La mujer y los medios de comunicación

Elaborado por la Agrupación de Periodistas de CCOO

La participación y presencia de la mujer en los medios de comunicación es cada vez mayor. Pero este incremento no ha provocado un cambio automático en las redacciones. La realidad de las mujeres la siguen contando los hombres desde su visión, desde su perspectiva, ofreciendo una imagen distorsionada, conservadora, convencionalista, que refleja las normas y valores dominantes y que favorece los perjuicios sexistas respecto del papel que las mujeres debemos desempeñar en la sociedad.

No en vano, los estudios efectuados en todo el mundo indican que la proporción de mujeres en los puestos de dirección o responsabilidad en las empresas de comunicación, no alcanza en ningún lugar el 50%.

En Africa, America Latina y Asia, las mujeres somos menos de un 25% del colectivo laboral de los medios de comunicación. En Europa esta cifra aumenta a un 30 por ciento. Pero en ningún lugar estamos debidamente representadas en los puestos editoriales, directivos y de gestión que es donde se controlan los contenidos que se publican o se difunden. Aquí los porcentajes bajan estrepitosamente, lo mismo ocurre en las áreas técnicas. Y es aquí donde esta la clave. Con estos datos, se puede afirmar que los medios de comunicación no podrán reflejar toda la riqueza informativa y de matices que hay en nuestras sociedades hasta que las mujeres no tengamos también acceso a dirigirlos. Porque las elites del periodismo siguen perteneciendo principalmente a los hombres lo que contribuye a reforzar los estereotipos de género en nuestra sociedad, en nuestra cultura y esto se hace desde lugares que , como la televisión, son capaces de configurar opinión, aptitudes e incluso sentimientos.

Constatamos pues, que el notable aumento de mujeres periodistas en las dos últimas décadas no ha logrado modificar ni los contenidos, ni los tratamientos de la información. El periodismo diario es tan androcentrista como la mayoría de las disciplinas académicas y las actividades humanas de prestigio. Estudios recientes de la ONU sobre 200 organizaciones de medios de difusión en 30 países de todas las regiones del mundo señalan que solamente 7 organizaciones están dirigidas por mujeres.

Las principales fuentes de información también siguen siendo masculinas: ministros, dirigentes políticos y sindicales, portavoces.

En lo que es la estructura de los medios, la mayoría de las mujeres se encuentran ubicadas en el departamento de administración, seguido por el de redacción, mientras que en el área técnica nuestra presencia es prácticamente simbólica.

Otro aspecto de desigualdad flagrante es la diferencia de salarios entre hombres y mujeres periodistas. Una diferencia que, además, en lugar de disminuir va aumentando. Las mujeres cobramos una media del 30% menos que nuestros compañeros. Según recientes estudios de la Organización Internacional del Trabajo, las periodistas no llegan a ganar las tres cuartas partes que un hombre en Chipre, Estados Unidos, Gran Bretaña y Corea. En Bolivia, Ghana, Dinamarca, República Checa y Tayikistan ganan el 90%.

Después de estos datos, me gustaría hablar de la televisión el medio que mejor conozco. Y quiero apuntar dos reflexiones sobre qué es la TV. Considero que es el fenómeno social más importante de nuestro siglo porque es el fenómeno con más capacidad de conformar actitudes, valores y hasta sentimientos. Yo creo que estoy trabajando en algo con casi más poder que una central nuclear, con material altamente sensible, tengo conciencia de eso, creo que manejo algo con mucho poder.

También creo que la tv es un medio conformista, sobre todo en los últimos quince o veinte años, en la medida en que se ha acentuado la dependencia de las audiencias.

Para hablar de la imagen de la mujer en la televisión hay que conocer el medio a través del cual se transmite esa imagen. La televisión es una representación de la realidad - sociedad fundamentalmente europea de clase media urbana- que tiende a sustituir la realidad misma, sino no se entendería que tan alto porcentaje de ciudadanas se pasen tan alto porcentaje de horas frente a la tele, es decir, está sustituyendo a la vida, a las conversaciones, las actividades vitales se sustituyen por la posición "sentada, enganchada al mando, zapeando".

Esto es un fenómeno bastante reciente, todavía no conocemos las repercusiones de tipo sociológico y sobre todo antropológico que este fenómeno tiene, y creo que hay que estar bastante alerta. Teniendo en cuenta estas premisas sobre el medio en que nos estamos moviendo analizo la imagen que la televisión proyecta de la mujer: Fijaros lo que os digo, me preocupa menos la ausencia - el que no aparezcan mujeres políticas o empresarias- (con lo grave que es esto) que la presencia. Porque lo que yo quiero analizar es el como aparece la mujer y realmente creo que no lo podemos separar de cómo aparece el resto de ciudadanos.

No creo que la televisión en este momento se caracterice por una discriminación en cuanto a intentar presentar una imagen determinada de la mujer. Simplemente está recogiendo, reforzando y afianzando unos estereotipos que nos vienen de muy antiguo.

Quiero apuntar antropológicamente que la persistencia de los valores y de las actitudes duran mucho más que las estructuras sociales que crearon esos valores, es decir, a nosotras nos perduran valores prehistóricos y tenemos que ser conscientes de eso. La televisión, aunque es un medio del mundo moderno, sigue reflejando estereotipos que nos vienen de muy atrás, como la estructura familiar, por ejemplo. Entonces nos encontramos ante una combinación perversa. La televisión es contemporanea a la conciencia de la condición femenina (emancipación de la mujer, búsqueda de la igualdad de derechos y de oportunidades) que también es una característica de nuestro siglo. En la televisión se nos están transmitiendo combinadamente los valores antiguos entreverados, entremezclados con esta mujer nueva (de clase media urbana -fundamentalmente europea-, nunca obrera o campesina).

Dicho esto, lo que a mi me interesa es reflexionar sobre la imagen de la mujer que tenemos interiorizada nosotras. Quiero recalcar lo que creo que es una trampa de nuestro momento. La calificaría como la cadena que nos está atando sin que nos demos cuenta- y que se ve muy bien en la publicidad- y que yo llamo "la cadena de la belleza": las mujeres estamos más encadenadas a la belleza que el hombre y lo estamos especialmente en este siglo que es el de la emancipación de la mujer. A partir de los años 60 se ha exagerado tremendamente la necesidad de seducir de la mujer, sentimiento muy antiguo, muy arraigado entre nosotras.

Desde hace siglos la seducción ha sido el arma femenina. Hemos accedido a los estudios, hemos conseguido igualdad de derechos laborales o casi, igualdad legal, pero nos queda este lastre muy fuerte - y pernicioso- que asumimos como mujeres y que sólo podemos destruir nosotras siendo conscientes de ello.

Y es cierto que este fenómeno lo ha reforzado la televisión, y los medios de comunicación de masas: la mujer siempre tiene que estar seductora. Puede ser magnifica escritora, periodista, directora de empresa, de cine, maestra, pero ¡por Dios! Que siga siendo también seductora...Y esto es una carga que genera stress, neurosis e inseguridad. Las mujeres están más vulnerables en este momento por esa carga que soportamos y que es contradictoria. Estamos atrapadas en un bombardeo de sologanes, de mensajes publicitarios, de películas, de la imagen de quien presenta la noticia (porque la publicidad no son sólo los anuncios).





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