nro. 11
Honrar al Che siendo más latinoamericanista

Gladys Marín

LA IDENTIDAD latinoamericana es unos de los aspectos fundamentales del pensamiento del Che, que hoy a 30 años de su asesinato en La Higuera se mantiene vivo entre nosotros, en nuestras discusiones, en nuestros debates y en nuestras búsquedas de caminos para la liberación de nuestros pueblos.

El capitalismo globalizado impuesto en la economía, en las comunicaciones, en la política, busca y necesita terminar con la identidad de los pueblos del Tercer Mundo, en nuestro caso específico con nuestra identidad latinoamericana. Es como si quisieran hacer desaparecer todo aquello que nos une a otros pueblos, que nos da características propias, que nos da dignidad y orgullo nacidos de nuestras tradiciones e historia. Se quiere pueblos sin historia, que sólo se identifiquen porque unos producen cobre, otros carne, otros arroz, otros azúcar, otros artículos electrónicos, es decir, esa es la identidad que el sistema neoliberal necesita de nosotros.

Sólo fijar en nuestras mentes los pensamientos que les permiten dominarnos, hacernos más débiles y dóciles para cumplir el papel que el neoliberalismo necesita y nos tiene asignado.Cuando el Che fue asesinado en La Higuera, "las venas abiertas de América Latina" aún no eran mostradas al mundo.

Eduardo Galeano recorrió nuestra historia, no la oficial sino la real, historia de pérdidas para ganancias de otro; de fuente de maravillosas riquezas para unos y pobrezas para los pueblos; de concesiones a extranjeros a cambio de ser considerados subdesarrollados. Fuimos desde la llegada de los primeros colonialistas hasta nuestros días "la región de las venas abiertas". La historia de nuestro continente es una historia de intervenciones imperialistas. Desde 1492 a nuestros tiempos hemos sido un territorio saqueado, un objeto de disputas de potencias económicas y ahora de las trasnacionales. Para mejor reinar, los pueblos hemos sido enfrentados, fragmentados, aislados dentro del continente y también dentro de cada uno de nuestros países. El capitalismo, además exarcebó la división con la asignación de funciones que sirven a sus intereses.

En esa historia y realidad de América Latina surge el Che que la recoge, la vive, la piensa y la convierte en acción para su transformación. Si en este tiempo, en esta "fase superior del capitalismo" -neoliberalismo- los problemas materiales y espirituales han aumentado, cuán actual y fuerte es el llamado del Che de hacernos responsables por el destino de nuestros pueblos. ¡No se puede eludir esa responsabilidad! Es la primerísima forma de honrar al Che y ser latinoamericano.

Porque, ¿qué es ser más latinoamericano sino conocer, sentir nuestros orígenes, nuestras raíces comunes y nuestras inmensas posibilidades de tener un desarrollo económico, social, cultural que dé espacios y posibilidades a todos, a cada uno de los 400 millones de latinoamericanos y dejar de tener una mirada dependiente de Estados Unidos y los países ultradesarrollados?

Hacer lo nuestro con nuestras formas, como América Latina. Las palabras del Che en este sentido adquieren hoy un renovado vigor: «para el luchador que persigue lo que hoy se llama quimera (las civilizaciones antiguas significan) un brazo extendido hacia el futuro cuya voz de piedra grita con alcance continental: ciudades de Indoamérica, reconquistad el pasado».(1)

Como él lo dijera, aquel pasado era el forjado por las tribus que a través del Estrecho de Bhering poblaron nuestro continente, por los españoles y portugueses llegados como conquistadores, por los negros esclavos traídos desde África y por los emigrantes que sin embargo, en una amalgama de caracteres, lograron dar una fisonomía propia a los pueblos latinoamericanos.

Eso somos nosotros. Con una identidad basada, no sólo en la comunidad de idiomas, de tradiciones, sino fundamentalmente lograda en la permanente batalla contra los invasores colonialistas primero y luego imperialistas. Batallas físicas, económicas, sociales, políticas, en muchas de las cuales hemos sido derrotados por la superioridad de recursos del enemigo, pero también en muchas de ellas hemos salido victoriosos, imponiendo nuestros derechos y también ganando en la forja de esta identidad latinoamericana que subsiste a pesar de todos los intentos del enemigo por eliminarla. Está viva fuertemente en las tradiciones, en la literatura, en la música, pero también en el carácter y la conciencia de los zapatistas de Lacandona, en los agricultores de la coca de Bolivia, en los mineros de Chile, en los Sin Tierra de Brasil y en todos quienes no se someten a ser los desposeídos en su propia tierra. Una tradición, una cultura que se enriquece, se desarrolla pero manteniendo sus signos propios. Quienes hoy día pretenden romper nuestra identidad, saben de la fuerza que ésta tiene, mostrada mucha veces a través de la historia.

Por ello el Che en sus escritos recordaba las lecciones del período independentista en América Latina , aquél que se dio fundamentalmente entre 1809 y 1825. Hay derrotas en el primer período. Sin embargo, la existencia de una conciencia latinomericanista impulsa a diversos patriotas a emprender una segunda etapa victoriosa con una concepción de unidad. Así con las posiciones latinoamericanistas de Miranda, de Bolívar, Artigas, San Martín, Sucre, O’Higgins, etc. se termina, al menos, con el colonialismo español.

El conocimiento que el Che adquiere directamente en los diversos países de América Latina así como su permanente estudio de la historia del continente lo llevan a concluir que los grandes libertadores son producto de esta mezcla y cultura de nuestra América, del indígena, del negro, del español, de condiciones específicas que crean al ser humano latinoamericano y, por tanto, cada uno de ellos pertenecen a todos nuestros pueblos.

Quizás, si como pocos revolucionarios, el Che tuvo la posibilidad y la visión de un enfoque acentuadamente marxista en el conocimiento de los sucesos de América Latina. Sus escritos con respecto a la revolución boliviana muestran cómo sacaba conclusiones para el proceso general del continente, asimismo su conocimiento directo del gobierno de Jacobo Arbenz en Guatemala lo llevan a profundizar y a radicalizar su pensamiento con respecto a las formas que debería adquirir la revolución en nuestro continente. Así lo señala cuando expresa: «Es que ésta (la lucha) no es sencilla, ni está libre de peligros, ni exenta de dificultades y es preciso tener un pueblo entero detrás y una carga enorme de idealismo y de espíritu de sacrificio para llevarla a cabo en las condiciones casi solitarias en que nosotros lo estamos haciendo en América. Pequeños países intentaron antes mantener este puesto; Guatemala, la Guatemala de Quetzal, que muere cuando se le aprisiona en la jaula, Guatemala del indio Tecum Uman, cayó ante la agresión directa de los colonialistas; y Bolivia la de Murillo, el promártir de la independencia americana, cedió antes las dificultades terribles de la lucha, a pesar de haberse iniciado dando tres de los ejemplos que sirvieron fundamentalmente a la Revolución Cubana: la supresión del ejército, la Reforma Agraria y la nacionalización de sus minas, a la vez fuente máxima de riquezas y máxima fuente de tragedia».(2)

Este sentido latinoamericanista, tan fuerte en el Che, lo vio reflejado en Fidel Castro y otros dirigentes revolucionarios cubanos, lo que lo lleva a incorporarse a la lucha con ellos como un primer paso tras la liberación de América Latina. Liberación no ya de los colonialistas españoles, sino de sus continuadores, el imperialismo norteamericano. La situación de miseria y explotación de nuestros pueblos se daba porque tras esa primera independencia, no había venido la independencia económica y social, más bien había surgido un nuevo amo, el imperialismo norteamericano. Y en esta identidad acentuada por la explotación y la dominación extranjera, hay rasgos que persisten y que nos muestran que la tarea que señalara el Che está inconclusa y que es necesario retomarla.

Lo que en 1961 señalaba tan certeramente, podría decirse hoy con pocas modificaciones: «Este fenómeno de bajos salarios y desempleo, es un círculo vicioso que da cada vez más bajos salarios y cada vez más desempleo, según se agudizan las grandes contradicciones del sistema y, constantemente, a merced de las variaciones cíclicas de su economía, crean lo que es el denominador común de los pueblos de América, desde el Río Bravo al Polo Sur. Ese denominador común que pondremos con mayúscula y que sirve de base de análisis para todos los que piensan en estos fenómenos sociales, se llama Hambre del Pueblo, cansancio de estar oprimido, vejado, explotado al máximo, cansancio de vender día a día miserablemente la fuerza de trabajo para que se exprima de cada cuerpo humano el máximo de utilidades, derrochadas luego en las orgías de los dueños del capital. Vemos pues, como hay grandes e inesquivables denominadores comunes de América Latina, y cómo no podemos nosotros decir que hemos estado exentos de ninguno de estos entes ligados que desembocan en el más terrible y permanente: Hambre del Pueblo».(3)

La realidad que el Che conoció, de explotación, miseria, enfermedades, hambre, humillaciones, hoy, con pocas modificaciones, es la misma. Subsiste y se agudiza la más injusta distribución de la riqueza, la discriminación, la corrupción de gobiernos y parlamentos, el vicio del derroche y del lujo insultante de los dueños del capital y las transnacionales.

En América Latina y el Caribe la pobreza se ha incrementado de 130 millones en 1980 a 180 mil millones en 1990 y según el Banco Mundial, se estima que en el año 2.000 la cantidad de pobres se va a multiplicar por dos principalmente en África. La brecha entre ricos y pobres se ha doblado desde 1960. En ese año la media de ingresos del 20% de los países más ricos era 30 veces superior a la del 20% de los países más pobres. En 1990 era 60 veces mayor.(4)

El permanente conocimiento de los sucesos de los diversos países, le permitía al Che, poner temas de debate y despertar discusiones, que muchas veces no contaban con el tiempo suficiente para su desarrollo, pero que eran absolutamente necesarias para todos los que pretendíamos el cambio.

Fueron años de intenso accionar, en que los partidos de izquierda fueron influidos por la Revolución Cubana, y surgieron nuevos grupos o partidos que se incorporaron a la lucha por la emancipación definitiva de América Latina.

En Mayo del 62 el Che analizando la situación de los diversos países de América Latina decía: «nadie puede ser profeta para vaticinar qué año y en qué momento en cada país de América se va a producir un encontronazo entre las fuerzas; pero sí es claro que las contradicciones se van agudizando cada vez más y que se están dando las condiciones subjetivas tan importantes para el desarrollo de la revolución. Esas condiciones subjetivas son dos fundamentales: la conciencia de la necesidad de realizar un cambio social, urgente, para liquidar la situación de injusticia y la certeza de la posibilidad de realizar ese cambio».(5)

Es indudable que el ejemplo de Cuba da nacimiento a un período de dinamización de la lucha por la "segunda independencia" en América Latina. Luchas en las que sin embargo el sentido latinoamericanista, la identidad común no fue suficientemente asumida como para construir la unidad lograda en el período independentista. Las discusiones en torno a las vías, los liderazgos exagerados, no permitieron avanzar en el desarrollo de la lucha continental. El actual sistema, como se dijo al inicio, ha atacado solapadamente aunque con gran efectividad esta unidad que da la identidad latinoamericana.

El neoliberalismo concebido como un sistema discriminatorio en lo económico, social, político e ideológico provoca por sí mismo la más profunda división entre ricos y pobres de un mismo país, y también entre países, los capitalistas desarrollados, los en vías de desarrollo y los que simplemente están al margen.

La preocupación del Che por los pueblos oprimidos no se limitaba a los de nuestro continente; su continente, su conocimiento y sus propuestas alcanzaban a los pueblos de África y de Asia. En 1967 el Che expresaba: «El África ofrece las características de ser un campo casi virgen para la invasión neocolonial. Se han producido cambios que, en alguna medida, obligaron a los poderes neocoloniales a ceder sus antiguas prerrogativas de carácter obsoleto. Pero, cuando los procesos se llevan a cabo ininterrumpidamente, al colonialismo sucede, sin violencia, un neocolonialismo de iguales efectos en cuanto a la dominación económica se refiere».(6)

La unión de los pueblos explotados, una de las tareas que con mayor énfasis acometió Ernesto Che Guevara, es algo que el capitalismo no puede admitir, por ello hoy día la estrategia ideológica del neoliberalismo aspira a convertir al hombre en un ser aislado, que no pertenece a ninguna parte y, por lo tanto, el sistema tiende al desmembramiento de las organizaciones, al individualismo, al egoísmo, a la invasión de nuestra cultura con productos materiales y culturales propios de otras identidades, llegando incluso a la invasión lingüística. Sin embargo, el latinoamericanismo es fuerte y surge aquí y allá. Incluso los sistemas existentes buscan procesos de integración a nivel regional como el MERCOSUR para manejarse en mejor forma en la economía mundial. Estas son instancias que deben ser aprovechadas por los trabajadores, los intelectuales, los artistas e incluso los deportistas para coordinarse y a las cuales es posible darles mayor proyección. El Che como Bolívar, como Martí nos mostró que nuestra fuerza frente al imperialismo norteamericano está en el latinoamericanismo, en ser cada día más hijos de este continente, en sentir orgullo de ello, de ser cada vez más hermanos con el resto de los pueblos de América Latina. Esta lucha debe contemplar el recuperar nuestra historia con todo lo que tiene de gloria, de padecimientos, de ultrajes, de heroísmo, de tenacidad. Recuperar la solidaridad y conocimiento, cooperación entre los pueblos latinoamericanos. El pueblo, los jóvenes, no pueden estar ignorantes de lo que fueron los imperios incas, aztecas, lo que fue la resistencia del pueblo mapuche, lo que fue la campaña de independencia de Bolívar a través de América, la guerra de liberación de los esclavos de Haití.

Cuando hoy se habla del Comando Tupac Amaru tiene que estar tras ese nombre la gesta del levantamiento de los indígenas peruanos contra el invasor extranjero. Zapata, Villa, Sandino, Farabundo Martí no pueden ser sólo nombres, junto a ellos debemos conocer su heroica participación en la lucha libertaria.

Así como tampoco deben nuestros jóvenes estar ajenos a lo que fueron las invasiones de los norteamericanos a México, Santo Domingo, Guatemala, Nicaragua, Haití, Cuba, y más recientemente Granada y Panamá, y Chile en 1973. Lo que han sido las últimas décadas de dictaduras, genocidios, detenidos desaparecidos, torturados, resistencia, lucha y rebelión.

¡Cuán poco conocemos de nuestros hermanos de América Latina, pensé en Mayo de este año cuando visité Bolivia por primera vez (en otra ocasión estuve de paso clandestinamente y eso me impidió conocer). Esta vez, para saber directamente que se preparaba con motivo de los 30 años de la muerte de Che, y viendo ese altiplano hermoso, magnífico y viendo esa pobreza en las calles de La Paz, sentí la presencia y la vigencia total del Che. Sentí pese, a los aislamientos, fragmentaciones, cuán fuertes son nuestras raíces y cuán fuerte es nuestra identidad.

Nuestra lucha hoy debe ser por destacar más orgullo-samente nuestros rasgos de identidad, por no permitir que se segreguen y borren, exigiendo el espacio en los medios de comunicación, en los planes de educación, en nuestras construcciones, en el nombre de nuestras calles y fundamentalmente en la cultura popular y el acercamiento real, físico, de coordinación entre las organizaciones sociales y partidos políticos de izquierda. Romper de hecho con las políticas oficialistas donde los gobernantes determinan las relaciones internacionales como mercaderes, donde los pueblos son simples plazas de mercado, como lo acaba de señalar en su viaje a Chile el Premio Nobel de la Paz, José Ramos Horta.

Sólo la recuperación y mantenimiento de nuestra identidad latinoamericana nos dará fuerza, emanada de nuestra dignidad, forjada en mil batallas para imponer la verdadera soberanía sobre nuestros territorios. Sólo así con un pueblo soberano daremos real nacimiento a la democracia nuestra, con nuestras características, en que cada uno tenga el derecho a pensar, opinar, representar y aportar al desarrollo del país y del continente.

Todo esto serían sólo utopías irrealizables y deudas con nuestros antepasados y con nuestros pueblos, si no asumimos aquella tarea que ya hace más de 30 años asumiera el Guerrillero Heroico, el Che Guevara, y en cuyo intento dejara su vida pero también dejara su ejemplo que se ha multiplicado a través de miles de combatientes por la libertad, por la justicia y por la democracia.

Las condiciones son hoy más difíciles, el enemigo se ha camuflado con nuevo ropaje que confunde a muchos con una supuesta modernidad y un deseable progreso; ya no tenemos los aliados del socialismo europeo, el neoliberalismo aparece poderoso y con muchas reservas, pero en Latinoamérica grandes sectores, que sufren los efectos del sistema recuperan la conciencia de pueblos explotados y evidentemente, este año del Che hará un nuevo gran aporte de conciencia y dignidad.

El Ejército Zapatista, los indígenas guatemaltecos, el pueblo de El Salvador, los mapuches que defienden su hábitat, los agricultores de Bolivia, los trabajadores de Chile, Argentina, los Sin Tierra de Brasil, están mostrando un camino que se ensanchará con el paso de millones de latinoamericanos que este sistema mantiene en calidad de extrema pobreza. Y en ese camino el Che nos acompaña. Su gesto final, el mayor, la guerrilla en Bolivia, es la suma de todas sus conviciones y conocimientos. Con su práctica revolucionaria mostró que los cambios sociales son posibles, pero que estos cambios los realizan seres humanos organizados y decididos. Elevó al nivel más definitivo, el papel de la conciencia y los elementos subjetivos, y como la actitud más alta de vida el no someterse, no humillarse, no desanimarse y tener el grito de rebelión siempre presto.

El Che une a la idea de la justicia, la idea del socialismo, una sociedad de iguales, con propiedad social para goce de todos y el trabajo libre y asociado.

En la grandeza de Ñancahuazú se ve al Che una vez más, directamente realizando la idea, no sólo dirige, sino ejecuta. Y lo hace con "una carga enorme de idealismo y espíritu de sacrificio". Hace con el ejemplo. Eso será siempre lo primero: el ejemplo como la poderosa palanca que despierte conciencia y voluntades. No hay derrota en Ñancahuazú, hay un victoria humana, de ideas y proyecciones magníficas.

Quienes pretenden medir al Che como un mártir, un iluso, un voluntarista, lo hacen sin duda desde cómodas posiciones personales. Mejor para evaluar al Che, recurramos a espíritus grandes. Hace más de 100 años, Marx retrataba a seres como el Che al decir: « La historia universal sería, sin duda, comodísima de hacer, si las luchas sólo se aceptasen a condición de que concurriesen perspectivas infalibles de éxito. Si el azar no pintase ningún papel, la historia sería, además, considerablemente mística. Estas contingencias del azar se hunden por sí mismas, naturalmente, en la marcha general del proceso, compensadas a su vez por otras. Pero el aceleramiento y la dilación dependen en mucho de tales contingencias fortuitas, entre las que figura, como una de tantas, el carácter de la gente que aparece primeramente a la cabeza del movimiento».(7)

El Che es el Carácter de hoy y de mañana, el Cáracter de la certeza de los cambios, del amor a la humanidad, el Carácter firme y luminoso de los verdaderos revolucionarios. Moldeando ese Carácter latinoamericano seguirán los pueblos marchando hacía el próximo milenio.Todos los que luchamos por la dignidad, la justicia social, la igualdad, la libertad, la democracia vamos en la lucha diaria, rindiendo un homenaje al Che. Ese sin duda es el mejor homenaje, a uno de los más grandes Libertadores de Nuestra América.


BIBLIOGRAFÍA

1. «Machu-Picchu, enigma de piedra»

2. «La guerra de guerrillas».

3. «¿Excepción histórica o vanguardia en la lucha anticolonialista?»

4. Revista ALAI - Marzo 1997.

5. «La influencia de la Revolución Cubana en América Latina»

6. «Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental».

7. Carta de Carlos Marx al Dr. Kugelmann, Londres, 17 de abril de 1871.

Gladys Marín es Secretaria General del Partido Comunista de Chile

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