nro. 18
Actores múltiples, luchas múltiples

Tomás Moulian

Dedico estas palabras a los compañeros brasileños presos políticos, a los compañeros de La Tablada y a los treinta y dos presos políticos chilenos que llevan 10 años en la cárcel.

¿Por qué el socialismo? Las respuestas tradicionales aparecen discutibles, débiles. La discusión de la mañana lo ha mostrado. Decíamos antes -con la certeza de teólogos escolásticos- que el socialismo era la inevitable superación histórico natural del capitalismo. Lo decía Lenin, en realidad; nosotros lo repetíamos. Superación, porque el socialismo sustituía al capitalismo por la no correspondencia entre el desarrollo social de las fuerzas productivas y el desarrollo privado de las fuerzas de producción. Decíamos también que el socialismo era necesidad, imperativo histórico objetivo. Que no provenía sólo ni simplemente de la voluntad, sino de la incapacidad del capitalismo para evitar la contradicción exacerbada entre fuerzas productivas y relaciones de producción. Pero, pequeño problema, ironía de la historia, el socialismo no surge en los países capitalistas desarrollados. La historia no obedece a la teoría. Segundo problema, el capitalismo no retrocede en el dominio del mundo, sino que avanza en el dominio del mundo. Es conveniente, preguntarse por qué el capitalismo avanza en el dominio del mundo. Primero, perfeccionando el proceso de mundialización. Marx nos decía ya en El Manifiesto que la mundialización era inherente al modo de producción capitalista. Él creía, claro, que ya estaba completada, cuando lo escribió.

El capitalismo crea ahora una nueva forma de controlar la división internacional del trabajo que llamamos globalización. Ella genera la falsa apariencia a partir de capitalistas brasileños, chilenos, que invierten en el extranjero. Parece que las transnacionales estuvieran, entonces, al alcance de los capitalistas de los países periféricos. Èsa es la apariencia, pero una apariencia que crea realidad, como todas las apariencias. Segundo, el capitalismo perfecciona sus ideologías. El neoliberalismo es la ideología actual del capitalismo. Los capitalistas se hicieron gramscianos, podemos decir. Eficaces en la lucha ideológica, capaces de manejar aparatos ideológicos, formatos de los medios de comunicación: la publicidad, la telenovela, el ensayo, etc. No son hoy los capitalistas de la década del 60, avergonzados de defender el capitalismo. Hoy son capitalistas a la ofensiva ideológica. Esto muestra que la palabra no siempre tiene relación con la verdad. Que la palabra puede ser seductora y convincente aunque no diga la verdad. Y el capitalismo enseña que hay un manejo ideológico que ha sido hoy día, en nuestro mundo, capaz de crear nuevos imaginarios sociales.

En lo personal, el imaginario de que el pobre es aquél que no se esfuerza, que no compite, que no lucha. En lo colectivo, el imaginario de que ha llegado el fin de la historia, por lo menos de la historia activa. Que la historia que queda es sólo reproducción de lo que hoy existe, que es historia pasiva, por tanto. Por ello, el neoliberalismo crea el imaginario del fin de la política. No se necesita discutir más sobre los fines, porque la verdadera política es discusión sobre fines: ¿qué democracia queremos? ¿qué propiedad privada queremos? ¿qué mercado queremos? ¿qué estado queremos? ¿qué justicia queremos? Si eso ya no es discutible porque se ha alcanzado la combinación ideal de democracia representativa y economía de libre mercado, entonces no hay política. Y el capitalismo, con su ideología neoliberal, hace creer eso a mucha gente, en muchos países. Tercero, el capitalismo intensifica la explotación. El capitalismo actual, respecto al estado de bienestar, constituye un avance desde el punto de vista de la acumulación capitalista. Es un capitalismo que logra librarse de las políticas sociales gratuitas, y que logra generar la precarización generalizada del trabajo. Cuarto. Es un capitalismo que perfecciona el desarrollo de las fuerzas productivas, que genera impactantes, novedosas revoluciones tecnológicas que modifican la vida cotidiana y modificarán el mundo del trabajo, y que nos hacen confundir creyendo que cambian la naturaleza del capitalismo.

Por último, el capitalismo crea democracias de baja intensidad. En todas partes, donde puede. Democracias donde no hay alternativas populares vigentes: Chile, Perú, Argentina. Hasta en alternativas masivas que hayan logrado penetrar los imaginarios sociales creados por el neoliberalismo, su cultura o donde hay alternativas populares, como en Brasil, queda planteada la pregunta de qué pasará si se llega al gobierno nacional. ¿No habrá que someterse a la dura ley de la macroeconomía y de la globalización?

Para que el socialismo se convierta de nuevo en imaginario social válido, en creencia, en deseo, es necesario reconocer que las dos alternativas de la izquierda del siglo XX han fracasado por razones distintas. Por supuesto que con excepciones. Cuba es una excepción, y no China, como dijo Leonardo Boff en la mañana. Una de las alternativas que fracasó es la revolución al estilo del siglo XX, con excepción de Cuba. Se sobrevive con dificultades, sin poder desarrollar todas sus enormes potencialidades. ¿Y por qué fracasó? Porque no realiza su promesa emancipatoria, porque no genera auto-gestión de los productores en la economía de la sociedad, porque no socializa el poder. Por eso fracasa. Pero también fracasa la reforma. El reformismo también fracasa porque se dedica a domesticar a la clase obrera a través de transformarla en clase cliente de prebendas del estado. Hoy eso ya no es posible con la globalización. Hoy la socialdemocracia no tiene rol histórico progresivo como lo pudo tener en la posguerra. Hoy lo perdió. Hoy la socialdemocracia es la que a nivel mundial precariza el trabajo.

Si es verdad que la revolución al estilo del siglo XX, la revolución de los países de Europa del este ha fracasado, y la reforma también, significa que tenemos que buscar una forma distinta de hacer vivir el socialismo. A ella puede llamársele transformación del capitalismo. ¿Qué es la transformación del capitalismo? No es ni la revolución ni la reforma, para hablar negativamente. Son luchas por el socialismo, contra el capitalismo, contra la democracia puramente representativa, contra la cultura burguesa, realizada por actores múltiples. Luchas, a su vez, múltiples y diferenciadas. Donde entran los combates de los homosexuales y de los travestis por su identidad. Entran las luchas de los movimientos de los sin tierra. Entran las luchas que en países como Chile combaten la hegemonía conservadora del catolicismo en la cultura. Actores múltiples, luchas múltiples.

El problema de los medios es decisivo. Sí a la violencia de masas, sí a la violencia de la lucha de masas, pero no, según mi punto de vista, a la guerra. La guerra tiene dos problemas. Uno, perderla, el otro, ganarla. Ganar la guerra significa enfrentar la necesidad de tratar al otro como enemigo. Y las revoluciones, en la historia, nunca pudieron deshacerse de la marca de la guerra a muerte. La guerra a muerte persigue a las revoluciones. Por supuesto que hay excepciones, como seguramente será Co-lombia, porque toda regla tiene excepción. Pero en principio me parece que la guerra a muerte deja tan marcada a la sociedad, que no es posible construir el socialismo como democracia radical.

Termino diciendo cuáles deben ser, a mi entender, los contenidos. En el terreno económico, lucha por una economía de necesidades, por lo tanto, una economía mixta. Con fuerte participación de los trabajadores y los ciudadanos en la gestión de la economía. Una economía socialista no es una economía estatizada, es una economía autogestionada por los productores y los ciudadanos, donde tiene que haber planificación democrática. No sólo presupuesto participativo, como lo han hecho en Brasil, en algunas partes, presupuesto nacional participativo. No sólo presupuesto estadual o local participativo, sino que tiene que ser democracia participativa y no representativa. Y tiene que ser cultura de la fraternidad, cultura comunitaria, cultura en contra de la cultura burguesa, que es la cultura del individualismo competitivo.

Entonces, concibo el socialismo situándome en una vieja tradición híbrida -que no he inventado, por supuesto-, no puramente marxista, donde se juntan los anarquistas, los utópicos, los teólogos de la liberación, los marxistas, como un conjunto de luchas que no terminan, que no se totalizan en una sociedad. La revolución, las luchas por el socialismo, deben ser permanentes, porque si se detienen, la burocracia las aplasta y la sociedad se fosiliza. Muchas gracias.

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