nro. 10
H.I.J.O.S.
Daniela Boscarol

Hubo un tiempo en que las cosas no se llamaban por su nombre.

Hubo un tiempo en que los nombres no eran los verdaderos.

Hubo un tiempo en que el sabor del mate pasaba mejor por ese nudo hecho carne en la garganta cuando se mezclaba con el mole, la paella, el ajo, los mangos y las guayabas.

Hubo un tiempo en que Argentina se conocía por las historias contadas por otros; por el tango y las chacareras; por Cortázar en un exilio compartido.

Hubo un tiempo en que pretendieron quitarnos todo, pero no pudieron entender qué se hablaban aquellas miradas de vida ante las puertas de la muerte.

Hoy, la Argentina es una historia que contamos nosotros y las cosas las llamamos por su nombre y nuestros nombres y sus nombres ya son verdaderos. A Cortázar lo trajimos junto con Rulfo, Miguel Hernandez, Vallejos, Carpentier, Revueltas y Monterroso; al tango le trajimos la salsa y los mariachis y al mate, enamorado ya de tantos olores, lo aprendimos a compartir, como aprendimos a compartir la mano solidaria, la sangre combativa y las voces revolucionarias, los hizo inmortales en el pensamiento y en la lucha del pueblo.

H.I.J.O.S. (Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio) nos agrupa a los hijos de desaparecidos, asesinados, presos políticos y exiliados de la última dictadura militar sufrida en el país.

H.I.J.O.S. nace en la inminente necesidad de buscar respuestas a las preguntas que siempre se hacían en voz baja: ¿qué pasó con nuestros padres? , ¿por qué no están con nosotros?, ¿qué pasaba en el país?, ¿ qué querían?, ¿por qué luchaban?

Preguntas que se convierten en el hilo conductor para descubrir que la fórmula económica, política y social pretendida por las diversas formas ya conocidas de un Imperialismo demoledor y asesino, tenía la orden de aplicar en toda Latinoamérica a cualquier costo y en el menor tiempo posible.

El costo para la Argentina es de sobre conocido: 30.000 desaparecidos, 15 mil asesinados, 9.500 presos políticos, 250 mil exiliados, nuestros hermanos secuestrados, familias destruidas y un pueblo en conjunto lastimado y desarticulado.

Toda una generación que hoy nos falta: obreros, profesores, servidores públicos, artistas, abogados, poetas, agrónomos, biólogos, músicos, veterinarios, escritores, padres para cuidarnos, para poder rebelarnos, para compartir los secretos, abuelos para nuestros hijos. Hombres y Mujeres. Pero a pesar de tanto horror, lo único que el terrorismo de Estado no pudo desaparecer, ni exiliar, ni encarcelar, ni asesinar, ni secuestrar, ni torturar, fue esa fuerza de amor de unidad y de solidaridad que se tejía desde las cárceles del país, desde los compañeros que en el exterior seguían luchando, desde los pueblos latinoamericanos y europeos que nos brindaron sus manos extendidas, de esas mujeres que ante la desesperanza de no saber de sus hijos no pararon de buscarlos y de esas otras madres que también pedían por sus hijos y los hijos de sus hijos.

Fuerza desde adentro y desde afuera que pudieron más que nunca el enemigo.

Después, vendría eso que llamaron democracia -en minúscula, pero aún sin comillas- y luego un "Juicio" -este sí con comillas- y más tarde, como se el mal fuera poco vino el Punto Final, la Obediencia Debida y finalmente un Indulto: impunidad multiplicada por tres.

En esta "democracia" con minúscula y bien entre comillas- no sólo se dejaron libres a los asesinos y sus cómplices, sino que se les dio trabajo. Ya sea en puestos públicos (posiblemente en honor a sus antiguos servicios) o en puestos más difíciles de detectar, pero fáciles de interpretar en la represión y persecución política que estamos sufriendo o con los elementos ejemplares que se envían a tierras hermanas como México o Centroamérica para que impartan sus clases de exterminio.

La fórmula fue bien aplicada; hoy la Argentina sufre un alto índice de desempleo; la seguridad social y educación es sólo para unos cuantos; el gatillo asesino se ampara ante el descuido de algún policía que olvido ponerle el seguro a su arma; los presos políticos ocupan los lugares destinados para los verdaderos culpables y las garantías civiles pronto serán mitología por decreto.

En este deprimente contexto también nace H.I.J.O.S.; nuestras corta experiencia en el camino por los Derechos Humanos, nos viene enseñando que todavía hay mucho por que pelear. Estamos aprendiendo que nuestros padres desde sus diversas ideologías y métodos de acción tenían -como me dijo Perla en una ronde por ellos- un gran amor al país, nobles ideales y por encima de todo, una entrega total a la causa del pueblo.

Reivindicamos su lucha, tomamos fuerzas de esas madres que son nuestras abuelas y de tantos y tantos compañeros que no se han olvidado de las formas de seguir combatiendo al opresor.

Hubo un tiempo de sueños y realidades.

Las utopías no fueron tan ajenas a las posibilidades de concretarlas: las mejores utopías somos nosotros y todos aquellos que aún mantienen el puño levantado.

No olvidamos. No perdonamos.

Juicio y castigo a los asesinos y sus cómplices.

Buenos Aires, 11 de octubre de 1996; Último día de la Liberación.

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