nro. 18
Causas y azares

Intervención de Esther Pérez

Yo no sé cuántos de ustedes conocen una canción de Silvio Rodríguez, el compositor y cantante cubano, que se llama «Causas y azares». Lo que dice la canción, en resumen, es que la vida es una mezcla de causas y de azares. Y son tan importantes unos como los otros. Y a veces no se sabe qué cosa es causa y qué cosa es azar. A veces se confunden. Entonces, yo quiero invocar la canción de Silvio para este homenaje a Paulo Freire donde se mezclan las causas y los azares, y hacerles un pequeño cuento, una pequeña historia de por qué se mezclan las causas y los azares.

La historia tiene tres personajes y se desarrolla en Cuba. Uno de los personajes, que no está con nosotros aquí hoy, es una «freira» brasileña, de la misma orden que la Madre Cristina, que la Hermana Laura, de los fundadores del Instituto Sedes Sapiencia. Y quiero mencionarla hoy porque tuvo un papel muy importante, de dar calor, de mover el verso, la cuna de la educación popular cubana -que es muy latinoamericana pero también es cubana-. Su nombre es Valeria Rezende. Y siempre recuerdo a Valeria junto con otro de los personajes de esta historia, que también estuvo en la cuna. Ese personaje se llama Frei Betto, y lo tengo sentado a mi izquierda. Si tiene una madre en Valeria la educación popular cubana, tiene un padre en Frei Betto -en más de un sentido-, que nos evangelizó sobre la educación popular. Y que está allí, en todos los recuentos que se hagan de la educación popular.

El tercer personaje es Paulo Freire. Y les quiero hacer una historia de cómo conocí yo, personalmente, a Paulo Freire. Yo había leído a Paulo Freire, me había deslumbrado con La pedagogía del oprimido, pero no lo conocía todavía. Y lo conocí en el año 1987. En 1987 Paulo Freire fue por primera vez a Cuba. Y pasó un azar, aunque otros dirían que tratándose de Cuba, se trata de una causa, que es que el que tenía que ir a buscar a Paulo Freire al aeropuerto se equivocó y no lo fue a buscar. Paulo Freire se quedó en el aeropuerto de La Habana solo. No había nadie allí para buscarlo, y él no conocía La Habana. Lo que hizo fue buscar un taxi, el taxista lo llevó a un hotel, y el único teléfono cubano que tenía Paulo Freire en ese momento era el del lugar donde se desarrolló buena parte de esta historia con los tres personajes, que es la Casa de las Américas. Él tenía el teléfono de la Casa de las Américas, que es como el refugio de los poetas traspapelados y los ensayistas extraviados en La Habana. Llamó por teléfono al presidente de Casa de las Américas, Roberto Fernández Retamar -que debía haber estado hoy también con nosotros, y no ha podido por un problema de salud-. Roberto tomó el teléfono y contestó a los gritos, porque pensaba que le hablaba desde Brasil, de larga distancia. Y Paulo le hablaba a los gritos también, porque pensó que estaba «quedando sordo». Y en medio de esos gritos, Roberto llegó a entender que Paulo Freire no estaba en Sao Paulo sino en La Habana, en un hotel que se llama «Hotel Tritón». Entonces, me llamó y me dijo «vamos a buscar a Paulo Freire en el Hotel Tritón, pero además yo quiero que tú le hagas una entrevista a Paulo Freire para la revista Casa de las Américas». Y allá nos fuimos a buscar a Paulo Freire al Hotel Tritón. Lo rescatamos, logramos que se encontrara con las personas que tenía que encontrarse, y después yo me llevé a Paulo Freire para mi casa. Y entre los dos, cocinamos. Entre él y yo, si quieren saber, cocinamos huevos revueltos, porque era lo que tanto Paulo como yo sabíamos cocinar. Yo pedí prestada una grabadora, porque no tenía. Y nos sentamos allí, entonces, Paulo Freire y yo, y otro participante en esta historia que ustedes también conocieron ya, que es Fernando Martínez, que está acá. Nos sentamos frente al revoltillo, la grabadora, y le hicimos a Freire la primera y -lamentablemente- única entrevista cubana, al menos que yo conozca, que se publicó en la revista Casa de las Américas.

Yo vi después dos veces a Paulo Freire. La segunda vez lo vi en su cumpleaños. Ahí también me encontré con Clara. Fue un día hermoso, aunque ya Paulo estaba enfermo, y evidentemente ya le costaba trabajo recibir a tanta gente, tanta felicitación, tanto cariño. Era difícil para él. Y lo vi una segunda vez en su casa, nuevamente, por intermedio de Frei Betto. Porque vinimos seis cubanas a Brasil, a estar en el nordeste en un asentamiento del MST, donde nos quedamos y fue una experiencia educadora para nosotras. Y cuando vinimos para Sao Paulo, Betto nos preguntó si queríamos entrevistarnos con Paulo Freire. Nosotras no nos habíamos atrevido a pedir, no habíamos osado pedir encontrarnos con Paulo Freire. Y Betto nos lo ofrece. «Claro, Betto, queremos encontrarnos con Paulo Freire». Y Paulo, generosamente, nos recibió en su casa. Estuvimos conversando mucho con él. Estuvimos hablando sobre su último libro, sobre su experiencia, sobre Cuba, sobre su entrevista cubana; él me pidió unos materiales que quería que yo le mandara de Cuba, pero quedamos en que no se los iba a mandar porque él iba a ir a La Habana nuevamente.

En La Habana, la situación ya era distinta de cuando él fue por primera vez. Él ya era mucho más conocido, tenía mucha más gente que quería encontrarse con él, se preparaba un gran recibimiento, y lamentablemente Paulo ya no pudo ir a La Habana. Cuando lo estábamos esperando, lo que recibimos fue la noticia de que Paulo dejó de estar entre nosotros físicamente.

Lo que no ha dejado de estar entre nosotros, lo que nunca va a dejar de estar entre nosotros, es la inspiración que ha sido Paulo Freire para todos nosotros. Y la manera como Paulo Freire va a crecer con cada uno de nosotros. Yo siempre digo que a medida en que vamos avanzando en el camino del que hemos estado hablando durante todos estos días, en la medida en que vamos avanzando en el camino de la liberación, en el camino de la construcción del socialismo, Paulo Freire se nos va haciendo cada vez mucho más necesario, y se va haciendo mucho más pertinente, y se va haciendo mucho más entrañable.

Entonces, termino diciendo con José Martí que honrar honra, homenajear nos honra, y yo me siento muy honrada de poder homenajear a Paulo, reconocer a Valeria, reconocer a Betto, y conocer al hijo de Paulo. Muchas gracias a Brasil por gente como Paulo.

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