nro. 19
La espada abrazadora

Gastón Montells

Rota la palabra, emerge ardiente el verbo del sentido. Como pimienta apio ajo y arrebatamiento, las niñas corroen con rojo, la gramática del destino de los mundos y las tierras.

Mojado el campo semántico, la acción electrifica el ojo del audio.

La Rosa de los Vientos puede enfrentarse al círculo: no reproducirse así misma. Salir victoriosa de la lucha por el acento, y acentuar, agudamente, el silencio y la bronca, la espada abrazadora.

El niño de la Pampa de los SI, nace vendado los ojos. El primer hecho revelador de su vida, será ver con los oídos. Luego reconocerá dos horizontes: que el primer blanco de la flecha será sí mismo. Que lo que importan de las palabras que se dicen, son sus consecuencias.

El niño sin ojos a propósito, nace de la Autocrítica y de la Iniciativa.

El tacto del cuerpo, el roce de la carne urgente con el ritmo de la calle urgente, es el tiempo de los olfatos colectivos: declarar, aquí mismo, la intensión de no acostumbrarse a vivir de esta manera. La manera de las injusticias y las hambres. Las violaciones y los espantos.

Aparece pronto un desmembramiento, una sacudida, y las niñas saben que ese temblor es una señal de la historia de los andantes. La delicada y sucesiva historia de las identidades.

La identidad multikultural. La firme marca de la época de los trabajadores y trabajadoras de la vida: el diseño del futuro.

A las niñas se le llenaron los oídos de SÏ. El SI pequeñito. El SI brujo. El SI mordido por un NO. Atravesado por cardúmenes de pirañas de NO. Las niñas brotadas de rojo. Brotadas de su tan digno NO. El NO tan andante, el NO-más vivir así.

Las niñas llevan el SÏ como brújula y como campamento. El SI repleto de figuras para recortar, desbordado de dibujitos que las niñas dibujan cuando quieren, y si quieren, por ejemplo: mirar más lejos, dibujan, por ejemplo: un largavista. Y si quieren, por ejemplo, vivir más lejos, dibujan, por ejemplo: la Memoria.

Esos hombres y mujeres mandados por el Basta! Guiados por la urgencia de los NO, esas procesiones de la tierra, viven la memoria. Llevan una ventana en el centro del pecho. Una ventana que se toca. Y es un fragmento del futuro. Una pequeña pieza del después, que oficia de impulso, para seguir diciendo NO. Haciendo SÏ.

La Resistencia de La Rosa de los Vientos es una Resistencia ofensiva. Como arquitecta del mundo acústico, la niña colectiva de la Rosa, cazadora y albañila, edifica una kasa abierta. La Kasa multiplicante, la Kasa jineteadora de los días y los territorios; efervescente ventanal que discute, a montones, las seguridades de este mundo comedor de sí mismo.

La tarde de las niñas es una tijerita que corta partes de los días y hace nuevos días de la unión de las partes recortadas. El collage de los días mejores. Ordinario el collage tan necesario. Las niñas van con tijeritas cortando una parte del lunes unas partecitas ruidosas del martes, una trapecista del miércoles, una rebelde del jueves, una creativa del viernes, una bien festiva del sábado. Una reflexiva del domingo.

Las niñas arman el collage de las semanas. Diseñan arquitecturas nuevas para los meses. Desarman horas y minutos. Tropiezan relojes. Las niñas hacen del ritmo, una pieza totalmente rota.

El tiempo de las niñas, es un tiempo abierto. Tiempo de encuentros y de fogatas. De incendios y de encenderse, o deshabitarse del todo, para construir desde el despojo. Desprejuiciado y fresco.

Tiempo de poemas y de poblaciones enteras y de deseos enteros y de la ausencia concretísima de mediciones y técnicas y tecnologías.

No hay más tecnología que el ritmo de los cuerpos cuando se juntan. El cuerpo es un reloj que tiene un sólo tiempo: la vida toda.

La vida sin agujas aunque agujereada. La vida circular pero desalineada. La vida artesanal y destecnologizada.

Las niñas se revelan ante las definiciones. Rompen las palabras y las vuelven a unir con otras, armando un “rompe-palabras”. Niñas guerreritas, luchadoras itinerantes de panzas con escudo, pican los barrios, para encarnarlos. Y a todas, las unen los relámpagos.

El tiempo es ahora!, saben las niñas. El tiempo de la Revolución, de los amores de las caminatas y los abecedarios. El tiempo como una zamba arrítmica como una melodía popular como la transmisión de labio a labio de los modos en que las sociedades se han constituido en sus diversidades.

Un escalón puede detonar de peces. Un hipocampo, un tiburón?

Un pianito y un pianista. Enroscados. Desubicadísimos de la ley y de las ubicaciones.

Revueltos pianista y pianito. Sonándose uno al otro como atropellados. Como un choque de acordeones.

Las niñas, observan que el té, en su tinta hace pedidos: te pido que duermas conmigo. Que habites mi cuerpo. Que seques el agua que sale de mi cuerpo. Como la virgen de los muertitos vela sobre la orquesta fuerte de las calles.

Hagamos lío. Hagamos como las arboledas que juntan vientos y los soplan. Hagamos como la madera cuando se parte. Seamos la infección el virus el amontonamiento de sueños, lanzados como flechas.

La Rosa de los Vientos, mapa-antena-caminito-mano pichadora, coliflor.

Roja punteaguda de batalla y de danza, para dejarse en evidencia, incompleta para que la complete el dialogante, texturada para que la trepe el escuchador y desaparecer, a su virtud, de su soporte, y salirse y desparramar, argumentos y sensibilidades, guiños y despertadores. Lápices y lupas.

Y llenar el corazón, una y otra vez y para siempre, del deseo de escuchar.

DIRECTOR DE FM LA TRIBU

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