Género
y Comunicación: la agenda de las
mujeres en
comunicación para
el nuevo siglo
Por
Sally Burch, periodista británica. Directora Ejecutiva de
la Agencia Latinoamericana de Información ALAI
La irrupción de las mujeres en muchas esferas de la actividad
humana representa uno de los cambios sociales más significativos
del siglo que recién terminó. Una de estas esferas
es la comunicación. Ésta, no sólo se ha convertido
en un espacio de realización, sino que por la influencia
que ejerce en la opinión pública, ha sido identificada
como un área estratégica para cambiar las relaciones
de desigualdad entre los géneros, o en su defecto, para reforzar
y perpetuarlas. De allí surge el concepto de un enfoque de
género en la comunicación.
Daremos un vistazo a la evolución de las
propuestas en torno a este tema, para luego abordar brevemente algunas
de las áreas de investigación en torno al tema: monitoreo
de contenidos, lenguaje, uso de nuevas tecnologías y, finalmente,
la agenda en comunicación que se está construyendo
desde los movimientos de mujeres de cara a la nueva realidad de
la comunicación.
Entre la avalancha de cambios sociales del siglo
XX, posiblemente, el más significativo y duradero ha sido
la irrupción de las mujeres en la escena pública y
en múltiples esferas del quehacer humano. La comunicación
es una de estas nuevas áreas de potencial realización
de las mujeres. Pero además, debido a la influencia que ejerce
la comunicación en la opinión pública, ésta
ha sido identificada como un área estratégica para
modificar las relaciones de desigualdad entre los géneros;
propuesta que surgió del movimiento de mujeres, pero que
ha sido consagrado incluso por las Naciones Unidas[1].
A partir de estos planteamientos, en los últimos
años diversas organizaciones a través del mundo han
asumido el reto de promover la introducción de un enfoque
de género en la comunicación, como uno de los componentes
fundamentales de su democratización. Principalmente en el
curso de la última década, estas organizaciones han
ido estableciendo vínculos y articulando redes, a las cuales
nos referiremos como "redes de comunicación de género"[2].
Uno de sus planteamientos centrales es que la vigencia del derecho
de las mujeres a la comunicación y la información
es una condición fundamental para su plena participación
ciudadana.
Estas redes han formulado cuestionamientos y reflexiones
sobre la comunicación, entre los cuales se destacan:
- una exigencia a los medios a reconocer la responsabilidad
social que les corresponde al reforzar o contrarrestar los prejuicios
y estereotipos;
- un cuestionamiento a la falta de equilibrio social en las estructuras
de poder de los medios y sistemas de comunicación;
- una reflexión sobre el uso del lenguaje y su poder de formar
la conciencia e identidad;
- un enfoque sobre las nuevas tecnologías de comunicación
que las ubica como estratégicas para la acción social.
En las siguientes páginas abordaremos los
principales temas que abarca el enfoque de género en la comunicación
y la evolución que han seguido. Pondremos énfasis
en las propuestas y acciones desde las redes de comunicación
de género y la agenda de acción que se está
construyendo[3]. Pero también haremos referencia a la investigación
en la materia y a algunas implicaciones para los estudios de comunicación.
O madres o cuerpos
desnudos: representación de las mujeres en los medios
El tema de la proyección de imágenes
de las mujeres en los medios de comunicación, ha sido, sin
duda, el más presente en todo este proceso, y el que más
ha calentado los ánimos en el movimiento de mujeres, a partir
de los años 70, (y en América Latina, desde los años
80).
El aporte principal de la acción en torno
a imágenes mediáticas fue hacer visible lo que para
la mayoría de personas pasaba desapercibido por ser considerado
"natural"; o sea, el hecho de que las mujeres son representadas
en los medios de manera desproporcional, en roles asignados tradicionalmente:
como madre-esposa abnegada/ objeto sexual/ víctima indefensa/
trabajadora en empleos "femeninos", etc. Tales imágenes
contribuyen en alguna medida a reforzar las ideas preconcebidas
y a perpetuarlas (Bonder 1995).
Estas acciones consistían en la denuncia
de imágenes estereotipadas o denigrantes de las mujeres,
incluyendo campañas de presión (por ejemplo a las
agencias publicitarias), o sesiones de sensibilización y
capacitación a periodistas y directores/as de medios, entre
otros.
Como resultado de estas iniciativas, a lo largo
de los últimos años se han logrado algunos avances,
a veces significativos, para introducir otro tipo de contenidos.
Pero está aún lejos de significar una transformación
de las imágenes de mujeres en los medios. Muchas veces, el
resultado no pasa de abrir brechas para artículos sobre el
feminismo o espacios de un nuevo tipo de protagonismo de mujeres,
en medio de las tradicionales imágenes maternas y los cuerpos
semidesnudos de siempre.
Por lo general, el movimiento de mujeres se ha
cuidado de asociar su protesta al moralismo conservador y la censura.
El problema, más allá de mostrar el cuerpo femenino,
radica en la presentación de un objeto. Un ejemplo de ello
es el "uso" de un cuerpo de mujer con el fin de vender
autos, esta imagen transmite un mensaje subliminal que la desvaloriza.
Toda vez, un tema que ha suscitado debate sobre
la conveniencia o no de la censura es la violencia mediática
contra las mujeres, presente particularmente en ciertos tipos de
pornografía, que cada vez más invade al Internet,
pero también en películas y vídeo clips que
se transmiten en la televisión. Por lo general, las organizaciones
de mujeres prefieren presionar por la implantación de códigos
voluntarios de ética y evitar la censura, por las implicaciones
que puede tener para la libertad de expresión.
De objetos a sujetos:
el acceso a la expresión
Sobre todo a partir de los años 90, las
redes de comunicación de género han puesto mayor énfasis
en considerar a las mujeres como sujetos de la información
y la comunicación - y ya no sólo en criticar su explotación
como objetos o imágenes (WACC 1994). Ello implica, por una
parte, considerar su presencia en los medios como profesionales,
directoras o figuras de opinión; y por otra, abordar los
diversos ámbitos de la comunicación desde una perspectiva
de incidencia de las mujeres, su acceso a la expresión y
su capacidad de propuesta y presión.
En el plano de los canales de expresión
del movimiento de mujeres, desde los años 80 surgieron diferencias
de opinión entre quienes defendían la prioridad de
crear instancias propias de comunicación y quienes daban
mayor importancia al trabajo en los medios masivos. También
se expresaron desacuerdos sobre la pertinencia de priorizar los
temas sobre mujeres, o de tratar todos los temas desde una perspectiva
de mujer. Hoy, en buena parte estos debates se han superado y hay
un creciente reconocimiento de que estas diferentes formas de comunicar
son complementarias. De todas maneras, con los cambios en el ámbito
de la comunicación, hoy la división que existía
entre lo masivo/comercial y lo alternativo/marginal, está
cambiando de parámetros.
Las experiencias locales son numerosas: programas
radiales, revistas, editoriales en los periódicos. Incluso
se han fundado algunas emisoras feministas, como Radio Milenia (Perú).
Algunos diarios han abierto un espacio para un suplemento femenino
que rompe con los parámetros tradicionales, como por ejemplo,
la Doble Jornada, publicada en La Jornada de México.
A nivel regional, ALAI es la única agencia
de prensa que ha creado un Área de Mujeres, la cual difunde
información impresa y en Internet, para alimentar los debates
del movimiento de mujeres e introducir las reflexiones del feminismo
en otros movimientos sociales (León 1997). Fempress es una
agencia feminista que difunde un servicio de información
impresa y radial a los medios masivos en América Latina.
Puestos de poder
o poder de presión
A pesar del gran número de mujeres profesionales
en la comunicación, esta presencia no se refleja en los puestos
de decisión, donde en casi todos los países las mujeres
siguen siendo sobrepresentadas.
Según encuestas (tales como la que realizó
la International Women's Media Foundation sobre las mujeres que
trabajan en la noticia internacional, Knox 1997), las principales
razones citadas por las profesionales son las dificultades de conjugar
la casa y el trabajo, en un medio laboral que exige una disponibilidad
casi permanente; el hostigamiento sexual en el trabajo; la falta
de ejemplos a seguir, y los prejuicios que muchos directivos de
medios siguen teniendo hacia las mujeres.
Las propuestas de garantizar el acceso de las
mujeres a los puestos de decisión se apoyan a menudo en el
argumento de que ello asegurará un mayor enfoque de género
en la comunicación. Pero esta argumentación lleva
implícita una confusión. Hay amplias evidencias de
que, entre las mujeres que llegan a puestos de decisión -sobre
todo con los obstáculos que deben superar para alcanzarlo-
relativamente pocas son sensibles a las propuestas de género
(Burch 2000: 14). Lo cual no invalida el legítimo derecho
ciudadano de las mujeres de acceder a tales puestos en igualdad
de condiciones que los hombres.
Para avanzar hacia la meta de introducir criterios
de género en las instancias de decisión de los medios
y sistemas de comunicación, si bien puede ser deseable llegar
a tener niveles de representación, la acción pasa
principalmente por desarrollar propuestas, cabildear y acumular
poder ciudadano que presione a los medios.
Se puede pensar, sin embargo, que a medida que
las mujeres llegan en mayores proporciones a estos puestos, conformando
una masa crítica, habrá mayor espacio para posiciones
feministas.
Vigilancia y monitoreo
de los medios
Una de las prioridades de investigación
identificadas por las redes de comunicación de género
es el monitoreo de los contenidos mediáticos, como mecanismo
de presión a los medios e instrumento para medir los progresos.
No pretendemos abarcar aquí toda la investigación
realizada en el medio académico, sino específicamente
algunas experiencias que se han realizado con participación
de las actoras del movimiento.
Conviene recordar que los primeros estudios sobre
imágenes, realizados sobre todo a partir de los años
70 en Europa y Norteamérica, enfocaban principalmente en
el análisis valorativo de imágenes en la publicidad
y los programas o revistas "femeninas". Las críticas
posteriores a los estudios de este tipo, señalan, entre otros
aspectos, los problemas que acarrea una valoración de imágenes
"positivas" y "negativas", que tiende a perpetuar
una visión de la sociedad en la cual las mujeres son definidas
como el sexo problemático. Consideran también que
otra debilidad es no tomar en cuenta cómo las imágenes
son recibidas y asimiladas en diferentes medios sociales, con referencia
a las teorías -de Stuart Hall entre otros- que desde los
años 70 han argumentado que los mensajes no se reciben vía
simple correo de transmisión, sino que son interpretados
mediante una serie de factores e influencias socioeconómicas,
culturales y otras. (Gallagher 1992: 4)
Los monitoreos más recientes tienden a
enfocar más en el reparto espacial, la visibilidad o no de
las mujeres (por ejemplo los monitoreos realizados en Bolivia y
Uruguay: Celiberti 1998 y Flores 1999), o el tratamiento de ciertos
temas, como la violencia, por lo general con una medición
más cuantitativa que cualitativa.
Uno de los aportes de tales monitoreos es que
han demostrado a qué punto las mujeres son "invisibilizadas",
sobre todo en temas como la política y la economía,
al mostrar con cifras como la gran mayoría de las personas
entrevistadas sobre estos temas, o los expertos científicos
consultados, son casi siempre hombres.
Un amplio monitoreo de noticias en prensa, radio
y televisión, realizado en un mismo día en 1995, arrojó
el resultado que en Sudamérica, sólo el 15,1 de los
sujetos mencionados o entrevistados en las principales noticias
eran mujeres. Esta cifra baja a 8% en temas políticos y económicos.
Las cifras eran similares en otros continentes (Bonder 1996).
Estos resultados se extraen del "Día
Mundial de Monitoreo de la Imagen de la Mujer en las Noticias",
realizado el 18 de enero de 1995, y coordinado por Media Watch,
en el cual participaron unos 70 países de todo el mundo.
El mismo estudio ilustró que, si bien la proporción
de periodistas mujeres responsables de las principales noticias
se está acercando a la de los hombres (43% a nivel mundial,
aunque sólo el 27,3% en América del Sur), éstas
se concentran más en temas como los sociales, arte y entretenimiento.
El Día Mundial de Monitoreo, que se repitió
a inicios de febrero de este año, está concebido más
como un instrumento para la acción que un monitoreo rigurosamente
científico. Se espera que la comparación de los resultados
permitirá indicios de las tendencias globales de los últimos
cinco años en la materia. Pero en el fondo se trata de impulsar
iniciativas de vigilancia ciudadana de los medios y para recordarles
su rol de responsabilidad social.
El lenguaje que
oprime
Uno de los aportes de la reflexión e investigación
feminista a la comunicación es el del lenguaje sexista. Los
estudios feministas del lenguaje han demostrado que las normas gramaticales
que colocan a lo femenino en posición inferior y subordinada
a lo masculino, y que definen a lo masculino como englobante de
lo femenino, transmiten valoraciones que influyen en la conformación
de la identidad de género. (Marco 1996: 87)
Estos estudios han reconstituido la historia de
cómo tales reglas no surgieron espontáneamente, sino
que fueron impuestas por instancias (en el caso del español,
la academia de la lengua) integradas por hombres. También
han documentado cómo los diccionarios de la lengua reflejan
el lenguaje masculino e ignoran el lenguaje femenino (Spender 1995:
22-27).
La reivindicación de igualdad en el tratamiento
lingüístico va más allá que escribir el/la,
-o/a, o @, para significar sustantivos y adjetivos que refieren
indistintamente a lo masculino y a lo femenino. Implica la eliminación
de la preeminencia gramatical de lo masculino, como también
la revisión de los diccionarios, un mayor equilibrio en las
citaciones de escritores y escritoras, entre otros aspectos.
Un número creciente de escritores/as busca
emplear un lenguaje no discriminatorio, el cual va ganando aceptación.
Pero en último término, quizás la igualdad
en el lenguaje sólo se habrá alcanzado cuando los
hombres no se sientan disminuidos al ser incluidos en un término
colectivo en género femenino.
El ciberespacio:
potenciación o exclusión
Una de las áreas donde las redes de comunicación
de género están desarrollando propuestas políticas
es el de las nuevas tecnologías. En ALAI, desde fines de
los años '80, identificamos a los nuevos espacios comunicacionales
que se generan a través de las redes electrónicas,
como un área estratégica para las organizaciones sociales,
y con más razón para las mujeres que tradicionalmente
han sido marginadas de las innovaciones tecnológicas. Ubicamos
que la comunicación en las redes electrónicas es la
única que permite realmente potenciar las redes sociales,
al facilitar flujos de información ágiles y descentralizados
(ALAI 1994: 10).
Es más, se reconoció que con la
importancia que va adquiriendo el ciberespacio en el mundo comunicacional,
las mujeres no podemos permitirnos estar ausentes. Más bien
el desafío es ocupar espacios, crear dinámicas desde
nuestras propias perspectivas y buscar incidir en las esferas de
decisión que tienen que ver con la conformación del
ciberespacio.
Fueron propuestas como éstas las que se
impulsaron en un programa mundial de apoyo a las redes de mujeres
en nuevas tecnologías, desarrollado por la Asociación
para el Progreso de las Comunicaciones[4], en el marco de los preparativos
de la Conferencia Mundial de la Mujer (Beijing 1995). El programa
permitió articular redes de comunicación e información
con puentes entre el Internet y otras formas de comunicación
para facilitar la participación en el proceso de organizaciones
de mujeres con o sin conexión al Internet, particularmente
en los países del Sur. Buena parte del programa se dedicó
a sensibilizar a las organizaciones de mujeres sobre el potencial
articulador de este sistema de comunicación. A la vez, se
advirtió sobre el desafío de las mujeres de incidir
en la conformación del Internet, pues estar ausente podría
significar nuevas formas de discriminación (Burch 1995.1).
Hoy, una de las preocupaciones centrales de las
redes de mujeres que trabajan en nuevas tecnologías, es la
evidencia de que, quienes no tengan acceso a las nuevas tecnologías
de comunicación -que son mayoritariamente mujeres y sobre
todo del Sur- enfrentarán una exclusión más
profunda. Pero ello no significa que la conectividad en sí
sea una solución a los problemas de exclusión y las
carencias de desarrollo. Inclusive, en los países donde las
mujeres están llegando a niveles de igualdad en acceso al
Internet, su ingreso es alentado, principalmente, en calidad de
consumidoras, mientras que el entorno de la tecnología (desde
los juegos infantiles) sigue siendo un dominio predominantemente
masculino, y poco se hace para cambiarlo. Ante la dicotomía
que plantea el sistema de ser o bien ciber-excluidas, o bien ciber-consumidoras,
las redes de comunicación de género proponen a las
mujeres la alternativa de asumirse como ciber-ciudadanas.
Perspectivas
En suma, las propuestas y acciones en torno a
comunicación y género abordan el tema desde múltiples
enfoques distintos pero complementarios. La complejidad del tema
lo exige. Este año se han intensificado los debates a nivel
global, en el contexto de la revisión que realizan las Naciones
Unidas para medir los avances o retrocesos cinco años después
de la Conferencia de Beijing. Nuevamente las instancias de comunicación
de género están empeñadas en realizar un trabajo
de lobby y propuesta en este marco. Para ello se ha creado la iniciativa
mundial Mujeres Acción 2000 (en el cual participan APC y
ALAI), que entre otras cosas busca aportar propuestas políticas
en el plano de la comunicación.
A fines del año pasado, Mujeres Acción
fue encargada por la ONU de facilitar una consulta mundial sobre
mujeres y medios[5], a la cual asistieron más de 1000 personas,
participaron activamente más de 100 personas y organizaciones
de todo el mundo, que aportaron una gran variedad de perspectivas
y experiencias al tema. Entre las inquietudes emergentes que surgieron
del intercambio podemos mencionar:
- La falta de reconocimiento de su responsabilidad
social por parte de dueños e incluso ciertos/as profesionales
de los medios de comunicación.
- La perpetuación de valores sexistas en los nuevos medios,
con fuerte influencia en la juventud, como los vídeo clips
y los juegos electrónicos.
- El obstáculo que presenta el idioma (dominio del inglés)
para el acceso de la gran mayoría de mujeres a la información
presente en Internet.
- La imagen que se sigue presentando de la tecnología como
un dominio masculino, que aleja o intimida a las mujeres y niñas,
llegando incluso a la tecnofobia. Para otras en cambio, el problema
no es tecnofobia sin ignorancia de los beneficios de la tecnología.
- Pocas escuelas de comunicación incorporan al tema de género
en su pénsum.
- El hecho de que "hoy sólo un puñado de empresas
decide la mezcla de información, expresión y debate
que se hace disponible a través de las principales redes
mediáticas a una gran proporción de la población
mundial". (Burch 2000).
Entre las conclusiones de la consulta está
la propuesta de formular un marco ético global que se pueda
aplicar a todos los productos, programas y representaciones comunicacionales,
que incorporen un principio de la igualdad entre los géneros.
Y que en esta formulación participen la ONU, los medios de
comunicación y la sociedad civil.
Cabe preguntarse, justamente, hasta dónde
será posible lograr cambios de fondo en una estructura mediática
vertical, cuyo objetivo principal es la ganancia y el poder. En
los últimos años, las industrias vinculadas a la comunicación
han pasado a ser uno de los ejes centrales de la economía,
y entre los más rentables (Herman 2000). Uno de los principales
resultados es que la comunicación y los medios se han convertido
en una mercancía más, con lo cual se pone en entredicho
la función social y democrática de la comunicación.
Por ello, muchas de las organizaciones que trabajan
en comunicación y género tienen claro que sus demandas
se insertan en un planteamiento más englobante de democratización
de la comunicación, propuesta que para avanzar requiere de
amplios apoyos y del desarrollo de un debate público sobre
la función social de los medios y las nuevas tecnologías
de comunicación.
En lo específico, los desafíos hacia
adelante incluyen también una definición mucho más
precisa de políticas de género en áreas como
las telecomunicaciones, la organización del ciberespacio,
políticas nacionales de comunicación; los códigos
de ética de los medios, gremios periodísticos, y el
Internet. Y por último, implican la definición de
estrategias mejor afinadas para una presencia más afirmativa
de las mujeres en los medios y el ciberespacio, desde una perspectiva
de igualdad entre los géneros.
Ponencia para la mesa "Género y comunicación:
la Agenda 2000", del coloquio: "Nuevas tendencias y escenarios
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Notas:.