nro. 20
Orígenes socio-religiosos del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra del Brasil

Michael Löwy

La apertura del proceso a los policías responsables de la masacre en 1996 de 19 campesinos brasileros sin tierra, que ocuparon una ruta en Eldorado dos Carajás, llamó la atención de la opinión internacional sobre el MST, que continúa obstinadamente -pese a los asesinatos o masacres de sus militantes por los «capangas» (hombres al servicio de los grandes propietarios o de los policías)-, su trabajo de organización, concientización y movilización por los derechos de los más pobres entre los pobres, los trabajadores rurales brasileros. ¿Cuáles son los orígenes y las motivaciones de este movimiento?

En su célebre estudio sobre los movimientos campesinos milenaristas, el historiador Eric Hobsbawm parte de la constatación de que la irrupción del capitalismo en las sociedades campesinas tradicionales, la introducción del liberalismo económico y de las relaciones sociales mercantiles, significa para ellos una verdadera catástrofe, un auténtico cataclismo social que los desarticula y descompone. Que este advenimiento del mundo capitalista moderno sea un proceso insidioso, por la operación de fuerzas económicas que los campesinos no comprenden, o una irrupción brutal, por conquista o cambio del régimen, es percibido por ellos como una agresión mortal a su modo de vida. Las revueltas campesinas de masas contra este nuevo orden vivido como insoportablemente injusto, toman a menudo una forma milenarista1.

Si este movimiento permanece arcaico, como en el caso de Canudos -fundado por campesinos pobres del nordeste brasilero a fines del siglo XIX, bajo la dirección del profeta milenarista Antonio Conselheiro, está condenado, constata Hobsbawm al fracaso: su revuelta «mística» y pre-política fue aplastada por el ejército, después de un largo y sangriento conflicto. Pero puede también transformarse en el punto de partida de un verdadero movimiento social moderno, como el caso de las Ligas Campesinas Sicilianas de 1891-1894. Este movimiento fue primitivo y milenarista, en la medida en que el socialismo predicado por las ligas fue, a los ojos de los campesinos sicilianos una nueva religión, la verdadera religión de Cristo -traicionada por los curas aliados a los ricos- que anunciaba el advenimiento de un mundo nuevo, sin pobreza, ni hambre ni frío, según la voluntad de Dios. Las cruces e imágenes santas eran llevadas en sus manifestaciones, y el movimiento, que contaba con una participación importante de mujeres, se extendió en 1891-1894 como una epidemia (antes de ser aplastado por la represión); las masas campesinas fueron levantadas por la creencia mesiánica de que la irrupción de un nuevo reino de justicia era inminente2.

Gracias a las prácticas organizativas modernas de los socialistas, los movimientos campesinos permanentes pudieron -pese a la derrota de 1894-, afincarse en algunas regiones de Sicilia. «Su entusiasmo milenarista original se transformó en algo más duradero, de una fe permanente y organizada, a un movimiento social revolucionario moderno». Este movimiento no es, a los ojos de Hobsbawm, un simple reemplazo de lo arcaico por lo moderno, sino una suerte de integración dialéctica del primero en el segundo: la experiencia siciliana «muestra que el milenarismo no está condenado a ser un fenómeno temporario, y puede, bajo condiciones favorables ser el fundamento de una forma de movimiento permanente, extraordinariamente tenaz y resistente»3.

Este análisis del gran historiador inglés se aplica casi palabra por palabra al Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra de Brasil, fundado en 1985. En éste, el rol de los agitadores socialistas sicilianos del último siglo es aquí reemplazado por los agentes pastorales de la iglesia católica brasilera, inspirados en esta forma inédita de socialismo cristiano que se llama teología de la liberación.

El MST es hoy uno de los más importantes movimientos sociales de Brasil y de toda América Latina4. Reúne a cientos de miles de campesinos, arrendatarios, «posseiros» (pequeños propietarios sin títulos), asalariados agrícolas, de los cuales una gran proporción son mujeres, en un combate tenaz contra la estructura formidablemente inequitativa de la propiedad de la tierra, y por una reforma agraria radical. El término «trabajadores rurales» engloba esta diversidad, poniendo el acento en el trabajo como denominador «clasista» común, y como base de una alianza necesaria con los trabajadores urbanos, contra el neoliberalismo. Perfectamente secular y no confesional, el MST hunde sus raíces en la cultura socio religiosa de lo que podría llamarse «cristianismo de liberación»5. No se puede entender su origen sin evocar el rol de la Iglesia brasilera, y en particular de la Comisión Pastoral de la Tierra.

Después de sostener el golpe militar de abril de 1964 -en nombre de la defensa de los valores cristianos, contra una imaginaria «amenaza bolchevique»- la Iglesia se transformó, durante los años 70, en la principal fuerza de oposición al régimen dictatorial y su modelo de desarrollo fuertemente desigual. Para el sector católico más avanzado, inspirado en la Teología de la Liberación y animador de las comunidades eclesiales de base (CEBs), el responsable de la pobreza y de los sufrimientos del pueblo es el propio capitalismo. Por ejemplo, en una declaración común de 1973, los obispos y religiosos superiores de la región centro-oeste de Brasil, publicaron el documento llamado «El Grito de las Iglesias» cuya conclusión es la siguiente: «Es necesario vencer al capitalismo: es el mal mayor, el pecado acumulado, la raíz podrida, el árbol que produce todos estos frutos que nosotros conocemos bien: la pobreza, el hambre, la enfermedad, la muerte. Por ello es necesario que la propiedad privada de los medios de producción (fábricas, tierras, comercio y banca) sea superada»6.

Max Weber había llamado la atención en sus trabajos de historia económica y de sociología de las religiones, sobre la «profunda aversión» de la ética católica -y también del luteranismo- hacia el espíritu frío e impersonal del capitalismo7. Reencontramos esta postura «tradicional» en la toma de posición de la corriente católica brasilera más radical, pero con dos diferencias capitales: a) la protesta moral contra el capitalismo, se complementa con un análisis social moderno de inspiración marxista (la teoría de la dependencia); b) los pobres no son vistos como víctimas ni como objetos de compasión y caridad, sino como sujetos de su propia historia, actores de su propia liberación. De todas las estructuras ligadas a la Iglesia pudo encarnarse esta «opción prioritaria por los pobres» de forma más radical y consecuente en la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT). Red vasta compuesta por tanto por miembros del clero -sobre todo religiosos, pero también ministros e incluso algunos obispos-, como laicos de diversos tipos -teólogos, expertos, biblistas, sociólogos y sobre todos agentes de la pastoral, salidos a menudo del medio rural-; la CPT fundada en 1975, ha sido una escuela formidable de dirigentes campesinos. Establecida al comienzo en la región noramazonia y el nordeste, se extendió poco a poco a todo el país; gracias a su ligazón directa con la CNBB (Conferencia Nacional de Obispos Brasileros), la Comisión goza de una gran autonomía en relación con las estructuras parroquiales locales, y no depende de los buenos deseos de los obispos de cada región9. Muchos de los agentes de la pastoral, y también algunos miembros del clero (el padre Josimo Tavares, animador de la CPT en la región llamada Bec du Perroquet (Estado de Pará) es sólo el ejemplo más conocido), pagaron con su vida el compromiso activo e intransigente de la CPT con los trabajadores rurales en lucha por sus derechos.

El milenarismo de la CPT -pero también de las CEBs, y de manera general del cristianismo de liberación, se traduce en la utopía socio-religiosa del «Reino de Dios», no como trascendencia proyectada en otro mundo, sino como una nueva sociedad acá abajo, fundada en el amor, la justicia y la libertad. Sin embargo, contrariamente a los milenarismos tradicionales, este «Reino» no es concebido como inminente, sino como el producto de una larga marcha -«caminhada» es el término brasilero- hacia la Tierra Prometida, de acuerdo al modelo bíblico del Éxodo. Las luchas sociales actuales son interpretadas teológicamente como etapas que prefiguran y anuncian el «Reino». Una lectura renovadora y cargada de historia social de la Biblia, es uno de los elementos formadores decisivos de esta fe milenarista sui géneris, y de su transmisión a las capas populares10. Una de las características principales de la cultura socio-religiosa de la CPT -que se encuentra integralmente en el MST- es la crítica a las consecuencias sociales dramáticas de la introducción del capitalismo en el campo -desocupación, expulsión de campesinos, pauperización, éxodo rural- la denuncia de la política de «modernización» autoritaria de los militares y de sus proyectos «faraónicos», la protesta contra la orientación neoliberal de los gobiernos civiles, que reemplazaron a partir de 1985 al régimen militar.

Partiendo del postulado fundamental del cristianismo de la liberación -los pobres son el sujeto de su historia- la Comisión Pastoral de la Tierra se ha dado como objetivo favorecer la auto organización de los trabajadores rurales. Respetando la autonomía y la secularización de los movimientos sociales, rechaza la concepción clerical tradicional del sindicato -o partido- «cristiano». Se trata de ayudar, simplemente de favorecer, dar coraje, sostener, proteger -contra la represión policial o de los hombres armados de los latifundistas-, los esfuerzos de los trabajadores por organizarse. Como escribió Sergio Görgen, padre franciscano y uno de los principales animadores de la CPT en el estado de Rio Grande do Sul: «La CPT no reemplaza a las organizaciones de clase. Trata de contribuir, aconsejar, ayudar en la concientización, mejorar las formas de organización, estudiar la realidad científicamente, pero no reemplazar a los órganos representativos de los trabajadores»11.

Sin embargo, en la práctica, la diferencia entre aconsejar, -asesorar, el término brasilero es más rico en significados múltiples- y dirigir, no es siempre sencilla de determinar. Tensiones y conflictos inevitables surgieron durante los años de formación del MST entre la organización autónoma y algunos miembros del clero dentro de la CPT12.

El MST se formó entre los años 1979-1985, primero en algunos estados del sur de Brasil, y luego en el resto del país. Desde su comienzo -el combate épico de Encrucijada Natalino: mil días de enfrentamiento con los militares, las autoridades locales y federales (1981-1983)-, el movimiento introdujo nuevos métodos de lucha: las ocupaciones «ilegales» de tierras no cultivadas, y el establecimiento de campamentos democráticamente autogestionados. A menudo los sin tierra son expulsados brutalmente por la policía militar, pero en algunos casos la fuerte visibilidad de sus ocupaciones, con el apoyo de la Iglesia, los sindicatos y partidos de izquierda, obligaron al gobierno a negociar.

Una etapa importante en la constitución del movimiento, fue el encuentro regional (sud) en enero de 1984 en Cascavel (Estado de Paraná), el primero organizado por los propios militantes y no por la CPT. Entre las resoluciones adoptadas, hubo una declaración de autonomía en relación a la CPT y a cualquier otra institución, y la definición de objetivos del movimiento: la reforma agraria, y una nueva sociedad «justa e igualitaria, distinta del capitalismo». El MST fue fundado «oficialmente» en Curitiba (capital del estado de Paraná) en enero de 1985, en ocasión del Primer Congreso de asociaciones de campesinos sin tierra, en presencia de 1500 delegados llegados de la mayoría de Estados del Brasil. El documento final denuncia el Estatuto de la Tierra realizado por los militares, como capitalista, antipopular y favorable a la concentración de la propiedad financiera.

La CPT dio una contribución decisiva a sus procesos de auto-organización, pero a medida que el movimiento se emancipó de sus «consejeros», aparecieron las tensiones. Ciertos miembros del clero, algunos obispos, no podían aceptar que el MST escapara totalmente a su amigable solicitud, y no siguiera sus consejos razonables. La cuestión de la «violencia» cristalizó los desacuerdos: por ejemplo, cuando la ocupación de la hacienda Annoni (Rio Grande do Sul), 49 obispos progresistas -que participaban del VI° Encuentro Intereclesial de las comunidades eclesiales de base, en julio de 1986-, publicaron una declaración que apoya la ocupación, pero insiste mucho en su carácter pacífico, y advierte al movimiento en términos velados contra una «explosión de violencia» que provocaría una «represión sangrienta»13. Pero poco a poco los animadores de la CPT y la mayoría de obispos cercanos, se resignaron a la separación del MST y le aportaron un sostén consecuente, respetando su autonomía14.

El MST se constituyó como movimiento independiente -¡y muy celoso de su independencia!-, secular y no confesional, es decir, abierto a católicos y protestantes, creyentes y no creyentes (hay que decir que estos últimos son raros en el medio rural, y se encuentran sobre todo entre los numerosos militantes políticos urbanos que cooperan con el MST). Pese a esta «desconfesionalización», no es un secreto para nadie que la mayoría de los militantes activos y de los cuadros del MST se originan en la CPT y en las CEBs; y algunos han conservado sus lazos con las estructuras, pero todos han bebido en el cristianismo de la liberación su cultura socio-religiosa, y la motivación ética más profunda de su compromiso.

Nosotros tocamos acá el asunto del milenarismo o, como se dice en Brasil, la «mística» del MST. Según Eric Hobsbawm, el milenarismo no debe ser considerado únicamente como «una impactante supervivencia de un pasado arcaico», sino como una fuerza cultural que permanece activa, bajo otra forma, en los movimientos sociales y políticos modernos. La conclusión que él propone al fin del capítulo dedicado a las ligas campesinas sicilianas tiene, evidentemente un sostén histórico, social y político más amplio y universal: «Cuando está integrado a un movimiento moderno, el milenarismo puede no solamente devenir políticamente eficaz, sino que puede hacerlo sin la pérdida de este entusiasmo, esa fe ardiente en un mundo nuevo, y esa generosidad en la emoción que lo caracterizan aún en sus formas más primitivas (...)»15. Una vez más no estamos lejos del universo moral del MST brasilero...

La utopía socio-religiosa del cristianismo de liberación, está presente de manera explícita e implícita, en los numerosos rituales que jalonan la vida y los combates de los campamentos del MST: celebraciones, pro-cesiones, marchas, cantos, discursos. Estos rituales, organizados por los cuadros y militantes del movimiento -cuya mayoría se reconocen en la teología de la liberación- son bien aceptados por los campesinos, pese al hecho de que la mayoría de la población de los campamentos está más cercana a la religiosidad popular (católica) tradicional -la creencia en el poder mágico de los santos-, que de la nueva teología. Encontramos también una minoría creciente de evangelistas neopentecostales, distantes del ambiente católico y politizado de los campamentos, pero entusiasmados en la lucha por la tierra. Otras minorías menos importantes, de origen europeo y presentes sobre todo en el sur del país con los católicos «romanizados» (de estricta obediencia a la doctrina de la Iglesia vaticana) y los luteranos históricos, a menudo cercanos a la teología de la liberación16.

Pero la «mística» -no sólo en la acepción estrictamente religiosa de la palabra, sino en el sentido más amplio que le da Charles Peguy- impregna de una manera más general la cultura socio-política secular del MST. El término es empleado por los propios militantes para designar la intransigencia moral, el compromiso emocional, la dedicación a la causa a riesgo de sus vidas, la esperanza en un cambio social radical. La mística del movimiento se manifiesta, escribe Joao Pedro Stédile, uno de los principales dirigentes del MST, «en los símbolos de nuestra cultura, en nuestros valores, en la convicción de que es necesario luchar», y sobre todo «en la creencia de la posibilidad de una sociedad más justa y fraternal»17. Esta mística laica, este milenarismo profano, están presentes en los rituales, los textos, los discursos, la formación de los activistas del movimiento. Representan una especie de inversión de la «energía creyente» de los militantes, en la utopía revolucionaria del MST.

Esta fe obstinada en el advenimiento de una sociedad nueva «diferente del capitalismo» -el equivalente profano del «Reino»-, no impide al MST actuar con una racionalidad perfectamente moderna, dándose objetivos inmediatos concretos, negociando, en posición de fuerza, con las autoridades, organizando cooperativas agrícolas rentables y productivas. Esta síntesis plena de utopía y realismo, contribuyó sin duda a hacer del Movimiento de los Trabajadores rurales Sin Tierra, no sólo la expresión organizada de la lucha de los pobres del campo por una reforma agraria radical, sino también la referencia central para todas las fuerzas de la sociedad «civil» brasilera -sindicatos, iglesias, partidos de izquierda, asociaciones profesionales, universitarios-, que luchan contra el neoliberalismo.


NOTAS

1. Eric Hobsbawm, Primitive Rebels. Studies in Archaic Forms of Social Movement in the 19th and 20th centuries. New York, Norton Library, 1959, pp 3, 67, 119

2. Primitive Rebels. pp. 98-101

3. Primitive Rebels. pp. 101-105

4. Sobre el MST, ver los artículos de Maurice Lémoine y Philippe Revelli en «Le Monde Diplomatique». Sobre el contexto general de los nuevos movimientos campesinos en América Latina, se puede consultar el interesante trabajo de James Petras, «La izquierda devuelve el golpe». Rosario. Argentina. Ed. Homo Sapiens. 1997

5. Yo entiendo por este término al vasto movimiento social, que incluye a las pastorales populares y las CEBs, que ha movilizado, después del debut de los años 60 a millones de cristianos en toda América Latina, junto a las luchas populares -un movimiento donde la teología de la liberación, aparece en el curso de los años 70, como la expresión espiritual. Para más precisiones, yo recomiendo mi obra «La Guerre des Dieux. Religión et Politique en Amérique Latine». Paris, Editions du Felin. 1998.

6. En «Los Obispos latinoamericanos entre Medellín y Puebla». San Salvador. Universidad Centroamericana. 1978. p.71

7. «La profunda aversión (tiefe Abneigung) que toda iniciativa capitalista inspira a la ética católica, a sus continuadores y también a la luterana, está esencialmente fundada en el temor a la naturaleza impersonal de las relaciones que se establecen en el seno de una economía capitalista. Esta despersonalización tiene por efecto arrancar algunas relaciones humanas a la empresa de la Iglesia y su influencia, interfiriendo penetrarlos o formarlos desde un punto de vista ético». Max Weber, Wirtschaftsgeschichte, Munich, Dunker & Humboldt, 1923, p. 305

8. El investigador brasilero Luis Ignacio Germany Gaiger considera que los agentes de la pastoral de la CPT, han jugado el rol de «intelectuales orgánicos» (en el sentido gramsciano) del movimiento campesino en sus orígenes. Cf. Agentes religiosos e camponeses sem terra no sul du Brasil, Petrópolis, Vozes, 1987. pp.58-60. Los obispos más activos dentro de la CPT han sido Mgr. Moacir Grechi, presidente de la CPT, Mgr. Pedro Casaldáliga, obispo de Sao Felix de Araguaia y Mgr. Tomás Balduino, obispo de Goias. Cf. Pe. José OscarBeozzo, A Igreja do Brasil. Petrópolis, Vozes, 1994, pp 129-130.

9. Cf. Scott Mainwaring, The Catolic Church and Políticas in Brazil. 1916-1985, Stanford, Stanford University Press, 1986, pp. 178-181 y L.I.G. Gaiger, Agentes religiosos... p. 34

10. Ver por ejemplo el libro del biblista benedictino Marcelo de Barros Souza, publicado por la CPT, A Biblia e a luta pela terra. Petrópolis. Vozes/ CPT, 1983.

11. Frei Sergio Antonio Görgen. Os cristaos e a questao da terra. S. Paulo, Editora FTD, 1987, pp. 67-68

12. Conversación con S. Görgen. 5 de junio de 1999.

13. Documento anexo en S. Görgen, Os cristaos e a questao da terra. P. 76

14. Conversación con S. Görgen. 5 de junio de 1999

15. Rebeldes primitivos. Pp 106-107

16. Cf. Frei Sergio Görgen, «Religiosidad y fe en la lucha por la tierra», en Joao Pedro Stédile (org.), A Reforma Agraria e a Luta do MST, Petrópolis, Vozes, 1997, pp.285-291.

17. Joao Pedro Stédile, «A luta pela reforma agraria e o MST», en A reforma Agraria e a luta do MST. P. 105

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