Presencia y capacidad
de decisión de las mujeres en la prensa escrita española
Por
M. Isabel Menéndez Menéndez, periodista
8
de marzo/2001. Día Internacional de las Mujeres.
Mesa
Redonda: la mujer y los medios de comunicación.
Casa
de Cultura de Avilés.
El
trabajo de las mujeres dentro de los medios de comunicación
es un tema que me ha interesado desde que estaba en la Facultad de
Periodismo. Fui percatándome, a través de las distintas
asignaturas, de la inexistencia de una visión de género
en los estudios de comunicación así como de la invisibilidad
del género femenino como profesional.
Lo
cierto es que, durante todos aquellos años, se obviaron los
estudios feministas y cualquier trascendencia que hubieran podido
tener en la Teoría de la Comunicación. Solamente un
profesor recordó los estudios de Teoría de las Escuelas
feministas norteamericanas mientras que otro pasó de puntillas
sobre el problema del sexismo en el lenguaje, haciendo una discreta
referencia al asunto. Desde las asignaturas de Gestión y Producción,
por ejemplo, nunca se abordó el papel de las mujeres como periodistas
en activo. Esta invisibilidad se iba a perpetuar, de forma inexorable,
en las bibliografías que apenas incluyeron dos o tres nombres
femeninos. Los libros de referencia, los manuales, las citas a personalidades
siempre se resolvieron con un nombre de varón. Las conclusiones
que se podía extraer eran tres: la primera, que apenas existían
mujeres dedicadas a la Teoría de la Comunicación. La
segunda, que prácticamente ninguna ocupaba puestos importantes
en las Facultades de Periodismo y la última que las profesionales
que trabajaban en diarios o redacciones no llegaban nunca a lugares
relevantes o bien carecían de trayectorias profesionales brillantes.
Fue
esta la razón más importante que me inclinó a
elegir este tema de investigación cuando terminé mis
cursos de Doctorado. Comencé entonces a consultar bibliografía
y observé que en Jornadas y Congresos siempre se aludía
a lo mismo: apenas había unas pocas mujeres en España
que dirigían medios, las firmas de opinión con prestigio
siempre son de varones y las mujeres están relegadas a la periferia
informativa, tanto desde el punto de vista profesional como desde
el punto de vista de la información, es decir, cuando las propias
mujeres son noticia se convierten en una especie de ciudadanas de
segunda categoría, pasan a formar parte de noticias de carácter
"social", entendiendo este término como antónimo de
político y, por tanto, de importante o prestigioso.
Comprobé
asimismo que en los últimos años han crecido, afortunadamente,
las investigaciones con perspectiva de género pero, el interesante
horizonte de trabajo que a mí se me insinuaba dentro de la
profesión periodística, apenas se ha tenido en cuenta.
Hay pocas mujeres periodistas dedicadas a la investigación
sobre medios de comunicación con perspectiva de género
y, además, ninguno de los trabajos se ha centrado exclusivamente
en la presencia de mujeres y en la capacidad de decisión de
éstas en los medios. No obstante, he de señalar que
el vacío ha sido parcialmente resuelto con una reciente publicación
del Centro de Investigaciones Sociológicas cuyo título
es, precisamente "Profesionales del periodismo" así como con
los interesantes trabajos de la Associació de Dones Periodistes
de Catalunya.
En
mi caso, decidí rastrear las últimas investigaciones
sobre la presencia de mujeres en las esferas de decisión y
observé que los trabajos o bien se habían realizado
hacía bastantes años o bien se habían limitado
a ámbitos geográficos pequeños o a muestras representativas
con los diarios de mayor tirada. Por eso, mi directora de tesis y
yo, decidimos estudiar la presencia de mujeres en medios de comunicación,
haciendo un análisis de los puestos que ocupaban en las redacciones.
En la investigación se utilizó solamente la prensa escrita
por varios motivos: el primero a tener en cuenta fue la constatación
de que los periódicos gozan de mayor prestigio social frente
a otros soportes y, de hecho, con el paso del tiempo se convierten
en fuente histórica frecuentemente consultada. Otra razón
de peso fue de carácter práctico: los diarios son más
fáciles de consultar en una investigación y su estudio
es mucho más económico que el producto audiovisual.
Para
verificar esa situación de las mujeres en la prensa escrita
española procedimos al análisis de todos los periódicos
diarios de información general, económica y deportiva
que se publicaban en España.
Es
importante hacer un alto para analizar la trascendencia de cualquier
análisis cuyo objeto sean los medios de comunicación.
Es este un fenómeno altamente complejo y de gran trascendencia
ya que nuestra historia y nuestra realidad no son comprensibles sin
una referencia a la comunicación social. Para el profesor Rodrigo
Alsina la comunicación de masas es un proceso dinámico
que interrelaciona distintos factores. Hay que señalar entonces
que uno de los objetivos de la comunicación de masas es actuar
como institución mediadora entre los hechos y lo que se dice
sobre ellos, es decir los mass media constituyen una fuente importante
en la conformación de las percepciones que tenemos sobre el
mundo, por lo que es innegable que su influencia no es comparable
con la de ningún otro discurso. Los medios de comunicación
social ofrecen modelos y normalizan pautas de comportamiento, otorgan
estatus a personas e instituciones y legitiman el orden social; tal
y como Umberto Eco adelantaba hace mucho tiempo, lo que no aparece
en los medios no existe. Hablando de la televisión en concreto,
el profesor italiano aventura que ha pasado de ser vehículo
de los hechos a un “aparato para la producción de hechos”,
es decir, lo que era un “espejo de la realidad” se ha convertido en
un “productor de realidad” La realidad social, entonces, no es sólo
como es sino también como parece ser; en palabras del catedrático
Miguel Beltrán “construir la realidad no consiste, pues, tan
sólo en hacerla o transformarla, sino también en definirla”.
Las construcciones sociales de la realidad, entre ellas las que realizan
los mass media, son ideológicas. Los medios de comunicación,
por tanto, crean ideología y esa es la razón del interés
en aplicar una perspectiva de género sobre ellos, una perspectiva
teórica que detecte los sesgos y problemas que afectan a las
mujeres en tanto actoras sociales de los medios.
Tras
este pequeño paréntesis sobre la importancia de los
medios en la sociedad actual y, volviendo a la investigación
a la que nos estábamos refieriendo, es preciso señalar
que el punto de partida no era muy optimista pero lo cierto es que
los resultados no pudieron ser más decepcionantes.
Si
bien se planteaba en la hipótesis inicial que la presencia
femenina en puestos de decisión sería reducida, las
cifras son abrumadoras: sólo ocupan un 9 por ciento de los
puestos de alta dirección en los diarios españoles,
cifra que se reduce un punto si nos limitamos a la prensa deportiva
especializada y dos puntos en los puestos de segundo nivel en la jerarquía
directiva.
El porcentaje
no sólo es escaso sino que experimenta un retroceso en relación
a los estudios anteriores.
En
el periodo analizado, entre julio de 1999 y julio de 2000, en España,
existían 12 directoras de periódico, dos de ellas, compartiendo
el cargo con un varón y otra ostentando el puesto en funciones.
Ninguno de esos periódicos es de ámbito nacional ni
líder en tirada. Es decir, el número de mujeres, ya
de por sí insignificante, presenta además otras circunstancias
negativas como que el 25 por ciento de ellas no ostentan el cargo
de forma individual ni permanente.
No
sólo es reducida su presencia en la cúpula directiva
sino que, además, en los puestos de segundo nivel se reduce
a un 7 por ciento y en el resto de cargos no llegan a ocupar un 18
por ciento.
Otro
aspecto interesante en nuestra investigación ha sido la constatación
de que los periódicos donde hay mujeres directoras presentan
un número más elevado de redactoras-jefe y de jefas
de sección, por lo que no es aventurado afirmar que las mujeres
facilitan la promoción de sus compañeras. Sin embargo,
los periódicos donde la dirección es compartida entre
una mujer y un varón, no presentan esta característica,
siguiendo el patrón de los diarios cuya dirección es
únicamente masculina.
En
cuanto a los periódicos deportivos, ofrecen una curiosidad
añadida. En estos diarios, cuyo espacio se dedica casi en exclusiva
al fútbol, apenas hay mujeres, no sólo en los cargos
directivos sino también en la redacción donde aparecen
menos mujeres que en otras cabeceras. Llama la atención que
estas empresas posean un número mucho más elevado de
jefaturas de sección y redactores-jefe que el resto de diarios,
es decir, cuentan con una plantilla directiva más numerosa
y es ocupada, en su totalidad, por varones.
En
conclusión, las mujeres tienen limitado el acceso a los cargos
directivos en los diarios, situación que en primer lugar tiene
que afectar al tipo de información que se ofrece a los lectores
y lectoras puesto que, las periodistas no pueden intervenir en las
pautas ni procedimientos de elaboración de noticias, al carecer
de poder efectivo, conformándose, tal y como habían
señalado otras autoras anteriormente, con un modelo de información
elegido por los varones, carente de sensibilidad hacia los asuntos
femeninos y que, casi siempre, presenta un modelo de mujer anclado
en el pasado, incapaz de reflejar los cambios que ha experimentado
la vida de las mujeres y repleto de prejuicios y estereotipos.
Lo
más peligroso es que, a la luz de las encuestas e investigaciones
que se han realizado, ni siquiera las mujeres que trabajan en las
redacciones de los diarios son conscientes de este problema, ocupadas
probablemente en mantener un empleo que se caracteriza por la precariedad,
los contratos eventuales o verbales y la escasa remuneración,
inferior casi siempre a la de los periodistas del sexo masculino.
Hoy
en día, cuando la presencia femenina en las Facultades de Información
duplica a la masculina, hay que preguntarse por qué estas mujeres,
cuya preparación académica es homogénea a la
de sus compañeros varones, acceden con relativa facilidad a
la redacción de los medios de comunicación; de hecho,
la presencia femenina empieza a ser mayoritaria en ellas, pero, apenas
existen mujeres en los tramos intermedios y desaparecen de los tramos
altos. Nuestro estudio demuestra que las profesionales periodistas
siguen teniendo limitado el acceso a los puestos de decisión
de los periódicos y lo cierto es que no nos sirve ninguna de
las explicaciones que suelen esgrimirse.
Mis
conclusiones siguen básicamente la línea de la Teoría
del Techo de Cristal, esa barrera invisible que impide a las mujeres
ascender a los escalones superiores de la jerarquía mediante
esfuerzos individuales. Como señala Amelia Valcárcel,
las cifras demuestran que las mujeres son mayoría en aquellos
puestos a los que se accede por el sistema de libre concurrencia mientras
que son desestimadas cuando se trata de un sistema de cooptación.
Esta situación es la que produce que el grupo femenino sea
muy numeroso en los puestos bajos mientras que su representación
es casi nula en los tramos superiores de las jerarquías. Y,
al hablar de la profesión periodística, la saturación
de profesionales en el mercado de trabajo, la exigencia de disponibilidad
horaria y la precariedad del sector sólo hace más difícil
encontrar la forma de eliminar la barrera invisible que impide la
promoción femenina en el periodismo.
También
he tenido en cuenta otras líneas de investigación que
comparto y que analizan el contradiscurso que, precisamente desde
los medios de comunicación, les dice a las mujeres que el precio
que ha costado la igualdad no ha merecido la pena. Habría que
preguntarse, en primer lugar, de qué igualdad se está
hablando a la luz de las cifras expuestas. Pero es un interesante
análisis observar cómo, al alcanzar parcelas de poder
reservadas a varones hasta hace poco, rápidamente aparece un
discurso que insiste en el desmedido esfuerzo de una carrera profesional
que sólo ofrece infelicidad. Desde los medios de comunicación,
desde las revistas femeninas, desde el cine o cualquier otro soporte
de cultura popular, se insiste en “desgracias” como la escasez de
hombres, la epidemia de esterilidad, el agotamiento femenino, la angustia
de dejar a los niños y niñas en la guardería
o el peligro de la soledad. Se trata de una reacción que detiene
a las mujeres no cuando llegan a la meta sino cuando parece que podrían
llegar a ella. La autora americana Susan Faludi señala que
no se trata de un movimiento organizado pero eso no lo hace menos
destructivo y efectivo. El hecho de que las mujeres puedan decidir
por sí mismas parece que aún es revolucionario y sólo
demuestra que la igualdad conseguida está lejos de ser real.
Y los medios de comunicación contribuyen con sus prejuicios
y estereotipos al status quo.
Sigo
considerando que el análisis emprendido es de gran importancia
porque no podemos olvidar el contexto del que estamos hablando: los
medios de comunicación de masas constituyen un poderoso instrumento
de creación de opinión pública y, hoy más
que nunca, se han convertido en uno de los elementos que ayudan a
los individuos a conformar su propia visión de la realidad;
las personas construyen su percepción del mundo a través
de lo que le ofrecen los medios de comunicación: las guerras
que no aparecen en el periódico o en el televisor no existen
para el resto del mundo, sólo para quien las sufre. La actualidad,
en definitiva, únicamente es conformada por los medios de comunicación
y, por eso, es fundamental saber quién tiene capacidad de decidir
en los contenidos que se ofrecerán. No en vano, hay quien denomina
a los medios de comunicación como el Cuarto Poder, refiriéndose
a esa capacidad de configurar la realidad.
En
este sentido, es necesario tener en cuenta los enfoques teóricos
que han observado la existencia, dentro de la profesión periodística,
de procedimientos, criterios de elección y rutinas profesionales,
explícitas o no, que desembocan en una exclusión/inclusión
de aquello que se considera noticiable; la existencia, en definitiva,
de rutinas organizativas y profesionales que predominan por encima
de las preferencias personales y que culminan en una selección
de temas, agendas y sucesos que serán aquellos que aparecerán
ante la opinión pública. Estas teorías, que ha
analizado la profesora Franquet entre otras autoras, ponen en relación
el contenido de los periódicos con el trabajo de selección
de noticias; la imagen de la realidad social que suministran los medios
de comunicación con la producción rutinaria y jerárquica
de los aparatos periodísticos y el prestigio social de personas
y políticas sociales una vez que han logrado una atención
favorable de los medios.
Las
numerosas investigaciones realizadas han puesto de manifiesto que
las mujeres no se sienten representadas en las páginas de los
diarios, están relegadas a la periferia informativa, no son
consideradas como protagonistas de la información y tampoco
se las tiene en cuenta como audiencia. El tratamiento periodístico,
en demasiadas ocasiones, es estereotipado, sin prestar atención
a aspectos como el sexismo en el lenguaje y con un tratamiento bien
deficiente de problemas como la violencia doméstica. Desgraciadamente
estas conclusiones ya las habían expresado hace casi veinte
años las investigadoras Fagoaga y Secanella. Dos décadas
más tarde pocas cosas parecen haber cambiado, exceptuando el
espacio que hoy se dedica al mundo del corazón, si entendemos
a éste como producto dirigido solamente a las mujeres, lo que
también es discutible. Y, en este sentido, es muy interesante
el aspecto que señala la socióloga Capitolina Díaz.
Ella considera que hay varias realidades que se ocultan desde los
medios de comunicación, una de ellas la desigualdad de participación
en las labores domésticas y otra, no menos importante, relativa
a la importancia estratégica del mito de la belleza, mitología
que cada vez más exige de las mujeres una inversión
de tiempo, esfuerzo y dinero enormes. Díaz resalta que los
datos que solemos manejar las investigadoras –por ejemplo que las
mujeres solamente poseen el 1 por ciento de la riqueza mundial– no
están al alcance de la ciudadanía ya que la mayoría
de las personas reciben solamente la imagen que se ofrece desde los
diarios y las pantallas de televisión, imagen que en absoluto
es un espejo de la realidad. Añade otros datos interesantes
como que las mujeres a las que se da importancia suelen pertenecer
a la categoría de jóvenes y bellas, penalizando cualquier
imagen que no se corresponda con eso, mientras que profesionalmente
sólo hay dos modelos: el de la mujer de toda la vida, basada
en la mística de la femineidad, la maternidad y los roles tradicionales
y el de mujeres sexualmente activas y agresivas profesionalmente lo
que, para esta autora, constituye una imagen actualizada de dos modelos
clásicos que son la virgen y la puta respectivamente. Dice
ella que, “entre esas dos nos colocan a todas”, mientras que los varones
reciben una representación por sí mismos en cualquier
medio.
La
verdad es que si atendemos a los modelos femeninos que se presentan
en revistas y programas de televisión encontraremos que el
ideal del éxito en el siglo XXI se limita casi exclusivamente
a las Top Model: ellas son las únicas mujeres ricas y famosas
por sí mismas en las que reflejarse. Pocas veces nos ofrecen
modelos de mujeres con profesiones de verdad, de las que se pueden
aprender y llevar a la práctica porque, me temo que para ser
Top Model sólo están destinadas unas pocas. Y, por supuesto,
si les preguntan cuál será su meta en la vida, seguro
que su respuesta será la de siempre: formar una familia.
A
la luz de lo expuesto, me temo que no es nada casual que la imagen
que se ofrece de las mujeres en los medios sea una imagen distorsionada.
Una imagen que no tiene en cuenta la realidad actual de unas mujeres
que hoy contribuyen activamente al desarrollo de la sociedad, que
no coincide con la experiencia vital de las mujeres y que no refleja
ni su realidad personal ni profesional.
Y
las conclusiones no pasan por buscar culpables sino por encontrar
soluciones.
Cabe
preguntarse si el discurso que actualmente ofrecen los medios de comunicación,
un discurso donde las mujeres son las grandes ausentes, experimentaría
un auténtico cambio si ellas tuvieran acceso a los puestos
de decisión y si, además, los y las profesionales del
periodismo contaran con una perspectiva de género durante su
formación primero y en el desarrollo de su labor profesional
después.
La
promoción profesional de las mujeres, el acceso de éstas
al poder en las empresas de comunicación, constituye el primer
paso para que la información cambie, para que las mujeres se
sientan reflejadas en la información y para que desaparezcan
los estereotipos que llenan páginas de diarios. En definitiva,
se podrá lograr que las mujeres dejen de ser invisibles.