nro. 21
Presentación de América Libre 21

Sueña Simón Bolívar una América Libre y enamora a las Manuelas en su larga marcha libertaria. De Simones y Manuelas se puebla el mito rebelde de un continente que se levanta contra la opresión colonial.

Sueña Juana Azurduy una América Libre y cabalga en el Alto Perú con las guerrillas que pararán el avance español en el corazón de nuestra tierra. Como Manuel Rodríguez en Chile, la sombra de Juana Azurduy crea el mito guerrillero que acuna el nacimiento de la Patria Grande en los días de la Primera Independencia. Juanas y Manueles. Simones y Manuelas. De mujeres y hombres se hace el sueño de la libertad americana. Sueña Artigas que florece una independencia que no pretende subordinar unas naciones a otras, ni antes ni ahora. Sueña Adelita que se va con otra. Sueña Emiliano Zapata que persigue a la Adelita por tierra y por libertad.

Sueña Sandino que su pequeño Ejército Loco se alza contra todas las traiciones de los otros y de los nosotros. Sueña Farabundo Martí que Roque Dalton no murió.

Sueña el Che una América Libre y se libera él de toda atadura para poder soñar. Liviano queda para transitar la memoria de la gente sencilla. Sueña Allende una América Libre y enarbola la ametralladora que le regaló Fidel, para disparar contra la cobardía, la felonía y la traición. De Ernestos y de Salvadores se hace la ética de la América Libre. De coherencia. De terca vocación de humanidad.

Hace 10 años esos sueños pretendían ser enterrados en las fosas comunes de la desmemoria y de la impunidad. Los 500 años del genocidio eran recordados por los conquistadores y sus súbditos como el «encuentro de dos mundos». Se proclamaba el fin de la historia. Se anunciaba el suicidio de las esperanzas. La derrota cultural amarraba a las izquierdas. Fue en ese contexto en el que nos animamos a inventar una revista que fuera, sobre todo, un espacio para el encuentro. Imaginamos colectivamente sus páginas, sus artículos posibles, sus integrantes. Una cofradía de necios coleccionistas de muchas derrotas y de algunas alegrías. Aquellos que no importaba si nos llamábamos cristianos, comunistas, trotskistas, socialistas, solidarios, solitarios, guerrilleros, sacerdotes, guevaristas, siempre que conjugáramos aquellas palabras que alguna vez pronunció el poeta guerrillero sandinista Lionel Rugama: «¡que se rinda tu madre!».

Vale recordar a algunos compañeros de ese andar, que ya no están físicamente con nosotros, aunque se encuentran más presentes que tantos otros. Como Paulo Freire, que en el número 2 de la revista nos decía: “Cuando Betto me dio el primer número de la revista, y me habló de la utopía de esa revista, yo adherí inmediatamente. Adherí a la revista enseguida que él me planteó la posibilidad de que yo fuese incorporado. Está claro que esta revista, es una de las posibilidades históricas que tenemos hoy. Es la posibilidad de trabajar a favor de la posibilidad. Yo creo que ningún hombre, ninguna mujer progresista de este continente, puede negar como mínimo la contribución que cada uno y cada una de nosotros tenga la posibilidad de dar. Porque no es solo un sueño de los que hacen la revista. Es una necesidad histórica de los que vivimos en este continente». Como el comandante Manuel Piñeiro Losada, el querido «Barbarroja», que integró el consejo editorial, animó nuestro proyecto, y en el número 11 de la revista nos decía: «Creo que mientras existan oprimidos y opresores, injusticias sociales, dominación imperialista y también la esperanza en un mundo justo, fraternal y solidario entre los hombres y los pueblos, perdurará el pensamiento y el ejemplo del Che».

Bien podríamos pensar a América Libre, en la intersección de estas dos potentes personalidades de América Latina, que alentaron nuestra reflexión y nuestra acción transformadora en los momentos más difíciles. Y necesario es reconocer que fue un compañero como Frei Betto, quien ahora salió de la dirección de América Libre para «trabajar a favor de la posibilidad», quien pudo reunir ecuménicamente a creencias y descreencias tan diversas. Fue un director compañero, que empujó la esperanza en el tiempo del escepticismo, hasta acercarla a un momento más promisorio para los pueblos, para los más.

Salimos de la derrota. Muchas mujeres y hombres que no se reconocen en ninguno de los nombres que nos nombraban, se han vuelto protagonistas. Se llaman a sí mismos piqueteros y piqueteras, sin tierra, cocaleros, zapatistas, bolivarianos, feministas. Otros seguimos cargando los mismos apellidos, aunque nos hayamos sumado otros tantos nombres.Seguimos soñando una América Libre. La estamos haciendo.

Cuando se cumplen 30 años de la presencia definitiva de Allende en nuestra memoria colectiva, volvemos a encontrarnos en Chile. Esta revista es una invitación a pensar nuevamente la experiencia, y a juntarnos para hacerlo, en el Seminario que realizaremos entre los días 7 y 11 de septiembre. Serán días de análisis y de debates, de porfiado desafío al olvido. Será el tiempo justo para decir que el 11 de septiembre, para los latinoamericanos, tiene un solo e inequívoco sentido: el que nos trae la imagen de la Moneda en llamas. El incendio de los sueños de la América Libre producido por obra del mayor estado terrorista del mundo: los Estados Unidos de Norteamérica. La metralla disparando contra el desarmado vuelo de pájaros libertarios. Ellos no permitieron continuar el vuelo. Los documentos desclasificados de la CIA así lo demuestran. De ahora en más, será su responsabilidad si los pueblos ya no confían en el valor de las buenas razones. Será su responsabilidad, como siempre lo ha sido, si se endurecen las maneras de no perder la ternura.

El 11 de septiembre de los pueblos será, para la cofradía de la América Libre, para los veteranos combatientes de la resistencia a las dictaduras, y para los jóvenes que hoy sacuden las rigideces creadas por el combate en soledad, un compromiso de honor. Será una cita con los sueños y con el deseo. Será la hora de las Manuelas y de los Manueles. Será el tiempo de re-conocernos en el camino de la historia, en la decencia de los Salvadores, y la rebeldía de las Juanas.

Claudia Korol

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