, son aquellas que los ciudadanos realizan por ellos mismos motivados por su conciencia.

No es posible realizar profundas transformaciones, aun cuando el gobierno se alcance por una mayoría electoral, sin una conciencia clara de la gente que le lleve proponer, impulsar, participar y defender como propias tales transformaciones.

En las nuevas condiciones, (vida pacifica, democracia y mercado) los liderazgos partidarios son mucho menos confiables y no ofrecen por sí mismos garantías suficientes para la satisfacción de las aspiraciones ciudadanas. La experiencia indica que la seguridad de los intereses populares depende de sus propias fuerzas, de su capacidad organizativa y de su voluntad de lucha, independientemente del gobierno de turno.

En la experiencia de Nicaragua, el pueblo antes de apropiarse de las fuerzas productivas y de las armas, se apropió primero de sentimiento y coraje, de símbolos e identidades, de proyectos y esperanzas, de una bandera roja y negra que se encubaba en el alma y se cultivaba en la calle, en la lucha contra la dictadura, el imperialismo y por cambiar la conducción de la sociedad, por la necesidad de insertarse en un mundo de relaciones económicas y políticas internacionales más justo y más fraterno, por el deseo de participar en las decisiones del estado y de la sociedad, y enrumbar a su país a favor de los intereses del pueblo en su conjunto.

El trabajo de concientización, la educación del pueblo por el pueblo mismo, desarrolla el potencial de transformación y cambio en los actores sociales. El trabajo sobre la conciencia que desemboca en la organización de los propios protagonistas es la clave de los cambios.

El poder, como control de aparatos, es solo una parte. Si se controla el poder pero se descuida el desarrollo del ser humano, de la conciencia, de la batalla de las ideas. Si se quiere construir una nueva sociedad sin cuestionar la base ideológica sobre el que se asienta el viejo modelo, al final seremos vencidos.

Dos. Una nueva horizontalidad

La concepción clásica de vanguardia es válida para algunos momentos, porque se necesita conducción desde fuera de los procesos, pero el protagonismo del propio pueblo no puede ser sustituido por una sola organización. Este es un tema en el que se impone una profunda revisión crítica

Urge renunciar al vanguardismo y a las estériles pretensiones hegemonistas. Creo que es necesario renovar y actualizar la tolerancia en las relaciones políticas, entre los diversos agentes de la resistencia a los desmanes y caos producidos por el neoliberalismo.

Para quienes defendemos los intereses de las mayorías, las alianzas son necesarias pero no sólo para ganar elecciones: debemos priorizar a los sectores sociales organizados, con quienes es imprescindible establecer confiables y verdaderas alianzas estratégicas, con el fin cimero de transformar las estructuras económicas y sociales, en un nuevo contexto que ya ha puesto fin a la tradicional relación autoritaria y de subordinación vertical de aquellos a los partidos, para sustituirlas con relaciones horizontales de respeto, tolerancia y espíritu crítico..

La realidad nos conduce al reconocimiento de una nueva horizontalidad con una gran diversidad de nuevas prácticas, la emergencia nuevos sujetos económicos, políticos, sociales y culturales, alterándose de una manera que parece irreversible la realidad sociológica del mundo contemporáneo, con la consecuente pérdida del monopolio de los viejos sujetos y las formas tradicionales de la acción política

Tres: La Juventud como protagonista

La experiencia nos enseña, que es entre los jóvenes donde encontramos la mayor capacidad de abnegación y sacrificio disponible en la sociedad frente al acomodamiento de la clase política, son ellos los más capaces para acometer la realización de tareas que a otras generaciones parecen imposibles.

Es esa juventud la depositaria de las mejores experiencias y por lo tanto, se transforma en exigente sujeto de la acción política y social, en un mundo donde frecuentemente están en crisis la ética y la credibilidad de los dirigentes sociales y de la clase política.

Es esa juventud la que ha probado estar mejor dispuesta en espíritu y energía para emprender la rebelión mundial frente a la mediatización de las luchas; frente a las mutaciones ideológicas de quienes alguna vez fueron dirigentes revolucionarios; frente a las claudicaciones políticas y el pragmatismo; frente a la búsqueda del poder por el poder mismo; frente a la defensa de los nuevos intereses frutos del ejercicio no siempre lícito ni legítimo del poder; frente a búsqueda sin principios de espacios de poder, frente a la mezquindad y el egoísmo; frente al abandono de la solidaridad como conducta ética y política; frente al sometimiento a los valores individualistas y mercantiles de la globalización neoliberal, frente a todos esas viejas enfermedades del capitalismo, convertidas ahora en verdaderas pestes planetarias.

Cuatro: Nuevas banderas

Las luchas en la sociedad contemporánea, no tienen como imperativo el diseño acabado de un nuevo paradigma (cosmovisión) como en el pasado.

Es fundamental desarrollar una actitud comprometida de resistencia permanente y organizada contra las múltiples formas de opresión de la mundialización capitalista. La resistencia de los pobladores del planeta ha comenzado, a través de innumerables iniciativas innovadoras, de procesos autónomos de reflexión y acción, los ciudadanos comienzan a reaccionar sin prejuicios ideológicos y sin exigir lealtades y obligaciones partidistas.

Las banderas de siempre, aquellas que desde el amor han inspirado cada rebelión contra el status quo:

¯ por la vida,

¯ contra la pobreza y por el progreso;

¯ contra la discriminación, la marginalidad y el atraso, por la igualdad de oportunidades para los ciudadanos y las naciones;

¯ contra la opresión y la dictadura, por la libertad, la independencia nacional y la soberanía, son ahora remozadas y enriquecidas por el vigor de las nuevas

generaciones en cuyas manos se han transformado en inspiración de nuevas batallas sociales.

Mientras el sistema capitalista ha emprendido con éxito la tarea de demolición de las relaciones fraternas entre los seres humanos, de sus escombros surgen nuevas banderas tales como

q Contra la Guerra y el hegemonismo, por la paz de los pueblos

q la lucha contra la corrupción, por la honestidad y la transparencia en la gestión pública;

q contra la dictadura de los hombres sobre las mujeres y de los padres sobre los hijos, por la plena igualdad de derechos entre los sexos, y el diálogo y la democratización de las relaciones familiares;

q contra la doble moral, la discriminación, el racismo y la xenofobia, por la tolerancia, la convivencia entre las razas y el respeto a las diferencias;

q contra la imposición de la fuerza militar y económica, por la fraternidad y la solidaridad entre los ciudadanos y las naciones.

q contra el oportunismo y la mentira, por consecuencia y por la sinceridad en las relaciones personales y políticas;

q contra la dilapidación de los recursos y el maltrato a las otras especies, por la defensa de la naturaleza y del medio ambiente;

q contra el «capital centrismo», por la autonomía regional y municipal.

q Este es el punto de partida ya iniciado por los y las ciudadanos, con el acompañamiento desde luego de los sectores más conscientes, a los cuales con toda seguridad veremos en el futuro dotados de un mayor grado de coherencia, y por qué no, con altos niveles de coordinación y quizás hasta referentes globales alternativos.

Cinco: Unidad no es unanimidad

La unidad, proclamada frecuentemente en nuestros partidos y movimientos sociales como condición natural de la fortaleza interna y requerimiento para luchas victoriosas, se transforma muchas veces en la imposición de mayorías artificiales, en la exigencia de la unanimidad con el disfraz del consenso, en el aplastamiento de las minorías, en instrumento retardatario de la conciencia crítica, en la promoción del inmovilismo político, en la negación del derecho a la iniciativa por parte de los cuadros y bases de los partidos y sectores, en fin se convierte en demasiadas oportunidades, en el pretexto privilegiado de los órganos superiores, dirigencias y caudillos, para preservar el poder y aplicar sus criterios personales como decisiones del partido, al margen del criterio y la voluntad política de las bases.

La verdadera unidad no es la que resulta de la incondicionalidad. Así como la disciplina partidista no es una categoría superior a la lealtad a los principios, a las propias convicciones ideológicas y a la ética, la verdadera unidad es la que resulta de la coherencia entre la conciencia adquirida, el acuerdo y los intereses compartidos en la acción común.

Seis: el asedio perpetuo a la opresión.

Sería poco responsable, sin embargo, ocultar o disfrazar una realidad inobjetable: no hemos salido aún de un ya largo período de reflujo revolucionario, de euforia neoliberal y de hegemonía de la sociedad de mercado.

En estas condiciones, nos parece que la táctica para la promoción de los cambios es la del asedio permanente, multiclasista y multisectorial, a la hegemonía del capital y su cultura de opresión.

Por ello, el espíritu crítico y la actualización renovada de nuestros presupuestos teóricos, deben estar acompañados de una táctica política flexible, promotora del diálogo, del consenso y de la incorporación a la lucha de las más diversas expresiones posibles de rebeldía.

Desde la perspectiva del asedio a la opresión y al capital, deberíamos proponernos generar el hecho del cambio, el acto emancipador, hoy y ahora, en cada trecho, en cada espacio disponible, contemos o no con el concurso de las conocidas contradicciones de las fuerzas productivas y las relaciones de producción, contemos o no, con la toma del poder político por un partido o una vanguardia, por los medios que fuese.

A nuestro juicio, es hora de avanzar en el quehacer transformador, hacia la disputa de todos los espacios, políticos, económicos o ideológicos. Hoy. Ahora mismo. Sin despreciar ninguna lucha, ningún acto de insubordinación. Sin actitudes excluyentes. Resistiendo y avanzando. Cuestionando lo opresivo y subyugante. Sin despreciar nada ni a nadie, dando lugar a todas las expresiones de la conciencia posible. Afirmándonos y revelándonos. Tejiendo sin prejuicios los vínculos entre los ciudadanos. Promoviendo la fraternidad, la audacia, la cooperación, la solidaridad entre quiénes luchan rebelándose al orden establecido. Afirmando los pasos y las ideas liberadoras. Creando las respuestas, inventando la esperanza.

Todas las vías están abiertas para insubordinarse, para intentar transformar las cosas y al mismo tiempo –lo cual me parece esencial- transformarnos nosotros mismos en permanentes sujetos de cambio, en la medida que somos portadores y ejemplo de ese cambio.

Mejor aun, como señala el compañero sandinista Orlando Núñez: «Desarrollar la audacia para deshacernos de la actual civilización y desprendernos de todos los «atavíos» para comenzar a construir una nueva forma de pensar, sentir, luchar y vivir, recurrir a la memoria histórica de la liberación hasta salirse de las rutas enajenadas cambiar de creencias, recuperar el goce del trabajo creativo, de las acciones compartidas desarrollar la ética de las alianzas de justicia popular a fin de recuperar el amor individual y colectivo»

Siete: sumarse a la rebelión

Tal pareciera que el más sano camino para seguir avanzando hacia la contribución por los cambios y por lo tanto a nuestra propia transformación como hombres y mujeres nuevas, es la que logra articular y combinar –con diálogo y tolerancia-- los mejores senderos de los caminos ya recorridos, y poniendo especial atención a los actos imprevisibles de la conciencia humana, que termina por rebelarse y que no acepta de manera indefinida la sumisión y la dependencia.

No se trata de erigir el pragmatismo y el espontaneísmo como paradigma de la acción transformadora. Se trata a nuestro juicio de afinar cada vez más nuestros sensores para percibir la acción renovadora de la conciencia crítica, empeñándonos en la tediosa y paciente tarea de organizar, concatenar y articular las nuevas ideas y los pluriclasistas actos de rebeldía.

Nuestra sugerencia no pretende tampoco hacer la apología de la acción en detrimento de la reflexión y la teoría. Tampoco somos nadie para pretender que los caminos tradicionalmente admitidos para la promoción de los cambios se encuentran definitivamente agotados.

Sin embargo, no deberíamos obviar por ejemplo, que los cambios revolucionarios no se agotan y ni siquiera se garantizan con las transformaciones de la economía, de la vida material, o la democratización del Estado. El universo subjetivo, el espacio de los valores, de los afectos, el mundo de la cultura, está siempre presente, activo, en los periodos de las luchas desde abajo y, con mayor razón, en la plenitud de los cambios desde arriba.

Permítanme, para concluir este ámbito de reflexiones, la siguiente respetuosa insinuación: a nuestras grandes referencias doctrinarias debemos sumarles la necesidad de su cuestionamiento crítico, y la constante contribución para su permanente adecuación y renovación.

Por otra parte, la poli diversidad de los actos de insumisión, su multisectorialidad, requieren del acompañamiento y de la indispensable labor intelectual comprometida, que contribuya a dar unidad y coherencia a semejante complejidad y desafío.

El camino y el desafió, por amor a la humanidad, sigue siendo el mismo, la lucha continua.

Managua 29 de Septiembre 2003

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