Nuevos escenarios,
nuevas propuestas. Reflexiones de intervención desde el género
Uca
Silva - Isis Internacional
Artículo introductorio
del estudio del Grupo de Comunicadoras del Sur sobre la representación
de las mujeres en medios masivos de Argentina, Chile, Paraguay y
Uruguay. Fue publicado en las Ediciones de las Mujeres Nº 30
Género y comunicación, el lado oscuro de los medios,
de Isis Internacional
Los cambios de los escenarios mediales han tenido
impacto en el trabajo comunicacional de los grupos organizados de
mujeres. Estas no se han mantenido impermeables a las nuevas transformaciones
tecnológicas y han modificado las políticas de intervención
hacia los medios de comunicación. Sin embargo, en estas nuevas
formas de intervención corren el riesgo de mantener algunas
de las características más tradicionales de sus apuestas
comunicacionales, esto es, lentitud, con resistencias y desconfianzas,
y alto riesgo de reproducir un trabajo aislado con leve impacto
en lo público.
Este artículo es una reflexión sobre
los distintos modos en que se ha llevado a cabo la relación
de los grupos de mujeres con los medios de comunicación,
la manera en que ésta se ha modificado frente a los nuevos
escenarios comunicacionales, las características de las nuevas
estrategias, específicamente los monitoreos, y los elementos
a los cuales debemos estar atentas para no reproducir errores.
Comunicación
y género
Comunicación y género han sido poderosos
significantes de los profundos cambios y actual modernidad en la
cual estamos inmersas. La dimensión de género –en
tanto temática social– y los medios de comunicación
se han desarrollado y transformado con gran rapidez en las últimas
décadas.
Sin embargo, estas transformaciones han tenido
resultados divergentes, manteniendo el sino de la complicada relación
entre los medios de comunicación y los movimientos sociales.
Aunque reconocemos que el nexo entre los medios y las mujeres se
establece en el marco de las desigualdades preexistentes a la expansión
comunicacional, y que ellos no son los causantes de la marginación
y desigualdad de las mujeres frente a los hombres, la manera de
presentarlas, proyectarlas, representarlas o usarlas, puede potenciar
o disminuir no sólo su marginación, sino también
las inequidades de género.
La realidad nos muestra que la relación
entre ambas dimensiones ha sido compleja. Esto no ha sido fortuito,
más bien es el claro resultado del funcionamiento de dos
lógicas distintas: una, definida principalmente por el mercado
y otra, por la visión académica, social y política
inherente a los estudios de género.
Una relación
histórica
El vínculo entre los grupos de mujeres
y los medios ha sido históricamente conflictivo. Las primeras
acciones comunicacionales de las mujeres organizadas se focalizaron
en la denuncia y crítica de los contenidos de los medios
de comunicación masivos. De esta forma, se estableció
entre ambos sectores una conexión marcada por la desconfianza
y el desinterés. Esto ha fomentado el desencuentro, impidiendo
el diálogo, el mutuo conocimiento y, fundamentalmente, ha
relegado el enfoque de género y la participación de
las mujeres de importantes escenarios comunicacionales.
De la crítica de los contenidos, los grupos
de mujeres modificaron su estrategia y pasaron a crear y mantener
un circuito paralelo a los medios de comunicación masiva
teniendo un importante papel en la generación de la comunicación
alternativa. En ese momento, era la forma más enérgica
y radical de enfrentarse a los poderosos sistemas de comunicación
dominantes: crear potentes espacios discursivos donde las mujeres
organizadas inventaban y hacían circular contradiscursos.
Estos grupos, a través de diversos medios y acciones, dieron
inicio a un pionero y significativo movimiento comunicacional, produciendo
información voluminosa, original y diversa que permitió
la generación de mensajes en el campo simbólico-político,
desde sus intereses y necesidades.
Esta gestión comunicacional fue tan dinámica
que logró alcanzar las propiedades de una industria de mensajes,
evolucionando desde los productos alternativos más genuinos
de la educación popular –cartillas, volantes, entre
muchos otros– hacia la creación de medios de comunicación
masivos, como emisoras radiales, producción cinematográfica,
editoriales internacionales, periódicos y revistas.
Cada una de las estrategias mencionadas mantuvo
una relación distinta con los medios de comunicación.
Desde el enfoque confrontacional basado en la crítica de
los contenidos, los grupos de mujeres pasaron a sostener, por una
parte, una total indiferencia hacia la producción de éstos
y, por otra, una enorme complacencia con el trabajo comunicacional
que se estaba realizando desde sus instituciones.
Sin duda, el trabajo comunicacional ha sido un
fiel acompañante de los grupos organizados de mujeres. Les
ha permitido, por ejemplo, distribuir y difundir provocadoras observaciones
y propuestas que han surgido desde el centro de la reflexión
teórica del quehacer feminista. Pero también hay que
decir que esta intensa labor de difusión se mantuvo, generalmente,
en un ámbito cerrado, ajena a los grandes circuitos de distribución
de mensajes y, lo más importante, lejos de la escena pública
y con escaso impacto sobre ella.
Este sistema de seguir en un circuito paralelo
por tanto tiempo, benefició a los medios de comunicación
masiva, quienes abusaron de esta separación y se descomprometieron
absolutamente de las demandas y reflexiones de los grupos sociales
en este terreno. Como nunca fueron exigidos, tampoco consideraron
necesario responder a las demandas de las mujeres o de otros grupos
sociales. Esto creó un imaginario colectivo sobre los medios,
que rige hasta ahora, que los identifica como empresas económicas
como cualquier otra, olvidándose el impacto cultural que
tiene el producto simbólico que transmite.
Además, esta posición no relacional
de los medios con los movimientos o grupos organizados ha intensificado
la actitud de los medios de responder sólo a los intereses
del mercado; ha mantenido complicidades con los intereses desde
el poder y, fundamentalmente, ha hecho desaparecer las posibilidades
de construir el derecho de las personas a participar, opinar, evaluar
el sistema de productos simbólicos más poderoso de
estos momentos.
Las transformaciones
del escenario medial
En estas últimas décadas ha tenido
lugar una explosión de la comunicación, lo cual ha
generado nuevas formas de operar e interrelacionarse en la sociedad.
El desarrollo tecnológico de las industrias de mensajes y
de los medios de comunicación se ha transformado en uno de
los fenómenos más significativos en el ámbito
de las relaciones sociales, acelerando y cambiando rápidamente
las formas colectivas de informarse, comunicarse y vivir.
Desde nuestra perspectiva, uno de los impactos
más importantes es la primacía que adquieren los medios
de comunicación frente al repliegue de otros referentes públicos,
instalándose como "los espacios de conversación
colectiva", transformándose en los principales emisores
y canales de información pública que dan cuenta de
lo que sucede en la sociedad. Además, producto de este proceso,
se ha ido conformando un relato social definido, sobre todo, por
los objetivos económicos y orientaciones ideológicas
que movilizan a los medios.
Así, los medios (en especial la televisión)
han logrado transformarse en el principal referente de productos
simbólicos de la cotidianidad de las personas. En el libro
Los ejercicios del ver, sus autores grafican esta situación
y mencionan "la desproporción del espacio social que
el medio ocupa", indicando que la importancia de los medios
es proporcional a la ausencia de otros espacios políticos.
En el mismo texto se señala que son "las debilidades
de las sociedades civiles, los largos empantanamientos políticos
y profunda esquizofrenia cultural de las élites los que recargan
cotidianamente la desmesurada capacidad de representación
que ha adquirido la televisión" (Martín- Barbero
y Rey, 1999).
Los nuevos aires
del trabajo comunicacional
En la presentación de su primer libro publicado
en Chile después de casi treinta años de ausencia,
Armand Mattelart reconoce que el potente eslogan "El Mercurio
miente" que levantaron los estudiantes de la Universidad Católica
en 1967, generó un cambio en su rumbo profesional, porque
reaccionó a esa frase como una demanda para estudiar los
contenidos de medios de comunicación en Chile. (Presentación
del libro Pensar sobre los medios. Comunicación y crítica
social, en la Biblioteca Nacional, Chile, noviembre de 2000).
Homologando esta situación a los intereses
de este trabajo, podemos decir que la transformación del
escenario comunicacional requirió de nuevas reflexiones y
enfoques para hablar de los medios de comunicación desde
el género. Las mujeres participantes en la IV Conferencia
Mundial sobre la Mujer (Beijing, 1995) fueron sensibles a las nacientes
condiciones y respondieron a los nuevos papeles de las comunicaciones,
específicamente de los medios de comunicación, con
la sección J de la Plataforma de Acción (La mujer
y los medios de difusión), recomendando una serie de acciones
respecto a los medios. Si bien esta sección tiene limitaciones,
también debemos ver en ella la trascendencia de renovar y
de revalorar la dimensión comunicacional y traer nuevos aires
a la reflexión de las mujeres. El poderoso contexto del desarrollo
comunicacional de las nuevas tecnologías se impuso sobre
las reflexiones de comunicación y género. Esto fue
aceptado como una invitación a complejizar el análisis,
a revisar las categorías utilizadas hasta ese momento, a
construir otras propuestas. Esta permeabilidad de los grupos de
mujeres fue decisiva para asumir enfoques distintos que nos permitieran
no sólo reconocer los actores en esta dimensión sino
también repensar con otra mirada los medios.
Los nuevos escenarios han revivido los estudios
comunicacionales con una intensidad similar a la de la época
de los años setenta. Cada día aumenta el volumen de
investigaciones sobre los medios de comunicación, sus transformaciones
y sus impactos. Sin embargo, desde la perspectiva de género
y los estudios de las mujeres, la mayoría de estos avances
y reflexiones son parcialmente útiles, ya que se persiste
en cometer el mismo error histórico: omitir en su reflexión
la perspectiva de género.
Las transformaciones mediales también han
dado pie para que muchos de los análisis comunicacionales
den cuenta de las características de la modernidad en América
Latina y de la exposición –a través de los medios–
de audiencias específicas a la "cultura moderna",
suponiendo que un público con fuentes culturales diferentes
consume estilos de vida distintos y otros referentes culturales.
Si bien no se puede negar que los medios permiten el acceso a nuevos
discursos culturales y sentidos simbólicos, también
es cierto que en el caso de los contenidos transmitidos, concretamente
en la representación de las mujeres, no se visualizan grandes
transformaciones. Por tanto, hay un tema pendiente que no nos deja
arribar completamente a la tan mencionada y esperada modernidad.
Resulta incongruente que los medios no asuman el tema de la desigualdad
y discriminación entre hombres y mujeres y que ésta
se presente como un mero dato de nuestras contradicciones locales.
Si no existe la urgencia política cultural y económica
de superar esta discriminación no habrá un terreno
propicio para la modernidad.
No obstante, es necesario reconocer que actualmente
algunos discursos permiten un cierto reconocimiento de las mujeres
en lo público, específicamente en los medios de comunicación.
Uno es el de la diversidad, puesto que la modernidad ha levantado
la cuestión del otro, el reconocimiento de lo diverso. En
ese discurso las mujeres hemos sido mencionadas, o, para ser más
precisas, se indican los logros del movimiento feminista.
El otro discurso es el de la propuesta del mercado,
en el cual hemos sido integradas como consumidoras y/o recurso activo
para promover el consumo, como en el caso de la publicidad. Si bien
estos factores pueden facilitar el camino hacia una mejor relación
con los medios de comunicación, definitivamente no la pueden
resolver. Estas formas dan cuenta de nuevos aspectos, pero dejan
pendiente el tema de las desigualdades.
Es en este contexto que surge la necesidad de
generar un nuevo conocimiento, ampliar el limitado cuerpo teórico
comunicacional construido hasta el momento. Es decir, continuar
atentas y observar esta situación, ver qué nuevos
discursos y relatos nos ofrecen los medios y evaluar cuánto
las mujeres podemos celebrar de los mentados beneficios de las transformaciones
comunicacionales.
Modificando las
propuestas: los monitoreos
El seguimiento de los medios de comunicación,
o monitoreo, tiene que ver con la posibilidad de comenzar a reconocer,
desde la necesidad de superar la discriminación de las mujeres,
el escenario medial. Como hemos señalado, el campo cognitivo
en esta área ha sido insuficiente para la reflexión
desde el género. A continuación identificaremos algunos
de los elementos por los cuales consideramos el monitoreo de los
medios de comunicación como una de las propuestas válidas
para aportar a los estudios comunicacionales en estos momentos y
para modificar las situaciones anteriormente descritas.
Refrescar y actualizar
la reflexión sobre la temática
Un monitoreo contribuye a generar información
independiente no sumisa a los lineamientos del mercado. En Chile
–y probablemente también en otros países de
América Latina–, desde este espacio (el mercado), existe
casi un monopolio de producción cognitiva sobre los medios.
La mayoría del corpus de conocimiento en torno a los medios
de comunicación surge desde los intereses del mercado, desde
el rating, y éste no es compartido con los grupos que mantienen
un contradiscurso, tales como el de los grupos sociales y/o académicos.
En este marco, generar conocimiento con objetivos que respondan
a intereses sociales no sólo es válido sino también
muy necesario.
Por ello, en esta propuesta se privilegia identificar
lo que está sucediendo en los medios de comunicación
con las mujeres. Un monitoreo de este tipo permite ampliar y renovar
información sistematizada, consistente, verídica,
sobre la representación de hombres y mujeres en los medios.
Nos faculta conocer un nuevo corpus con el cual participar en la
conversación colectiva. Cuando descubrimos que en el análisis
de entrevistas de 158 minutos, una mujer fue entrevistada sólo
13 segundos (Análisis de informativo radial en Informe de
Chile, publicado en Ediciones de las Mujeres Nº 30), podemos
señalar con propiedad no solamente que estamos siendo omitidas,
sino que además los medios no han modificado el enfoque y
contenidos de sus mensajes.
La creación de información sistematizada
genera nuevos datos para establecer nuevas relaciones entre los
grupos organizados de mujeres con los medios de comunicación.
Sin este fundamento empírico y analítico, se tiende
a sostener posturas ideológicas polarizadas que, por una
parte, consideran que los medios se integraron a la modernidad y
representan igualitariamente a mujeres y hombres; y por otra, que
los medios no han asumido cambios y, por tanto, mantienen los aspectos
más tradicionales en la representación de las mujeres.
Nuevos enfoques,
nuevos aportes
Uno de los aportes de la propuesta de monitoreo
es recrear la lectura crítica y superar la denuncia tosca
que generó resistencias por parte de los medios. Por lo demás,
ese tipo de enfoque tampoco hizo eco en el mundo femenino puesto
que conflictuaba la relación placentera de las mujeres con
muchos productos comunicacionales y porque la mayoría de
los análisis se concentraban en los escasos referentes lúdicos
y relatos públicos donde un sector importante de mujeres
podía depositar un sentido de pertenencia. En este sentido,
la principal tendencia del enfoque crítico de los grupos
de mujeres no logró diferenciarse de "la profunda esquizofrenia
cultural de la élite", y asumió la división
entre cultura popular y cultura de élite. Es más,
en muchos de los casos no sólo no supo tomar distancia y
superar esta dicotomía, sino que además adhirió
a la propuesta cultural elitista.
Esto es muy evidente en la sostenida crítica
a las telenovelas y también a otros productos comunicacionales
de contenidos populares. Esta postura se refuerza en la focalización
de muchos estudios comunicacionales en la información "dura",
en los mensajes de los noticieros y los programas políticos
por sobre otros tipos de contenidos. De esta forma, desde las críticas
de los contenidos se ha privilegiado una propuesta profundamente
tradicional y patriarcal, cómplice de lo excluyente y desvalorizada
de los contenidos cercanos al mundo tradicional femenino. Este enfoque
comunicacional también ha mantenido la dicotomía público-privado,
colocando los énfasis en lo que podríamos denominar
comunicación pública, cercana a la comunicación
política tradicional, no prestando atención a los
mensajes que reflejan el mundo privado, el espacio cotidiano de
las mujeres. Por ejemplo, de alguna forma nos hemos reñido
con la relación simbólica establecida entre el espacio
familiar y lo femenino. Este espacio, aunque lo reconocemos como
fundamental, como discurso de pertenencia, ha sido cedido "por
omisión" a los grupos de nueva masculinidad y a los
grupos de derecha. Las mujeres organizadas se han jugado principalmente
por incidir en el mundo público, por transformar las imágenes
de las mujeres en términos de igualdad con la representación
valorada del mundo masculino. Si bien se pensó que esta postura
era una apuesta políticamente correcta, estamos en un momento
en el que podemos matizarla o modificarla con el objetivo de superar
la tradicional dicotomía entre lo masculino y lo femenino
que ésta conlleva. Intentando ingresar en esta lógica
de lo público nos hemos quedado a medio camino, en un lugar
inestable y debilitado.
Haber mantenido esta estrategia por demasiado
tiempo sin introducir cambios, ha tenido un costo muy alto para
los grupos feministas al no haber logrado atraer a las otras mujeres
ni acercarse a ellas. Por el contrario, ha generado gran resistencia
en los mismos grupos a los cuales se quiere representar. Esta crítica
no tiene intención de negar que existen otros factores que
también inciden en la desconfianza hacia los grupos organizados
de mujeres, pero desde nuestros compromisos políticos el
tema "comunicación, medios, relación con las
mujeres", merece una reflexión autocrítica que
nos permita identificar los factores que podamos aportar y que es
fundamental cambiar.
Recuperar terreno
Siguiendo este mismo argumento, es importante
tener en cuenta los criterios que usamos al momento de privilegiar
cierto tipo de información sobre otro al seleccionar los
contenidos que monitoreamos. Los medios de comunicación construyen
sus sistemas mediales con una diversidad de formas de expresión
y contenidos. El mundo simbólico se manifiesta en todos sus
mensajes y a través de los distintos tipos de información,
no sólo en la de carácter político o el establecimiento
de agendas, sino en un sinnúmero de expresiones tales como
música, telenovela, shows, entre otros, que acompañan
a las personas en su cotidianidad y que se han transformado en fuentes
cognitivas esenciales de representaciones y sensibilidades.
Desde esta perspectiva, la sencilla pero fundamental
división entre los diversos tipos de información que
presenta Regina Festa en su artículo "La violencia dulce,
invisible para las propias víctimas" (Festa, 2000),
es esencial como referente a la hora de elegir los corpus de análisis
de los monitoreos. No es conveniente continuar centrándonos
en la "información seria", entendida generalmente
como aquella de la agenda política, es necesario ampliar
nuestro análisis considerando otro tipo de información,
respetando las características propias de cada uno de ellos.
En este sentido, falta una discusión que aporte a la diversificación
de nuestros enfoques críticos de los mensajes, tomando en
cuenta estos géneros, las singularidades a las cuales responden
–por pertenencia– los géneros mediáticos.
Continuar midiendo distintos tipos de información con la
misma vara no nos permite afinar y modificar la perspectiva de los
análisis.
Este comportamiento ha sido similar al privilegiar
el enfoque cuantitativo por sobre el cualitativo. Si bien es muy
importante que los monitoreos tengan un marco referente desde lo
cuantitativo, ya que esto nos ubica en el "cuántas aparecemos",
también es fundamental conocer en qué condiciones,
es decir, con qué características se nos representa.
Esto es esencial desde una estrategia global del movimiento de mujeres
con relación a la escena pública.
La mayoría de estos trabajos, realizados desde una perspectiva
de género, tiene como objetivo lograr que las mujeres estemos
en los medios. Aunque esto es importante, debiera ser complementario
a la posibilidad de construir modelos de cómo estar. La televisión
es un caso: por sus propias necesidades expresivas, estéticas,
por los géneros que transmite, requiere de la figuración
femenina. Así, si un monitoreo da cuenta de una alta presencia
de mujeres en los noticieros televisivos, y omite que esta presencia
mantiene, por lo general, la expresión tradicional de víctima
o de recurso mediático emotivo, nos permite agregar a nuestras
propuestas la modificación de representación. Estar
en la escena mediática no es suficiente, ésta nos
debe interesar en la medida que tengamos la posibilidad de hacer
una propuesta de expresión distinta, que modifique la lógica
tradicional imperante.
Recomendaciones
prácticas
En este trabajo me parece fundamental incluir
dos dimensiones esencialmente pragmáticas, aunque no por
eso menos importantes, que hay que tener en cuenta en el trabajo
de monitoreo.
La primera es el reconocimiento de la continuidad
como característica esencial que debe tener un seguimiento
medial. Los monitoreos a los medios no pueden ser acciones aisladas.
La idea de continuidad significa tener sincronía con la producción
de los medios, que se renueva constantemente, que es múltiple
y variable. Por tanto, los monitoreos debieran responder a estas
características y asumir una recurrencia acorde con esta
producción. Lamentablemente, el bajo impacto que puede producir
un estudio aislado genera desconfianza en la mayoría de los
sectores, especialmente en las instituciones donantes, las cuales
generalmente sostienen indicadores de éxito relacionados
a logros inmediatos y cuantitativos. La intervención en los
mundos simbólicos es uno de los trabajos más lentos,
pero a la vez más importantes que debe proponerse como acción
permanente desde el trabajo de las mujeres.
La otra dimensión práctica a considerar
es el trabajo de difusión. Es fundamental dar a conocer los
resultados de un monitoreo; éstos deben percibirse como parte
constitutiva e integral de la propuesta. Es necesario ampliar la
lógica tradicional con que hemos relacionado la divulgación
de nuestros estudios, en donde se visualiza un documento como algo
de valor en sí mismo, el cual en otra etapa se distribuye.
El monitoreo y su obligatoria difusión se debe comprender
como una sola propuesta, sin disociación entre estas acciones.
"El monitoreo es distribución", por tanto, éste
no termina en la sistematización de la información
o la producción de un documento. Difundir los resultados
de los monitoreos es indispensable, es la esencia de esta propuesta
que busca elementos para aportar a la modificación de la
representación de las mujeres y dar cuenta de una forma más
amplia y más completa sobre lo que sucede en los escenarios
mediales. Los monitoreos adquieren sentido en la medida que la información
que produce es distribuida y se convierte en una herramienta de
debate y discusión.
La participación
La propuesta de monitoreo, en una de sus dimensiones
más políticas, es un nuevo e importante instrumento
de participación ciudadana.
Si bien es cierto que el papel de los medios de
comunicación no es el mismo que hace años atrás,
también podemos estar de acuerdo en que ellos se parecen
cada vez más a sí mismos. Muchas de sus primarias
características se han intensificado, como su concentración
económica y la definición de sus objetivos por los
intereses del mercado. Esta estructura ha conservado un sistema
mecánico de producción de contenidos, que desde sus
intereses son evaluados complacientemente. Esto ha dado pie para
un tipo de producción donde se privilegia el "más
de lo mismo" para tener un "éxito asegurado".
Este modelo ha mantenido a los medios de comunicación
como un sistema altamente excluyente y muy hermético, sin
canales de intervención social. En este contexto, los monitoreos
intentan ser una contribución, no sólo al analizar
los contenidos de los medios –de alguna manera esto se ha
hecho anteriormente–, sino al instalar en la ciudadanía
la conciencia de poder interactuar con los medios, la conciencia
de poder opinar sobre los medios, situación que hasta ahora
ha estado ausente en la escena pública. No hay conciencia
ciudadana del derecho a decir lo que se quiere acerca de la información
o los mensajes públicos que nos presentan los medios. Los
monitoreos intentan crear la responsabilidad y el derecho que tenemos
las personas sobre los mensajes públicos. Los medios de comunicación,
por su parte, no debieran percibir esta tarea desde el conflicto
o la desconfianza, sino considerarla como un aporte ciudadano.
Parte esencial de esta propuesta de participación
es la modificación de un enfoque que antes nos dejaba fuera
y ahora nos incluye. Así, nos trasladamos desde una estrategia
comunicacional en que las mujeres pasamos de un circuito paralelo
donde las diferencias entre ellos y nosotras eran parte constitutiva
de la relación, a un enfoque integral que nos permite asumir
un derecho sobre los medios y, al mismo tiempo, nos abre la posibilidad
de un diálogo. Para hacer factible este diálogo los
responsables de los medios de comunicación tienen que hacer
un esfuerzo y superar los prejuicios respecto de las mujeres y de
cualquier otro movimiento social.
Porque la información que difunden los
medios es un bien público, es posible opinar sobre ella,
no tanto acerca de los hechos sino como éstos se presentan.
El monitoreo nos permite construir esta capacidad en las personas.
En este sentido, el seguimiento conlleva una dimensión educativa
amplia e informal entre la relación de los medios y la ciudadanía,
dimensión sobre la cual existe un vacío necesario
de llenar.
Esta propuesta de intervención hacia los
medios no puede ser un esfuerzo aislado e individual puesto que
perdería la potencia de su impacto. Por el contrario, esta
propuesta debe tener un carácter colectivo, lo que significa
apoyarse en diversos sectores y transformarse en un compromiso de
distintas instancias. Estos trabajos pueden ser nacionales, como
los realizados por Sur Profesionales en Chile, Cotidiano Mujer en
Uruguay, Red-Ada en Bolivia. Pueden tener carácter regional,
tal como el monitoreo que se presenta en estas Ediciones. O mundiales,
como los seguimientos de medios que efectúa la World Association
for Christian Communication.
Observaciones finales
La vida de hombres y mujeres ha sufrido grandes
transformaciones en sus aspectos sociales y cotidianos. Estos han
dado paso a una reordenación de los indicadores objetivos
de la organización social, y de los factores subjetivos de
las construcciones simbólicas de los nuevos sentidos de hombres
y mujeres. Los medios de comunicación, a pesar de la modernidad,
no han logrado incorporar plenamente estas transformaciones significativas
en la representación del orden socialmente establecido en
las relaciones de género.
Los medios de comunicación han adquirido
un protagonismo en la escena pública de forma vertiginosa.
Si bien esto responde al desarrollo tecnológico, también
han alcanzado una nueva identidad como importante actor social que
al mismo tiempo que concentra los flujos de información,
monopoliza el escenario de las conversaciones sociales colectivas.
Igualmente, para los medios todo ha sido demasiado rápido
y el desconcierto se refleja especialmente en su producción.
A las nuevas condiciones han respondido sin generar una reflexión
acorde con el vértigo de los cambios.
Los monitoreos nos han permitido darnos cuenta,
por ejemplo, que –en general– los medios continúan
construyendo sus contenidos sin modificar la añeja noción
de lo que es noticia. En una de las observaciones hechas a partir
de un estudio sobre tres periódicos en el Proyecto de Comunicación
y Género de Sur Profesionales (Silva, Torres y Cáceres,
1998) se relaciona la subrepresentación de las mujeres con
la lógica que tradicionalmente los medios sostienen sobre
lo que es noticia. Esta se define por lo que sucede principalmente
en el mundo público, en el mundo político y en los
sucesos que tienen características de tragedia y/o hechos
que transgreden claramente el orden establecido. Estas nociones
de conflicto y tragedia en el mundo público son las dimensiones
subyacentes en la construcción de la actualidad.
Desde una perspectiva de género, este concepto de noticia
restringe el registro y la emergencia de la mujer como protagonista
de la actualidad medial. En ese estudio concluíamos que desde
el proceso de los cambios de las relaciones de género podíamos
apostar que, gradualmente, un mayor número de mujeres participará
en el ámbito público y adquirirá mayor protagonismo
en eventos considerados noticiosos. Esta lógica logrará,
quizás demasiado lentamente, una representación más
equitativa en la representación de mujeres. Pero agregábamos
que, en una perspectiva de cambio desde los medios, sería
importante que éstos asumieran una transformación
de lo que es noticia. En tal sentido, los medios tienen otra tarea
pendiente (con las mujeres).
En realidad, las transformaciones de los escenarios
mediales evidencian un desnivel entre su desarrollo tecnológico
y los sentidos de sus contenidos. La reflexión sobre cada
uno de los medios y sus consiguientes producciones permite replantearse
los papeles y funciones sociales de los medios en estas nuevas condiciones.
Podemos observar que la modernidad ha desarrollado
un acercamiento "casi espontáneo" entre los medios
de comunicación y ciertas temáticas largamente promovidas
por los grupos de mujeres y que tienen presencia en la esfera pública.
Estos temas, principalmente relacionados con el ámbito privado,
están siendo difundidos extensamente. En este contexto también
podemos reconocer algunos cambios en la representación de
la imagen de la mujer. Estos cambios positivos pueden interpretarse
como una apertura a posibles encuentros entre ambos sectores.
También las mujeres debemos modificar nuestra
relación con los medios y alejarnos de la tentación
de utilizar el espacio medial con la misma lógica tradicional,
es decir, una aproximación instrumental y formal, compitiendo
con los miles de actores que desean estar en la escena medial. Así,
la propuesta de incidir en los medios desde los enfoques cualitativos,
desde los sentidos de los contenidos, nos permite superar la competencia
por el "sólo estar" en el escenario público.
Si bien las mujeres no podemos cuantificar nuestro
aporte a los cambios, tampoco podemos ser cómplices de la
omisión e invisibilización de él. Más
de alguna vez se ha dicho que las libertades y derechos que actualmente
tienen las jóvenes descansan en el trabajo político
de las mujeres feministas. Este reconocimiento es importante en
la medida que hace evidente las contribuciones de los grupos sociales
y la integración de éstas en los discursos instituidos.
Las mujeres que han propuesto estos cambios han sido desvalorizadas,
maltratadas en el discurso público y, por sobre todo, se
ha tratado de ocultar su aporte. Esta invisibilidad impide la valoración
de parte, por ejemplo, de las mujeres jóvenes. Políticamente
esto es fundamental, desde el momento en que se pierde la autoría
se omite la contribución y la valorización de la propuesta
de cambio. El mercado, que en este momento es el que con mayor voluntad
asume los cambios, neutraliza los discursos y los vacía de
sentidos. En cambio, el reconocimiento nos da un lugar en el habla
colectivo y modifica la imagen que se ha construido con relación
al feminismo y a los grupos de mujeres. Esta es una tarea pendiente
especialmente con los medios de comunicación.
BIBLIOGRAFÍA
* Martín-Barbero, J. y Rey, G. 1999. Los
ejercicios del ver. Barcelona: Editorial Gedisa.
* Festa, Regina. 2000 La violencia dulce, invisible para las propias
víctimas. Perspectivas Nº 18, Isis Internacional.
* Grupo de Comunicadoras del Sur. 2000. Monitoreo Regional.
* Silva, Uca. 1996. Hacia una estrategia comunicacional. Documento
interno. Fundación Ford. Santiago, Chile.
* Silva, Uca. 1996. Un año después de Beijing. Estrategia
comunicacional. Consultoría Grupo Iniciativa. Santiago, Chile.
* Silva, Uca; Torres, Carmen; Cáceres, Teresa. 1998. Observatorio
de medios de comunicación. Análisis de periódicos
La Tercera, El Mercurio, La Epoca. Proyecto Comunicación
y Género. Sur Profesionales. Santiago, Chile.