nro. 18
Un socialismo primitivo

Fernando Martínez Heredia

Yo no he sido experto en autobiografías, pero uno en Brasil siempre tiene emociones nuevas, de manera que yo he tenido la suerte de coincidir con la experiencia de la que voy a hablar. En la vida, uno nace en algún momento, y por tanto uno puede tener un conjunto grande de vivencias, pero no voy a hablar de ellas sino de los análisis acerca de ellas. Soy abogado, por cierto, con perdón de los abogados presentes; porque un abogado puede ser de izquierda aunque se dedique al derecho. He sido profesor de filosofía, lo cual me permite darme cuenta de lo poco que sabe uno. Y también me han sacado de más de un lugar, lo cual es muy conveniente para los revolucionarios, porque los mantiene muy en forma. Por lo demás, tengo la condición de fundador del PC cubano, porque he estado metido en ese rollo desde que era adolescente. Y trabajo como investigador social, que es la fórmula que he encontrado, dado que he tenido que estudiar economía -los economistas son peligrosos- y hacer investigaciones sociológicas. Pero, en fin, ya es bastante.

A mí me toca, entonces, hablar del socialismo cubano Se trata de una experiencia que ha puesto en práctica el socialismo durante muy largo tiempo. Ya tenemos como 40 años en esto. Y por tanto, hemos acumulado tanto experiencias prácticas como teoría, que me parece que pudieran ser útiles. Yo voy a tratar de referirme a los rasgos, a los análisis de la cuestión y no tanto a los datos. Yo sé que los datos sobre Cuba siempre son necesarios porque la gran prensa no suele ser amiga nuestra. Pero he traído una ponencia que está a disposición, que se llama «Sociedad, transición y socialismo en Cuba», que es bastante larga y tiene muchísimos datos además de mis opiniones. Ahora quisiera insistir en cuestiones que me relacionan con lo que se ha estado debatiendo hoy.

El socialismo cubano, ante todo, no ha sido derrotado. Resulta, por tanto, una demostración. Aunque es posible encontrar demostraciones muy importantes en los derrotados también. Pero esta es una demostración diferente. Pienso que es una fuente importante para la teoría, no es usual. El pensamiento cubano no es consumido, por lo general, ni siquiera en América Latina, nuestra región cultural de referencia. Se supone que somos o muy buenos o muy malos, depende de las pasiones, pero lo que pensamos no suele ser utilizado. Lo que se piensa sobre nosotros, muchas veces sí y otras no, pero hay cosas importantes de gente de otros países acerca de Cuba.

Cuba ha estado, y sigue estando, en la encrucijada de las regiones grandes del mundo -Europa y los EEUU-, y también por su iniciativa se ha metido en regiones de las cuales el capitalismo actual ha hecho sus riquezas aplastándolas, como es el caso de África. También Cuba ha estado en el centro de las ideologías importantes de nuestro tiempo: del liberalismo, del socialismo, del nacionalismo. Y de los grandes eventos, de los grandes sucesos, de los tiempos aquellos de la crisis de los misiles del 62, hasta la caída del Muro de Berlín, como hasta la actualidad.

Por eso yo me permito decir que Cuba es un laboratorio social extraordinario que tenemos en América Latina. Fue la primera revolución socialista autóctona que sucedió en Occidente. Por esto quisiera destacar sus rasgos principales. Primero, una revolución socialista de liberación nacional. Casi nadie la llama así, y yo sí. En Cuba la nación surgió de revoluciones políticas populares, con un inmenso contenido social. A partir del 59 se realizó el sueño y los proyectos de casi un siglo de estas luchas, de las cuales viene la nacionalidad cubana y sus símbolos. Y esta lucha pudo triunfar porque unió los sueños y los proyectos de justicia social con los de liberación nacional. O sea, la nación se sintió libre a partir de que la gente humilde peleó por ella. La gente sintió que la nación no era el enemigo de ellos, sino que era lo que ellos necesitaban. Esto es dificilísimo. En muchos pueblos latinoamericanos siguen luchando, a veces, de una manera desesperada o angustiosa por unir esto que es tan importante, y a la vez tan poco apreciado muchas veces por el pensamiento que viene de los países desarrollados. Entre otras cosas, porque en esos países desarrollados, la cuestión no tiene de ninguna manera el mismo sentido que para nosotros. Es uno de los problemas gravísimos el de la universalización del socialismo, por ejemplo.

La nación es para nosotros una angustia, siempre. Cuando oigo decir que se van a acabar los estados nación, lo que van a haber son regiones económicas, me parece que si no fuera trágico sería risible. Nunca sueñan con que se van a acabar los EEUU, ni Alemania ni Francia, siempre piensan que los que se van a acabar son otros. Entonces, este tipo de revolución exige la redistribución de las riquezas junto a la afirmación de la nación. Esto es una condición sin la cual no. Eso sucedió en Cuba. El respeto a la dignidad humana y el triunfo de la igualdad entre los sectores, las razas, etc. Tiene que ser una tendencia, sino no es. Este tipo de revolución es portadora de las reivindicaciones de los humildes, que son los oprimidos y los humillados. Esto es libertad más justicia social. Es también la base, pienso, para entender cuando se hable de la democracia en Cuba.

La violencia en Cuba por la revolución fue una necesidad, como pienso que es en todas partes, cuando se trata de revolucionarios, que cuando se ama la vida no se puede querer la violencia. Y esta necesidad, sin embargo, nos sirvió al inicio para un aspecto que es principal: el cambio de las personas a partir de la actividad de sí mismos. Eso que es tan importante, que es el centro de los cambios posibles. Esto tuvo que ser así, fue una forma de avanzar en el cambio de la gente, el cambio de sí mismos, de las personas, que es tan importante, que no podía venir por el crecimiento de la calificación de los obreros, por la alta tecnología de las fábricas, etc. Y tenía que venir, de todas maneras. Y también sirvió para legitimar al nuevo poder, como símbolo de la nueva sociedad, para el traslado de una tradición.

Y otro aspecto que me interesa señalar, aunque sea sólo una vez -porque tendría que estarlo señalando siempre-, sirvió para romper los límites de lo posible. La ruptura de los límites de lo posible implica que los oprimidos, los humillados, la gente subordinada, se vuelve capaz de hacer lo que desgraciadamente a veces se supone capaz por casi todos que no es posible hacer. En Cuba, como en cualquier país -no es que ningún pueblo sea mejor que otro- ha habido que hacer eso varias veces. Y cuando uno piensa que ya no hay que hacerlo más, de pronto se presenta la necesidad.

Entonces, a mí no me gusta dar consejos, pero si fuera a hacer sugerencias, yo sugeriría que hay que aprender a romper con lo posible y empezar a hacer lo imposible, al menos para ir entrenándose, porque después hay que seguir haciéndolo.

Antiimperialista, es otra característica del socialismo cubano. No todos los socialismos han sido antiimperialistas. Es internacionalista también. No todos los socialismos han sido internacionalistas. Entre nosotros era imprescindible, por la alianza de la clase burguesa de Cuba con los EEUU, por el régimen neocolonial norteamericano que imperaba en Cuba, y también por la centralización progresiva del sistema del capitalismo desarrollado. Esta creciente mundialización, a nosotros y a todos, nos va presentando nuevas situaciones, nuevos retos, en casi todos los problemas importantes.

Esta mañana se debatió sobre el carácter de las revoluciones en el siglo 20, y ya no voy a explicar mi posición. Creo que lo bueno de esto es que van a seguir celebrándose seminarios y ustedes van a discutir todas estas cosas. La revolución cubana tuvo que ser una revolución socialista. La opción socialista resultó la acertada, y la única eficaz. Este tipo de revolución permitió unir al pueblo cubano y desarrollar las capacidades de la gente y el crecimiento de la conciencia, hasta el punto que el presente se convirtiera en cambios y el futuro se convirtiera en proyectos. Esta experiencia en un país pequeño, demasiado cercano a EEUU, neocolonizado, con una sociedad capitalista consumista, compleja, con bastante desarrollo de la política y las ideologías -incluidas las democráticas- hizo que también se nos viera como una excepción. Es muy extraña la historia de esta teoría del marxismo en gran parte del s. XX que se ha visto obligada a considerar excepciones a las revoluciones cuando deberían ser la regla para la teoría.

A nosotros nos inventaron una etapa democrático burguesa. Yo a la revolución la viví primero y la estudié después, pero les puedo asegurar que no la hubo. Sin embargo, como después era necesario que cupiéramos en la camisa de fuerza de lo que se había convertido la teoría, inventaron que en Cuba durante un poco menos de dos años hubo una etapa democrático burguesa. Pero como los líderes y los protagonistas eran las mismas personas, era muy ofensivo llamarles burgueses y que después fueran proletarios, entonces les pusieron “populares, antiimperialistas y agrarios”.

Yo digo esto porque autocríticamente, en mi país, esas 2 etapas se han convertido durante muchos años en la fórmula oficial, a pesar de que los dirigentes de la revolución nunca le hicieron caso. Esto significa que tenemos que tener muy en cuenta que no se trata sólo de hablar ahora del socialismo real, sino que probablemente hay algunas cuestiones más profundas que yo no puedo tratar aquí, detrás de esta reproducción de formas parciales de liberación que se producen en los procesos socialistas. Y algo peor, incluso, de reproducción de formas de dominación, y de inexistencia dentro de la teoría al menos de una teoría de la dominación durante la transformación socialista, que nos haría más capaces de entender cómo trabajar con una dialéctica como la que a partir de la creatividad era obligatoria en Cuba, se tuvo que plantear.

Y ahí está el pensamiento del Che Guevara, que me permito al menos pedir que se vuelva a leer El socialismo y el hombre en Cuba. El internacionalismo cubano tuvo que ver muchísimo con la situación, pero también se convirtió en una conducta, y en una conducta masiva. Nosotros no tuvimos Aeroflot para ir a Angola, nosotros tuvimos que ir a Angola en aviones Britania británicos, que ya estaban dados de baja de todos los aeropuertos del mundo desde 1970. Porque el internacionalismo cubano en Angola fue independiente, como lo ha sido el internacionalismo cubano siempre.

Esto quiere decir que 2.100 murieron en Angola y no podían devolver sus cadáveres a Cuba, a sus familias, porque no había dinero para traerlos. Sólo pudieron venir después, en pequeñas cajitas.

Del mismo modo que nosotros, para que esos aviones volaran, tuvimos que vender nuestro ron durante años a la Gran Bretaña, a la pérfida albión le vendimos el ron para volar. Y de la misma manera, le vendimos todas las langostas a Francia, para tener una buena termoeléctrica automatizada. Décadas después de que se hablara de la electrificación.

Entonces, insisto en que las prácticas y la concientización sistemáticas han sido principales en la formación de una nueva cultura socialista. A la vez tengo que decir que se trata de un largo proceso de cambios, que es mejor darse cuenta de que no puede terminar nunca. O sea, no tiene una meta fijada; es un proceso de cambio que no puede terminar nunca a escala del país. Porque además, mientras no sea factible altos grados de liberación a escala de la humanidad, no se liberará del todo ningún país. No es posible construir el socialismo en una sola isla. Lo que sí es posible, como pedía el Che, es “salir desde el primer día hacia el comunismo, aunque pasemos toda la vida tratando de construir el socialismo”. O como decía Fidel al presentar el 1er CC del PCC, hace 35 años: “una construcción paralela del socialismo y el comunismo”. O como lo decían los editoriales del diario Granma en febrero del 67, “se puede salir hacia el socialismo y no llegar”. Por tanto, hay que tener una lucha muy profunda para la formación de una nueva cultura. Y también para las transformaciones, una y otra vez, de la propia cultura que llamamos socialista. Si no se revoluciona una y otra vez no es capaz de seguir avanzando.

Cuba produjo, entonces, una manera de vivir, también, diferente. Es algo fundamental para que se pueda hablar de socialismo. El pueblo entero se apoderó de su país, incluso le perdió el respeto a la propiedad privada. Esto es, se apoderó del fruto de su trabajo durante generaciones, y lo hizo de manera organizada. Aunque a la vez era una orgía de actividad interminable, y una fiesta.

Esta unión del aspecto libertario y el aspecto del poder, es característica de todas las revoluciones profundas. En Cuba duró mucho tiempo, mucho más de lo usual. Y también ha quedado como una herencia muy valiosa para nosotros. Lo esencial de los logros materiales de la revolución es que ellos se sistematizaron después. O sea, se volvió un sistema de distribución de la riqueza. Y también, que pasaron de ser derechos adquiridos a convertirse en costumbres. Sería absurdo pensar que la economía cubana no ha funcionado. Nadie puede tener tanta salud, y tanta educación, y tanta inversión en investigación científica sin economía. Pero no tengo tiempo de hablar de ella.

De modo que quiero agregar que esta distribución sistemática de la riqueza está en la base social, que le da fuerza al poder político cubano actual, y que le da legitimidad, y que también le fija sus obligaciones. Y que se hayan convertido en costumbres estos éxitos que no partieron de donaciones sino de participación, da algo que va mucho más allá de la política. Es la generalización de actitudes nuevas, como ha sido la existente en Cuba durante décadas, en la relación entre el deseo de consumir y el apoyo a todas las políticas económicas. Es muy interesante. En la actualidad esto tiene también un inmenso valor, porque asistimos en Cuba a una tremenda lucha de valores. Pacífica, eso sí, y esta es otra de las experiencias del socialismo cubano, que es que ha sido un régimen pacífico a diferencia -y lo digo con dolor, no con alegría- de otros tantos donde se reprimió a muchos de los revolucionarios. Esto ha sido ausente en la revolución cubana, desde hace casi cuatro décadas.

Por esto es que digo que ha habido una lucha de valores pacífica, pero tremenda, porque ahí se está escenificando hoy el encuentro entre el capitalismo y el socialismo. Como ya todo es a escala mundial, ahí tenemos nosotros la supuesta globalización inevitable, la ideología de los lenguajes, que quieren que nos rindamos a base de palabras y de expectativas por la TV, con los valores de la nueva manera de vivir y los valores de una nueva acumulación cultural e histórica. Entonces, en Cuba se está produciendo hoy un proceso que vuelve a ser interesantísimo para las experiencias del socialismo. Cuba fue una herejía en los 60. Después tuvo que volver a ser una herejía en la segunda mitad de los 80. Y nos hemos casi sin ninguna Iglesia de la cual ser herejes. Pero aquí estamos, entonces, en espera del crecimiento de estas luchas que ahora son muchísimo más complicadas que cuando yo era un jovencito, cuando nosotros al menos con cierta simpleza veíamos la lucha final, para después enterarnos de que era interminable. Ahora vemos la lucha compleja. Y pienso que va a ser muy interesante, con lo que se va a lograr en el s. XXI con la lucha anticapitalista, que Cuba, que no ha querido ser nunca un país “respetable” -como le piden a la gente de izquierda, que llegue a ser respetable dejando de ser de izquierda-, sino algo mejor, un país revolucionario. Que llegue a ser Cuba, cuando se vean las experiencias del socialismo, considerado con razón como un socialismo primitivo. Muchas gracias.

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