nro. 10
Generar una fuerza política unida de la izquierda
Patricio Echegaray

La primer opinión es sobre el título de la mesa: Crisis del neoliberalismo y vigencia de las utopías en América Latina. Es fantástico que nosotros hoy estemos hablando de crisis del neoliberalismo. Esto ahora parece natural, pero no hace mucho tiempo era prácticamente imposible hablar de crisis del neoliberalismo si no se hacía una entrada previa, a la defensiva sobre el tema de la crisis de la utopía y del socialismo. ¿Esto qué quiere decir?, ¿que ha cambiado nuestro estado de ánimo? Sí. Pero quiere decir otras cosas también. Quiere decir que en un plazo históricamente brevísimo, en cinco años, se ha pasado de visualizar una situación de derrota catastrófica, que daba pie a una ofensiva del capital con el argumento del fin de la historia, a visualizar una situación en donde el capitalismo está mostrando todas sus lacras y la impotencia para determinar un futuro de ciertas perspectivas para la humanidad. Esto se produjo en términos muchísimos más breves a lo que demoró, por ejemplo, en resurgir el ideal de la revolución francesa después de la restauración del imperio.

La crisis del capitalismo, a mi entender, hay que analizarla en dos movimientos principales. Uno es la crisis del capitalismo como oferta de civilización; el capitalismo se muestra cada vez como la barbarie, como la anticivilización. Aquella famosa frase de Rosa Luxemburgo de "socialismo o barbarie", conviene que sea recordada ya que es verdad: o alcanzamos la utopía como sueño realizable, o nos espera la barbarie y el canibalismo. Eso es lo que ofrece el capitalismo.

Pero también es necesario para construir la alternativa, entrar en el análisis de la crisis del capitalismo en tanto tema económico social. Reconocer que ya este modelo en los 25 años de instrumentación ha tenido una gran crisis y está transitando una segunda. La primera crisis fue la de la deuda externa, que generó enormes luchas como el Caracazo, como los supermercadazos de la Argentina. Hoy estamos viviendo la crisis del tequila, esa crisis que Cavallo y Menem dijeron que no iba a llegar a la Argentina porque la Argentina era incólume, porque la Argentina tenía un proceso de cambio tan fuerte que no podía vivir la crisis del tequila, que iba a ser pulverizada. Hoy estamos en plena crisis del llamado efecto tequila con recesión, con desocupación a un nivel que nunca conoció el pueblo argentino. Esta crisis ha generado luchas, las tenemos todos presentes: paros, apagones, una perspectiva muy grande de cambios en el nivel de combatividad de nuestro pueblo y en la crisis del consenso del menemismo, que se enmarca en una crisis de consenso de todo este capitalismo.

Conviene refrescar algunas previsiones: cuidado a los enfoques catastrofistas de la crisis. De la crisis no va a nacer el cambio; la crisis no va a hacer nacer la revolución. Yo quiero recordar a Fidel Castro, al que siempre nosotros recordamos como líder político, pero es también un gran teórico. Le preguntamos una vez a Fidel: ¿y usted qué ve en el futuro de América Latina?. Dijo: «Veo grandes luchas, pero no veo revolución». Alguno se atrevió a decirle: ¡pero comandante, usted ya no piensa en la revolución!. «No, no es que no piense ni quiera en la revolución, lo que no veo son las fuerzas políticas capaces de llevar adelante los cambios revolucionarios. No veo las vanguardias."

Hoy nosotros estamos en plena crítica y búsqueda de respuestas al neoliberalismo y hay por parte del capitalismo, de su vanguardia política-ideológica, una activa movilización de recursos intelectuales para establecer nuevas articulaciones, nuevas respuestas a sus problemas, en una palabra para cambiarnos las preguntas. Por lo tanto me parece que es muy importante meternos en el tema de la construcción de alternativas. Por eso tiene tanta importancia que junto al análisis de la crisis del neoliberalismo se plantee la vigencia de las utopías en América Latina, porque si no hay vigencia de las utopías, no como una reivindicación romántica, como una reivindicación ideológica y política; si no hay vigencia de las utopías como ideal realizable, no seremos capaces de construir en la cotidianeidad las fuerzas políticas necesarias para marchar a ese nuevo tipo de sociedad que tenemos que crear colectivamente.

Por eso a mí me parece que hay que marcar la pertinencia de este título del seminario: vigencia de las utopías. Las utopías están vigentes, el sueño de una nueva sociedad que supere a este capitalismo salvaje y brutal es hoy, yo diría, más pertinente, más legítimo, que nunca. Si tenían razón en querer superar al capitalismo los socialistas utópicos, si tenían razón los que quisieron superar al capitalismo y fundaron el socialismo científico, cuánta razón tenemos nosotros, cuando el capitalismo se ha ido convirtiendo en una cosa más terrible, más inhumana y más peligrosa para todos los hombres y mujeres del planeta.

Para analizar este tema, hay que asumir la derrota. Se ha discutido mucho si nos derrotaron, si fue una frustración, si fue un fracaso. Perdimos como en la guerra, y perdimos peor que en la guerra; porque si hubiera sido una derrota militar, y nos hubieran vencido por la fuerza, no hubiese sido tan tremendo lo que nos pasó. Fue la derrota en una tercera guerra mundial, que no se libró ni con tanques, ni con cañones, ni con cohetes, sino que se libró en el terreno ideológico.

Yo quería decir que para legitimar la utopía, es muy importante, como se ha hecho acá, reivindicar que no ha muerto la historia; incluso que no hemos entrado en la historia, que estamos en la prehistoria, y para seguir esa línea de pensamiento hay que reivindicar no sólo la idea del socialismo, yo propongo que reivindiquemos la idea más profunda que expresa nuestro ideal, reivindiquemos el comunismo. Porque realmente seremos una sociedad liberada de la explotación del hombre por el hombre, seremos una sociedad libre de productores libres en el comunismo.

Es muy importante, en la reivindicación de la utopía que quede muy claro si puede haber alternativas al capitalismo sobre la base de maquillajes, sobre la base de propuestas de humanización al capitalismo, esos enfoques teóricos son los que le dan base al centrismo y al posibilismo, que es el cáncer fundamental que tenemos en la construcción de una alternativa revolucionaria.

Yo sigo profundamente enamorado de la idea de que al capitalismo hay que superarlo y que la línea general es la del socialismo y el comunismo, independiente de que tenemos que aprovechar la derrota de esta etapa de construcción, de esta experiencia de construcción de la fase primitiva del socialismo, que ha sido una fase de ensayo primitiva pero extraordinariamente importante. No la tomemos como fracaso del ideal. Sigamos diciendo socialismo con humanismo, socialismo sin enajenación, socialismo sin alienación, socialismo sin cooptación del hombre, de la conciencia, por parte del estado. Socialismo como democracia, entendida como capacidad de la sociedad, que permita a los hombres ser actores en la historia. Al capitalismo se lo supera en una dirección que significa terminar con la explotación del hombre por el hombre.

Paso directamente al tema de la estrategia de la alternativa.

¿Qué es la alternativa? ¿Otro plan económico? ¿Otro gobierno? ¿Vamos a reemplazar a Menem por una alianza del Frepaso y el radicalismo? ¿Será esa la alternativa? ¿La alternativa es otro tipo de gobierno o, el tema de la construcción de la alternativa nos exige entrar realmente en el tema de la construcción de otro tipo de poder. La idea de que hay que construir otra acumulación política, otro bloque de poder, para hacer las realizaciones que necesitamos. Porque es mentira que no se puede hacer otro plan económico, es mentira que no hay soluciones que no sean las que se proponen desde las cúpulas neoliberales.

No hay alternativas si no modificamos esta correlación de fuerzas, esta situación de un poder político concentrado en las grandes transnacionales, junto a las burocracias políticas y sindicales de las clases políticas dominantes en Argentina. Pero existe alternativa si avanzamos en la creación de un bloque histórico nuevo en la Argentina, otro bloque de poder capaz de generar otra distribución de la riqueza, capaz de generar otra sociedad, en donde al individualismo se le oponga la solidaridad, en donde a la entrega del país se le oponga la idea de reivindicar nuestra identidad, en donde a la corrupción se le oponga la honestidad. Eso es perfectamente posible, pero lo es desde otra política de poder.

La alternativa se basa en un proceso de construcción de un poder popular; un poder que hay que empezar a construir desde ahora; que hay que construirlo durante y después del proceso de salto revolucionario que implica cambios en la dirección del estado.

Esto implica hoy construir una política de resistencia no a través de una multisectorial para hacer enjuagues electorales. Debemos desbordar esa política de oposición limitada o al servicio de un proyecto electoral para generar una resistencia que se realice a través de una asamblea popular a nivel nacional y en cada ciudad y distrito del país donde todos los sectores afectados por el modelo no sólo coordinen sus luchas, no sólo tengan un plan general, sino que también vayan discutiendo desde abajo el programa que tendrá que aplicar el nuevo tipo de poder en la Argentina.

El programa en la izquierda argentina, en su tradición reformista, ha sido manejado como un recetario espectacular de todas las medidas que tomaría el futuro poder socialista o de transición, independientemente de qué momento de transición. Hay que concebir el programa como camino, como idea fuerza, y como proyecto de construcción de alternativa de poder. El desafío es articular de una manera distinta tema de la reforma y revolución. Para los argentinos, esto es especialmente exigente, desde el discurso de Alfonsín en el Parque Norte, cuando declaró que terminó la época de las revoluciones, y trazó el programa del posibilismo, que operó como una bomba de fragmentación en las conciencias de la izquierda argentina, de una gran parte de la intelectualidad y promovió el quiebre y la cooptación en masa de cuadros que venían de la izquierda marxista, de la teología de la liberación y del nacionalismo popular revolucionario, produciendo una fuga hacia la idea de que no hay posibilidad de superar el capitalismo y lo que hay que hacer es adaptarse. Tenemos que reconocer, que así como los muertos que nos produjo el terrorismo de estado son grandes pérdidas, pero al mismo tiempo son bandera, son estímulo y son compromiso; los muertos vivos de la cooptación, del posibilismo, son pesadas hipotecas, porque actúan con enorme pasión para reproducir el quiebre, porque tienen una necesidad vital de autojustificarse ante la conciencia de cambio de la sociedad.

Otra cuestión es el tema del bloque histórico. Acá hay una alianza de clases en el poder. Si se analiza el voto del menemismo, ustedes van a ver los cambios que ha habido en la alianza de clases de poder en la Argentina. La alianza de clases que representó en un momento el peronismo no es la que está en el poder en la Argentina hoy. Menem gana en la Recoleta y en los lugares más humildes porque se ha producido una alianza de clases con hegemonía de los sectores de la burguesía aliada al capitalismo transnacional y ese es el bloque de clases que nos gobierna. Nosotros tenemos que producir un bloque histórico, el bloque político social, como la forma en que el sujeto social, es decir, la alianza de clases y sectores afectados por el capitalismo actual se constituye en fuerza política capaz de producir las transformaciones necesarias.

Un tema muy importante es la relación entre el tema de la unidad y el concepto de vanguardia. Hay palabras que nos las ha metido el enemigo, y hay otras que, sobre la base de problemas, de errores y de la acción del enemigo, se han hipertrofiado, se han deteriorado. Yo creo que el concepto de vanguardia está más vigente que nunca: el concepto, la esencia de la cuestión.

Nosotros tenemos una alianza que es espectacular: Alsogaray ha cumplido 80 años. Yo soy de la generación que se reía de él hace 30, y ahora no me río más. Cuando cumplió años, en un reportaje le preguntaban: «¿No se siente muy frustrado, muy fracasado porque su partido, la UCD, es un partido muy pequeño?. "¡Pero no, cómo me voy a sentir frustrado y fracasado si mi programa, el programa de la UCD, hoy tiene hegemonía dentro del movimiento político". Esa es la vanguardia de las clases dominantes. Pero, ¿qué ha pasado entre nosotros?. La izquierda argentina, que tiene traumas muy importantes por la débil inserción en el sujeto social, nos ha llevado a debates fuera de la realidad; donde se ha hipertrofiado el concepto de vanguardia, y se ha hecho uso y abuso del enfoque de vanguardia autoproclamada. El enfoque de vanguardia autoproclamada es la licencia de 007 en la izquierda, permiso para hacer cualquier cosa. Porque si me proclamo como vanguardia y escribo «soy el partido de la clase obrera, vanguardia de la revolución» y tengo la razón y tengo la doctrina científica, puedo hacer cualquier cosa, hasta propiciar la división de la izquierda aún en una correlación de fuerzas totalmente negativa.

Esto nos ha llevado a hacer papelones como el hecho de que en el momento más difícil de la historia de la izquierda aparezcan 18 fórmulas de la izquierda. Lo que quiero decir es que ha llegado la hora de lanzar un fuerte mensaje: si seguimos con las políticas de vanguardias autoproclamadas, la unidad no será y por lo tanto la izquierda argentina no podrá cumplir su rol. No existe una vanguardia real en la Argentina, hay que construirla. Sin soberbia, sin elitismo, para construir poder popular.

En la construcción de la alternativa hay un problema que es táctica y que es estrategia, que es política y que es ideología, que es acción práctica y que es un problema moral , que está íntimamente vinculado al pensamiento del Che, que es el gran tema de la unidad. Mientras no haya unidad de la izquierda no habrá posibilidad de construir una alternativa en la Argentina.

El planteo fundamental para salir de la situación más difícil en la historia de la izquierda argentina es, a mi entender, la propuesta de generar una nueva etapa histórica en el desarrollo de la izquierda, sobre la base de la confluencia de las culturas que la izquierda ha desarrollado, la cultura del marxismo, la cultura del nacionalismo popular, la cultura del antiimperialismo en diversas expresiones, la cultura de la teología de la liberación, del cristianismo comprometido con los pobres. Unirlas, no sólo a través de orgánicas, dado que éstas hoy están tan debilitadas que su unidad sería un paso necesario pero no suficiente. La unidad a través de esa cultura que está expresada en miles de mujeres, de hombres, de jóvenes, de compañeros de la generación intermedia, de hermosos y queridos viejos que han luchado toda la vida y que están trabajando en distintos movimientos políticos y distintos movimientos sociales. Sepamos unirnos para generar la perspectiva de una fuerza política unida de la izquierda y poder empezar a cambiar la historia en nuestro país en favor de los de abajo.

Enviar noticia