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2 de febrero de 1999
Ciudadano Presidente y Vicepresidente del
Congreso de la República; ciudadana Presidenta y demás magistrados de la
Corte Suprema de Justicia; Excelentísimos señores Jefes de Estado,
Secretario General de la Organización de Estados Americanos: Su Alteza
Real, el Príncipe de Asturias, Don Felipe de Borbón y Grecia; Jefes de
Gobierno acá con nosotros. Igual mi saludo a todas las Misiones
Diplomáticas y de Gobierno que han venido a este evento histórico
venezolano. Ciudadano Fiscal, Contralor y Procurador General de la
República; ciudadano Presidente y demás miembros del Consejo Nacional
Electoral; ciudadana Presidenta y demás magistrados del Consejo de la
Judicatura; ciudadanos ex Presidentes de la República; ciudadanos
Ministros miembros del Gabinete Ejecutivo; ciudadano Gobernador del
Distrito Federal; Excelentísimo y Reverendísimo Monseñor Nuncio Apostólico
de Su Santidad decano del Cuerpo Diplomático; Excelentísimo señores Jefes
de Misiones Especiales de todo orden; Excelentísimos señores Embajadores,
Honorables Encargados de Negocios y representantes de organismos
internacionales; ciudadanos Alcaldes del Area Metropolitana; ciudadano
General de División Inspector General de las Fuerzas Armadas y demás
Oficiales Generales y Almirantes integrantes del Alto Mando Militar; señor
Ministro de la Defensa; ciudadanos Gobernadores; Excelentísimo y
Reverendísimo Monseñor Arzobispo de Caracas y Obispos Auxiliares;
ciudadano Presidentes de institutos autónomos y empresas del Estado;
ciudadanos Senadores, ciudadanos Diputados y más allá de todo esto,
hombres, mujeres y niños de Venezuela, esta tierra bolivariana; hombres,
mujeres y niños del continente, del mundo; queridos padres, hermanos,
Marisabel, hijos, amigos todos.
«Dichoso el ciudadano que bajo el escudo de
las armas de su mando convoca a la soberanía nacional para que ejerza su
voluntad absoluta». Por mil pueblos, por mil caminos, durante miles de días
recorriendo el país durante estos últimos casi cinco años, yo repetí delante
de muchísimos venezolanos esta frase pronunciada por nuestro Padre infinito,
El Libertador. También delante de otro Congreso, el Congreso de la República
Grande, el
Congreso de Angostura de 1819, el Congreso de donde nació la Tercera
Gran República, la del poder moral, la de la Gran Colombia, de la de unidad
latinoamericana, caribenña, repetIa yo mucho esa frase y en los últimos
meses de la insólita campaña electora de 1998, porque fue insólita de
verdad, dije inspirado por la certeza aquella de Walt Whitman cuando decía:
«seguro como la más segura de las certidumbres» así andábamos por los
caminos seguros de que este día iba a llegar.
Decía yo con esa certeza de que este día
iba a llegar aquí en este escenario, 2 de febrero 1999, yo le dije al pueblo
venezolano de muchas maneras y en muchos lugares que iba a comenzar mi
discurso de hoy al asumir la Presidencia de Venezuela por mandato del pueblo
venezolano y por el favor de Dios también, que iba a comenzar con esa frase;
he comenzado estas palabras con esa esa frase y yo la voy a repetir,
permítanme: «dichoso el ciudadano que bajo el escudo de las armas de su
mando, convoca la soberanía nacional para que ejerza su voluntad absoluta».
Ahora ¿por qué esa frase? ¿de dónde viene
esa frase? ¿por qué Bolívar?
no se trata de una repetición meramente protocolar y rebuscada de cuarquier
frase de Bolívar, por hablar de Bolívar, como recuerdo que una vez hizo un
soldado de mi pelotón de tanques hace varios años y tenía él que hacer todos
los días la orden a la compañía, y todos los días él, que era su riel,
estaba en la obligación de comenzar la orden escrita con un pensamiento del
Libertador para leerlo en el patio; y tenía un libro para tomar los
pensamientos y escoger cualquiera de ellos. Un día el libro se le perdió y
entonces el cabo, cuando estábamos a punto de formar la tropa para leer la
orden rigurosamente, él inventó un pensamiento: «Cuidemos los árboles que
son la vida».Simón Bolívar. No se trata de eso, de rebuscar frases y
traerlas aquí al Congreso de la República para decirlas delante del país y
del mundo. No. Se trata más bien de darle razón a Pablo Neruda, ese grande
de nosotros, de los nuestros, cuando cantándole a Bolívar dijo: «es que
despierta cada cien años, cuando despiertan los pueblos». Se trata de
reconocerle razón al grande de nosotros también que fue Miguel Ángel
Asturias cuando dijo cantándole a Bolívar: «los hombres como tu Libertador
no mueren Capitán, sino que cierran los ojos y se quedan velando»; es
reconocerle razón al indio Chocaguanca Presidente Fujimori cuando le cantó a
Bolívar y le dijo: «tu gloria crecerá con el tiempo como crece la sombra
cuando el sol declina». O es reconocerle razón a José Martí, Presidente
Castro cuando dijo: «Ahora es cuando Bolívar tiene que hacer en América
todavía, porque lo que no hizo él está sin hacer todavía».
No es entonces mera retórica nuestra
bolivarianidad. No. Es una necesidad imperiosa para todos los venezolanos,
para todos los latinoamericanos y los caribeños fundamentalmente, rebuscar
atrás, rebuscar en las llaves o en las raíces de nuestra propia existencia,
la fórmula para salir de este laberinto, terrible laberinto en que estamos
todos, de una o de otra manera. Es tratar de armarnos de una visión jánica
necesaria hoy, aquella visión del Dios Mitológico Jano, quien tenía una cara
hacia el pasado y otra cara hacia el futuro. Así estamos los venezolanos de
hoy, tenemos que mirar el pasado para tratar de desentrañar los misterios
del futuro, de resolver las fórmulas para solucionar el gran drama
venezolano de hoy. Y mirando hacia el pasado en este día crucial para la
República, para la nación, para la historia venezolana; en este día, que no
es un día más; en esta transmisión de mando presidencial que no es una
transmisión de mando presidencial más. No, es la primera transmisión de
mando de una época nueva. Es el abrir la puerta hacia una nueva existencia
nacional; tiene que ser así. Es obligatorio que sea así.
En Venezuela, cuando revisemos,
compatriotas, o cuando revisamos nuestra historia reciente, para no irnos
muy lejos, en Venezuela bien pudiera estudiarse como un caso y sacar
experiencias de aquí, hermanos del continente, hermanos del mundo entero. Un
ejemplo de lo que no debe ocurrir más nunca, ¡jamás! ¡Nunca jamás¡.
Venezuela pareciera que fue escogido por
algún investigador especial para estudiar y aplicar un caso que es estudiado
en la teoría política y social con aquel nombre de la teoría de las
catástrofes. Aquí en Venezuela se ha cumplido cabalmente la teoría de las
catástrofes. Esta teoría la conocemos, voy solamente a refrescarla un poco,
de aquellos días de los estudios de ciencia política y de ciencia militar
que en el fondo es lo mismo, decía Clausewitz, uno de los grandes estudiosos
de la ciencia miliar: La teoría de las catástrofes ocurre de manera
progresiva. Cuando sucede alguna pequeña perturbación en un entorno, en un
sistema determinado y no hay capacidad para regular esa pequeña
perturbación; una pequeña perturbación que pudiera regularse a través de una
pequeña acción. Pero cuando no hay capacidad o no hay voluntad para regular
una pequeña perturbación, más adelante viene otra pequeña perturbación que
tampoco fue regulada, y se van acumulando pequeñas perturbaciones, una sobre
la otra y una sobre la otra; y el sistema y el contorno va perdiendo la
capacidad para regularlas, hasta que llega la catástrofe, la catástrofe es
así la sumatoria de un conjunto de crisis o de perturbaciones.
En Venezuela, yo nací en 1954, en 1971 era
el ex presidente Caldera Presidente de la República cuando ingresé yo a la
Academia Militar de Venezuela. Cuatro años después, era el ex presidente Carlos Andrés
Pérez Presidente de Venezuela y de sus manos, con estas mismas manos
recibí yo el sable de mando de Subteniente del Ejército. Cinco de julio
1975. Ya comenzaba algo a oler mal en Venezuela. Comenzó la crisis ética.
Reconozcámoslo, creo que es momento de reconocer nuestras culpas, todos las
tenemos, yo también. ¿Quién lanza la primera piedra?
Yo hago un llamado y es mi primer llamado,
como Presidente de Venezuela, a que todos reconozcamos nuestras culpas como
hacemos en la Iglesia, Monseñor: «Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran
culpa», pero lo más importante como lo aprendí yo cuando era monaguillo, es
y como me lo recordaba el Gobernador Arias en la Academia Militar cuando me
sancionaba leyéndome los textos largos de la Historia de la Religión, lo
importante no es darse golpes de pecho, lo importante es darse golpes de
pecho y salir renovados en el espíritu, en el alma, en el vigor. Eso sí es
lo importante. Yo hago un llamado a todos los venezolanos para que hagamos
ese acto individual y colectivo: ya basta. Aquella crisis moral de los años
setenta fue la gran crisis y esa es la crisis más profunda que todavía
tenemos, ese es el cáncer más terrible que todavía tenemos allí presente en
todo el cuerpo de la República, esa es la raíz de todas las crisis y de toda
esta gran catástrofe, mientras no curemos ese mal seguiremos hundiéndonos en
la catástrofe, aúnque el petróleo llegue de nuevo ¡ojalá que no! a 40
dólarares el barril, no lo queremos, no queremos que llegue a 40 dólares el
barril, pero aunque llegara y aunque lloviesen petrodólares y mucho dinero,
igual sería como un alivio momentáneo, pero igual nos seguiríamos hundiendo
un poco más allá, en un pantano ético y moral. Esa crisis no hubo capacidad
para resolverla, la más mínima capacidad ni la más mínima voluntad para
resolverla y siguió galopando como un pequeño cáncer que no es extirpado a
tiempo y así llegaron los años 80 y ocurrió la segunda gran crisis, después
de una serie de pequeñas perturbaciones, vino el «viernes negro».
Ahora carcomió instituciones, carcomió el
modelo económico y la crisis se hizo económica y comenzamos a oír en
Venezuela a hablar de devaluación, de inflación, términos que habían quedado
durante muchos años al recinto de los estudiosos de la economía. Pero
tampoco se reguló esa crisis, ni la moral ni la económica y la acumulación
de estas dos crisis originó una tercera espantosa, espantosa porque es
visible, porque las otras, la moral y la económica son así como los volcanes
que por debajo van madurando hasta que explotan y revientan y se hacen
visibles y arrazan pueblos, vidas y ciudades.
Aquí hace una década ya, dentro de pocos
días vamos a recordar con dolor aquella explosión de 1989, 27 de
febrero, día horroroso, semana horrorosa, masacre, hambre y miseria y
aún no hubo, a pesar de eso, capacidad ni voluntad para tomar las acciones
mínimas necesarias y regular, como pudo haberse hecho, la crisis moral, la
crisis económica y ahora la galopante y terrible crisis social.
Y esa sumatoria de crisis generó otra que
era inevitable, señores del mundo, señores del continente, la rebelión
militar venezolana de 1992 era inevitable como lo es la erupción de los
volcanes; no se decreta una rebelión de ese tipo, y yo aprovecho este
momento para darle un recuerdo imperecedero a los jóvenes militares y
civiles de las rebeliones de 1992, 4 de febrero y 27 de noviembre de aquel
año que quedará para la historia; aquí hay algunos de ellos con nosotros en
este recinto, en este signo de la unidad, de la reunificación: el Gobernador
del Zulia, por aquí veo su cara conocida desde hace muchos años; el Diputado
Joel Acosta Chirinos, Jesús Urdaneta Hernández, Hernán Grüber Odremán; allá
están los muchachos de la juventud militar observando: el Teniente Andrade,
el Capitán Carreño, el Teniente Isea. Muchachos, parte de la juventud que
tuvo que tomar una actitud, a alguien le tocó, otros están sembrados. No
tienen la suerte de nosotros de estar aquí. Y otros están en las Fuerzas
Armadas y han cargado una cruz durante años. Señores del mundo, señores del
continente, los militares rebeldes venezolanos del 92 hicimos una rebelión
que fue legitimada, sin duda alguna, no hoy porque yo soy Presidente ahora
de Venezuela, sino que al día siguiente de la rebelión, mucho más del
porcentaje que me trajo aquí de apoyo popular apoyó aquella rebelión
militar. Esa es la verdad. No queremos más rebeliones, ya se los dije a mis
hermanos de armas. Fui al Alma Mater y lo dije: que nunca ocurra, pero que
nunca más ocurra un 27 de febrero; que nunca más los pueblos sean
expropiados de su derecho a la vida, porque si eso sigue ocurriendo nadie
puede garantizar que otro día, mañana o pasado, pueda ocurrir otro
acontecimiento indeseado, como los acontecimientos de 1989 y de 1992.
Yo he sido traído aquí por una corriente
originada en esos hechos. Clamo a todos, los partidarios de nuestra
propuesta o nuestro proyecto, los adversarios de nuestra propuesta, los
llamo a que jugando cada quien su papel, pensemos primero y antes que nada
en el interés del país y en el interés del colectivo, y pongamos en último
término el interés de nuestra fracción o el interés de nuestro partido o el
interés de nuestro grupo o el interés de nuestra familia o el interés de
nosotros mismos. Eso va en último lugar de prioridad. Llamo a todos que esa
la norma de trabajo a partir de este mismo instante. Para que podamos
polemizar, a regular las perturbaciones compatriotas todos, porque ustedes
lo saben, la crisis moral está allí; la crisis económica está aquí. Salgamos
a la esquina y la vemos y la sentiremos que nos golpea el rostro y el alma.
La crisis social, está allí, palpitando
amenazante. La crisis política que se sumó a todo esto, por supuesto, está
aquí, aquí la tenemos representada. Este recinto es una caja donde se
encierra la crisis política. Abrámoslo.
Tenemos que buscar la manera de regular
estas crisis, porque así llegamos al presente, al día de hoy, y lo más grave
es que después de 1992, ¡cuánto golpes de pecho hubo¡, ¡cuántas
declaraciones de rectificación¡, ¡cuántos juramentos y compromisos¡ y nada,
el barco se sigue hundiendo, señores.
Yo voy a repetir una frase que no es mía, como ninguna de las que he dicho,
ninguna es mía; yo más bien creo que tengo un poquito de cada cosa que uno
va recogiendo en los caminos. Una frase que dijo aquí en esta misma tierra
venezolana otro militar como yo, pero por supuesto muchísimo inmensamente
más glorioso, yo no tengo glorias, lo que tengo son ganas de ser útil..
Aquel inmenso venezolano, infinito, que fue Don Francisco de Miranda, el
Generalísimo, cuando Simón Bolívar, Coronel, perdió el Castillo de Puerto
Cabello, la plaza de Puerto Cabello, que era el último punto fuerte de la
Primera República, cuando al Generalísimo Francisco de Miranda le dan la
noticia de que el Coronel Simón Bolívar había perdido la plaza de Puerto
Cabello y con ella el parque, el último, la reserva del parque, Francisco de
Miranda, dice la Historia, que lanzó la frase en francés (como no hablo
francés voy a decirla en español y porque en español es que es apropiada)
quizás el Generalísimo no quería que le entendieran quienes estaban cerca de
él para no desmoralizarlos, a lo mejor, me imagino, y dijo en francés:
«Venezuela está herida en el corazón». Hoy, después de siglo y medio yo
retomo esa frase: nuestra Patria hoy está herida en el corazón, nosotros
estamos en una especie de fosa humana. Por todas partes hay niños
hambrientos, índices macroeconómicos sí —aquí tengo algunos, no los voy a
leer, los sabemos, los conocemos en libros, en estudios y ya me suenan fríos
a mí, prefiero ir por las calles a ver, a sentir, a llorar como uno llora
cuando consigue los niños limpiando las tumbas de los cementerios, porque de
eso viven, como ví en Barinas el 2 de enero cuando fui al cementerio a
ponerle una corona a mi abuela Rosa Inés y salieron unos niños a decirle a
Chávez: «Chávez, no hay tumbas para limpiar, tenemos hambre». Son niños de
Venezuela y son también nuestros hijos. Yo tengo cinco, allá están, pero no
tengo cinco, todos los niños que me consiga a mi paso, aunque sean los hijos
de mis más duros adversarios, también yo los considero mis hijos porque
ellos son inocentes de las pasiones que a nosotros nos impulsan.
Hoy Venezuela está así, en una situación,
doctor Velásquez, usted que conoce mucho más la historia que yo, habría que
revisar como estaba Venezuela después de la Guerra de Independencia en
aquellos años cuando Simón Bolívar se enteró que había regresado de Europa
su tío Esteban Palacios y le escribio aquella famosa y hermosa y dolorosa
carta «Tío Esteban, usted de nuevo en Caracas, Caracas no existe». Yo no
estoy de acuerdo, si aquella época comparándola con ésta, no estoy seguro
cuál, en cuál de las dos había más miseria, más hambre, más necesidades, 80%
de pobreza, me da verguenza, señores del mundo. Decir esto, algunos no
creen, por allá en la lejana Europa donde cae mucha nieve, cuando uno habla
estas verdades y es difícil que crean esto; es muy difícil creer que en una
suma de factores, todos positivos, el resultado sea negativo. ¡Tanta
riqueza¡, se preguntarán ustedes; la reserva de petróleo más grande del
mundo, la quinta reserva más grande del mundo en gas, oro, un inmenso Mar
Caribe rico y hermoso que nos une con tantos hermanos de ese mare nostrum,
ríos inmensos, caudalosos, hay pueblos que han tenido que hacer ríos debajo
del desierto, han tenido que construir ríos debajo de la arena para llevarle
agua a sus pueblos, nosotros somos uno de los países con mayor reserva de
agua dulce del mundo entero, millones de hectáreas de tierra fértil, inmenso
territorio propicio para el turismo, un pueblo joven, alegre, dicharachero,
caribeño y pare ahí de contar, con una suma, todo eso igual 80% de pobreza
¿quién puede explicar eso? ¿qué científico puede explicar esto?.Decía
Galileo Galilei que el alfabeto con el que Dios escribió al mundo fueron las
matemáticas, tendremos que llamar a Galileo Galilei y a sus asesores a ver
si ellos desentrañan el misterio matemático que hay en Venezuela.
Decía el doctor Uslar hace unos días atrás,
hace unos meses atras, hace unos años atras que aquí en Venezuela se
evaporaron 15 planes Marshall con los cuales se hubiesen reconstruido 15
Europas, incluyendo todas las bombas que lanzaron y todas las invasiones y
los muertos y las bombas atómicas. 15 Planes Marshall, Presidente Banzer,
aquí se evaporaron, 15 Planes Marshall ¿dónde están?; el que sepa, dígame;
el que tenga alguna información de dónde está eso, dígamelo.
Esa es nuestra realidad señores, y yo
aunque hay un viejo dicho que por allí anda rodando, según el cual «por la
verdad murió Cristo», se dice mucho en nuestros pueblos; Leonel, también
allá en Santo Domingo, seguro; bueno. Yo soy uno de los que cree que si por
la verdad murió Cristo, y si por la verdad tiene que morir uno más, pues
aquí estoy a la orden; pero no podemos seguir mintiéndonos a nosotros
mismos, no podemos seguir engañando a nuestros hijos, a nuestros jóvenes,
hablándoles de mundos que no existen. No. Una de mis principales tareas
queridos amigos y así la asumo, es decir las verdades en las que creo,
porque la verdad, la verdad verdadera, sabemos nosotros los católicos que la
tiene Dios. Pero las verdades de las que uno está convencido, yo las voy a
decir, de diversas maneras.
Estaba recordando ahora mismo aquel
«Delirio sobre el Chimborazo», cuando Bolívar se consiguió con el tiempo,
con el Eterno y nunca olvido una de las cosas que el Eterno le dijo a
Bolívar allá en el Chimborazo. Presidente Mahual: Bolívar deliró y subió y
tocó al Eterno y el Eterno le dijo: «Tú, pequeño mortal ¿qué te crees? anda
allá y di la verdad a los hombres». La verdad es esa, Venezuela está herida
en el corazón; estamos al borde de un sepulcro; pero como los pueblos no
pueden morir porque los pueblos son la expresión de Dios, porque los pueblos
son la voz de Dios, resulta queridos compatriotas que felizmente, por encima
y más allá de toda esta catástrofe inmensa, hoy en Venezuela estamos
presenciando, estamos sintiendo, estamos viviendo una verdadera
resurrección. Sí, en Venezuela se respitan vientos de resurrección, estamos
saliendo de la tumba, y yo llamo a que unamos lo mejor de nuestras
voluntades porque es el momento de salir de la tumba. Es el momento de
repetirnos también aquello de que vacilar es perdernos. A todos les llamo
sin excepción, a todos. Vamos juntos a salir de esta fosa. Vamos a discutir,
pero también vamos a actuar de la manera más rápida para salir de esta fosa.
Nosotros tenemos un proyecto, que no es
nuevo, no, ni es original nuestro tampoco, no. Desde aquellos tiempos de
Yare, de aquella escuela que fue Yare comenzábamos entonces a tratar de
definir algunas líneas de un proyecto; pero no un plan de gobierno ¡por
Dios¡ No, ya basta de estar damdo tumbos, de estar zigzagueando, de dar
marchas y contramarchas como un barco sin brújula, sin timonel, sin capitán;
donde la tripulación no sabe que hacer sino sobrevivir. Nosotros ante esta
realidad tremenda que tenemos, le hemos planteado a los venezolanos un
proyecto, le hemos dado varios nombres a lo largo de estos años, pero ya por
1995 lo llamábamos Agenda Alternativa Bolivariana, y lanzamos líneas para la
discusión. Luego, en plena campaña electoral, insólita, lo lanzamos al mundo
como el proyecto de transición; pero en el fondo, es el mismo viejo sueño
bolivariano: un proyecto de desarrollo integral para Venezuela.
Desde hoy comenzaremos a aplicar las
medidas que a nosotros, como Poder Ejecutivo Nacional, nos corresponde, pero
claro que no bastará eso. No será suficiente eso, será necesario —insisto—
en que cada quien aquí asuma sus responsabilidades, y especialmente quienes
tenemos responsabilidades de conducción de instituciones públicas, privadas,
religiosas, económicas, sociales, educativas, etc. Afinemos el rumbo,
démosle a nuestros hijos y a nuestros nietos una patria que hoy no tenemos.
Nunca olvido el verso de Pedro Mir, ese
gran poeta dominicano: «Si alguien quiere saber cuál es su patria, no la
busque, tendrá que pelear y luchar por ella». Yo llamo a los venezolanos a
luchar todos para que tengamos Patria, para que tengamos una Venezuela
verdadera, una democracia verdadera. En lo político nuestra propuesta y
desde hoy nuestra acción orientada hacia la transición transformadora,
porque eso también es conveniente decirlo, señores, nosotros tenemos que
darle cauce a un movimiento que corre por toda Venezuela.
Esa resurrección a la que me refería, tiene
una fuerte carga moral, social, es un pueblo que recuperó por su propia
acción, por sus propios dolores, por sus propios amores, recuperó la
conciencia de sí mismo y allí está clamando, en las afueras del Capitolio y
por donde quiera que vayamos. Eso no tiene otro nombre que una REVOLUCIÓN.
Terminando el siglo XX y comenzando el siglo XXI venezolano aquí se desató
una verdadera revolución, señores y yo tengo la certeza de que nosotros le
vamos a dar cauce pacífico, que nosotros le vamos a dar cauce democrático a
esa revolución que anda desatada por todas partes.
Yo tengo una gran fe en que le vamos a
poder dar cauce, como se le puede dar cauce a un agua o a un río para que
vaya al mar de manera ordenada y lleve vida a las riberas y a los pueblos,
pero en el supuesto negado, digo yo negado, y ojalá, Dios mío, que sea
negado, en el supuesto negado de que los dirigentes de hoy, de que nosotros
no podamos darle cauce a esa fuerza desatada, igual que los ríos se
desbordan como el Arauca en el invierno o como los ríos de cualquier parte
que se desbordan y arrasan las sementeras y se llevan las vidas de los
hombres en vez de darle la vida. Ese pueblo necesita cauce. No podemos
defraudarlo de nuevo, no podemos desfigurar el proceso. Asumamos con coraje
y con valentía la tarea de darle cauce a la revolución venezolana de este
tiempo o la revolución nos pasa por encima, tenemos dos alternativas, son
dos opciones que tenemos: o le damos cause a esa fuerza o esa fuerza nos
pasa por encima.
Yo estoy seguro que ese pueblo que está
allí resucitado va a buscar sus caminos, hoy recuperó credibilidad en una
oferta, en una propuesta, en un camino, si la perdiera mañana esa fuerza,
así como el agua, va a buscar salida. Por eso imploro la voluntad, la buena
voluntad de todos para que entre todos le demos cauce a la revolución
necesaria, porque es necesaria en lo social, en lo económico, en lo
político, en lo ético. Tenemos que revolucionarnos, incluso nosotros mismos,
es hora de oír a Bolívar de nuevo y ahora es cuando los venezolanos van a
oirme hablar de Bolívar, porque ese es el faro. El 4 de julio de 1811 se
debatía aquí en Caracas también, Presidente Menem !qué cosas de la historia
que se repiten¡ ¿no? entre los revolucionarios de la sociedad patriótica que
clamaban por la independencia y los conservadores apoltronados que decían:
¡no! reconozcamos más bien los derechos de Fernando VII y Bolívar, que era
uno de los líderes de la Sociedad Patriótica, dio aquel memorable discurso:
«Piden calma, ¿acaso 300 años de calma no bastan?, que hay que esperar a ver
que decisión toma España, que nos importa que España venda a Bonaparte sus
esclavos o los conserve, si nosotros estamos dispuestos a ser libres», hoy
es el mismo dilema, estamos entre el mismo dilema.
Nosotros por supuesto y yo, sin duda, estoy
en las barras bolivarianas, vacilar sería perdernos, no podemos vacilar. Por
mi parte, tengan ustedes la certeza que yo, como estoy seguro muchos
venezolanos, pero hablo por mí en este instante como Presidente de
Venezuela, yo no vacilaré un instante en hacer lo que tenga que hacer; no
hay marcha atrás. El consenso si, lo quiero, pero no el consenso retrógrado,
porque también decía Bolívar aquello en ese mismo discurso, ahora que lo
recuerdo; el decía: No es que haya dos Congresos, nosotros queremos la
unión, no podemos estar dividiendo el Congreso, pero el Congreso debe oír a
la sociedad patriótica, Y entonces decía Bolívar: «Unirnos para
apoltronarnos, unirnos para observar como pasan los acontecimientos, antes
era una infamia, hoy es una traición». Hoy señores, unirnos a los que
quieren conservar esto tal cual está, buscar consenso con los que se oponen
a los cambios necesarios, yo digo hoy como Bolívar: ¡es una traición¡.Y si
alguien debe tener claro eso es este que está aquí hablándoles a ustedes,
porque yo estoy aquí no por mi, yo estoy aquí por un compromiso; yo no soy
causa, soy consecuencia. Así que yo, Dios me perdone, siempre lo digo, yo
prefiero la muerte antes que la traición; así lo declaro ante el mundo y lo
declaro ante Venezuela: no hay marcha atrás en la revolución política que
tenemos que impulsar y que claman las calles del pueblo de toda esta tierra
de Bolívar.
Por tanto, dentro de esa propuesta política
que es, ustedes lo saben, el eje central de ese proyecto en lo político,
pero que tiene fuerte impacto en lo económico y en lo social y en lo moral y
en lo jurídico y en el todo. Yo he recibido con mucho beneplácito los
cambios de posición; a veces uno no se explica muy bien pero bueno,
avancemos.Yo a veces no me explico cómo y tampoco voy a buscar
explicaciones, personas que hace apenas un mes se referían a la Asamblea
Constituyente como el caos, una obra maléfica de Satanás que nació en
Barinas de nuevo y anda por Venezuela oloroso a azufre; un plan preconcebido
por el tirano Chávez para establecer una dictadura en Venezuela, para acabar
con la democracia; un plan maléfico. Ahora, hoy veo con alegría que dicen
que «venga la Constituyente», «me lanzo a la Constituyente» han dicho
algunos aquí en este Congreso.
¡Láncense!, vamos a lanzarnos todos. Eso
sí, cuando uno se lanza, yo lo aprendí por obligación y por necesidad,
cuando uno se lanza debe tener un buen paracaídas. No se vayan a lanzar así
al vacío. Lancémonos pues, eso es lo que se quiere. Ahora, lo que sí es
conveniente señalar es que el proceso lleva su ritmo, el proceso lleva su
marcha. No podemos frenar el proceso. No, mucho menos desviarlo de cauce
para que dé vuelta sobre sí mismo y se hunda de nuevo. No, no lo vamos a
permitir, hasta donde yo pueda no lo voy a permitir, y yo estoy seguro que
más de 12 millones, por lo menos, de venezolanos, no lo van a permitir. Así
es que lo que yo le sugiero a todos, a todos ustedes y a las diversas toldas
y tendencias políticas, es que sigamos el proceso, alimentémoslo, démosle un
esfuerzo creador, pero siempre oyendo allá afuera. No cometamos el error,
craso sería, de oírnos solamente a nosotros mismos. No, es el momento de oír
la voz de la nación y de oír ese tintineo que anda por todas partes; de
recogerlo en un lazo y de hacerlo realidades.
Y dentro de esta propuesta política yo debo
hacer un reconocimiento, ahora ya como Presidente de la República, a la
Corte Suprema de Justicia, porque también tenemos que recordar esto,
señores: después del 6 de diciembre, con aquel triunfo del pueblo comenzaron
a cambiar de opinión algunos que decían que la Constituyente era un salto al
vacío, que era una locura. Entones comenzaron a decir otras cosas —yo
siempre les sigo la pista— ya no es un salto al vacío, ya no es una locura;
pero ahora para poder ir a una Constituyente hay que reformar la
Constitución. Lo señalamos en su momento como la «trampa constitucional», lo
mismo que hizo Adolfo Hitler con la República de Weissmar para parar un
proceso. El entrampamiento a través de una interpretación interesada,
inflexible y rígida de una Constitución que, ciertamente, como lo dije
cuando juré: estaba moribunda y va a morir para que nazca otra. Tiene que
morir y junto a ella el modelo político nefasto al que dio nacimiento en
estos últimos cuarenta años. Eso tiene que morir. Va a morir, señores.
Acéptenlos todos y es necesario que muera, pero claro que, al mismo tiempo
es necesario que nazca otro modelo.
La decisión de la Corte Suprema de Justicia
es para la Historia, ciudadana presidenta. Sin duda que es para la Historia,
sentando cátedra de lo que es el Poder Constituyente originario, de lo que
es la soberanía, como lo decía Rousseau y como también Bolívar en ese
pensamiento que ya cité al comienzo. «:Convoquemos la soberanía popular para
que ejerza su voluntad absoluta». Pero ¿acaso le podemos tener miedo a la
soberanía popular? ¿No hablamos de democracia, pues? La soberanía no es
nuestra, el Presidente de la República no es soberano, el Congreso de la
República aunque lo llamen soberano no es soberano, la Corte Suprema y los
tribunales no son soberanos, el único soberano aquí en la Tierra, en el
pueblo, en la tierra venezolana es ese pueblo, no hay otro. Ese es un
principio universal y elemental. Después de la decisión histórica de la
Corte Suprema de Justicia, se apagaron las voces de los que clamaban todos
los días que había que reformar la Constitución y ahora ha cambiado también
la dinámica. La decisión de la Corte Suprema de Justicia ha acelerado el
proceso y eso habrá que reconocerlo para la Historia, porque todo esto que
está ocurriendo en Venezuela, hora tras hora, compatriotas, día tras día,
está quedando grabado para las páginas de la Historia.
Cuando los nietos de nuestros hijos
estudien la Historia de Venezuela tendrán que detenerse, sin duda, en estos
años finales del siglo XX, en estas sesiones del Congreso, en ese juramento,
en las elecciones que pasaron, en la decisión de la Corte Suprema de
Justicia, en la posición que cada quién asuma. Es momento grande, es un
momento estelar el que estamos viviendo, no es un momento cualquiera, es
importante que lo digamos, porque es muy importante aún más que todos
tomemos conciencia de lo esplendoroso que estamos viviendo en esta patria de
Bolívar, para que hagamos honor a nuestro barro, a nuestro espíritu, a
nuestra herencia; nosotros somos uno de los pueblos libertarios del mundo,
nosotros somos un pueblo de creadores, de poetas, de luchadores, de
guerreros, de trabajadores, ahí está la historia que lo diga, hagamos honor
a eso, hagamos honor al espíritu de nuestros aborígeness, de nuestros
libertadores, de nuestras mujeres, de nuestra juventud en La Victoria, todo
eso lo tenemos nosotros en las venas y en el barro con que fuimos hecho,
demostrémoslo, es el momento de demostrarlo. Entonces la decisión de la
Corte Suprema de Justicia ahí quedará para la historia, ya no se oye por
ninguna parte, gracias a esa justa oportuna y sabia decisión de los
Magistrados de la Corte, ya no se oye por ninguna parte decir lo que que se
oía y se leía hace apenas dos semanas atrás: que llamar a referendum era
violatorio de no sé cual ley y no sé cual otro ley, que auqello era violar
la Constitución Nacional en su artículo tal y en el alcance tal y en la
enmienda tal y no sé cual otra ley, todo un leguleyerismo, cuando no es
tiempo leguleyerismo, es tiempo de historia y es tiempo de grandes
decisiones políticas.
Ahora después de esa decisión, se apagaron
esas voces y también se apagaron las voces de las que amenazaban, ya a mi me
tenían amenazado algunos sectores políticos que me hacían llegar como para
disuadirme, yo les confieso con toda la humildad que pueda tener, que como
yo ya he pasado por tantas cosas, no soy disuadible, no le tengo miedo sino
a Dios, porque ni a la muerte, lo repito, creo que la muerte no existe, es
una mentira como era la mentira del «Silbón de la sabana» o de «la sayona»
que salía por la esquina del Caña de Raya en el Río Boconó, eso no
existe.Estaban preparando ya un acción contra el Presidente Chávez para
destituirlo, Presidente Pastrana; lo conversé con usted, lo conversé con el
Presidente Gaviria que también vivieron en Colombia un proceso constituyente
parecido, y la decisión de la Corte de Colombia fue tal cual a la de
Venezuela ahora, sentando cátedra. Pero ya se estaban preparando jugadas
para inhabilitar entonces al Presidente Chávez por haber violado la
Constitución si convocaba a referendum. Todo eso se quedó atrás gracias a
Dios, gracias al proceso mismo, gracias a la Corte Suprema y gracias al
pueblo; en menos de una semana dirigentes políticos y sociales recogieron
más de millón y medio de firmas en las calles. ¿Quién puede oponerse a eso,
si esa es la voluntad del pueblo, si es la voluntad del soberano?
Ahora, en los últimos días hemos observado
entonces el debate de que el Congreso puede llamar a referendum. Ciertamente
y yo lo decía en la campaña electoral, ojalá que el Congreso llame a
referendum decía yo; ojalá que el Congreso tome la batuta. Claro que hubiese
sido mucho mejor que en la campaña electoral hubiésemos discutido el tema,
¡cuánto hubiésemos avanzado hasta esta hora, hasta este día si en vez de
satanizar la constituyente y la propuesta constituyente nos hubiésemos dado
todos los candidatos de aquella hora, los partidos, el Congreso mismo, las
instituciones a discitur lo que es una constituyente¡; pero no, la idea fue
satanizarla y evitar el debate, desviar el debate. Se perdió un tiempo.
Ahora no podemos perder tiempo, el proceso se ha acelerado gracias a la
decisión de la Corte y gracias a también el clamor de un pueblo.
Yo como he estado oyendo y discutiendo,
oyendo posiciones aquí en el Congreso o de sectores que están en el
Congreso, y también en la calle, y como se ha creado entonces ahora, sin que
esto quiera decir que ese sea el ánimo de algunos sectores del Congreso,
pero en la calle se ha venido formando como una matriz de opinión acerca de
una especie de rivalidad a ver quién convoca primero al referendum, y es lo
que anda en las calles y como la gente dondequiera que voy me dice: «Chávez
no te dejes quitar la bandera», «Chávez no te descuides porque en el
Congreso pueden manipular el referendum y hacerlo a su justa medida y
necesidad para tratar de detener el proceso»; «Chávez creemos en ti». Pues
yo como estoy comprometido con un pueblo, he decidido adelantar la firma del
Decreto convocando al referendum; no voy a esperar el 15 de febrero como
había dicho. No, ese es un clamor que anda por las calles, es un clamor del
pueblo. Así dentro de pocos minutos en el Palacio de Gobierno de Caracas, de
Miraflores, juramentaré al próximo Gabinete e inmediatamente convocaré al
primer Consejo de Ministros Extraordinario. Y hoy mismo, antes de salir de
Palacio, al encuentro popular en Los Próceres firmaré el decreto
presidencial llamando a referéndum al pueblo venezolano. De tal manera, es
un compromiso sencillamente, es un mandato de un pueblo. Yo estoy aquí para
ser instrumento de un colectivo, por eso señores del Congreso, señor
presidente del Congreso, señor presidente de la Cámara de Diputados,
honorables senadores y diputados, yo creo que les estoy quitando un poco de
trabajo y de angustias y de carreras y de sinsabores. ¡No, ya! ¡ya! El
referéndum va, y hoy mismo tendré el gusto de entregarle al señor presidente
del Consejo Nacional Electoral una carta solicitándole sus acciones para
preparar el referéndum en el plazo que la Ley indica, que es entre 60 y 90
días. Y ya he dado instrucciones al próximo ministro de la Defensa, para que
a partir de hoy el general de división Raúl Salazar y al próximo jefe del
Comando Unificado de las Fuerzas Armadas Nacionales, el general Marín Gómez,
vayan preparando un Plan República igual, para hacer un referéndum amplio,
donde todos tengan participación, no habrá exclusiones. No, no, creamos en
nosotros mismos, creamos en nuestro pueblo, seamos verdaderos demócratas.
Vamos todos, todos. «Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa» y ya
basta.
Ahora, de forma tal que el Congreso, mi
sugerencia, porque vuelvo a tomar la frase de Bolívar: no es que haya dos
Congresos. No, no quiero ni obstaculizar ni interferir las deliberaciones y
la libertad del poder Legislativo. No. Cumplan ustedes, legisladores, con su
responsabilidad, tal cual. Háganlo. El país clama, pero eso sí, traten de
oír siempre el clamor del pueblo, no se encierren aquí a oirse ustedes
mismos y a dar grandes discursos. Discutan lo necesario.
Dentro de varias horas, mi gobierno
introducirá aquí en el Congreso la solicitud de una Ley Habilitante, una Ley
Habilitante para enfrentar en el corto plazo, porque el pueblo no puede
esperar la Constituyente y esa es una verdad absoluta, la Constituyente no
es una panacea, nunca la planteamos así. Tiene un objetivo fundamental como
es la transformación de las bases del estado y la creación de una nueva
República, la refundación de la República, la relegitimación de la
democracia. Ese es el objetivo fundamental de la Asamblea Constituyente. Es
político, es macropolítico pero no es económico ni es social en lo inmediato
y el gobierno que yo hoy comenzaré a dirigir y he comenzado ya, tiene que
que enfrentar una situación heredada, terrible, un déficit de casi 9 puntos
del Producto Interno. Solamente para el gasto de Caja, solamente para el
pago para que no se apague la luz y la gente no se vaya, hacen falta para el
primer trimestre del año, casi Bs. 800.000 millones, solamente para eso,
solamente para el pago, para no irnos de aquí, pues.
Además de eso, tenemos un desempleo (las
cifras oficiales hablan del 11-12%, pero hay otras cifras por allí que
apuntan al 20%) Un subempleo rondando el 50% de la fuerza económicamente
activa, casi un millón de niños en estado de sobrevivencia, casi un millón
de niños, niños como mi hija Rosa Inés, de un un año y cuatro meses, en
estado de sobrevivencia. Veintisiete, casi veintiocho por mil nacidos vivos
es la mortalidad infantil de Venezuela, de las más altas de todo el
Continente.La incidencia de la mortalidad infantil o la incidencia de la
desnutrición en la mortalidad infantil está llegando al 15% de niños que
mueren y la causa de su muerte: desnutrición. No podemos esperar
Constituyente para eso.
La vivienda, hay un millón y medio casi de
déficit de viviendas en toda Venezuela. Más del 50% de los niños y esto es
lo más salvaje, porque no tengo otra palabra, ustedes me perdonan,
¡salvaje¡. Así llama el Papa Juan Pablo II Su Santidad al neoliberalismo y
yo lo llamo así también, permítame Su Majestad llamarlo así, es salvaje
saber que en un país como el nuestro, más de la mitad de los niños en edad
preescolar no están yendo al preescolar; es salvaje saber que sólo uno de
cada 5 niños que entran a la escuela preescolar, sólo uno de cada cinco
termina la escuela básica, eso es salvaje porque ese es el futuro del país.
Un viejo proverbio chino dice: «si estás
pensando en el corto plazo, anda a pescar; si estás pensando en el mediano
plazo, siembra un árbol y si estás pensando en el largo plazo, educa un
niño». Nosotros no podemos permitir que ese salvajismo siga ocurriendo aquí
en nuestras narices, ¡por Dios! 45% de los jóvenes adolescentes, no están en
la escuela secundaria, andan sobreviviendo por allí y muchos de ellos,
claro, a la delincuencia para sobrevivir, porque el hombre no es malo por
naturaleza, nosotros somos hijos de Dios, no somos hijos del diablo. Esa
situación yo la estoy recibiendo aquí, aquí la tengo en mis manos y es la
acumulación de todas esas crisis a la que me he referido hace varios minutos
atrás.
Me decía un grupo de amigos hace unas
noches atrás, que es como que a uno le entreguen en sus manos una bomba de
tiempo: tic tac, tic tac, tic tac, y uno se ofrece a desarmarla, a
desmontarla, hay un gran riesgo que la bomba te estalle en la cara, la bomba
social venezolana está latiendo, compatriotas, por eso creo que el Congreso
en vez de estar debatiendo lo que ya está debatido hace meses atrás, ese
debate ya pasó, en vez de estar debatiendo ahora cómo hacer un referendum,
no, acepten la verdad, el pueblo venezolano en un 60% casi de los que fueron
a votar, eligió al presidente Hugo Chávez para que él cumpla lo que dijo:
convoque a un referendum para la Constituyente, esa es la verdad, aceptenlo
señores, no duden eso, esa es una verdad como el sol que está allá arriba.
Mi sugerencia al Congreso, dedíquense a estudiar la posibilidad de darle al
gobierno que hoy comienza, una Ley Habilitante, dirigida especialmente a la
materia económica, porque en lo económico es urgente solucionar el déficit
que ustedes lo saben y para ello nosotros necesitamos una profunda reforma
fiscal, que ya se ha anunciado en algunos escenarios de manera fragmentaria,
la Ministra de Hacienda Maritza Izaguirre ha estado explicando de alguna
manera a los venezolanos las medidas que en ese orden fiscal estamos ya
preparando, la reducción del impuesto al consumo suntuario y ventas al
mayor, por ejemplo, que es de los más altos en el continente, pero su
transformación en un impuesto al Valor Agregado y la ampliación de la base
de recaudación es algo urgente; según nuestros cálculos, ahí pudiéramos
recabar o incrementar la recaudación casi en un punto del Producto Interno
Bruto, para ir haciendo manejable ese inmenso hueco fiscal que estamos
heredando.
Por otra parte, es necesario que hagamos
reformas —así lo creemos necesario— al Impuesto sobre la Renta para
adelantar los pagos de las personas jurídicas y no esperar hasta el fin de
año, sino que se vayan cancelando los pagos a medida que vayan pasando los
meses. Igualmente, tenemos listo el esquema para volver a aplicar de manera
temporal el Impuesto al Débito Bancario, con ellos según nuestros cálculos,
podemos recabar un 1,5 aproximadamente por ciento del Producto Interno Bruto
para reducir el déficit fiscal en este primer año de gobierno, al menos a la
mitad.
Pero por otra parte, hemos ido por el mundo
y hemos conseguido, así lo he dicho, comprensión y esperamos seguirla
consiguiendo. Desde su Majestad el Rey Juan Carlos de Borbón hasta el Primer
Ministro Canadiense, desde el Presidente del Gobierno Español Don José María
Aznar hasta el Presidente de los Estados Unidos Bill Clinton, el Presidente
o Director Ejecutivo del Fondo Monetario Internacional, el señor Camdessus,
pasando por el Director del Banco Mundial y del Banco Interamericano de
Desarrollo, del Club de París, con todos ellos hemos estado hablando en
estos últimos cuarenta días; nosotros no hemos descansado y ustedes lo
saben, buscando, viajando, hablando, tratando de convencer, primero: que yo
no soy el diablo, porque por la campaña salvaje que me hicieron mucha gente
por allá en esas tierras frías llegaron a pensar que de verdad Hugo Chávez
casi que el diablo era. Y segundo, explicando nuestra verdad.
La deuda externa nosotros queremos pagarla,
sencillamente no podemos pagarla según la manera como se ha diseñado y como
yo estoy recibiendo, con un perfil de deuda que se lleva una tajada
grandísima del Presupuesto Nacional, más del 30%, que es la acumulación de
intereses y capital. Así que tenemos la esperanza firme y así lo digo al
mundo, y vamos a seguir trabajando con mucha intensidad ahora mucho más que
antes, para lograr en el más corto plazo posible un refinanciamiento de
nuestra deuda externa, de forma tal que podamos este mismo año 99, reducir
al menos en dos puntos, 1.5 ó 2 puntos el peso terrible de la deuda sobre el
golpeado presupuesto venezolano.
Para ello, algunos de estos puntos que he
mencionado, medidas en el orden económico del corto plazo, en el orden
interno, nosotros creemos que es necesario que el Congreso discuta y decida
acerca de una Ley Habilitante como ha ocurrido en ocasiones anteriores.
Igual es urgente para nosotros, y esa es la otra dirección estratégica para
transformar el modelo económico en el corto, en el mediano y en el largo
plazo, es necesario —porque de esto se ha hablado mucho en Venezuela, pero
no se ha hecho casi nada— diversificar la economía, impulsar el aparato
productivo. Para ello, también en estos viajes que hicimos a Sur América, a
Norteamérica, a Europa y al Caribe, hemos llamando a los inversionistas del
mundo entero. Nosotros somos gente seria, el gobierno que yo empiezo a
dirigir hoy es un gobierno serio que respetará los acuerdos que se firmen y
las inversiones internacionales que vengan aquí de cualquier parte del
mundo, especialmente dirigidas al sector productivo, que genere empleo,
valor agregado a la producción, tecnología propia para impulsar el
desarrollo del país. No podemos seguir dependiendo únicamente de esa
variable exógena que es el precio del barril de petróleo, que se vino abajo
como todos sabemos, y todas las perspectivas indican que va a seguir allí
entre 8 y 9, si acaso tocando algún día el 10 durante a lo mejor, no un año,
sino dos o tres años.
Acostumbrémonos a eso, porque eso también
nos obliga. Al respecto, los equipos de transición y los equipos del
proyecto de gobierno y de desarrollo que hemos venido formando hace varios
años, pues hemos decidido impulsar y arrancar con inversión privada. Y
también le hacemos un llamado a los inversionistas nacionales con los que
hemos tenido fecundas, amplias y diversas conversaciones aclarando,
explicando, preguntándoles también; recibiendo sus opiniones a la inversión
privada nacional.
Le hago un llamado a todos los venezolanos
que tienen capitales en el exterior. ¡Piénsenlo! El país necesita capitales.
¡Vengan aquí! Claro, me refiero a los capitales bienhabidos. Los otros
difícilmente vendrán, a menos que de verdad hagan un mea culpa. Ojalá lo
hagan, también los llamo: Vengan, entreguen lo que se llevaron y asuman su
responsabilidad.Yo creo que tengo algo de moral para pedirlo. Yo un día hice
algo, entregué lo que me llevé: mi fusil, y aquí estoy. «Asumo mi
responsabilidad, hagan conmigo lo que quieran». Cada quien asuma su
responsabilidad. Necesitamos un proceso económico urgente de acumulación de
capital nacional. Estamos descapitalizados, señores.
Honorables dignatarios del mundo, del
continente, de Europa, del Asia, del Caribe, de dondequiera que hayan
venido, este es un mensaje a los inversionistas como se los he dado en Santo
Domingo, en La Habana, en Buenos Aires. No he ido aún por la Cordillera de
los Andes, pero pronto iré; a Guyana, a Centroamérica, en Colombia, en todas
partes, en Madrid, en París, Islas Canarias. Al Perú espero ir pronto, igual
a Nicaragua, a la hermana; a todos los inversionistas, los petroleros en
Canadá. Me sentí muy complacido después de una reunión en Canadá con
empresarios del gas y del petróleo, y llegaron casi con nosotros. Se
vinieron a Venezuela y están haciendo planes para invertir en gas, en
petroquímica, en turismo. En Europa se están preparando varias misiones, en
España, en Francia, en Alemania. Hemos tratado de motivarlos, de llamarlos,
de atraerlos. Venezuela puede ser un emporio gigantesco de riqueza, ya lo
es, pero en potencia. Vamos todos a desarrollar. El proyecto nuestro no es
un proyecto estatista. No, tampoco es extremo al neoliberalismo. No, estamos
buscando un punto intermedio, tanto Estado como sea necesario y tanto
mercado como sea posible. La mano invisible del mercado y la mano visible
del Estado, leí y usted, Presidente Mahuad cuando asumió su digno cargo allá
en la hermana República del Ecuador.
Bienvenidos todos a la inversión, al
impulso de un proyecto. Nosotros, algunos elementos de ese proyecto vamos a
declarar y lo declaro e invito a todos a que lo hagamos, de sentimiento y
acción: la agricultura es un sector estratégico para el país y debe ser ese
criterio llevado a rango constitucional, así lo aspiramos de la Asamblea
Constituyente que se elegirá en los próximos meses.
Por ahora, hemos seleccionado para el corto
y mediano plazo, cuatro proyectos bandera en agricultura: un proyecto
arrocero —Venezuela tiene un potencial gigantesco para el arroz. Un proyecto
de palma africana, sería otro de los grandes proyectos donde hay muchos
estudios al respecto, ha faltado voluntad, capital, tecnología, para
hacerlo; nosotros queremos reunir todo eso e inyectarlo a los proyectos de
desarrollo nacional. Un proyecto de caña de azúcar y un proyecto pesquero,
al menos esos cuatro proyectos bandera, según los estudios de nuestros
técnicos, indican que allí tenemos inmensas ventajas comparativas y que
pueden ser competitivas para el desarrollo, para crear empleo.
¿Cómo puede ser que se estén muriendo de
hambre los muchachitos de Apure a la orilla del inmenso Apure, del inmenso
Arauca o los muchachitos de oriente al lado del Orinoco o los de Guayana? ¿Y
los pueblos de la costa, con tanta riqueza pesquera, tanta riqueza marítima,
Igual la gente de los campos?. Tenemos que volver a los campos, pero de
verdad.
Yo, que campesino también soy y así fuí y
así me crié y me formé, estaré al frente de esos proyectos, hasta donde el
tiempo y la fuerza me lo permitan, pero ustedes, más que decirlo, Dios
mediante, ustedes lo van a ver. Yo seré un soldado, el primero de la
batalla, trataré de estar en todas partes, hablando con el campesino, con el
obrero, con el Gobernador, con el Alcalde, con el empresario, con el
político, con el soldado, con el Comandante, con el General, con todos, para
darnos la mano y que esos proyectos, cuando tenga que entregar el gobierno
dentro de cinco o diez años, no sé cuántos, o uno o dos, puede ser uno,
puede ser dos, yo no sé, nadie sabe cuántos, uno o diez, yo no quiero venir
aquí a leer o a decirles: «hice hasta dónde pude pero el país está hundido».
No, yo incluso prefiero, de verdad se los digo, entregar el gobierno que es
lo que menos importa, créanmelo, a los dos años, al primer año, si ese año,
si esos seis meses o si esos dos años sirvieron para dejar atrás el pasado y
hundirlo y que de verdad prenda un nuevo motor nacional. París bien vale una
misa; de verdad que lo menos que me importa es mi destino personal,
absolutamente me importa. Lo importante es que arranquemos un nuevo motor
nacional, un nuevo proyecto de largo plazo, como el navegante que va y no ve
el puerto pero cada milla, cada kilómetro que navega sabe que va en
dirección correcta porque tiene una brújula y un mapa para navegar,
necesitamos un mapa nacional, necesitamos una brújula, necesitamos un
timonel, aquí estoy yo, pretendo ser timonel por un tiempo, pido ayuda a
todos, pido ayuda a todos porque todos vamos en el barco y lo más terrible
es que con nosotros van nuestros hijos y nuestros nietos, tenemos que echar
el barco adelante, es una responsabilidad y después que otros se encarguen
de navegarlo.
Ahora, dentro de esa concepción social yo
ante Venezuela y el mundo y siendo intérprete como quiero ser siempre del
sentir del pueblo venezolano que está en su inmensa mayoría viviendo por
debajo de un umbral humanitario, interpretando esa realidad, yo como haría
un capitán de un barco o de un avión que vaya en emergencia, yo declaro al
mundo que Venezuela está en emergencia social. Nosotros tenemos que
enfrentar la emergencia social, pero para restringir o eliminar garantías,
no, ¿quién va a eliminar garantías en Venezuela si ya todas están
eliminadas? ¿cómo vamos a suspender lo que ya está suspendido? ¿qué
garantías más le vamos a quitar a nuestros pueblos? No, y fíjense que, en mi
criterio, ese es una de las desviaciones de la Constitución moribunda del
Pacto de Punto Fijo; esa Constitución prevé la emergencia con toda
formalidad, yo no me agarro de esa formalidad, yo me agarro de una realidad
en este caso.
Pero la Constitución dice que se podrá
decretar la emergencia nacional y en base a ella, suspender garantías, es
una visión nefasta de la emergencia, es una visión unilateral represiva
prevista en las leyes. Así como a los pueblos de la frontera le suspendieron
las garantías constitucionales dada la situación difícil en la frontera con
la República de Colombia... y aprovecho para hacer un reconocimiento pero
muy especial, de corazón, a su Presidente, el doctor Andrés Pastrana, quien
a pesar del dolor del pueblo colombiano por la tragedia de hace unos días,
aquí está con nosotros. Hermano mi abrazo y nuestro abrazo para tí y para tu
pueblo, somos amigos de Colombia, porque Colombia es tierra bolivariana,
nuestro pesar, nuestro dolor, nuestro apoyo para tí y para tu pueblo que es
también parte de nuestro pueblo, de nuestra esencia.
En Colombia tenemos que hacer todo lo
posible para que haya paz; yo le he dicho, se lo dije al Presidente
Pastrana, lo dije públicamente, lo conversamos en La Habana con el
Presidente Fidel Castro. Yo estoy dispuesto Andrés, permíteme llamarte así
como en privado lo hacemos, a ir donde haya que ir y a hablar con quien haya
que hablar para tratar de aportar un granito de arena; un granito de arena
que bien puede ahorrar una gotita de sangre, en ese pueblo tan querido como
es el pueblo de Colombia.
E igualmente el saludo que le he dado a
nombre del pueblo bolivariano de Venezuela al Presidente Colombiano, pues a
todos y cada uno de ustedes. Tenemos que reconocer el esfuerzo que ustedes
han hecho porque las tragedias son muy parecidas, el terremoto de Colombia
doloroso, igual terremoto doloroso también financiero está pasando nuestro
hermano pueblo del Brasil, causa por la cual el Presidente Cardoso no pudo
venir aquí hoy. Igual a todos ustedes de la Nicaragua, de todos ustedes de
todos estos pueblos y países aquí representados por sus Presidentes, sus
Jefes de Gobierno, o Primeros Ministros; la Presidenta Guyanesa Janeth Jagan,
nuestro afecto a sus luchas, a su esfuerzo, a sus dificultades. A todos, el
Presidente Banzer, nuestro amigo, todos amigos; el Presidente Dominicano
Leonel Fernández, el Presidente Cubano, ratifico mi amistad y nuestra
solidaridad con el pueblo hermano de Cuba. El Papa bien lo dijo, Cuba es
parte de este mundo, Cuba es un pueblo hermano, es un pueblo bolivariano.
Así que igual que a todos, vaya mi abrazo y mi afecto al pueblo cubano, al
pueblo de Martí, y a todos los pueblos y naciones.
Pero volviendo a la emergencia social que
proclamo como Presidente de Venezuela, esa emergencia social hermanos no es
para suspender más garantías. No. Es para tomar acciones de emergencia para
restituir las garantías, y sería una de mis sugerencias a la nueva
Constitución o a la Constituyente que dentro de pocos meses —yo creo que
este escenario sería muy bueno para que la Constituyente trabaje, si ustedes
lo permiten señores del Congreso. Sería el más adecuado creo yo; también
ustedes pueden, como algunos lo han dicho, renunciar para ir al proceso
constituyente; pero donde sea, dondequiera que se reúna la Asamblea
Constituyente, yo creo que eso es algo que se debe discutir allí. Una
emergencia para restituir garantías. No toda emergencia puede ser vista para
suspender garantías constitucionales.
En ese orden de ideas, para dar una señal
de arranque inmediato en lo social no podemos esperar ni una hora, no hay
sábado ni domingo para los que estamos en emergencia y tenemos tan gran
responsabilidad, tan gigantesca responsabilidad, con tantos millones de
seres humanos que en este mismo instante cuando estamos nosotros aquí, no
tienen qué comer o no tienen escuela para ir o no tienen un parque para
jugar o no tienen un techo para dormir en paz. Decía José Martí, el grande,
cuando hablaba de los seres honrados: «para ser honrado no basta sentir o
decir que no se le hace daño a nadie». No, eso no basta, para ser honrado de
verdad un hombre, una mujer, un ser humano, si sabe que alguien está
sufriendo cerca de él, tiene que hacer todo lo que él pueda para evitarle
ese sufrimiento a ese ser humano. Es la única forma de ser honrado. Es más
¡de ser cristiano pues! porque la primera Ley de Dios dice así: «ama a tu
prójimo como a ti mismo».
Yo a veces me he atrevido a decir un juicio
que yo recomendaría a esa primera Ley de Dios, que Dios me perdone: en este
momento en emergencia nosotros los católicos y cristianos deberíamos decir
más bien: ama a tu prójimo más que a ti mismo.
Así que para dar señales al respecto, que
de que está comenzando hoy una verdadera guerra contra esos males sociales,
una verdadera batalla. Yo he dado instrucciones al nuevo ministro de Defensa
a partir de hoy, el general Raúl Salazar; a los nuevos comandantes de
fuerza, a mis hermanos de las Fuerzas Armadas, a quienes saludo con especial
también deferencia y a quienes, incluso, pedí perdón por allá en nuestros
espacios militares, y lo hago ahora delante de la nación: perdón por los
dolores causados, perdón por tantos años juntos. Gracias a Dios y al pueblo
de Venezuela que estamos juntos de nuevo, hemos regresado de nuevo con la
frente en alto; pero ahora yo regreso como comandante en jefe, y yo aprendí
de algunos de los que están aquí a ser comandante, y creo que lo fui
medianamente, y un verdadero comandante tiene que estar allí en el sentir de
su gente; un verdadero comandante tiene que estar pendiente de cumplir con
una misión y del bienestar de su gente, de sus comandados. Yo aspiro ser
ahora mucho mejor comandante que antes. Espero que estos 7 años que han
transcurrido desde que dejé el comando de mi batallón de paracaidistas, me
hayan enseñado, me hayan dado más recursos, me hayan dado más vigor para ser
mejor comandante que antes.
Pero ahora vengo como comandante en jefe no
a comandar paracaidistas, me honró comandarlos. Ahora vengo como comandante
en jefe a impulsar un proceso de incorporación de los hombres y mujeres de
uniforme de Venezuela a este proceso de emergencia y de recuperación social.
Por lo tanto, he dado instrucciones para que pasado mañana 4 de febrero
haremos el desfile de la unidad, el desfile del futuro.No es como algunos
han dicho por allí, para hacer banderas a la rebelión armada. No, eso no es,
eso quedó atrás, es para volver juntos, es un desfile hacia el futuro y ese
mismo día, yo voy a activar de nuevo los Batallones de Paracaidistas que
deben seguir llevando los nombres que siempre llevaron de Antonio Nicolás
Briceño y José Leonardo Chirinos, pero además de eso, vamos a ordenar la
activación de una Brigada Especial y esa Brigada Especial se va a activar en
este mismo mes de febrero, una Brigada Especial para el desarrollo, porque
el desarrollo es parte de la defensa. Nuestros hermanos de Armas no pueden
estar encerrados en cuarteles y en bases navales y en bases aéreas con la
gran capacidad, con el gran activo humano, con la gran cantidad de recursos
que están allí como desactivados, como si fuera otro mundo eso, separados de
una realidad pasmosa, una realidad cruenta que clama por inyección de
recurso, de moral, de disciplina.
Le decía al General Salazar hace unas
noches que me consiguiera una lista de todos los militares activos que son
ingenieros. La lista nos sorprendió tanto a él como a mí: centenares de
Oficiales activos que son ingenieros y desde ingenieros nucleares, hay
varios en las Fuerzas Armadas, hasta ingenieros civiles, electrónicos,
eléctricos, de las diversas ramas. No es que estando en un cuartel todo el
día no signifique algo indigno, no, comandar un pelotón, comandar un
batallón es algo digno para un Oficial, para eso nos formamos, pero un
Teniente Coronel que sea, al mismo tiempo, ingeniero nuclear, en este
momento un Coronel o un Capitán que sea experto en producción agrícola,
especializado en los búfalos, por ejemplo, que haya tenido cursos en el
exterior durante años, o un sargento que sea experto en telecomunicaciones
en este momento crítico para el país, yo creo y esa es la orientación, como
Comandante en Jefe, que sin abandonar, por supuesto, las funciones básicas
del militar, se incorporen, buena parte de ellos, a proyectos de desarrllo a
través de Unidades Especializadas.
En Barinas funcionará, dentro de poco
tiempo, una Brigada Especial donde habrá un cuerpo de Ingenieros Militares y
donde podrán incorporarse para el servicio voluntario, los venezolanos que
quieran, donde podrán incorporarse hombres y mujeres de las diversas ramas
técnicas, habrá un cuerpo de ingenieros. Poco hacemos con un lote de
maquinarias de ingeniería aquí en Caracas. No, dí la orden que el 12 de
Febrero, que habrá desfile en La Victoria de nuevo, ese día debe salir una
columna, no de tanques, más nunca debe salir ninguna columna de tanques, una
columna de maquinarias de trabajo manejada por soldados rumbo a los campos y
los pueblos de Venezuela, el Día de la Juventud y eso comienzo haciéndolo.
Igual formaremos batallones agrícolas y batallones de sanidad para atender
no un día y volver a los seis meses. No, para abrir operaciones de guerra
contra la miseria, contra la desnutrición, contra la desmoralización de un
pueblo, ahora los militares solos no llegarían muy lejos, yo invoco el
espíritu nacional, invoco el alma nacional, invoco la buena voluntad de
todos, la Iglesia Católica, ¡vamos! los curas, los curas, los obispos por
los caminos, ¡vámonos! los caminos del pueblo que son los caminos de Dios,
la Iglesia Evangélica, los empresarios, la juventud, los estudiantes de
medicina, ¡vamos! un estudiante del último año de medicina ya está
capacitado para librar la guerra contra las enfermedades que están acabando
con nuestros pueblos, los estudiantes universitarios ¡vamos a levantar las
banderas de la lucha, vamos a salir del aula de clase y vamos a lucha
social, no podemos esperar a tener un título o a ver quien me da un empleo,
busquemos empleo y busquemos trabajo, ese es el sentido venezolano, ese es
el sentido, compatriotas, de este pueblo bolivariano, de esa emergencia
social a la que me refiero.
Igual pido a todas las fuerzas del país,
los gobernadores, los alcaldes, las Asambleas Legislativas, los
representantes de las diversas regiones ¡vamos por los pueblos! que ese país
recupere credibilidad en nosotros, yo les repito, seré el primer soldado a
tiempo completo de esa batalla, batalla que estoy seguro vamos a ganar
contra el atraso, contra la miseria, contra el hambre y dentro de esa misma
visión estaremos impulsando más allá de Venezuela en el orden macropolítico
la Constituyente, en el orden económico un proceso de desarrollo y
dinamización de la producción nacional y un proyecto de estabilización
macroeconómica, algunas de cuyas medidas ya el país conoce de afianciamiento
sólido de una disciplina fiscal a la par de eso un proyecto internacional.
El tratamiento prioritario y urgente de
nuestra política exterior estará orientada en primera instancia hacia la
fachada caribeña, hacia la fachada andina y hacia la fachada amazónica, es
el viejo sueño de Bolívar y de Martí y de Sandino y de O’Higgins y de
Artigas, es la unión, es la unión de todos, la unión en lo interno de cada
país, la consolidación de todos nosotros uno a uno, pero al mismo tiempo la
consolidación de un gran bloque de fuerza en esta parte del mundo, gracias a
Dios y a la historia ya el mundo del siglo XXI no será bipolar ni unipolar
será multipolar y así como la Europa unida da ejemplo al mundo, demos
ejemplo nosotros también al mundo, marchemos hacia un proceso unitario y es
mi llamado y es mi pregón y será así por los pueblos y los países y los
amigos y hermanos a quienes visite y a quienes conozca.
Las negociaciones entre la Comunidad Andina
y el Mercosur deben continuar, nosotros abogamos porque continuen, porque se
aceleren, pero hay que pisar el acelerador y dentro de ese mecanismo de
unidad nuestro gobierno se ha planteado también la posibilidad de hacer
algún acuerdo de libre comercio con el MERCOSUR, como lo hizo Chile, como lo
hizo Bolivia. Pero con el sólo interés de acelerar los procesos de unión del
subcontinente, igual con Centroamérica, igual con el Caribe. Yo seré un
pregonero y un acelerador, hasta donde pueda, de los procesos de
integración. Lo decía el Senador Luis Alfonso Dávila en sus palabras: es el
sueño del Congreso de Panamá, de esa Panamá que Bolívar veía como los
griegos veían al Istmo de Corinto; el Istmo de Panamá para nosotros como el
Corinto para los griegos. Es momento de retomar aquello, es momento de
retomar el sueño de unión entre nosotros, de plantearnos una moneda para la
América Latina y el Caribe para la próxima década y busquemos y luchemos por
ella; de plantearnos una confederación de naciones de esta parte del mundo,
de plantearnos una unidad que vaya mucho más allá del intercambio comercial,
porque algunos pareciera que tienden o tendemos a quedarnos a veces en el
ese visor nada más del intercambio comercial; no, la unidad es mucho más
allá, mucho más completa, mucho más profunda. Es la unidad de lo que estuvo
unido una vez.
Así que termino este mensaje de hoy ante el
pueblo venezolano, ante ustedes termino por ahora, invocando lo mismo que
invoqué al comienzo, porque cuando uno habla de unidad latinoamericana y
caribeña de relaciones con el mundo de proyectos sociales, cuando uno habla
de proyectos económicos humanistas, de proyectos políticos estables,
sencillamente estamos nosotros aquí en esta Venezuela caribeña, amazónica,
andina, universal, estamos retomando el sueño bolivariano; estamos retomando
el auténtico bolivarianismo, y así lo decía Bolívar: «para formar un
gobierno estable, es necesario que fundamos el espíritu nacional en un todo,
el alma nacional en un todo, el espíritu y el cuerpo de las leyes en un
todo». Unidad, unidad, esa tiene que ser nuestra divisa. Que Dios nos
acompañe, no solamente al Presidente Chávez sino que Dios acompañe a todo el
pueblo de Venezuela en este momento estelar que estamos viviendo, en este
momento de resurrección. Un abrazo para todos y muchas gracias por su
atención. Un abrazo solidario, un abrazo bolivariano. Y vamos pues por los
caminos, vacilar es perdernos. Señoras y señores. |