nro. 20
Lula va a precisar mucho coraje

Entrevista a João Pedro Stédile realizada por Gilberto de Souza

Uno de los principales cuadros de la dirección nacional, e ideólogo del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), desde su fundación en 1984 -encarnación del pavor de los grandes propietarios de tierras en el Brasil, pero uno de los íconos de las recientes luchas populares en el país- el economista pos-graduado en México, João Pedro Stédile es el «gaúcho» grandote, que es fanático del Gremio de Porto Alegre y del la reforma agraria. Él cuenta ahora los minutos para que el sueño se vuelva realidad.

Con voz tranquila y pausada, Stédile prefirió los recursos de la red mundial de computadoras para conceder una entrevista exclusiva al Jornal do Brasil, en la cual confía al presidente de la República, Luiz Inácio Lula da Silva la responsabilidad por la transformación de una historia de confrontaciones y muertes a lo largo de dos décadas, en un proceso pacífico y eficaz.

Por internet, Stédile no economiza palabras de apoyo y confianza en la implantación del proceso más delicado de distribución de riquezas en el Brasil. El 1° de abril de 1964, poco después de decretar la expropiación de las tierras a lo largo de las rodovías federales, en el histórico discurso del Automóvil Club, el presidente João Goulart fue derrumbado y la nación se vio lanzada a uno de los períodos más oscuros de la Historia. Esta vez, el admirador del comunista y revolucionario Luiz Carlos Prestes cree que la historia no se repetirá.

¿Cómo ve estas primeras horas del gobierno de Lula?

El gobierno Lula se está comportando dentro de las expectativas generadas por su elección. De un lado, la derrota de la política del neoliberalismo. De otro, el pueblo con una esperanza enorme de que ahora habrá cambios de verdad. Y en el medio, el nuevo Ministerio, que conoce las enormes responsabilidades para no defraudar una vez más la voluntad popular. El gobierno Lula va a enfrentar muchos desafíos. El primero de ellos es no dejarse doblar ante la voluntad del llamado mercado, que esconde en verdad la voluntad de los grandes capitalistas. El gobierno Lula va a precisar referenciarse siempre en la sociedad brasilera. Y para esto, va a precisar mucho coraje. Pero su coraje no vendrá de la retórica, y sí de la participación popular. Sin el pueblo organizándose en la base, sin que la sociedad como un todo se movilice, no tendremos los cambios que el pueblo espera. Y en este proceso, esperamos que los medios de comunicación de masas, y el propio gobierno, ayuden a desmitificar fantasmas como mercado, bolsa de valores, etc., que no representan en nada a nuestra sociedad.

¿El MST va a movilizar al campo para apoyar la revolución social propuesta por el ministro José Dirceu?

El MST es un movimiento social que tiene como objetivo principal eliminar la pobreza y las desigualdades sociales en el medio rural brasilero. Creemos que el principal enemigo de nuestros objetivos es el latifundio, o sea la concentración de la propiedad de la tierra. El segundo enemigo es este modelo económico bajo control de las multinacionales y del capital especulativo. Nuestro papel es siempre el de organizar a los pobres del campo, para que se concienticen de sus derechos, se movilicen y luchen. Esto haremos siempre, manteniendo nuestra autonomía en relación al gobierno. Nuestra fuerza estará dada por el número de trabajadores que consigamos organizar en dirección a estos objetivos.

En su opinión, ¿cuál es la fórmula para realizar una reforma agraria pacífica y eficaz en el Brasil?

En primer lugar, en cualquier proceso social no existen fórmulas o modelos. Lo que existe son condiciones, correlaciones de fuerzas. En todo el mundo, las reformas agrarias siempre sucedieron cuando coincidieron dos circunstancias. De un lado, un gobierno popular que quería hacer la reforma agraria, o sea, quería eliminar el latifundio de la sociedad. De otro, un movimiento campesino organizado, con conciencia política y capacidad de movilización. Ni uno ni otro hicieron la reforma agraria solos. Pensamos que en este período histórico, podemos crear las condiciones ideales para esta reforma, si el MST y otros movimientos consiguen masificar la organización de los pobres del campo, y si el gobierno mantiene su compromiso de eliminar la concentración de la propiedad de la tierra en nuestra sociedad. Tendremos así las condiciones favorables para que haya, de hecho, una reforma agraria verdadera, en el sentido claro de democratizar la propiedad de la tierra, reorganizar la producción de alimentos para el mercado interno, garantizar la mejoría de la renta y las condiciones de vida para la población rural.

Pero ¿cómo imagina el MST hacer frente a los movimientos de extrema derecha, los mismos que golpean la democracia venezolana, que proponen el enfrentamiento armado en el campo, como ocurrió en Eldorado dos Carajás, en el estado de Pará?

Aunque el latifundio no esté derrotado, y tenga mucha fuerza y tentáculos en el Poder Ejecutivo de los Estados, en las policías y en el Poder Judicial, es minoría en nuestra sociedad. Tenemos apenas 27 mil hacendados, dueños de propiedades superiores a dos mil hectáreas cada uno, que controlan en total más de 178 millones de hectáreas. Aplicando la Constitución y la Ley Agraria, con coraje y sin burocracia, el Estado brasilero podrá expropiar más de 100 millones de hectáreas. Es mucha tierra.

El latifundio entonces, ¿aún es una amenaza para el MST?

Nosotros no tenemos miedo de los latifundistas; ellos son la parte más débil de la élite económica del país. Sabemos que la inmensa mayoría del pueblo brasilero quiere acabar con el latifundio, y nos va a ayudar a desmoralizarlo, como hizo hasta ahora, a pesar de las embestidas de este sector atrasado, que contó muchas veces con el beneplácito de los gobiernos pasados. Creo que el mayor peligro para el gobierno Lula, vendrá de las posibles articulaciones del gran capital internacional y del gobierno Bush. Al final, son estas mismas fuerzas las que quieren derrumbar al presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Son estas fuerzas poderosas, las que pueden desequilibrar a cualquier gobierno popular.

La presencia de Miguel Rosseto en el Ministerio ¿es un punto positivo para estas reformas en el campo?

La presencia del ministro Rosseto es una señal positiva. Él es una persona con tradición histórica de compromiso con la izquierda brasilera. Pero nosotros preferimos no quedar juzgando personas o declaraciones. Lo que va a permitir el avance, será la correlación de fuerzas en la sociedad. Y a nosotros nos cabe organizar al pueblo, para que se consiga el nivel de presión necesario para cualquier proceso de cambio.

En esta correlación de fuerzas, ¿cuánto pesa el capital de los latifundistas, en relación al poderío del gobierno elegido por más de la mitad de la población brasilera?

En la estructura económica y social del medio rural brasilero, tenemos varias fuerzas sociales. Están los latifundistas atrasados, que usan la tierra como reserva de valor, y que producen poco o nada. Como máximo se dedican a la ganadería extensiva. Hay otro sector que va entre 500 y mil hectáreas, que es el sector productivo, ligado a la agroindustria y al sector de exportación. El nuevo ministro de Agricultura, Roberto Rodrigues representa a este sector. Y puede seguir como está, ellos son los que tienen más fuerza económica y representatividad social. Pero no son nuestros enemigos. Nuestros enemigos son los latifundios improductivos. Este sector practica aún el caciquismo electoral, tiene diputados e influencia en gobernadores y en el Poder Judicial, pero en la práctica, es odiado por la población del medio rural, que sabe que son ellos los opresores. Luchamos para que los partidos tradicionales y los gobernadores electos se aparten cada vez más de estos segmentos, y se junten a la mayoría de la sociedad que quiere cambios.

¿Hay alguna regla establecida para la reforma agraria en el Brasil? En el 64 João Goulart propuso la expropiación de tierras de los márgenes de las rodovías. ¿Esta idea podría ser retomada ahora?

En relación a la reforma agraria, existen líneas políticas que son consenso entre los intelectuales, en los movimientos sociales, y de cierta forma están presentes también en el programa de gobierno de Lula. La reforma actual no es solo dividir la tierra. Ésta era la re-forma agraria clásica del capitalismo industrial del siglo 19 e inicio del siglo 20, que todos los países desarrollados hicieron. Ahora, la reforma agraria abarca muchos otros aspectos. La distribución de la tierra no es sólo una cuestión de justicia social, debe ser vista como fuente de trabajo, de garantía de trabajo para los pobres del campo. Y precisa reorganizar la producción para el mercado interno y para producir alimentos. Precisa estar vinculada con la agroindustria, llevar la agroindustria al interior. La reforma agraria tiene que venir con el cooperativismo. También precisamos obtener las técnicas agrícolas que respeten el medio ambiente y rompan con la dependencia de las multinacionales.

Todo bien en cuanto a los avances necesarios a la hora de organizar la producción de las tierras ya expropiadas. Pero la división de las tierras es lo que parece ser la gran traba en este proceso, ¿no? ¿Cuántas hectáreas poseen los latifundistas y cómo en la práctica, será posible dividirlos? Las ocupaciones ¿aún son un método aprobado por el MST en este sentido?

La ventaja del Brasil es que tenemos aún mucha tierra disponible, apta para la agricultura y próxima de los mercados, bajo control de latifundios. En cuanto al proceso de distribución de las tierras, creo que ya tenemos experiencia suficiente para adoptar formas diferenciadas y complementarias, como lotes individuales, organización de comunidades colectivas, empresas autogestionarias, cooperativas, etc. Inclusive en muchas regiones se puede reducir el actual tamaño distribuido por el INCRA, y desarrollar más la agroindustria. Pero el problema no está ni en el tamaño del lote, ni en la forma de la propiedad. La propia Constitución brasilera prevé varias formas complementarias. El problema está en tener un estímulo a la organización social de producción. Para que los pobres puedan organizar agroindustrias y formas avanzadas de producción de alimentos. Esto es lo que va a permitir el aumento rápidamente de la producción de alimentos, la renta de los asentados, sus condiciones de vida, elevar su nivel cultural y social.

¿Y las ocupaciones?

Mientras haya en nuestra sociedad, de un lado grandes propietarios latifundistas con tierras ociosas, y de otro millones de sin tierra, obviamente que habrá ocupación de tierras. Las ocupaciones por el pueblo son apenas el resultado de esta inmensa contradicción que se fue formando a lo largo de la historia en nuestra sociedad. No depende ni del gobierno, ni de medidas de represión, ni de la voluntad de dirigentes de los movimientos sociales. De nuestra parte, seguiremos concientizando a los trabajadores y estimulado la lucha por sus derechos.

¿Podemos decir que el Brasil ingresa en un tiempo de paz y justicia social con la elección de un trabajador para la Presidencia?

El MST siempre apoyó a Lula, desde 1989. Ayudamos a construir el PT, y nos consideramos un movimiento social de izquierda. Por esto, siempre conversamos con el PT, antes, durante y después de las elecciones. Conversamos sobre lo que son problemas de emergencia, como la necesidad de resolver el problema de los acampados, de la falta de crédito rural, de la falta de asistencia técnica y del fortalecimiento del INCRA. Así como exponemos la necesidad de cambiar el modelo agrícola de tipo norteamericano que el gobierno FHC viene adoptando para nuestra agricultura y resultó en una tragedia social. Sabemos que el cambio del modelo va a exigir un proceso más prolongado. Pero que el gobierno precisa planear y señalar pronto, ya que en caso contrario las multinacionales, que son las responsables del hambre en el medio rural, se harán cargo del comercio, de la soberanía alimentaria, de las agroindustrias, y si se vacila, van a querer entregar las canastas básicas para el programa de combate al hambre.

Cite tres personajes que, en su opinión, ayudaron a construir este momento de la historia del país.

En todos los períodos de nuestra historia, siempre hubo luchadores y pensadores que representaron la necesidad de cambios. De los que ya nos dejaron, creo que el pueblo brasilero debe homenajes a Luis Carlos Prestes, a Josué de Castro y a Paulo Freire, por lo que cada uno representó. De los que están con nosotros, representan la larga historia del pueblo brasilero, nuestros queridos Celso Furtado, Apolônio de Carvalho y Lélia Abramo.

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