nro. 11
Latinoamérica: 30 años después del Che Guevara

James Petras

En la década que precedió a la muerte de Ernesto Che Guevara, y en las tres décadas siguientes las políticas revolucionarias han declinado y se han expresado en cuatro grandes "olas ". Estas políticas reflejan las variaciones regionales que tienen lugar en diferentes momentos históricos, siguiendo diversas estrategias y proviniendo de bases sociales distintas.

La figura y las ideas del Che Guevara han tenido influencia y presencia, dando forma a los debates revolucionarios y contribuyendo a que se comprendiesen las potencialidades de transformación.

Muchos observadores y comentaristas han adoptado un punto de vista estrecho en su evaluación crítica de las ideas del Che y en sus proyecciones. Por ejemplo, la decisión del Che de embarcarse en un proyecto guerrillero en el Congo (Zaire) ha sido descripto como un fracaso o un error. Sin embargo, durante este 30º Aniversario, después de muchas vicisitudes en la lucha, el régimen de Mobutu, títere de los EE.UU. y Francia, ha sido derrotado precisamente por un ejército guerrillero liderado por uno de los hombres con quien el Che había colaborado. Los juicios prematuros de los expertos han sido refutados por las experiencias históricas. Por eso, uno de los puntos a considerar cuando se analizan la teoría y la práctica del Che Guevara sobre la revolución, es el marco temporal así como la ubicación espacial y el contexto político económico en los niveles internacional, nacional y regional.

De manera similar los críticos han machacado sobre el error del Che de intentar una guerra de guerrillas en Bolivia a mediados de los 60. La decisión del Che se basó en ese momento en su premisa de que la guerra de Vietnam era un momento favorable para "lanzar dos, tres, muchos Vietnam". Acertadamente el Che analizó que los EE.UU. no podrían ganar la guerra de Vietnam, que estaban demasiado comprometidos en esas guerra y que el pueblo norteamericano comenzaba a sentirse desencantado con ese compromiso.

Además el Che comprendió que la heroica victoria en Vietnam era inspiradora para los pueblos oprimidos de todas partes mostrándoles que las fuerzas "subjetivas" (organización, conciencia, etc.) podían superar a los factores objetivos (armas y tecnología superiores).

Adicionalmente el Che sabía que Bolivia tenía una tradición revolucionaria, una clase trabajadora a la vanguardia de las luchas y una dictadura impopular. Por eso, la comprensión del Che sobre lo propicio del movimiento internacional y su análisis sobre la realidad política nacional eran correctos. Sí fue un error la ubicación ( geográfica) y el estilo particular de implementar políticas revolucionarias (en una región subpoblada, divorciada de las clases revolucionarias , dependiendo de grupos no confiables). Con posterioridad al asesinato del Che, los acontecimientos confirmaron el análisis global del Che así como su comprensión de la madurez de las condiciones subjetivas. La guerra de Vietnam había debilitado temporariamente la capacidad de EE. UU. de desarrollar intervenciones militares y esto facilitó el derrocamiento de regímenes pro norteamericanos en Irán, Etiopía, Nicaragua, Grenada.

Como consecuencia inmediata de la muerte del Che, surgió en América Latina una nueva subjetividad revolucionaria que estuvo centrada principalmente en el Cono Sur y que tomó distintas expresiones políticas.

Hay que hacer hincapié en que la relación del Che Guevara con las políticas revolucionarias en los cuarenta años que van de 1957 a 1997 es compleja y profunda. Para entender esta relación es importante situar el pensamiento y la práctica del Che en los distintos ciclos. En segundo lugar identificar sus conceptos políticos claves y sus ideas y cómo se relacionan con los procesos revolucionarios en desarrollo en América Latina, separando aquellas ideas que han perdurado a través del tiempo de aquellas que se aplican a experiencias particulares.

Concluyendo, puede argumentarse a favor de la continua relevancia de las ideas del Che, así como del significado de su persona como modelo para los revolucionarios de hoy.

CICLOS REVOLUCIONARIOS EN AMÉRICA LATINA

La práctica y el pensamiento revolucionario del Che Guevara evolucionaron en una relación muy próxima (cercana) con los grandes procesos revolucionarios en América Latina.

Él fue parte de la generación de los ‘50, que fue testigo de los fracasos y derrotas de los movimientos políticos reformistas y electoralistas de esos tiempos.

El Che estaba en Guatemala cuando la CIA derrotó al gobierno reformista de Arbenz. Sabía del derrocamiento del gobierno populista de Perón y debió irse de Perú y Colombia que habían experimentado el fracaso de la "izquierda democrática"(1), (Haya de la Torre en Perú, Grau en Cuba, Gaitán en Colombia) al intentar confrontar con los regímenes dictatoriales y el imperialismo norteamericano. Dos "coordenadas" cortaron a la generación del 50, de la cual el Che fue un miembro importante: la sobredeterminación de la naturaleza hegemónica de los EE.UU. (la dominación política y militar así como la explotación económica), y el fracaso histórico de las estrategias y movimientos políticos reformistas y electoralistas para confrontar al orden liberal emergente impulsado por Washington. No habiendo tenido éxito en desafiar al modelo norteamericano, algunos miembros de la "izquierda democrática" comenzaron a adaptarse y a aceptar la hegemonía de los EE.UU.

La generación del 50 debió entonces crear nuevas organizaciones, nuevos métodos para luchar así como programas innovadores para enfrentar al nuevo orden liberal. Así comenzó la primera de cuatro "olas" de políticas revolucionarias que habrían de barrer diferentes regiones y países durante las siguientes cuatro décadas. En términos esquemáticos esas cuatro olas pueden ser identificadas de la siguiente manera:

1) 1959-1967. De la revolución cubana al asesinato de Guevara

2) 1968-1976. Las sublevaciones populares masivas en el Cono Sur de América Latina y en los países andinos que terminaron con la instauración de regímenes militares.

3) 1977-1990. El crecimiento de los movimientos revolucionarios en América Central y el régimen sandinista. El período termina con los Acuerdos de Paz y la derrota electoral del FSLN.

4) 1991 a la fecha. Los nuevos movimientos socio-políticos revolucionarios, de campesinos, indios, y en las provincias en América Latina.

Primera ola. 1959-1967

La victoria de la revolución cubana marca un punto de ruptura entre el fracaso de la "izquierda democrática" durante los 50 y el surgimiento de una nueva subjetividad revolucionaria en América Latina, de la cual Guevara y Castro devienen importantes intérpretes.

Paralelamente a la Revolución Cubana en Perú, Venezuela, Brasil, Colombia, Guatemala y después República Dominicana, Chile, Nicaragua, Uruguay y México, una nueva generación rebelde comenzó a tomar forma rompiendo con los partidos reformistas, hundiendo sus raíces en el campo y las ciudades y volviéndose parte de los nuevos movimientos revolucionarios. En muchos lugares, las Universidades (estudiantes y profesores), los campesinos y sectores de las clases urbanas asalariadas jugaron un papel preponderante en la formación de esta primer ola. Es importante hacer notar que esto ocurrió paralelamente y en forma convergente con la Revolución Cubana. Las raíces de las luchas en Latinoamérica están basadas en la común oposición a las dictaduras, a las políticas económicas liberales, al crecimiento de las desigualdades sociales y al fracaso de las políticas electorales convencionales. Las etiquetas "castrista" o "guevarista" eran aplicadas a movimientos que habían tenido origen antes de establecer paralelos con la Revolución Cubana y que luego convergieron con el pensamiento y la práctica de ésta. De este modo el Che Guevara fue el prototipo de una nueva generación revolucionaria, personificando el pensamiento y las prácticas que se extendieron sobre una parte sustancial de esta generación. La autonomía de estos movimientos es un elemento crucial en la comprensión del acercamiento con el Che: con toda franqueza reconocieron su autoridad sin imposiciones políticas ni incentivos materiales, sí en cambio sobre la base de una perspectiva revolucionaria común.

Las fundamentales coincidencias políticas y teóricas entre el Che y la primera camada de revolucionarios eran el reconocimiento de lo central de la conciencia política (subjetividad), en la creación de condiciones revolucionarias. Esta perspectiva entraba en conflicto con los partidos comunistas y la "izquierda democrática" que argumentaban a favor de la "maduración" de las condiciones económicas, es decir, la reproducción del capitalismo durante un largo tiempo, de modo de permitir la formación de una clase trabajadora mayoritaria que -subsecuentemente- reclamaría el liderazgo de una transformación socialista. Esta perspectiva argumentaba que una revolución social no figurara en sus planes y proponía una alianza electoral con la burguesía nacional para crear las condiciones objetivas en las que una futura revolución tendría lugar.

Contra este punto de vista Guevara y los nuevos revolucionarios argumentaban que por debajo de las condiciones existentes en América Latina, el imperialismo ya había creado relaciones de clase y nacionales de explotación y opresión que constituían la base de una lucha revolucionaria. El problema era la intervención política y la educación para crear al sujeto revolucionario, condición básica para una revolución social. El énfasis del Che giraba alrededor de la cuestión del imperialismo como la llave para comprender las dificultades en el desarrollo económico y social, los límites de las alianzas burguesas, y la ineficacia de los procesos electorales. El Che y su generación enfatizaban el "voluntarismo", la capacidad de los seres humanos de "hacer" la historia y no, simplemente, responder a impersonales fuerzas de mercado.

El hecho de que el Che y la Revolución Cubana tuvieran lugar a noventa millas de los EE.UU. y fueran exitosos en desafiar y derrotar la intervención norteamericana, dio un tremendo ímpetu a las tendencias voluntaristas o subjetivistas de la izquierda revolucionaria latinoamericana. Uno de los principales dogmas de los reformistas era que la proximidad de América Latina con los EE.UU., su rol como esfera histórica de influencia, y la intervención militar norteamericana eran "realidades objetivas" que imposibilitaban el éxito de una revolución social. La exitosa resistencia de la revolución cubana, basada en la movilización revolucionaria, en la organización política y en la preparación militar, fortalecieron enormemente los argumentos voluntaristas entre la primera ola de revolucionarios latinoamericanos. Ese voluntarismo fue luego consagrado en los escritos revolucionarios del Che, reforzando estas tendencias voluntaristas, desde ideas que tenían el peso y la autoridad moral de la Revolución Cubana. El voluntarismo del Che resonó también en una nueva generación revolucionaria que surgía en Europa (Francia, Italia, Alemania), y los EE.UU. junto con los ataques iniciales de la Revolución Cultural China al orden burocrático de ese país.

Esta primera ola de revolucionarios latinoamericanos ya consolidada la Revolución Cubana, sufrió una serie de contratiempos en bastantes países (Perú, Venezuela, Brasil), aunque la lucha continuó en otros (Colombia, Guatemala). Más importante que eso, de todos modos, fue que el movimiento revolucionario resurgió en diferentes países en una escala más grande y más popular.

La segunda ola: 1968-1976

La muerte del Che Guevara en Bolivia no fue el final de una "aventura revolucionaria" en América Latina, como escribieron muchos académicos y periodistas. Fue, en verdad, el preludio de una nueva y más poderosa ola de actividad revolucionaria. La segunda ola se basó en el análisis y las proyecciones del Che, aunque las formas de organización y las tácticas diferían de las formulaciones originales de Guevara. En Bolivia, un ciclo de movilizaciones populares, bien desde abajo, y un Concejo Militar Nacionalista, se combinaron para dar lugar a una de las más radicales legislaturas en América Latina -la Asamblea Popular- donde los delegados campesinos y trabajadores eran mayoría. Este desarrollo se daba justo tres años después del asesinato de Guevara, en el mismo país que sus críticos habían anunciado que Guevara se había equivocado al internarse en Bolivia. El problema era que la legislatura revolucionaria funcionaba como un gobierno paralelo al de los militares reaccionarios. Si el grupo de Guevara tenía armas, pero no apoyo popular, la legislatura tenía apoyo popular pero no armas. El resultado fue un golpe militar que disolvió la legislatura y comenzó con un período de represión. Una radicalización similar tuvo lugar en Perú, en 1976, entre un grupo de oficiales del Ejército que luego dio origen a un movimiento de masas hacia finales de los 70. En Argentina, una gran sublevación popular, el Cordobazo, fue el punto de partida de una serie de grandes sublevaciones urbanas, del crecimiento de una guerrilla urbana significativa, y del nacimiento de un movimiento de masas nacionalista y socialista radicalizado. En Chile cabe señalar la combinación de movilizaciones urbanas y rurales acompañadas por la elección de un presidente marxista y el comienzo de un período de transformaciones sociales. En México y Uruguay, movimientos de masas urbanas, y la aparición de guerrillas, comenzaron a cuestionar los regímenes de derecha.

Estos desarrollos, confirmaron el análisis del Che en el sentido de que las condiciones en América Latina estaban maduras para una revolución social. La estratégica derrota de EE.UU. en Vietnam llevó a Washington a fiarse más de operaciones secretas, mientras dejaba a los militares latinoamericanos y a sus policías la tarea de cortar el avance revolucionario. El período posterior a 1967 fue marcado entonces, por el avance de nuevos actores revolucionarios, (la clase trabajadora urbana de Argentina, Bolivia, Uruguay y Chile), y nuevas estrategias políticas (políticas electorales, guerrillas urbanas, y luchas de masas), pero los conceptos fundamentales en estos procesos derivaban de la perspectiva guevarista. Las ideas del Che jugaron un enorme rol en la formación de las políticas de la segunda ola.

Sin embargo, las ideas del Che compitieron con otras corrientes de pensamiento, (populismo, electora-lismo, militarismo), que limitaron la capacidad de la izquierda revolucionaria de ofrecer resistencia a la sangrienta contrarrevolución con la que finalizó esta ola a mediados de los 70.

La tercera ola: 1977-1990

La represión desatada por EE.UU., los militares y las clases gobernantes alcanzó niveles sin precedentes. Asesinatos masivos, decenas de miles de arrestados y torturados, cientos de miles de exiliados diezmaron la segunda ola. Las principales organizaciones revolucionarias que permanecieron con capacidad de lucha fueron las FARC de Colombia y los grupos guerrilleros de Guatemala. Un nuevo grupo de protagonistas ocupó un lugar importante en América Central. En Nicaragua los sandinistas derrocaron a Somoza y establecieron un régimen nacionalista, radical y democrático. En El Salvador y Guatemala, la movilización de masas surgió un poco más adelante, sólo para encontrarse con un estado terrorista que, en definitiva, incrementó las fuerzas guerrilleras. En Brasil, la primera huelga masiva de trabajadores metalúrgicos influyó en la formación de sindicatos autónomos en los suburbios industriales de San Pablo, la mayor ciudad industrial de América Latina.

Para mediados de los 80 los movimientos de masas, particularmente en las barriadas populares de Santiago de Chile, se constituyeron en un severo desafío para el régimen de Pinochet. Además había nacido un nuevo grupo guerrillero: el Frente Patriótico Manuel Rodríguez. La tercera ola revolucionaria emergió ya al final de la derrota norteamericana en Indochina, lo cual explica en parte, la incapacidad de Washington de intervenir con sus propias tropas. El brillante análisis del Che sobre las consecuencias que tendría la derrota norteamericana en Vietnam en la política norteamericana, fue reivindicado en Nicaragua. El éxito de la estrategia guerrillera que culminó con la derrota de Somoza y el avance de las guerrillas del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional y de las de Guatemala, demostraron que la perspectiva revolucionaria del Che continuaba siendo relevante. Contrastantemente, las transiciones electorales negociadas produjeron regímenes incapaces de avanzar en el aspecto de las transformaciones sociales a través de procesos electorales. El control de las capas medias, mediante el terror masivo y la política clientelista, transformaron el proceso electoral en un mecanismo para consolidar y profundizar el neoliberalismo y la impunidad de los militares y las policías secretas.

El avance del proceso revolucionario en América Central y el resurgimiento de la oposición de masas a los militares, provocaron una profunda revisión de estrategias en Washington. Con la cooperación de la burguesía liberal y de una legión de intelectuales que habían sido de izquierda y ahora eran subvencionados, comenzó a montarse una nueva fórmula política para preservar el orden socioeconómico y hacer más intensa aún la penetración imperial: la así llamada "transición democrática".

Las políticas neoliberales, que comenzaron bajo los gobiernos militares, eran profundizadas y expandidas por los nuevos regímenes civiles surgidos de elecciones. Los aparatos estatal y judicial de las dictaduras permanecieron intactos y los asesinos fueron exonerados de sus crímenes por leyes que garantizaron su impunidad.

Hacia el final de los 80, muchos de los países de América Latina eran gobernados por regímenes civiles que compartían el poder con los militares y con Washington. Más sectores que habían sido revolucionarios se unían, dramáticamente, al nuevo consenso orquestado por los EE.UU: los socialistas chilenos, y sectores del MIR, se aliaron con los neoliberales demócrata cristianos; el MIR de Bolivia se alió con el ex dictador Banzer; muchos ex guerrilleros apoyaron a Alfonsín y al archi neoliberal Menem. Los sandinistas firmaron un acuerdo con la presidenta Violeta Chamorro (aliada de los EE.UU.); incluso el FMLN y la URNG firmaron acuerdos de paz con el ala derecha, renunciando a una transformación radical.

Sin embargo, el colapso y/o acomodamiento de la tercera ola de revolucionarios y su rechazo a la crítica revolucionaria del Che al imperialismo y al capitalismo no logró alterar la realidad socio-económica de América Latina. Al contrario, las condiciones empeoraron a través de todo el continente, los pagos de la deuda externa drenaron los recursos, las privatizaciones generaron concentraciones de riqueza y desempleo, y las estrategias exportadoras socavaron la producción agrícola. Las condiciones objetivas, y el surgimiento de una nueva generación de revolucionarios crearon un renovado interés en la visión del Che de una transformación revolucionaria basada en la lucha extraparlamentaria.

La cuarta ola: 1990-2000

La derrota electoral de los sandinistas en 1989, y su asimilación a las políticas electorales y las alianzas burguesas, simbolizan el fin de la tercera ola de actividad revolucionaria. Ningún hito dramático en cambio, marcó el nacimiento de la cuarta ola. Ahora, nuevos movimientos revolucionarios están surgiendo en todo el continente. En Brasil, el Movimiento de los Sin Tierra, quien utiliza el análisis de clase y la acción directa para conseguir la reforma agraria, está construyendo un movimiento de masas que desafía la hegemonía neoliberal. En Colombia las FARC y en menor medida el ELN han multiplicado su influencia particularmente en las zonas rurales. En México los zapatistas en Chiapas, el EPR en Guerrero y otros estados, los movimientos revolucionarios campesinos en Oaxaca fortalecen la idea del renacimiento de las políticas revolucionarias. En Bolivia, miles de organizados cocaleros y muchas organizaciones campesinas regionales, han estado al frente de la lucha contra la intervención norteamericana. En Ecuador, el movimiento extraparlamentario de masas jugó un rol decisivo en derrocar al régimen neoliberal. En Paraguay, la Federación de Campesinos, es liderada por líderes campesinos socialistas. En Guatemala el CUC y en El Salvador, la Alianza Democrática Campesina, han organizado a los campesinos para continuar la lucha revolucionaria por la reforma agraria en el período posterior a los acuerdos de paz.

Sería un error asociar exclusivamente al Che con la lucha armada o guerra de guerrillas, y esto es algo que la cuarta ola de revolucionarios ve como una ruptura con la práctica revolucionaria del Che. De hecho hay una profunda convergencia entre la concepción guevarista de la revolución y las ideas de los nuevos movimientos revolucionarios. Ambos dan gran importancia a:

1) La educación política para preparar a las clases explotadas para su liberación (por sí mismas).

2) La acción directa, ocupaciones de tierras, zonas liberadas, etc.

3) Reconocimiento del lugar central que ocupan las luchas agrarias y antimperialistas

4) Rechazo a las alianzas con la burguesía y a la subordinación de la lucha popular a las elecciones

5) Lo central de las políticas de clase

No es una coincidencia, que muchos de estos movimientos -concientemente- se vean a sí mismos como inspirados por Guevara, su práctica y enseñanzas. Su retrato está en oficinas y aulas de muchos de estos movimientos y no es meramente un ícono de un mártir revolucionario, sino un precursor del espíritu de los nuevos tiempos.

La esencia de las nuevas políticas, es la formación y elaboración de la teoría y la estrategia, como un proceso continuo, una reinvención viva de las categorías marxistas de lucha de clases, y política de clases, en un contexto cambiante. Para ambos -el Che y los nuevos movimientos revolucionarios- el marxismo es estudiado, sus conceptos analíticos claves son extrapolados y adaptados y modificados por la experiencia práctica. Ambos -el Che y los movimiento revolucionarios- no operan con un marco de trabajo teórico complicado, pero tampoco son improvisadores de ideas en el curso de la acción. En todo caso, comienzan con ciertas herramientas básicas del análisis de clases, y las aplican a la realidad concreta de esos países, en el curso del desarrollo de la acción social. Este "marxismo aplicado" tiene así un fuerte contenido "empírico" (no la visión utópica o abstracta) construído en la naturaleza social concreta de los grupos (indígenas, campesinos, instituciones religiosas, etc.), con quienes estos movimientos están comprometidos. Como el Che, los nuevos grupos revolucionarios rechazan el determinismo mecánico y las plataformas teóricas que se habían puesto de moda con los ex-izquierdistas y ex-guerrilleros comprometidos con las políticas neoliberales. Como el Che, los nuevos movimientos revolucionarios rechazan la subordinación de la lucha de masas a la consolidación de la democracia; no aceptan el liderazgo ideológico de los ex-izquierdistas, mientras cambian de transformación social a "modernización". Como el Che, ven la igualdad social y el fin de la explotación, como el elemento clave en el desarrollo de las fuerzas productivas.

El Che Guevara y Fidel Castro creyeron en que "usted no puede construir el socialismo teniendo la gente el signo dólar en sus ojos". De la misma manera el Movimiento Sin Tierra de Brasil, los zapatistas y otros sectores de la cuarta ola, comparten la creencia de que los medios determinan los fines, que la ética y la conducta ética de los líderes y de los militantes, son prototipos o preconfiguraciones de la nueva sociedad. El énfasis en la solidaridad social y en los valores sociales que era tan importante en el pensamiento del Che, y en su práctica, es evidente en el modesto estilo de vida, y en las espartanas e igualitarias condiciones de vida de los líderes y los cuadros de la cuarta ola.

Sin duda hay diferencias en el concepto y la práctica entre el Che y la cuarta ola; en los nuevos movimientos construidos desde abajo, la actividad militar está contextualizada según las circunstancias. Pero más que diferencias conceptuales, las diferencias prácticas entre el Che y los nuevos movimientos revolucionarios, están basadas en el nuevo contexto. Hay oportunidades en algunos casos, de organizarse legalmente, de construir alianzas sociales y combinar formas de lucha; EE.UU. ha recuperado su capacidad de intervenir militarmente, etc. Las condiciones más parecidas a la época del Che, pueden encontrarse en Colombia, Perú y México. Regímenes dictatoriales gobernando bajo una fachada electoral corrupta y venal en los que el estado de terror y la militarización se combinan con la profunda penetración imperialista, militar y económica. Además, al menos en el contexto inmediato, las condiciones políticas favorecen diferentes estilos políticos, aunque el movimiento siga el espíritu revolucionario del Che.

Conclusión

La política del Che Guevara refleja tanto como sintetiza, una generación de pensamiento y práctica políticas. Pero ese pensamiento y práctica, particularmente sus categorías analíticas, su espíritu revolucionario, trascienden su momento particular y resuenan con cada nueva ola revolucionaria. Las experiencias revolucionarias en América Latina, reflejan las olas cíclicas y lo cambiante de las bases regionales, justo como fue la experiencia del Che en Guatemala, Cuba y Bolivia. Che observó que este desarrollo desigual era parte de una realidad en la cual el factor crucial era "capturar" los momentos de alza, los momentos de máximo avance, y extraer las conclusiones, perspectivas y posibilidades futuras. En este sentido no era un "utópico"; era un materialista histórico. El pasado era analizado selectivamente para usarlo en la transformación del mundo actual.

Como el Che era un materialista, creía también que había una continua relación dialéctica entre conciencia y existencia. La relación está basada en la noción de que condiciones objetivas y subjetivas están en una interacción continua que da forma a las posibilidades revolucionarias. En la época en que el Che enfrentaba la pasividad e inercia que obstaculizaban la acción política, se inclinaba hacia la "subjetividad"; cuando por otro lado la acción social ignoraba las realidades objetivas, él empujaba las cosas hacia el "cálculo" de las realidades objetivas; la tensión entre la acción subjetiva y la realidad objetiva estuvo siempre presente en el pensamiento y la práctica del Che.

Hoy, los movimientos revolucionarios reflejan la práctica dialéctica del Che: desafían a los pesimistas que argumentan que la globalización ha impuesto un nuevo orden mundial neoliberal; crean hechos, organizan resistencias y victorias que crean alternativas para conseguir trabajos a obreros y campesinos -vía cooperativas, economías populares locales, comunales, zonas liberadas-. Definen una nueva economía que profundiza y amplía la economía local, y desafía la dominación imperial. Los nuevos revolucionarios rechazan la idea de que con la caída del comunismo, el socialismo ha muerto; hoy sus acciones están inspiradas por ideas socialistas, adaptadas a sus comunidades, a sus realidades sociales.

Probablemente, la más significativa contribución del Che a los movimientos revolucionarios contemporáneos fue su internacionalismo. Su reconocimiento de que el imperialismo estaba en cada rincón del mundo, organizando la explotación, interviniendo militarmente en las más remotas aldeas, socavando las más entrañables prácticas culturales. Para el Che la decisión de ir a Bolivia no fue arbitraria: Bolivia está en el corazón de América, y él sostenía que ese era el lugar desde donde la acción revolucionaria iba a irradiarse al resto de América Latina. El error táctico es superado por la concepción estratégica de que era necesario que la lucha internacional ocupara una posición central para vencer a un enemigo internacional. Hoy los movimientos son todos internacionalistas, y se ocupan de crear alianzas, redes de trabajo y organizaciones. Los zapatistas organizan continuamente una red de trabajo internacional; el MST juega un papel preponderante en la promoción de la Confederación Latinoamericana de Organizaciones Campesinas (CLOC). El espíritu revolucionario internacionalista del Che impregna a los actuales movimientos revolucionarios, y está comenzando a ser una gran respuesta a la globalización capitalista.

Treinta años después del Che su legado revolucionario vive en diferentes formas de organización y en una generación de líderes. El saqueo imperial que adopta la forma de privatizaciones de las empresas públicas, la apropiación de los recursos naturales, el empleo de mano de obra barata y la expulsión de los campesinos ha generado resistencias masivas; de las provincias de Argentina a los campos de Brasil, Bolivia y Paraguay; de las montañas de Ecuador a las comunidades campesinas e indígenas de México, el Che está presente en la mente y el espíritu, corporizado en el pensamiento y la práctica de los nuevos líderes revolucionarios que comparten con sus compañeros y compañeras los peligros y las privaciones. El espíritu del Che aparece en las barracas militares, en los supermercados, en las salas de reuniones de las empresas extranjeras. La CIA habrá matado al hombre, pero hoy sus ideas están más presentes que nunca en la ética, la política, la práctica y la cultura de la nueva ola de movimientos revolucionarios.


NOTA

1. Izquierda democrática, se refiere a grupos políticos vinculados esencialmente a la segunda internacional, que basaron sus políticas en la promoción de la industria nacional, en políticas electorales y reformas sociales, en una especie de capitalismo "bienhechor". Entre esos partidos estaban el APRA (Perú), el Partido de Liberación Nacional (Costa Rica), el régimen de Arbenz (Guatemala), y el Partido Revolucionario Democrático (República Dominicana).

James Petras es docente investigador del Departamento de Sociología de la Universidad del Estado de Nueva York en Binghamton. EE. UU.

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