George W. Bush y su Imperio, prófugos de la Justicia Mundial
 17/08/2005
Caracas, Distrito Capital

 


Después que el Tribunal Popular Internacional Antiimperialista instalado en Caracas, durante el XVI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes los halló culpables de cometer crímenes contra la humanidad y de agresión a los pueblos del mundo, el imperialismo y su cabecilla, George W. Bush, planifican nuevas guerras bajo el manto de la impunidad y a espaldas de la condena planetaria que pesa sobre ellos.

Aun no se ha apagado el eco del histórico fallo pronunciado en la capital venezolana ante 17 mil jóvenes procedentes de 144 países de varios continentes en el que, simbólicamente fueron sentados en el banquillo de los acusados y juzgados en nombre de los pueblos que han sido víctimas de sus guerras y otras agresiones, cuando se ya conoce de los nuevos planes bélicos que adelanta el Imperio y su jefe contra el mundo.

Soberbio y prepotente, ignoran la sentencia del TPIA, presidida por el vicepresidente venezolano, José Vicente Rangel por la Fiscal, la abogada y escritora estadounidense Eva Gollinger y el jurado ante quienes desfilaron los testigos dando cuenta en sus testimonios sobre la interminable cadena de crímenes cometidos por los Estados Unidos y sus gobernantes en su larga y brutal cruzada de conquista de más de dos centurias.

Uno tras otro se escucharon las voces de jóvenes procedentes de todas las latitudes, cuyos pueblos fueron o son víctimas "de Guerras de agresiones, invasiones y ocupación colonial y neocolonial. Actos de terrorismo que comprenden además guerras biológicas, sabotajes. Atentados a Jefes de Estado o dirigentes políticos, guerra económica, instalación y proliferación de bases militares para garantizar la hegemonía imperialista. Genocidio: Planes de destrucción contra la población civil. Delitos de lesa humanidad y de género. Atentados a la biodiversidad y la apropiación de recursos naturales, principalmente el agua. Uso de armas nucleares, químicas y biológicas. El derrocamiento y desestabilización de gobiernos democráticos y legítimamente constituidos.

De iraquíes, chinos, coreanos, cubanos, puertorriqueños, nicaragüenses, colombianos, haitianos, chilenos, bolivianos, brasileños, mexicanos, angoleños, argelinos y nacionales de otros países del orbe, los miembros del tribunal escucharon las acusaciones contra el Imperialismo y Bush Jr., su principal figura.

Ellos dieron cuenta de las "incontables y penosas muertes, desaparecidos torturados, atropellos a la dignidad plena del ser humano y sus derechos civiles, malformaciones genéticas, hambre, desplazamiento de la población, pandemias, migraciones, explotación de los trabajadores de las economías de los Estados, e imposición, con la complicidad de las oligarquías neoliberales que generan una enorme deuda externa, saquean sus recursos, imponen la inequidad y la exclusión social y degrada el medio ambiente".

Como testigo de honor, compareció el Presidente venezolano Hugo Chávez Frías, quien dirigiéndose a los miles de asistentes y al mundo entero, hizo un imaginario recorrido por la trágica historia de América Latina, como la región que junto con África, han sido víctimas de la mayor brutalidad perpetrada por el Imperialismo, contra pueblo alguno del planeta.

"Nos negaron nuestra memoria, nos niegan nuestras propias verdades y nuestras raíces" comenzó diciendo el líder de la revolución bolivariana, evocando las proféticas palabras de Bolívar quien afirmó poco antes de su muerte que "Los Estados Unidos parece haber sido destinado por la Providencia para sembrar de plagas a la América en nombre de la libertad."

"Estamos ante el Imperio más cruel y agresivo de la historia. No ha habido imperio más cínico y salvaje, ni más peligroso", y al referirse al mandatario yanqui, volvió a designar a George W. Bush con el nombre de "Mr. Danger", en alusión al personaje extranjero de la novela "Doña Bárbara, en la que su autor, Rómulo Gallegos aborda el dilema, "civilización - barbarie."

Aun cuando José Saramago no estuvo presente en el juicio, la mayoría de los allí presentes recordaron la imagen que del "Nerón del Siglo XXI" dibujó el Premio Nobel de Literatura en el prólogo de la biografía de George W. Bush que bajo ese título escribió el malogrado periodista estadounidense, James Hatfield "suicidado" en extrañas circunstancias después de haber recibido numerosas amenazas de muerte antes de publicación de su obra.

"Me pregunto -expresa Saramago en la presentación del libro- ¿Cómo y por qué los EEUU, un país en todo tan grande, ha tenido tantas veces, tan pequeños presidentes...George W. Bush es quizás el más pequeño de todos. Inteligencia mediocre, ignorancia abismal, expresión verbal confusa y permanentemente atraída por la irresistible tentación del disparate, este hombre se presenta ante la humanidad con la pose grotesca de un cowboy que hubiera heredado el mundo y lo confundiera con una manada de ganado."

"No sabemos lo que realmente piensa, no sabemos siquiera si piensa (en el sentido noble de la palabra), no sabemos si en realidad no será un robot mal programado que constantemente confunde y cambia los mensajes que lleva grabados en su interior. Pero, honra le sea dada al menos una vez en la vida, hay en George Walter Bush, presidente de los Estados Unidos, un programa que funciona a la perfección; el programa de la mentira."

"El sabe que miente, sabe que nosotros sabemos que está mintiendo, pero, por pertenecer a la tipología de comportamiento del mentiroso compulsivo, seguirá mintiendo aunque tenga delante de los ojos la más desnuda de las verdades, repetirá la mentira incluso después de que la verdad le haya estallado ante su mismo rostro".

!Qué gran parecido tiene el retrato que Saramago hace del "Nerón del Siglo XXI, con el que hace Chávez de la personalidad del mandatario yanqui cada vez que pone al descubierto sus mentiras!".

Una vez escuchados los testimonios de los testigos ante el TPAI, el jurado comenzó a deliberar y finalmente se anunció la sentencia, aplicando las normas del Derecho Internacional, la Carta de la ONU, la Declaración Universal de los DDHH, los Pactos internacionales de Derechos Civiles y Políticos y de los Derechos Sociales, el Convenio para la Prevención y Represión del Crimen de Genocidio, la Convención contra la Tortura y otros tratos crueles, inhumanos o degradantes y el Estatuto de la Corte Penal Internacional.

De los hechos denunciados señala la sentencia, "este Tribunal hace responsable al Imperialismo en todas sus manifestaciones, incluida su fracción hegemónica estadounidense, sus gobiernos aliados, las trasnacionales que controlan las finanzas el comercio y las tecnologías en estrecha asociación con organismos internacionales como el FMI, el Banco Mundial y la OMC, que condicionan las políticas internas y vulneran la soberanía de los Estados".

"Declara culpable al Imperialismo de todos los hechos delictivos antes mencionados y los crímenes contra la humanidad, por su agresión permanente contra los pueblos y por su constante amenaza contra la supervivencia de la especie humana."

"En particular, declaramos culpable al Presidente de los Estados Unidos, George W. Bush y exigimos su inmediata puesta a disposición de la justicia internacional por ser responsable directo de la comisión de los referidos crímenes."

"Esta sentencia -dice para finalizar el fallo- es una expresión de que los pueblos desarrollan una activa resistencia y reivindican todas las formas de lucha para alcanzar sus ideales de justicia social, libertad y democracia y luchan por construir un mundo mejor: El Socialismo."

Sin embargo, el emperador, haciendo caso omiso del llamado moral y ético de una sentencia que exige su inmediata presentación ante la justicia internacional, prosigue como prófugo de la Ley, con la agenda de su proyecto hegemónico de dominación planetaria, pese a los reveses sufridos por el Imperio en las últimas aventuras bélicas de Iraq y Afganistán y su fracaso diplomático por aislar de sus vecinos a Cuba y Venezuela y destruir sus revoluciones.

Lo acompaña en su olímpico desprecio por la ley, la Gran Prensa, con el criminal silencio que mantuvo en torno al desarrollo de un evento que por su importancia mereció ser noticia de primera plana, pero que con su vocación de instrumento lacayo del Imperio supo mantenerse alejada de sus incidencias, y cuando le tocó mencionarlo, fue para lanzar el veneno del odio de más de un obediente analista.

Ahora, el Nerón del Siglo XXI, en vez de someterse al mandato legal, amenaza con desatar una vez más su inmenso poderío bélico enviando sus legiones imperiales contra los heroicos pueblos de Irán, Corea del Norte y Siria, mientras insiste tercamente con sus amenazas contra los procesos revolucionarios de Cuba y Venezuela, ignorando en su ilusa pretensión y paranoia demencial, que esas naciones ya no están solas.

Porque "esta humanidad -como ya lo dijo Fidel- ha dicho "basta", esta vez con la voz de la promesa del futuro, que es la de los jóvenes del planeta que en Caracas dijeron No al Imperialismo y al "Nerón del Siglo XXI, como hace 200 años lo hizo El Libertador al jurar que lucharía contra el Imperio que habría de vencer en Carabobo, que "No daré descanso a mi alma hasta que no haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español."