nro. 18
Informe sobre el Plan Colombia

Pietro Lora

Voy a hablar sobre un tema que ha causado mucha inquietud en toda América Latina, el tema del Plan Colombia. Cuáles son las razones de la existencia de este plan, qué dice el gobierno de Andrés Pastrana con relación a este plan, qué calla el gobierno de Pastrana, y qué representa en este momento el plan Colombia, no solamente para los colombianos, sino para el conjunto de los pueblos de América Latina. Nos parece que es necesario centralizar el análisis del plan en algunos puntos fundamentales, que son los que intentaremos exponer de la forma más pedagógica posible.

Empecemos por decir que Colombia es un país que tiene aproximadamente 1.138.914 km2. Nosotros no somos un país pequeño. Somos un país, en extensión, relativamente grande. Y tenemos una población aproximada de 40 millones de personas. Nuestra forma de gobierno, en teoría, es una república. Como todos sabemos, en una república su propio nombre indica que el pueblo tiene la posibilidad de inspeccionar las cuentas del Estado, de exigir de sus mandatarios, de las personas que supuestamente los representan, cuentas con relación al control del dinero público. Colombia es una república, en teoría, pero es una república mal formada, deformada. Porque desde el siglo pasado, que es el siglo en el cual se crean los dos partidos tradicionales, el Liberal y el Conservador, no hay ninguna posibilidad de participación popular ni de control de las cuentas públicas. Hemos tenido una dictadura de dos partidos, desde el siglo pasado hasta hoy.

Es un régimen político muy estrecho. Un régimen bipartidista, que excluye cualquier posibilidad de que otros partidos, de real oposición a este régimen, tengan en Colombia la aceptación popular y puedan tener a través de las vías normales, de las vías electorales, ganándose en la lucha de masas, la participación popular. Ha sido realmente una lucha muy cruel. Ha habido varios intentos de sectores políticos, entre ellos del Partido Comunista y de otros sectores, por constituirse en real alternativa a estos dos partidos. Pero cada vez que la izquierda, que el pueblo, que el movimiento popular llega a grados significativos de organización, de lucha, la respuesta del estado ha sido la violencia, la guerra, lo que ellos llaman el desarrollo de una política de contrainsurgencia.

Cuando el movimiento popular colombiano crece, cuando el obrero sale, cuando el estudiante se manifiesta, cuando el campesino se organiza, la respuesta del estado ha sido el asesinato, la persecución. Y los asesinatos, primero selectivos, pero después las masacres y el genocidio contra el propio pueblo colombiano. Para esto el estado colombiano ha puesto en práctica, con el apoyo del gobierno norteamericano, las famosas tácticas contrainsurgentes, que implican la creación de los llamados escuadrones de la muerte o grupos paramilitares. Los grupos paramilitares hacen parte de una estrategia, de una táctica política del estado. Es una política de estado destinada a frenar el avance de la lucha popular. Y esto ha sido durante todo el siglo 20.

El pueblo colombiano ha organizado varios niveles de lucha. Nosotros debemos distinguir en Colombia el desarrollo de una lucha no armada y el desarrollo de una lucha armada. En Colombia coexisten las dos formas de lucha, tanto la lucha armada encabezada por los movimientos guerrilleros, con un amplio abanico de posibilidades, como por ejemplo la lucha institucional, la que se realiza por ejemplo en el campo electoral, pero también la que se realiza en otras condiciones: en el paro, en la movilización, en la marcha, en la protesta callejera. Y hemos asumido la necesidad, en Colombia, de combinar estas distintas formas de lucha para cambiar el régimen político bipartidista, para hacer que el pueblo encuentre solución a sus problemas más graves en materia económica y social.

Hay entonces, en Colombia, un enfrentamiento. Pero el enfrentamiento no es, como algunos lo quieren hacer aparecer, entre el movimiento guerrillero y el Esta-do; no es exclusivamente ese enfrentamiento. En Colombia hay un enfrentamiento entre el estado colombiano represivo, que agencia los grupos paramilitares, que impone el modelo neoliberal, que privatiza, que despide trabajadores; y del otro lado, el pueblo colombiano. Y un sector del pueblo colombiano, con mucho peso, en cualquier tipo de negociación, en cualquier tipo de acuerdo que haya en ese enfrentamiento pueblo-estado, es evidentemente el pueblo guerrillero. Entonces, vamos a distinguir estos planos de lucha.

En Colombia, desde el punto de vista económico, es importante señalar que hay uno de los grados más difíciles de entender, de distribución de la riqueza. El 10 % de la población se queda con la mayor parte de la riqueza bruta o líquida del país. En 1997 nosotros teníamos un desempleo del 12,1 %. En 1998 subió al 15 %. El año pasado llegó al 21 %, y el subempleo al 21,6 %. 24 familias, en Colombia dirigen, junto con las multinacionales, las trasnacionales norteamericanas y de otros estados, la economía. Ahora ¿en qué recae la economía colombiana? De las exportaciones de Colombia, el 25,8 % es petróleo. El 11.5 % es café. Sólo que nosotros tenemos, en materia de petróleo, en materia de hidrocarburos, una reserva de aproximadamente 25 millones de barriles de petróleo, localizados en una región llamada Putumayo. De otro lado, somos el primer país productor de oro en América Latina y también somos una de los nuevas potencias en producción de esmeralda. Este cuadro económico, estas riquezas, estas reservas -especialmente de petróleo-, son objetivo del llamado Plan Colombia. Entonces, me gustaría dejar sentado que en materia económica nosotros estamos en una situación extremamente grave.

Hubo un congelamiento de los salarios, también, a la vez que hubo un aumento de los honorarios de los diputados y senadores en Colombia. Pero hubo un arraso salarial. Desde 1983, y creo que desde antes de ese año, la bandera de la paz ha sido una bandera fuertemente erguida, tanto por nosotros, por la izquierda, por el conjunto del movimiento popular, como por el Estado colombiano. El problema es cómo nosotros entendemos la paz, y cómo la oligarquía colombiana entiende la paz. Todos saben, yo no voy a extenderme en eso, que desde el día 7 de enero del año pasado, se vienen realizando las conversaciones de paz entre las FARC y el gobierno colombiano, que hay una mesa de diálogos, comisiones temáticas y que hay una agenda para dialogar. Me parece también que la mayor parte de ustedes deben saber que hay una apertura para los diálogos con el ELN, y que ya se habla de una zona de despeje. La cuestión es muy clara con relación al tema paz y al tema de la agenda. Las FARC, desde el día 14 de noviembre, han dicho que los diálogos están congelados.

¿Qué significa el congelamiento de los diálogos? No significa romper todo lo que se ha hecho, sino fundamentalmente que el gobierno colombiano se comprometa y le explique al mundo y a la opinión colom-biana, cuál es su posición con respecto a los grupos paramilitares, a los cuales insiste en reconocerlos como interlocutores políticos. Mientras existan grupos paramilitares y escuadrones de la muerte asesinando a los dirigentes populares, es imposible, es muy difícil llegar a un acuerdo concreto. Estos grupos paramilitares son, especialmente, coordinados por los EEUU. El plan Colombia, que es un plan de guerra de 1.3 billones de dólares para la compra de helicópteros Black Hock -Halcones Negros- vienen fundamentalmente para enriquecer el poderío de las fuerzas militares y obviamente, para enriquecer el poderío de los grupos paramilitares. La política de paz de Pastrana es débil, precaria e irresponsable:

1. Porque mientras dialoga quiere reconocer a los paramilitares como interlocutores, les abre medios de comunicación, les destina dineros, no hace nada para detener la complicidad de los miembros de la FFAA militares, con los grupos paramilitares.

2. Porque pretende negociar sectorizadamente. O sea, pretende mantener diálogos de paz con las FARC, y al mismo tiempo reprime la protesta social, criminaliza la protesta social. Entonces, se presentan situaciones como decirle a las FARC que no apoyen los paros, no apoyen la movilización popular, porque se está dialogando. O sea, no entienden que el proceso es uno y que la imposición del neoliberalismo, la imposición del FMI, el retroceso económico colombiano, la profunda desigualdad, son las causas de la violencia en Colombia. Y si se pretende eliminar la violencia, si se pretende construir la paz, hay necesariamente que colocar un freno al modelo económico neo-liberal. Hay que paralizar el modelo económico, que evidentemente va a condenar a los colombianos a más hambre y más desempleo.

3. Porque en lugar de destinar la ayuda internacional para programas de inversión en el sector productivo, lo que se pretende con el Plan Colombia es agenciar la guerra. Los norteamericanos tienen Putumayo, la región donde están localizadas las reservas de petróleo, como la zona piloto para poner en práctica el Plan Colombia. Y los que están patrocinando este Plan, los dólares, están saliendo principalmente de la Exxon, de la Shell y de las grandes multinacionales del petróleo.

Hay también, una campaña contra los colombianos, para hacer aparecer que el problema colombia no es única y exclusivamente el problema del narcotráfico; o sea, que somos narcotraficantes, que la izquierda tiene que ver con el problema del tráfico. El propio Barry Mc Caffrey dijo el año pasado en Brasil, y lo repitió, que «no hay ninguna prueba que conduzca a pensar que las FARC, que el ELN, o que la izquierda, tienen compromisos o que son un cartel del narcotráfico». Esto hace parte de la campaña norteamericana para justificar una intervención cuyo objetivo final no es, ni siquiera un poco, reducir el narcotráfico en el mundo, sino, fundamentalmente, acabar, frenar, con el ascenso del movimiento popular, y acabar definitivamente con el proceso de paz que para todos los colombianos es un éxito y un logro. Muchas gracias.

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