La experiencia de educación popular en el Brasil

Charla de Valeria Rezende en la UPMPM

Noviembre del 2003

Presentación

Primero que todo ustedes han estado agradeciéndome por estar aquí y soy yo la que tiene que agradecer de estar en Argentina, de estar aquí porque hay cantidad de compañeros que me están envidiando. Cuando yo tuve que explicar a uno y a otro que esta semana no podría hacer eso o aquello porque venía a la Argentina y cuando les he dicho que venía a hablar con los compañeros de la Universidad de las Madres,... ellos me han mirado y yo desde ese momento subí un grado en mi prestigio... y entonces les tengo que agradecer yo de todo corazón porque esta casa, esos pañuelos, más que todo las mujeres que están bajo los pañuelos y los jóvenes que tienen la sabiduría de meterse en la casa de esas señoras ancianas es una cosa muy linda, es una cosa que a nosotros, todos los que tenemos la esperanza y el compromiso de buscar una vida mas humana, nos parece un caso de amor que no se acaba, esto es algo muy inédito, muy especial, muy simbólico, muy fuerte y entonces ustedes, no se, seguramente saben el privilegio que tienen de estar aquí.

Otra cosa que quiero decir es que me sorprende, me alegra que estén haciendo un esfuerzo de Educación Popular cuando hay algunas personas que dicen que la educación popular era una cosa pasada. En Brasil, ha estado de moda en los años 80 que se hicieran tesis sobre los movimientos y la educación popular y a veces hay gente que dice que la educación popular se ha acabado, y no se ha acabado.

Lo que voy a decir es un poco lo que he visto, de lo que he participado, la historia de la cual he podido ser testigo durante los últimos 40 años, en otras partes de América Latina, porque yo nunca he tenido otra profesión en mi vida sino educadora popular.

Dos años he estado enseñando en Jardín de Niños, como se dice Kinder Garden, pero ahí hice tanto desorden que la cosa fue, y entonces descubrí que tenía que encontrar una manera de hacer educación popular donde el desorden fuera bienvenido. Me gustaría hablar poco porque yo quiero oír, yo quiero discutir, yo no quiero irme sin oír. Eso sería la gran contradicción, sería hacer lo contrario de lo que vine a hacer aquí.

Haciendo un poco de historia

La primera cosa que quiero decir, es que cuando yo estoy hablando de Educación Popular estoy hablando de algo que no es lo mismo que cualquier educación de adultos, no es tampoco sinónimo de educación informal o de cualquier tipo de educación de base o de educación comunitaria. La educación popular tiene su historia, es un movimiento, es un movimiento social de larga duración y de amplia presencia que ha nacido en América Latina al final de los 50, inicios de los 60, tal vez todavía no con este nombre exactamente pero las prácticas ya estaban. Es desde las prácticas que sale el concepto cuando se trata de describir cosas que están pasando.

Lo popular aquí trae algo nuevo, que no es lo mismo que significaba en muchos textos y situaciones distintas que habían existido ya, en las cuales la educación popular casi siempre significaba la educación que se ofrece al pueblo, refiriéndose únicamente al receptor de algo y tal vez quería decir también un poco qué se enseñaba, es decir, qué era necesario que el pobre supiera lo que tiene límites bastante estrechos. A los pobres ¿qué les es necesario saber? Aquello que les va a garantizar un empleo, o hablando con más mala voluntad, lo que les va a hacer servir mejor a las necesidades de mano de obra que tiene el capital en expansión.

En los años 50’en el Brasil, años en que yo era adolescente, en la segunda mitad de los 50’, empiezo a participar de movimientos, en ese momento del movimiento estudiantil católico y de la política estudiantil en general junto con el movimiento. Yo me acuerdo muy bien de estos años del final de los 50’, en los que el tema que volvía todo el tiempo, que era de lo que hablábamos cuando queríamos traer al movimiento a otros estudiantes, era el de la realidad civil. Era ahí el verdadero descubrimiento del Brasil, ¿por qué? Porque esa juventud era muy privilegiada, ya que ni siquiera había escuela primaria para toda la gente. La diferencia entre los que podían estudiar y la masa del pueblo era algo mucho más agudo y fuerte que lo que era aquí en Argentina en el mismo tiempo. Yo me acuerdo que venía por aquí, y me espantaba que la gente era tan escolarizada, tan educada y tan alfabetizada y que había tantas librerías. Eso en el Brasil no era así.

En los años 50’en la realidad de Brasil hubo unos cambios de orden material que han permitido conocer ese país inmenso en el que antes no se podía ir de una región a otra porque no había aviones de línea normal. Entonces nadie conocía el país como un todo, tú conocías la región donde vivías. No había televisión, la televisión va a empezar en San Pablo en el año 50’. A partir de ese momento se van desarrollando las telecomunicaciones, se van abriendo carreteras. Yo me acuerdo cuando se abrió la carretera Río-Bahía, que fue como un cambio radical en la vida del país porque de repente se va en 3 o 4 días de Sao Paulo a Bahía y ahí en Bahía es otro mundo. Eso hizo que tomemos conciencia de que nuestro país era un país de profunda e inaceptable desigualdad e injusticias.

Hasta ese momento nadie lo podía decir porque teníamos la imagen que está en el Himno Nacional de Brasil que es la cosa más triunfalista posible. Es distinto a casi todos los Himnos Nacionales de los otros países que tienen muerte, guerra, sangre, batallas. El nuestro no tiene ninguna batalla, ninguna gota de sangre, ninguna demanda. Eso era el Brasil, el Brasil romántico que ya estaba en la primera carta que escribió sobre el Brasil un escribano que llegó en la primera carabela portuguesa. Allí anunciaba que habían descubierto el paraíso terrenal.

En eso realmente habíamos sido formados los brasileños escolarizados, eso era lo que tú aprendías en la escuela. Hay un poema muy conocido de un poeta brasileño que estaba en la primera página de cualquier libro de lectura de escuela: “Por que me ufano do meu país”. Ese era el poema que uno aprendía de memoria.

Fue un choque muy grande para la juventud estudiantil descubrir todo Brasil en ese tiempo. Se volvió posible también porque hubo una literatura que venía de las regiones, sobre todo del nordeste.

Yo creo que es una cosa muy importante de decir, porque más tarde mucha gente queriendo hacer Educación Popular con la finalidad de cambiar esta realidad de injusticia, muchas veces creyó que se empezaba por aquí, por el pensamiento, y no es por aquí que se empieza. Yo nunca he encontrado nadie en ningún sitio que haya estado dispuesto a poner en riesgo su vida para probar la justeza de una teoría científica y en cambio he encontrado cantidad de personas que no sólo han puesto en riesgo su vida sino que la han perdido, a veces con pocas explicaciones muy racionales o, como dirían otros, “débiles, teóricamente muy débiles” pero que tienen la indignación... gente que no puede ser feliz mientras los demás son desgraciados.

Eso nos marcó, conocer que había demasiado dolor en la tierra de los mil amores y del paraíso terrenal y que era nuestra tierra y que si no hacíamos algo nosotros no se iba a hacer nada. Nosotros no podíamos seguir viviendo tranquilamente. Claro, no toda la gente siguió siempre por el camino de luchar por cambiar eso. Sin embargo, a fines de los 50’ y principios de los 60’, era muy difícil encontrar algún estudiante, en cualquier universidad, que no estuviera comprometido con la lucha social y política. Porque tú entrabas en un mundo que estaba impregnado de esa justicia y de ese llamado a la responsabilidad. Los que no estaban, los que no eran sensibles a eso, eran el extremo contrario, o sea, era gente que por alguna característica personal o familiar o por lo que sea, no se explicaba por su posición de origen, de clase, sino por alguna cosa cualquiera, era la gente que formaba el comando de caza de los comunistas, y eran de lo más violentos.

Yo estoy hablando bastante de ese tiempo porque eso es algo que después la dictadura militar ha logrado aplastar. Todavía hoy la Universidad no ha vuelto a ser el lugar donde primero se descubre la realidad social y después la propia responsabilidad frente a eso. Hoy no, todavía no se ha mejorado, en el sentido de que hay grupos en la Universidad, en el mundo estudiantil, en la juventud, pero todavía no hemos vuelto a aquel momento de toma de conciencia y de pasión por la justicia, pasión por arreglar el mundo que estaba para arreglar y que sigue sin arreglar.

Pero eso no quiere decir que el impulso se ha perdido. No se puede entender por qué hemos seguido y por qué nuevas generaciones se han juntado a nosotros, sin aquel impulso muy profundo, muy visceral que hemos vivido al final de los 50’ y principios de los 60’.

Bueno, esta indignación frente a la injusticia nos generó dos cosas al mismo tiempo. El sentido de nuestra responsabilidad por el privilegio que teníamos, el reconocimiento del privilegio de ser estudiantes, ser alfabetizados, que de pronto se presentaba como un privilegio enorme y se ha transformado, se ha vuelto inmediatamente responsabilidad y la responsabilidad se convirtió en entusiasmo y entonces, de repente, además de varias causas políticas y económicas por las cuales los estudiantes salían a las calles, nos vino la conciencia que el privilegio, lo que nosotros teníamos como privilegio de conocimiento, de saber, eso inmediatamente lo teníamos que repartir. Muchas otras cosas no teníamos, éramos estudiantes todavía, pero eso sí, no teníamos que esperar que fuésemos profesionales ni gobernantes ni nada para repartir inmediatamente. Entonces se han creado por todo el país distintos centros y experiencias de educación popular hechos por los estudiantes principalmente.

Influencia de Cuba en el proceso de alfabetización en Brasil

Hubo un factor que nos impulsó muchísimo a ese movimiento que ya venía, que fue, en el 61’, 62’, la Campaña de Alfabetización en Cuba. En el 59’ ganaba la Revolución e inmediatamente, casi la primer cosa de gran impacto que hizo la Revolución Cubana fue que se suspendieron las clases, se prepararon durante algunos meses todos los estudiantes de secundaria, de la universidad, se interrumpieron los estudios normales y por casi un año se van los estudiantes a las tierras, a los campos, a las playas, a donde sea, a alfabetizar. Y eso nosotros lo veíamos en las películas, pedacitos de reportajes, porque en ese momento, todavía antes de la crisis de los misiles rusos, se hablaba mucho de Cuba y nosotros en Brasil teníamos un gobierno nacionalista medio populista que estaba en relaciones de amistad con la Revolución Cubana de los primeros años. Entonces nosotros en ese momento creíamos que quizás, la revolución siguiente a la cubana era la revolución brasileña.

El profesor Paulo Freire

En ese tiempo se produjo una radicalización de los movimientos laicos cristianos. Había también muchos profesores universitarios que eran jóvenes y que estaban metidos con los estudiantes en toda esa aventura, entre ellos este hombre, especialmente, Paulo Freire que era profesor de pedagogía, en uno de los estados del nordeste de Brasil. Paulo Freire trata de hacer extensión universitaria con sus estudiantes y empiezan a hacer alfabetización. Al acercarse a los pobres, al hacer alfabetización, van descubriendo que la cosa no era sencillamente enseñarles las letras, empiezan a investigar y empiezan a hacer experiencias interesantes. Ese hombre dice cosas espantosas para aquel momento. A lo mejor dice cosas que otros ya habían dicho en algún momento, pero yo estoy convencida que lo que hace a los genios no es el contenido en sí de sus conocimientos sino la adecuación, la respuesta a lo que está pasando, es decir, la cosa cierta en el momento cierto a la gente cierta. Él dijo algunas cosas que, para nosotros que estábamos en esa búsqueda, fueron cosas que nos han provocado mirarnos a nosotros mismos, a la raíz de las relaciones sociales, a las relaciones desde el conocimiento y la realidad de nosotros mismos y los distintos tipos de conocimiento.

Es un método de alfabetización que ustedes pueden encontrar bien descrito, con muchos detalles en su primer libro que se llama “Educación como práctica de la libertad”. Empezaba por decir que no basta enseñar a descifrar palabras sino que lo importante es que se aprenda a leer el mundo. Nos ofrecía una propuesta bastante organizada de cómo acercarnos a la gente, cómo hacer la alfabetización que queríamos hacer. Empezábamos por presentar a la gente en lo que él llamaba los círculos de cultura, en una serie de encuentros anteriores a empezar con el desciframiento de letras en los que se trabajaba un tema generador, algunos apoyados en dibujos de gente del pueblo, en donde hay cosas de la naturaleza y otras cosas de la cultura humana que se van repitiendo, el cazador, el animal que caza, el hombre que caza, el campesino que caza. Esa discusión que era de cosas tan sencillas, que era tan fácil de hacer, antes de ser una revelación para la gente analfabeta, campesina, pobre, fue una revelación para nosotros mismos. Nosotros, al tratar de descifrar y de comprender esos dibujos, entramos en contacto con el concepto antropológico de cultura que no poseíamos. Para nosotros cultura era el teatro, la música, la pintura y de un cierto tipo, no cualquiera. Entonces empezamos a comprender qué significa una cultura y para qué sirve y que toda la gente tiene cultura porque hay distintas culturas y no son distintos grados de la misma cultura sino que son otras culturas. Comprendimos esa alteridad del pobre. El pobre no como menos sino como otro. Eso ha sido para nosotros otra conversión, en la que se pone el mundo cabeza abajo y se toma conciencia de todo lo que tú no sabes y que esa gente sí sabe, eso ha sido fundamental. De esto tengo la certeza: la propuesta de los círculos de cultura de Paulo Freire han sido más importantes y han educado a muchos más intelectuales en aquel momento que a grupos populares. No es que no se haya sido aplicado, en los años 60’, con grupos populares, pero en mayor medida ha convertido, ha puesto el desorden creador en la cabeza de los jóvenes intelectuales.

Decía Paulo Freire que hay que leer el mundo y cuando se lee el mundo se crea el mundo y nos creamos nosotros mismos. Muchos años después, yo fui a descubrir lo que nunca tuve oportunidad de preguntarle a Paulo, si eso se inspiraba directamente en los manuscritos, en los a veces criticados Manuscritos Económico-filosóficos de Marx, que son para mí la cosa más bella que ha escrito y de los que infelizmente tenemos muy malas traducciones.

Yo cada vez que hacía eso con un grupo de campesinos o de obreros en la ciudad, en la discusión era que íbamos aprendiendo mejor de qué estábamos hablando y desde ahí nos vino a los que hemos convivido en esa experiencia y a mucha gente después, claro, de otras maneras, la convicción de que lo descubierto viene cargado de mucha emoción, de que es verdad verdadera, de que el otro que está en otro lugar en la sociedad tiene el privilegio de mirar el paisaje desde otro punto de vista que no es el mío y que ve el otro lado del mundo, otra cara del mundo y que si yo quiero ver el mundo no puedo dispensar de que me lo narre el que lo ve desde otro punto de vista.

Cambiar el mundo

Yo tengo mi visión, la visión posible para mí o para cualquiera desde donde está y mientras estamos vivos aquí en carne y hueso estamos en algún sitio, socialmente más que geográficamente. Cuando uno trata de cambiar de posición, de cualquier manera se va a poner en otro punto de vista diferente al que está situado. Entonces conocer el mundo para cambiarlo y hacerme más yo misma, más gente, porque cuanto más conozco, más hago el mundo y más me dejo hacer por el mundo, no es algo que pueda pasar sin el diálogo común. Ahí va la tercer cosa que nos decía Freire, en ese primer momento: el diálogo. Sin diálogo no hay ser humano, no hay sociedad, no hay revolución y no hay cambio. Sin diálogo hay nada, hay muerte, hay opresión. Estos son los descubrimientos que hemos hecho los que ya estábamos allí en ese momento y es que pueden cambiar las coyunturas y que han cambiado, pueden cambiar las posibilidades y los límites que tenemos de hacer acción social, movimiento social, educación popular, y en muchas cosas tenemos que rehacer nuestros conceptos, nuestras visiones, pero ese núcleo fundamental de sentimiento, el sentimiento de que no es posible convivir con la infelicidad institucionalizada de masas, causada por la injusticia para mí es la matriz que abre la cabeza. Es desde el corazón que se abre la cabeza y no al revés. Por eso sin la práctica no se da el paso.

Muchos estudiantes brasileños de pedagogía han leído todo lo que ha escrito Freire, pero no todos los educadores que han salido de ahí han entendido eso, porque no tenían ninguna práctica, no tenían ningún contacto que les cambiara desde el corazón. Eso nos dio vuelta la cabeza y una vez que uno ha descubierto, experimentado, que el conocimiento del mundo que puedo tener desde mi punto de vista, desde el horizonte que es mi horizonte inmediato y directo, es muy poco y sin la corrección, sin los lentes de corrección que me ofrece la narrativa del otro, es distorsionado, aún lo que veo lo veo mal, aún lo que está en mi horizonte de visión sólo puedo verlo bien con los lentes de corrección que me ofrece el otro, con lo que me dice el otro desde el otro lado, desde otro punto de vista. Y hay conocimiento totalmente nuevo que surge a cada paso de ese diálogo.

Esto se estaba viviendo en el Brasil pero se estaba comunicando de alguna manera en varios sitios de América Latina. Enseguida lo que eran pequeños hilos de comunicación se han vuelto un río muy concreto de gente, porque eso han hecho los golpes militares. Hay cosas que ellos han hecho sin ninguna intención y que son cosas increíbles, nos han juntado. Estoy hablando de cosas muy concretas, en el 64’ por el golpe militar han obligado a la gente, a muchos militantes a salir en masa. Vienen a la Argentina y aquí hay otro golpe y se van para Chile. Así se van juntos, los argentinos, los uruguayos, los chilenos y los brasileños para Chile y de Chile se van quizás para París, para Bolivia, de vuelta a la Amazonia, al nordeste, a no sé dónde, a la clandestinidad y se fue diseminando por ahí. Contado así parece una historia que no tuvo interrupciones o conflictos en sí misma y no es así porque desde siempre, desde el principio y hasta hoy se repite un poco una cuestión, un conflicto, una contradicción que siempre nos va a estar provocando, que siempre ha estado.

Paulo Freire y los movimientos revolucionarios

Ya en aquel tiempo lo que decía Pablo Freire no era inmediatamente comprensible para toda la gente que estaba metida en lo de la revolución, en lo del cambio, porque había otra tradición que era la tradición de la revolución científica, de la revolución que era prevista y orientada científicamente lo que producía una certeza. Además Lenin había hecho el favor de decir que la teoría no puede venir del pueblo, sino que tiene que venir desde afuera, de los intelectuales. Lo dijo en una situación muy concreta, lo sabemos. Él mismo insistió que lo que estaba diciendo se aplicaba a los comunistas rusos de principio de siglo. Pero no importa, la gente quería que fuera para todos. Me acuerdo que todos los muchachos de mi tiempo de la escuela secundaria de 14, 15 años tenían el “¿Qué Hacer?” debajo del brazo. Si lo leían o no, no sé, probablemente no lo leían mucho porque es muy difícil, porque tiene muchas referencias a los melindres y a los meandros de lo que pasaba con los rusos allá en esos grupos y nosotros a la mitad no comprendemos nada, ¿verdad?. Hay que tener una enciclopedia de referencia de quién es fulano y mengano para poder entender aquello. Pero los muchachos de 14 años se rodeaban con aquello y bueno, claro, sí lo leían, algunos lo leían por supuesto y lo contaban a sus compañeros. De todo lo que se leía ahí, lo único que se comprendía era que la conciencia no puede venir del obrero, del pueblo, tiene que venir desde afuera y claro, nosotros éramos los intelectuales de 14 años... Pero sí era verdad que éramos los intelectuales, porque los otros de 14 años no sabían leer. Ser a los 14 años intelectuales y a los 14 años analfabetos, eran las dos condiciones humanas que existían. Los compañeros de los partidos marxistas-leninistas tenían esa formación y era muy complicado para ellos comprender lo que decía Freire. En el primer momento no lo han comprendido y entonces el movimiento de cultura popular, los centros estudiantiles de cultura popular que se han hecho en todo el país, a veces implicaban una pelea fuerte entre las dos tendencias, las dos maneras. Las peleas han continuado por mucho tiempo y un lado contaminaba al otro. La pelea no se daba de un grupo frente a otro grupo de estudiantes o de militantes políticos, sino en el interior de cada uno; porque a veces tú estabas en la posición del que tiene que aprender, y entonces tú te revuelcas frente al ogro que te trae todo listo, todo cerrado el conocimiento y te lo quiere meter en tu cabeza porque sos estudiante. En cuanto estudiantes, no sonaba simpática la posición de Freire, pero en cuanto intelectuales encargados de darle la conciencia al pueblo no era complicado. Claro que esto sólo lo puedo analizar hoy, en aquél tiempo vivíamos esa especie de contradicción.

Uno de los factores importantes fue que los muchachos comienzan a salir de las avenidas principales y se van a los barrios. Eso de que los estudiantes se metieran en los barrios, en los pueblos del interior, era muy complicado. Que tuviesen una actitud de arriba hacia abajo, de enseñarle al pueblo cosas que el pueblo no entendía –quizás nosotros mismos no entendíamos- que fueran a unir al pueblo y a hacer investigación de su diverso vocabulario, metiéndose donde no era su lugar, ésa ha sido una de las cosas que seguramente ha acelerado el proceso del golpe militar.

En un primer momento, ante la violencia del golpe y la militarización del país, como en toda América Latina, y con la revolución cubana ahí tan cerca de nuestra vivencia, la lucha armada ha sido el camino que nos pareció el único, pero es verdad que era el único que quedaba. En realidad, no fue el único que ha quedado porque está esa otra línea que nos había propuesto Freire. Él nos había dicho que hay otras cosas que hacer, no podemos ir todos a la lucha armada y no somos capaces todos de ir a la lucha armada. Unos a lo mejor porque no han encontrado el grupo donde meterse y otros como en mi caso, porque tenían miedo. Hay otras cosas que hacer, entonces hemos buscado otro modo de lograrlo. Yo en verdad estaba en la organización guerrillera, pero en la división de rescate de los compañeros que estaban buscados y que consistía en hacerlos salir por la frontera con la Argentina. Entonces estaba tranquila, no tenía que meterme en acciones armadas. Pero estaba en los dos caminos, de una manera y de otra, porque yo no podía decidirme. En ese tiempo, mucha gente como yo, sin estar en una organización que proponía la lucha armada buscaba el camino. Incluso hubo organizaciones clandestinas que han dicho que no era la hora, no podemos hacer la lucha armada sin el pueblo y estamos muy lejos del pueblo.

Entre nosotros muy pronto se desmontaron todas las organizaciones armadas. En los últimos años, del 72 y 73 en adelante, quedaban pocos y casi todos eran nada más que para hacer sobrevivir a sus militantes, no se podían casi mantener. Así tenemos la imposibilidad de seguir por el camino de la lucha armada por un lado y la convivencia en la cárcel de todo tipo de gente, de los que eran los más científicos, de los que eran los más guerrilleros, los más armados y de los que tenían miedo de tomar armas y de los que eran los más convencidos de que el camino tenía que ser mucho más largo, que se tenía que construir en el diálogo, en el conocimiento, en la educación popular, toda esa gente metida igual en la misma cárcel y por años. Entonces las cárceles brasileñas han sido las universidades del nuevo tiempo del país. Es ahí donde se han hecho estudios, discusiones y descubrimientos, nadie ha sido el mismo después de esa experiencia.

Vivir durante la dictadura

Yo me fui hacia la periferia, en San Pablo, donde pude quedarme desde diciembre 1971. En un momento me avisaron que la represión había detectado mi presencia. Sabía que no podía quedarme. Un grupo del barrio al que yo estaba muy ligada, que eran obreros metalúrgicos fueron encarcelados. Entonces decidí irme. Entré por la Amazonia y fui para el nordeste. Teníamos el privilegio de tener dieciocho policías políticas distintas, una de tal estado, la federal, la de la marina, del ejército, de aeronáutica etc. pero no se pasaban los datos y las informaciones; entonces uno podía escapar cambiando de regiones. De verdad, ha sido así, a diferencia de lo que pasó con ustedes; ese ha sido otro aspecto característico nuestro.

Entonces yo me fui al “sertao” del nordeste. Justamente cuando se caían las organizaciones para muchas personas, ése fue el momento de insertarse en cualquier sitio. Muchos no teníamos ninguna organización y eso ha sido otro proceso muy interesante que después fue pasando en toda América latina y a nivel internacional.

Al estar sola empecé a hacer cosas, y es sumamente interesante cuando comienzas a descubrir la realidad, al convivir con la gente vas creando experiencia, te vas acercando a organizaciones populares, movimientos sociales. Y un día alguien te dice que hay un tipo que está haciendo cosas semejantes a las que estas haciendo vos, vive a 200 kilómetros de aquí y ya tú quieres saber quién es, y vas tejiendo lazos poco a poco, desde abajo, desde la clandestinidad o más exactamente desde el anonimato. Este encuentro posibilita que, de distintas maneras, muchas intuiciones se hayan ido transformando en acciones, prácticas y experiencias. De ese período lo que quiero compartir con ustedes, que creo que fue lo más importante, fue la euforia de esas vivencias. Descubrir un mundo que no conocía, porque yo soy de Santos, de una ciudad portuaria, cosmopolita y de repente cuando tenía 30 años me mudé a un pueblito semiárido, del norte, del sertao. Era un mundo totalmente desconocido para mí. Yo ya había estado en Francia y cuando llegué a París sabía qué hacer, cuando estaba aburrida sabía dónde ir, y sabía qué pedir, qué tomar, qué comer y sabía dónde estaba. Cuando llegué al sertao yo tenía que preguntarlo todo, todo. No sabía qué agua podía beber, ni dónde estaba el agua, todo era un misterio. No sabía nada, y tuve que aprender todo, aprender y comprender poco a poco, y ensayar los primeros gestos y respuestas tratando de vivir como se debe vivir en esas condiciones.

Lo importante era sentir que sí, que estaba funcionando, que yo estaba aprendiendo. Ésta ha sido una de las cosas de esos tiempos tan felices: darse cuenta que uno se construye, que siente que rompió la cáscara. Frente a cualquiera cosa que pasaba, yo pensaba: “ahora ya nadie me puede detener, yo puedo aprender, yo puedo hacer cualquier cosa”. Lo sentía de verdad, he estado 16 años allí.

La pedagogía de la pregunta

Luego me fui a las zonas cañeras. Era otro mundo, en otro estado del nordeste y he empezado a aprender y enseñar. Una no sabía cuándo estaba aprendiendo y cuándo estaba enseñando, porque la cosa más importante que he vivido es que mientras yo misma iba aprendiendo, en el mismo aprender yo hacía aprender al otro. Todo el tiempo derivaba en una realidad distinta, y tenía que saber preguntar, porque en general la gente desde su cultura no puede imaginar que otro no comprenda. Entonces las cosas más importantes, las más fundamentales, nadie las dice, porque no pueden imaginar que no sean evidentes. Lo mismo nos pasa a nosotros.

Esa experiencia de tener que hacer las preguntas, las buenas preguntas, las preguntas que hagan que el otro comprenda que yo no comprendo, es un ejercicio fantástico. Realmente es un ejercicio para el que pregunta y para el que tiene que comprender la pregunta. Eso me hizo aprender qué es la educación popular, comprender lo popular, cómo una educación que es popular no lo es por su destinatario, pero sí por sus protagonistas, que es popular en sus objetivos, en su lenguaje y en su contenido, que la educación tiene que ser popular desde todo punto de vista. Pude comprender que el contenido más importante en educación popular es el método y no cualquier otro contenido. Vislumbrar que todo el saber que tenemos es circunstancial, y que antes de cristalizarse, ya está superado. Es fundamental apreciar que la realidad va cambiando constantemente, en todo sitio, en todas partes; incluso a veces eso nos tiene que hacer cambiar la propia comprensión de la utopía y del proyecto.

La educación popular tiene como uno de los objetivos más importantes el cambio de cultura, de la realidad. Propone que haya justicia, que haya igualdad, y que se acabe con la deshumanización del capitalismo. Por supuesto entonces que tiene que tener objetivos políticos, es inevitable.

Es imprescindible llegar a revelar la realidad contradictoria, la realidad que propone, ejerce y que cuida con garras el capitalismo. No es por nada que el primer libro de Freire haya sido “La educación como práctica de la libertad” y que al segundo lo llame “ Pedagogía del oprimido”.

Además la política es una cosa muy complicada, porque se hace como se puede. Lo que quiero decir es que el sueño nunca corresponde exactamente con la realidad, y ésta es una angustia con la que luchamos muchos. En muchos casos cuando realizamos el paso primero vemos que no llegamos donde pensábamos que íbamos y entonces ahí hay un momento muy complicado. Una o uno se pregunta ¿ha valido la pena? ¿dónde fue que llegamos? ¿dónde fue que erramos? Esto es muy doloroso.

La criticidad en el educador popular

Como educador popular siempre tengo que hacer buenas preguntas, que susciten crítica, pero no una crítica descomprometida con la respuesta, sino una crítica que al mismo que levanta la crítica se reconozca creando acción, que se responda la pregunta, tratando de crearla, de recrearla, aunque a veces es difícil. Lo que siempre permite continuar son las buenas preguntas, el diálogo crítico, no el diálogo condescendiente.

Lo importante es no salir de las calles. Como educadores populares tenemos que tener siempre el barro en los zapatos, es decir, ir siempre donde está la gente, el barrio popular, la masa popular. Es imprescindible entender que la realidad va cambiando y que es necesario evaluarla una y otra vez, cada vez más sabiamente. Para ello se requiere de un diálogo cada vez más amplio, que permita mirar desde diferentes puntos de vista.

Les vuelvo a decir que el método es lo más importante, el contenido de la educación popular es lo que nos salva de la desesperanza y también del mareo, de la borrachera que puede dar el éxito o los éxitos.

La revolución y la conversión individual

Cuando hablo de conversión, siempre me refiero a que la conversión es una revolución al nivel individual, personal, interior, espiritual, pero también ética, de la sensibilidad, estética y también intelectual. No se limita sólo a lo religioso, tu puedes posicionarte como ateo toda tu vida y tener varias conversiones.

También en Brasil hay cristianos que pasan toda su vida y no tienen ninguna idea revolucionaria, ni su manera de leer la palabra de Dios o de entenderla. Su fe no lo lleva a opciones radicales. No puedo juzgar la autenticidad de su religión, porque ese juzgamiento lo hace dios, pero sé que no han pasado por la revolución interior.

Incluso los oprimidos tienen que pasar por una conversión. Eso Freire lo explica muy bien. Nos lo hizo comprender con su “Pedagogía del oprimido”. Él nos decía que el opresor está introyectado en el oprimido, y entonces el oprimido tiene que convertirse en “oprimido para sí”, para que pueda reconocer en el otro al opresor. De esta manera pueda reconocer todo el proceso de opresión y siempre partir de la acción. La revolución tiene que darse a nivel del pensamiento, a nivel de sensibilidad, a nivel de voluntad y de la acción de cada uno. Yo a esto lo llamo conversión para distinguirlo, pero es el otro polo de la revolución. No hay revolución de verdad sin conversión o no hay conversión de la sociedad en otra cosa mejor sin la revolución interior de cada uno.

Yo creo que el texto del Evangelio puede ser leído de manera no revolucionaria; la realidad de la injusticia sola, en sí misma, puede ser mirada, vista y conocida con bastante datos, información, de una manera fatalista. Pero cuando se junta una visión de la realidad crítica con una lectura crítica del Evangelio, hay una chispa que sale de ahí, una chispa que va entre la indignación y la esperanza de cambio de las relaciones humanas.

Por otro lado, tenemos que tener en cuenta que en Brasil los movimientos cristianos católicos, los grupos de jóvenes de las parroquias, las comunidades eclesiales de base han sido y siguen siendo la más ancha puerta de entrada para la gente en los movimientos populares. No estoy hablando de la iglesia, como institución oficial, estoy hablando de la sensibilidad religiosa, de la convertibilidad que detona la creencia en Jesucristo.

Entonces, alguien tiene que empezar a hacer la crítica.

Hablando de la situación actual, que es tan compleja, creo que nosotros tenemos que hacer la crítica de nuestra política antes de que nuestros enemigos empiecen a hacerla. Tenemos que hacerla antes, porque cuando ellos la hagan, tenemos que tener propuestas de cómo superar esos errores. Si no las hacemos nosotros, las harán ellos y con ellos se va a ir el pueblo, porque los errores tarde o temprano aparecen. Nosotros decimos, no se puede tapar el sol con un tamiz. Los educadores populares que estamos fuera del gobierno, no contra el gobierno sino fuera, tenemos que ser doblemente críticos.

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