nro. 13
El ave canta aunque la rama cruja

Enrique Cisneros Luján

Aunque la lucha de clases es permanente, cuando ésta se agudiza, la confrontación con el enemigo es ineludible, por lo que más allá de lamentarse porque nos hagan la guerra, es preciso prepararse para aumentar las probabilidades de ganarla. Con esta afirmación no queremos alentar posiciones «guerreristas», sino obtener enseñanzas de errores históricos en los que por darle vuelta a la confrontación (cuando es ineludible), los que hemos puesto los muertos y los desaparecidos hemos sido la clase trabajadora. Asunto aparte es analizar en qué momento esta confrontación es ineludible, pero cuando se concluye que es así, mal hacemos en engañarnos y entrar a la guerra desarmados.

El avance neoliberal a nivel internacional hace que aunque no lo queramos, en muchos lugares la confrontación con la clase dominante va siendo el único camino. Esto está sucediendo en México: aunque el Ejército Zapatista de Liberación Nacional preferenció el diálogo a la confrontación, esto fue utilizado por los sectores dominantes para recuperar terreno, militarizando Chiapas, formando grupos paramilitares, rompiendo el tejido social de las comunidades. También golpearon a decenas de organizaciones sociales que en Chiapas y el resto del país podían darle al EZLN apoyo y/o cobertura nacional.

Por otra parte, ante el empuje de un candente y experimentado movimiento de masas, la clase dominante se vio obligada a abrir espacios en el terreno electoral, conformándose destacamentos de oposición a los «Partidos de Estado» (PRI-PAN) cuya manifestación más acabada es el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Aquí han confluido diversos sectores incluyendo algunos que participaron de la lucha armada en la década de los setenta.

Con el PRD el pueblo ha conquistado algunos espacios importantes dentro del aparato de gobierno, como es el caso de la gobernatura de la Ciudad de México con el Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas. Sin embargo es incorrecto «engolosinarse» con estos triunfos, pues mientras la burguesía no ve amenazado su aparato de poder, cohabita con los perredistas, pero ahora que el poder político del PRD crece, los medios masivos de comunicación implementan campañas permanentes de difamación para impedir que la izquierda avance.

Paralelamente se refuerza el aparato militar del Estado; entre otras medidas, miles de soldados mexicanos se están preparando en las escuelas norteamericanas, especialmente en lucha contrainsurgente y desde luego se incrementa la adquisición de armamento. Ante estas condiciones hay organizaciones que se han propuesto resistir y acumular fuerzas para una mayor confrontación. Es lo que en el terreno cultural están haciendo los integrantes del Centro Libre de Experimentación Teatral y Artística (CLETA) .

Esta organización se gestó al calor de la lucha estudiantil popular de 1968 y nació el 1ª de febrero de 1973. Sus primeras reivindicaciones fueron en el terreno artístico: lucha contra la censura, contra la burocracia teatral, contra el elitismo cultural; sin embargo la vinculación orgánica de algunos «cletos» con el naciente movimiento popular propició que se dieran dos corrientes: los que reivindicaban exclusivamente las demandas del gremio y los que se comprometieron internamente en la formación de las organizaciones de masas. Los primeros fueron aceptados y en ocasiones apoyados por el Estado abriéndoles espacios, dándoles presupuestos, aplaudiéndolos y en ocasiones «apapachándolos». Los segundos fueron reprimidos, atacados y en el menor de los casos descalificados con epítetos como el tan socorrido de «panfletarios».

Al principio del conflicto las dos posiciones se enfrentaron perdiéndose mucho tiempo y energías en confrontaciones y discusiones estériles. Sin embargo, los que optaron por el movimiento popular decidieron hacer lo mismo que los fundadores del EZLN y tantos otros luchadores sociales: sumergirse, irse al sótano de la sociedad y desde allí laborar de una manera callada, modesta; sin esperar reconocimientos de los dadores de los premios; sin pretender aparecer en las marquesinas ni figurar en las páginas culturales de los diarios comerciales. Además se tuvo el acierto de aplicar el principio de que cuando las contradicciones son con el enemigo la lucha es a muerte, pero en los problemas con los compañeros hay que considerar la posibilidad de ceder. Así se hizo.

El trabajo de «sembrar el proyecto cultural al seno de las masas» se hizo desde las catacumbas, aprendiendo del pueblo y transmitiendo humildemente los conocimientos adquiridos en las escuelas; aunque atacados y descalificados, «sin existir», o siendo solamente «fenómeno cultural interesante» de estudio para algunos europeos, los «cletos» aparentemente desaparecieron. Allí, desde el anonimato se enfrento la década de los ochenta con su avance neoliberal, con la caída del Muro de Berlín, viendo cómo muchos de los antiguos luchadores se ahogaban en sus contradicciones existenciales o en frustraciones. A pesar de las descalificaciones, allí, calladitos, se siguió produciendo culturalmente, haciendo poesía, editando periódicos, impartiendo círculos de estudio, reivindicando los valores indígenas, representando obras teatrales. Empapados de las angustias de obreros y campesinos, los «cletos» comprendieron en la práctica que ese término de «trabajador de la cultura» que se pregonó en los setenta, es más que una mera declaración; son esos artistas, científicos, humanistas, intelectuales, que se reconocían en la acción como parte de la clase trabajadora.

Hacia afuera se mostraba un poco del trabajo que se hacía en las comunidades, especialmente en un espacio conocido como Foro Abierto de la Casa del Lago. Teatro popular ubicado en Chapultepec que es el parque más importante de la Ciudad de México y que se convirtió en un espacio de comunicación muy importante: dominicalmente más de cinco mil trabajadores se reunían para tener círculos de estudio, ver espectáculos artísticos, presentar su productos o participar en la Asamblea Popular. Casi todas las luchas del país tenían allí un punto de refugio y de difusión.

Aunque todo este movimiento social (donde están incluidos los cletos), emergió abiertamente a la escena política a partir de la aparición del Ejército Zapatista, hay un antecedente importante el 12 de octubre de 1992.

CLETA afirma que los trabajadores del mundo le impusieron a la burguesía una contundente derrota en el asunto de la conmemoración del supuesto descubrimiento de América, pues su ignominiosa celebración del «Descubrimiento» la tuvieron que transformar en «Encuentro de Dos Mundos» y en muchas partes se tradujo en recuperación de memoria y dignidad histórica.

En la República Mexicana se derribaron dos de las pocas estatuas que le han erigido a los colonizadores; una la tumbaron los indígenas purepechas de Michoacán y no es casual que la otra fue destruida por los indígenas chiapanecos en San Cristóbal de las Casas.

En la Ciudad de México el contingente internacionalista que participaba del IVª Encuentro Internacional de Arte Popular del CLETA estuvo a punto de derribar la estatua de Cristóbal Colón que vergonzosamente se yergue en una de las principales calles de la ciudad. La acción se hizo cobijados en la marcha indígena y popular, pero por cuestiones de segundos la policía logró impedir la acción.

Desde luego que al día siguiente CLETA apareció en todos los periódicos, pero no en las páginas culturales, sino en las primeras planas y en los editoriales. Lo interesante fue que en varios de ellos se justificaba y en algunos se lamentaba que no se hubiese podido tumbar la estatua.

Por responsabilidad histórica el 1ª de enero de 1994 los cletos salieron de las catacumbas y el primer acto que se hizo a nivel mundial de apoyo al levantamiento zapatista fue al día siguiente en el Foro Abierto de la Casa del Lago. Dicho espacio fue arrasado el 12 de enero de 1996 por el Ejército Federal Mexicano con la vergonzosa complicidad de autoridades de la Universidad Nacional Autónoma de México. Con esta acción trataron de impedir que en coordinación con el EZLN se decretara como «Primer Aguascalientes (1) del Distrito Federal». Sin embargo, miles de trabajadores rompieron el cerco policial y sobre los escombros se hizo el decreto, saliendo al exilio.

En el documento que dejó testimonio del acto se asienta: «..... considerando que la historia de este lugar es más importante por ahora que las paredes que lo ubican, decretamos que el Aguascalientes de la Casa del Lago de Chapultepec se mueva en el exilio hasta que el pueblo de México hayamos expulsado a los vendepatrias y hayamos sentado las bases para reedificar el Foro Abierto. Esto lo hacemos inspirados en el ejemplo de Don Benito Juárez que a pesar de las invasiones extranjeras y presiones de los vendepatrias, supo hacer de su gobierno itinerante un arma de lucha que derivó en el fusilamiento del invasor en el Cerro de las Campanas...».

Una semana después fue asesinado el artista popular, «cleto» y dirigente social Joel Ramírez «El Chuco» y posteriormente fueron saqueadas las oficinas de el periódico El Machete, el local donde estaba el Aguascalientes en el exilio y una de las bodegas del CLETA en la Ciudad de Oaxaca ... pero los militares no pudieron detener la marcha de esta organización cultural.

Nuevamente CLETA se «sumergió» y en una colonia popular inauguró el Aguascalientes de El Molino (donde llegaron los 1.111 zapatistas que marcharon hacia la Ciudad de México en septiembre de 1997). El Aguascalientes de la Casa del Lago resistió dos saqueos y después de estar por casi dos años en el centro de la Ciudad, regresó a Chapultepec a partir del 1ª de enero del presente año. Desde allí, enfrente de la Casa del Lago se presentó el proyecto arquitectónico de reconstrucción que desde luego fue rechazado por las autoridades de la Universidad. Sin embargo hay presencia constante del CLETA en ese recinto. Lo cierto es que más allá de la labor en Chapultepec, el verdadero trabajo cultural del CLETA, el que se hace en las comunidades sigue sin detenerse y lo más hermoso, que intelectuales honestos —incluyendo algunos que en otras épocas los atacaron porque no entendían la propuesta— se están comprometiendo en esta labor.

Pero es claro que la guerra de contrainsurgencia, la de baja intensidad, también va dirigida en contra de los que laboran en el terreno cultural. Si ahora destruyen un teatro o roban equipo para tratar de impedir que se realicen estos trabajos, si asesinan a artistas como lo hicieron con «el Chuco», el día de mañana aparecerán en las ciudades mexicanas los grupos paramilitares (tipo la triple «A» Argentina), que dirigen sus baterías de muerte en contra de periodistas, artistas, intelectuales.

No serán las lamentaciones las que logren saciar el espíritu de guerra de esos asesinos, es preciso acumular fuerzas y «perderse en el anonimato de las masas» para que a pesar de la represión los «trabajadores de la cultura» puedan seguir pregonando lo que dice el refrán popular: «podrán quitar los caminos, pero la querencia ¿cuándo?»

Por ello la táctica actual de resistencia del CLETA es un tanto futbolera pues afirman que por ahora la mejor defensa es el ataque, por lo que están aprovechando la coyuntura política que ha abierto el pueblo a través del perredismo para acumular fuerzas, más no para obtener puestos o canongias, sino para prepararse ideológica y organizativamente para las confrontaciones de guerra abierta que estallaran próximamente.

En este contexto juega un papel importante la relación y organización internacional. Por ello del 18 de abril al 2 de mayo de 1999 los «cletos» organizarán en la Ciudad de México el VIIª Encuentro Internacional de Arte Popular del CLETA al que están invitados los trabajadores y trabajadoras de la cultura de todo el mundo..... pues bien dicen en una de sus consignas «El Ave Canta Aunque la Rama Cruja».

NOTA

1. En carta que el Subcomandante Marcos envía al CLETA el 7 de enero de 1996 define que los Aguascalientes son cajitas de colores donde se guarda, para no morir, la cultura popular ...... centros de cultura y vida para la cultura popular que se encuentra en guerra con la cultura del poder. A veces a la defensiva, a veces a la ofensiva, el movimiento popular mexicano (por llamarle de alguna forma a ese continuo, aunque disperso, movimiento social de lucha popular) siempre encuentra en el quehacer cultural nuevas formas de identificación y entendimiento.....

Enrique Cisneros Luján es coordinador del CLETA.

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