El sexo de
la noticia
Por
Itziar Elizondo - Icaria 1999
En la agenda mediática de las sociedades
saturadas de información, las fechas conmemorativas sirven
para lanzar una mirada más reflexiva sobre el tema rememorado,
por encima de la prisa de las noticias que consumimos a diario.
Hoy se conmemora el Día Internacional contra
la Violencia a las Mujeres, fecha elegida en el I Encuentro Feminista
de Latinoamérica y Caribe celebrado en Bogotá en 1981
en recuerdo de las hermanas Patria, Minerva y María Teresa
Miraval, activistas políticas dominicanas que fueron asesinadas
el 25 de noviembre de 1960 por la policía secreta del dictador
Trujillo. A lo largo del día de hoy, con suerte (ni siquiera
la conmemoración de fechas garantiza nada) tendremos la oportunidad
de tropezarnos con el articulo de opinión, con el manifiesto
reivindicativo, con el reportaje interpretativo, con la entrevista
a la experta, a la responsable política (“la”
y no “el”, porque esta lacra social se interpreta como
un “problema de mujeres” y por tanto son ellas y no
ellos quienes mayormente investigan y gestionan la cuestión).
Hoy, en definitiva, emisarios y receptores podremos
posar la mirada, ampliar el contexto de la noticia, profundizar
en las causas, articular los hechos. Pero no es lo habitual. El
tratamiento de las noticias relacionadas con la violencia que se
ejerce contra las mujeres es uno de los mayores exponentes del sexismo
de las noticias. Con una levedad insoportable se aducen causas y
razones a lo que nunca se puede justificar: “Marido celoso
asesina a esposa”, “Anciano mata a su mujer enferma”,
etc. La misma ubicación de estos casos en los periódicos
nos da una pista. Casi siempre en la sección de sociedad,
tratados como acontecimientos que no tienen antecedentes ni consecuencias,
como puro suceso que no admite interpretación porque carece
de lógica, acto imprevisible al que se le buscan las cinco
uves dobles de rigor y cuyo porqué se banaliza porque se
despolitiza. La violencia contra las mujeres es un problema de Estado
y como tal tendría que ubicarse en la sección de Política.
Si estamos de acuerdo con que los medios más
allá de reflejar la realidad la construyen, entonces tendremos
que convenir en que es necesario deconstruir los discursos y la
imagen representada de hombres y mujeres. Porque, en definitiva,
la violencia contra las mujeres, la que a partir de 1997 empieza
a ser visible en los medios tras el caso de Ana Orantes, no es sino
la expresión exacerbada de microviolencias que se ejercen
a diario contra las mismas mujeres. ¿No es acaso una forma
de violencia su escasa representación en órganos de
decisión a pesar de su masiva presencia en la universidad,
en la política de base, etc.? ¿No lo es también
la que se ejerce contra el cuerpo y la salud de las mujeres con
su representación icónica? ¿Y la proliferación
de antros donde mujeres esclavizadas se ven obligadas a vender sus
cuerpos? La escasa presencia de mujeres como fuentes, como articulistas
y como personas activas socialmente en los medios es otra forma
de microviolencia. Hay quien objetará: si las mujeres no
están en los escenarios de decisión, ¿cómo
vamos a plasmar su presencia? Es verdad. Pero se hace necesario
revisitar rutinas profesionales y actuar en consecuencia. La noticia
responde a un modelo económico y político de producción.
Por tanto se prima a la fuente que ostenta más poder. ¿Por
qué no ampliar fuentes? Si una decisión política
tiene una repercusión específica en las mujeres (no
olvidar que las políticas públicas no afectan igual
a hombres y mujeres porque vivimos marcadas y marcados por la variable
género) preguntemos también a las mujeres que en los
gobiernos, en los sindicatos, en las universidades, en las organizaciones
no gubernamentales y en la calle tienen algo que decir al respecto.
Y en cuanto al tratamiento informativo de las mujeres
maltratadas y asesinadas seamos más explícitos: situemos
el contenido de la noticia, no como un hecho aislado sino como parte
de una violencia generalizada que atenta contra los derechos humanos;
hagamos un seguimiento de los casos y traslademos noticias positivas
de quienes salen de la violencia. Y dejemos los hechos “pasionales”
para telenovelas imposibles. Recomiendo la lectura de dos libros
de la profesora Juana Gallego. El recién editado por el Consell
de L’Audiovisual de Catalunya, “La prensa por dentro.
Producción informativa y trasmisión de estereotipos
de género”. Y “El sexo de la noticia. Reflexiones
sobre el género en la información y manual de estilo”