nro. 11
La influencia del Che entre los argentinos

Claudia Korol

En 1987 comencé a escribir un libro que lleva este nombre,(1) en el cual intentaba encontrar al Che, desde la necesidad de una generación que se había aproximado a él muy tempranamente, y que pronto lo perdió, como perdimos tantas cosas los argentinos, arrebatado y perseguido por la dictadura. En aquella oscuridad, presentía que el Che tenía las claves que nos hacían falta para crecer y creer; para reconstituirnos como identidad rebelde y proyectarnos en una causa colectiva. Era nuestro hermano mayor desapareacido, como todos nuestros desaparecidos, nuestro hermano fusilado, perseguido, sepultado clandestinamente, y que luego pretendieron enterrar en el olvido.

Al buscar al Che descubrí que como resultado de la masacre producida en nuestra Patria, su memoria había quedado guardada en el recuerdo de un puñado de sobrevivientes. Pocos, pero los necesarios para que la llama no se extinguiera. Ellos sostuvieron con tenacidad el fuego que ahora amenaza con volver a incendiarnos.

Cuando en 1997 escribo estas notas, el Che es uno de los hombres más valorados tanto en la Argentina como en el mundo, y su imagen se desparrama como un mito potencialmente subversivo. Su figura encarna el retorno de aquello que pretendió ser negado por la cultura que reproduce y refuerza la dominación capitalista. Al Che lo encontramos en los cortes de ruta que se propagan en la Argentina, desde Jujuy a Cutral-Có, verdaderas rebeliones populares contra la desocupación; en las banderas de algunas hinchadas en la cancha de fútbol, en varias canciones de rock, en los pechos jóvenes que se movilizan contra el gatillo fácil, la educación, el trabajo, la vivienda, en las tomas de tierras, en las cátedras universitarias. Con el Che vuelven los excluidos de todos los tiempos. En él se reconocen los humildes, los agredidos, los marginados, y también aquellos que honradamente cuestionan la ética de una sociedad sostenida en la injusticia, aunque ésta no afecte sus propias vidas.

El Che constituye la vigencia de la rebelión, de las ideologías, del humanismo, de los valores de una ética opuesta a la del capitalismo: la ética de la solidaridad, del humanismo, de la lucha revolucionaria por el socialismo y el comunismo. La trascendencia del Che, atravesando las derrotas propias y ajenas, las frustraciones nacionales y mundiales, la prédica sobre el fin de la historia, es fruto de la búsqueda del ser humano de la felicidad, y de la realización de un mundo más noble y más justo, que encuentra en el Che, un lugar de apoyo y de refugio.

Cuando los asesinos verificaron que el Che volvía de todas las muertes que intentaron producirle, se montó la gigantesca maniobra propagandística de las usinas de formación de la opinión pública, que pretenden sepultar al Che en su propia imagen, amplificada y distorsionada desde distintos medios. La llamada "Che-manía", expresa el intento de coptar con mil y una trampas su imagen, para domesticarla como moda, hasta volverla su contrario, una figura susceptible de ser integrada como ícono en alguno de los retazos en que se des-integra la posmodernidad.

Apunta en esta dirección el libro escrito por Jorge Castañeda, "La vida en rojo", en el que expresa, entre otros conceptos:

"Las ideas del Che, su vida, su obra, incluso su ejemplo, pertenecen a otra etapa de la historia moderna, y como tales difícilmente recobrarán algún día su actualidad. Las principales tesis teóricas y políticas vinculadas al Che -la lucha armada y el foco guerrillero, la creación del hombre nuevo y la primacía de los estímulos morales, el internacionalismo combatiente y solidario -carecen virtualmente de vigencia. La revolución cubana -su mayor triunfo, su verdadero éxito,- agoniza, o sólo sobrevive gracias al rechazo de buena parte de la herencia ideológica de Guevara."(2)

¿Cómo explicar, si esto fuera así, el desborde de la imagen del Che, en un mundo dominado por las imágenes emitidas por el poder globalizado? ¿Cómo entender que su ejemplo no tiene actualidad, cuando asistimos a una creciente identificación juvenil con su ausencia-presencia y a una multiplicación de su figura? ¿Cómo entender que la revolución cubana agoniza, cuando está ofreciendo las más heroicas muestras de resistencia y de dignidad, para lo cual se apoya precisamente en lo esencial del legado de Guevara?

En la identificación con el Che, está produciéndose un encuentro simultáneo de dos generaciones: la del 70 y la de sus hijos, la generación del 90; proceso que a su vez se entronca con nuestras propias raíces culturales. Es muy interesante el análisis que hace ya treinta años realizó John William Cooke,(3) sobre esta enigmática relación del Che con los argentinos, en la que pueden constatarse distintos momentos de acercamiento y de distancia.

"Nos referimos al contacto de las masas argentinas con el compatriota asesinado, proceso que creo tuvo dos tiempos, cronológica y cualitativamente hablando. El primero consistió en la desaparición de la muralla alzada por la propaganda burguesa, que fijó una imagen popular del Che como personaje exótico, sobre el cual variaban las interpretaciones, pero siempre dentro de ese carácter de individuo ajeno, perteneciente al lejano y pintoresco mundo del Caribe.

"Las truculencias periodísticas a raíz de su desaparición en Cuba, lo mantuvieron como tema de la crónica, pero a fines de 1966 pasó a ser un fantasma que rondaba nuestras fronteras.

"Poco después su espectacular reaparición pública con el Mensaje a la Tricontinental, determinó que la prensa, incluida la sensacionalista que llega a las capas más populares, divulgasen rasgos biográficos que fueron dando entidad al ser novelesco y trashumante. Casi a renglón seguido, las noticias espectaculares fueron acaparadas por el proceso a Regis Debray y a la guerrilla boliviana. Y se fue afirmando la conjetura de que Guevara desempeña en ésta un rol estelar.

"Bolivia forma parte del ámbito geográfico que el argentino del común concibe como realidad inmediata. Para la gente del Noroeste integra su propio hábitat.

"Por si algo faltaba para destacar al Che en el interés directo de nuestra vida nacional, el gorilaje corre en ayuda de sus colegas bolivianos y acordona las provincias limítrofes con tropas, objetivando la artificiosidad de una separación que sólo es tajante en los colores de la cartografía, pero que la gente concreta ignora, lo mismo que el revolucionario y los órganos represivos.

"El Che Guevara ya es componente de nuestra vida social. Se lo comenta en la cola de la feria, en el café de la fábrica. Nadie olvida, ni por un instante, que nació en la Argentina, y a cada rato asoma la reivindicación posesoria de ese connacional extraordinario.

"Para contrarrestar ese peligroso acercamiento de un pueblo oprimido e impotente con una práctica insurreccional, se apela a una artimaña típica: un cable noticioso transcribe presuntas declaraciones del General Perón, atacando al Che, pero el efecto es contraproducente, pues inmediatamente Perón expide un enérgico desmentido, denunciando la maniobra como un intento de dividir a los que luchan por la liberación nacional y latinoamericana.

..."La segunda parte del proceso se produce con su muerte: el impacto emocional es de una intensidad que excede el impulso afectivo que despiertan siempre los héroes abatidos por la fatalidad. El fenómeno no es simplemente por efecto "acumulativo" de la aproximación previa y el desenlace trágico de su protagonista. Considero que se opera un hondo cambio cualitativo en la actitud espiritual hacia él. Por una parte, su caso se integra con algunas constantes culturales de nuestro pueblo: el culto al coraje, el desprecio por la ley como algo ajeno, impuesta a los humildes "desde arriba", la identificación con los rebeldes que se baten solidariamente con las fuerzas tremendistas del orden constituido. Esos héroes de la tradición plebeya persisten en la memoria de las generaciones. En cualquier rincón del país y a través de todos los niveles de la cultura, Martín Fierro continúa batiéndose con la partida y denostando a los poderosos. Cruz reivindica con su gesto solidario los valores del hombre de la tierra. La montonera opone sus lanzas a la codicia de gringos y porteños.

"Sea por un acto reflexivo o por una asociación de ideas espontáneas, de pronto, ese patrimonio especial no deteriorado por un siglo de culturización alienante, se objetiva en un hombre real, próximo, contemporáneo. "(4)

El impacto que produjo la revolución cubana y como parte de ella las figuras de Fidel y el Che, y posteriormente el intento revolucionario del Che en Bolivia, atravesó al conjunto de las expresiones políticas y sociales de la izquierda y del movimiento popular. Aquellos primeros guevaristas se multiplicaron rápidamente. Eran peronistas, cristianos, comunistas, y mu-chos que no provenían de ninguna organización ni identidad política determinada.

Era una verdadera ruptura cultural en la tradición de la izquierda argentina, y precipitó consecuentemente diversas y sucesivas fracturas de corrientes juveniles de los partidos socialista y comunista, así como de las fracciones que de ellos se formaron. En ese contexto se crearon diversos agrupamientos que intentaron vincularse a las experiencia del Che en Bolivia, y después de su muerte, darle continuidad. Su antecedente más directo es el Ejército Guerrillero de los Pobres, liderado por Jorge Ricardo Masetti,(5) quien estableció una guerrilla en Salta entre 1962 y 1964, proyecto que estaba ligado directamente al plan de creación de un movimiento revolucionario en los países del sur del continente, que luego continuara el Che en Bolivia.

Los sectores dirigidos por John William Cooke, prepararon la confluencia con la guerrilla del Che en Bolivia, y luego buscaron nuevos caminos para desplegar la resistencia. El 13 de octubre de 1967, integrantes del Movimiento de la Juventud Peronista, fundaron las Fuerzas Armadas Peronistas, confluyendo con Acción Revolucionaria Peronista de Cooke y el Movimiento Revolucionario Peronista de Gustavo Rearte. Ellos organizaron la guerrilla de Taco Ralo, que fue desarticulada el mismo día de la muerte de Cooke, el 1 de septiembre de 1968.

Al respecto quedó el testimonio de su compañera Alicia Eguren(6) :

«Cooke conoce las primeras noticias sobre la muerte del Che en Londres, de regreso de la Conferencia de la OLAS a la que fuera presidiendo la delegación argentina. El golpe fue para él más grave que para quienes de pronto cobraron conciencia de que habían perdido a su jefe para la guerra verdadera. Para John esa muerte encadenaba también la muerte, o por lo menos la trágica postergación de planes de trabajo para los cuales, puramente, ya había renunciado a muchas cosas, inclusive, a nivel humano a lo que más quería. De Londres pasó a París. Allí permaneció algo más de una quincena esperando contactos que no se produjeron. El desastre fue muy grande como para que inmediatamente se reconstruyeran los circuitos quebrados. Por lo menos no existió la organización, los planes de acción y de emergencia como para que el proyecto original, fracturado por el desastre, pudiera desarrollarse en lo inmediato. Ernesto Guevara y John W. Cooke mantuvieron una larga relación política, militante y revolucionaria. Los proyectos de lucha común en el sur del continente quedaron truncos con la muerte de Ernesto. John murió a menos de un año del Che.» (7)

En los primeros meses de 1967, Marcos Osatinsky y Roberto Quieto constituyeron el Ejército de Liberación Nacional (ELN) argentino, para apoyar la guerrilla del Che . También se constituyeron las FAL (Fuerzas Armadas de Liberación) que intentaron organizar un proyecto de apoyo a la guerrilla de Bolivia.

El impacto de la muerte del Che, aceleró los debates en el Partido Revolucionario de los Trabajadores, y la ruptura entre Roberto Santucho(9) y Nahuel Moreno(10) .

En ese segundo tiempo, distintas experiencias, armadas y no armadas, dieron cauce a los nuevos movimientos políticos y sociales.

Se desarrolló con ímpetu el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo, apoyado en el lúcido pensamiento de hombres como Juan García Elorrio, director de la revista Cristianismo y Liberación, que se comenzó a editar en diciembre del '67.

El naciente sindicalismo de liberación, con líderes como Agustín Tosco, Antonio Alac y Atilio López, promovió levantamientos populares contra la dictadura en todo el país, como el Rosariazo, el Cordobazo, el Correntinazo, el Choconazo.

En el campo se organizaban las Ligas Agrarias, que reunían a los sectores más pobres en la lucha por la tierra.

Nunca más, después del Che, fue lo mismo ser intelectual revolucionario. Dan cuenta de esta transformación interior algunos testimonios de quienes corroboraron los dichos con sus vidas:


"Dicho más simplemente: nos cuesta a muchos eludir la vergüenza, no de estar vivos -porque no es el deseo de la muerte, es su contrario, la fuerza de la revolución, sino de que Guevara haya muerto con tan pocos alrededor. Por supuesto, no sabíamos; oficialmente no sabíamos nada, pero algunos sospechábamos, temíamos. ¿Fuimos lentos, culpables? Inútil ya discutir la cosa, pero ese sentimiento que digo está, al menos para mí y tal vez sea un nuevo punto de partida." Rodolfo Walsh (11)

"Ya no se le puede pedir órdenes a mi Comandante; ya no anda para seguir contestando; ya ha dado su respuesta. Habrá que recordarla, o adivinarla, o inventar los pasos de nuestro destino." Paco Urondo.(12)

Inventando los pasos de nuestro destino, muchos de aquellos guevaristas entregaron a la lucha lo más puro de sus sueños y de sus vidas. Muchos, como el Che fueron asesinados. El desafío al poder que provocó la generación de los años 70, fue castigado con el mayor genocidio de nuestra historia. El capitalismo se aseguró su futuro, liquidando físicamente a lo más activo y lúcido de aquella generación. Es por ello que resulta insostenible, el texto de Jorge Castañeda en el que afirma:

"El Che le entregó a un par de generaciones de las Américas, la herramienta para creer, y el ardor que nutre la audacia. Pero Ernesto Guevara también es responsable por la cuota de sangre y de vidas que se tuvo que pagar... Su muerte le permitirá ignorar cómo y por qué tantos universitarios de la emergente clase media de la región marcharon al matadero con toda inocencia. Pero sus errores constituyen culpas que pertenecen por lo menos parcialmente a su pasivo, deudas que se deben por lo menos en parte cargar a su cuenta. No fue el único responsable de los despropósitos guerrilleros de la izquierda latinoamericana, pero fue uno de los responsables."(13)

Penalizar a las víctimas, es una de las maniobras elaboradas por el sistema con el objetivo de castigar preventivamente todo intento de lucha y de subversión contra el ordenamiento capitalista. Responsabilizar al Che de la muerte de miles de jóvenes en nuestra Patria, es reiterar la teoría de los dos demonios; pero sobre todo, ocultar a los verdaderos responsables de estos crímenes: las clases dominantes argentinas y sus patrones del mundo neoglobal. Contra todo lo dicho por Castañeda, quienes vincularon sus vidas a un proyecto de emancipación del ser humano, abrieron con su sacrificio la posibilidad que hoy tenemos de pensar que no estamos condenados a vivir como esclavos.

Los guevaristas argentinos

y el dilema de la unidad

Mencioné a algunos compañeros que podríamos identificar como los primeros guevaristas argentinos, y señalé que provienen de diversas identidades y organizaciones políticas argentinas. Peronistas, cristianos, marxistas, que tuvieron distintas opiniones y prácticas sobre la coyuntura nacional, internacional y las tácticas a seguir. Compañeros que se desencontraron entre ellos a la hora de la lucha, que se encontraron como víctimas de la represión, y que fueron igualmente fieles al ejemplo, a la ética, y al humanismo que nos legó el Che. En este dato, diferentes identidades, distintas organizaciones, y una misma actitud frente a la vida, tal vez esté encerrado el dilema argentino, y el mayor desafío.

Es interesante observar cómo el mensaje del Che fue y es asumido desde diversas corrientes que intentan luchar por una sociedad nueva, revolucionaria, socialista. Esto nos habla del pensamiento del Che, y también de su práctica. Una síntesis de teoría y acción revolucionaria en la que los ideales fueron poniéndose por encima de los prejuicios, donde la búsqueda transformadora fue venciendo a las posiciones sectarias, donde el compromiso con el pueblo pudo más que cualquier dogma. El Che fue capaz de vincularse con las distintas corrientes políticas argentinas, sin otra condición de que estuvieran dispuestas a luchar; y en esa relación estableció las polémicas en las que pudo modificar concepciones erróneas de aquellos sectores, y también cambiar sus propias ideas. Era un diálogo real, sincero, sin tapujos, y mediado por una alta moral revolucionaria. Al mismo tiempo, la densidad ética de su ejemplo, logró conmover más que muchos discursos a miles de jóvenes argentinos. Sólo los que no comprendieron su mensaje pueden intentar cercar la fuerza de su ejemplo en el corralito de una organización, o de una sola manera de pensar al mundo.

El Che expresa la identidad rebelde capaz de contenernos a todos los que hoy, casi a fines del año 2.000 aspiramos no a copiarlo, sino a continuarlo. Y creo que si logramos percatarnos de ello, estaremos interpretando el sentido principal de su mensaje a los argentinos, realizado el 25-5-62, en un asado realizado en La Habana, en el que expresó un llamado a la lucha decidida, y a la unidad de todos los que formamos parte de esa lucha. En aquella oportunidad el Che, hablando en nombre del gobierno cubano manifestó:

"Todo es parte de una sola lucha; y es verdad cuando el imperialismo nos llama con un denominador común, porque aún cuando las ideologías cambien, aún cuando uno se reconozca comunista, o socialista, o peronista, o cualquier otra ideología política en determinado país, solamente caben dos posiciones en la historia: o se está a favor de los monopolios o se está en contra de los monopolios. Y, a todos los que están en contra de los monopolios, a todos ellos se les puede aplicar un denominador común. En esto, los norteamericanos tienen razón."

"Todos los que luchamos por la liberación de nuestros pueblos, luchamos al mismo tiempo, aunque a veces no lo sepamos, por el aniquilamiento del imperialismo; y todos somos aliados, aunque a veces no lo sepamos, aunque a veces dividamos nuestras propias fuerzas por querellas internas, aunque a veces por discusiones estériles dejamos de hacer el frente necesario para luchar contra el imperialismo; pero todos, todos los que luchamos honestamente por la liberación de nuestras respectivas patrias, somos enemigos directos del imperialismo. En este momento, no cabe otra posición que la lucha directa o la colaboración." (14)

El Che y el Partido Comunista Argentino

Es conocida la contradicción existente en aquellos años entre la dirección del Partido Comunista Argentino y las posiciones del Che. Numerosos dirigentes y militantes comunistas argentinos tuvieron la posibilidad de intercambiar opiniones, criterios y experiencias con el Che. Todos ellos recuerdan la sencillez y al mismo tiempo la convicción con que éste expresaba sus ideas, y los instaba a ser parte de la apertura de un nuevo frente de lucha contra el imperialismo. El dogmatismo, el sectarismo, y una gran dosis de soberbia, impidió al Partido Comunista modificar una línea oportunista de derecha, que lo conducía a la integración en el sistema de dominación, más allá del enorme sacrificio de la mayoría de su militancia.

Estas reflexiones autocríticas, que los militantes del Partido Comunista venimos desarrollando desde mediados de los años 80, con el objetivo de producir una profunda transformación en nuestra cultura política, tendiente a recrear una fuerza revolucionaria, nos obligan a volver una y otra vez al Che.

Al intentar ubicar los núcleos teóricos y políticos que determinaron esta política reformista, podemos analizar que sustentábamos un sistema doctrinario dogmático, que había despojado al marxismo de su inspiración subversiva y de su mayor aporte: la dialéctica revolucionaria. Desde enfoques mecanicistas sobre el cambio social, rendíamos culto a las llamadas condiciones objetivas, a la correlación de fuerzas dadas en la sociedad; subestimando el papel del factor subjetivo, y limitando en consecuencia nuestro aporte a la acción revolucionaria.

El Partido Comunista heredó del Partido Socialista Argentino del cual provenía un enfoque positivista, que impregnó de una visión metafísica y europeísta el análisis de nuestra realidad; y a su vez una perspectiva histórica liberal, que se alejaba sistemáticamente de los contenidos nacionales y antimperialistas que se iban formando en los combates populares.

El dogmatismo condujo a una adopción acrítica de los enfoques de la Internacional Comunista. Así por ejemplo en la etapa sectaria que predominó en las resoluciones de la Internacional, desde 1927 a 1932, que se expresaban en una política de "clase contra clase", el PCA definió al yrigoyenismo como "nacional fascismo"; con lo cual se inició un proceso de aislamiento del movimiento popular y de incomprensión del fenómeno del nacionalismo popular, que empezaba a expresarse en nuestro país.

Los enfoques "etapistas" sustentados por la Internacional, llevaban a concebir una primer etapa de la revolución de carácter democrático burgués, y una segunda etapa socialista; sosteniéndose en consecuencia una política de alianzas que privilegiaba el rol de la llamada "burguesía nacional". La adopción de las tesis browderistas, que decretaban la caducidad de la lucha antimperialista, completó la incapacidad de nuestro partido para interpretar las demandas de la sociedad, en momentos claves de cambio de la historia argentina, en los que se gestaba un nuevo nivel de conciencia de las masas, que fue canalizado por el peronismo. El doctrinarismo iba acompañado y a su vez se reforzaba por una débil inserción social en los sectores obreros y populares y en un fuerte desarraigo de la cultura popular. Los paradigmas movilizadores resultaban demasiado externos y estraños a la sensibilidad y a la conciencia de nuestro pueblo. La incomprensión del peronismo, acentuó un tipo de acción que combinaba un fuerte ideologismo, de proclama de los objetivos finales, con un practicismo economicista en lo cotidiano. Por ese mismo camino, se transformó el concepto de coexistencia pacífica y la idea de tránsito pacífico al socialismo, asumida por las Conferencias de los Partidos Comunistas en 1957, y 1960, en una adopción práctica de la vía pacífica para nuestro país a contramano del momento histórico latinoamericano, signado por el desarrollo y luego el triunfo de la revolución cubana y a contramano del momento histórico nacional, marcado por la resistencia peronista, y la formación posteriormente de las primeras guerrillas rurales y urbanas, así como el intento de prácticas insurreccionales por parte del movimiento popular.

Cuando indagamos en las causas de aquella desviación oportunista de derecha, ubicamos que esos criterios eran parte de un acervo cultural subsidiario del pensamiento desarrollado principalmente en la Unión Soviética, que había transformado al marxismo en un catálogo de creencias que sostenían y fundamentaban el inmovilismo. La posición del Partido Comunista Argentino tenía como base filosófica el materialismo vulgar premarxista, que confiaba el advenimiento de la revolución al determinismo de las supuestas leyes del desarrollo social. Aquellas posiciones condujeron a que el esfuerzo de tantos militantes comunistas, cuya entrega y sacrificio está fuera de toda discusión, no pudiera proyectarse en una propuesta capaz de revolucionar o de conmover el poder de las clases dominantes.

Es lógico que desde esas concepciones se chocara con el pensamiento del Che y con la experiencia de la revolución cubana, más aún en un momento en que la misma libraba una enorme batalla por que su impulso se extendiera más allá de sus fronteras, de manera de poder asegurar un nuevo tiempo de liberación continental. El argumento utilizado por los comunistas argentinos, para explicar lo que no cabía en el dogma marxista oficial de esos tiempos, era la "excepcionalidad de la Revolución Cubana". El sentido de esa afirmación era destacar lo irrepetible de su ejemplo, como una forma de negar su esencia: la subversión contra el sentido común conservador, contra el quietismo y la modorra del movimiento revolucionario, o como la calificara el Che, una verdadera "rebelión contra las oligarquías y los dogmas revolucionarios."(15)

Con el concepto del excepcionalismo de la revolución cubana polemizó Guevara en su artículo: "La revolución cubana, excepcionalidad histórica o vanguardia en la lucha contra el colonialismo"

"Analicemos, pues, los factores de este pretendido excepcionalismo. El primero, quizás, el más importante, el más original, es esa fuerza telúrica llamada Fidel Castro Ruz, nombre que en pocos años ha alcanzado proyecciones históricas... Y, ¿cuáles son las circunstancias excepcionales que rodean la personalidad de Fidel Castro? ... Tiene las características de gran conductor, que sumadas a sus dotes personales de audacia, fuerza y valor, y a su extraordinario afán de auscultar siempre la voluntad del pueblo, lo han llevado al lugar de honor y de sacrificio que hoy ocupa. Pero tiene otras cualidades importantes como son su capacidad para asimilar los conocimientos y las experiencias, para comprender todo el conjunto de una situación dada sin perder de vista los detalles, su fe inmensa en el futuro, y su amplitud de visión para prevenir los acontecimientos y anticiparse a los hechos, viendo siempre más lejos y mejor que sus compañeros."

"Con estas grandes cualidades cardinales, con su capacidad de aglutinar, de unir, oponiéndose a la división que debilita; su capacidad de dirigir a la cabeza de todos la acción del pueblo; su amor infinito por él, su fe en el futuro y su capacidad de prever, Fidel Castro hizo más que nadie en Cuba para construir de la nada el aparato hoy formidable de la Revolución Cubana.(16)

Los otros dos factores de excepcionalidad que apuntaba, eran que el "imperialismo norteamericano estaba desorientado, y nunca pudo aquilatar los alcances verdaderos de la Revolución Cubana" y que "extremando las cosas podemos agregar un nuevo factor de excepcio-nalidad, y es que en la mayoría de los lugares de Cuba, el campesino se había proletarizado por las exigencias del gran cultivo capitalista semimecanizado, y había entrado en una etapa organizativa que le daba una mayor conciencia de clase."

Posteriormente, analizaba los factores comunes a todos los pueblos latinoamericanos, "las contradicciones que madurando en el seno de las sociedades actuales, provocan cambios que pueden adquirir la magnitud de una revolución como la cubana." Entre estos factores ubicaba al "latifundio y su alianza con los monopolios, especialmente con el imperialismo norteamericano. El subdesarrollo, consecuencia de la dependencia y del latifundio,y origen de los bajos salarios, el desempleo y el hambre del pueblo". De lo que concluía que existían las condiciones para iniciar una lucha revolucionaria más decidida en el conjunto de los países de Latinoamérica, incluida la Argentina. Y entonces apelaba al rol del factor subjetivo, a la conciencia y a la convicción de los revolucionarios, y al rol de los dirigentes:

"Eso compañeros, el que se repita la experiencia histórica del 25 de Mayo en estas nuevas condiciones, depende nada más que del pueblo argentino y de sus dirigentes. Es decir, depende de ustedes en cuanto pueblo y en cuanto dirigentes. De tal manera que también una gran responsabilidad cae sobre ustedes. La responsabilidad de saber luchar y saber dirigir a su pueblo, que hace tiempo está expresando, de todas las maneras concebibles, su decisión de destruir las viejas cadenas y de liberarse de las nuevas cadenas con que amenaza amarrarnos el imperialismo."(17)

La incomprensión de las lecciones fundamentales que surgían de la Revolución Cubana, a pesar de la enorme solidaridad que los comunistas argentinos desarrollaron con la misma, tuvo como corolario el desencuentro con las organizaciones revolucionarias que se formaron bajo su impacto. Por ese camino se abonó la división de las fuerzas populares. Es necesario señalar también que el sectarismo, el hegemonismo, el vanguardismo, son problemas inherentes a la mayor parte de la izquierda en la Argentina, y que sus consecuencias en la vida política y social del país son trágicas.

Me he detenido en el análisis de las posiciones y enfoques que condujeron a la desviación reformista del Partido Comunista, no sólo por responsabilidad autocrítica; sino también porque es necesario señalar que el reformismo es un fenómeno que tiene profundas raíces en el pensamiento social argentino. Y hoy encontramos que muchas de las concepciones que sustentaban los comunistas, y que fueron motivo de polémicas con el Che, ahora son asumidas, sin beneficio de inventario, por diversos sectores políticos que vuelven a concebir un proceso transformador (ya no hablan de revolucionario) por etapas; y en el cual se trataría de plantear una etapa de carácter democrático y decididamente burgués, ya que el socialismo habría pasado al index de la historia. Se argumenta también contra cualquier experiencia de ejercicio de la violencia popular, con la pretensión de que la misma "desestabiliza a la democracia", creándose la ilusión de que se podrán obtener cambios profundos en el poder, sin la resistencia violenta de las clases dominantes y por un camino de acumulación de fuerzas limitado exclusivamente a los marcos de la institucionalidad burguesa. Se propone como 'alternativa' al neoliberalismo, un sistema de alianzas claramente hegemonizado política, ideológica y socialmente por la burguesía que promueve, en el mejor de los casos, la utopía reaccionaria de la humanización del capitalismo. Una vez más el reformismo se escuda en un frío economicismo, en una sobredeterminación de los factores geopolíticos, interpretados como elementos decisivos para posponer cualquier intento revolucionario.

Estos argumentos, que se pretenden esgrimir desde una supuesta izquierda "posmoderna" no son más que una bastante vulgar repetición de los viejos argumentos de la izquierda dogmática, que en el caso de los comunistas argentinos estamos intentando transformar a partir de una práctica que aspira a afirmarse en la búsqueda de caminos de lucha, desde el corazón de nuestro pueblo.


La vigencia del pensamiento del Che

Es evidente que no podemos analizar la vigencia del pensamiento del Che, sin considerar los profundos cambios sociales, políticos y culturales producidos en el mundo en estos 30 años. Sin embargo, quiero señalar la pertinencia de algunos enfoques esenciales que tienen una gran riqueza aún en este nuevo tiempo histórico.

Creo que es de absoluta vigencia la prédica del Che sobre la creación del hombre nuevo, como condición para la realización de cualquier proyecto transformador. La necesidad de construir una cultura opuesta a la que reproduce la dominación, como forma de ir forjando las premisas de un poder popular, implica nuestra transformación completa como militantes, como mujeres y hombres.

La relación hombre nuevo, nueva mujer, organización nueva y nueva sociedad, es el eje que tenemos que recomponer como condición para conformar un proyecto revolucionario alternativo.

El hombre nuevo, propuesta a la que el Che consagró su vida, es la conjugación de los valores que niegan la cultura enajenante del capitalismo de fin de siglo; y para ello tendremos que rescatar nuestra identidad, recuperar la dimensión de la solidaridad, despreciar la prédica del egoísmo y del sálvese quien pueda. La creación del hombre nuevo y de la nueva mujer, resulta tanto o más difícil en un momento en el que el origen de la contrarrevolución conservadora en el mundo, ha estado centrado en el terreno ideológico y cultural. Se ha impuesto una manera de ver la vida de todos y la de cada uno, desde la fragmentación y la impotencia.

Una clave del pensamiento del Che fue la batalla contra la alienación, y contra todo tipo de dominación. En esta perspectiva se inscribe la prédica del actual feminismo de liberación y sus esfuerzos por la creación de una nueva mujer, protagonista plena de la historia junto al hombre, y preparada para enfrentar tanto la lucha contra la explotación capitalista como la batalla cultural contra el machismo, factor que actúa como reproductor y aliado de la dominación clasista.

El desarrollo de una nueva pasión transformadora, de una nueva subjetividad, empieza a advertirse como signo de tiempos futuros, en la generación que ingresa a la vida activa, aspirando a ser parte fundamental de la lucha por la dignidad, y abrazándose para ello al Che, reapropiado de acuerdo a códigos propios e intrans-feribles. La generación de los 90, hija cultural, y en algunos casos biológica, de aquellos primeros guevaristas, no encuentra en el Che lo mismo exactamente que sus padres. Sin embargo es similar la conmoción que les produce su figura, y la fuerza con que se aferran a su imagen.

En el vínculo posible entre la generación del '70 y la del '90, que la dictadura se preocupó tan meticulosamente en cortar de raíz, tal vez resida la posibilidad de un nuevo impulso revolucionario que llegue más lejos; nacido de la recuperación de los valores que inspiró la lucha en los '70 (encarnados paradójicamente en la imagen del Che) y apoyado en la experiencia dura pero aleccionadora, y en la cultura política acumulada en estas décadas.

La generación de los '90 puede sacar sus propias conclusiones (y las saca) de la experiencia de las dictaduras y también de lo que le ofrecen estas democracias maniatadas; de las posibilidades y límites de la lucha armada, y de los alcances y dificultades que se presentan en la lucha institucional.

Si es cierto que este extenso y profundo debate (a cuya sistematización nos ayuda también el Che en su anivarsario, en la multiplicación de cátedras y seminarios), logra conjugarse con un reimpulso de la lucha popular que empieza a insinuarse en todo el país, habrá posibilidad seguramente de crear nuevos caminos, más firmes y a la vez más audaces, para dar perspectivas a los sueños libertarios de todos los tiempos.

La juventud de los '90, protagonista de esta apuesta, podrá ser la que contribuya a recuperar energía combativa a aquellos sectores que, remando contra la corriente en estos difíciles años, no se rindieron, pero sí se cansaron de pelear en soledad.

Recuperar la historia, desde una clara participación en la historia actual es un desafío para quienes aspiramos a transformar activamente la realidad en que vivimos.

La creación del hombre nuevo, de la nueva mujer; implica una labor constante de formación de conciencia, de diálogo, de valores, realizado en el marco de una confrontación cada vez más decidida y enérgica contra los poderes que nos oprimen y enajenan. Una cotidiana batalla por una nueva ética, que no se reduzca al mandato de no robar, o de no ser parte de la cadena de corrupción en la que pretenden enganchar hasta al último hombre y mujer como forma de asegurar su complicidad con el sistema. Una ética basada en la lucha, en la acción colectiva para transformar las condiciones de existencia de la humanidad; una ética basada en el protagonismo, y en el respeto inalienable por la dignidad, la libertad, y la solidaridad.

Desde el Mensaje del Che a los argentinos, hasta la actualidad, la división de la izquierda y del movimiento popular en Argentina continúa, y la disgregación de nuestras fuerzas se ha acentuado. La derrota que sufrimos, y que se cimentó con el genocidio, tiene que llamarnos la atención sobre las nefastas consecuencias de las conductas de numerosos sectores de izquierda, tanto en el plano político como social, atrincherados cada uno en su verdad absoluta, en su autoproclamación como vanguardia, en su negación de lo diferente, en su condena al pensamiento crítico, en su dificultad para respetar la pluralidad inherente al movimiento popular; en cuya riqueza reside la posibilidad del crecimiento colectivo. La organización nueva, será la que pueda contribuir a reunir los ideales, las capacidades y la mística necesarios para promover una cultura basada en la unidad, la rebelión y la resistencia. Será seguramente el resultado del encuentro de los revolucionarios argentinos provenientes de diversas experiencias y tradiciones combativas en la Argentina.

La nueva sociedad será conclusión de una compleja construcción colectiva, plagada de contradicciones. El socialismo no será principalmente una forma superior de distribución de la riqueza, ni será principalmente un modo de producción, sino como lo propuso el Che, un hecho de conciencia. Será el triunfo de una cultura opuesta a todo tipo de explotación, a todo tipo de dominación, y a todo tipo de discriminación.

El socialismo como proyecto, deberá aprender de todos los reveses sufridos en la lucha mundial contra el capitalismo, y entonces emergerá como una sociedad infinitamente más justa y más humana, resultado de la acción conciente y planificada de los hombres, y no del juego del mercado capitalista, basado en la explotación de unos hombres por otros. Será una sociedad en el que el verdadero protagonista será el ser humano, en una lucha intransigente, individual y colectiva, contra todos los factores que promueven su alienación. El socialismo nacerá del dolor que produce todo aprendizaje, y sobre todo aquél que tiende a modificarnos íntegramente, conmoviendo inclusive los datos originales constitutivos de nuestra identidad. No será, tal como pudo idealizarse, el paraíso en la tierra, y tampoco el fin de la historia; sino un momento de crecimiento colectivo, desde las mismas raíces de nuestra cultura popular, y de nuestra historia.

El socialismo que pueda germinar en América Latina será, en la perspectiva guevarista, un momento del combate mundial por el fin de la explotación y de la dominación capitalista, en todo el planeta. Serán necesarios para ello, más de dos, más de tres Vietnam; más de dos, más de tres Cuba; y sobre todo, la pureza y la energía del Che, de Fidel, de Ho Chi Minh, de Salvador Allende, multiplicadas en los jóvenes de este tiempo, que siguen siendo, "la arcilla fundamental de nuestra obra".(18)


Notas

1. El Che y los argentinos. Claudia Korol. Ediciones Dialéctica.

2. La vida en rojo. Jorge Castañeda. Ediciones Espasa

3. John William Cooke fue dirigente de la resistencia peronista, delegado personal de Perón, y fundador de la corriente revolucionaria del peronismo. Combatiente en Playa Girón presidió la delegación argentina a la OLAS.

4. John William Cooke. Apuntes sobre el Che. Revista Compromiso. Buenos Aires. n 3. Recopiladas y con prólogo de Alicia Eguren.

5. Jorge Ricardo Masetti. Periodista argentino. Fue el primero que entrevistó a Fidel y al Che en Sierra Maestra, publicando luego el libro "Los que luchan y los que lloran". Fue fundador de Prensa Latina. Combatió en Argelia, y luego vinculado al proyecto del Che, intentó establecer una guerrilla en Salta, en la que fue conocido con el nombre de "Comandante Segundo". Localizada la guerrilla en 1964, sus restos desaparecieron en la selva y nunca fueron encontrados.

6. Alicia Eguren, compañera de John William Cooke, dirigió junto a él a los sectores revolucionarios del peronismo. Desapareció durante la última dictadura militar. Fue vista por última vez en el campo de concentración de la Escuela Superior de Mecánica de la Armada.

7. Idem cita 4

8. El ELN luego constituyó las FAR, (Fuerzas Armadas Revolucionarias), que confluyeron en la formación de Montoneros. Roberto Quieto fue asesinado por las FF.AA. en 1976. Marcos Osatinsky fue asesinado en un "traslado" de una cárcel a otra en 1975, por efectivos policiales.

9. Roberto Santucho fue Secretario General del Partido Revolucionario de los Trabajadores, y comandante en jefe del Ejército Revolucionario del Pueblo. Fue asesinado en combate, el 19 de julio de 1977. Su cuerpo todavía no pudo ser recuperado por sus familiares y compañeros.

10. María Seoane. Todo o Nada. En relación a la ruptura de Santucho y Nahuel Moreno informa: En una reunión del Comité Central del PRT -la máxima instancia política- realizada en La Plata en enero de 1968, Moreno se opuso nuevamente al inicio de la actividad guerrillera. El líder trotskista argumentó que el Che había sido derrotado porque su movimiento se basaba "en la clase media desesperada y los lúmpenes. El mejor aporte que se le puede hacer a la revolución latinoamericana, aquí en la Argentina, es volcarse masivamente a la lucha sindical." Y que dadas las condiciones de parálisis política, el PRT tenía que protegerse nadando en dicha actividad sindical. "La clase dirá. Ni nosotros ni los activistas somos quienes para imponer una forma de organización". La lucha recién comienza. Nahuel Moreno. Folleto editado en Buenos Aires en 1966

11. Rodolfo Walsh. En Revista Casa de las Américas 206. Enero-Marxo de 1997

12. Paco Urondo. En Revista Casa de las Américas 206. Enero-Marzo de 1997

13. Idem cita 2

14. Ernesto Che Guevara. Mensaje a los argentinos. Publicado en el libro "El Che y los Argentinos". Cita 1

15. Diario del Che en Bolivia. Asi se refirió al significado del 26 de julio en su diario.

16. Cuba, excepción histórica o vanguardia en la lucha contra el colonialismo? Ernesto Che Guevara. Obras escogidas.

17. Mensaje a los Argentinos. Id. cita 15

18. Ernesto Che Guevara. El socialismo y el hombre en Cuba. Obras escogidas.

Claudia Korol integra la comisión política del Partido Comunista de Argentina

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