nro. 18
Ecuador: el mito andino

Fernando Buendía

Quiero decir, primero, que me siento muy contento de estar entre ustedes y compartir esta valorable experiencia de búsqueda en la que desde el día ayer nos hemos sumergido. Mi mejor saludo y agradecimiento es centrarme en lo que es la ponencia.

El caso ecuatoriano es bastante aleccionador. Tiene una vitalidad y una dinámica política que sirve como un punto de referencia respecto de lo que es la dinámica de los movimientos sociales y políticos. En realidad, mi país, este pequeño país de 270.000 km2, es América Latina en un pedazo tan pequeño. Nosotros somos negros, indios, cholos, montuvios, mestizos, blancos. Y esta diversidad, precisamente, es la que hace de nuestra experiencia algo que podría ser importante en el análisis sobre las experiencias de socialismo.

La primera idea que quiero desarrollar es que la búsqueda a las alternativas del socialismo es una preocupación no sólo teórica sino que surge del fracaso del capitalismo neoliberal, que como ya lo han dicho algunos ponentes, es un capitalismo en su fase reaccionaria. Y esto, en el caso ecuatoriano, significa -y también en el caso de América Latina- una enorme masa de pobres que son el 70 % de la población. Significa el desempleo para el 20 % de la población. Significa una disparidad enorme en el ingreso económico, entre el que menos tiene y el que más tiene hay una relación de 1 a 200. Y la globalización no ha significado sino una agudización de estas condiciones de pobreza, de estas condiciones de explotación. En el caso de América Latina, la mayor parte de nuestras producciones, por efecto de esta globalización, del desarrollo de la ciencia y la tecnología, nuestras producciones han venido a caer aún más abajo. Y el precio del café sigue cayendo en picada, como el precio del cacao, como el precio de las demás materias primas. Salvo el caso de la coca, y por eso también la coca es satanizada. La crisis ha llevado a que las oligarquías locales emprendan procesos de acumulación no capitalistas, y se ha puesto también, en América Latina, el tema de la corrupción, que es un mecanismo de acumulación similar a aquellos que Marx llamaba la «acumulación originaria de capitales». Por esa razón la pelea por el tema ético es también una pelea anticapitalista.

Un elemento que es importante en la experiencia ecuatoriana es que por efecto de la profundidad de esta crisis afloran o se profundizan las contradicciones tradicionales entre los diversos grupos económicos, y esto agudiza la crisis política y sobrepasa -o les obliga a sobrepasar- los límites de la democracia formal.

En la experiencia ecuatoriana, en 4 años, tenemos 5 gobiernos que se han venido sucediendo. Esta crisis del modelo capitalista neoliberal también atraviesa las demás instituciones. No solamente las estatales sino aquellas que son de la sociedad, como son el caso de los medios de comunicación, y aún el caso de la misma Iglesia católica. En el caso ecuatoriano, después de la crisis del 21 de enero, los medios de comunicación apenas tenían un 30 % de credibilidad. Es decir, de cada 10 ecuatorianos, sólo 3 creían en la prensa. Y la Iglesia estaba por debajo de ese valor, porque la Iglesia, durante estos 30 años que vivimos de neoliberalismo, solamente se ha pronunciado para justificar las políticas de ajuste; es decir, ha estado acompañando este proceso de neoliberalización y de empobrecimiento de los ecuatorianos. Es en ese contexto, que es común a todos los países de América Latina, que surge la urgencia de la búsqueda de alternativas. De ahí la vigencia de esta búsqueda de un socialismo nuevo, alternativo. Y en este proceso hay una dinámica que es importante, de emergencia de una diversidad de sujetos sociales. Este sujeto social colectivo, en el caso ecuatoriano, no solamente es la clase social, sino que tiene una serie de ejes transversales, como el tema étnico cultural, como el tema de género, como el tema de la generación, como el tema ecológico, e inclusive el tema cívico.

En Ecuador -y esto lo decía ayer Moreano- hay una articulación de fuerzas que incorporan todos estos sectores sociales, e incluso más allá. Se viven fenómenos como la identificación de sectores de la propia institucionalidad, el caso de militares patriotas que rompen con la institucionalidad y se incorporan a participar en la lucha social, realizando conjuntamente con los movimientos sociales y el movimiento indígena, aquella gesta importantísima del 21 de enero. Es precisamente en este contexto que surge el Movimiento Pachakutik. Como la articulación, como la expresión en el ámbito político, de toda esta emergencia social. Y al calor de la lucha contra el neoliberalismo.

Pachakutik es el mito andino, significa el retorno de los viejos y nuevos tiempos. Y es que en la mitología andina hay 3 épocas históricas: la época anterior a la invasión europea, que es considerada como un momento de armonía; la época de la invasión europea, que es considerada como un momento de sufrimiento y angustia; y una nueva época, que es considerada como el retorno a la armonía, pero en una nueva situación. El Pachakutik es el momento de la transición. Es el momento del cambio, que está acompañado incluso de conmociones telúricas, de movimientos de la naturaleza, de fenómenos culturales. Y precisamente por eso nuestra identidad es una forma andina de hablar del socialismo, de la nueva sociedad.

El Pachakutik incorpora a todos estos nuevos movimientos sociales, construyendo en esta diversidad un proceso de unidad, que vale decir es una unidad difícil. Pero no se trata de sumar fragmentos, sino se trata de recuperar aquello que es aporte de cada uno de los sujetos, a la formulación ideológica y a la formulación programática. Para nosotros es importante recuperar todos aquellos elementos de las culturas, de las nacionalidades indígenas, de las culturas de los pueblos negros, de los aportes de la lucha de género, de los aportes de la juventud, dentro de una formulación programática. Y vemos por eso con mucho interés la manera cómo poner en nuestra propuesta la mirada de género. Porque el problema del género no es solamente el problema de la mujer, es un problema también del hombre, es un problema del enfoque político. El problema juvenil no es solamente el problema de los jóvenes, sino de la mirada juvenil, y cómo remozar en las estructuras políticas, en las estructuras de conducción, esa capacidad de desafío, esa capacidad de riesgo, esa esperanza que tiene el mundo de los jóvenes. Y la presencia del movimiento indígena no solamente es recoger esos valores, sino convertirlos en la cotidianeidad. Es decir, construir la unidad en la diversidad. Y este proceso de construcción, nosotros consideramos que se concretiza en términos de poder. Y el poder no solamente se lo asalta, el poder principalmente se lo construye.

Estamos en una época en la que ya no podemos esperar, como fue nuestra lucha en los años 70, a llegar al poder, y que al día siguiente arribaran los aviones de Cubana de Aviación, de Aeroflot, y nos construían la base sobre la cual desarrollar la nueva sociedad. Ahora, cada país, cada región, parte de sus propias fuerzas. Y por eso es necesaria una importante acumulación de poder, que tiene que surgir desde abajo, desde la dinámica del barrio, desde la dinámica de la comunidad, desde la dinámica del recinto. Este proceso significa empezar ese trabajo de recuperación de la autoestima de los oprimidos, porque la pobreza es un fenómeno global. Es también pobreza intelectual y es también pobreza de valores. Erosiona y descompone las estructuras familiares, descompone la cultura. Por eso la importancia de empezar desde abajo ese proceso de construcción de poder. E implica también la revitalización del tejido social, del tejido comunitario. Implica la articulación de esos espacios de base en formas de organización reivindicativa bajo la figura del movimiento social. Y finalmente implica la proyección política de ese poder para impulsar dinámicas de confrontación y de construcción.

En la experiencia ecuatoriana, nosotros vivimos un proceso de revitalización de la identidad indígena y campesina, que se expresa en la comunidad, en la recuperación de una serie de elementos comunitarios, como el derecho consuetudinario, la autogestión económica, la educación bilingüe, la recuperación de los saberes médicos, la recuperación de la comunidad del cabildo, como formas de organización populares. De donde extraemos la inspiración para la construcción de formas quizás más complejas, como puede ser en los ámbitos locales, en los ámbitos de los municipios. Y de esta experiencia surgen además nuevos sujetos sociales, surgen el movimiento gay, el movimiento juvenil, el movimiento obrero, en una nueva y distinta óptica. En el caso ecuatoriano han emergido de este proceso nuevas organizaciones que se han convertido en referentes de lucha de esta época, como el CONAIE -Consejo de Comunidades Indígenas del Ecuador- que sin duda tiene un papel fundamental, es el dirigente histórico del proceso; la coordinadora de Movimientos Sociales, que agrupa movimientos sociales urbanos, liderada por el Movimiento Sindical Público; y la Confederación de Afiliados al Seguro Campesino, a la que represento, que recoge al movimiento campesino mestizo.

Es a partir de esto que también se constituye el Movimiento Pachakutik, y realiza su dinámica participando en los procesos electorales, en lo que llamamos la lucha institucional desde los poderes locales, construyendo una ciudadanía activa sobre los ejes de participación, de sostenibilidad y sustentabilidad, sobre los ejes de ocupación fundamental por el fortalecimiento de la atención social, y sobre el eje de la participación.

También participamos en las instituciones estatales, no tanto para sostenerlas sino para desde dentro reformarlas, para plantear un nuevo ordenamiento de estas instituciones, precisamente para radicalizar esta democracia. Es desde ese acumulado, y entendiendo que la lucha institucional y la lucha extra-institucional van de la mano, que nosotros confrontamos y respondemos a los diversos momentos políticos, aprovechando precisamente aquellos huecos que deja la conflictividad entre los grupos económicos y políticos.

Así, el 5 de febrero del año 97, nuestro movimiento lideró un proceso que culminó en la caída del presidente Bucaram y en la aceptación por el Parlamento del mandato de los pueblos que fue elaborado por el conjunto de organizaciones sociales. Y así, el 21 de enero de este año logramos llegar hasta el Congreso Nacional, desconocerlo, llegar hasta el gobierno nacional, desconocerlo, y constituir, aunque sea por una noche, un gobierno de carácter popular. Y pensamos que en la articulación de esta lucha es fundamental identificar los objetivos políticos de cada momento, en función de la correlación de fuerzas. Pensamos que una actitud maximalista nos puede llevar a perder todo lo acumulado que podemos tener y que nos ha costado muchísimos años construirlo. Pensamos que los diversos medios de poder de que dispone el pueblo tienen que ser administrados de manera coherente. Pensamos, finalmente, que América Latina vive un escenario que es favorable para esta estrategia que nosotros la hemos denominado la vía política. Que Nicaragua va camino al poder luego de una importante victoria electoral, y similar es el caso de El Salvador, y de Brasil, el de Perú, o de Bolivia, o de Ecuador.

En ese escenario, los rendimientos de esa estrategia son rendimientos que a todas luces parecen favorables. Por esa razón pensamos que estamos en el camino que parece como el más adecuado para responder a los desafíos de este momento. Por ello es que el imperialismo norteamericano mira con enorme preocupación lo que está sucediendo en su patio trasero, y establece propuestas como el Plan Colombia, como el Plan Dignidad para Bolivia, como el plan de conspiración y desestabilización del régimen de Chávez, y en el caso ecuatoriano -a través del Plan Colombia- pretende derrotarnos. Y pensamos que la lucha antiimperialista en este momento consiste, precisamente, en enfrentar estos problemas que son los desafíos de este momento.

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