nro. 10
América Latina: crisis del capitalismo y vigencia del socialismo

Roberto Regalado Alvarez

La desaparición del llamado socialismo real no sólo provocó la crisis de los paradigmas; de los partidos de izquierda cuyo referente era la Unión Soviética. Una ola reaccionaria impuso los dogmas de que el capitalismo es eterno, que la globalización neoliberal es la consecuencia inevitable de la Revolución Científico Técnica y que todas las naciones están obligadas a se a ella. Según estas falacia, después de un periodo de severos ajustes, los países no desarrollados que aplicaran el modelo podrían ingresar al Primer Mundo.

En su obra "El socialismo y el hombre en Cuba", el comandante Ernesto Che Guevara, dijo:

"El capitalismo recurre a la fuerza, pero, además educa a la gente en el sistema.

La propaganda directa se realiza por los encargados de explicar la ineluctabilidad

de un régimen de clase, ya sea de origen divino o por imposición de la naturaleza como ente mecánico. Esto aplaca a las masas que se ven oprimidas por un mal contra el que no es posible luchar"

En estos últimos años, la avalancha ideológica neoliberal ha sido de tal magnitud, que incluso ejerce una influencia determinante en la producción teórica y en la práctica política de diversos sectores de la izquierda. Con diferentes matices, se afianzó la idea de Revolución Social es irrealizable-- o lo es solo a muy largo plazo--, por lo que es necesario adaptarse a las reglas del capitalismo y tomar distancia del lenguaje y los programas radicales. Algunos renunciaron al socialismo, mientras que otros diluyen su esencia y lo convierten en una especie de capitalismo idílico, dentro del cual será posible satisfacer los intereses del conjunto de la nación. según estos conceptos, el sistema liberal burgueses democrático y capaz de garantizar el respeto a los derechos humanos al menos los derechos políticos y ciudadanos. De acuerdo con esta lógica, la política electoral se convierte en la única prioridad real, con el objetivo de conquistar espacios en las legislaturas, gobiernos provinciales y locales, así como--eventualmente-- llegar al ejercicio del gobierno dentro de parámetros estrechos que, de antemano, se sabe que no permitirán el cumplimiento del programa de profundas transformaciones políticas, económicas y sociales que demandan los pueblos. Argumentan que a lo que más se puede aspirar es a moderar los excesos de las políticas antipopulares y que los oprimidos deben seguir cediendo paulatinamente, porque corren el riesgo de perderlo todo.

Permítanme , en este punto, afirmar categóricamente que el ámbito electoral es un frente de lucha legítimo y muy prioritario para la izquierda, como también lo son las alianzas con otros sectores. El problema es elecciones para qué, cuáles son los objetivos de las alianzas, sobre qué bases se establecen y qué papel juega la izquierda dentro de ellas. Estamos convencidos de que es imprescindible aprovechar todos los espacios y posibilidades existentes, pero siempre con una proyección estratégica de defensa de los intereses populares.

El énfasis extremo y excluyente en la política electoral dicta a algunos sectores de la izquierda la necesidad de "correrse al centro". Su relación con los movimientos sociales y con las bases partidaria deviene --de hecho-- en algo instrumental: los utilizan para movilizar a los votantes considerados cautivos, pero con miras a hacer concesiones a ciertos grupos dominantes, cuyo apoyo es que el supuestamente se necesita captar. Esta actitud genera descontento y abstencionismo en los sectores populares, provoca la desconfianza del centro y estimula la agresividad de la derecha, para la cual, quien provenga de la izquierda, jamás terminará de expiar sus culpas. Afirman que son ideas modernas y están sustentadas en una interpretación científica de los nuevos tiempos. Según los propulsores de estas corriente, quienes no renunciamos a la construcción del socialismo, estamos aferrados a ideas obsoletas y somos incapaces de interpretar la realidad circundante, pero ¿quién tiene realmente una interpretación moderna y científica de las tendencias mundiales?.

El electoralismo a ultranza repercute en un distanciamiento aún mayor de esta izquierda del vórtice de las luchas populares contra el neoliberalismo. De esta manera, surgen y se consolidan nuevos movimientos sociales independientes en las bases, que se colocan objetivamente en la vanguardia de la batalla contra el modelo. Estos movimientos desplazan a la izquierda y asumen por si mismos la función de intermediación política.

¿Será verdad que el sistema político imperante en la región es sólido y garantiza el futuro? ¿será cierto que se avanza hacia la consolidación de una democracia imperfecta, pero perfectible, dentro de la cual la izquierda podrá funcionar en igualdad de condiciones, llegar al gobierno y cumplir un programa de beneficio popular?.

Desde hace más de quince años los ideólogos del capitalismo lanzaron una ofensiva mundial para despojar a la izquierda de dos de sus banderas históricas, democracia y derechos humanos, y las incorporaron como supuestos elementos compatibles con el capitalismo y el neoliberalismo. En la actualidad, frente a los síntomas de incremento de la crisis económica, política y social, pretenden nuevamente tomar la iniciativa para mediatizar otros reclamos populares. Ahora hablan de un Estado redistribuidor y de la necesidad de políticas sociales que promuevan el desarrollo humano, al tiempo que condenan la desigualdad y la pobreza. ¿Acaso no nos explicaban hasta hace poco que la economía imponía un límite? ¿no nos decían que ese limite hacía inevitable que una parte creciente de nuestras sociedades quedase condenada a un eterno estatus infrahumano? ¿como explicar que nuestro subcontinente es el que registra el mayor índice mundial de crecimiento simultáneo de la riqueza y la pobreza?. Si hay mas riqueza: ¿por qué tiene que haber mayor pobreza? ¿será cierto que la economía impone tal limite al desarrollo humano o es que el límite lo impone el deseo de elevar las tasas de ganancia a cualquier costo? ¿es este el entorno "moderno" que le permitirá a la izquierda construir la democracia, con justicia social y desarrollo sostenible?.

¿Cuáles son los resultados de las políticas noliberales en dos décadas de su aplicación en América Latina?. El neoliberalismo en los años ochenta usurpó colosales recursos financieros que, sumados a la fuga de capitales, al intercambio desigual y a las fraudulentas operaciones comerciales de las transnacionales en sus exportaciones e importaciones, sobrepasan la cifra de loa $600 mil millones. La deuda externa se incrementó a tal punto que asfixió financieramente a las naciones, cercenó su ahorro interno, sustrajo enormes recursos de la inversión productiva y el desarrollo económico, sirvió para que el capital financiero internacional se apoderara de bienes productivos estratégicos y de los principales recursos naturales de la región, promovió la especulación financiera, concentró mas aún la propiedad y el ingreso en manos de corporaciones extranjeras, produjo una mayor desindustrialización y generó quiebras masivas de empresas nacionales, al mismo tiempo que agudizó la recesión y potenció la inflación.

En los años noventa, bajo el pretexto de la lucha contra la inflación y en favor de la estabilización, el neoliberalismo amplió la desregulación y liberalización económica unilateral, sobrevaluó artificialmente las monedas nacionales, vulneró la soberanía monetaria de muchos países --al imponerles el patrón dólar--, continuó la expulsión del Estado del sector social de la economía, sacrificó la educación y la salud, hipertrofió las importaciones -que agudizaron las quiebras y la desindustrialización-, agravó el carácter primario exportador de la región, incrementó el déficit comerciales y en cuentas corrientes --lo cual repercutió en un incremento ulterior de la deuda externa e interna, tanto pública como Privada-- y aplicó una política artificial de crecimiento, subsidiada por los carriles especulativos del capital "golondrina" internacional que inauguró un nuevo ciclo de especulación financiera, consolidó el poderío transnacional en el poderío transnacional en el subcontinente y ahondó el desempleo, la pobreza y la marginalidad.

Independientemente de los diferentes grados de agotamiento del neoliberalismo, su crisis ea ya evidente. Hasta dirigentes políticos y gubernamentales, economistas, científicos sociales y funcionarios de instituciones Internacionales y regionales tanto de Europa, como del continente americano --quienes hasta hace poco predicaban y aplacaban sus recetas-- toman hoy una distancia prudente y afirman que "se fue demasiado lejos". Para ellos está claro que necesitan un discurso diferente, pero que no altere el patrón de acumulación.

Con su lenguaje tecnocrático los neoliberales renovados critican algunas de las consecuencias más evidentes del modelo, pero defienden su esencia: la macroeconomía -según plantean- debe seguir siendo los excesos que conducen a la ingobernabilidad y a las explosiones sociales. ¿Es esto posible? ¿es realmente posible compatibilizar el culto a la macroeconomía y el mercado, con la redistribución de la riqueza? Llamemos a las cosas por su nombre: el mercado no es ente redistribuidor y macroeconomía, en este lenguaje, es un eufemismo para esconder la siempre creciente elevación de las tasas de ganancia de las transnacionales, que constituye su único objetivo.

Si los propios ejecutores del neoliberalismo dicen engañosamente que comienzan a buscar «un modelo alternativo», las opciones de la izquierda son claras: una es seguir el liderato ideológico de la derecha e intentar ganar espacios dentro del diseño de recambio, mientras que la otra es desarrollar sus propios análisis, articular un programa genuino, desarrollar sus lideratos y sumar en este empeño -absolutamente sin exclusiones ni dogmatismos- a todos aquellos sectores afectados por la crisis.

Antes de su desaparición física, el Che constató que: «en muchos países de América existen contradicciones objetivas entre las burguesías nacionales que luchan por desarrollarse y el imperialismo que inunda los mercados con sus artículos para derrotar en desigual pelea a la industria nacional, así como otras formas o manifestaciones de la lucha por la plusvalía y la riqueza». El neoliberalismo agravó a extremos esta situación.

El Che agregó que: «no obstante estas contradicciones las burguesías nacionales no son capaces por lo general, de mantener una actitud consecuente en la lucha contra el imperialismo». Por eso es que la izquierda no puede seguir ciegamente el rumbo trazado por la burguesía descontenta, sino ejercer ella el papel de guía. Esto significa que nosotros sumemos a los sectores marginados de las burguesías nacionales a la batalla contra el neoliberalismo y no a la inversa.

En la clausura del IV Encuentro de los Pueblos de América y el Caribe, celebrado en La Habana, en enero de 1994, el compañero Fidel Castro señaló: «Estaba recordando los días aquellos cuando tuvimos grandes reuniones sobre la deuda externa -eso fue en el año 1985-, en que advertíamos muchas de las cosas que iban a pasar y que hoy están pasando, porque entiendo que nuestro continente perdió la mejor hora de una gran batalla, en que nos habríamos podido ahorrar muchas de las calamidades de ahora». Por ese motivo es que resulta crucial el liderato de todos los sectores excluidos y afectados por el capitalismo neoliberal.

La Revolución Científico Técnica catapultó al mundo a una era cualitativamente diferente, que crea nuevas posibilidades y nuevas contradicciones. Es cierto que no podemos mirar nostálgicamente hacia atrás, ni analizar el mundo con el prisma de épocas pasadas o tratar de aprovechar espacios que se cerraron. Pero ¿hasta cuándo va la izquierda a adoptar una posición defensiva -e incluso a dejarse asimilar- frente a la idea de que la globalización neoliberal y su ideología son una consecuencia inevitable e incuestionable del nuevo mudo, que los países subdesarrollados están obligados a entregarse y desintegrarse en beneficio de las transnacionales y, que la izquierda tiene que dejar de ser izquierda para ser aceptada y poder funcionar dentro de un sistema capitalista que nos intenta convencer de que será eterno? Hace ya algunos años que en los foros de izquierda se insiste en la necesidad de encontrar proyectos alternativos al neoliberalismo, pero la búsqueda parece infructuosa. Esa búsqueda seguirá siendo infructuosa, mientras se mantenga como premisa la aceptación -consciente o inconsciente- de que el status quo impuesto por la globalización neoliberal es inmutable.

Es verdad que el mundo experimenta transformaciones irreversibles, en virtud del desarrollo de la Revolución Científico Técnica y las fuerzas y productivas, pero la globalización neoliberal, que impone un orden económico, político ,y social aún más esclavista y explotador, no es el camino al futuro, sino un callejón sin salida para toda la humanidad. Las primeras señales de la crisis del neoliberalismo son ya evidentes en los países subdesarrollados, pero ¿es que acaso el Primer Mundo piensa que para él habrá una nueva Arca de Noé?.

El neoliberalismo" es la expresión actual de la transición del capitalismo a una nueva fase de la internacionalización del capital, caracterizada por la supremacía de las trasnacionales y el predominio, a una nueva escala, del capital financiero internacional sobre el capital productivo. En esta nueva fase del capitalismo no crece -como se afirma- la interdependencia, sino que se agudiza y profundiza la dependencia de los países subdesarrollados. Es cierto que hay una nueva interrelación dinámica entre lo internacional y lo nacional, pero el elemento nacional no desaparece y prueba de ello son las agudas pugnas entre los Estados Unidos, los países de la Unión Europea y Japón, así como las contradicciones al interior de la propia Unión Europea, que es el esquema de integración que más ha avanzado en el mundo. En todo caso, donde sí está desapareciendo lo nacional es en los países del llamado Tercer Mundo, en virtud del incremento de su dependencia de las grandes potencias industrializadas, lo que se manifiesta a través de la extranjerización de sus economías, la pérdida de sus recursos naturales, la erosión de su soberanía y el incremento de la injerencia y la intervención foránea.

La verdadera interdependencia será aquella que resulte de un nuevo orden económico mundial, donde la solidaridad y el internacionalismo entre los pueblos y naciones conduzcan a una integración caracterizada por la justicia social, el desarrollo de las economías y el establecimiento de una relación de equidad entre naciones.

En la era del neoliberalismo, los Estados caen bajo el control de élites y superprivilegiadas asociadas al capital financiero internacional, cuyo intereses se distancian cada vez más de los del conjunto de la nación. Este fenómeno provoca la crisis política que vive hoy la región. Por una parte, el estado pierde objetivamente capacidad para adoptar sus propias decisiones y, por la otra, los grupos gubernamentales son cómplices y conscientes de las políticas antinacionales.

Como consecuencia de este proceso, en el plano interno se acrecienta la disociación entre el poder real y las instituciones legislativas, ejecutivas, judiciales que supuestamente lo ejercen, así como se acentúa el divorcio entre la política real y los procesos electorales. La consulta electoral se vuelve cada vez más estéril, porque las principales decisiones gubernamentales están predeterminadas por el dogma neoliberal, que se erige por encima del rejuego político y lo limita a la selección de cuáles serán los candidatos y los partidos elegidos para aplicar sus recetas. Se trata de gobiernos devaluados, legislaturas devaluadas, partidos políticos devaluados y elecciones devaluadas. Esto es más que evidente porque son las grandes potencias industriales y los organismos financieros controlados por ellas quienes dictan la apertura unilateral de ,mercados, la tasa cambiaría, los niveles de inflación, el incremento del desempleo y virtualmente todos los asuntos fundamentales de la nación. Ahora bien: ¿es este el horizonte político en que pretenden funcionar estas fuerzas de izquierda? ¿Quieren limitarse a ser partidos políticos devaluados para participar en elecciones devaluadas, elegir legisladores a legislaturas devaluadas y llegar a ejercer gobiernos devaluados? Estas tesis plantean que no hay opción: lo único posible es funcionar dentro del sistema, para intentar mejorarlo; pero lo que objetivamente ocurre es que son asimiladas, aplican las políticas neoliberales y entran en contradicción con su pasado y sus bases.

Si no existe un programa integral de lucha, que combine el aprovechamiento de los espacios políticos actuales con una proyección estratégica de largo alcance, la función de gobierno o la elección de legisladores, gobernadores y alcaldes se convierte en un fin en si mismo y no en un medio para el diseño y la ejecución de políticas populares. Por este motivo, esos sectores de la izquierda que supuestamente tienen un enfoque moderno de las nuevas realidades, deberían estudiar cómo el neoliberalismo altera el sistema político dentro de sus respectivos países, para evaluar adecuadamente el valor real de la simple cosecha electoral, cuando se carece de un proyecto de poder. De lo contrario, seguirán siendo ellos los que tienen una lectura equivocada de la realidad y continuarán midiendo los resultados de su gestión política por parámetros obsoletos. Ese camino conduce a administrar o coadministrar la crisis del capital en beneficio de los capitalistas y a cargar con los costos que a ellos les corresponden.

Los resultados cuantitativos en la lucha electoral no tienen sentido sobre la base de ocupar espacios mediante concesiones que conviertan a la izquierda en una fuerza tolerable dentro del sistema, sino como parte de un proceso integral de acumulación, combinado con una mayor interrelación con las luchas populares, que permita construir un poder real, no sólo gubernamental, sino participativo y movilizativo. Sólo así la izquierda tendrá la fuerza, la capacidad y las condiciones para forjar la unidad nacional que permita enfrentar al capital financiero internacional, romper el ciclo de incremento de la subordinación y dependencia y ejecutar un programa dirigido a la creación de una verdadera democracia, el alcance de la justicia social y la promoción del desarrollo sustentable, en beneficio del pueblo. En esta lucha las alianzas son imprescindibles, pero su propósito es avanzar en los objetivos transformadores de la izquierda y no a la inversa, es decir, no sacrificar los objetivos transformadores en función de las alianzas. La izquierda es la única fuerza capaz de ejercer un papel de liderazgo en el diseño y ejecución de la alternativa al neoliberalismo mientras que las fuerzas del sistema sólo pueden ofrecer variantes edulcoradas de esas mismas políticas.

El capitalismo, en su fase neoliberal, demostró ser un sistema basado en el incremento sin límites de la desigualdad y la marginación, que beneficia exclusivamente a las trasnacionales y las élites locales a ellas asociadas. Ello provoca que una franja creciente de la sociedad sea víctima de la exclusión y pueda ser ganada para la batalla en favor de la alternativa.

Puede que la transformación profunda de la institucionalidad sólo sea posible a mediano o largo plazo, pero el combate frontal contra el neoliberalismo es una tarea impostergable, porque mientras más avance más desintegradas quedarán nuestras naciones. ¿Qué países tendremos los latinoamericanos cuando no queden escuelas, sino sólo colegios privados; cuando no queden hospitales, sino sólo clínicas privadas; cuando no queden parques, ni carreteras, ni recursos naturales propiedad del pueblo, todo ello combinado con una reducción indetenible del poder adquisitivo de la ciudadanía en general?

En la lucha contra el, neoliberalismo convergen los intereses de la izquierda con los de otros sectores nacionales. En esa lucha ninguna parte engaña o utiliza a la otra sino que surgen objetivos comunes en defensa de la nación. Los intereses convergen porque el capitalismo neoliberal ya no sólo lo descarta y cierra las puertas a los humildes, sino también, entre muchos otros, a los pequeños medianos e incluso grandes empresarios que no pueden competir dentro de sus propios países, en virtud de la apertura unilateral y discriminatoria de mercados. No pretendemos engañar a otros y por eso no escondemos nuestro convencimiento de que el capitalismo carece de respuestas y soluciones para las necesidades y aspiraciones de los pueblos. Podemos afirmarlo abierta y francamente, aunque en esta primera etapa de la lucha no todos estén de acuerdo con el socialismo. Podemos afirmarlo porque dentro del capitalismo no hay alternativa. Ya está demostrado que, incluso donde hubo -y donde hay- crecimiento económico, sigue y seguirá aumentando la pobreza y la marginación. Si libramos la batalla con energía, sabiduría y transparencia, estamos convencidos de que se impondrá la verdad.

El compañero Fidel Castro afirmó: «¿ Y qué puede ofrecer el capitalismo? El neoliberalismo es la expresión, última del capitalismo y el imperialismo. Ser antineoliberal es ser antimperialista; se podría añadir que es ser anticapitalista, en definitiva, aunque muchos no lo sepan. Pero es que ese odio, es el odio hacia la expresión de la evolución y el desarrollo del capitalismo, de modo que estamos ante una situación tremenda, y con un sistema que en este momento está en el cenit de su poder y de su fuerza política, económica y militar, que no puede ofrecerle nada a la humanidad». A continuación añadió: «El capitalismo está destinado a devorarse a si mismo».

La política de alianzas debe basarse en un conjunto de principios fundamentales, entre ellos:

1. Poner fin a la dominación que ejerce el capital financiero internacional sobre el Estado y convertirlo en un instrumento, cuya prioridad fundamental sea garantizar el desarrollo económico y social de la nación, que asegure la redistribución de la riqueza y todos los servicios y prestaciones necesarias para potenciar el capital humano de nuestros pueblos, bajo un estricto control y subordinación popular.

2. Defender los intereses de la nación, su soberanía, su economía, su industria y sus recursos naturales. Es necesario revalorizar el peso de la nación en se relación con las fuerzas centrípetas que pretenden desintegrarlas, como requisito para rescatar la capacidad de ejecutar políticas en beneficio de sus ciudadanos.

3. Construir una democracia sustentada en la combinación armónica de la representación con la participación, de manera que el voto no sea un ejercicio periódico inútil, que deja a los pueblos sin control sobre los gobernantes y sus políticas. Democracia es mucho más que elecciones. Es el ejercicio del gobierno por el pueblo, que no puede limitarse sólo a su participación política plena y activa, sino que necesita incluir la democracia económica y social.

4. Promover una verdadera integración latinoamericana y caribeña, para garantizar una interrelación solidaria entre nuestros pueblos y naciones, así como aprovechar la fuerza que emana de la unidad en la interacción con los bloques hegemónicos.

La Revolución Cubana constituye la demostración de que es posible articular un proyecto de desarrollo nacional, incluso en las difíciles condiciones que enfrenta nuestro pequeño país, sometido el bloqueo de los Estados Unidos e inmerso dentro del entorno hostil impuesto por la globalización neoliberal; pero para ello se necesita un poder revolucionario y popular, que no se agota en el control del Estado, sino que es la suma de la capacidad, la voluntad y la inteligencia de todo un pueblo decidido a construir su propia alternativa.

Resulta evidente que, sí bien Cuba enfrenta una situación económica extremadamente compleja, desde otro punto de vista, tiene condiciones excepcionalmente favorables, porque cuenta con el poder político, económico y militar y, especialmente con el apoyo y la voluntad de resistir y vencer de su pueblo. Lógicamente cuesta pensar que, sin esas premisas, se puede aspirar a unificar a las heterogéneas sociedades latinoamericanas para que emprendan de inmediato la construcción del socialismo. El Che dijo: «El subdesarrollo por un lado y la habitual fuga de capitales hacia los países ‘civilizados’ por otro, hacen, imposible un cambio rápido y sin sacrificios».

Sin embargo, el neoliberalismo coloca a cientos de millones de personas en una situación mucho más severa que la que los cubanos definimos como «período especial», sin que cuenten con la seguridad, la estabilidad y los beneficios sociales que nosotros disfrutamos y sin la confianza de que nadie quedará desprotegido o desvalido. Pero si ello fuera poco, lo que para los cubanos es una fase excepcional y transitoria hacía el desarrollo sostenible ,y el paulatino incremento del nivel de vida de la población, para el resto de la región constituye un problema insoluble. No somos perfectos. El Che afirmó que «el socialismo es joven y tiene errores». La Revolución Cubana necesita perfeccionarse y lo estamos haciendo, pero es un proyecto que soportó la prueba del tiempo y de las adversidades; es un proyecto que preservar y defender, precisamente para poder perfeccionarlo.

No pretendemos que Cuba sea un modelo a copiar. La copia demostró ser una de las prácticas más negativas de la izquierda. Cada país tiene sus condiciones y características y, por tanto, deberá elegir sus propias vías y los ingredientes de su proyecto nacional de construcción del poder revolucionario y popular: su tipo de gobierno, mecanismos de participación democrática, sistema partidista, conducción de la política económica, combinación de las diversas formas de propiedad y otros elementos.

No obstante, la experiencia cubana contribuye a destruir el mito de que la globalización neoliberal gindefectiblemente impone una camisa de fuerza; el mito de que es imposible adoptar políticas independientes en beneficio nacional, porque conllevan a la autarquía, a la pérdida de los mercados y de las fuentes de inversión. A pesar del bloqueo de los Estados Unidos, agravado por las leyes Torricelli y Helms Burton, Cuba comercia, atrae inversiones extranjeras y su economía comenzó una paulatina, pero sólida recuperación, como parte de un proyecto de desarrollo basado eminentemente en la propiedad social sobre los medios de producción, y en la búsqueda de la eficiencia del sector estatal de la economía, que sí puede tener -y ya tiene en muchos casos- resultados superiores a los de la empresa privada. Es el esfuerzo del Estado socialista y del apoyo del pueblo a su obra, lo que permite rebasar esta etapa de resistencia y recuperación.

La inversión de capitales extranjeros ayuda a rebasar la difícil etapa por la que atraviesa nuestro país, pero significó sólo el 3% del ingreso nacional en 1995.

El capital no es monolítico. Por supuesto que su tendencia principal es a unificarse en la defensa de sus intereses estratégicos, pero cuando se enfrenta a una situación consolidada, como la de Cuba, se manifiestan sus contradicciones internas. ¿Cómo explicar, si no es así, el rechazo enérgico de la Unión Europea y del resto del mundo a la Ley Helms-Burton y otras legislaciones comerciales discriminatorias aplicadas por el gobierno de los Estados Unidos? ¿cómo explicar que haya tantas empresas estadounidense, inclusive muchas que fueron , expropiadas al principio de la Revolución Cubana, que presionan a su propio gobierno porque desean llegar a un acuerdo para reiniciar sus operaciones en nuestro país? ¿cómo explicar que tras la desaparición de la Unión Soviética, después de un período en que se redujeron al mínimo las relaciones comerciales, las nuevas direcciones de los países que antes la conformaban se hayan percatado de que un socio comercial de tantos años no se puede sustituir de la noche a la mañana? Vale la pena apuntar que, al igual que en los países subdesarrollados hay sectores productivos que no soportan la competencia de las transnacionales, también dentro del llamado Primer Mundo hay capitales que se sienten asfixiados y que están urgidos de encontrar oportunidades de reproducirse en el exterior. De ellos proviene una parte de las inversiones extranjeras en Cuba y seguramente estarían dispuestos a participar en proyectos de desarrollo nacional de otros países de América Latina, que desafíen las reglas de la globalización neoliberal, las cuales también les afectan.

Independientemente de las particularidades de cada proceso, el socialismo es el único sistema que permito aunar voluntades y construir el poder revolucionario y popular capaz de encontrar la alternativa al capitalismo neoliberal o a sus variantes de recambio. Por eso, cuando los neoliberales de ayer buscan hoy una alternativa, en realidad no están buscando una alternativa al neoliberalismo, sino una alternativa frente al socialismo, para evitar el socialismo, que constituye la verdadera solución a los problemas de los pueblos. Ese es el único camino.

El Che afirmó:

«El camino es largo y lleno de dificultades. A veces, por extraviar la ruta, hay que retroceder; otras, por caminar ,demasiado aprisa, nos separamos de las masas; en ocasiones, por hacerlo lentamente, sentimos el aliento cercano de los que nos pisan los talones. En nuestra ambición de revolucionarios, tratamos de caminar tan aprisa como sea posible, abriendo caminos, pero sabemos que tenemos que nutrirnos de la masa y que ésta sólo podrá avanzar más rápido si la alentamos con nuestro ejemplo» .

Al valorar la situación y perspectivas de nuestro continente, constatamos que la derecha ha aprendido mucho de la izquierda, así como ha usurpado -y sigue tratando de usurpar- sus banderas; pero la izquierda latinoamericana necesita aprender una lección de la derecha. Esa lección es su capacidad para identificar sus intereses estratégicos y unirse, por encima de cualesquiera otras diferencias, para la defensa de esos intereses. En el pasado y en el presente de América Latina, hay muchos ejemplos de ese espíritu de cuerpo de las élites. La izquierda sólo podrá aglutinar a otros sectores sobre la base de su unidad interna. La unidad en torno a la materialización de los intereses estratégicos es fundamental, es la clave del éxito. No tienen que estar completamente resueltas todas las diferencias existentes entre nosotros, como no lo están dentro de la derecha. Nadie tiene la verdad absoluta y sólo la lucha en común dirá qué cuota de verdad tenemos cada uno de nosotros.

La izquierda latinoamericana siente hoy el aliento cercano de los que le pisan los talones: son los obreros, loo campesinos, los desempleados, los jubilados, las mujeres, los jóvenes, las etnias, los ambientalistas, los sin techo, los sin tierra; siente el aliento cercano de los pueblos, que no podrán avanzar más rápido si no los alentamos con nuestro ejemplo. Demos ese ejemplo. Para ello, llamemos a las cosas por su nombre:

¡REAFIRMEMOS LA CRISIS DEL CAPITALISMO Y LA VIGENCIA DEL SOCIALISMO!

Partido Comunista de Cuba

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