nro. 13
Un puente en vuelo para Chiapas

Marco A. Velázquez

Muchos han sido los acertijos que, con ese peculiar sabor indígena, el zapatismo ha planteado a propios y extraños en su corta vida. Entre ellos, sin duda, la idea de no luchar por el poder sino organizar cotidianamente la resistencia al poder, ha sido uno de los que más trabajo ha costado entender a quienes, desde el terreno de la política o bien de la academia, han estudiado «la teoría zapatista».

Cuando algunos esperaban el llamado a construir una nueva Internacional, destinada a dirigir, ahora sí, a la humanidad hacia la tierra prometida, el «Primer Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo» (Primer Intergaláctico, para ahorrar palabras) concluyó solamente en la necesidad de que quienes ahí estuvimos saliéramos a difundir la nueva tarea: crear redes de resistencia, también llamadas en algún momento bolsas de resistencia. ¿Y cómo se hace eso? ¿Y cómo lo hacen los propios zapatistas?

A propósito de la petición que se nos ha hecho para colaborar en América Libre con un artículo sobre las formas de resistir de los movimientos sociales, hemos creído oportuno resistir a la tentación de largar una extensa disquisición (quién sabe con qué éxito) sobre el asunto y, en su lugar, tratar de contar cómo viven las comunidades zapatistas en resistencia, combinando en este caso el relato con otra resistencia: la que ejerce una especie en regeneración, a la que podemos llamar intergalácticos, herederos de los viejos luchadores internacionalistas de este siglo que temina. Unos y otros, indígenas zapatistas y luchadores intergalácticos resisten; resisten al poder que pretende extinguirlos, y resisten a la idea que pretende fragmentar las luchas cuando, a fin de cuentas, son sólo expresión de una única lucha: la de defender a esta humanidad de la sinrazón. Unos y otros se reencontraron con motivo de la polémica visita a México de la caravana de ciudadanos italianos «Un Puente en Vuelo para Chiapas». He aquí la historia.

«Todos somos indios del mundo» fue el primer mensaje que lanzó la caravana italiana «Un Puente en Vuelo» para Chiapas» al traspasar los puestos de migración y la aduana del aeropuerto de la ciudad de México. Ese lema, estampado en sus vistosos chalecos de plástico verde (material que resultó totalmente inadecuado en el clima caluroso, pues aceleraba la deshidratación de los cuerpos) los acompañó a lo largo de su recorrido por las montañas y cañadas chiapanecas, señalando su solidaridad con los pueblos indígenas de la región.

Entre las peculiaridades de esta caravana, coordinada por la «Asociación Ya Basta», sobresale una: su altísima representatividad de amplios sectores de la sociedad italiana. Integrada por jóvenes, mujeres, centros sociales y de cultura, trabajadores, académicos, organismos no gubernamentales de cooperación y de solidaridad, diputados de los principales partidos políticos que gobiernan Italia, funcionarios de distintos gobiernos locales e inclusive periodistas, la caravana «Un puente en vuelo para Chiapas» significó un verdadero arco iris multicolor por su diversidad social y política. En esa diversidad se sustentó su fuerza moral; fuerza que le valió el obtener del gobierno mexicano la calidad migratoria como observadores, aunque éste intentó reiterada, tozuda y torpemente, limitar las tareas que los caravanistas se habían propuesto realizar. Al final, la caravana cumplió su cometido: llegó a la comunidad de La Realidad, visitó el campamento de desplazados de Polhó, estuvo en Oventic, se entrevistó con la Comisión Nacional de Intermediación (CONAI) y, con más dificultades, arribó a Taniperla. Visitó también el penal de Cerro Hueco para conocer la situación de los indígenas presos. Sin embargo, no pudo visitar Amparo Agua Tinta, como era su deseo. Tampoco pudo hablar con el gobernador de Chiapas, pues éste no les concedió audiencia. A pesar de todos los obstáculos, la caravana prosiguió su vuelo...

 

La Realidad

Casi sin respiro, luego del viaje de Italia a la ciudad de México -con escala en Madrid- y del viaje por tierra hasta San Cristóbal de las Casas, la caravana partió inmediatamente hacia La Realidad adonde arribó a la medianoche del 3 de mayo. En el trayecto, sólo un puesto de control de migración entretuvo su marcha. Después, nada contuvo el avance de la caravana. No hubo más retenes, ni de migración ni militares. Ni siquiera en el enorme cuartel instalado en Guadalupe Tepeyac se pudo observar a algún soldado. Los guardaron quién sabe dónde, como si a alguien le interesara que los observadores no observaran la desproporcionada y cotidiana presencia del ejército federal. (Por cierto, en el camino de la ciudad de México a San Cristóbal de las Casas, tampoco hubo retenes militares ni de migración que detuvieran la caravana. Sin embargo, quien viajara por esa misma vía un día, si no es que unas horas después del paso de la caravana, pudo contar 3 retenes militares, 3 de migración y 3 de la Procuraduría General de la República (PGR). En el camino se encontró sólo un pequeño retén del ejército federal que detuvo a la caravana cuando mucho un minuto. No pidieron que bajara la gente, ni revisar nada. Dejaron el paso libre. Al salir de Polhó rumbo a Oventic, la caravana se cruzó con algunos vehículos militares que circulaban por la carretera.) De la presencia del Ejército Federal, sólo quedaba la evidencia de los cuarteles. Se olvidaron de que la evidencia material dice mucho; que, por ejemplo, un inmenso cuartel supone la existencia de miles de soldados, que un helipuerto bien señalado sugiere vuelos constantes (si no, ¿para qué un helipuerto?, ¿para qué tomarse la molestia de trazarlo y construirlo?).

Entonces se abrió el Aguascalientes de La Realidad; la gran plaza central se iluminó como para mostrar a la visita que sí, que la resistencia, aún cercada, sigue en pie. La «migración» zapatista fue expedita y no rechazó a ningún visitante; al contrario, los recibió con agrado y les proporcionó todas las comodidades de que se puede disfrutar en el Aguascalientes: agua, letrinas, un lugar para dormir, cocina y comedor, pero, sobre todo, la fraterna acogida por la gente de la comunidad.

Por la mañana, desde muy temprano, los caravanistas fueron agasajados con un café caliente, cortesía de la comunidad, aunque ellos cargaban sus propios víveres para no consumir lo poco que tienen las comunidades. En algún momento se escuchó brevemente el ruido sordo del motor de un helicóptero, un poco lejano, seguramente por la bruma de humo que cubre las montañas chiapanecas, incendiadas inusualmente como si algún ecocida quisiera cobijarse con «El Niño».

Tras unas horas de espera que fueron aprovechadas por unos para jugar con los niños en ese lenguaje universal de los juegos infantiles, por otros para conocer todas las instalaciones del Aguascalientes (el campamento civil, la escuela, el puesto de salud, la tienda de la cooperativa), por otros para refrescarse y quitarse el polvo en el río y por otros más para descansar a la sombra, se comenzó a llamar a la gente por el micrófono para que se congregara frente al gran estrado y dar inicio al acto de bienvenida. De a poco, la gente se desprendió de sus tareas y desde todos los rincones se fue juntando una pequeña multitud. Se formó una fila de mujeres dando la espalda al estrado y, tras ella, otra fila de hombres. Los caravanistas hicieron lo propio y las filas quedaron unas frente a otras; mirándose. Una vez así colocados, la voz del pasamontañas al micrófono anunció que tomaría la palabra el representante de la comunidad quien, también de pasamontañas, leyó el discurso que explicaba la difícil situación que viven por el hostigamiento militar y agradecía la presencia y el apoyo de la caravana.

En seguida, Federico Mariani, vocero de la Caravana, les dijo que llegaban a esa comunidad para expresar la solidaridad de miles de italianos representados por los 135 caravanistas, que la colecta que hicieron en Italia para apoyar a las comunidades no era producto de limosnas sino de la más sincera solidaridad entre quienes comparten una misma lucha; dijo que además del proyecto de construir una turbina para generar electricidad, llevaban un poco de dinero -sacando de su bolsillo un sobre blanco- para entregarles... entonces lo interrumpió el representante de la comunidad para explicarle que ese no era el momento, que posteriormente habría otro acto con la presencia de las autoridades del municipio autónomo donde se harían las entregas.

También habló ahí el diputado Francesco Bonato (del Partido de Refundación Comunista -PRC-), quien enfatizó el compromiso de exigir que se cumpla la cláusula de respeto a los derechos humanos y las libertades democráticas, como prerequisito para que la Unión Europea firme un tratado de libre comercio con el gobierno mexicano. Los discursos fueron adornados con aplausos y fanfarrias de la infaltable marimba, misma que luego de los «vivas», se arrancó con la canción obligada: «Cartas marcadas».

Luego del protocolo de bienvenida, las autoridades del municipio autónomo, los funcionarios de distintas administraciones locales italianas e integrantes del Centro Interuniversitario de la Universidad de Roma, se instalaron alrededor de una mesa y a la sombra de un árbol para platicar sobre el proyecto de construcción de una turbina ecocompatible para producir electricidad (que hoy es generada por un pequeño motor que funciona con gasolina). Este proyecto nació durante la visita del Prosindaco di Venecia a la comunidad en abril de 1997 y fue motivado por la constatación que hicieron de que siendo producida en Chiapas el 60% de la electricidad que se consume en México, las comunidades indígenas están privadas de la corriente eléctrica, fundamental para el mejoramiento de las condiciones de vida. Impulsado por la administración veneciana en coordinación con universitarios de Roma, al proyecto se sumaron las administraciones de Trieste, Vicenza, Padova y otras administraciones locales italianas están interesadas en participar. Ahí, a la sombra del árbol, los representantes de los municipios italianos refrendaron su compromiso de apoyar la construcción de la ecoturbina, a la vez que los universitarios explicaron los aspectos técnicos -con todo y una maqueta traída desde Italia- del proyecto; dijeron que éste estaba concebido para ser realizado y funcionar con los elementos presentes en la región -especialmente la fuerza del río y la mano de obra- sin necesidad de depender de insumos exteriores como la gasolina y que, además, la turbina podría generar electricidad suficiente no sólo para esta comunidad sino también para algunas otras. Un miembro de la comunidad contestó que por la mano de obra no había problema, que la comunidad de por sí ya está organizada y dispuesta y que incluso, ya tienen tiempo midiendo la profundidad del río en distintos tiempos, pues no siempre trae la misma cantidad de agua y su fuerza no es igual todo el tiempo.

Paralelamente, mientras platicaban las autoridades de las Comunas italianas con las del Municipio autónomo, un sacerdote italiano ofreció un servicio religioso en la casa de oración con la gente de la comunidad. Una vez cumplidos sus encargos, la caravana se dispuso a partir. No contaban en su apretada agenda con que la comunidad les obsequiaría una fiesta por la noche; entonces, rápidamente, acordaron que 20 voluntarios se quedaran en La Realidad para no despreciar el presente que se les ofrecía, mientras el resto continuaba el camino.

Al regreso a San Cristóbal, la primer parte de la caravana que salió de La Realidad pudo observar a la luz del día, con toda claridad, el helipuerto, los vehículos militares estacionados en el cuartel militar que ocupa Guadalupe Tepeyac y sólo dos soldados de guardia a las puertas del mismo, custodiando lo que quería aparecer como un cuartel fantasma o abandonado. Al llegar a la caseta de migración los agentes volvieron a pedir pasaportes y visas, asegurando, con mucha pero mucha amabilidad, que sería un trámite rápido. No obstante, apenas bajó el agente del vehículo subió otro con corte militar y cámara fotográfica en mano intentando retratar a los viajeros. Los caravanistas se opusieron argumentando que el gobierno mexicano ya contaba con por lo menos dos fotos de cada uno, pues se las solicitaron como requisito para extenderles la visa como observadores. ¿Para qué otra foto?. «Sin comentarios», dijo el fotógrafo, y descendió del vehículo.

Para los 20 que salieron de La Realidad a la mañana siguiente, la situación fue un poco distinta. Ellos encontraron dos retenes militares en el camino, que los detuvieron pero sin mayor contratiempo; en el puesto de migración no había nadie y siguieron adelante. Se cruzaron con un vehículo militar y, llegando a Margaritas, fueron alcanzados por los de migración, quienes pidieron pasaportes y visas, y contaron a las personas que viajaban en el vehículo. Luego del trámite, los dejaron continuar su camino.

 

Polhó

Un puente en vuelo para Chiapas llegó a Polhó, comunidad que alberga tanto al municipio autónomo de Chenalhó como a unos 10 mil desplazados de sus comuni- dades. Una valla de paliacates y pasamontañas abrieron la puerta de la comunidad y del campamento que ella acoge, a la caravana italiana. Una banda musical -interpretando su versión de «caminos de Michoacán»- acompañó el ingreso de los visitantes desde la orilla de la carretera hasta la cancha de basketbol, donde ondea en el mástil un arco iris en forma de bandera cruzado por la palabra PEACE en blanco, y donde tuvo lugar una asamblea plurinacional: allí hablaron las autoridades de las comunidades, vestidas a la usanza tradicional y, el principal, con el bastón de mando en mano; él habló en castilla para los italianos y en tzotzil para los pobladores; habló de la necesidad y exigencia de que los acuerdos de San Andrés sean cumplidos, de la determinación de las comunidades de autogobernarse y demandó la desmilitarización de la región y garantías para que los indígenas desplazados puedan retornar a sus casas. Dijo que es falso que el gobierno esté desmantelando a los municipios autónomos, que éstos no se pueden destruir como las casas, sólo matándolos a todos, pues los municipios autónomos están donde va la gente porque los llevan en su corazón y en su pensamiento. Luego de decir su palabra, las autoridades escucharon y tradujeron al tzotzil todo lo que dijeron los italianos, varios de los cuales aprovecharon la tribuna abierta para dejar su saludo.

Mientras las autoridades de las comunidades se reunían con representantes de la caravana, los demás descendieron la barranca donde se encuentran instaladas las «casas» provisionales de los desplazados construidas de madera, cartón y hule. A cada paso que descendieron y ascendieron entre las lomas, los caravanistas italianos encontraron las difíciles condiciones de vida de los desplazados que allí se asientan, especialmente por la escasez de agua y alimentos. Pudieron observar la cotidiana dificultad en la imagen de aquella mujer que, a la orilla de un hoyo abierto en la tierra, lavaba ropa tallándola sobre una piedra con movimientos rápidos como para aprovechar hasta la última gota del agua que vertía a chorritos intermitentes del enorme caudal que cabe en una cubeta. Pero también pudieron observar la decisión de esta gente dispuesta a aguantar el cerco y las adversidades del momento.

Al subir de nuevo a la cancha de basketbol, se pudo escuchar el himno zapatista interpretado por un muy buen grupo musical. Antes habían tocado el Bolonchón. Una vez concluidas las breves pláticas, los caravanistas formaron una cadena para bajar de los vehículos las cajas que contenían la ayuda humanitaria que trajeron desde Italia.

A la entrada de Polhó, junto a la escuela, está instalada una carpa de la Cruz Roja Mexicana; sin embargo, de su labor no se pudo observar nada. Ni siquiera a su personal. Como si no estuvieran ahí. A la orilla de la carretera entre la fila de construcciones de madera vieja, maltratada por la humedad, llama la atención uno de los cuartos cuya puerta permanecía cerrada y sobre la cual se podía leer escrito con pintura blanca: «Ministerio Público de Polhó, Municipio Autónomo. Se atiende todos los días a las 7 de la mañana.»

 

Oventic

Por la tarde del mismo día se arribó al Aguascalientes de Oventic. Aquí, la revisión zapatista fue un poco más tardada y minuciosa, aunque no por ello menos cordial. Había muy poca gente de las comunidades, seguramente por los recientes amagos militares que hacen suponer una inminente incursión sobre ese centro de convenciones. Apenas se ingresó al centro zapatista, un médico mostró las instalaciones de la Clínica La Guadalupana, explicó su funcionamiento y señaló las necesidades que aún no se cubren. Por el momento, la clínica cuenta con farmacia, una pequeña bodega, sala de urgencias, sala ginecológica, consultorio dental, y unos tres cuartos con dos camas cada uno para hospitalización. Precisamente a esta clínica trajeron los caravanistas una buena dotación de medicamentos.

Luego se adentraron en el Aguascalientes para conocer sus instalaciones: los dormitorios, el Campamento Civil de Paz, la cocina, la escuela secundaria en construcción, la biblioteca, las graderías que semicircundan la gran plaza que ahora luce sembrada de altas estacas para evitar el aterrizaje de helicópteros; el estrado principal ya no es de madera sino de concreto y cuenta con una enorme estructura metálica y frente a él, ahora hay una cancha de básketbol.

Después del recorrido todos se fueron juntando en el auditorio a donde también llegó más gente de las comunidades. Ahí se celebró, con la presencia de las autoridades de la comunidad el acto oficial de bienvenida y agradecimiento a la caravana. Éstas informaron de la tensa situación que viven cotidianamente por el constante hostigamiento de las fuerzas militares y paramilitares y de su temor de que en cualquier momento el gobierno decida irrumpir en este Aguascalientes como continuación de su ofensiva sobre los municipios autónomos. Pidieron a los caravanistas que no crean las mentiras del gobierno mexicano y que informen en sus países lo que verdaderamente está ocurriendo en la región. A manera de despedida y a falta de marimba y música, la gente de Oventic se dio el lujo de agasajar a los visitantes con un delicioso tamal chiapaneco. Antes, una pequeña comisión de la caravana se había adelantado a San Cristóbal para entrevistarse con la CONAI, que empezaba una sesión plenaria para evaluar la situación chiapaneca luego de la decisión del gobierno de «desmantelar» los municipios autónomos.

 

Taniperla

Llegar a Taniperla y conocer lo que allí sucede era para la Caravana su razón de ser, su imperativo ético, mientras que para el gobierno mexicano se convirtió en su «no pasarán», su imperativo autoritario. Desde Roma, cuando la embajada mexicana expidió la visa con calidad de observadores a los 135 integrantes de la caravana, constreñía el permiso para visitar sólo La Realidad, Polhó y Oventic. No incluía Taniperla a pesar de que desde 10 días antes de su salida, aquéllos habían planteado a la representación mexicana en Roma su interés por visitar el lugar. Era, entonces, un «permiso» restringido. Un «no permito». Con estas restricciones, el gobierno mexicano operaba abiertamente una doble violación: por un lado, pasaba por alto a la propia constitución mexicana que garantiza a toda persona el libre tránsito en territorio nacional, (a menos que esté declarada una situación de emergencia y suspendidas las garantías individuales); y por otro privaba al grupo de italianos del ejercicio de sus derechos civiles elementales -amparados por los convenios internacionales sobre derechos humanos signados por México-, a quienes les parecía raro que en México tuviera más libertad de tránsito un turista común que alguien con visa de observador.

Así, la presión gubernamental para que los observadores internacionales no observaran se fue acrecentando conforme el itinerario de la caravana se fue acercando a Taniperla. Funcionarios del Instituto Nacional de Migración en San Cristóbal, unas horas antes de que la caravana saliera rumbo a Taniperla (de madrugada), ofrecieron extender el permiso (que de por sí constitucionalmente ya tenían), cumpliendo el simple requisito de entregar a la oficina de migración en San Cristóbal un oficio con los datos de los visitantes. Datos que ya conocían y voluntad de visitar Taniperla; expresada desde antes de salir de Italia. Aunque los agentes que llevaron el mensaje trabajaron horas extra (se apersonaron a las tres de la madrugada), la oficina de migración, dijeron, funcionaría a partir de las 09:00 horas. Pero la caravana se había citado a las 05:00 hs. para emprender el viaje. Se decidió entonces, en asamblea, enviar el oficio requerido por el gobierno mexicano, que una comisión de la caravana quedara en San Cristóbal -incluyendo a un diputado italiano, y en comunicación con la embajada italiana- para dar cauce al trámite, en tanto la caravana adelantaba su curso hasta Ocosingo, desde donde se telefonearía para saber si el gobierno, al final, reconocería el derecho de los observadores a observar y a transitar libremente.

En Ocosingo la espera se prolongó durante varias horas. La oficina de migración de San Cristóbal que había asegurado tener facultades para extender el permiso, ahora decía que esperaba, a su vez, una respuesta de la ciudad de México. Así, decidieron avanzar hacia el puesto de migración ubicado al otro lado de la ciudad; ahí por supuesto, la migración frenó a la caravana, para seguir esperando la ansiada respuesta. Ésta por fin llegó: el gobierno autorizaba la visita a Taniperla de una comisión de no más de 10 personas, incluidos los parlamentarios italianos. Extrañados, los caravanistas se preguntaban: ¿por qué sólo diez, si los 135 tenemos la misma visa como observadores? La pregunta se la plantearon al gobierno mexicano insistiendo en su voluntad de visitar todos Taniperla. El gobierno argüía razones de seguridad para la misma caravana, lo que intrigaba más a los italianos, pues ¿acaso el propio gobierno no insistía en que el estado de derecho estaba instalado en Taniperla desde el 11 de abril? «Algo pasa ahí», concluían para sí mismos. Y volvió a instalarse la espera que se alargaba una vez más. En una de las tantas conversaciones telefónicas, se les aseguró que un funcionario de migración iba camino a Ocosingo para hablar personalmente con ellos. Tiempo después, tras otro telefonema, supieron que el funcionario que se supone que estaría por llegar a Ocosingo, ni siquiera había salido de San Cristóbal. Apareció obvio que la intención del gobierno era dejar pasar el tiempo, que para entonces ya era mucho.

A los caravanistas les pareció razonable haber esperado durante ya cuatro horas sobre la carretera (más dos horas que tuvieron que perder antes de salir de San Cristóbal por el nuevo trámite burocrático que les impuso la migración) a que el gobierno se decidiera a cumplir la legislación mexicana y a respetar su condición de observadores internacionales. Decidieron no esperar más y continuar su camino; subieron todos a los microbuses, se encendieron los motores, pero no se pudo avanzar pues los agentes de migración bloquearon el paso de los vehículos; entonces emprendieron su camino a pie cruzando el puesto de migración sin que nadie los detuviera (había un camión con personal de seguridad pública y unos metros adelante un cuartel militar en la desviación a Toniná). Caminaron varios kilómetros sobre la carretera; el cansancio acumulado, el calor, los constantes cambios de altura, la deshidratación, afectaron a unos cinco caravanistas que requirieron atención médica. La caminata hizo un alto para tomar un descanso a la orilla de la carretera. Hasta ahí llegaron noticias de que en Ocosingo, organizaciones campesinas se manifestaban en solidaridad con la caravana. Ésta se preguntaba ante la prensa por qué migración detenía a vehículos mexicanos conducidos por ciudadanos mexicanos, cuando a los observadores internacionales ya se les había permitido el paso. Llegó otra muestra de simpatía hacia la caravana: una organización de transportistas ofreció proporcionar camionetas de redilas para llevarlos hasta su destino. Al mismo tiempo que arribaban éstas, recibidas con el aplauso de agradecimiento del grupo italiano, por el camino aparecieron uno tras otro todos los microbuses de la caravana que migración había retenido. Mientras los caravanistas marchaban a pie, tres diputadas mexicanas -dos del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y una del Partido Revolucionario Institucional (PRI)- gestionaban con la migra el paso de los vehículos. Para entonces los relojes marcaban ya las 16:00 horas del día. En total se habían invertido 8 horas de espera. Se imponía una nueva decisión: continuar inmediatamente el viaje a Taniperla llegando a la medianoche, o bien, aceptar la solidaria hospitalidad de una comunidad cercana a Ocosingo donde se podría pernoctar y continuar el viaje a la mañana siguiente. Agradeciendo esta nueva muestra de solidaridad, la decisión de la caravana fue: andiamo. Abordaron sus carros y reemprendieron el vuelo.

Tres kilómetros -más o menos- antes de entrar a Taniperla, la caravana fue detenida de nuevo, pero ahora por indígenas del lugar quienes sugirieron y ofrecieron a los visitantes que pasaran la noche ahí, pues el riesgo de arribar a Taniperla a esas horas era mayor. No tenían mucho que ofrecer, sólo un lugar donde dormir al aire libre y la calidez de su solidaridad. Igual, esa noche pocos pudieron conciliar el sueño con el frío, a pesar de las fogatas solidarias y las cobijas insuficientes que los anfitriones les cedieron mientras ellos se desvelaban custodiando la seguridad de la caravana. Durante ese pedazo de noche, varios vehículos militares y otros similares transitaron el camino nomás observando el semisueño de los observadores.

Al amanecer, cuando el frío se siente más, el café calentito y restaurador ya estaba listo. Una tras otra las cubetas/cafeteras se fueron vaciando entre sorbo y sorbo de los tantos convidados. Así recuperados, los visitantes reemprendieron su viaje. Taniperla estaba ya muy cerca. El momento de la verdad buscada también. Todavía antes de llegar, en el último breve trayecto, apareció el cuartel militar instalado a la altura de Monte Líbano -donde se dejaban ver los soldados de guardia- rodeado de nuevas «urbanizaciones» cuyos habitantes masculinos a la vista lucían sugerentes cabezas rapadas. Sin embargo, aunque se mostró con más evidencia la presencia del ejército federal, aquí tampoco hubo retén para la caravana. Y de repente, tras unas vueltas del camino, apareció ante los ojos de los visitantes la imagen actual de Taniperla: a la orilla del camino y a la entrada del poblado, un grupo de mujeres indígenas, vestidas y peinadas para la ocasión, y mostrando su admirable entereza a flor de piel, encontró a los visitantes. Sin perder el tiempo, las mujeres de Italia se acercaron y ofrecieron a las de Taniperla flores como una muestra de su solidaridad. Inmediatamente empezaron a platicar entre ellas. Las indígenas a la vista de quien quisiera ver y a voz en cuello, diciendo su palabra para explicar la tensa situación que viven diariamente desde que el pasado 11 de abril el gobierno atacó con policía y ejército esta comunidad, sede del municipio autónomo «Ricardo Flores Magón», detuvo a una decena de hombres y dejó la situación bajo el control de las bandas paramilitares identificadas con el PRI; las italianas, grabadora en mano y sentidos abiertos, registrando cuanto testimonio quisieran ofrecer aquellas mujeres a las cuales el mundo conoce como rehenes de una injusticia global.

Mientras hablaban entre ellas así, todo se sucedió rápidamente. Los vehículos de la caravana y los de la prensa se habían recolocado inmediatamente enfilando hacia el único punto de salida. Entonces, corriendo atropelladamente un grupo de indígenas (tal vez serían unos 150) se avalanzó sobre el grupo de visitantes y sus anfitrionas gritando «están armados», como queriendo provocar una desbandada. Sin perder la calma, las y los italianos rápidamente formaron con sus cuerpos dos cinturones de contención para evitar que las mujeres zapatistas fueran agredidas por los priístas, quienes por su actitud beligerante y las macanas de madera que algunos portaban parecían dispuestos a todo. Así lo mostró también el hecho de que durante el primer forcejeo entre el cordón pacifista y los agresores, unas indígenas cuya vestimenta revelaba que no eran oriundas de Taniperla, lograran arrancar del cordón a una observadora italiana quien antes de que pudiera ser rescatada por sus compañeros fue víctima de jaloneos bruscos y de un golpe cerca del ojo que le produjo un ligero moretón. Los agresores también vociferaban contra los visitantes, con fervor xenófobo, que se fueran, que no los querían ahí, que ellos querían paz, que los visitantes llevaban la guerra, que eran de la ETA, que no tenían permiso del gobierno para estar en Taniperla, que sólo cinco tenían permiso (¿cómo sabían que el gobierno había querido restringir la visita a unos cuantos observadores?). Contradictoriamente, también les pedían que entraran al pueblo, que hablaran con las autoridades del lugar, que ellos querían la paz y el diálogo. Los observadores les contestaban que sí, que su visita era para conocer los problemas y que por supuesto también querían hablar con otros grupos, además de hablar con las mujeres zapatistas. Poco a poco, los ánimos beligerantes del grupo priísta se fueron atenuando. Se formó una comisión de los observadores que se adentró un poco en el poblado con las autoridades priístas para explicarles el sentido de la caravana y exigirles garantías de no agresión y respeto a las mujeres zapatistas. En este encuentro participaron también tres diputadas mexicanas. Mientras, los cordones de paz se mantuvieron en torno a las zapatistas. El grupo agresor se mantuvo a la expectativa alrededor del cinturón pacífico, esperando nuevas órdenes. En algún momento, aparecieron tres elementos de Seguridad Pública, mostrándose entre los protagonistas, pero sin tomar ninguna medida que indicara que su presencia garantizaría la seguridad; sólo se detuvieron a conversar brevemente con uno de los agresores y continuaron su camino. Sin abandonar su actitud ofensiva, pero dejando de blandir tan ostensiblemente los garrotes mientras sus autoridades dialogaban con la comisión, algunos priístas se enfrascaron en animados debates con algunos italianos; unos aseguraban que ahí cerca estaban los zapatistas armados, que los habían visto esa misma mañana; otro afirmaba que él mismo había sido de los zapatistas pero que le quemaron su casa y eso ya no le gustó; otro, con un poco más de «oficio político» y facilidad de palabra, insistía en que ellos sólo querían que se cumpliera la ley, que no querían la guerra y que estaban a favor del diálogo...

Al concluir la reunión de los observadores y diputadas mexicanas con los priístas, éstos hablaron con la prensa ofreciendo su versión de la problemática. A los caravanistas y diputadas mexicanas, les aseguraron que ellos garantizaban que no habría más agresiones hacia las zapatistas. No obstante, cuando los caravanistas decidieron que era tiempo de emprender el regreso y se despidieron de las mujeres de Taniperla pidiéndoles que se retiraran a sus casas para que no quedaran frente al grupo agresor una vez que ellos salieran, y cuando apenas habían avanzado por el camino unas decenas de metros, los agresores cruzaron hacia el lado donde estaban las zapatistas vociferando contra ellas; las diputadas mexicanas en tanto trataban de contener la agresión, ellas mismas fueron agredidas con toletes. Lograron, sin embargo, restablecer una tensa tregua; por el momento.

Queda la desafortunada certidumbre de que si no es frenada pronto esta acción gubernamental, que inyecta odio y rencor a unos indígenas que todavía siguen al PRI para atacar a otros indígenas, ese mismo odio no podrá ser controlado por el propio gobierno que lo estimula y las consecuencias seguramente serán fatales. Es necesario evitar otro Acteal. Por lo demás, frente a la irracional intolerancia sembrada por el gobierno, contrasta la apasible serenidad de las mujeres de Taniperla.

 

San Cristóbal

Después de la visita a Taniperla, el gobierno fue endureciendo su postura y aumentando su intolerancia. El gobernador chiapaneco en vez de dar audiencia a los observadores, exigía que se les aplicara la ley, es decir, en su lenguaje, que se les sancionara y expulsara. Luego de la campaña xenofóbica a través de radio y TV, que daba como un hecho la expulsión de los italianos, gobernación anunciaba que no serían expulsados. Mientras el viernes 8 tendría lugar un encuentro entre funcionarios de gobernación y una comisión de la caravana (incluidos diputados italianos), las fuerzas vivas de la xenofobia local dieron sustento a la intransigencia gubernamental: durante las primeras horas de la madrugada empezaron operativos de seguridad pública aparentemente en acciones antidroga; por lo menos a un caravanista le fue requerida su documentación en plena calle; por la mañana, un reducido grupo de «auténticos coletos» se apostaron -frente al lugar donde los italianos ofrecían una conferencia de prensa- con carteles insultantes para los observadores y con huevos y jitomates podridos como para hacer más contundentes sus argumentos. Por la tarde, una minipatrulla (la 2680) de la policía de San Cristóbal pasó frente al lugar donde los caravanistas esperaban la nueva respuesta de gobernación, y uno de sus dos ocupantes gritó «italiano hijo de puta» dos veces; se fue solo para reaparecer un par de minutos después en la esquina y repetir otras dos veces el insulto. La respuesta gubernamental parecía no haber esperado la conclusión de la plática con los diputados italianos.

Así, el gobierno maniobraba para ir ganando tiempo, acortar los plazos, y evitar que los observadores conocieran la situación en Amparo Agua Tinta, municipio autónomo «Tierra y Libertad», intervenido militarmente desde el pasado 1ª de mayo, día del arribo de la caravana a México. En la prolongada espera, los caravanistas decidieron proseguir su plan de visitar el penal de Cerro Hueco el sábado por la mañana. Esa misma tarde, la mitad de los visitantes tenía ya programado su regreso a Italia; antes de partir, en el aeropuerto ofrecieron una conferencia de prensa donde, con los ojos vendados protestaron por las restricciones que el gobierno mexicano puso a su trabajo. El resto de la caravana esperó todavía un día más, pero el gobierno no cambió su actitud; la oficina de migración de San Cristóbal ni siquiera abrió.

El trato dado a este grupo de observadores evidenció ante el mundo el grado de autoritarismo e intolerancia a que ha llegado el gobierno mexicano. El presidente mismo se sumó a la ola de improperios xenófobos. En su intento por poner el conflicto chiapaneco en blanco y negro, el gobierno mexicano se lleva entre las patas a ciudadanos, diputados, consejeros, funcionarios de administraciones locales y alcaldes respetados en Italia. Aquí no valieron ni los buenos modos diplomáticos. Aquí los observadores pudieron observar también que las leyes son aplicadas discrecionalmente por los altos funcionarios y a conveniencia del gobierno. Tan violaba el gobierno mexicano la Constitución, que ahora se ve precisado a modificar la legislación para adecuarla a sus deseos de acotar la labor de futuras visitas de observadores. A eso obedece el anuncio, en el sentido de que se permitirá la presencia de sólo 10 personas «expertas», «representativas» (¿y quién decide ésto?, se preguntaban los italianos, ¿quién decide, por ejemplo, si Amnistía Internacional es o no «representativa»?). Recuérdese que el presidente Zedillo se negó a recibir en audiencia al presidente de Amnistía Internacional cuando éste visitó México hace unos meses. Con esta nueva restricción al acceso de observadores internacionales al país y especialmente a Chiapas, el gobierno busca extender la impunidad de sus actos a nivel internacional. Que nadie critique ni proteste por la violación a los derechos humanos o por las manifiestas marginación, miseria e injusticia a que son sometidos los pueblos indígenas.

Las crecientes expulsiones de extranjeros evidencian también la intención del gobierno mexicano de aislar internacionalmente al zapatismo. Quieren construir un cerco internacional como continuación del cerco político militar que instrumentan en el país. Quieren, en el nivel internacional, disminuir la audiencia, simpatía y capacidad de convocatoria y movilización que despierta el EZLN. La lucha por la opinión pública internacional la sigue perdiendo el gobierno, más con la reciente torpeza de las expulsiones; torpeza que no será borrada por su nueva página en Internet.

Los observadores italianos llegaron mostrando su abierta empatía con los indígenas del mundo y, al final, el poder los trató como trata a los indios, expulsándolos y violando sus derechos. El gobierno ahora les prohibe su reingreso al país durante 20 años a uno y 10 años a los demás, como si el régimen fuera a durar todo ese tiempo. Pero el pueblo mexicano los recibirá siempre con los brazos abiertos y, mientras el poder nos impida abrazarlos físicamente, todos y todas ellas permanecerán en los corazones de las comunidades indígenas y de los mexicanos. Porque, a pesar de todo, el puente que voló para Chiapas quedó tendido y, como se sabe, los puentes, igual que los arco iris, sirven para transitarlos de ida y vuelta. Y, ultimadamente, para entrar a los corazones no se necesita visa ninguna, porque ahí cabe toda la solidaridad del mundo. Bienvenidos, pues.

Mayo de 1998.

Marco A. Velázquez es miembro de la Comisión Internacional del Frente Zapatista de Liberación Nacional.

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