La banda de la Ford (el Chino, Ojo e carro....).

La "Ford Motor Company", multinacional fabricante de automóviles, para la publicidad de sus vehículos en el fin de la década del 50, instaló un gran anuncio luminoso en lo alto del barrio, este es un punto en el cual confluyen, Marín y Hornos de Cal, hay una escalera desde la Av. Ruiz Pineda, justo hasta donde esta colocado el anuncio, además había la bodega popularizada con el nombre de la transnacional. Un lugar de tránsito obligado para los que de un barrio iban al otro, para los que iban más arriba, a Negro Primero , La Fila, o El Tanque, para los que de arriba venían a la avenida principal y en fin para la movilidad en el sector.

En la Ford se apostaba los niños, los jóvenes y los no tan jóvenes, a seguir con detenimiento, los pormenores del juego de beisbol que se desarrollaba en el Estadium Cerveza Caracas del otro lado del río Guaire, en San Agustín del Norte, precisamente donde hoy están construidas "Las Residencias La Yerbera",

La visibilidad desde allí era perfecta y gratuita, tanto que era el palco preferencial, donde el dinero que no se paga en entradas , era utilizado para hacer apuestas o era gastado en las "granjerías" que las señoras del barrio aprovechaban para ofrecer a los aficionados. Empanadas, buñuelos, majaretes, tortas burreras, riñonadas, torrejas, cachapas de hoja y de budare, besitos de coco, alfondoque, suspiros, etc., formaban el stock a comercializar en esos días de pelota.

Beisbol sin cerveza es como noche sin estrellas, playa sin arena, desayuno sin café, por eso es que "Ramón matacochino" en la bodeguita que tenía, a unos pasos de La Ford, se las procuraba bien frías a todos aquellos que así se las demandaban.

Se podía decir que a veces había más gente observando el juego desde La Ford que desde el mismo estadio. Este era un mirador muy practico puesto que desde allí había una vista de primera mano de todo lo que acontecía más abajo.
En ese entonces, que los muchachos no tenían los video-juegos, ataris, poquemon, internet y todo la nueva maquinaria del entretenimiento, que no tenían ni siquiera la televisión, que ya existía pero no era un fenómeno masivo ni mucho menos al alcance de la gente del barrio, estaba La Ford.

Cuando llovía recio y el Guaire desbordando su cause había penetrado humildes moradas, arrastrando consigo las pocas pertenencias de sus habitantes, grandes y chicos ocupaban las gradas allí en La Ford, para hacer un inventario, de cuanto elemento era acarreado por las aguas: Planchas de zinc, jergones, bacinillas, tablas y cartones, pipotes, ollas y sartenes, vestidos, pantalones y camisas. No fueron pocas las oportunidades en las que el conteo se realizó con algún ahogado, quien no pudo escapar a tiempo de la furia del aguacero.

De manera que la Ford, era un espacio conocido y además con la reputación necesaria para protagonizar historias. De aquí surgió el prototipo de los "chamos alumbraos", los que años después se convertirían como señalan los noticieros del país en "azotes de barrio".

Difícil es en el barrio, mantenerse desligado de toda relación con practicas ilícitas, los juegos de muchachos se van haciendo cada vez más osados, las rivalidades con los de las calles aledañas o más apartadas, aun comenzando por nimiedades se convierten en encarnizadas, el uso de drogas comienza como una sencilla prueba de valentía y después, no hay vuelta a atrás

Una practica a la que quizás ningún niño se escapó en el barrio, fue a la de ir al amanecer, aun sin la luz matinal, a buscar el pan frio.

En las panaderías, de la Av. Ruiz Pineda y de la Av. Presidente Medina, así como en el sector El Conde, había la costumbre de vender a un precio muy bajo, la cantidad de pan sobrante del día anterior, de manera que por "tres reales", podías traerte una bolsa de esas de 20 Kg de harina, repleta de pan de todos los tipos (bizcochos, pan francés, carterita, pan dulce, señoritas, redondo, de avena, de leche, de mantequilla, etc). Los muchachos a los que sus padres enviaban a hacer esta compra, se despertaban bien temprano y se reunían para ir juntos por el pan. Ya aquí estaba el primer elemento que podía permitir a los más traviesos encaminarse en la realización de pequeños desmanes, como lo era el de robarse la leche que en las puertas de las casas de "los riquitos", el repartidor había colocado antes de que ellos pasaran.

Era fácil, había impunidad y quedaba en el estricto marco de la pandilla.

Así comenzó La banda de la Ford, sin proponérselo, sin segundas intenciones, pero ocuparon un lugar importante en lo que a historia del barrio se trata.

Un cigarrillo Lido, Alas o Fortuna, una cerveza con Optalidon, una agujita, un cachito de marihuana, una guarapita (aguardiente de caña, con Kool lay , o jugo de naranja y azúcar) con una pequeña ración de fenobarbital, y así se comenzaba el viaje a las estrellas.

Estos jóvenes de la Ford, fueron los precursores de un movimiento futbolístico, que en la parroquia, luego asumió características notables y que dio al Fútbol nacional algunos nombres de importancia, como Kimba, Lacho, Kacun, Cesar Fallety (o los hijos del maracucho, los hijos de Cachita).

Lamentablemente no se detuvo allí el nexo con las acciones al margen de la ley y el orden, se paso del fútbol a deambular por la Ciudad Universitaria (de La Universidad Central de Venezuela), donde se entrenaba, intentando sobrevivir, abriendo los carros que dejaban algo "pagando", solicitándole a los estudiantes, unas moneditas para comer, y en los casos que así lo permitieran un arrebatan de cartera, o una cadena de oro.

De todas maneras en el peíiodo de clases, el comedor universitario estaba abierto y aun sin carnet de la Universidad Central de Venezuela (UCV) , se podía desayunar, almorzar y cenar, sin muchos problemas, además de quedar a un paso de los estadios, el Olímpico, lugar de las prácticas de nuestros amigos futbolistas y el de beisbol.

Otros jóvenes del barrio, como los panas de la Ford, también aprovechaban la cercanía de los estadios, en las temporadas tanto de beisbol como fútbol para vender papitas fritas, maní, tostones, caramelos, pastillas, cigarrillos, refrescos, cervezas.

Pero llegó un momento en que la ingesta de los "elementos nocivos", comenzó a dar resultados poco aceptables en las practicas. "Arrebatarse" antes de comenzar un entrenamiento o jugar, era contraproducente para la percepción de la realidad y el score terminaba siendo en contra, el rendimiento anterior, demandaba mejores jugadores y fueron quedándose en el ayer de las prácticas y acercándose a un hoy más delictivo, de mayor adicción a la marihuana y estupefacientes en general, y lo peor un incierto y tal vez nada alentador mañana.

Estaba creciendo el consumo de la "hierba" en el barrio, alguien tenía que encargarse del negocio, de la venta, así no tendría que comprarla y consumirla en este caso, le saldría por una bagatela, una simple organización de su tiempo, seguir parado en la esquina, con una buena "caleta" para que cuando viniera la "justicia", "los tombos", "los pacos", no hubiera evidencia de la negociación que en plena calle se realizaba
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Jamás se ha sabido quién es el pez mayor en estos negocios, lo que siempre se sabe, es que la soga revienta por lo más delgado, de manera que eran constante las redadas en el barrio para capturar a los vendedores del detal.

En aquel período las bandas de diferentes calle se respetaban y había menor cantidad de armas de fuego en su poder, había control de las ventas . De modo que esta licenciosa vida de consumos, ventas, robos, etc. No tenía alarmantes implicaciones para los vecinos y los otros jóvenes que no participaban.

Nunca se robaba en el barrio ni a los vecinos, y en ese entonces cualquier pelea, lo más lejos que llegaba era a los puños, o para decirlo en criollo se resolvía "a coñazo limpio".
Los mayores comenzaron en una carrera por obtener en el menor tiempo, la mayor cantidad de dinero, por lo la venta de la Marihuana y otras "pepas" (químicos) para drogarse, las incursiones en quintas y apartamentos, negocios como abastos, zapaterías, ferreterías y panaderías, así como el arrebatan y el asalto se convirtieron en práctica cotidiana.

De allí también datan los primeros arrestos por lesiones, homicidio y hurto, que mantuvieron a algunos tras las rejas, suficiente tiempo para que otros ocuparan sus puestos en las mismás esquinas donde escuchando a Ismael Rivera y Héctor Lavoe, cantar el Nazareno y Calle Luna Calle Sol, pregonaron ser los duros de la cuadra, y nadie les destronaría jamás.

La gente los recuerda, allí en la pata de la escalera que sube para Negro Primero, agachados "jugando agiley", algunos con medias de nylon con un nudo en forma de cachucha o sombrero en la cabeza, para que se les bajara el cabello un tanto rebelde y les quedara bien marcado el "corte francés", con la carrera del lado izquierdo, algunas veces hecha con un clavo caliente. las mismas medias transparentes de nylon, que más bajas, sobre el rostro ocultaban la identidad, y se podían usar para robar en la calle sin ser identificados.

La gente los recuerda, pidiendo un pedazo de papel de bolsa común, para hacerse el tabaco de marihuana que ellos llamaban "un cacho". Allí mismo en la Ford.

Hoy son solo recuerdos, pues algunos han muerto, los más se han dedicado a otras actividades menos peligrosas, más sedentarias y otros siguen largas condenas, con breves períodos de libertad y vuelven a ser capturados, a veces solo por sospechas, otras por seguir haciendo lo único que aprendieron a temprana edad, delinquir.

Ya el aviso luminoso de la multinacional allá en lo alto del cerro, quedó rendido, no alumbra, y las pocas estructuras de acero que continúan en pie, parecen ser el esqueleto monumental, de un insepulto y viejo animal mitológico.