nro. 10
El Che, imagen del pueblo
Roberto Fernandez Retamar

"Si hay que morir, que sea como Sandino", peleando, "y no como Manuel Azaña", escribió Ernersto Guevara a principios de 1954. Se encontraba en la Guatemala amenazada por la agresión estadounidense que poco después aplastaría al régimen progresista de aquel país, experiencia que a él iba a serle fundamental. Tenía entonces menos años que su fraterno compañero de la Sierra Mestro Camioo Cienfuegos cuando éste pereció en 1959. Y quizá pudiera decirse de aquel joven médico argentino, a quien sus amigos cubanos empezaban a llamar che, lo que éste dijo de Camilo al dedicar a su memoria, en 1960, el libro La Guerra de Guerrillas: "No vamos a encasillarlo, para aprisionarlo en moldes, es decir, matarlo, Dejémosle así, en líneas generales, sin ponerle ribetes precisos a su ideología socioeconómica, que no estaba perfectamente definida; recalquemos, Si, que no habido en esta guerra de liberación un soldado comparable a Camilo [...] En su renuevo continuo e inmortal, Camilo es la imagen del pueblo."

Creo que algunos puntos de este juicio iban a seguir siéndole aplicable al propio Che hasta el fin de su vida. Es cierto que "su ideología socieoeconómica" fue enriqeuciéndose y perfilándose de manera constante. Pero incluso en 1964, cuando ya había hecho aportes notables al marxismo, el Che pudo escribir a Charles Bettelheim: "Un poco más avanzado que el caos, tal vez en el primero o segundo día de la creación, tengo un mundo de ideas que chocan, se entrecruzan, y, a veces, se organizan. "Que no nos confunda esa risueña alusión al caos, tan propia de su

sobrador carácter argentino. Lo que el Che proclama en esas plabras es su derecho a crecer. No temerá que unos lo tomen por rígido y otros por soñador; no temerá discutor con quien fuere, y, llegado el caso, consigo mismo; no temerá rectificar. Su pensamiento se mantuvo abierto, en perpetuo desarrollo. Por tanto, compañeras y compañeros, "no vamos a encasillarlo, para aprisionarlo en moldes, es decir matarlo". Recordemos, en cambio, que "en su renuevo continuo e inmortal" también el Che es la imagen del pueblo.

Porque se sabía imagen del peublo, ante una de las muchas situaciones dificiles que afrontó, había exclamado, como ya recorde: "si hay que morir, que sea como Sandino". Dos años después de esas palabras, en 1956, al ir a embarcar hacia Cuba "con la frente plena/de martianas estrellas insurrectas", añadió en México, en su "Canto a Fidel":

Y si en nuestro camino se interpone el hierro,
pedimos un sudario de cubanas lágrimas
para que se cubran los guerrileros huesos
en el trásito a la historia americana.
Nada más.

Aquellos "si" conjeturados en guatemala y México se hicieron realidad hace veintinueve años en Bolivia. Y "en el tránsito a la historia americana", sus huesos guerrilleros, extrañamente dispersos, tuvieron, tienen un sudario de lágrimas no solo cubanas sino de todo el planeta. glosando el verso vallejiano, su cadáves está lleno de mundo. A la radiante luz que brota de él nos reunimos este 8 de octubre, en que más que conmemorar una caída venimos s dar nuevo testimonio de la unificadora y entusiasta fuerza moral que recibimos del Che. Y esto que digo no es en absoluto una vaga generalidad. En 1965 Luis Franco publicó en la Argentina un libro sobre la Revolución Cubana que tituló Espartaco en Cuba y dedicó al Che. Es notorio que el Che tomó partido por las masas oprimidas no solo de nuestra América sino del mundo todo, por los movimientos de liberación, por las luchas sociales. En consecuencia, dada la época que le toco, abrazó ardientemente el antimperialismo y asumió las más radicales posiciones de izquierda, despreocupado de marbetes. Vivió urgido por saber, pero de espaldas a todo vano torneo intelectual. No le preocupaba estar al día: lo que le preocupaba era ofrecer al mediodía de la justicia el caudal de sus conocimientos. Y la justicia le reclamó vincularse con los humillados y ofendidos, echar su suerte con los pobres de la tierra. En otras condicones, hubiera peleado entre los esclavos que lo hacían junto a Espartaco; hubiera sido de los seguidores del hijo del carpintero que desafiaron al Imperio Romano, de los campesinos agrupados en torno a Thomas Munzer; en Tenochtitlán, en el Arauco no domado en muchos sitios de Africa y Asia se habría batido contra los bárbaros invasores llegados de Europa; hubiera sido un fiero cimarrón en América y un vehemente jacobino en Frnacia; Túpac Amaru, L’Ouverture, Bolivar, Hidalgo, Artigas habrían contado con él para las hazañas más riesgosas; habría cruzado los andes junto a San martín; en Ayacucho, su nombre sería Sucre; habría sido compañero de Garibaldo en Italia y comunero en París; hubiera estado en la guerra de Martí, invadiendo la Isla como Gómez y Maceo (asi iban a hacerlo él y Camilo en 1958); habría combatido contra los yznquis en las Filipinas, cabalgando entre los hombres de Zapata, atravesando Brasil el Caballeto de la Esperanza, sucumbido junto al crucificado Charlemagne Peralte, Mella, Farabundo, Sandino y Guiteras; como Jhon Reed, con palabras de fuego hubiera trasmitido los grandiosos días rusos de 1917 que estremecieron al mundo; en China, se le habría visto en la Larga marcha; habría integrado, hace ahora sies décadas, las Brigadas Internacionales en defensa de la República Española. No proclaman otra cosa su biografía, que pareciendo imaginaria es sin embargo toda verdad, su batalla sin final entre los condenados de la Tierra.

Me alegra particularmente que este homenaje tanga lugar en el país que vio nacer al Che. quienes han visitado Cuba habrán comprobado el orgullo y la devoción con que allí se guarda su memoria, los muchos centros de trabajo y de estudio, plazas y lugares diversos que se honran con su nombre o su efigie, el ahinco con que se estudia su obra y el respeto con que se evoca su ejemplo. Nada ni nadie podrá quitarnos a quien, en su carta de despedida a Fidel escribió: "en los nuevos campos de batalla llevaré la fe que me inculcaste ,el espiritu revolucionario de mi pueblo [ ... ] que en donde quiera que me pare sentire la responsabilidad de ser revolucionario cubano, ycomo tal actuaré " . Pero quienes tuvimos la felicidad de haberlo conocido siquiera un poco, sabemos que, sin contradiccion en lo anterior,el che fue siempre, hasta sus últimos días Argentino. Es claro que era una criatura ecuménica , y tienen que haberlo complacido en lo hondo las palabras cómo las de Martí "patria es humanidad ".

Pero esas palabras no están reñidas con el cariño y la gratitud de la tierra formadora, como lo muestra el propio Martí, cuya vida de servicio universalesta signada por el profundo amor a la patrtia. Y la formación inicial del che, ésa que hace los huesos del cuerpo y del espíritu, la recibió en Argentina, lo que por supuesto no niega que después se haya enriquecidoconsiderablemente. A quienes dicen que el che vivió aqui poco tiempo, debo responderles que estuvo en Argentia mucho más años que Martí en Cuba; a quienes han recordado que luchó en otros paises e incluso murió fuera de aquel donde nació, añadiré que otro tanto ocurrió con San Martín. y esa es la estirpe del Che. Desde luego, no pensamos en las caricaturas que de nuestros próceres nos han dejadolas oligarquías respectivamente, sino en sus rostros genuinos, que los pueblos conservan y revelan.

Además, Argentina no estuvo sólo en el pasado del Che : estuvo en su presente, y él quería que también estuviera en su porvenir. Son bienes conocidaos sus vínculos con luchadores cómo Masetti y Cooke; su simpatía por intelectuales cómo Martínez Estrada y María Rosa Oliver, me cupo el honor de publicar páginas de uno de otra (cómo de tanto más ) sobre el Che. En el bellísimo texto que le consagró don Ezequiel , éste dijo, al dar testimnio de un encuentro: "¿ DE que conversamos ?"de Argentina, de personas, lugares y cosas que ambos conocimos y que están donde estaban. Los dos conservamos de allá un bandera no mansillada que podemos desplegar a cualquier parte. " María Rosa, que en 1973 me escribió que el Che era la persona que más, admiraba y quería, evocó asi su propio encuentro, realizado en 1964: "[ El Che ] se refería con trémula ternura e ilimitada a Camilo Cienfuegos: ¡ Tan lindo el sastresito!

, exclama empleando, como el gaucho, la palabra ‘lindo’ para designar todas las exelencias [....] y más tarde, cuando, desde hace rato, el tema es nuestra tierra natal, golpea nuedtra rodilla y me pide: ‘bueno, por favor, no me hables más de la Argentina‘ ‘¿ porqué, si usted la quiere mucho ?’ ‘¿ por eso mismo" ¿ y cómo pasad por alto que el nuevo ejército Bolivariano, de impronta socialista, que el Che estaba organizando al morir, se encrontraba a las puertas de la Argentina ? A raíz de su asesinato en Bolivia, en una carta conmovedora que también tuve el privilegio de dar a conocer, aquella mujer estraordinari que fué Haydeé Santamaría, quién lo quiso con el alma, y le escribió: "¿ Te acuerdas ? , me lo prometiste en la Sierra, me dijiste: no extrañarás el café , tendremos mate. No tenías fronteras, pero me prometiste que me llamarías cuando fuera en tu Argentina, y cómo lo esperaba, sabía bién que lo cumplirías. Yá no puede ser, no pudiste, no pude." Que la Argentina se enorgullezca de su Che y lo reincorpore a su historia, es fundamental y no enriquece a todas y a todos.

Los temas de este seminasrio tiene que ver con el legado del Che. Aunque no me corresponde estenderme sobre ello, voy a terminar diciendo algo del neolibelralismo, las utopías y el Che. A proposito del neoliberalismo, que es el aspécto que de un tiempo a esta parte a asumido el capitalismo real, especialmente al ser descerrajado sobre los que ahorta nombran el sur, explicó no hace mucho Susan George que "la terminología puede prestarse a confusión. En EE.UU. un neoliberal se llama neoconservador ( o Neo Con), ya que en ese país un "liberal"es más bien alguien de izquierda: en todo caso, alguien que vota por los demócratas ". Sea como fuere, llama la atencion que en una época en la cual se ha puesto tanto énfasis en los "pos", se halla abierto camino ese resonante "neo". Es verdad que ni los "pos" indican que lo que se nombra a continuación haya quedado nercesariamente atrás, ni ese "neo" garantiza novedad esencial alguna. En 1993 León Rozitchner mencionó en la Argentina a " esta realidad llamada post-moderna del neoliberalismo ", añadiendo: " Dejad afuera toda esperanza, ustedes que entran en el post-modernismo, nos dicen: piensasn como triunfadores. Post-modernismo es para ellos igual a post-Marxismo ". También en 1993, fecha que resultó crucial, Derrida reveló que presentes estaban los " espectros de Marx". En impugnaciones de esa naturaleza se ha venido insistiendo en años recientes, y habrá que hacerlo cada vez más. Por eso es alentador que este seminario se haya convocado para aboradar la crisis del neoliberalismo. Esa crisis es visible en la realidad historica y en las meditaciones sobre ellas. Y el Che contribuirá a esta pelea. Cuando en 1961 estuvo unos días en la Argentina, venía de Punta del Este, donde había desenmascarado la Alianza para el Progreso, añagaza entonces flamante. Con mordacidad anunció que, a lo más, ella prometía para nuestros pueblos un paraiso de letrinas. Hace tiempo que aquella supuesta alianza para un supuesto progreso yace en el basural de la historia. Otras tramposas denominaciones similares le siguieron, y corrieron igual destino. El neoliberalismo, en crisis irremisible, esta maduro para unirseles.

En cuanto a las utopias, todos sabemos como han reverdecido no solo frente a las catastrofes del capitalismo real, sino también frente a las del socialismo real,que ya se percibia antes de la famosa caida. Con respecto a esta última a esto ultimo, muchas veces y muy beligerantemente dijo el Che, que vencer al capitalismo con sus propios fetiches era empresa dificil, si no imposible. El tiempo le daria dramaticamente la razón.Por eso pudo hablarse con ironia del paso del "socialismo cientifico al socialismo utopico ". Ahora bien: hay utopias y utopias: positivas (eutopias) y negativas (distopias), concretas y vigorosas ( o, para usar un vocablo del dia, ligth). Nada tiene que ver el Che con los segundos términos de estas parejas. Pero sí con las eutopias concretas, realizables. En ellas pensaba Pedro Henriquez Ureña cuando pronunció en La Plata su memorable conferencia "La utopia de América" que en 1925 publicara conjuntamente con otro texto suyo fundamental: " Patria de la justicia". Rafael Gutiérrez Girardot escribió en 1984:" Pedro Henriquez Ureña, hijo de Santo Domingo y de Cuba, sembró sus semillas utopicas en Argentina ( y) Ernesto Che Guevara las entrego a Cuba". De allí, éste las espació por el vasto mundo, donde tarde o temprano, si la humanidad tiene porvenir, sus mejores integrantes van a hacerlas encarnar en la historia.


Nota de pie

* Leído en BS.AS el 8 de Octubre de 1996, en el acto en homenaje al Che con que se inició al Seminario Continental Crisis del liberalismo y vigencias de las utopias en la América Latina

Roberto Fernandez Retamar es director de Casa de las Américas

Enviar noticia