nro. 21
30 años: "la tarea no está cumplida"
Testimonio de Humberto Martones Morales, Ministro de Salvador Allende

Yo fui ministro de Tierras y Colonización -hoy día ese ministerio se llama Bienes Nacionales; fui ministro de Obras Públicas y Transporte; y además fui ministro de un ministerio virtual que hicimos crear, el ministerio del Mar, en búsqueda de nuevos recursos para incrementar la actividad económica del país, el trabajo de la gente, ordenar la actividad que en él se origina. Allí está la actividad artesanal e industrial. Ese ministerio lo desempeñé asumiendo dos comités: uno empresarial, que lo integraban las empresas pesqueras del Estado y los astilleros del Estado; y otro de carácter gremial, social, donde estaban las instituciones -un comité institucional donde participaban trabajadores, empresarios, y el Estado, incluyendo la Armada Nacional-. Entre los tres ministerios estuve todo el período del gobierno.

Ingresé con el presidente Allende, en noviembre de 1970 y salí en agosto de 1973, 31 días antes del golpe. Esto se debió a que cuando el presidente Allende constituye lo que denominó el Ministerio de Salvación Nacional, con la presencia de los Comandantes en Jefe de las FF.AA. y de Carabineros, el comandante en jefe de la Fuerza Aérea, le pidió al Presidente que le asignara el Ministerio de Obras Públicas y Transporte, porque en él residía la huelga sediciosa de los transportistas. Según este General, él tenía la solución para el problema. Esto obligó al Presidente a hacer el cambio. La verdad es que diez días después salió del ministerio porque estaba en la búsqueda de un golpe de estado para él.

Yo comienzo siendo ministro de Tierras y Colonización. En ese ministerio residían dos actividades: por un lado la custodia de todos los bienes del Estado. Todos los bienes materiales que están debidamente escriturados en los conservadores de bienes raíces, son administrados por ese ministerio. Ahí estaba también la Dirección de Asuntos Indígenas, que tiene que ver con las etnias, y muy particularmente con la etnia mapuche, que es la mayoritaria en el país, y que tiene una presencia muy importante, no solo en número, sino también en la actividad económica. En nuestro tiempo, hace treinta años, se estimaba que aproximadamente el 8 % de la población de Chile era indígena., -y me refiero a los indígenas puros, fuera del mestizaje que lógicamente tenemos la inmensa mayoría de los chilenos-. En ese ministerio residía la política que teníamos que aplicar con este pueblo, que siempre fue muy maltratado.

Los chilenos tuvimos un conflicto bélico con Perú y Bolivia. Cuando el ejército de Chile regresa -al terminar el conflicto-, el gobierno de la época envía al ejército para dominar al pueblo mapuche, que siempre fue un pueblo muy rebelde. Estamos hablando de 1880. Los mapuches mantenían y controlaban un territorio, lo manejaban y lo dirigían, con conflictos permanentes. De ahí salió un sistema de reducciones indígenas y las comunidades indígenas. Se los circunscribió a pequeños retazos de terreno, donde las comunidades tenían que subsistir. No obstante que ya era de por sí poco, con el transcurso del tiempo los colonos, la gente que fue llegando a esos territorios, compró retazos de terrenos a vil precio. Otros sencillamente tomaron espacios de terrenos del pueblo mapuche. Esto generó en el siglo 20 una serie de conflictos, donde generalmente los gobiernos intervinieron a favor de los colonos, nunca de los pueblos originarios.

Cuando nosotros llegamos al poder, el presidente Allende nos instruye para que entremos en un diálogo con el pueblo mapuche. Lo hacemos. Incluso se generaron en esos días comisiones que trabajaron para resolver los conflictos que estaban pendientes. Hay una ley, que databa de 1954, en la que se daban las normas para resolver los conflictos de tierras. Habían transcurrido los gobiernos del Presidente Ibáñez, del Presidente Alessandri, y del Presidente Frei, y lo que se había resuelto eran unas 14 a 16.000 hectáreas que se devolvieron al pueblo mapuche. En el caso nuestro, en seis meses devolvimos más de 60.000 hectáreas, sin derramamiento de sangre, y en perfecta armonía con los colonos y con el pueblo mapuche. Esa tarea la acompañamos de un incremento en becas, para que los niños y jóvenes mapuches pudiesen estudiar, tanto en la enseñanza básica, como en la enseñanza media y en la enseñanza profesional y universitaria. Nosotros establecimos 70.000 becas para los pueblos originarios. Mapuches, tehuelches, aymaras, wichis, diaguitas, etc. Acrecentamos apreciablemente las becas que venían de antes. Esto significó establecer hogares para los estudiantes que salían del campo para la ciudad, para albergar tanto a mujeres como a hombres. Les entregamos los elementos necesarios para estudiar, no solo la alimentación. Enviamos al Congreso la modificación de la ley, porque en ejercicio de ella nos dimos cuenta que era insuficiente Incluso en esa oportunidad, propusimos sacar del Ministerio de Tierras y Colonización el tema indígena, trasladarlo al Ministerio de Planificación, con las modificaciones de la ley que se empezaron a discutir en el Parlamento.

Por razones históricas, Chile tiene en su extensión territorial una cantidad importante de tierras que no eran suyas o que no habían sido colonizadas todavía. Toda la zona austral no había sido colonizada, la parte en la que estaba el pueblo mapuche. Lo que no es reducción indígena pasó a ser parte del Estado chileno. Y en la zona norte, después del conflicto con Perú y Bolivia se anexó un espacio inmenso de tierras para Chile. Se fueron generando nuevos pueblos, o pequeñas zonas que explotaba el agricultor. Nosotros como gobierno nos dimos a la tarea de consolidar a esta gente que estaba viviendo en condiciones poco claras. Comenzamos a darles títulos. El gobierno puede asignar espacios de tierras a familias, siempre que cumplan determinadas condiciones. Después de un período de cinco años, el colono podía solicitar que se les entregase el dominio definitivo. Nosotros nos dimos a la tarea de otorgar títulos. Ésta fue otra tarea que hicimos desde el Ministerio.

Nosotros no pensábamos en esos días ni de lejos en entrar a vender tierras. Por el contrario, nosotros consolidábamos posiciones, para poder mejorar las condiciones del área, del sector. De tal manera que la política nuestra, que no tenía nada que ver con la que hoy se desarrolla en Bienes Nacionales, nos permitió consolidar la propiedad del pequeño ocupante, algunos agricultores, y en otros casos resolver el tema habitacional. Desde luego entramos en un trabajo común con Agricultura, porque estamos hablando básicamente de tierras.

Nosotros asumimos el 4 de noviembre de 1970. El 23 de diciembre, no habían transcurrido dos meses, el Presidente Allende se traslada junto con Chonchol y conmigo hasta la Araucanía. Fuimos a Temuco, y ahí se suscribió un convenio entre el gobierno y el pueblo mapuche. Tuvimos una concentración en el estadio de la ciudad, con más de 10.000 mapuches, en una fiesta preciosas, en la que nos sentimos más que satisfechos del trabajo que realizamos. Nosotros no tuvimos ningún problema con el pueblo mapuche. Por el contrario, ellos estuvieron muy cerca del presidente Allende.

En el caso del Ministerio del Mar, a través de una empresa que se llama Cor-Pesca, tomamos como Estado el control de las exportaciones de los productos del mar: harina de pescado, aceite de pescado, langostino, camarones. Duplicamos el ingreso de divisas de un día para otro, porque los señores dejaban la mitad de divisas afuera. La tonelada de harina, que aparecía a 135 dólares pasó a 235 dólares. Además hicimos un convenio con los peruanos. Ellos pescan mucho más que los chilenos. En vez de estar a las patadas nos pusimos de acuerdo, ellos rendían las porciones gruesas de harina de pescado y nosotros las porciones finas. Nos pusimos de acuerdo en los precios, los subimos apreciablemente, lo que era muy justo, porque estaba a vil precio. En el gobierno del Perú estaba el General Velazco Alvarado. Esa actividad que desarrollamos, tanto en la exportación como en el consumo interno, estaba acompañada de un Proyecto de Ley que creaba el Ministerio del Mar. El Presidente Allende en esos días sintió la gran preocupación de que se empezó a conocer el descubrimiento de la fibra óptica. Nos dijo: "no nos vaya a pasar lo que nos sucedió con el salitre, que al aparecer el salitre sintético, ese sueldo de Chile de la época que era la venta del salitre, se acabó. Tenemos que salir a la búsqueda de otras fuentes de riqueza. Yo creo, dijo Allende -recuerden que era porteño, había nacido en Valparaíso- que tenemos que mirar hacia el mar. El 90% de las importaciones y el 85 % de las exportaciones van por vía marítima. Tenemos 4500 km. de costa. Somos un país consecuentemente marítimo. Tenemos que mirar hacia allí, y vamos a crear el ministerio del Mar."

En esta conversación informal que sostuvimos nace este proyecto. No estaba establecido en el programa, no estaba en las 40 medidas del gobierno de la Unidad Popular. En esa conversación, él me dice: "usted se hace cargo de este problema". Elaboramos un proyecto para crear el Ministerio del Mar, que existió en los hechos pero no legalmente. Discutimos el proyecto con el Presidente artículo por artículo y lo mandamos al Parlamento. Recibimos el apoyo incluso de los parlamentarios de la oposición. Dimos un argumento muy importante: el producto del mar es muy rico en proteínas, y nosotros entendemos que con proteínas podemos tener gente con más inteligencia, con más fuerza para enfrentar la vida. Sobre todo los niños. Yo tengo que ser muy honesto. Tuvimos el apoyo del doctor Gustavo Monqueberk, que era del partido Nacional y del doctor Jorge Lavandero, diputado de la Democracia Cristiana. Hice foros en las Universidades para que quien tuviera discrepancias, o quisiera proponer modificaciones al proyecto pudiera hacerlo. El Ministerio del Mar se iba a establecer en Valparaíso, en el edificio que hoy día tiene la Intendencia. Ese edificio fue proyectado para que allí residiera el Ministerio del Mar. Cuando pasa al Senado, la vida política ya era intratable. Bastaba que un proyecto fuera de la Unidad Popular, para que no se aprobara. Los mismos demócrata cristianos que lo habían apoyado, se opusieron a su creación.

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Yo no pertenecía al partido Radical, pertenecía al partido Socialdemócrata. La Unidad Popular estaba integrada por el partido Socialista, partido Comunista, partido Radical, partido Socialdemócrata, MAPU, el API (Alianza Popular Independiente). Después ingresa la Izquierda Cristiana. Esto tiene una gran importancia en relación a las declaraciones que viene haciendo Luis Guastavino. ¿Qué dice Guastavino? Que queríamos partido único, televisión única, diario único, radio única. ¿Qué le puedo responder yo? Que es una gran mentira. Debe haber estado en su mente, pero en la del presidente Allende no. A nosotros, que éramos socialdemócratas, nos invitó después de las elecciones municipales. En el 70 ganamos las elecciones presidenciales. Sale Allende con el 36% de la votación. En las municipales, abril del 71, alcanzamos poco más del 50% de los votos. ¿Cuál es el problema que se le crea al Presidente? Que mientras todos los partidos crecen, el Comunista, el Socialista, el Socialdemócrata, el partido Radical decrece. Nos llama a nosotros, los socialdemócratas, y conversamos con el Presidente. Nos dice: "Compañeros, es preocupante lo que ha sucedido con el partido Radical. Yo quiero un partido Radical poderoso, potente, que haga equilibrio con los partidos marxistas. Les pido que ustedes piensen, estudien, cómo se fusionan con el partido Radical" Por esto es que yo soy radical. Si no, no lo sería. Tengo grandes reservas en relación con el pasado del partido Radical, en especial con el señor Gabriel González Videla, que es el autor de la Ley de Defensa de la Democracia. Pero el presidente Allende nos pide que pensemos esta idea. También nos dice en esa oportunidad: "el MAPU y la Izquierda Cristiana deben pasar a ser un solo gran partido social-cristiano. Yo siempre fui contrario de que los compañeros salieran de la Democracia Cristiana. En lugar de salirse del partido, debieron dar la pelea adentro. Porque si nosotros juntamos la Unidad Popular con la Democracia Cristiana, manejada por gente como Chonchol, como Maira, etc., haríamos el gobierno que procedería al cambio del sistema sin derramamiento del sistema".

¿Por qué a nosotros se nos dificultaron las cosas? Más allá que todo esto viene de los Estados Unidos -porque el que no entienda esto, lo hace de mala fe; porque no hay duda ninguna, que ya en la campaña del 64 intervino Estados Unidos impidiendo el triunfo de Allende; no tenemos ninguna duda de la intervención de Estados Unidos-. Pero más allá de eso, Allende tenía la visión que para hacer el cambio, necesitaba tener mayoría en el Parlamento, para tener las leyes, la modificación de la Constitución, y entonces podríamos tener un verdadero gobierno socialista. Porque el gobierno de Allende no fue un gobierno socialista en el sentido puro de la palabra. Estaba en el camino, pero no era completo.

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Cuando fue el golpe me exilié en Perú. Yo me iba a entregar, porque el partido Radical estimó que éste era un golpe dirigido contra el marxismo. Como el partido Radical no era marxista, dijeron: "entreguémonos porque no tenemos nada que temer, y en poco tiempo vamos a poder salir y continuar con nuestra actividad política". Era una idea equivocadísima, porque sufrieron igual o peor que el resto. Si usted mira las fotos de Dawson, el grueso de los que estaban ahí eran radicales. Se entregaron. Incluso algunos que no estaban convocados se presentaron también. Yo fui al departamento de mi padre, y me iba a entregar, como militante obediente. Pero mi familia me dijo: "¡estás loco! ¿cómo te vas a entregar? Están bombardeando la Moneda, las poblaciones". Entonces llamé al embajador de Perú, y me ofreció asilo de inmediato. Fui de los primeros que salieron. En los primeros días de octubre del 73 yo ya estaba en Lima.

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¿Qué quedó de todo esto? Yo pienso cómo puede ser que treinta años después, se mantenga vívido todo; y que no sólo los chilenos sino en todo el mundo se recuerde. En el caso nuestro, de Chile, éste no puede ser un hecho nostálgico. Esta memoria, estos 30 años, a nosotros nos han dejado una lección. Estimamos que la tarea no está cumplida, y que hay que cumplirla, con las variantes y con las condiciones de hoy. Hay que luchar por la renacionalización del cobre. Que no nos dejen los hoyos y se lleven la plata. Si las empresas hubieran tributado lo que tributó CODELCO, tendríamos 11 mil millones de dólares ingresados. Cómo resolveríamos problemas de educación, de salud, de pensiones. Yo soy presidente de los Adultos Mayores de la Sociedad Civil. Cómo no me va a doler que haya

400. 000 conciudadanos que tienen un ingreso mensual de 36.000 pesos. Ahí está la pobreza extrema, la indigencia, golpeando las puertas. Mientras tanto las transnacionales no tributan. Nosotros tenemos que generar, y hay gente que está trabajando duro en esto, se termine. Para que la renacionalización se lleve a cabo. Y hay que ver cuántas de esas 40 medidas todavía están ahí.

Éste es el gran saldo que nos tienen que arrojar estos 30 años. No importa que mientan, que aparezcan miserables como Lucho Guastavino. El debate está ahí. Y nosotros tenemos que ser capaces de imponer la verdad. Los compañeros nuestros se equivocan. Cuando veo a los socialistas diciendo barbaridades, me duele. Todo este proceso, el seminario de América Libre con ICAL, la presencia de los extranjeros aquí para rendir homenaje a un presidente que fue capaz de inmolarse por sus ideales; porque Allende no muere de cobarde, Allende dio la pelea. Allende entendió que la Moneda era el símbolo del gobierno de la democracia, y él quería estar donde el presidente de la República debía estar.

Yo recuerdo en una tarde una cosa terrible. Cuando me mostró la metralleta que le había regalado Fidel. Sentado en su escritorio, yo estaba frente a él, abrió el cajón del centro y me la mostró. Me dijo: "Compañero, yo fui la más alta nota cuando hice el Servicio Militar, en tiro. Si estos bandidos se atreven, conmigo se van a encontrar. Y este pellejito, muerto lo sacan de aquí." Esto fue entre junio y agosto del 73. Él hablaba de Balmaceda. Tenía clara la película.

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