nro. 19
Hilando la historia

Andrea D´Atri 1

En homenaje a las trabajadoras de Brukman Confecciones 2

El pasado 8 de marzo, no fue cualquier día internacional de las mujeres para nosotras, las argentinas. En medio de la crisis social, la Corte Suprema repudiada por la población, prohibió la píldora anticonceptiva del día después y otros jueces encontraron libre de culpa a un hombre que obligaba a su esposa a usar cinturón de castidad. No teníamos nada que festejar, sin embargo, todas sentíamos que algo bueno pasaba en medio de la crisis: nos encontrábamos participando en asambleas de vecinos, estábamos movilizadas exigiendo pan y trabajo digno y otras, que habían tomado una fábrica a punto de cerrar, la ponían a producir bajo su propio control. En ese momento escribí este artículo que presento a continuación. Hoy, varios meses después, seguimos reclamando, movilizándonos, participando y apoyando a las obreras de Brukman y a tantas otras, como las de la multinacional Pepsico, que acaban de ser despedidas, mientras escribo estas líneas.

Hay algo que me dijo una obrera de Brukman, que quizás resuma lo que sentimos todas, aún en medio de la crisis: “Descubrí mi lado dormido y, ahora que está despierto, no pienso parar.”3

Los tejedores desnudos

El 18 de diciembre pasado, los dueños de la empresa textil Brukman huyeron. Justo un día antes de la renuncia del odiado ministro de Economía, Domingo Cavallo, y dos días antes que lo hiciera -dando la última orden de reprimir a los manifestantes en Plaza de Mayo- el presidente Fernando De la Rúa. Si no fuera trágico, podríamos bromear con que ellos huyeron vestidos con los trajes de primeras marcas que fabrican las obreras de Brukman. Mientras, las que cortan, tejen, hilan y cosen estaban a punto de perderlo todo: se quedaban sin su fuente de trabajo. Pero decidieron que no iba a ser así y tomaron la planta. Los dueños no aparecieron, pero entre asambleas y costuras, aparecieron los pequeños comerciantes de la zona que, atrapados por el «corralito financiero», encontraron prendas de primera calidad a un precio mucho más barato. La necesidad empujaba a la solidaridad. Y luego vinieron las vecinas de las asambleas populares con sus cacerolas, que también consiguieron trajes baratos para sus esposos y para sostener la lucha. Y los obreros de Zanon -que viajaron para unirse con los desocupados y con los que no quieren serlo- se juntaron con las obreras de Brukman intercambiando sus historias tan distintas y tan parecidas, entre rollos de telas y máquinas de coser. Los jóvenes les propusieron hacer festivales para recaudar dinero y más solidaridad.

Mientras tanto, los trabajadores de la salud salen a denunciar que los hospitales están en crisis; los vecinos los apoyan y en Brukman surge una propuesta: producir los insumos textiles de los que hoy estos carecen, levantando la posibilidad de un plan al servicio de los trabajadores y el pueblo.

Si los árboles genealógicos no se trazaran según la sangre, podríamos decir que estas obreras son tataranietas de los tejedores de París que, en 1833, crearon el Taller Nacional, en el que se recibían los pedidos de compra de los que estaban de acuerdo con la emancipación de los proletarios. Una manera de sostener la lucha de los sastres, que se habían enfrentado con los patrones porque se negaban a concederles aumentos salariales.

Otra historia parecida es la que protagonizaron, en 1834, los tejedores de seda de la ciudad de Lyon, que paralizaron 14.000 telares, logrando la adhesión de otros gremios. Cuando intentaron reunirse con los patrones para discutir sus reivindicaciones, el prefecto se negó a presidir la reunión y ordenó que las tropas entraran en la ciudad, pero muchos soldados terminaron confraternizando con el pueblo. Luego, la movilización pacífica se transformó en un motín cuando la muchedumbre, desarmada, fue acribillada por las tropas. Los obreros se organizaron rápidamente, levantaron barricadas y se armaron. La lucha duró seis días, pero la represión fue brutal y los trabajadores fueron masacrados. De estas batallas del movimiento obrero ha llegado hasta nuestros días el canto de los tejedores de seda de Lyon que, en su lucha, entonaban:

Para gobernar es necesario tener
capas y condecoraciones.
Para gobernar es necesario tener
capas y condecoraciones.
Nosotros tejemos para vosotros, grandes de la tierra,
y a nosotros, pobres tejedores de seda,
sin mortaja se nos entierra.

Somos nosotros, los tejedores de seda,
los que estamos desnudos.
Somos nosotros, los tejedores de seda,
los que estamos desnudos.

Pero cuando llegue nuestro reinado,
cuando vuestro reinado termine,
entonces nosotros tejeremos la mortaja del viejo mundo,
pues se escucha ya la revuelta que crece.

Nosotros, los tejedores de seda,
no estaremos desnudos.
Nosotros, los tejedores de seda,
no estaremos desnudos.

Obreras textiles de Nueva York, protagonistas del 8 de marzo

Si la máquina del tiempo existiera, podríamos imaginar a Celia o a Elisa4 , junto con sus compañeras de fábrica, caminando por las calles de Nueva York a fines del invierno de 1857. Era una época en la que cada vez más mujeres se incorporaban a la producción, especialmente en la rama textil, donde eran mayoría absoluta5 . Pero las extenuantes jornadas de más de 12 horas a cambio de salarios miserables sublevaron a las obreras de una fábrica textil neoyorquina que salieron a reclamar por sus derechos. Era el 8 de marzo y las manifestantes fueron atacadas por la policía.

No fue la primera ni la última vez que las obreras textiles se movilizaban. Medio siglo más tarde, en marzo de 1908, 15.000 obreras marcharon por la misma ciudad al grito de «¡Pan y rosas!», sintetizando en esta consigna sus demandas por aumento de salario y por mejores condiciones de vida. Y, al año siguiente -también en marzo-, 140 mujeres jóvenes murieron calcinadas en la fábrica textil donde trabajaban encerradas en condiciones inhumanas. Fue finalmente en 1910, durante un Congreso Internacional de Mujeres Socialistas, que la alemana Clara Zetkin6 propuso que se estableciera el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer, en homenaje a aquellas que llevaron adelante las primeras acciones de mujeres trabajadoras organizadas contra la explotación capitalista.

Siete años más tarde, cuando se conmemoraba este día en Rusia -febrero de 1917, para el calendario ortodoxo-, las obreras textiles tomaron las calles reclamando «Pan, paz y libertad», marcando así el inicio de la más grande revolución del siglo XX, que desembocara en la toma del poder por la clase obrera, en el mes de octubre del mismo año.

Pan, rosas, estatización y control obrero

Hoy las trabajadoras de Brukman denuncian al sindicato que no las apoya porque «nos quiere dividir como compañeros, igual nosotros pensamos que eso no va a ser posible porque estamos bastante unidos como para seguir adelante con la producción y con todo lo que venga.» Exigen la estatización de la empresa y dicen que quieren que siga funcionando bajo su propio control. Un ejemplo de lucha para la clase obrera argentina golpeada por la crisis, la recesión, los despidos y los cierres de empresas.

Hoy, las abogadas que reclaman la destitución de la Corte corrupta, las vecinas que desean «que se vayan todos», las enfermeras y mucamas que sostienen la salud pública a puro pulmón, las jóvenes que aún están llorando la muerte de sus amigos y compañeros en manos de la policía, las madres que no dejan de buscar justicia, todas tenemos el deber de apoyar a las trabajadoras de Brukman que no bajaron los brazos y ahí están defendiendo su fuente de trabajo.

De aquellos tejedores de Lyon del siglo XIX nos llegaron esas líneas que entonaban fervorosamente durante la lucha. No sabemos cómo cantaban sus consignas. Quizás las obreras de Brukman, puedan enseñarnos a entonarlas con su propia, novedosa y valiente música.

Notas

1 Una primera versión de este artículo fue publicado en RIMA (Red Informativa de Mujeres de Argentina) y luego, en otros medios gráficos y electrónicos.

2 Brukman Confecciones, es una empresa textil del barrio de Once, en Buenos Aires.

3 Entrevista a Celia Martínez, obrera de Brukman.

4 Celia y Elisa son dos obreras de Brukman.

5 En la fábrica Alpargatas, de Argentina, fundada en 1884, por ejemplo, trabajaban 300 mujeres y 20 hombres.

6 Clara Zetkin (1857-1933), dirigente del Partido Socialdemócrata Alemán. Fundadora de su sección femenina y del periódico La Igualdad.

 

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