nro. 18
Qué tipo de socialismo queremos

Luiz Ignacio Lula Da Silva

En primer lugar quería recordarles una vez más a los jóvenes presentes que fue en este mismo salón, en este mismo edificio, que fundamos el PT en 1980. Me acuerdo de la enorme discusión que tuvimos en esta sala: por primera vez debatíamos la participación de la mujer en el partido. Yo le pedí a un compañero que hablara, pero hizo una defensa machista -era Godofredo, de Río de Janeiro- y recibió un abucheo de las mujeres presentes que creo que no ha podido olvidar.

Lo segundo que quería decirles es que discutir la cuestión del socialismo a partir de sus perspectivas es más fácil: hablar sobre el futuro siempre hace más ligero el debate.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que cada uno de nosotros tiene el desafío cotidiano de saber si somos efectivamente socialistas o si nos limitamos a hablar del socialismo porque es una palabra que gusta en el medio en el que vivimos. Y lo primero que es importante para un socialista es aprender a oír cosas que no le gustan.

Hubo un tiempo durante la campaña en que yo decía: ¿ustedes quieren yo diga lo que ustedes quieren oír, o quieren que yo diga lo que pienso? Porque si se trata de decir lo que ustedes quieren oír, a mí me resulta más fácil, vamos a salir de aquí sin ninguna divergencia y vamos a decir una mentira colectiva.

El desafío que está en la cabeza de cada uno de nosotros es posiblemente la falta de discusión profunda sobre lo que pensamos acerca del socialismo.

Si pudiéramos realizarle una encuesta a cada compañero y compañera aquí presente, sin duda encontraríamos unos 80 tipos diferentes de socialismo. Aquí algunos rechazan al partido político, algunos rechazan el sindicato, otros piensan que el socialismo y la religión son incompatibles, otros entienden que no hay que interesarse en gobernar los municipios, otros creen que cualquier solución tendiente a mejorar la vida del pueblo sólo será posible en el socialismo. En resumen, cada uno de nosotros tiene algo distinto en la cabeza. Y como no profundizamos, van pasando los años y nos quedamos con las mismas dudas que no resolvemos. Es como si tuviéramos que contarnos algo y tuviéramos miedo de hacerlo.

Es posible que temamos que la duda haga más frágil nuestro discurso sobre el socialismo. Entonces, es mejor no exponer nuestras debilidades. Vamos a mostrar sólo lo que da impresión de fuerza, que es decir «soy socialista».

A través del Instituto Ciudadanía comenzamos una serie de debates sobre el socialismo, que detuvimos a causa de las elecciones. Era imposible seguirlos durante el proceso electoral. Hicimos un debate sobre «Economía y Socialismo», otro sobre «Religión y Socialismo», reunimos a varias personas. Frei Betto, que está aquí, participó en uno sobre «Individuo y Socialismo». Hay varios temas tabúes y no se profundiza.

Ahora, posiblemente a parte de febrero, comenzaremos a abordar nuevos temas. Por ejemplo, «Sindicalismo y Socialismo». ¿Cómo es que funciona? ¿Cuál es el papel del sindicato en una sociedad socialista? ¿Puede ir a la huelga? ¿Cuál es el papel del partido? ¿El partido es el «tutor» de la sociedad? ¿Puede definir lo que las personas leen o ven? Son cosas que tenemos que enfrentar. Es por eso que hace veinte años, cuando definimos en el PT lo que era el socialismo, no quisimos profundizar, porque existe mucha divergencia, y entonces es mejor quedarnos en lo general que profundizar.

Creo que está llegando el momento de profundizar en esas discusiones. ¿Por qué?, Porque independientemente de nuestra voluntad, creo que en este siglo la gran discusión que va a ubicarse en el orden del día será la de la distribución de la riqueza producida en el planeta Tierra. O sea, si es verdad que un 20% de la humanidad consume un 80% de la riqueza producida y que un 80% se queda sólo con el 20%, todos sabemos que la situación sólo tiende a empeorar, en la medida en que los avances tecnológicos, que le prometían tanta felicidad a la humanidad, no están al servicio de la humanidad, no están repartidos de forma justa, equitativa. La tecnología está al servicio de la acumulación de riquezas. Sólo que no podemos conformarnos con el hecho de que, según la lógica actual, un alemán, un italiano, un francés, un danés, un sueco o un norteamericano están predestinados a tener todo lo que tienen, mientras que a nosotros lo que nos está predestinado es el derecho a no tener todo lo que no tenemos.

La humanidad va a tener que dar un salto de calidad. Yo no sé si el nombre será socialismo, ni sé si voy a vivir hasta entonces. El hecho concreto es que, en algún momento, la lucha por la distribución justa de las riquezas producidas será el gran tema, incluso para el movimiento sindical.

En la década del 70, cuando se implantó la robotización, ¿qué es lo que nos decían? Va a venir la robotización, pero sólo se va a aplicar a los procesos más duros de la producción. Los que hacen ese trabajo más pesado van a poder realizar un trabajo más ligero. No fue verdad. El robot vino al proceso más pesado, pero al trabajador lo despidieron. Perdió su empleo, y aún no logramos avanzar en esa discusión. En mi opinión, estamos a inicios de un nuevo siglo y seguimos discutiendo las cosas de la misma forma en que discutíamos a comienzos del siglo pasado. Por tanto, es importante que comencemos a pensar un poco más en el futuro, y que comencemos por las divergencias.

Yo, por ejemplo, me siento muy feliz. Acabo de llegar de Cuba. Ni siquiera me voy a quedar al debate, porque al mediodía tengo una reunión con gente de la prensa para evaluar todo lo que los periódicos dijeron de nuestro viaje, y sé que no fueron cosas buenas. Miren, creo que es la décima vez que voy a Cuba, pero la prensa nunca mostró tanto interés como ahora. ¿Y cuál es el interés de la prensa? Es el 2002. Es vender la idea de que fuimos a Cuba a buscar un modelo para Brasil, cuando la prensa, si no tuviera mala fe, sabe que desde el manifiesto del PT de 1980 rechazamos algunas cosas, porque para nosotros el socialismo sin la democracia llevada hasta sus últimas consecuencias no es posible. Libertad religiosa, partidaria, sindical y cultural son componentes que, o existen, o no se está construyendo una sociedad socialista. Y vamos a discutir un poco.

¿Por qué regresé feliz? Primero, porque incomodamos a la prensa brasileña. Nunca me había imaginado que un baño mío en Varadero iba a provocar tantos titulares de periódico. Me he bañado muchísimas veces en Praia Grande y nunca han publicado una fotografía, pero esta vez decidieron publicarla.

La cosa es más grave: por ejemplo, allá se nos dio un hecho inédito. ¡Conseguimos que Fidel Castro atendiera a la prensa brasileña durante dos horas! ¿Cuál fue el resultado? Los artículos que hicieron los periodistas demuestran que no estaban preparados para entrevistar a un jefe de estado. Se limitaban a cuestiones triviales. No hicieron preguntas de la dimensión que deberían haber hecho para averiguar lo que un jefe de estado estaba pensando sobre el mundo actual. Tanto es así que los artículos les salieron muy pequeños. ¿Cuántos periodistas del mundo no querrían pasar dos horas conversando con Fidel? Nosotros lo conseguimos, y la prensa brasileña no estaba preparada, hacían preguntas de este corte: ¿cómo va a ser la previa del PT para el 2002? Así es difícil.

Pero, de cualquier forma, regresé de Cuba más contento con lo que vi allá que otras veces. En una ocasión anterior fui con Frei Betto, fue en el 94. Ahora es visible una recuperación de la economía cubana. El turismo pasó a ser la gran posibilidad de Cuba de sobrevivir, ya que un país no puede depender de un mercado en cuyos precios no tiene ninguna posibilidad de influir, como sucedía con el del azúcar.

Y lo que me llamó la atención en Cuba -y ahí les digo que sobre todo por eso me sentí muy decepcionado con nuestra prensa- fue la Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas. No sólo porque aquellos 120 muchachos brasileños que están allá -de los cuales veintitantos son del PT, pero también hay del PSB, de la Central de Movimientos Populares y muchos otros-, aquellos muchachos no habrían tenido la posibilidad de estudiar medicina en Brasil. No habrían tenido condiciones para matricular en la USP o la UNICAMP, y de haber entrado en una universidad particular, habrían tenido que pagar R$1 300 al mes, lo que les resulta inviable. Esos chiquillos están allá, estudiando gratis, y me chocó que la prensa no le diera a eso ninguna importancia. O sea, un país como Cuba, que vive una crisis financiera inconmensurable y que está bloqueado hace 40 años, logra hacer una facultad y becar a 3 400 alumnos extranjeros para que estudien gratis, con comida y todo. Son de 19 países de la América Latina y 4 de África. Muchachos que salen de allá doctores en Ciencias Médicas. ¿Qué otro país lo hace?

Fidel tuvo un gesto de mucha cordialidad. Era difícil imaginar que iba a recibir a toda la delegación, pero hablé con él el miércoles y el jueves recibió a los 210 compañeros que fueron conmigo. Recibió a nuestra delegación y habló con ella durante una hora y 40 minutos. Yo aproveché para hablar con Fidel algunas cosas que entendía que era necesario que habláramos, incluso para que las registrara la prensa brasileña. Le dije a Fidel que no había ido a Cuba a buscar un modelo para Brasil, porque ni Cuba ni los norteamericanos nos sirven como modelo. Nuestro modelo sólo va a funcionar si se construye a partir de nuestra cultura, de nuestra experiencia de lucha, de nuestras raíces, de nuestra historia: no será importado. No hay dudas de que el modelo cubano o el modelo chino no funcionarían aquí, pero es bueno recordar que el intento de traer para acá el modelo norteamericano está dejando pobre y miserable a dos tercios de la población.

Lo que tiene gracia es que los cubanos comprenden nuestra independencia, y no le exigen a ningún brasileño que vaya allá y que apruebe el modelo de ellos. Llama la atención el hecho de que, si se habla con un compañero cubano y se hacen críticas al estadio actual del socialismo en Cuba, ese compañero dice: tienes razón, lo que pasa es que el socialismo es un proceso. Los cubanos están conscientes de que ya están en ese proceso desde hace 40 años y aún no están completamente definidos. Imaginen entonces que hay quienes quieren que nosotros nos definamos aun antes de haber comenzado. No es posible que tengamos ya una definición. Lo que debemos tener claro es que nuestro objetivo debe ser llegar a una sociedad capaz de construir un nuevo hombre y una nueva mujer. Mi hermano Frei Chico era miembro del Partido (que me disculpen los compañeros aquí presentes que eran miembros del Partido, no quiero ofender a nadie). Cuando comenzó a caer el Muro de Berlín yo le di gracias a Dios. Ustedes saben que incluso hubo una polémica en el PT. Fue importante que cayera el Muro para permitirle a la izquierda repensar algunas cosas. A partir de entonces, fue posible que se percatara de que no se podía copiar el modelo. Era el momento de crear algo nuevo.

Bien, pero mi hermano Frei Chico decía lo siguiente: el Muro de Berlín va a caer, pero del otro lado hay un hombre nuevo que va a reaccionar. Mentira. No lograron construir un hombre nuevo porque no había democracia para construir ese hombre nuevo. Esa es la verdad que tenemos que decir en un debate en que se discute el socialismo. Es a ustedes a quienes tengo que decírselo y no a FIESP, porque ellos no me van a entender. Es exactamente eso. No funcionó porque no había libertad para construir ese hombre nuevo.

¿Qué sucedió? Después de setentitantos años de experiencia, en la primera oportunidad que tuvieron de votar eligieron a quien eligieron presidente de la República. Algo faltó en ese país, y en mi opinión faltó el ejercicio de la democracia, porque un partido no va a crear a ese hombre nuevo si este no tiene una acción plenamente democrática.

Si las personas sólo pueden decir lo que dice el secretario general del partido, ya no sirve. Si usted tiene que recibir sus lecturas sin opción de escoger, no es saludable. Si usted sólo puede asistir a las obras de teatro o las películas que el Estado permite, no es bueno. La construcción del socialismo es un desafío entre la convivencia colectiva y la libertad individual que, en mi opinión, siempre que no dañe al colectivo, es intocable.

Tenemos que aceptar y enfrentar ese desafío, sin ponernos a pensar que sin esto o aquello alguien es más o menos socialista. De vez en cuando echamos manos de ciertos dogmas anticuados: «No puedo decir tal cosa, porque van a decir que soy socialdemócrata; voy a decir tal cosa, porque voy a quedar como un verdadero socialista».

La acción socialista se construye día a día. Si no hacemos una reflexión diaria sobre nuestras acciones más sutiles, y nos preguntamos qué hay o no de socialista en cada momento de nuestro cotidiano, vamos a seguir teniendo dificultades en el debate.

Deberíamos imaginar que estamos haciendo una terapia. Y contarnos a nosotros mismos las dudas que tenemos. Si no logramos externalizar esas cuestiones, no vamos a resolver nada. Por ejemplo, en nuestras administraciones municipales, ¿es posible introducir algo que podamos decir que es una práctica socialista? No sólo es posible, como estamos haciendo, y Porto Alegre es el mejor ejemplo. Y, sin embargo, el presupuesto participativo solo ya no da más. Es necesario saber cuál es el próximo paso que vamos a dar. Tenemos que pensar en educación y salud diferenciadas, y ya lo estamos haciendo, pero también tenemos que intentar ejercitar en ese pequeño espacio de poder toda nuestra capacidad de pensar y repensar, para comenzar a ejercitar en la práctica lo que soñamos como sociedad socialista.

Si hay aquí algún periodista, que no vaya a decir que Lula está proponiendo que las alcaldías petistas sean socialistas, porque eso no es posible. Existe una ley orgánica de los municipios que es necesario respetar. El alcalde depende de la buena voluntad de los concejales. Por lo menos el alcalde petista, que no actúa sobre la base de la coima, depende de la negociación política, de que el presupuesto participativo presione a los concejales en el sentido de que actúen como la población realmente espera.

Por ejemplo, un empresario brasileño fue conmigo a Cuba y conversó cuatro horas con Fidel, con Lage, con el Ministro del Azúcar. Bromeando con Lage, que es el Ministro de Hacienda, le dije: capaz que los empresarios sean más favorables que yo a lo que hacen ustedes aquí en Cuba.

Yo, con mi mentalidad sindicalista, no concuerdo con algunas de las cosas que ustedes hacen aquí. Al empresario le va a encantar. Por ejemplo, la asociación de Cuba con las empresas extranjeras. Una empresa estatal contrata al empleado. Cuba recibe un dólar de esa empresa, una cuantía X por empleado, y paga una cuantía Y en pesos al trabajador, y el empresario no tiene ninguna responsabilidad con el empleado. Si quiere echarlo, sólo tiene que comunicárselo a la empresa estatal, porque el Estado se responsabiliza con la política de seguridad social. El empresario se limita a pagar el salario y no tiene ninguna responsabilidad. Yo les dije que si fuera sindicalista allá, estaría en huelga todos los meses. Le dije al empresario: ¿por qué no dice en Brasil que es mejor invertir dinero en Cuba que en Brasil? Allá en Cuba es el Estado el que cuida de los trabajadores, no hay huelgas. Aquí los metalúrgicos de San Bernardo se la pasan en huelga y esos sin tierra ocupan las tierras.

Esas cosas sólo se pueden discutir con los cubanos de manera fraternal. Porque recuerdo que cuando Fidel entró en el salón para recibir a la comitiva, mucha gente lloró, desde las muchachas de 18 años hasta las mujeres de 80. Cuando hay de por medio una carga emocional así, muchas veces las personas no se sienten con valor para discutir determinadas cosas con los compañeros de Cuba.

¿Quiénes sí tienen valor para eso? Frei Betto, Leonardo Boff, yo, porque tengo mucha amistad con mis compañeros. Pero las personas muchas veces mienten, no discuten y no contribuyen al debate. Cuando la gente adula, no contribuye. Todo el mundo prefiere una mentira dulce a una verdad amarga. A veces, cuando la gente dice la verdad, a las personas no les gusta, la critican. Pero es mejor decir la verdad.

Nosotros sólo vamos a construir nuestro modelo de socialismo si analizamos correctamente lo que sucedió y dejó de suceder en Cuba, en la Unión Soviética, en China. ¿Qué tipo de socialismo queremos concretamente?

¿En nuestro socialismo los estudiantes van a poder hacer manifestaciones contra el partido? ¿Va a haber varios partidos políticos o sólo uno? Aquí hay pocos que estén asintiendo. Y es porque se trata de discusiones en las que no acostumbramos a profundizar. Ese es el desafío que tenemos ante nosotros, compañeros. Y les confieso que hoy es más difícil discutir sobre el socialismo que hace diez años, pero aun así tenemos mucho por avanzar.

Otro ejemplo: ustedes saben que una gran contribución a la formación del PT provino de lo que había de progresista en la iglesia católica. La iglesia, desde un punto de vista cualitativo, contribuyó más que el sindicalismo a la construcción del PT a nivel nacional. Porque en el sindicato había media docena de personas aquí y allá, y la iglesia tenía un cura subversivo en todos los lugares. Si no era un cura, era una monja, y de vez en cuando aparecía aquí o allá un obispo progresista, y también muchos laicos.

Lo recuerdo porque creo que una de las cosas que no hemos resuelto en la cuestión del socialismo es la de la religión. Si no se tiene en cuenta la religiosidad, la fe de las personas, uno puede romperse las narices. A las personas se llega por la fe, y eso es algo que no podemos olvidar. Ningún proyecto puede negarlo, y estamos hablando de la fe real que tienen las personas, y no de la fe que nosotros queremos. Eso sólo para lanzar un elemento más al debate.

Hace doce años, cuando cayó el Muro de Berlín, en el PT había muchos que venían de la antigua izquierda, de la lucha armada. Esos «muchachos» que hoy están en el PT con 50 años, en el 68 estaban intentando hacer la revolución. Esos muchachos tenían vinculaciones históricas, cada uno de ellos era una cabeza diferente, y no se entendían tan bien como hoy en día. Quien militó lo sabe. El PT fue el eslabón que logró unificarlos, y ese es uno de los motivos por los que no queríamos definir rápidamente qué socialismo quería el PT. Creo que la prisa no es necesaria. Tenemos que madurar esta discusión. Sólo que es importante que sea pronto, porque quienes se pierden en la discusión, sobre todo los jóvenes, pueden hacer tonterías por ahí si no están preparados.

Para entrar de una vez en la cuestión, tanto el partido como la comunidad y el sindicato tienen la responsabilidad de construir ese nuevo modelo con el que soñamos, porque no existe en ningún manual del Che, ni de Fidel, Lenin, Trotsky, o quien sea. Cada pueblo hace su propio manual, y nosotros vamos a escribir el nuestro, a partir de nuestras experiencias, de nuestra cultura, de nuestras vivencias, de nuestra historia. Ese es el desafío que tienen ante sí los militantes.

Es difícil, lo sé. Esa es posiblemente la discusión más difícil, porque les va a tocar en lo más hondo. Es un desafío que tendremos que enfrentar en los próximos años, sobre todo los jóvenes.

En cuanto a eso, quería decir que una cosa que me hizo sentir orgulloso en Cuba fue la renovación de cuadros que está teniendo lugar allá. Tuve la oportunidad, junto a Marisa, de asistir a una reunión de Fidel con jóvenes militantes, desde las 10 de la noche hasta las 3 de la mañana, y me impresionó la calidad de los cuadros jóvenes. Eso significa que allá hay una inversión política, una inversión en una renovación que no sé si estamos teniendo en Brasil.

O invertimos en esa renovación o dentro de poco seremos un partido de personas de edad, con un secretario general que bosteza y lee la decisión de comenzar el encuentro. Tenemos que renovarnos. Y eso no sólo vale para el partido, vale también para el movimiento sindical.

A veces veo al movimiento sindical haciendo sindicalismo hoy como se hacía en la década de los 20. Pero sucede que la realidad es otra. La clase obrera hoy es diferente de la clase obrera que yo viví.

Hoy los trabajadores de 19, 20 años, están estudiando en la facultad, es distinto a lo que pasaba antes, que bastaba con tener un título del SENAI para ser el mandamás de la empresa. Ellos tienen otros valores. El sindicato no puede seguir siendo aquella corporación intransigente en la defensa de los intereses de sus trabajadores. Tiene que abrirse a la sociedad. Tiene que hablar con quien está en su centro de trabajo, pero también con quien está afuera. Hablar con la ciudadanía, cosas que no se discuten ni en la CUT ni en el PT ni en la Iglesia. Son tabúes que tenemos que romper. Cosas del siglo pasado.

Estoy convencido, compañeros: o hacemos eso en Brasil de forma articulada, intentando juntar a las personas interesadas, traer gente nueva y profundizar en el socialismo que queremos, o vamos a seguir con lo que vemos por ahí. En la República Dominicana, diez partidos de oposición, cada uno de los cuales piensa que es más socialista que los demás. En la Argentina, son quince los partidos de oposición. En Brasil son seis o siete, y también cada uno piensa que es el más socialista. Hay países con más partidos que habitantes, y todos se piensan con el derecho de ser el más socialista.

Narciso sabe qué importante para nuestra educación fue el Foro de Sao Paulo. No resuelve mucho. No se toman grandes decisiones, ni nada, pero sólo el hecho de juntar en una mesa, todos los años, hasta 100 partidos de izquierda de la América Latina que antes ni hablaban entre sí, ya es algo. A la primera delegación que vino de Argentina el único consenso que la unificaba era Maradona.

En política hay algunos valores que no se pueden abandonar. Cuando supe que iban a Cuba conmigo seis fotógrafos y seis periodistas (hasta Casseta y Planeta quería ir), confieso que se produjo una discusión sobre si yo debía o no ir al viaje. Y lo que me hizo mantener mi decisión, aun sabiendo que la prensa iba a hacer lo que hizo, fue lo siguiente: en determinados momentos hay valores que no se pueden abandonar. Si hubiera cedido en lo de ir a Cuba a causa de la prensa, dentro de poco habría dejado de decir que apoyo una huelga a causa de una campaña electoral. Después cedo en el apoyo al Movimiento Sin Tierra, o al de los sin techo, o cualquier otro movimiento social, a causa de lo que piensa la prensa. O sea, cuando llegara a tener la simpatía de la prensa, ya habría dejado de ser yo, ya no valdría la pena que siguiera en el partido.

Es ese tipo de definición el que me va a llevar a Venezuela dentro de algunos días, para visitar al presidente Chávez. Una día de esos estaba en Argentina e hice un elogio del presidente Chávez. Me pareció interesante que ganara las elecciones y, en vez de corromper a los diputados, como hizo Fernando Henrique Cardoso para reelegirse, convocara a una Constituyente. Vino la Constituyente y, en vez de aprobar un mandato de 50 años, ¿qué hizo? Convocó a nuevas elecciones. Me pareció fantástico, y la prensa lo divulgó. Ahí escribieron 500 editoriales criticándome, diciendo que Chávez era un dictador. ¿Pero cómo dictador si gana unas elecciones con 60% de los votos, hace una constituyente, ahí su partido gana con un 80% y después convoca a nuevas elecciones y obtiene más del 60%?

Hizo un referendo para acabar con el sindicalismo amarillo, que es algo histórico. Había un sindicalismo casi podrido en términos políticos e ideológicos. Pues él, en vez de acabar con eso arbitrariamente, hizo un plebiscito, un referendo. A causa de ello ustedes ni se imaginan el clima que se levantó contra Venezuela. Realmente Venezuela causa problemas, porque ahora hizo un acuerdo con Cuba por el que le vende petróleo a un 20% del precio del mercado. Y Cuba no fue el país más privilegiado. Los otros países del Caribe reciben el petróleo a un 50% del precio del mercado. A Cuba la privilegia en el sentido de que el acuerdo prevé el pago de sólo un 2% de interés en 15 años, pero Belize va a recibir el petróleo gratis, no va a pagar nada. Por eso, obviamente, Chávez incomoda. En este mundo, quien no lee la cartilla de los Estados Unidos incomoda.

Por eso, ya que se trata de incomodar, sigamos adelante. Yo les digo a los compañeros de Argentina aquí presentes que me siento decepcionado. Hace unos días me llamaron de Argentina para que escribiera un artículo sobre De la Rúa. Yo no quise escribirlo, porque no sería delicado que yo, aquí en Brasil, me inmiscuyera en la política de otros países. Sin embargo, y me disculpan los compañeros argentinos, al menos Menem ponía en práctica el neoliberalismo con más competencia que De la Rúa. Si el ciudadano es electo y no logra cambiar nada, ¿para qué luchar por el cargo? Es una decepción.

Lagos, en Chile, ahora comienza a adoptar una posición pro TLC, o mejor, pro ALCA, en detrimento del Mercosur. Todo el mundo opina que vincularse a los Estados Unidos es dar un salto de calidad. Pues yo le decía a la prensa lo siguiente: ustedes dicen que en Cuba no hay elecciones. Es verdad, no hay, pero yo nunca vi que ustedes reclamaran elecciones en Arabia Saudita, donde el rey gobierna 80 años. Tampoco he visto que reclamen elecciones para elegir al Papa.

Yo estoy a favor de las elecciones. Pero no son las elecciones solas las que resuelven los problemas, porque si no Haití no sería tan pobre como es, Puerto Rico no tendría las desgracias que tiene, y lo mismo en Jamaica, la República Dominicana, Guatemala, Nicaragua.

Cuando Daniel Ortega era presidente de Nicaragua, el Estado de Sao Paulo publicaba por lo menos una página al día criticándolo. Mientras no derrotaron al Frente Sandinista, estaba en los titulares todos los días. Lo derrotaron, colocaron a Violeta Chamorro. Ahí se quedó seis años. Ya es otro el presidente: no escribieron ni una línea más, y el país empeoró una barbaridad.

La televisión brasileña vende la idea de que los cubanos están locos por huir a Miami. ¿Ustedes se imaginan qué pasaría si Brasil estuviera a la misma distancia de Miami que Cuba? ¿Cuántos de nosotros no habríamos intentado ya ir para allá a nado? En 40 años de Muro de Berlín murieron allí menos personas que en un año en el muro entre México y los Estados Unidos. Ustedes, que son jóvenes, tienen que saber lo siguiente: este año murieron más de 400 personas que trataban de ir de México a los Estados Unidos. Mueren cientos ahogados o mordidos por serpientes, escorpiones, etc. Hay quienes incluso han muerto de hambre al tratar de cruzar la frontera, incluso niños. La policía norteamericana contrata milicias para cazar a los mexicanos, los nicaragüenses, los guatemaltecos, pero eso no se ve en la prensa brasileña.

Por eso digo que aquí en Brasil todavía no conocemos la libertad de prensa. En un país donde 9 familias mandan en los medios de comunicación, la libertad está muy limitada. Yo digo siempre lo siguiente: el socialismo no consiste en que la gente grite que tiene hambre. El socialismo es que la gente coma, que coma bien, tres veces al día. Y, si es posible, que haga además una cena, allá a las once de la noche.

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