nro. 11
América Latina en los últimos 30 años

Emir Sader

Creo que es una gran idea, digna del Che, constituir una cátedra para hablar de nuestro tiempo a través del Che, y del Che a través de nuestro tiempo. No importa tanto lo que el Che dijo en algún momento, en alguna circunstancia o a alguna persona en particular, sino cuál es la herencia que nos deja, su método de análisis, su comportamiento, sus valores, sus propuestas políticas. Creo que no tenemos que dirigirnos a ningún clásico -sea Marx, Engels, Lenin, Trotsky, Gramsci- pensando en los términos específicos de lo que dijo en un momento determinado. Tenemos que agarrar, sobre todo, el método, la forma como plantea los problemas. Porque nos interesa lo que dijo Marx en su momento, pero nos interesa más todavía lo que el marxismo nos puede dar hoy, cómo podemos comprender la realidad a partir del método fundamental que nos dejó. Lo mismo puede decirse del Che, que se incorpora a los clásicos de la acción revolucionaria en el mismo plano que Marx, Engels, Lenin, Trotsky, Gramsci y Fidel. El Che es el hombre de la segunda mitad del siglo, para los que sueñan transformar la realidad, no sólo por lo que fue sino por lo que dejó y por lo que representa todavía hoy.

Es muy significativo que a los treinta años, el nombre del Che sea mucho mayor de lo que era a los diez o a los veinte, comparando con lo que pasó a diez años de su muerte, donde todavía había un empuje revolucionario en América Latina, centrado básicamente en América Central -Nicaragua, Guatemala, El Salvador-; y había un empuje revolucionario en África. Hubieron las conmemoraciones del caso. Sin embargo, cuando pasaron veinte años, parecía que la imagen del Che declinaba. No recordamos grandes efemérides vinculadas al año 87. En este momento, sin embargo, cuando la noche es más oscura, parece que las estrellas brillan más fuertes. Como dijo Lenin al morir Rosa Luxemburgo: cuanto más oscura la noche, más brillan las estrellas. Es bajo este doble foco que quizás la imagen del Che parece más fuerte que nunca.

Resulta fantástico que de un personaje que fue aparentemente derrotado, tanta gente se dedique a hacer su biografía y a filmarlo. Hay como ocho libros sobre el Che, varias películas, es algo impresionante para un hombre que tuvo una militancia política de prácticamente diez años, desde que adhiere a la guerrilla cubana, hasta que muere. Hay biografías que hacen justicia al Che, otras que en verdad son formas de oscurecer al Che, de oponerlo a Fidel, que no descansan hasta probar que Fidel es Stalin y el Che es Trotsky. Que no dejan de probar que los dos se pelearon, que el Che fue expulsado de Cuba, que fue abandonado en Bolivia, que era una persona autoritaria, inhumana, que era todo lo contrario de lo que se dice que fue. Son biografías mediáticas, que tratan de canalizar la imagen poderosa del Che, con fines de marketing y de venta editorial. Yo creo que nuestro camino tiene que ser otro.

¿Por qué el Che aparece tan fuerte? En una época de antiheroísmo, de mercantilismo, creo que la imagen de un héroe, la imagen de la utopía aparece muy fuerte. Los que triunfan hoy en el mundo son la antítesis del Che, son lo antagónico del Che. Sin embargo, ¿quién tiene en su casa un poster de Menem, de Fujimori, de Yeltsin? ¿Quién sacó de su pared el poster de Sandino y puso el de Violeta Chamorro? La verdad es que, como decía Brecht, la burguesía no tiene héroes. El sujeto de la burguesía es el capital o su policía, su ejército. Entonces, hacen falta los héroes, para la gente que está con una justa crisis de identidad, en una sociedad mercantilizada que nos quita el derecho al trabajo, a la escuela, a la historia. Es muy justo que busquemos vernos representados en un personaje que tiene un contenido muy denso. Y el Che personifica exactamente la síntesis de una generación y de generaciones posteriores, que se han planteado y se siguen planteando el asalto al cielo: la idea de una sociedad humana, una sociedad de solidaridad, una sociedad socialista. Seguramente por eso el Che es tan importante. Como decía Brecht: «Triste la sociedad que tiene necesidad de héroes, pero más triste la sociedad que no tiene capacidad de producir héroes».

Muy sintéticamente, no puedo dejar de decir lo que me parece más rescatable del Che, las razones por las cuales el Che sobrevive a su propia muerte.

En primer lugar, una idea muy ajena a nuestros tiempos: la idea de la militancia política. La idea de la tenacidad, del sacrificio por un ideal, de la solidaridad con todos los que sufren. Una idea que parece lejana en el tiempo. Pero si alguien se identifica con el Che, tenga conciencia o no, de alguna forma tiene ese sentimiento dentro de sí, porque él antes que nada significa eso. Sea por su vida o por su muerte. Entonces, el rescate de la idea de la militancia política, después de haber sido desmoralizada por algún tiempo, es fundamental si queremos identificarnos con el Che. La idea de que no peleamos por lo nuestro, individualmente, sino que peleamos por la identidad. Como decía Martí «ser internacionalista es pagar nuestra deuda con la humanidad, y retribuir al que no tiene aquel que recibió algo mejor de nuestra sociedad».

En segundo lugar, las ideas del humanismo y de la ética. La posmodernidad cree que la ética, el valor y los juicios de valor están superados. Cuestiona la idea de sujeto de la historia, de verdad en el conocimiento, el tema de los valores. Es una forma de desarticular la posibilidad de que seamos capaces de entender nuestro tiempo. Eso es estar gobernados permanentemente para la enajenación. Si no hay verdad, sino apenas «verdades».

¿Cómo podemos arreglar cuentas con nosotros mismos, con nuestra historia? ¿Cómo podemos definirnos con nuestra identidad, con esta sociedad que vivimos, por qué las cosas son como son y por qué tienen que transformarse? Es otra manera de «naturalizar» la historia: es decir que las cosas son «porque son». Entonces, la perspectiva del humanismo es la perspectiva del hombre y de los valores. Eso es esencial en el pensamiento del Che, en el debate económico respecto de Cuba, en la concepción de la militancia revolucionaria.

Cuando hay más capitalismo que nunca, está claro que el hombre no es más que un detalle, un elemento del engranaje económico. Hay generaciones que ya no conocen el trabajo. Las viejas generaciones pelean con las nuevas por los mismos puestos de trabajo. Y es mentira que la tecnología produzca desempleo, así como la luz eléctrica no produjo por sí sola la jornada nocturna de trabajo. No hay desempleo tecnológico, esto depende de la lucha social. El hombre ya no es funcional al capitalismo; en esta situación, el humanismo es más que nunca subversivo, con la idea de que la economía debe estar en función de los hombres y no a la inversa. Respecto a esto el capitalismo no tiene respuesta, no tiene discurso posible.

En tercer lugar, es importante la identificación del Che con el socialismo. No sólo con la famosa frase: «Una revolución, si no es socialista, es caricatura de revolución». Porque el socialismo significa la superación de los tres problemas básicos que enfrentamos en la historia contemporánea: primero, el tema de la explotación; segundo, el tema de la opresión; tercero, el tema de la alienación. Los tres temas básicos del marxismo, que el Che supo incorporar en su ideario. Y en varios momentos él fue protagonista de debates, de peleas, de luchas ideológicas, en función de la superación de esos tres elementos centrales sin los cuales no hay sociedad justa y humana. Ese trío de temas fundamentales nos lleva a saber hoy que el capitalismo es el enemigo que sintetiza lo peor que ha producido la humanidad. Hoy más que nunca, en el mundo, los hombres tienen la sensación de que la historia se les escapa y camina en una dirección inexorable. Hemos sido parcialmente culpables de esto cuando decíamos que la historia camina hacia el socialismo, sugiriendo que hay una ley histórica que no depende de los hombres. Hace veinte o veinticinco años se discutía cuando terminará el capitalismo; hoy sabemos que nada es inevitable, ni el socialismo, ni el capitalismo. Hubo una versión del «fin de la historia» que fue soviética. Ahora están ganando ellos el partido y les conviene decir que ya se terminó, que no habrá nada nuevo.

En cuarto lugar, yo destacaría su estrategia de poder, la preocupación del Che por la lucha por el poder, más allá de todas las contingencias tácticas, a partir de la conciencia de que si no se resuelve a favor del pueblo la función del poder, todas las victorias serán efímeras, pasajeras y pasibles de ser recuperadas por la burguesía. Pensaba que hay un nudo de dominación política y militar, que es el bastión último de la dominación capitalista, que se resistirá, en última instancia por las armas.

Los planteamientos del Che tienen limitaciones, no se pueden transferir mecánicamente a la actualidad, cuando las formas de dominación capitalista se han sofisticado mucho más, en especial a través de los medios de comunicación. No se puede pensar simplemente en el asalto al poder sin desarticular los eslabones que hoy cimentan la dominación burguesa e imperialista. El neoliberalismo divulga valores que gran parte de la gente reproduce. Las mismas víctimas del capital terminan reproduciendo argumentos de los verdugos. Hoy se asiste a las campañas electorales desde la casa, donde las personas se sienten participantes de la familia, en una relación privatizada, vaciada de contenido social y político. Los candidatos no les hablan a los trabajadores ni al pueblo, sino al individuo, o se dirigen a los «argentinos» o a los «brasileños» en general. Esto es plato lleno para el neoliberalismo, la fragmentación social absoluta, articulada mediante las encuestas de opinión.

Ahora hay muchos más enigmas que tenemos que enfrentar, porque en los 60 y 70 había una correlación que ponía a las fuerzas anticapitalistas a la ofensiva. Más allá de que nuestras formas de lucha hayan sido correctas o no, había una relativa desarticulación de la dominación imperialista. Hoy la política se da como síntesis de una cantidad de relaciones muy complejas en las que la dominación ideológica tiene un rol fundamental. No es que sea un lugar privilegiado de lucha, pero hay que articular las luchas económicas y sociales con el imaginario de la gente. El Che tenía esto en cuenta. Su Mensaje a la Tricontinental es de un simbolismo extraordinario, de una fuerza fantástica. Decir: «crear dos, tres, muchos Vietnam» tuvo una explosividad enorme. La gente trató de crear Vietnams en Italia, en México, en Argentina, en Brasil y en todas partes, tuvo un gran poder de convocatoria.

El Che es el antifatalista por excelencia, pone la responsabilidad de transformar la historia en manos de la gente. La conciencia nos condena a la libertad, a la acción. Los hombres hacen la historia en las condiciones que heredan, pero siempre hay alternativas. Tenemos entonces que recuperar la política, con la dimensión ideológica que obligadamente tiene.

Y por último, el tema del internacionalismo, el tema de que todos pertenecemos a la humanidad y no a un país en particular, no a una clase en particular, no a una generación en particular, no a una identidad sexual en particular, no a una raza en particular. En el momento en que el capitalismo internacionaliza sus relaciones, su tecnología, etc, nuestra respuesta no puede encerrarse en los límites de la nación tal como ha existido hasta ahora. No es que el estado nacional no sea importante; hasta ahora es el único espacio democratizable, donde los hombres pueden asumir, en el límite, un programa democrático popular, por el voto o por cualquier otra vía. Pero nuestra visión tiene que ser utilizar ese estado, no sólo para integrar socialmente al país, cambiar el modelo económico, afirmar derechos sociales básicos, sino también para rearticular nuestra red internacionalista, para plantearnos un nuevo tipo de internacionalismo.

Sabemos que el internacionalismo de los partidos comunistas fue muy reductivo, con frecuencia centrado en la defensa de la URSS. Nos guste o no, eso ya no existe, y hoy lo que hay es solidaridad, pero la solidaridad es muy insuficiente. Necesitamos internacionalismo, una articulación de intereses de la gran mayoría de la humanidad, en función no sólo de la unidad económica, sino moral, social, política, ideológica, cultural, que son los valores que en el fondo nos dan superioridad. La superioridad de las fuerzas anticapitalistas proviene en primer lugar del hecho de que la mayor parte es víctima de la explotación del capital, pero en segundo lugar, de los valores morales que le contraponemos. Debemos pensar cuáles son las utopías de hoy, cuáles son los objetivos, los valores, el horizonte que queremos plantearnos. Qué es el socialismo, si queremos darle un nombre, porque la gente no se moviliza simplemente por la palabra socialismo. Ninguna revolución se ha hecho con la idea de «tumbemos al capitalismo, hagamos el socialismo». «Paz, pan y tierra» fue el lema de la revolución rusa, y «revolución agraria, expulsión de las tropas invasoras», fue el lema de la revolución china. En su dinámica, es anticapitalista, pero, ¿cuáles son hoy los temas centrales a partir de los cuales podemos movilizar esa fuerza?

El Che personificó el humanismo de tal manera que es el último gran personaje universal. Hay gente que dice que hay dos, y quizás tengan razón. Dicen que son el Che y los Beatles. Yo tengo dudas si los Beatles, con todo el mérito que tienen, llegan a África como llega la imagen del Che. Yo tengo dudas si llegan a Asia como llega la imagen del Che. Creo que es el último gran personaje universal en el mundo, porque cruza generaciones, cruza sexos, cruza experiencias distintas, cruza países. Por eso quizás sea el hombre de la segunda mitad del siglo. El hombre internacionalista, porque para él no tenía ninguna importancia haber nacido en un país determinado. El llevó el nombre de Argentina alrededor del mundo, justamente porque supo hacer de su nacionalidad argentina, la nacionalidad de alguien que nació en América Latina, que nació en el hemisferio sur y que es un ser humano.

Y ¿qué sucede en el mundo, treinta años después? No hay que preguntarse qué diría el Che hoy. Nadie puede adivinar dónde estaría el Che, qué es lo que haría. Seguro es una tontería lo que dice uno de los autores de biografías del Che, que dice que el Che seguramente estaría muerto, «por su espíritu aventurero, porque buscaba la muerte, era un fatalista, necesitaba una muerte gloriosa, etc.». Bueno, es un espíritu derrotista de guionista de Hollywood. No tiene nada que ver con la idea de entrega del Che. La idea de sacrificio no presupone la muerte, presupone la vida de todos. La muerte es una contingencia dramática, pero es muy fácil decir a posteriori «murió porque tenía que morir». ¿Cuántos hombres, en América Latina, fueron catalogados de aventureros porque fracasaron en la primera experiencia? Como el Che triunfó en la primera, le reservaron lo de aventurero para la segunda o tercera. Porque la verdad es que todo aventurero que triunfa se vuelve héroe. Y el Che no tenía nada de aquél al que no le gusta la vida. Al contrario, se conocen las circunstancias del gozo que tenía por varias cosas maravillosas. Hay una fotografía de él, que no está muy divulgada, donde el Che en plena campaña revolucionaria, está recostado en una camilla con su bomba de asmático, leyendo un libro de Goethe, el extraordinario escritor alemán. Sabía ligar la lucha revolucionaria, el sacrificio extraordinario, con lo mejor de la cultura humana. No hay ningún gusto por la muerte, entonces. No estaba leyendo a Nietzsche o Kierkegaard. No. Estaba leyendo al escritor que habla de la vida, del color, de los árboles.

Pero, ¿en qué condiciones trabajamos y creamos nosotros, treinta años después? ¿Qué circunstancias vivimos hoy? ¿Cómo podemos reactualizar el pensamiento del Che en América Latina y en el mundo?

Bueno, si pensamos en largos períodos históricos, obviamente estamos viviendo un período de defensiva. Las fuerzas anticapitalistas siguen en la defensiva. Aunque hayan cambiado en los últimos tiempos, en términos de largos períodos históricos no estamos como en los 60 y 70. Hubo un viraje histórico significativo, una correlación de fuerzas que ha cambiado en contra de los trabajadores, en contra del socialismo, en contra de las fuerzas anticapitalistas. ¿Qué es lo que caracteriza esta circunstancia? Lo primero, evidentemente, es el final de la Unión Soviética. Es una circunstancia, pero es la resultante de todo un proceso histórico de decadencia, de crisis de la primera experiencia histórica de socialismo. Y es algo que tiene consecuencias que no podemos medir totalmente todavía.

En segundo lugar, la hegemonía absoluta que imponen los EEUU. Una hegemonía absoluta en todo el mundo; que es militar, tecnológica, se da en los medios de comunicación; es la única potencia que tiene una política mundial hoy en día, que tiene sus intereses definidos, intereses de gran potencia imperialista. Pero una potencia que trabaja prácticamente sola en un mundo que no le ofrece resistencia, al menos al mismo nivel que la URSS le ofrecía anteriormente.

En tercer lugar, el hecho de que una hegemonía neoliberal en el mundo significa no sólo una política económica, sino también una ideología. Valores que permean la sociedad, que se divulgan a lo largo de la sociedad, que fragmentan la sociedad, que incentivan los acuerdos individuales, la economía informal, que dificultan la organización de los trabajadores, etc.

En cuarto lugar, China. Una potencia que hizo una revolución socialista -aunque yo no soy un especialista para hablar de China-; pero podemos decir que no se cuenta con una política internacionalista de China. No es hoy una fuerza anticapitalista, no es una fuerza solidaria anticapitalista, no es un polo articulador de fuerzas anticapitalistas en el mundo. Y eso, hay que decirlo, es algo que nos hace falta. Más allá de la definición que se haga sobre cuál es hoy la naturaleza de China, hacia qué dirección camina, de que es importante que exista China, que resista mientras puede resistir. Sin embargo, desde el punto de vista de la lucha de clases en el plano internacional, China no tiene una intervención propia, no es solidaria; defiende sus intereses. Mientras sus intereses coincidan con los intereses de otras fuerzas anticapitalistas, bien; pero no tiene una política de polo aglutinador en el plano internacional.

Cuba está reducida a una situación de defensiva, a una tentativa de supervivencia que -como dicen ellos- los lleva a estar haciendo concesiones que no les gustaría hacer. Saben que no están avanzando en la construcción del socialismo. Están rescatando el socialismo en una situación de defensiva histórica.

Además hubo un debilitamiento del tercer mundo. Aquel movimiento mundial que se articulaba a lo largo de los 60 y los 70, que sufrió golpes duros, particularmente la crisis de la deuda que afectó a todos, que significó que prácticamente se desarticulara como movimiento a escala mundial.

Y finalmente, un debilitamiento de los partidos de izquierda. Los Partidos Comunistas, también otras fuerzas de izquierda, resultantes de la desaparición de la URSS, de la hegemonía absoluta de los EE.UU., etc., terminaron debilitándose.

Sin embargo, el capitalismo no está más fuerte de lo que fue. Este es el segundo elemento que hay que consignar de manera significativa. A pesar de todos esos elementos favorables al capitalismo, éste sigue en un ciclo largo de carácter recesivo. Se sabe que el capitalismo vivió la parte más gloriosa de su historia en la segunda posguerra. Ese período se terminó en los años 70. Desde entonces el capitalismo sigue un ciclo largo de carácter recesivo, marcado antes que nada por la hegemonía del capital financiero. El capital financiero promueve una inversión que no es productiva. Es altamente inestable, es una inversión que en verdad no posibilita al capitalismo pasar a un nuevo ciclo expansivo, a pesar de contar con grandes innovaciones tecnológicas. Vale más la pena la inversión especulativa que la inversión productiva. Además tiene un retorno más rápido, con menos riesgos. La desrregulación económica propiciada por el neoliberalismo facilitó que se generalizara la hegemonía del capital financiero. Uno puede cruzar de Honduras a Argentina, a Noruega, a Inglaterra, y en todas partes hay una sola hegemonía, que es la del capital financiero. Ya no hay siquiera diferenciaciones respecto al grado de desarrollo relativo de cada país. Y ese es un elemento central para explicar donde está el capital y el capitalismo. Las inversiones del capitalismo no se pudieron utilizar para hacer inversiones productivas. Está en la especulación financiera, en la City de Londres, en la Bolsa de Valores, circulando rápidamente de un lugar a otro del globo. Es un elemento determinante de las condicionantes del capitalismo, actualmente. Y eso genera un potencial de crisis social extraordinaria. Hoy Europa Occidental es lo que Lenin podría llamar «el eslabón más débil de la cadena capitalista».

No es que tengamos revoluciones a la vuelta de la esquina. Pero ellos se armaron una trampa, que ahora explota con plazo indeterminado. Se articularon, se integraron, hicieron un proyecto de unión europea basado en el modelo neoliberal, comandado por la unificación monetaria. ¿Ustedes saben cuál era la consulta que se hacía en Europa, respecto a la unificación europea?, «¿usted quiere moneda única?» O sea, no era si usted quería ser ciudadano europeo. De tal manera tenían confianza en que la locomotora monetaria llevaría a Europa a un éxito de integración social, económica, cultural, etc. Con esa rigidez alemana, que llevó a la guerra y al nazismo, creó criterios rígidos; seguros del crecimiento de la economía alemana y francesa, que en los años 80 los llevaría a una Europa selectiva, tomando como víctimas a los sectores más pobres de la población italiana, francesa, griega, española, portuguesa, etc.: «si pagan sus presupuestos se podrán subir al carro de la prosperidad alemana». ¿Ustedes saben lo que pasó? Se rompió la señal de la dinámica económica europea. Alemania y Francia están atravesando recesiones de cinco y siete años respectivamente. Alemania tiene el mayor desempleo después de 1930: cuatro millones de personas. Eso significa recesión, desempleo, menor recaudación y mayor déficit presupuestario. Alemania no está en condiciones de cumplir con las propias metas que, de manera monetarista y autoritaria, establecieron ellos.

Entonces, tienen un dilema dramático. Concretamente, a partir de los datos del déficit presupuestario de este año, se llega a la conclusión de que Alemania y Francia, la locomotora de la unificación europea, está imposibilitada de cumplir con esos criterios. Entonces va a apretarse el presupuesto cada vez más, va a acelerarse la crisis social europea o van a acelerar la unificación monetaria, que no se podrá hacer ni dentro de los plazos ni con los países que ellos querían. Son víctimas de la situación que ellos mismos crearon, una situación monetarista y explosiva. Y esto es muy importante, porque de la época en que vivíamos nosotros, los 60 y 70, hasta ahora, hubo un alejamiento enorme tendencialmente entre los trabajadores europeos y los trabajadores del Tercer Mundo.

Los trabajadores europeos fueron las víctimas privilegiadas del neoliberalismo. Un continente que está acostumbrada a tener empleo, de repente tiene dieciocho millones de desempleados. Eso generó una política chauvinista, de discriminación de los trabajadores inmigrantes, como si fueran ellos los responsables de la desocupación. A tal punto que en la Francia politizada, hoy el partido que tiene más votos de la clase trabajadora, es el partido de extrema derecha llamado Frente Nacional. Es por la desarticulación interna de la clase obrera, por ese alejamiento de las proposiciones internacionalistas. Pero, en verdad, en los 70 y en los 80, desde que el Che murió, hubo un distanciamiento enorme. La clase trabajadora europea, enfrentando el desempleo, le dio las espaldas al resto de la clase trabajadora del mundo, disminuyó su nivel de solidaridad. Y por el contrario, pasó a criminalizar a los trabajadores africanos y del Tercer Mundo. En Europa tenemos un elemento importante de crisis, que potencialmente va a permitir replantear el internacionalismo. El viejo tema del Che, que en los años 60 era un tema de solidaridad antimperialista. Era la idea de solidaridad con Vietnam, con todos los que luchaban contra el capitalismo y el imperialismo. Era algo que, para Europa, era simplemente solidaridad con los «otros». Hoy es un tema que se plantea para con ellos mismos.

Este es un año particularmente feliz para nosotros, porque fue inaugurado con la huelga de los trabajadores de Corea del Sur, una huelga victoriosa justamente contra las leyes de flexibilización laboral. Siguió con el derrumbe del gobierno de Bucaram. Ya no es más posible que un payaso tome la presidencia de un país e implemente un plan económico de la noche a la mañana.

Tuvimos después la victoria del Frente Farabundo Martí en una alcaldía de El Salvador. Tuvimos la victoria de los laboristas en Inglaterra. La victoria de los socialistas en Francia. Vamos a tener la victoria de Cuauhtemoc Cárdenas como alcalde de la ciudad de México. Es un año en el que empieza a forjarse un consenso de rechazo al neoliberalismo. Si no hay todavía una propuesta alternativa, por lo menos ya se sabe que ésta no se quiere más. Que se prefiere una alternativa que no tenga todavía un dibujo económico muy claro, pero que signifique un rescate social. O que signifique, por lo menos, la prioridad de lo social por sobre los temas económicos y monetarios.

Otra característica importante es que a pesar de los reveses que tuvo la izquierda, aun así mantiene una fuerza y una capacidad de articulación y de resistencia significativa. Una de las cosas que hay que destacar significativamente de la guerrilla del Che fue el hecho de que aún en los momentos de mayor dificultad, el Che y la gente que compartió con él, nunca se arrepintieron de lo que estaban haciendo. Lo cual no significa no hacer autocrítica de los errores que se puedan cometer, y los cometió como cualquier ser humano. Felizmente era un ser humano, y los seres humanos cometen errores y tienen la fuerza de superarlos. La izquierda latinoamericana cometió varios errores, tuvo varios reveses; y sin embargo todavía tiene fuerza para recuperarse.

Nosotros ahora vivimos un momento que no es igual a los años 60 y 70. Estamos saliendo de los años 80, es decir, de un período de reflujo, período de ascenso de las fuerzas conservadoras. Pero con diferencias. En los años 20 y 30 la burguesía logró articular proyectos contrarrevolucionarios que movilizaron a las masas en contra de la clase trabajadora. Así fue el fascismo, así fue el nazismo. Eso ya no pasa. Porque en esa broma de «quién tiene un poster de Menem o de Fujimori» uno no dice que ellos no tengan adeptos. Pero no movilizan, no sensibilizan, no ponen gente en la calle. Es un consenso pasivo. No es un consenso activo como fue el de Mussolini o el de Hitler, o el de Franco. Entonces no es un período tan dramático como fue aquel. Sin embargo, se trata de que venimos de un período de estar a la defensiva, estamos acumulando fuerzas, tratando de rearticular lo que hoy tenemos, para poder pasar a la ofensiva.

¿Cómo vivimos eso en América Latina? ¿Qué pasó en estos treinta años desde la muerte del Che? No me voy a detener en experiencias concretas. Seguramente habría que detenerse en las luchas que hay en Uruguay, en Argentina, habría que hablar del gobierno de Allende en Chile, de los sandinistas, de El Salvador, de Guatemala. Pero serían demasiadas cosas para analizar en un solo momento y no sería capaz de hacerlo. Sin embargo, podemos tratar en forma resumida de hablar de los elementos básicos, de lo que pasó desde entonces.

En primer lugar, se agotó un ciclo de crecimiento económico en los años 70. Aquel ciclo empezado en la posguerra, en el que a pesar de todas las desigualdades sociales, el poder económico de industrialización en nuestro continente creaba empleos, distribuía rentas, urbanizaba, extendía derechos sociales y posibilitaba, de alguna manera, que la clase trabajadora se organizara. Era un modelo que concentraba renta, indudablemente, que influía socialmente; pero como tendencia había un proceso de distribución de rentas muy desigual. Pero había un proceso de integración social paulatina, gradual.

Ese proceso fue interrumpido a lo largo de los 70. Ese cambio plantea necesidades nuevas. La forma de socialización de la gente se daba básicamente a través del trabajo. En parte trabajo obrero, en parte en el sector de servicios. Pero era el trabajo lo que integraba a la gente a la sociedad. Eso dejó de existir. El trabajo formal organizaba cada vez a menos gente en la sociedad. No es que tenga que ser así, no es necesario que un obrero que pierde el trabajo en la fábrica tenga que abandonar su cartera de trabajo. Puede pasarse al sector de los servicios, pero no perder el trabajo. Sin embargo, lo que pasó fue eso: se ha dado una fragmentación, una heterogeneidad cada vez mayor de los trabajadores. Cada vez más gente vive de su trabajo en América Latina, pero cada vez una proporción más grande vive de un trabajo precario, un trabajo inconstante. Cada vez hay más fragmentación, una diferencia importante entre el que está en una economía informal y el que está en la economía formal. No sólo con las formas, la seguridad del trabajo de uno y la inseguridad del otro. Y esto se da porque el que está en la economía informal trabaja en una cosa un día, y en otra distinta al día siguiente. Entonces su incapacidad de organización es muy importante y significativa respeto a esa escala social. Ha pasado eso. El tema de la desarticulación social ha sido significativo, especialmente desde el final de los años 80. Ese es un problema nuevo para nosotros, el problema de encontrar otros hilos que articulen al conjunto de los trabajadores. Nunca hubo tantos trabajadores, sin embargo no podemos contar con esa solución tradicional que fueron los sindicatos. Tienen que haber otras formas: cooperativas, autoorganización, asentamientos rurales, como posibilidades que permitan que efectivamente la gente se autoorganice de forma distinta que el asalariado. El trabajo asalariado dejó de ser la forma creciente de organización de la masa trabajadora. Tiende a ser decreciente. Y eso nos plantea un interrogante sobre las formas organizativas nuevas. Incluso de ideologías nuevas. La ideología de trabajo obrero, la que hoy cataliza, la que sensibiliza a la gente para la lucha social, ya no es la misma.

Incluso la forma del régimen político. Las dictaduras en este continente dejaron de ser la forma fundamental. Hubo un proceso de continuidad, sin embargo cambió la forma de dominación. Por lo tanto, cambia la forma de lucha. El Che decía siempre que «hay condiciones incluso para la lucha armada, incluso la lucha insurreccional». Y una de ellas era que no hubiera espacio político de intervención, que no hubieran formas democráticas mínimas de negociación, de opinión, etc. Y aunque esa sea una condición muy estrecha, muy liberal, existe en estos momentos.

Cambian las trampas en todo esto. Hay no solamente trampas legales, sino también trampas del poder económico, del monopolio de los medios de comunicación, etc. Sin embargo, hay un espacio para nosotros. Quien no de respuesta hoy en los calendarios electorales quedará aislado. Salvo que una inmensa crisis social plantee la deslegitimización de esos sistemas políticos. Pero siempre nuestra lucha tiene que ser por más democracia. Si ese instrumento deja de ser legítimo, nosotros trataremos de crear nuevas formas de representación política, otras formas de dirección de los gobiernos locales y nacionales, que signifiquen gobiernos con una legitimidad mucho mayor que la que existe hoy. Y no simplemente pasar a una lucha que desconozca un espacio de organización de los trabajadores, de opinión, de expresión escrita y oral, etc. Entonces esto encierra un tema importante. Tenemos que analizar la naturaleza de los regímenes que tenemos hoy. Son democracias restringidas. Democracias que tienen filtros, que obstaculizan -si no impiden absolutamente- que las fuerzas anticapitalistas lleguen al gobierno de los países. Probablemente es así. Sin embargo, yo creo que hay que retomar los viejos planteamientos de Engels, del final del siglo pasado. Nos toca a nosotros hoy explorar al máximo los espacios democráticos que existen. Si logramos conquistar gobiernos, que le toque a la burguesía romper con su legalidad. Nosotros apelaremos a la violencia revolucionaria, una violencia justa de los trabajadores y el pueblo, con mucha más legitimidad que la que vemos hoy. En continentes que vivieron la experiencia traumática de luchas revolucionarias, y sobre todo de represión, de estado de terror, tienen una actitud de rechazo a formas violentas de lucha. En nuestro país, el Movimiento Sin Tierra, en las tomas de tierras, frecuentemente se ve envuelto por un enfrentamiento que no quiere, que no ha deseado. Sin embargo, no se toma como línea general de acción la iniciativa de un enfrentamiento armado. No es que yo crea que no sea justo hacerlo. No es que yo crea que no sea una burla el monopolio de la violencia en manos del ejército y de la policía. Porque el ejército y la policía son instrumentos de las leyes dominantes. Afuera de ellas también operan, también actúan, con formas paramilitares. Estoy pensando, simplemente, en desarrollar una táctica política legítima frente a nuestros pueblos de alguna manera desgastados por lo que fueron las experiencias recientes con el estado de terror.

Entonces, tenemos que actuar básicamente en los espacios democráticos. Pero no confundir lo que es legal con lo que es legítimo. Tenemos que orientarnos por lo que es legítimo, sabiendo que hay cosas que son legítimas aunque no sean legales. Pero tenemos que transformar lo que es legítimo en algo legal. Pero circunscribirnos a lo que es el espacio institucional es condenarnos a la derrota, porque es un espacio de ellos para la reproducción de lo que son las formas actuales de dominación política. Muy claramente está definido en las leyes y en la práctica electoral, en la justicia, en los medios de comunicación, etc. Tenemos que hacer un análisis muy claro de las posibilidades y potencialidades de los espacios existentes.

En tercer lugar, tenemos hoy partidos políticos, en América Latina, en general atados a los ciclos del calendario electoral. Algunos con más representatividad social, otros con menos. Yo creo que es justo que ese calendario electoral sea un momento importante de movilización, porque la gente se ve obligada a pronunciarse, porque termina un mandato de gobierno, porque es una chance de ocupar espacios significativos. Y hoy no hay que subestimar la importancia que tiene asumir un gobierno. Por más difícil que sea gobernar la capital de México hoy, es importante que el que lo asuma demuestre que sabe gobernar, que muestre los contrastes de su política, que muestre el estilo distinto al de ese aparato corrompido del PRI. No hay que subestimarlo. Se puede hacer, no sólo por los recursos que tienen, sino por la legitimidad que nos da. Y por la posibilidad de apresurar alianzas desde políticas gubernamentales. Es muy fácil para la burguesía hablar a todas las clases sociales desde el poder. Nosotros tenemos que aprender a gobernar y hacer de ello una palanca para establecer políticas diferenciadas que articulen nuevos consensos populares. Eso es lo que sucede con los gobiernos municipales a lo largo del continente, que tienden a consolidar su legitimidad, cada vez más, porque hacen un buen uso de los aparatos de gobierno. Con tal de que no se limiten a ello, con tal de que busquen solidaridad y autonomía del movimiento popular. Con tal de que apoyen e incentiven las movilizaciones populares autónomas. Con tal de que tengan la grandeza de reconocer sus errores, de reconocer incluso las contradicciones inevitables entre el movimiento popular autónomo y la gente que está en el gobierno. Porque esos aparatos gubernamentales no fueron hechos para transformar a la sociedad, fueron hechos para su reproducción. Por lo tanto no son aparatos adaptables para lo que nosotros queremos. Entonces, tenemos que tener claro que el gobernante está poniendo el pie en una trampa. Sin embargo es un riesgo que hay que correr si queremos transformar la sociedad, en las condiciones actuales. Tenemos que asumir ese riesgo, asumir esa grave responsabilidad del gobierno. No en cualquier circunstancia, no en alianza con cualquiera. Pero es una experiencia que si la izquierda no la hace, incluso no estará formando personal, cuadros con experiencia de gobierno, administrativa, etc., para poder mañana transformar la sociedad. Con tal de que no sea la única escuela de cuadros, porque los gobiernos no hacen revolucionarios sino burócratas. Tenemos, por lo tanto, que tener administradores bajo estrecha vigilancia popular, con sistemas autónomos, con delegación de responsabilidades de gobierno a la comunidad organizada. En vez de hacer que el gobierno sea el centro del poder de decisión, hacer lo contrario: hacer que la sociedad organizada asuma paulatinamente las decisiones de poder autónomo.

¿Qué tiene que ver todo esto con el Che? ¿Qué tiene esto que ver con una experiencia revolucionaria tan distinta como la del Che? Si ustedes toman cualquiera de las polémicas del Che, van a encontrar criterios para orientarse en todos estos temas. ¿Cuál fue la polémica del Che respecto a la planificación socialista en Cuba? ¿Qué criterio tenía respecto de eso? El tenía el criterio de la lucha contra la alienación. ¿Por qué contra la alienación? Porque la planificación económica soviética, china, etc., era una planificación que convive con el mercado, que incluso teoriza que el mercado es bueno. China define su sistema como socialismo de mercado. Pero para la teoría marxista, la mercadería trae necesariamente vinculada la idea de alienación. La mercadería no es solamente el objeto, es también la fuerza de trabajo que es mercadería, que es comprada, vendida, explotada. La idea original de Marx era la de terminar con las relaciones mercantiles. El mercado parece una cosa neutral, y en verdad no lo es. Porque trae íntimamente vinculado la idea de mercancía. Y mercancía significa alienación y explotación. Entonces, el Che peleaba, y peleaba contra economistas francesas como Charles Bettelheim, o dirigentes del viejo PC cubano, con la idea de que socialismo significa superación de las relaciones mercantiles. Es decir, que el hombre sea sujeto de su historia. Que los sujetos populares se constituyan como tales y decidan lo que quieren a través de una planificación democrática. Esa pequeña experiencia, muy chiquita, del presupuesto participativo en Brasil, es un paso en esa dirección: entregar en manos de la ciudadanía organizada los destinos de la tributación y del presupuesto. En un marco capitalista, local. Pero esos criterios se pueden sacar de las polémicas que el Che estableció. No es una polémica solamente para el socialismo, es una polémica respecto a qué hacer con los recursos únicos, cuáles son los sujetos, qué es lo que articula la sociedad. ¿Sólo las relaciones mercantiles, o al contrario, su superación? ¿Qué pensaba el Che? La sociedad socialista debe ser un cuerpo en el que cada parte se articule con la otra, más allá de relaciones mercantiles. Debe haber una planificación con prioridades fundamentales decididas colectivamente, de forma democrática. Ese es el criterio básico que él planteaba, que infelizmente hoy se está dejando de lado porque la supervivencia de Cuba significa entrar en alianzas con el capital extranjero, y a ese sí le interesan relaciones mercantiles. Porque ese es el mar en el que ellos navegan.

Por otro lado, cuando el Che peleaba por la idea del internacionalismo estaba peleando, en última instancia, contra cualquier forma de corporativismo, contra cualquier forma de defensa de intereses particulares establecidos a expensas de la masa de la humanidad. Nosotros encontramos formas de comportamiento de sectores de los empleados públicos que luchan por sus intereses sin tomar en cuenta los servicios que están prestando a capas más pobres de la población. Existe todo el derecho y la justicia de reivindicar sus sueldos. Pero tienen que asociar la reivindicación de esos sueldos a la mejoría de los servicios por los que están trabajando. Sean profesores, sean médicos, sean enfermeros, no hay una salvación posible para un profesor latinoamericano hoy, que no esté vinculada con la salvación de la escuela pública. No hay salvación para una enfermera que no esté vinculada a la salvación de la salud pública en América Latina. Cualquier forma de salvación individual, o sectorial, hoy, que no esté vinculada con el interés de la sociedad globalmente, de un proyecto hegemónico alternativo, está condenada al fracaso. O está condenada a la salvación de una minoría, y como toda minoría más tarde o más temprano tiende a ser derrotada.

Entonces, encontramos valores universales en el Che que pueden orientarnos a rescatar una plataforma general anticapitalista. Y éste es un año particularmente importante para nosotros, que conmemoramos los treinta años de la muerte del Che. Tenemos esa trayectoria enorme de acontecimientos muy significativos, apenas en la primera mitad de este año. Y ¿qué va a representar, indudablemente, la caída del régimen en el ex-Zaire y la asunción del régimen popular de Kabila? La estabilización de varios regímenes populares en la región de los lagos en África, que aliados al régimen de Mandela en África del Sur generan la posibilidad de que empiecen a tener un proyecto propio, alternativo.

Podemos también acreditar como hecho importante la recuperación de Hong Kong para China. El lunes pasado, simplemente, terminó la guerra del opio, la guerra de 1840, del siglo pasado, que hizo Inglaterra en aquel momento. Occidente compraba gran cantidad de productos de China -porcelanas, té y otras cosas- y tenían que venderle a China, que no necesitaba, que no quería nada del occidente capitalista. Y ¿qué hicieron ellos, los ingleses? Introdujeron por la fuerza, por la violencia, el opio en China. El opio producido en la colonia inglesa de India fue introducido a la fuerza en China por el régimen liberal moralista de la reina Victoria. Ella fue la responsable de la introducción del opio en China. Si los chinos hasta hoy ejecutan a cualquier persona acusada de narcotráfico -con o sin razón, yo creo que sin razón- lo hacen por los daños causados a lo largo de un siglo y medio por la introducción del opio en China. Y eso que los EEUU acusan que hacen los colombianos, y que es mentira, lo hizo por la fuerza de las armas la armada británica. Llegó hasta Pekín, derrotó al régimen, les hizo firmar un acuerdo por el cual explícitamente decía que el territorio de Hong Kong queda cedido a la reina Victoria -no a Inglaterra- y a sus sucesores que dispondrán de él como les guste, por tiempo indeterminado. Eso se terminó el lunes pasado: esa armada que llegó con toda la fuerza y la prepotencia, salió con un acuerdo que ustedes saben fue una derrota de Margaret Thatcher frente a Deng Xiao Ping. Inglaterra quiso negociar la continuidad de la colonia de Hong Kong, y sin embargo Deng Xiao Ping usó las mismas armas de Inglaterra: le dijo «nosotros invadiremos Hong Kong». Eso lo dijo Thatcher. Y ellos tuvieron, como potencia colonial decadente, que rendirse y entregar Hong Kong. Es muy significativo que eso haya ocurrido ahora. Y hay que recordar lo siguiente: no es China que se ha vuelto rica repentinamente por Hong Kong, sino Hong Kong que se ha vuelto rico por China. Más allá de que hay formas capitalistas muy obvias en las zonas especiales chinas, en verdad esto es importante.

Pero el otro acontecimiento importante, sigue siendo la conmemoración de los treinta años de la muerte del Che. Yo creo que lo que discutimos la vez pasada se ha cumplido de manera brillante. Es decir, hacer de este año un año del Che. Y no solamente un año del Che, un año de debate, de polémica, de movilización, una enorme cantidad de acontecimientos alrededor del Che. Estamos consiguiendo hacer lo que no hemos conseguido en el vigésimo aniversario. Es algo que hemos reflexionado debidamente, el potencial que el Che tiene para nosotros hoy. Y eso lo estamos haciendo, y seguro que es un logro, un hecho positivo que hay que agregar a este año 97, que seguro es un año de viraje. Terminó un período de ascenso, de elevación del neoliberalismo en el mundo. Ellos están con contradicciones económicas serias y con un rechazo social muy significativo. El hecho de que levantemos al Che de esta manera y que la imagen del Che esté recorriendo como lo hizo en el 67 es algo de extrema significación. Porque recupera los valores que estaban en baja. El valor del internacionalismo, el valor de la ética y el valor del humanismo. Todo lo que es la antítesis del neoliberalismo está personificado por el Che. Cuando a Jorge Castañeda le preguntan por qué el Che es importante, por qué dedicarse a hacer una biografía de un hombre derrotado, él dice: «El Che es importante, la gente lo reivindica. No por él, porque él no tiene nada que dar. Sino porque inmediatamente representa los valores de los años 60». Como si el Che, sin quererlo, representara los valores del antiautoritarismo, de la diversidad, del feminismo, etc. El Che representa, en verdad, la lucha contra el autoritarismo. El Che fue un elemento fundamental de los años 60. No se pueden pensar los años 60 sin la presencia del Che. No fue un catalizador accidental. No fue simplemente porque él haya muerto en octubre del 67 que se haya dado el 68. Es un elemento que articulaba, en aquel momento a todo el mundo con reivindicaciones tan distintas como las que se daban en el Cordobazo, en la guerrilla urbana del Uruguay, los estudiantes en México, etc. ¿Qué articulaba todo esto? La solidaridad con Vietnam. Articulada con esto, evidentemente, la lucha antimperialista, el rechazo a la guerra en EE.UU., etc., que va a reforzar al movimiento negro norteamericano, la desobediencia civil, etc. Pero la solidaridad con Vietnam fue el eje articulador de todo aquello.

Si se hace una retrospectiva de los '60, pareciera que fueron una gran fiesta cultural: los Beatles, Woodstock, drogas, sexo, rock and roll. Pareciera que no había un componente político decisivo. Si fuera así, seguramente serían otras las imágenes reivindicadas hoy. Hay tantos artistas importantes en los años '60, sin embargo, se reivindica al Che. Porque el Che representa los valores superiores de aquel momento, que eran los valores del internacionalismo. La idea de crear dos, tres Vietnam, la idea de luchar por ser solidarios.

Pero incluso la idea de que el Che está totalmente neutralizado, que es una marca registrada, un producto, no tiene ninguna importancia. Aplastar las ideas del Che no significa ponerlo como marca ni como producto. Ahora, para tener idea de cómo la burguesía no juega con fuego, ninguno de ellos reivindica al Che. Si el Che es un elemento vacío, neutralizado, recuperable, ¿por qué no lo utilizan si es tan bueno? No hay duda de que él llega fuerte, en América Latina hoy. El Che no es un riesgo desde el punto de vista político inmediato. Pero porque ellos son analistas simbólicos muy calificados saben que es un gran riesgo hablarle del Che a la juventud, justamente cuando los valores del egoísmo, del consumismo, empiezan a entrar en baja. La gente está cansada, necesitada, en una vida reducida a su propia individualidad. Una vida en que no tenemos más ideales políticos, no tenemos más vínculos de identidad con la humanidad en su conjunto. Miramos hacia África o Asia como si miráramos hacia la pobreza, como el que mira por la ventana en lugar de afrontar todo eso como el que mira hacia el espejo. El Che hacía exactamente eso, miraba al otro como un hermano, como alguien con quien hay vínculos y compromisos fundamentales. Esa es básicamente la actualidad del Che. Creo que estamos en buen camino, vamos a hacer un gran seminario, grandes conmemoraciones en octubre, y vamos a terminar este año acumulando una fuerza anticapitalista que nos permita dar no sólo un viraje político respecto al auge del neoliberalismo, sino también un año de paso a la ofensiva ideológica, teórica, política de las fuerzas anticapitalistas, para construir un nuevo consenso y dar una mirada digna del Che.

Intervención en la Cátedra Libre Ernesto «Che» Guevara de la Universidad de Rosario.

Emir Sader es miembro del consejo de redacción de la revista Teoría y Debate, del Partido de los Trabajadores de Brasil

Enviar noticia