nro. 19
Darío y Maxi con nosotros

Davis Viñas

Darío y Maximiliano, piqueteros de Avellaneda. Pero no puedo hacerme el distraído, aunque mire primero qué pasa entre nosotros frente al asesinato de Darío y Maximiliano, y los fraudes legaloides de Duhalde y de su ristra. Hoy es 4 de julio, y apelo al emblema de nuestro amigo norteamericano Jaime Petras. 4 de julio, día en que se recuerda la independencia de los Estados Unidos. Paradójica y brevemente: al comienzo de ese proceso revolucionario, nada menos que en 1776, está la presencia, allá, de los piqueteros de Boston. Piqueteros yanquis, pioneros que salieron, y ganaron la calle contra el imperialismo inglés de entonces. Piqueteros populares yanquis, que en los muelles de Boston expropiaron, con sus tácticas recién inventadas, los fardos de té. Expropiaron esos piqueteros iniciales norteamericanos la propiedad llamada «privada» y la tiraron al mar.... Protesta in-dignada. Violenta, legítima, de esos piqueteros bostonianos que señalaron el comienzo de una revolución maquillada - tergiversada después, desde ya- por la historia oficial, pero que se prolonga a lo largo del tiempo en las grandes huelgas de Chicago, en la estupenda resistencia de los indios frente al terrorismo del ejército de Búffalo Bill y de John Wayne, que practicaba un genocidio llamado «civilizado», quitándoles las tierras, y metiendo a los indios en las reservas miserables. Piqueteros de Boston, prolongados en los obreros asesinados el 1º de Mayo de 1887. Quiero recordarlos este 4 de Julio. A piqueteros como Sacco y Vanzetti, piqueteros norteamericanos, que salieron a la calle, llamados por el poder «subversivos», en incluso «terroristas». Piqueteros norteamericanos que denunciaron en las calles de San Francisco y de Los Angeles a los feroces bombardeos sobre Vietnam. Piqueteros yanquis, que habían luchado en la guerra de España, en las Brigadas Internacionales, como mi amigo John, anarquista y carpintero de California, que tiene hoy 92 años. ¡Salud, piqueteros norteamericanos! Hoy pueden estar humillados, arrinconados, en aparente silencio, pero son nuestros aliados allá en la denuncia y en la lucha contra los Bush, el Pentágono, la CIA, el FBI, el Fondo Monetario Internacional, los «marines». Y que para simbolizarlos, apelo, para ponerlo -repito- bajo su emblema, a un gringo cabal como Jaime Petras. Piqueteros norteamericanos. En este 4 de Julio: ¡Salud!

¡Salud a las Madres de Plaza de Mayo! inventoras de tácticas locas y callejeras. Locas. Quijotescas. Viejas... ¡Que viva la locura de la utopía! Subversivas. Primeras piqueteras, pioneras, en las calles de Buenos Aires. Madres... ¡Mi madre! Subversivas. Piqueteras contra los almirantes, y los brigadieres, y los generales, y los verdugos, durante la dictadura militar, y ahora en el 2002, Madres, antiguas piqueteras, modelo de subversivas, legítimas, auténticas: ¡Salud!

Son más los piqueteros, muchos más. Una larga genealogía subversiva, linaje callejero de asesinados, que están aquí. ¡Aquí los convoco! Sombras estupendas son, simbólicamente, en este homenaje a Darío y Maximiliano, piqueteros. Y que hace unos pocos días algún politólogo «posicionado» del sistema los negaba precisamente, cuando alguien señaló el agotamiento de los dos titulados «grandes partidos tradicionales». Piqueteros de nuestra historia. ¡Oíd mortales! Los jacobinos porteños Castelli y Moreno, jóvenes ambos, muy jóvenes, y sus gritos. Acusados de subversivos y también de terroristas, por el historialismo oficial, tramposamente santificado, el terrorismo de Estado. Piqueteros como Güemes, Artigas y el Chacho Peñaloza. Y los mapuches y los ranquelinos, esclavizados en la Isla Martín García. «Chinitas» y «chinitos» sirvientes en las casas de «ladies and gentlemen». Y los anarcos de Plaza Lorea, asesinados por el coronel Falcón, aquí enfrente nomás, en 1910; en el mismo momento en que la burguesía señorial se inclinaba, y le besaba la mano a la Infanta Isabel...

Puesteros argentinos, desde ya acusados de subversivos y de terroristas por los generales Uriburu y Justo. Piqueteros ametrallados desde los aeroplanos, en Paso de los Libres. Piqueteros junto a Jauretche y a otros «forjistas» de 1932. ¡Salud! Salud al Gallego Soto y a los otros piqueteros de Santa Cruz. Y salud a los piqueteros del Frigorífico Lisandro de la Torre, y a los piqueteros del Cordobazo, que ganaron la calle, ese espacio revolucionario.

Dario y Maximiliano, no están solos. Piqueteros asesinados en Avellaneda en el año 2002. Pero también piqueteros en Chiapas, mexicanos. Y los Sin Tierra del Brasil también se suman a este saludo fraternal. Emiliano Zapata -no me olvido- piquetero revolucionario asesinado también por subversivo -y desde ya- por terrorista. Emiliano Zapata. Y Ernesto Guevara, piquetero. Piquetero de la selva boliviana, asesinado por el ejército y por la CIA. Y Rodolfo Walsh, piquetero de la palabra y de la acción. ¡Salud! El Che piquetero y Rodolfo piquetero, están aquí, Darío y Maximiliano, en buena compañía. Buena compañía. Piquetero y fraternal, contra la historia oficial. Contra la historia oficial y contra los Hadad, y contra los Grondona, y los pobres diablos Neustadt, «periodistas independientes» así llamados, que escriben con una mano, y la otra en el bolsillo.

Darío y Maximiliano ¿quiénes son los aliados?: los antepasados, las grandes banderas. ¿Y quiénes están en la vereda de enfrente? La del terrorismo de Estado y su «pichones», con los comisarios y los almirantes y los Alsogaray y los ministros. Los Massera, los Cavallo y los menematos. Y los jueces y los financistas y los verdugos. ¡Que se vayan todos! Que se vayan todos. ¡Que ya mismo se vayan! Porque cuando llegaba la zafra, en una isla del Caribe - en Cuba - se repartían machetes. Y claramente se decía: «abajo, y de un tajo...» , «abajo, y de un tajo...»

Jaime Petras, Castelli, Tosco de Córdoba...Vieron ustedes la fotografía de esa niña de Tucumán, puro hueso y sin carne ¿la vieron? Es una piquetera. Y el gallego Soto también. Y Sacco y Vanzetti. El Che y Rodolfo. Y María Adelaida y Lorenzo Ismael. Y tantos otros muchachos piqueteros...Lorenzo Ismael y María Adelaida ¡salud! Darío y Maximilano, piqueteros de Avellaneda. Como dijo el compañero: esto no es un pésame. Es un desafío. No están solos, Darío y Maximiliano. Viven entre nosotros, no están muertos. Como dijo alguien: «polvo serán, más polvo enamorado». Y los del poder, los del poder «trucho», los del otro lado, los del poder falluto, que ya bosteza. Poder abyecto, que no da para más, y se acaba. Y se acaba definitivamente. ¡Que se vayan todos! ¡Que se vayan ya mismo! Piqueteros de Avellaneda: ¡abajo, y de un tajo!

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